El objetivo del Estado burgués, del Estado democrático es el de mantener al proletariado desorganizado, negado como clase, o mejor aún, encuadrado y movilizado al servicio de la burguesía. Lo que hay de esencial en todos los mecanismos democráticos es la destrucción de la unidad orgánica del proletariado y de sus intereses y su "organización" en intereses parciales, correspondientes al individuo, al ciudadano (homus economicus) comprador y vendedor de mercancías. Los sindicatos son órganos vitales del Estado burgués para desempeñar tal función. En efecto, ellos representan el "mundo del trabajo" al interior del capital, es decir al proletariado liquidado como clase, sectorializado, negociando, como cualquier otro individuo de la sociedad mercantil, el precio de venta de su mercancía (fuerza de trabajo), que asegure a su vez una "razonable" tasa de ganancia y que garantice la paz social. Frente a ese tipo de órganos el proletariado lucha por organizarse fuera y contra los sindicatos que en tanto que obstáculos en la vía de la revolución comunista, deberán ser destruidos por completo. Por ello, todas las ideologías que preconizan la reforma de los sindicatos, la reconquista, el trabajo en su seno aunque se diga que es para su destrucción, siembran la confusión, mantienen anclados a los proletarios, que sienten intuitivamente el papel reaccionario de los sindicatos, a esos órganos del Estado (lo que de paso los ayuda a mejorar la credibilidad), y sirven a la reacción. El hecho de que en muchos casos, en el origen de esas organizaciones encontremos a reales organizaciones proletarias, no hace más que confirmar la capacidad de la burguesía para recuperar y utilizar para sus propios fines, las formas organizativas creadas por el proletariado.

La "cuestión sindical" no es una cuestión de denominación, sino de práctica social. El antagonismo real no es, como se ha pretendido, entre intereses económicos e intereses políticos, entre intereses inmediatos e intereses históricos, porque los sindicatos, en tanto que aparatos del Estado, ni siquiera defienden los intereses "económicos e inmediatos" de los obreros (que por otra parte son inseparables de la afirmación revolucionaria del proletariado, como ya lo dijimos); sino entre asociacionismo obrero, reconstitución de la unidad orgánica, de lucha y de intereses del proletariado y el aparato del Estado democrático para la negociación mercantil y ello cualquiera sea la denominación que los unos y los otros adopten. Si bien, pues, la denominación "sindicato" hace mundial y únicamente referencia a esos aparatos del Estado y resulta bastante improbable que reales asociaciones clasistas se autodenominen con dicho nombre, otras denominaciones más radicales (consejos obreros, soviets,...) pueden también esconder aparatos del Estado contra los cuales el asociacionismo obrero se desarrollará también, y necesariamente afuera y en su contra.


TE37 : Tesis 37