El movimiento comunista real, como ser consciente, como Partido, se ha ido demarcando en su larga lucha histórica de todas las fuerzas e ideologías de la contrarrevolución afirmando, en forma cada vez más clara, la unidad indisociable entre dictadura del proletariado y abolición del trabajo asalariado. La destrucción de las relaciones capitalistas de producción es necesariamente la obra despótica (despotismo de las necesidades humanas contra la ley del valor) de la fuerza organizada y centralizada del proletariado para ejercer su dominación de clase: el Estado del proletariado mundial. Este Estado no es ni popular, ni libre, pues ni reúne a las distintas clases ni capas del pueblo, sino exclusivamente al proletariado organizada en Partido y no se construye en interés de la libertad, sino por la necesidad de reprimir por el terror revolucionario a toda fuerza de la reacción. Por lo tanto, las corrientes que, en nombre del antiautoritarismo en general niegan todo Estado o pretenden hacer del Estado de la transición un Estado "libre", "popular", "democrático", o en el cual participarían fuerzas no proletarias, no solo contribuye a sembrar la confusión entre los proletarios, sino que objetivamente sirven a la contrarrevolución.

TE44 : Tesis 44