La democracia no es simplemente una cuestión de votos, de mayorías, de gobierno libre o de decisiones colectivas, por la misma razón que el capital no es una simple suma de dinero o un conjunto de máquinas..., como dice la ideología dominante. Nosotros, que luchamos con todas nuestras fuerzas contra la sociedad presente, tenemos una comprensión histórica y social muy diferente del capital, de la democracia (así como de muchos otros "conceptos", como "valor", "proletariado", "dinero", "partido", "modo de producción"). En efecto, para nosotros, todos esos conceptos difieren totalmente de los vulgarmente utilizados por los medios, las universidades o, en general, por la ideología dominante.

Sin embargo, no se trata de una cuestión de palabras o definiciones. No se trata de "definir" el capital, la democracia o el proletariado de otra manera diferente, por esnobismo o intelectualismo. Por el contrario, se trata de poner en evidencia lo que el capital (la democracia, el proletariado...) es (son) históricamente. Y ello independientemente de lo que la ideología dominante dice, o mejor dicho de cómo la clase dominante trata de ocultarlo. Dicho de otra manera, no se trata de dar intelectualmente una definición diferente (como hacen los intelectuales cuando discuten entre ellos las cuestiones conceptuales), sino de poner en evidencia el proceso histórico real. Intentamos expresar, por la vía del pensamiento, y de la forma más clara posible, los procesos que se viven en la práctica. Efectivamente, tratamos de ver procesos, energías, fuerzas, direcciones… en donde la lógica formal ve cosas. Por eso, insistimos en explicar teóricamente cómo se define el capital (para seguir con el ejemplo) en su proceso histórico (nacimiento, desarrollo y muerte; biología / necrología) como energía, como fuerza. Por eso, concebimos al proletariado como proceso que va desde su disolución a su afirmación como clase, como el proceso que rompe con su destructuración individualista y se constituye como fuerza histórica a través de una accidentada lucha asociativa. De la misma manera, no buscamos la definición de la democracia según los ideólogos y universitarios, sino en el largo proceso histórico del desarrollo de la mercancía, la automatización del valor, hasta la dictadura generalizada del valor valorizándose.

Por ejemplo, la ideología dominante identifica el capital con una materia física..., asimilándolo, como si fuera la misma cosa, a una cierta suma de dinero o a la máquina, cuya propiedad permite la producción (incluso para los más "marxistas") y la posibilidad de explotar el trabajo humano. Para nosotros, por el contrario, el capital es esencialmente energía, fuerza, proceso. Desde su origen, el capital es valor en proceso de valorización (desarrollo del valor de cambio, del equivalente general, autonomización del valor), a través de toda la historia. Con el tiempo ese proceso se afirmó como el sujeto mismo de la sociedad actual, en el sentido totalmente práctico y concreto de que todas las decisiones sociales son impuestas por su ser: maximización de la tasa de ganancia. Justamente, es esta comprensión práctica e histórica de nuestro partido la que permite captar y actuar mejor en la perspectiva de la muerte del capital. Al mismo tiempo, permite poner en evidencia que la comprensión dominante es parcial e interesada y deriva, a su vez, del fetichismo de la mercancía y, más globalmente, del materialismo vulgar: sólo se ven las "cosas" y no las relaciones sociales que se esconden detrás de las cosas. Al captar el capital por lo que realmente es, cualesquiera sean las formas en las que el mismo se presenta y esconde (suma de dinero, máquina, fuerza de trabajo, mercancía, patrón...), su carácter de proceso social e histórico queda en evidencia y su necrología al desnudo: su muerte aparece como necesaria. Así, aquella concepción del capital como cosa puede ser denunciada por lo que en realidad es: una visión parcial y burguesa.

