La revolución no es pues un problema de forma organizativa, sino por el contrario de contenido social real, y en última instancia se tratará o bien de órganos de la lucha obrera contra el capital o bien de órganos del Estado burgués para destruir la fuerza revolucionaria y ello, cualquiera sea el nombre o la cobertura ideológica que esos aparatos adopten, a los efectos de asegurar mejor su función contrarrevolucionaria. Es evidente, sin embargo, que en el proceso real de asociacionismo creciente, el proletariado va desarrollando formas cada vez más globales que corresponden a su propio desarrollo como clase, así las formas gremiales y categoriales, son superadas pasándose a la organización por lugares de trabajo y por ramas de la producción y estas son a su vez superadas por organizaciones territoriales en donde participa y se centraliza todo el proletariado (ocupados y desocupados, niños y viejos) lo que es un trampolín decisivo para dotarse de formas internacionales que luchen contra las naciones respectivas con que la burguesía divide a sus enemigos. Dicho proceso, en el que se suceden diferentes formas de asociacionismo obrero correspondientes a diferentes niveles de enfrentamiento al capital y de conciencia, no es lineal y gradual, sino que por el contrario se trata de un proceso pautado por saltos de calidad, por avances y retrocesos..., en donde la totalidad está determinada por esa relación de fuerzas entre proletariado y burguesía. Los consejos obreros, los soviets, los cordones industriales, el clasismo organizado a nivel de un país, etc. son formas que corresponden a ese proceso real, del desarrollo del proletariado, de superación de las divisiones impuestas por el capital sobretodo en la medida en que la lucha por categorías o por lugar de trabajo es superada (aunque aquellas puedan aún basarse en estas) y que corresponde a épocas de crisis política y social abierta en donde el proletariado ya no cree más en soluciones parciales o particulares, pero ni siquiera en ese proceso serán esas formas mismas, como creen los consejistas, las que podrán garantizar los intereses del proletariado (ni cualquier otro tipo de garantías formales que los apologistas de la democracia obrera quieran establecer: asambleas soberanas, delegados elegibles y revocables en todo momento...). Incluso en ese proceso real de organización del proletariado en fuerza, todo dependerá de la práctica real de esos organismos y ésta de la dirección efectiva. Lo decisivo pasa a ser entonces la lucha de clases al interior mismo de tales asociaciones, en donde la contrarrevolución continuará presente y organizada, actuando para la transformación de tales asociaciones en órganos del Estado burgués y contra ello la única garantía real es la acción decisiva de las fracciones de vanguardia del proletariado que no se someterán a ningún mecanismo democrático que la contrarrevolución intentará imponer en tales asociaciones. Los comunistas organizados se opondrán, con todas sus fuerzas, a toda ideología de disolución de esa verdadera dirección del proletariado en constitución, en el conjunto de los obreros en lucha (o peor aún en el conjunta de obreros en tanto que categoría sociológica). Bajo ningún pretexto aceptarán la disciplina de esos organismos de masas que contraríe cualquier elemento del programa histórico del proletariado, y llevarán una lucha por todos los medios a su alcance contra la tentativa de darle una dirección contrarrevolucionaria a esas asociaciones y por imponer una dirección revolucionaria al movimiento.

TE37A : Tesis 37A