El capitalismo es guerra imperialista y su único freno es la lucha humana por las necesidades vitales. El capitalismo no puede existir sin guerras imperialistas, sólo la revolución social paraliza la guerra y abre la perspectiva de la revolución social.

Y recíprocamente, frente a la revolución social, cuando en una región la lucha proletaria se afirma revolucionariamente, el capitalismo siempre intenta transformar esa guerra en lucha interburguesa, en antifascimo, en guerra imperialista. Para eso, el capital no duda en invadir y sobretodo bombardear, desde el aire o con atentados terroristas o cualquier otro método de guerra interburguesa, para canalizar el odio del proletariado contra los gestores locales del capitalismo, en nombre de tal o cual democracia. El objetivo es siempre la transformación de la guerra social en guerra imperialista.

El ejemplo más emblemático en este sentido es la mal llamada “guerra civil española” que, partiendo de una importantísima confrontación histórica entre revolución social y contrarrevolución, fue transformada por fuerzas locales e internacionales (¡el papel represivo e imperialista del Estado Ruso fue todavía más decisivo que los bombardeos nazis y fascistas!) en guerra imperialista entre fascistas y antifascistas. En el seno del proletariado, esta contradicción secundaria, dentro de las fuerzas del Estado burgués, fue adoptada como decisiva por la ideología socialdemócrata (socialoide, “libertaria”, “marxista”…) contribuyendo así al proceso que condujo al proletariado a la carnicería generalizada denominada “Segunda Guerra Mundial”

Frente a la agudización permanente de toda la catástrofe capitalista y la resistencia revolucionaria contra la misma, la contradicción entre lucha proletaria y guerra imperialista explota en la actualidad a cada rato, como lo hemos subrayado en innumerables textos.

Ayer, ante la pasividad del proletariado internacional, que no logró parar la agresión imperialista contra toda la población(1) en la región de Irak (¡que desborda claramente las fronteras de este país!), se destruyó, por medio del terror de Estado internacional (bombas, bombardeos, torturas, desapariciones, masacres, cárceles…), al proletariado como sujeto autónomo en ese país. Todavía hoy, luego de que las principales potencias mundiales hayan impuesto su orden de muerte y terrorismo de Estado, y a pesar de una cierta reemergencia de expresiones sociales de protesta, siguen predominando la guerra imperialista y la lucha interfracciones burguesas en esa región.

Hoy, con la catástrofe generalizada del capitalismo y su amenaza permanente a la sobrevivencia de la humanidad, la contradicción entre imperialismo e intereses de la humanidad, entre capitalismo y revolución, entre guerra y revolución está siempre presente. En todas las regiones de guerra interimperialista, siempre se resiste contra ella y, cuando emerge el proletariado contra la guerra, se afirma simultáneamente la tendencia a parar la guerra y a la revolución porque aquella se afirma, en última instancia, como derrotismo revolucionario(2).