Con la democracia pasa exactamente lo mismo que con el capital (y los demás conceptos, ver recuadro). Su asimilación a la libertad de elegir, al supuestamente mejor mecanismo de decisión social basado en la mayoría de los participantes, no es más que la visión burguesa e interesada. La misma es limitada (no histórica), exclusivamente política (no es ni global, ni social) y toma como presupuesto lo que en realidad es el resultado (relativamente reciente) de un largo proceso histórico. Se parte del derecho de los individuos y de las decisiones de esos individuos, como si los mismos hubieran existido siempre, cuando en realidad son el producto de siglos de intercambio mercantil y de violenta separación del ser humano de su comunidad original. "Olvida", ni más ni menos, que ese individuo libre y "demócrata" no existía en el pasado, sino que es el excremento de siglos de terrorismo de estado

En efecto, la democracia es la otra cara del intercambio mercantil que nació y se desarrolló con él. Es históricamente falso imaginarse el origen de la mercancía en individuos que cambian. Es al revés, las comunidades se van disolviendo a través del proceso de intercambio1, y es ese mismo proceso el que genera históricamente el individuo atomizado. La mercancía, en su desarrollo histórico, destruye la comunidad humana. Y el dinero, como único ser común, va sustituyendo la comunidad y ocupando su lugar. "El dinero como comunidad excluye toda otra comunidad" 2 . La destrucción de toda comunidad humana ha ido de la mano con la atomización social y la aparición histórica (producción) del individuo (libre, igual, propietario y, como tal, capaz de vender y comprar), del individuo propietario y del individuo vendedor de su fuerza de trabajo, así como con la conformación de toda la sociedad como un gran mercado. Concomitantemente, con esa dispersión individual mercantil, la unificación "humana" solo puede surgir artificialmente sobre la base de libres consentimientos y falsas comunidades (políticas, culturales, sindicales, religiosas, raciales, deportivas...). Es esa atomización fundamental y el artificio de la unión sobre bases falsamente humanas, lo que constituye la esencia de la democracia. La democracia es, al mismo tiempo, destrucción de la unidad esencial humana y construcción de falsas unidades para que el "todo" no reviente. O mejor dicho, la reproducción de la atomización hasta el infinito (carácter infinitesimal del individuo atomizado) y de la reproducción, caricatural y absurda, de cualquier tipo de comunidad ficticia en antagonismos permanentes (piénsese en las sectas religiosas, los hinchas de fútbol, los grupúsculos musicales o culturales, los frentes populares, los nacionalismos...).

Nada más lógico, pues, que la ideología dominante reduzca la democracia a sus aspectos políticos y hasta a los electorales. Es coherente con la apología de que en la democracia todos son libres de decidir. En realidad, se oculta aquí que la realidad histórica y social de dicha libertad de decidir es la separación histórica del ser humano de sus medios de vida (¡expropiación que nunca termina, porque es esencial al capital: empezó hace muchos siglos pero hoy continúa con la mayor violencia y terror estatal conocidos en la historia!) y que el verdadero sujeto de la decisión es siempre la propiedad privada y sus determinaciones. Nos esconden que la fase actual, en que esas manadas de mónadas "deciden" libremente, en profunda soledad, unificadas por ficciones varias y siempre renovadas (por el terror del Estado), constituye en realidad el resultado de la deshumanización total del ser humano (la comunidad es la verdadera esencia del ser humano). En fin, nos ocultan que quien decide en democracia no es el ser humano sino la dictadura de lo económico, la dictadura de la ganancia del capital.

Abandonando, entonces, las conceptualizaciones de la democracia tal como los demócratas la definen (ideal de libertad, igualdad y fraternidad adonde los ciudadanos deciden políticamente) y entrando en la prosaica realidad y en su historia, lo primero que salta a la vista es, como decían los revolucionarios del siglo xix (Marx en "La lucha de clases en Francia"), que desde el origen la realidad de esa libertad, igualdad y fraternidad... ha sido la infantería, la caballería y la artillería. O dicho de otra manera, que ese reflejo ideal del mercado, que constituye esa tripleta democrática, es un producto histórico del desarrollo mercantil de la sociedad, cuyo fundamento histórico es la explotación del hombre por el hombre garantizada por el terror de Estado. Explotación y terrorismo de Estado son los verdaderos fundamentos de la producción y reproducción ampliada del individuo atomizado y liberado (separado, expropiado...) de sus medios de vida. La ideología dominante cristaliza esos conceptos, producidos por el mundo mercantil, en la igualdad y la libertad jurídica. Pero esa cristalización es simultáneamente ocultamiento de lo "impresentable": el terror latente y permanente, que separa a los seres humanos de lo que necesitan, aparece en la superficie como conciliación y paz social.

