El desarrollo del capital, con la consecuente tiranía de la tasa de ganancia contra el medio necesario al desarrollo de la vida humana, ha llegado a niveles tales que no solo partes siempre crecientes de la humanidad están sometidas al hambre permanente por desertificación (u otras causas tan "naturales" producidas por la valorización del capital), sino que la continuidad de la civilización actual es a mediano plazo incompatible con la vida sobre la tierra, por la destrucción capitalista de la atmósfera, de las fuentes de agua potable,... sin hablar de otros "pequeños detalles" como la potencialidad de la destrucción atómica generalizada, la contaminación universal del aire y del mar (irresistible crecimiento de los metales pesados presentes en el medio: plomo, mercurio, destrucción de la capa ozono imprescindible a la vida, acumulación CO² que provoca un aumento de temperatura en toda la tierra, el derretimiento de los glaciales con la consiguiente inmersión de la tierra hoy habitada,...) "accidentes" industriales químicos nucleares cada vez más frecuentes y con consecuencias más nefastas, inviabilidad total en el sentido más fuerte de la palabra de la vida que no podrá ser posible en las grandes urbanizaciones del planeta, etc. Solo la revolución proletaria y comunista, en la medida que liquida los fundamentos de la contaminación generalizada, las causas de la destrucción de todos los medios necesarios a la vida verdaderamente humana de la especie, constituye la alternativa válida a la barbarie de la actual civilización.

El movimiento ecologista es la respuesta burguesa ante esa degradación generalizada de todas las condiciones de vida. Sea parlamentario u antiparlamentario, reformista abierto o encubierto, el ecologismo ataca las consecuencias y no los fundamentos de la contaminación generalizada. Su función social principal es la de desviar la lucha del proletariado contra el empeoramiento brutal de todas las condiciones de reproducción de su vida que atacan concientemente o no los fundamentos de toda la sociedad (la tasa de explotación, la tasa de ganancia, la competitividad de la empresa, de la economía, etc.), transformándola en meras luchas contra los excesos de un sistema cuyas bases defiende. Los ecologistas, organizados con su retorno a la naturaleza, con sus proposiciones de estaciones de depuración, de control estatal de la contaminación, etc. no solo defienden los fundamentos generales del sistema mercantil generalizado que provoca todas las contaminaciones, sino que irremediablemente terminan aportando su granito de arena a las campañas de austeridad del Estado contra el proletariado. Como si el proletariado no fuese aún lo suficientemente miserable, los ecologistas le proponen ser aún más austeros, más "naturales" siendo los mejores agentes comerciales de la venta mercantil de "la naturaleza" y llegando a proponer programas reales de austeridad y aumento de la explotación al proletariado que ningún otro sector burgués se animaría. Para el ecologista si se pudiese alimentar al proletariado con pasto en lugar de carne sería mejor. Basados, así en el mito gigantesco de que esta sociedad es una sociedad de consumo (en realidad es una sociedad determinada por la producción de valor), son los más cínicos defensores de la austeridad y del ajuste de cinturones.

En una época en la cual los efectos desbastadores de la producción mercantil provoca muertes cada vez masivas por desertificación, deformaciones físicas irreversibles o enfermedades incurables por contaminación ambiental,... la rebeldía proletaria contra el sistema se seguirá desarrollando y el desarrollo de la misma encontrará en los ecologistas de todo tipo, un obstáculo más, que deberá barrer para imponer su revolución.


TE39D : Tesis 39D