Por lo tanto, los comunistas no forman un Partido aparte, apuesto a otras organizaciones de proletarios, ni con mayor razón aún a la organización del proletariado. No tienen intereses específicos que los separen del conjunto del proletariado. No proclaman principios especiales a los que quisieran amoldar el movimiento proletario. Los comunistas solo se distinguen de los demás proletarios de esa comunidad de lucha de la que forman parte, en que por una parte, en las diferentes luchas, destacan y hacen valer los intereses comunes a todo el proletariado, independientemente de la nacionalidad ("la historia de la Internacional ha sido una lucha continua del Consejo General contra... las secciones nacionales"); y por otra parte en que, en las diferentes fases por las que pasa la lucha entre el proletariado y la burguesía, representan siempre los intereses del movimiento comunista en su conjunto. Prácticamente, los comunistas son, pues, el sector más resuelto de la comunidad de lucha proletaria de todos los países, el órgano que siempre impulsa adelante a los demás; teóricamente tienen, sobre el resto del proletariado, la ventaja de su clara visión de la marcha y de los resultados generales del movimiento proletario. Su organización especifica, no tiene por lo tanto nada que ver con la constitución de un Partido aparte, sino que por el contrario afirma prácticamente la tendencia general del proletariado a constituirse en Partido y a dotarse de un órgano central.

Es evidente que esta concepción del Partido y de la acción de los comunistas se contrapone radical y totalmente con un conjunto de ideologías democráticas entre las que merecen destacarse:

- la teoría de los comunistas como detentores y portadores de la consciencia.

- la teoría antisustitucionista según la cual los comunistas no deberían asumir tareas prácticas en el movimiento (organización y dirección de la acción).

- en fin todas las teorías que preconizan la disolución de esa organización específica en las asambleas o consejos obreros.


TE53 : Tesis 53