En el antagonismo general entre guerra y revolución, estos dos países han tenido y están llamados a tener un papel preponderante.
¿Habrá sido por casualidad histórica que las revueltas del proletariado, en ambos países, hayan sido tan simultáneas y que, a pesar de las tan diferentes culturas e ideologías dominantes, el proletariado en ambos países se haya afirmado casi al mismo tiempo?
¿Qué otra cosa pueden tener o haber tenido históricamente en común estos dos países antes de 2013?
Ahora nos parece evidente que hay otro gran punto en común entre ambos países. Pero la verdad que, quienes hoy escribimos estas notas, no nos habíamos dado cuenta de ese otro punto, hasta que compañeros del Medio Oriente (de Turquía y de Irak) nos explicaron en detalle el papel histórico de Turquía, como potencia de la OTAN, como subgendarme represivo local y como cuña de acción imperialista en esa región. Efectivamente, el Estado Turco ha desempeñado, desde hace años (¡siglos!), un importante papel represivo que desborda las fronteras nacionales, no sólo por su tradición de terrorismo de Estado interno contra las luchas sociales, sino como gendarme histórico frente al proletariado de países fronterizos y bajo la forma de represión de las minorías “nacionales”: kurdos, armenios, griegos, judíos, balcánicos, caucasianos….
Brasil también ha funcionado como sub-gendarme histórico represivo en toda América del Sur y como cuña de penetración imperialista en la región (¡llega a ser el centro formal del Imperio portugués!), primero a cuenta del Estado de Inglaterra y luego de Estados Unidos. Cómo Turquía en la región, Brasil tiene una larga historia de masacres sociales e imperialistas en función de los intereses del capital imperial. Desde la guerra de la Triple Alianza(3) el Estado brasilero siempre fue el sub-gendarme regional más importante, constantemente contra el movimiento social, más específicamente a favor de los intereses del imperialismo de turno. Últimamente, y precisamente como sub-gendarme imperial, Brasil ha asumido las tareas más sucias, como la represión e invasión de Haití. En efecto, luego que las potencias imperiales centrales (Estados Unidos y Francia), decidieron dar el golpe de Estado contra Aristidi en 2004, impulsaron (para no agudizar las contradicciones ya grandes entre los Estados de la región Estados Unidos) a Brasil a asumir ese papel indispensable de subimperialista y subcomando regional: “Es una distribución de tareas, la imposición del orden por la fuerza corresponde a los países centrales, el mantenimiento posterior del orden ya instaurado se delega preferentemente a países “más parecidos” al que ha sido ocupado. La posibilidad de insertar acá un proyecto sub-imperialista encargado de la gestión local del orden mundial, tiene a su vez ventajas. En primer lugar es la base de una posible continuidad. Instala además un mecanismo de jerarquía por cooptación que gradualiza. Atenúa la contradicción del centro imperial con su periferia cercana, y es mediador de las contradicciones con la periferia de la periferia. La participación de varios países latinoamericanos en la MINUSTAH, bajo el comando de Brasil, es un intento de largo aliento de estructuración del orden imperial en la periferia con mínimo costo para el centro” (4)
Además en Haití, los milicos brasileros se suponían iban a estar más en su “medio” (al menos las fuerzas milicas internacionales pensaban así), era un país “más parecido”, se priorizaba negros brasileros para reprimir a negros haitianos y de paso se formaba a milicos negros/mestizos para reprimir mejor en las favelas (en donde predominan los negros y mestizos). El terrorismo de Estado interno va siempre unido con el terrorismo de Estado internacional; el entrenamiento y la represión de los milicos brasileros en Haití y en las favelas fue patrocinado por todas las fuerzas imperiales como modelo a seguir: “la población los recibirá mejor”
Hoy no nos cabe dudas de ese papel sub-imperialista mayor de los Estados de Brasil y de Turquía, que compiten, con mayor y menor éxito en sus políticas terroristas de Estado, con potencias regionales como Colombia(5) e Israel respectivamente; y que se destacan como grandes sub-gendarmes regionales, para lo que las diferentes estructuras del imperio (OTAN, Tratado del Atlántico Sur, Pentágono…) ordenen. Los estudios de la importancia militar de esos Estados pone, siempre en primer plano, a Brasil, Turquía, Israel y Colombia, como potencias regionales y brazos armados del terrorismo internacional del Estado del capital mundial.
