El parlamento y las elecciones son formas particulares en que se concreta la democracia, que expresan, sin embargo, la misma necesidad burguesa de diluir al proletariado en la masa de ciudadanos, en negar prácticamente a la clase antagónica a todo el orden establecido, reafirmando así su propia dominación. Su función específica es la de desviar a los obreros de sus combates cotidianos contra el capital y desarrollar/reproducir la ilusión de un cambio pacífico de la situación del proletariado (la máxima expresión de esta ilusión es la del pasaje pacífico al socialismo), por obra y gracia del boletín de voto. Las elecciones solo sirven para designar entre las fracciones y personal de la burguesía, cuales se encargarán de dar la jeta directamente y dirigir la represión de las luchas del proletariado. El parlamentarismo y el electoralismo, dan inevitablemente, la espalda a los métodos y el objetivo de la lucha proletaria, y no pueden ser utilizados bajo ninguna forma por los proletarios en combate. El agregarle al parlamentarismo el calificativo de "revolucionario" y pretender utilizarlo para denunciar la dominación burguesa, solo puede servir -como se ha demostrado históricamente- para aumentar la confusión en las filas proletarias y constituye en los hechos un potente elemento de liquidación de toda actividad hacia el Partido de clase (legalismo, política de jefes, culto a la personalidad...) que solo sirve a la contrarrevolución. La única respuesta proletaria al desencadenamiento regular de ese ataque de la burguesía que son las elecciones, es el rechazo de toda tregua electoral, la continuidad de la lucha por los intereses exclusivamente proletarios, la denuncia de las elecciones y en función de las posibilidades (determinadas por la relación de fuerzas entre las clases), el sabotaje de las mismas, por la acción directa.

TE38 : Tesis 38