Para terminar, nos parece indispensable, el subrayar aquí la importancia decisiva del Partido Comunista. Sin la constitución del proletariado en Partido, el proletariado no existe como clase, como fuerza histórica.

Hoy reivindicar el Partido, significa al mismo tiempo retomar la concepción invariante del mismo, y demarcarse de todos los demócratas, insistiendo en que esa cuestión central del Programa, no constituye un problema aparte, que clase y Partido no son dos seres históricos diferentes que se definirían por separado para luego entrar en relación, sino por el contrario, son expresiones distintas de un solo y mismo ser histórico: el comunismo.

Las determinaciones esenciales del partido no pueden pues ser comprendidas a partir de realidades contingentes o de necesidades puntuales, pues de lo contrario se cae en concepciones inmediatistas (leninistas o antileninistas) que invariantemente definen, por un lado, la clase (como si esta pudiese definirse sin constitución en Partido) y por el otro el partido (en general en términos de deber ser histórico), para luego intentar conciliar ambos conceptos, es decir ligar lo que ideológicamente han separado. Las polarizaciones al interior de esta concepción democrático inmediatista se opera luego en la búsqueda de las definiciones de las "relaciones" entre la clase y el partido.

De la misma manera, las determinaciones fundamentales e históricas del Partido no tienen nada en común con la existencia de tal o tal grupúsculo que se autodenomina "partido" o que pretende detentar la "conciencia", ni tampoco por la adición económico-sociológica de proletarios.

Por el contrario, el Partido es para nosotros, el comunismo constituido en fuerza centralizada internacionalmente. Es a la vez condición indispensable a la instauración del comunismo y su prefiguración viviente.


TE51 : Tesis 51