El capital ha hecho del trabajo la actividad más importante a la cual todo se subordina, la actividad esencial del hombre (el hombre es considerado no como tal sino por "lo que hace en la vida", lo que en esta sociedad quiere decir "profesión", "trabajo"). Nada más coherente con ello que el hecho de que todas las ideologías de la sociedad burguesa hagan del trabajo la esencia del ser humano, ideología que es reproducida y soportada por las centenas de millones de ciudadanos que pierden cotidianamente su vida para "ganarse la vida".

En coherencia con esto, todas las ideologías se basan en el sacrificio, en la renunciación, en la interiorización de las emociones, sentimientos, sensaciones... Al trabajo corresponde el sacrificio y a éste la religión (¡incluida la marxista leninista de Estado!) como justificación de la represión de toda manifestación de las pasiones y los placeres humanos, físicos, corporales.

Desde las apologías de izquierda y el miserabilismo del proletariado en tanto que pobre, a los dogmas de los curas de todo tipo, todos nos proponen el "más allá", la "sociedad a venir" y la muerte como recompensa y campo de realización de un hombre que en la "vida presente" debe vivir en el sacrificio y negarse a todo goce, reprimir todo placer.


TE40A : Tesis 40A