Bajo el capital todo lo vital debe ser sacrificado y la vida no es más que un sacrificio. El ser humano ha sido separado de su cuerpo, de su placer, de su sexo, de su energía vital. Siglos y siglos de lo que se llama civilización se han hecho carne y cuerpo. El trabajo, la policía, la familia, la religión, la escuela, la televisión, las prisiones, los hospitales psiquiátricos,... en fin, el Estado, son mucho más que el contexto en que se reproducen, deforman, deshumanizan lo que pretende ser un ser humano; conforman (parte de) esos cuerpos reprimidos, separados, enfrentados. Bajo el capital, el ser humano es incapaz de amar al ser humano, el hombre transformado en enemigo del hombre, llega incluso a reprimir su propia humanidad, su propia pulsión, su propia energía.

La sociedad mercantil hace que los hombres solo se relacionen por medio de las cosas y como propietarios privados de cosas. La sexualidad universalmente enajenada, la impotencia orgástica generalizada, es la concreción palpable de la ausencia de la relación verdaderamente humana en tanto que cuerpos, que totalidad.

Los seres humanos no viven su sexualidad directamente por su vida y su energía, sino a través de todas esas mediaciones hechas cuerpos y de las imágenes espectaculares impuestas por la sociedad. O mejor dicho aún, de esas mediaciones hechas armas y armaduras de esos cuerpos por los cuales el hombre no es más que el lobo del hombre.

La propia sociedad burguesa ha desarrollado su respuesta a esta castración inherente al ciudadano, a esa represión hecha carne que destruye en permanencia la energía de la vida. La misma consiste en la mercantilización de todo lo sexual, se venden mujeres, se venden hombres, se venden niños, se venden imagines de "felicidad", se venden penes, vaginas, mujeres, hombres de goma...

En cada emergencia revolucionaria del proletariado, al mismo tiempo que pone en cuestión y hace tambalear todo el edificio del Estado burgués, todas las relaciones humanas comienzan a revolucionarse y comienza una verdadera crítica práctica del antiplacer generalizado que es fundamental para que funcione esta sociedad; y recíprocamente, en cada contrarrevolución triunfante o fase de revolución descendente el individualismo y el antiplacer vuelven a hacerse omnipresentes.

Como en cualquier otro aspecto central de la revolución comunista, y en su contra, el enemigo central de la revolución es el reformismo, el conjunto de pequeñas reparaciones para que lo esencial continúe como está. Así, las ideologías del amor libre, de la libertad de cambio en lo sexual, de la realización del placer en plena sociedad capitalista, incluso cuando son algo más que simples métodos de propaganda para vender una cosa o un servicio, tiene por objetivo central el canalizar, desviar, destruir la energía revolucionaria del proletariado.

El goce realmente humano no tiene nada que ver con estas caricaturas mercantiles.

El comunismo, en su afirmación histórica, liberará todo el potencial de goce de la especie humana y al destruir todas las servitudes se constituirá en una sociedad en donde el placer físico y sexual, el goce corporal y orgástico, desarrolle hasta niveles hoy inimaginables las relaciones humanas la humanidad del hombre, la especie humana misma.


TE41 : Tesis 41