Por eso, los ideólogos y fabricantes de opinión pública sólo hacen referencia a la democracia en la superficie de la sociedad, en la esfera política, ya que es la única manera de ignorar la realidad de la democracia como terrorismo social e histórico, y al Estado como garante permanente de la propiedad privada y de todas las igualdades y los derechos derivados de la misma. Todo el orden jurídico democrático mundial está edificado sobre el fundamento de la propiedad privada y está garantizado por el Estado. Así, en la esfera ideológica del derecho, los conceptos de igualdad y libertad jurídica, claves de la democracia, parecen surgidos de la voluntad de los hombres (como si el hombre en tanto que individuo de la sociedad burguesa la hubiese preexistido) y no como el resultado de siglos de terrorismo de Estado. Sin embargo, es este el componente esencial en la democracia, el que priva y sigue privando a los seres humanos de lo que necesitan para vivir. El respeto a la propiedad privada no es otra cosa que terrorismo de Estado socialmente consolidado y la clave de la democracia como modo de vida de la especie humana subsumida en el capital.

En la esfera política de la decisión democrática se afirman exactamente las mismas ficciones que en el mercado, porque no son otra cosa que un subproducto o, si se quiere, su reflejo: todos son libres e iguales de decidir tanto en el voto como en el supermercado. La opinión y el voto, la compra/venta, no son más que la expresión del ser atomizado comprando, vendiendo. La ilusión de la realización del "ser humano" como ser mercantil y como demócrata decidiendo libremente es la misma. Con ese impotente social, que es el consumidor / ciudadano, se realiza la deshumanización total del ser humano, como mónada separada de toda humanidad verdadera, como individuo sin ningún tipo de comunidad humana. La comunidad del individuo atomizado sólo puede ser comunidad ficticia. Por eso, la verdadera comunidad humana solo puede surgir como contraposición al individuo, como comunidad de lucha contra la explotación y opresión. Y por ello como abolición de la democracia.

La comunidad del individuo atomizado llega a su máxima expresión y realización en la guerra entre fracciones burguesas. La gloria suprema del individuo atomizado y reunificado democráticamente en las comunidades ficticias del capital, se realiza cuando se sacrifica la vida misma en la guerra, cuando se muere por la religión, por la nación, por el frente popular, por la guerra imperialista... En realidad, se trata de la guerra generalizada del capital, porque el sujeto histórico efectivo que se reproduce realmente no son los individuos (a quienes consume), ni las unidades ficticias (que usa como disfraces), sino el capital autoreproduciéndose. En ella, los individuos realizan su profunda naturaleza de partículas matando y muriendo como moscas sometidas a fracciones patrióticas, raciales, religiosas; ella es el nivel supremo de negación del ser humano. Es, al mismo tiempo, el momento cumbre del capital como valor en proceso, asegurando la destrucción para un nuevo ciclo de reproducción ampliada. Cuanto más democrática sean las unificaciones de los individuos en las comunidades ficticias (destrucción de toda contraposición verdaderamente humana), más total y acabada puede ser la destrucción de la humanidad y la realización de los objetivos fundamentales del capital.

Claro que cuando se llega a ese extremo de destrucción generalizada de los seres humanos, el capital se esconde como sujeto, no sería él, ni su sociedad que produce esa imponente "barbarie" de la civilización, sino el "ser humano mismo", que "siempre fue egoísta". El circulo vicioso y cerrado en la ideología del capital, justifica el infierno mismo que ha creado, culpando a lo que destruye (la humanidad). ¡Como si la humanidad fuera idéntica a la sumatoria de esos inmundos individuos ciudadanos, que son en realidad el producto moderno y cada vez más inhumano del desarrollo de la sociedad de la guerra y de la destrucción. "El egoísmo es propio del ser humano, la guerra se encuentra en la naturaleza humana", repite el esclavo sumiso. Lo que en realidad es el resultado se presenta como causa.