Desde el punto de vista del bloque imperialista occidental y judeocristiano (aunque también están de ese lado las principales monarquías petroleras islámicas), el papel geoestratégico e interimperialista, que le es atribuido y exigido al Estado de Turquía, es central en la lucha mundial por los tres recursos esenciales, por los cuales se desarrollan todas las luchas imperialistas de la región: petróleo, agua y gas. No podemos ahondar aquí en un estudio al respecto, pero constatamos que por motus propio y por empuje de otras potencias imperialistas (OTAN, Estados Unidos, Israel, Arabia Saudita, Estados Europeos…), el Estado turco, durante los últimos años, había estado sumamente ofensivo en todo lo que concierne su papel en la región. Sin embargo, las presiones de las otras potencias imperialistas siempre habían pedido más, en cuanto a la contribución turca, para eso la habían dotado de las mejores armas en la región (sólo comparable a Israel) y en las invasiones a Irak siempre le exigieron que cumpliera un papel más destacado.
Si Turquía no participó más directamente en la represión e invasiones de Irak, fue sólo por la resistencia proletaria interna, por la dificultad de imponer internamente la unificación necesaria para pasar al ataque, por el miedo a las rebeliones en la región kurda y por la resistencia concreta; que ante la preparación de la invasión de Irak, coordinada por Estados Unidos y la OTAN, se dieron importantes resistencias proletarias contra la política guerrera del Estado turco.
En los últimos tiempos, una vez más el Estado de Turquía estuvo sumamente activo en su presión (sub)imperialista contra Siria, contra Irán, contra Irak, en las diferentes regiones incontroladas kurdas, etc. Las fuerzas armadas no han parado de movilizar y participar en todo tipo de maniobras en la región, preparando guerras de todo tipo. En la medida que Estados Unidos, Israel, las potencias Europeas, empezaron a armar las oposiciones burguesas en Siria, el Estado turco acentuó todo tipo de agresiones contra el régimen (también terrorista abierto de Estado) de Siria. Hubo enfrentamientos de frontera y connotaciones guerreras importantes entre Siria y Turquía, que llegaron a su máxima expresión en octubre de 2012, con varias acciones militares abiertas de uno y otro estado: http://es.wikipedia.org/wiki/Crisis_diplom%C3%A1tica_entre_Turqu%C3%ADa_y_Siria
Todo iba como sobre ruedas hacia la guerra general en la región, empujadas a su vez por el comando supremo del terrorismo general de Estado: Estados Unidos, Israel, estados de Europa que completaban sus permanentes atentados con drones y bombas estallando en las ciudades (en las que participa Turquía) y el armamento a los mercenarios enviados a Siria, con un empuje al Estado turco para dar el salto entre sus ataques de frontera y pasar a la guerra abierta con ocupación de terreno.
Ali Akbar Velayati, alto funcionario iraní y claro representante del bloque imperialista opuesto a occidente, no está tan errado (aunque sea unilateral) cuando declara que: “la actual tensión entre Turquía y Siria es un complot urdido por los Estados Unidos... Estados Unidos quiere destruir el frente antiisraelí en Siria, enviando a grupos terroristas como Al Qaeda y Blackwater (principal empresa de mercenarios yanquis NDR) en el país… Cuando los Estados Unidos y sus aliados árabes no pudieron alcanzar sus objetivos a través de la política y mediante la emisión de resoluciones en contra de Damasco, en distintas organizaciones internacionales, desplegaron fuerzas de la OTAN en la frontera de Siria”(6) . “Turquía se equivoca si cree que a través de la ayuda de Estados Unidos, Qatar, Israel y al-Qaeda, podría derrocar al gobierno sirio e instalar una persona como Mohamed Morsi en Siria” agrega ese mismo personaje en otra ocasión. Los representantes del Estado iraní no dudan en agregar, a ese tipo de aclaraciones, elementos de desafío y guerra imperialista: “Derrocar al gobierno sirio no será posible sean lo que sean los fondos empleados por Qatar y las armas enviadas de Estados Unidos, y sea lo que sea el apoyo de Francia y de la red al-Qaeda”(7)
¡Sin embargo el Estado de Turquía no siguió para adelante! Más, hasta la militarización generalizada, que se estaba viviendo en Turquía y cuyo punto más alto fue en octubre 2012, ha disminuido fuertemente. Esta vez no tenemos noticias directas de la resistencia proletaria a la guerra, en el sentido de materiales de propaganda que vayan en ese sentido. Sin embargo, afirmamos, sin miedo de equivocarnos, que la ola de luchas en Turquía, que se produce a partir de mayo y junio de 2013, constituyó un freno objetivo adicional ante el militarismo e imperialismo Turco/OTAN/occidental. La lucha proletaria, al desestabilizar el régimen y hacer perder confianza en la potencia del Estado y los milicos, impide que estos se larguen a una ofensiva en terreno enemigo.
