La revolución proletaria no consiste, por lo tanto, primero en ocupar la dirección del Estado para luego realizar una serie de "reformas sociales", si no que por el contrario es una revolución que desde su punto de partida a su objetivo final es una revolución social, que parte de la necesidad social de destruir integralmente el poder total (militar, económico, ideológico, político,...) de la sociedad burguesa y tiene como objetivo la sociedad comunista, que parte de la separación del hombre real, de su ser colectivo (Gemeinwesen) y tiene por objetivo la constitución de la verdadera Gemeinwesen del hombre: el ser humano. Es evidente que esta revolución social, en la medida en que requiere el derrocamiento del poder existente y tiene necesidad de destrucción y de disolución, comprende la lucha política; pero allí donde empieza su actividad social organizadora, donde surgen el objetivo y el contenido que le son propios, el comunismo rechaza su envoltura política. Por esa razón la revolución proletaria tampoco es reductible a una cuestión económica de gestión de la producción, de control obrero, etc., sino que por el contrario tiene la necesidad de destruir violentamente todas las instituciones y aparatos de la contrarrevolución que aseguran la dictadura del valor contra las necesidades humanas, para poder realizar la actividad organizadora de la sociedad hacia el comunismo.

TE46 : Tesis 46