La atomización, el individuo libre y contrapuesto a los otros (en el mercado, en las elecciones), contiene todos los principios del valor valorizándose (todo átomo de valor busca más valor, eso es el capital) y, por lo tanto, la competencia y la guerra imperialista. Las consignas nacionales y populares, las banderitas futboleras, regionales, nacionales..., las sectas, los discursos políticos, ideológicos, religiosos..., no son más que las formas regionales, temporales, en las cuales el capital estructura a su servicio (al de su propia valorización) a los individuos atomizados. Pero más allá de todo lo temporal, lo regional, lo sectario..., lo que es invariante y constante en la democracia social es la producción del individuo atomizado y su organización en falsas comunidades, su movilización en miles de intereses contrapuestos por los que mueren, como moscas, los esclavos asalariados modernos en nombre de tal o cual dios, de la patria, de la derecha, de la izquierda, de la unidad regional o la autonomía localista..., hasta tal o cual comunidad de raperos, autogestionistas, ecologistas o tal o cual cuadro de fútbol. Ello se verifica desde los niveles más locales a las grandes corporaciones mundiales y constelaciones de potencias imperialistas.

Claro que la forma política de la democracia varía mucho según la región o la época. Así, puede ser parlamentaria, bonapartista, de derecha, de izquierda y hasta monárquica (como en Europa)...; también puede funcionar en base a la voluntad popular (¡el pueblo es precisamente la comunidad ficticia de ciudadanos unificados por el capital!) o contra ella; puede desarrollarse en base a un permanente estado de excepción o a la perfección ciudadana; puede ser un ejemplo de republicanismo y enviar, al resto del planeta, torturadores y asesinos; puede ser populista u oligárquica... No existe ningún ejemplo histórico de democracia que no incluya el terrorismo de Estado interno o externo (imperialista) como elemento esencial de la misma. Cualquiera sea entonces la forma, la esencia social de la democracia no cambia en absoluto. Le es imprescindible destruir toda comunidad de intereses y de lucha que ponga en cuestión el orden social establecido, el capital. Solo acepta oposición en su seno, con sus reglas, con sus partidos y comunidades ficticias: no soporta la comunidad (negación del individuo atomizado) que se contrapone a sus fundamentos atomizadores, indispensables a sus ficciones unificadoras. Frente a ella, siempre muestra su naturaleza tiránica. ¡Porque la misma es esencial a la democracia! Por eso, en el cuerpo de la democracia se encuentra siempre el terror de Estado, ya sea de forma abierta o como amenaza.

Toda oposición entre democracia y dictadura, entre violencia de Estado y democracia, es una ilusión ideológica, fomentada por el capital y el Estado, promovida por la dictadura democrática efectiva del capital; y no resiste al más mínimo análisis histórico. Dicha oposición, parte siempre de ignorar la realidad social de la democracia, dado que en la misma es imposible negar el terrorismo de Estado como fundamento histórico. El formalismo político (el análisis exclusivamente político de la democracia, como si no tuviera nada que ver con la propiedad privada y la dictadura y sólo fuese una forma de decidir opuesta a otra), es la clave de la falsificación, de la trampa en que nos meten cuando se opone la dictadura a la democracia. La equiparación moderna de la democracia a la forma de decisión por elecciones y mayorías, es dicho sea de paso otra falsificación histórica: tampoco en Atenas se llamaba a eso "democracia".

Decir "pero yo prefiero la democracia a la dictadura" es hacerse cómplice de la falsificación. En los hechos, es equivalente a decir: yo prefiero ser blanco y ciudadano de Estados Unidos, que ser negro y torturado, en cualquier país del mundo, por las tropas de ese mismo país. Es una "opción" sólo para quien se complace en la falsa dicotomía ideológica. El proletariado como clase no tiene, ni puede tener, esa opción. En cambio, el ciudadano conformista es lógico que prefiera votar e ignorar que esa misma democracia tortura al negro en la otra punta del mundo.

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1. Utilizamos la palabra intercambio para designar un proceso muy amplio de mercantilización histórica del ser humano, que incluye el crédito, la constitución de polos de acumulación de dinero (templos), de emisión de pagarés, de centros religioso/militares correspondientes a dicha evolución.

2. Marx, Grundrisse.

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ACERCA DE

LOS CONCEPTOS

En realidad, esto debiera hacerse con todos los conceptos centrales; nunca se puede creer lo que dicen los ideólogos del capital y el Estado, ni partir de lo que ellos parten. Al contrario hay que empezar por preguntarse como surgió social e históricamente ese concepto y todo queda clarito.

