En la explotación universal de una clase que contiene todas las razas, todas sus combinaciones posibles y que por primera vez adquiere todo el sentido el hablar de una especie humana, en los intereses únicos de esa clase y en la lucha que la misma está forzada a desarrollar hasta imponer su revolución social y universal, se encuentra la única solución humana y definitiva a la opresión racial y al racismo. Del otro lado de la barricada, se encuentran por el sistema social de producción que defienden y representan, todos los explotadores aunque los mismos sean de todos colores y actúen unificados par un discurso racista o antiracista. Pero el racismo (o el antiracismo) es mucho más que un problema ideológico. El hecho de que el capital compra más barata la fuerza de trabajo de una raza que la de otra, de que las condiciones de explotación y de vida de una parte del proletariado son aún peores que las de otra, refleja que en la realidad del capital la producción de un ser humano, en tanto que esclavo asalariado, no interesa en absoluto como ser humano, sino por el trabajo social que el mismo tiene incorporado (como sucede con cualquier otra mercancía). Dicha realidad racista del capital determina que (de la misma manera que el valor de la fuerza de trabajo de un obrero calificado sea mayor al de un obrero simple), el valor de la fuerza de trabajo, por ejemplo de un obrero "nacional", sea mayor de la de un "obrero inmigrado" (se presupone que el primero tiene más trabajo de integración, socialización, nacionalización, sindicalización que el otro). En la organización internacional de la dominación burguesa mundial, el racismo solo puede presentarse muy marginalmente como lo que es (discurso abiertamente racista de tal o tal gobierno, de tal o tal partido burgués) y en la mayoría de los casos se desarrolla en base al antiracismo. El antiracismo constituye pues, una fuerza ideológica cada vez más decisiva de reproducción de la explotación y de esta sociedad racista. Toda lucha contra el racismo de esta sociedad que no ataque a la sociedad capitalista que es su fundamento, es decir que no sea una lucha del proletariado internacional contra la burguesía mundial, se transforma así en un elemento ideológico adicional del Estado y de la opresión burguesa. La expresión más acabada de dicho antiracismo la encontramos en la burguesía triunfadora en la segunda guerra mundial y constituye un elemento ideológico decisivo de todas las grandes potencias mundiales actuales. El antiracismo es así la forma más refinada de reproducción de la sociedad racista, el Estado de Israel constituido sobre la comunidad ficticia de la lucha antiracista judía, es un ejemplo particularmente ilustrativo del antiracismo sirviendo a la explotación capitalista racista llevada a su máxima expresión en los campos de explotación del proletariado de esa región.

TE39A : Tesis 39A