En período de crisis revolucionaria, las dos clases se unifican frente a su antagónica. Del lado de la burguesía, a pesar de las interminables luchas entre las diferentes fracciones burguesas para afirmar sus intereses particulares en la repartición de los medios de producción y los mercados, desde que aparece el proletariado en armas y el espectro del comunismo se hace presente, todas las rivalidades interburguesas pasan a un segundo plano cediendo lugar a la burguesía mundial, reagrupada entorno a la fracción más coherente, más fuerte, más decidida, capaz de enfrentar mejor la guerra de clases. Esta forma general de la contrarrevolución de enfrentar a su enemigo de clase, no excluye para nada su combinación con otras formas particulares, incluida la repolarización de la sociedad en dos bandos interburgueses en los que se trata de encuadrar al proletariado. En efecto, las sucesivas contrarrevoluciones confirman la ductilidad de la burguesía para alternar no solo la unificación con la polarización interna, sino hasta para unificarse en la defensa de una polarización interburguesa (polarización falsa en relación a la de clase contra clase) que enfrenta la revolución.

Por su parte el proletariado, rompiendo con las cadenas de la competencia y asociándose en su lucha contra el enemigo histórico, se afirma como fuerza y como Partido centralizándose entorno a las fracciones más coherentes, más fuertes, más decididas, es decir con mayor capacidad de enfrentar al capital. Si bien es indudable que en este sentido hay sectores estratégicos del proletariado, dada su capacidad de paralizar los centros decisivos de la acumulación del capital (polos de acumulación capitalista, gran industria, minería, transportes, comunicaciones,...), no siempre estos son los más decididos o los que más aseguran la generalización de la revolución y otros sectores como, por ejemplo, los desocupados en general, o en particular el proletariado joven que no ha encontrado o que sabe que no encontrará comprador para su fuerza de trabajo (camuflado muchas veces bajo la denominación aclasista de "jóvenes" o "estudiantes") pueden jugar un papel decisivo en el salto de calidad del movimiento que implica siempre la ruptura con el cuadro estrecho de la empresa, empujando al descenso y a la ocupación de la calle, la generalización efectiva, el pasaje al asociacionismo territorial frente al cual la burguesía ya no puede ofrecer la reforma parcial y categorial y que forzosamente se plantea la cuestión general del poder de la sociedad. Pero esta formidable energía revolucionaria no es una fuerza en el sentido histórico del término sin constituirse en Partido centralizado (y sin ello será dilapidada, barrida o incluso recuperada por la contrarrevolución). Pero solo puede constituirse en Partido centralizado afirmando un programa integralmente comunista y dotándose de una dirección revolucionaria. Y a su vez programa y dirección comunista no son el resultado inmediato del movimiento, por más energía revolucionaria que el mismo tenga, sino el resultado de toda la experiencia anterior acumulada transformada en fuerza viva, en órgano de dirección del Partido y la revolución por una larga y dura lucha histórica consciente y voluntaria asumida por las fracciones comunistas.


TE15 : Tesis 15