El capitalismo como sistema mundial, al desarrollar al proletariado como clase mundial, posibilita el comunismo a nivel del planeta y al mismo tiempo determina aspectos programáticos esenciales en cuanto a la extensión de la revolución y el carácter de los órganos del proletariado:

La revolución comunista (cuyos primeros triunfos insurreccionales se concretan necesariamente en alguna parte del globo) es necesariamente mundial, o se extiende o perece y no puede alcanzar sus objetivos a ningún otro nivel (fábrica, región, país, grupo de países). Ningún tipo de lo que históricamente se denominó "control obrero", "autogestión de la producción" de una o incluso en todas las fábricas de un país implica la destrucción de las relaciones capitalistas de producción, ni una vía para ello. El comunismo como movimiento se opone y excluye, desde su origen, con el país, la nación, la lucha nacional y su desarrollo contiene directamente la abolición de todas las fronteras, de todas las naciones.

La constitución del proletariado en un solo cuerpo a nivel mundial, implica la centralización orgánica que garantice los intereses generales del movimiento contra todo particularismo, localismo, inmediatismo y la lucha contra la ideología corporativista, federalista, autogestionista, que solo pueden beneficiar a la contrarrevolución. Esto es, evidentemente, válido para todos los órganos de clase -asociaciones, partido formal, Estado- y en todas las fases de la lucha -clase dominada, clase dominante- hasta la abolición de todas las clases y de todo estado.


TE25 : Tesis 25