¡No hay que pedirle a un cura que defina la religión!

¡Ni a un leninista que defina el antifascismo!

¡Ni a un científico que defina la ciencia!

Lo que dicen los enemigos, pretende, invariantemente, esconder lo esencial.

Usemos tres "ejemplitos" (¡ejemplazos!) de conceptos falsificados para contraponer nuestra propia concepción, para que quede más claro lo que decimos sobre conceptos como capital o democracia: la religión, el antifascismo, la ciencia.

a) Justamente a la hora de saber lo que ha sido y es la religión, de nada sirven las buenas palabras de los curas, que invariantemente partirán de dios como algo existente. Todo lo que dicen los curas es justamente para que no sepamos de que se trata de una ideología para adormecer y asegurar la dominación, que siempre fue y es el "opio de los pueblos". La religión surge en todas partes como potencia histórica de explotación y de dominación. En todas partes ha sido y es esencial en la explotación de clases, en la represión y la tortura de los explotados. Toda presentación de la religión a partir de la idea de dios, es ocultamiento y potencia a la dominación de clases.

b) Tampoco sirve lo que pueda declarar un leninista sobre el antifascismo, porque siempre partirá de la leyenda negra del fascismo escrita por quienes ganaron la guerra. ¡Hasta la palabra oculta la función real del antifascismo! No, el antifascismo no nació, ni fue creado para enfrentar al fascismo (que entonces era una fracción de la izquierda del socialismo), sino que ¡ése fue el pretexto!. El antifascismo nació y se desarrolló para liquidar la lucha autónoma del proletariado contra el capital y el Estado. Fue para eso que mató, torturó, hizo desaparecidos, bombardeó ciudades, contaminó campos, ríos y destruyó las selvas y bosques, llenó el mundo de campos de concentración y trabajo forzado y hasta utilizó el potencial atómico para exterminar seres humanos. Como se sabe, se consolidó, como fuerza mundial, con la macabra alianza entre las fuerzas imperialistas que se impusieron en la llamada "segunda" guerra mundial.

c) Por último, queremos denunciar como mentirosa la definición de ciencia que puede dar un científico. En efecto, no tiene ninguna legitimidad la pretensión de ser un conjunto de conocimientos "objetivos" probados, "no dogmáticos"…etc. Eso de los conocimientos científicos son en realidad los dioses de la ciencia, lo que nos interesa a nosotros es la función social de la misma. Ni siquiera tiene legitimidad aquella concepción de izquierda que la excusa, lamentándose de que "el problema es que está al servicio del capital". Esta concepción sigue prisionera de lo que dicen "ellos" de sí mismos: que la ciencia se definiría primero por su objeto y luego por su función social. No, la ciencia no sólo "está al servicio del capital" sino que es, por su constitución histórica, una fuerza del capital. Sucede lo mismo con todas las fuerzas productivas, no es que estén al servicio del capital sino que fueron concebidas como parte de la dictadura del capital. En efecto, la ciencia ha sido históricamente, igual que la religión, una ideología y potencia dominante, una fuerza parida y desarrollada por el capital, y sólo en función de ello se erige como "conocimiento", como el cura erige a "Dios". Su función fundamental deriva de la separación histórica del ser humano con respecto a sí mismo y a sus medios de vida. La clave de la ciencia es la separación del ser con respecto a su propio cuerpo, concomitante con la separación de la comunidad humana con respecto a la naturaleza, separación de los seres vivos entre sí y con respecto a sus conocimientos naturales, directos. El contacto que siempre había tenido el ser humano consigo mismo, con el cosmos, con la tierra, con la energía vital universal, fue apropiado, reprimido y puesto en manos de los especialistas: la religión y la ciencia. El monopolio de la violencia por parte del Estado se impone al mismo ritmo que la ciencia y la religión monopolizan sus dominios y poderes. El mismo cuerpo del ser humano dejó de pertenecerle, en la medida en que se fue transformando en objeto de la ciencia y, con el tiempo, en dominio de la industria farmacéutica. Todo conocimiento directo pasó a ser brujería o prueba de ignorancia y castigado con las peores torturas. Dicha separación fue, al mismo tiempo, consolidación del conocimiento como especialidad, como poder separado, estatal, y, por el otro lado, prohibición del conocimiento directamente comunitario, directamente humano. La persecución de las brujas, la prohibición total de la trasmisión del conocimiento ancestral, los hospitales, las prisiones consolidaron la dictadura del científico y la dictadura de la medicina , de la química y otras especialidades (sometidas desde el principio a la ganancia del capital). Insistimos, no es sólo que la ciencia está al servicio del capital, sino que, como el Estado mismo o la religión, la ciencia es una fuerza de dominación y explotación desde su origen, y su supuesta "distinción" con la religión no fue otra cosa que una división del trabajo, del mismo tipo que la infantería, la artillería y la caballería. Justamente, es como fuerza de opresión que la ciencia tuvo y sigue teniendo sus centros de culto e investigación, sus garras represivas para quemar infieles, sus financiamientos abiertos y ocultos, sus jugosas ganancias y sus mercenarios a sueldo.

