Esta liquidación de las minorías proletarias, esta utilización y desviación de la energía que surge de la descomposición catastrófica de la sociedad del capital en beneficio del propio mantenimiento del capital y sus guerras locales, que transforma al proletariado en carne de cañón del reformismo de todo tipo o en espectador pasivo, en opinión pública de una guerra aparato contra aparato, es a su vez posible por la contrarrevolución histórica, por la inexistencia de una dirección centralizada basada en toda la experiencia y el programa comunista que concentre y centralice esas fuerzas reemergentes en contra de todo el capital. Con el desarrollo de la crisis, el capital, a pesar de su interés táctico en derrotar al proletariado parte por parte, está obligado a homogenizar su política (la política de crisis del capital es una sola: aumentar la tasa de explotación y reprimir a quienes se resisten en todas partes), lo que genera condiciones evidentes de homogeneización internacional de las respuestas obreras. Esto es una condición necesaria, pero no suficiente para triunfar. Para ello se requiere centralizar esa fuerza, dotarse de una dirección que sepa prácticamente combinar en forma adecuada el arma de la crítica con la crítica por las armas que enfrente al pacifismo en todos los terrenos y al reformismo en todas sus expresiones. Esta dirección se irá forjando por lo tanto, no solo contra el pacifismo, contra el antiterrorismo en general, sino contra el reformismo en todas sus expresiones y particularmente contra el reformismo armado, dado que como alternativa más "radical" está dirigida precisamente a recuperar y liquidar a los proletarios más radicales que rompen con los partidos y fuerzas que tradicionalmente los controlan.

TE43C : Tesis 43C