Por lo tanto, si bien el proletariado en toda la fase insurreccional (y antes) ocupará los medios de producción (fábricas, centros de comunicación, minas, campos,...) y se servirá de ello para sus necesidades (lo que de hecho distorsiona los mecanismos de valorización del capital y se sitúa ya en la línea de reorientación total de la producción y la distribución sobre otras bases), toda esa actividad deberá tener como objetivo central el triunfo generalizado, internacionalmente, de la insurrección, rechazando firmemente cualquier ilusión de gestionar la sociedad sin la destrucción de la contrarrevolución organizada. Para ello, la centralización, la organización más acabada posible, del proletariado en Partido, es indispensable. Solo el Partido Comunista, aferrado sólidamente a su programa histórico, puede desarrollar una acción centralizada y centralizadora que impida la dispersión localista, la ilusión gestionista, el federalismo democrático y el intercambio entre unidades de producción independientes (fuente del trabajo privado opuesto al social y por lo tanto de la reorganización mercantil),... que dotando a todos los proletarios de una dirección única, asegure la máxima concentración de fuerzas para el aplastamiento social, económico y político de la contrarrevolución.

TE48 : Tesis 48