Además, agregamos que la resistencia a la política militarista del sub-imperialismo turco no comenzó ahí; sino que desde los primeros actos hacia la guerra hubo, como en el pasado, un gran movimiento de resistencia a la misma, que expresaron diferentes organizaciones y grupos turcos y kurdos a nivel internacional, aunque debemos subrayar que en estas organizaciones es visible una mezcla importante de posiciones de izquierda burguesa con vetas de diferentes nacionalismos.
Pero hubo elementos mucho más concretos. En Diyarbakir, que es un centro histórico del militarismo occidental (Estados Unidos construyó en 1956 lo que sería una importantísima base militar de la OTAN) y un punto clave para las pretensiones imperialistas occidentales y del Estado Kurdo, ha habido muchas manifestaciones y actos de protesta contra la guerra contra Siria durante 2012 y 2013. Evidentemente, que no es por casualidad que la colaboración occidental obtiene los mismos resultados que en otras partes: esa fue la zona de Turquía en la que el terrorismo de Estado contra los (proletarios) kurdos fue más lejos: miles de desaparecidos, torturados, muertos…Lo que llaman “guerra sucia” en Turquía, duró más de 30 años y en la zona se siguen denunciando, en 2011, las masacres provocadas por aviones que “se equivocan” y la represión contra manifestantes que protestan(8). En la zona, y desde hace 50 años, se protesta contra la guerra, contra el papel criminal del Estado turco (y de la OTAN).
Si bien no hay elementos para afirmar que las manifestaciones y actos contra la preparación de Turquía a la guerra contra Siria, hayan causado efectos directos, no caben dudas de que la resistencia histórica del proletariado es el freno objetivo a esa guerra. Por otra parte, el movimiento mismo del proletariado en mayo/junio 2013 frenó objetivamente las acciones militares y preparativos de guerra que estaban en marcha. Los discursos de los políticos y los militares cambiaron y se hicieron mucho menos guerreristas, lo que para nosotros indica un temor, también objetivo, a declarar la guerra generalizada y ser barridos del poder por no tener retaguardia, es decir por no poder mantener la guerra sin carne de cañón para enviar. El despertar del proletariado en Turquía mandó una señal fuerte, no sólo a los milicos turcos sino a todas las potencias imperialistas que llevaban una política más firmemente guerreras.
La articulación entre ese freno objetivo y las nuevas tentativas norteamericanas de bombardear Siria, para consolidar una alianza que fuera consecuente con el terrorismo de Estado que habían decidido imponer en la región, y al mismo tiempo el hecho de que tampoco se hayan animado a llevarlo a cabo (a pesar de la escalada militarista entre Estados Unidos y Rusia/China), debiera ser objeto de un buen análisis, que no somos capaces de asumir, nosotros, en el día de hoy.
Retornando ahora a América, para continuar con nuestra comparación de Turquía con Brasil como gendarmes represores y subimperialistas, digamos que las luchas en Haití contra la invasión y las luchas en algunos de los países, que envían tropas imperialistas a ese país (Brasil, Colombia, Chile, Argentina, Uruguay…(9)), constituye un freno a la guerra y represión. En estos últimos tiempos ha sido, una vez más, la lucha del proletariado en Haití mismo que ha ayudado al deterioro de la imagen mundial de la fuerza criminal de la ONU, pero también ha ayudado mucho la lucha proletaria en los otros países intervinientes y las luchas en esos mismos países, en donde se ha destacado Chile. Sin dudas la revuelta en Brasil 2013 constituye otra contribución a esa lucha.
Ahora a fin del 2013, gracias a todas las luchas proletarias, no cabe dudas de que es insostenible la posición imperialista en Haití. Ni Brasil puede asumir su papel de subgendarme en forma adecuada, ni las tropas pueden mantenerse por mucho tiempo más en esa repugnante misión, se ha roto la unidad de esas fuerzas, se habla insistentemente de Estados que no contribuirían más, e incluso de algunos que retirarían sus tropas. De aquella imagen idílica de “hacedores de paz” (como les llaman en la jerga milica yanqui ONU) no queda más nada: vinieron a dar palo, a reprimir, trajeron prostitución, violadores, corrupción, …y sobretodo la peor epidemia infecciosa de la historia del país (el Cólera), que sigue diezmando a la población. ¡Algo así como la gripe que trajeron a América, con sus espadas, biblias, hogueras e inquisiciones, los colonizadores europeos!
Esta era la correlación de fuerza que queríamos poner en evidencia en Brasil/Turquía, como ejemplos importantes de subgendarmes imperiales, y subrayar que sólo la lucha proletaria está frenando su tendencia generalizada a la guerra interimperialista.