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LO QUE ES Y NO ES

LA DEMOCRACIA

Siempre quisimos exponer la democracia como un todo, incluyendo tanto el terrorismo de Estado como el circo electoral, pero una y otra vez constatamos que socialmente por "democracia" siempre se entiende el "lado bueno" de la cosa, el "circo" y que lo otro queda afuera como "no democracia". Es como si se alimentara a los leones del circo con los desaparecidos de México, los niños de Gaza y los reprimidos de Haití (por las Naciones Unidas), pero antes que llegue el espectador. Para él, para el espectador ciudadano, lo que cuenta es el lado bueno del circo, el espectáculo, en eso es lo que cree, eso es lo que aplaude; de cómo se alimentan las fieras ni quiere saber.

Lo más grave es que eso continua sucediendo "aquí y ahora", en las discusiones de todos los días. Hasta cuando participamos en discusiones con compañeros "revolucionarios", que se dicen revolucionarios de la "izquierda comunista", del anarquismo y hasta " insurreccionalistas"… constatamos que se opone democracia a dictadura y que se piensa la democracia como sinónimo de elecciones libres. ¡Y desgraciadamente no solo es la izquierda burguesa que cree que el mundo se arregla con más desarrollo, con más democracia, con la realización de las tareas democráticas, pues por más que proclamen "la revolución", la sociedad, con su trajín cotidiano, los reduce a espectadores, a ciudadanos.

Constatamos que esa visión, la del ciudadano en general, se encuentra mucho más arraigada en el ciudadano de las potencias imperialistas. Por supuesto, esa visión no es la que tiene el perseguido y torturado en cualquier parte. La clave de la dominación se encuentra precisamente en esa mentira sobre lo que es la democracia. El ciudadano israelí tiene una visión necesariamente diferente de la democracia que el proletario de Gaza, que es bombardeado y ve reventar a sus hermanos y a sus hogares. Ve la realidad de la democracia como no es capaz ni de imaginarla el ciudadano israelí, como tampoco el ciudadano argentino, inglés, tailandés o búlgaro. El ciudadano francés que votaba por Mitterand o por la derecha, no podía tener la misma versión que los torturados en Argelia o los torturados del Cono Sur (¡gracias a los cursos de tortura dados por los generales franceses del propio gobierno de Mitterand!) en Argentina o Chile. La gran mayoría de los ciudadanos blancos estadounidenses creen que su democracia es el circo entre republicanos y demócratas, y creen que es algo externo a ella el Napalm sobre Vietnam, Laos o Camboya y la operación Cóndor, organizada por su propio gobierno republicano y demócrata. Pero todavía es peor que quien se dice revolucionario, haga la concesión de hablar de democracia como sinónimo de proceso electoral en USA y que no incluya las bombas atómicas contra las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, que pronuncie esa palabreja como sinónimo de algo positivo, y hasta pacífico, y se olvide de incluir el ejército, las cárceles, la tortura que es la característica central de ese Estado. En realidad cuanto más ejemplar ha sido la democracia (como la de Estados Unidos) más guerra, más militarismo, más bombas sobre población civil se puede verificar en su historia. ¡Sin dudas es también esa democracia la que ha organizado más escuadrones de la muerte y desaparición de personas en el todo el planeta!

