El desarrollo del cambio ha operado fracturas y separaciones cada vez más importantes en el seno de la actividad humana, y consecutivamente colocado cada uno de estos aspectos de la actividad bajo el dominio cada vez más omnipotente de la Ley del valor. El capital, al subsumir cada parcela de la praxis humana y al apropiarse y desviar toda la actividad creativa del hombre para la realización de sus propias necesidades de acumulación ha culminado dicho proceso. Al separar definitivamente la creatividad del resto de la actividad humana el capital definió el arte como el único campo de la expresión y de la creación, como el lugar y el momento de todas las significaciones posibles, precisamente por que la vida ha perdido toda significación. El arte funciona, así, como exutorio, como geto, como herida abierta del sistema capitalista por donde supura su podredumbre. El capital impulsa a escribir, a decir, a dibujar cualquier cosa, mientras esos productos artísticos queden en el dominio de la representación de lo vivido, del espectáculo, sin que superen las fronteras hacia la transformación de la vida. Dentro de esos límites, dichos productos no son otra cosa que mercancías como todas las otras.

El arte popular, el artenarquia, el arte "proletario" y su miserabilismo "obrero",... no son más que diferentes proposiciones reformistas y democráticas que intentan sublimar los aspectos más espectaculares de la miseria de la condición proletaria, para, no viendo en la miseria otra cosa que la miseria, complacer al proletariado en su condición de clase explotada.

En contraposición, pues a lo que defienden todos los reformistas radicales, la alienación del arte, no reside en el hecho de que el arte haga abstracción de la miseria (¡dado que los artistas de izquierda llenan este vacío!), sino por el contrario en el hecho de que es creatividad enajenada, enajenación de toda la creatividad, elemento del Estado burgués reforzando y reproduciendo la sociedad capitalista.

La revolución comunista destruirá el arte (incluido el "proletario") como producto de las sociedades de clases, como actividad del hombre fragmentada y seccionada bajo el capital. La revolución comunista realizará las aspiraciones creativas del hombre al cual el arte pretende responder en forma enajenada.

Esta destrucción proletaria del arte y más globalmente de esa compartimentación de las diferentes actividades bajo el capital, encuentra hoy mismo expresiones embrionarias en el sabotaje inventivo de los medios de dominación y del terror burgués, en el sabotaje de sus máquinas, en el hecho de apuntar sus armas contra el sistema, en los métodos desarrollados para escapar o burlar los controles del Estado, en el ausentismo, así como en la escritura, el teatro, el humor, las canciones... y más ampliamente en toda la imaginación y la creatividad de que hace prueba nuestra clase, en su lucha por subvertir este mundo. La insurrección generalizada será un hecho profundamente creativo, "artístico" y un jalón crucial en esta destrucción revolucionaria del arte.


TE42 : Tesis 42