La insurrección armada es un salto cualitativo pero no es irreversible. El Estado burgués no se destruye con ella, sino liquidando todas las bases que lo sustentan, y esto no es posible al interior de un país o grupo de países. Por ello, en los bastiones proletarios en donde la insurrección haya triunfado, el proletariado deberá utilizar el poder que posee sobre esa parte de la sociedad capitalista mundial para expropiar y enfrentar al capital en todos los terrenos (político-militar, propagandístico, económico, etc.) poniendo en ejecución todas las medidas posibles para orientar la producción y la distribución de acuerdo con sus necesidades e intereses (es decir necesidades e intereses de la humanidad), lo que implica ir destruyendo la sociedad mercantil y el trabajo asalariado, pero todas esas medidas deben estar estrictamente supeditadas al objetivo central de extender la revolución a nivel mundial, rechazando toda ilusión de construir un "Estado obrero" (o varios) en plena economía mundial productora de mercancías, o peor aún, la ilusión de construir el socialismo en un país o grupo de países. Para ello es indispensable que la centralización y la dirección efectiva del movimiento comunista sea única y mundial, que cada interés regionalista o nacionalista (siempre burgués) sea combatido firmemente, supeditando cada parte a los intereses generales del movimiento. Solo la centralización compacta y orgánica del proletariado mundial, constituido en Partido, que en las batallas insurreccionales, se habrá fortificado, programática, numérica, organizativa y militarmente, podrá enfrentar todo intento restaurativo.

TE49 : Tesis 49