El trabajo es la negación viviente de la actividad, de la vida, de la satisfacción, del goce, del disfrute humano. El trabajo hace del hombre algo ajeno a sí mismo, a lo que produce, a su propia actividad y al género humano. El trabajo no es otra cosa que la actividad humana hecha prisionera de las sociedades de clases y la concreción de la necesidad de las clases dominantes de apropiarse de un sobreproducto en base a la explotación y al sometimiento de las otras clases. El capitalismo, al liberar (separar) a los explotados de sus medios de vida y de producción, destruyendo las viejas formas de producción, impuso el asalariado y generalizó el trabajo libre al conjunto del planeta, reduciendo así al hombre, en todas partes, al estado de trabajador, de torturado ("trabajo", proviene etimológicamente del latín "trepalium" que era un instrumento de tortura).

En el trabajo, el proletario se encuentra universalmente desposeído de su producto, enajenado, ajeno a sí mismo, negado en su esencia, en su vida, en su goce, en fin ajeno al producto de su propia actividad.

Además de que derrocha su sudor, su sangre, su vida, en una actividad en donde lo absurdo compite con su embrutecimiento, es separado de toda relación inmediata con otros hombres en tanto que seres humanos y separado, por lo tanto, de su propia vida genérica, de la especie humana.

Solo en la lucha contra el trabajo, contra la actividad que están forzados a desarrollar y contra quienes los fuerzan, los proletarios reemergen como seres humanos, y en la generalización de esta lucha y la consecuente puesta en cuestión de toda la sociedad, plantean los jalones de una sociedad comunista en la cual la actividad de los hombres será por fin humana, para el ser humano.


TE40 : Tesis 40