TURQUÍA Y BRASIL: LA ÚNICA OPOSICIÓN A MÁS GUERRAS IMPERIALISTAS ES LA LUCHA PROLETARIA

En el antagonismo general entre guerra y revolución, estos dos países han tenido y están llamados a tener un papel preponderante.

¿Habrá sido por casualidad histórica que las revueltas del proletariado, en ambos países, hayan sido tan simultáneas y que,  a pesar de las tan diferentes culturas e ideologías dominantes, el proletariado en ambos países se haya afirmado casi al mismo tiempo?

¿Qué otra cosa pueden tener o haber tenido históricamente en común estos dos países antes de 2013?

Ahora nos parece evidente que hay otro gran punto en común entre ambos países. Pero la verdad que, quienes hoy escribimos estas notas, no nos habíamos dado cuenta de ese otro punto, hasta que compañeros del Medio Oriente (de Turquía y de Irak) nos explicaron en detalle el papel histórico de Turquía, como potencia de la OTAN, como subgendarme represivo local y como cuña de acción imperialista en esa región. Efectivamente, el Estado Turco ha desempeñado, desde hace años (¡siglos!), un importante papel represivo que desborda las fronteras nacionales, no sólo por su tradición de terrorismo de Estado interno contra las luchas sociales, sino como gendarme histórico frente al proletariado de países fronterizos y bajo la forma de represión de las minorías “nacionales”: kurdos, armenios, griegos, judíos, balcánicos, caucasianos….

Brasil también ha funcionado como sub-gendarme histórico represivo en toda América del Sur y como cuña de penetración imperialista en la región (¡llega a ser el centro formal del Imperio portugués!), primero a cuenta del Estado de Inglaterra y luego de Estados Unidos. Cómo Turquía en la región, Brasil tiene una larga historia de masacres sociales e imperialistas en función de los intereses del capital imperial. Desde la guerra de la Triple Alianza3 el Estado brasilero siempre fue el sub-gendarme regional más importante, constantemente contra el movimiento social, más específicamente a favor de los intereses del imperialismo de turno. Últimamente, y precisamente  como sub-gendarme imperial, Brasil ha asumido las tareas más sucias, como la represión e invasión de Haití. En efecto, luego que las potencias imperiales centrales (Estados Unidos y Francia), decidieron dar el golpe de Estado contra Aristidi en 2004, impulsaron (para no agudizar las contradicciones ya grandes entre los Estados de la región Estados Unidos) a Brasil a asumir ese papel indispensable de subimperialista y subcomando regional: “Es una distribución de tareas, la imposición del orden por la fuerza corresponde a los países centrales, el mantenimiento posterior del orden ya instaurado se delega preferentemente a países “más parecidos” al que ha sido ocupado. La posibilidad de insertar acá un proyecto sub-imperialista encargado de la gestión local del orden mundial, tiene a su vez ventajas. En primer lugar es la base de una posible continuidad. Instala además un mecanismo de jerarquía por cooptación que gradualiza. Atenúa la contradicción del centro imperial con su periferia cercana, y es mediador de las contradicciones con la periferia de la periferia. La participación de varios países latinoamericanos en la MINUSTAH, bajo el comando de Brasil, es un intento de largo aliento de estructuración del orden imperial en la periferia con mínimo costo para el centro” 4

Además en Haití, los milicos brasileros se suponían iban a estar más en su “medio” (al menos las fuerzas milicas internacionales pensaban así), era un país “más parecido”,  se priorizaba negros brasileros para reprimir a negros haitianos y de paso se formaba a milicos negros/mestizos para reprimir mejor en las favelas (en donde predominan los negros y mestizos). El terrorismo de Estado interno va siempre unido con el terrorismo de Estado internacional; el entrenamiento y la represión de los milicos brasileros en Haití y en las favelas fue patrocinado por todas las fuerzas imperiales como modelo a seguir: “la población los recibirá mejor”

Hoy no nos cabe dudas de ese papel sub-imperialista mayor de los Estados de Brasil y de Turquía, que compiten, con mayor y menor éxito en sus políticas terroristas de Estado, con potencias regionales como Colombia5 e Israel respectivamente; y que se destacan como grandes sub-gendarmes regionales, para lo que las diferentes estructuras  del imperio (OTAN, Tratado del Atlántico Sur, Pentágono…) ordenen. Los estudios de la importancia militar de esos Estados pone, siempre en primer plano, a Brasil, Turquía, Israel y Colombia, como potencias regionales y brazos armados del terrorismo internacional del Estado del capital mundial.

