La división sexual (o por edades) del trabajo es un elemento objetivo de la división capitalista del proletariado que solo podrá ser abolido con la liquidación del capital y la autosupresión del proletariado. Hombres, mujeres, niños, viejos,... proletarios todos, reproducen su vida como fuerza de trabajo del capital y para el capital. La reproducción directa de plusvalía en los centros de trabajo del capital (fábricas, minas, campos, oficinas), no puede ser asegurada si la fuerza de trabajo misma no es producida. El capital, heredero de la sociedad patriarcal, ha desarrollado la misma, y aunque cuando lo necesita, utiliza directamente a ambos sexos y a todas las edades en la producción directa de plusvalía, ha condenado particularmente a la mujer proletaria a principal agente de la producción doméstica (que es parte de la producción global de la mercancía fuerza de trabajo) de la fuerza de trabajo. Aunque el capital, al comprar la fuerza de trabajo, pague la totalidad del valor de esta mercancía y por lo tanto todo el trabajo necesario (doméstico, educativo, represivo, etc.) para producir esa mercancía, el que recibe la paga es el productor directo de plusvalía y no el que realiza ese trabajo doméstico, lo que constituye un elemento adicional decisivo para la particular sumisión y opresión capitalista de la mujer proletaria.

El feminismo es la respuesta burguesa a esta situación particular. Su punto de partida es el utilizar todo lo que puede haber de particular en la explotación que hace el capital de la mujer proletaria, en una condición general de la mujer en general, transformando así la revuelta proletaria de la mujer y del hombre, en un movimiento interclasista cuyo credo de adhesión es que es el "hombre en general" que explotaría a la "mujer en general". Además de la obra contrarrevolucionaria en general del feminismo como fuerza de parcialización, de desviación, de ocultamiento de las reales contradicciones y soluciones, el feminismo ha sido un instrumento decisivo del capital para multiplicar la explotación proletaria, para, con el asunto de la igualdad de derechos, llevar también a la mujer proletaria a asumir un papel más activo en la producción directa de plusvalía e incluso en la guerra imperialista. Desde la lucha por el trabajo femenino, a la del voto de la mujer, a las actuales campañas por la participación de la mujer en la vida activa de la nación, el feminismo ha sido siempre una fuerza de afirmación del capital contra el proletariado, cuyas máximas realizaciones son las policías femeninas, la incorporación masiva de mujeres en los ejércitos patrios (necesidad del capital de hacer participar cada vez más directamente a toda la población civil en su guerra), las mujeres parlamentarias, generales o primer ministro,...


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