Lo peor de todo es que se siga pensando que es más democrático Obama porque "fue elegido libremente" y no porque dirige la potencia de destrucción humana más gigantesca de la historia de la humanidad. En esa oposición, nosotros pensamos que tiene mucho más consciencia, de lo que la democracia es realmente, el niño de Gaza, el negro cagado a palos en las cárceles de USA o en Haití, el torturado y desaparecido de México, de Colombia, de Argentina… y que la visión del perfecto ciudadano, en todas partes, es una visión parcial e ilusoria: aunque "la libertad de elegir" sea una realidad" dentro de dicha ilusión. La clave del ciudadano, arrodillado y sumiso ante las misas electorales, es precisamente esa ilusión sobre lo que es la democracia y que se afirma con la tan cacareada "libertad de elegir".

En todo caso, nuestra visión de la democracia, que en estas notas hemos reafirmado, es la que han ido forjando quienes luchan contra su dictadura, y no la que tienen los ciudadanos, los buenos electores y otros "animales domésticos", como decía Rodolfo González Pacheco en sus celebres "Carteles".

***

¡¿ QUE FALTA DEMOCRACIA !?

¡ NO, rotundamente NO !

¡Siempre hemos tenido demasiada, por eso estamos como estamos!

¡Esa es la elemental respuesta proletaria en todas partes!

Con la democracia, como con el capitalismo, siempre nos proponen más de lo mismo. En efecto, nuestros enemigos siempre echan la culpa de nuestros males a la falta de democracia. Cuando tal diagnóstico ha sido efectuado, nosotros sabemos lo que viene: invasión militar, mucho milico y terror de Estado… para imponernos la tan cacareada democracia.

¡Es como cuando a Haití la invadieron los yanquis y los franceses para imponerle la democracia! Luego siguieron todos los otros países, grandes y chicos, en nombre de las Naciones Unidas, que de paso también le trajeron además de la democracia, el cólera…, cientos de miles de muertos…Y todavía siguen matando gente en las calles para darles todavía más democracia.

¡Cuántas veces dijeron que a Bolivia le faltaba democracia e hicieron golpe tras golpe de Estado, elecciones y circos…y siguen diciendo que le falta democracia!

Exactamente como con el capitalismo. Ya en el siglo XVI al XIX el zarismo había desarrollado el capital y, durante todo ese período, las luchas del proletariado contra el capitalismo y el Estado eran famosas en el mundo. Durante el último cuarto del siglo XIX, la bandera del socialismo revolucionario se fue imponiendo, como en otros países del mundo (México, Argentina, Francia, España…), como alternativa al capitalismo y al Estado. Fue entonces que se desarrolló contra eso la teoría contraria, la de la socialdemocracia que culpaba de todos los males no al capitalismo y la democracia, sino a la falta de capitalismo y a la falta de democracia sosteniendo que que había que realizar las "tareas democrático burguesas". Ese fue el papel de la socialdemocracia en todo el mundo, el canalizar la lucha del proletariado contra el capital, en una lucha para el desarrollo del capital y la democracia que estaban (decían) insuficientemente desarrolladas. En Rusia, ese fue el papel de las minorías y mayorías de la socialdemocracia, el canalizar la rabia proletaria, contra la explotación y la opresión, en la defensa del capital y sus tareas democráticas. Ese fue el papel del leninismo: mucho progreso del capital, mucho trabajo, mucho Estado, mucho desarrollo de las fuerzas productivas. Esas son las famosas tareas democrático burguesas que incluyeron, evidentemente, los millones de encerrados en los campos de concentración y el trabajo forzado.

¡No, no nos falta capitalismo! ¡Tampoco nos falta democracia!

¡La burguesía ya hizo todas las tareas democráticas que supuestamente debía hacer

y todas fueron en contra de nuestra clase!

¡Tenemos de más! ¡No soportamos más capital, no soportamos más democracia,

no soportamos más progreso, ni progresismos!

¡ABAJO EL CAPITAL Y TODA LA DEMOCRACIA!

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CO65.2 Notas sobre
la democracia