Desde el punto de vista del bloque imperialista occidental y judeocristiano (aunque también están de ese lado las principales monarquías petroleras islámicas), el papel geoestratégico e interimperialista, que le es atribuido y exigido al Estado de Turquía, es central en la lucha mundial por los tres recursos esenciales, por los cuales se desarrollan todas las luchas imperialistas de la región: petróleo, agua y gas. No podemos ahondar aquí en un estudio al respecto, pero constatamos que por motus propio y por empuje de otras potencias imperialistas (OTAN, Estados Unidos, Israel, Arabia Saudita, Estados Europeos…),  el Estado turco, durante los últimos años, había estado sumamente ofensivo en todo lo que concierne su papel en la región. Sin embargo, las presiones de las otras potencias imperialistas siempre habían pedido más, en cuanto a la contribución turca, para eso la habían dotado de las mejores armas en la región (sólo comparable a Israel) y en las invasiones a Irak siempre le exigieron que cumpliera un papel más destacado.

Si Turquía no participó más directamente en la represión e invasiones de Irak, fue sólo por la resistencia proletaria interna, por la dificultad de imponer internamente la unificación necesaria para pasar al ataque, por el miedo a las rebeliones en la región kurda y por la resistencia concreta; que ante la preparación de la invasión de Irak, coordinada por Estados Unidos y la OTAN, se dieron importantes resistencias proletarias contra la política guerrera del Estado turco.

En los últimos tiempos, una vez más el Estado de Turquía estuvo sumamente activo en su presión (sub)imperialista contra Siria, contra Irán, contra Irak, en las diferentes regiones incontroladas kurdas, etc. Las fuerzas armadas no han parado de movilizar y participar en todo tipo de maniobras en la región, preparando guerras de todo tipo. En la medida que Estados Unidos, Israel, las potencias Europeas, empezaron a armar las oposiciones burguesas en Siria, el Estado turco acentuó todo tipo de agresiones contra el régimen (también terrorista abierto de Estado) de Siria. Hubo enfrentamientos de frontera y connotaciones guerreras importantes entre Siria y Turquía, que llegaron a su máxima expresión en octubre de 2012, con varias acciones militares abiertas de uno y otro estado: http://es.wikipedia.org/wiki/Crisis_diplom%C3%A1tica_entre_Turqu%C3%ADa_y_Siria

Todo iba como sobre ruedas hacia la guerra general en la región, empujadas a su vez por el comando supremo del terrorismo general de Estado: Estados Unidos, Israel, estados de Europa que completaban sus permanentes atentados con drones y bombas estallando en las ciudades (en las que participa Turquía) y el armamento a los mercenarios enviados a Siria, con un empuje al Estado turco para dar el salto entre sus ataques de frontera y pasar a la guerra abierta con ocupación de terreno.

Ali Akbar Velayati, alto funcionario iraní y claro representante del bloque imperialista opuesto a occidente, no está tan errado (aunque sea unilateral) cuando declara que: “la actual tensión entre Turquía y Siria es un complot urdido por los Estados Unidos...  Estados Unidos quiere destruir el frente antiisraelí en Siria, enviando a grupos terroristas como Al Qaeda y Blackwater (principal empresa de mercenarios yanquis NDR) en el país… Cuando los Estados Unidos y sus aliados árabes no pudieron alcanzar sus objetivos a través de la política y mediante la emisión de resoluciones en contra de Damasco, en distintas organizaciones internacionales, desplegaron fuerzas de la OTAN en la frontera de Siria”6 . “Turquía se equivoca si cree que a través de la ayuda de Estados Unidos, Qatar, Israel y al-Qaeda, podría derrocar al gobierno sirio e instalar una persona como Mohamed Morsi en Siria” agrega ese mismo personaje en otra ocasión. Los representantes del Estado iraní no dudan en agregar, a ese tipo de aclaraciones, elementos de desafío y guerra imperialista: “Derrocar al gobierno sirio no será posible sean lo que sean los fondos empleados por Qatar y las armas enviadas de Estados Unidos, y sea lo que sea el apoyo de Francia y de la red al-Qaeda”7

¡Sin embargo el Estado de Turquía no siguió para adelante! Más, hasta la militarización generalizada, que se estaba viviendo en Turquía y cuyo punto más alto fue en octubre 2012, ha disminuido fuertemente. Esta vez no tenemos noticias directas de la resistencia proletaria a la guerra, en el sentido de materiales de propaganda que vayan en ese sentido. Sin embargo, afirmamos, sin miedo de equivocarnos, que la ola de luchas en Turquía, que se produce a partir de mayo y junio de 2013, constituyó un freno objetivo adicional ante el militarismo e imperialismo Turco/OTAN/occidental. La lucha proletaria, al desestabilizar el régimen y hacer perder confianza en la potencia del Estado y los milicos, impide que estos se larguen a una ofensiva en terreno enemigo.

Además, agregamos que la resistencia a la política militarista del sub-imperialismo turco no comenzó ahí; sino que desde los primeros actos hacia la guerra hubo, como en el pasado, un gran movimiento de resistencia a la misma, que expresaron diferentes organizaciones y grupos turcos y kurdos a nivel internacional, aunque debemos subrayar que en estas organizaciones es visible una mezcla importante de posiciones de izquierda burguesa con vetas de diferentes nacionalismos.

Pero hubo elementos mucho más concretos. En Diyarbakir, que es un centro histórico del militarismo occidental (Estados Unidos construyó en 1956 lo que sería una importantísima base militar de la OTAN) y un punto clave para las pretensiones imperialistas occidentales y del Estado Kurdo, ha habido muchas manifestaciones y actos de protesta contra la guerra contra Siria durante 2012 y 2013. Evidentemente, que no es por casualidad que la colaboración occidental obtiene los mismos resultados que en otras partes: esa fue la zona de Turquía en la que el terrorismo de Estado contra los (proletarios) kurdos fue más lejos: miles de desaparecidos, torturados, muertos…Lo que llaman “guerra sucia” en Turquía, duró más de 30 años y en la zona se siguen denunciando, en 2011, las masacres provocadas por aviones que “se equivocan” y la represión contra manifestantes que protestan8. En la zona, y desde hace 50 años, se protesta contra la guerra, contra el papel criminal del Estado turco (y de la OTAN).

Si bien no hay elementos para afirmar que las manifestaciones y actos contra la preparación de Turquía a la guerra contra Siria, hayan causado efectos directos, no caben dudas de que la resistencia histórica del proletariado es el freno objetivo a esa guerra. Por otra parte, el movimiento mismo del proletariado en mayo/junio 2013 frenó objetivamente las acciones militares y preparativos de guerra que estaban en marcha. Los discursos de los políticos y los militares cambiaron y se hicieron mucho menos guerreristas, lo que para nosotros indica un temor, también objetivo, a declarar la guerra generalizada y ser barridos del poder por no tener retaguardia, es decir por no poder mantener la guerra sin carne de cañón para enviar. El despertar del proletariado en Turquía mandó una señal fuerte, no sólo a los milicos turcos sino a todas las potencias imperialistas que llevaban una política más firmemente guerreras.

La articulación entre ese freno objetivo y las nuevas tentativas norteamericanas de bombardear Siria, para consolidar una alianza que fuera consecuente con el terrorismo de Estado que habían decidido imponer en la región, y al mismo tiempo el hecho de que tampoco se hayan animado a llevarlo a cabo (a pesar de la escalada militarista entre Estados Unidos y Rusia/China), debiera ser objeto de un buen análisis, que no somos capaces de asumir, nosotros, en el día de hoy.

Retornando ahora a América, para continuar con nuestra comparación de Turquía  con Brasil como gendarmes represores y subimperialistas, digamos que las luchas en Haití contra la invasión y las luchas en algunos de los países, que envían tropas imperialistas a ese país (Brasil, Colombia, Chile, Argentina, Uruguay…9), constituye un freno a la guerra y represión. En estos últimos tiempos ha sido, una vez más, la lucha del proletariado en Haití mismo que ha ayudado al deterioro de la imagen mundial de la fuerza criminal de la ONU, pero también ha ayudado mucho la lucha proletaria en los otros países intervinientes y las luchas en esos mismos países, en donde se ha destacado Chile. Sin dudas la revuelta en Brasil 2013 constituye otra contribución a esa lucha.

Ahora a fin del 2013, gracias a todas las luchas proletarias, no cabe dudas de que es insostenible la posición imperialista en Haití. Ni Brasil puede asumir su papel de subgendarme en forma adecuada, ni las tropas pueden mantenerse por mucho tiempo más en esa repugnante misión, se ha roto la unidad de esas fuerzas, se habla insistentemente de Estados que no contribuirían más, e incluso de algunos que retirarían sus tropas. De aquella imagen idílica de “hacedores de paz” (como les llaman en la jerga milica yanqui ONU) no queda más nada: vinieron a dar palo, a reprimir, trajeron prostitución, violadores, corrupción, …y sobretodo la peor epidemia infecciosa de la historia del país (el Cólera), que sigue diezmando a la población. ¡Algo así como la gripe que trajeron a América, con sus espadas, biblias, hogueras e inquisiciones, los colonizadores europeos!

Esta era la correlación de fuerza que queríamos poner en evidencia en Brasil/Turquía, como ejemplos importantes de subgendarmes imperiales, y subrayar que sólo la lucha proletaria está frenando su tendencia generalizada a la guerra interimperialista.

 

NOTAS:

1 El bombardeo de un país ataca a toda la población del mismo, no por eso dejan de haber fuerzas burguesas que colaboran con los invasores y con el terrorismo impuesto por el invasor, especialmente cuando se trata de buscar borrar de la historia a minorías revolucionarias. En el caso de Irak, varias fracciones burguesas fueron cómplices de los invasores, entre ellas (no tan) paradoxalmente las fracciones nacionalistas Kurdas, dirigidas entonces por Talabani, que terminó entronizado como presidente de Irak por los yanquis, o Barzani que se benefició con la presidencia del Kurdistán (y sigue siendo el aliado histórico predilecto del Pentágono como lo había sido su padre).


2 Ver: Invarianza de la posición de los revolucionarios frente a la guerra. Significado de la consigna de siempre de “derrotismo revolucionario” en GCI, Comunismo Nº44, setiembre 1999.

3 Genocidio de la población paraguaya llevado a cabo por tres Estados Nacionales, el de Brasil, el de Argentina y el de Uruguay, a cuenta del capitalismo mundial y del imperialismo europeo (principalmente Inglaterra). Si lo ponemos aquí, para afirmar el papel subimperialista de Brasil, es por la importancia histórica del ejemplo, pero no debe interpretarse como que la burguesía proimperialista de Argentina o Uruguay hayan sido menos cipayas y genocidas que la brasilera; sino porque ese es nuestro ángulo hoy y porque los otros Estados no han tenido esa importancia militar y represiva como para mantener ese papel a largo plazo. Sin embargo, ello tampoco impidió que esos mismísimos 3 estados (Brasil, Argentina, Uruguay), junto con el de Chile, Paraguay, Perú, Bolivia…, hayan desempeñado ese mismo papel criminal frente a la lucha proletaria en la década del 60 y 70: la operación Cóndor es parte de ello.

4 De un artículo de Fernando Moyano “Pobre Mercenario. Las claves geopolíticas del “Gibraltar de América” Posta Porteña 1065.

5 Colombia es hoy el país de América Latina en el que las fuerzas de Estados Unidos se mueven con mayor comodidad y el que beneficia de más oficiales entrenándose, en contrainsurgencia, en Estados Unidos e Israel.6 ANA (Agencia nacionalista de noticias).7 Diario Octubre el 20/01/2013

8 Por ejemplo, el 29 de diciembre de 2011 se puede leer en EUROPA PRESS: “DIYARBAKIR (TURQUÍA) Policía y manifestantes se enfrentan en Diyarbakir”
Ankara afirma que el ataque fue contra el PKK, pero las autoridades locales aseguran que los muertos eran civiles y los kurdos hablan de “crimen contra la Humanidad” Leer más:  Policía y manifestantes se enfrentan en Diyarbakir  http://www.teinteresa.es/mundo/Policia-manifestantes-enfrentan-Diyarbakir_0_617939195.html#WaQ1vl7ZCaOOl1mU

9 Aquí mencionamos únicamente los países en los cuales tenemos conocimiento de expresiones de denuncia y lucha contra la participación milica de “sus” Estados en la fuerza represiva de la ONU, pero debemos recordar que los milicos latinoamericanos son “únicamente” un 45 por ciento del total (unos 5300 sobre 12000, cifras aproximadas, que cambian regularmente)




CO63.2.4 Anexo 4: guerra imperialista
y luchas proletarias.