En Brasil, el importe de las exportaciones de armas ligeras se ha triplicado en cinco años, ha pasado de 109,6 millones en 2005 a 321,6 millones de dólares (USD) en 2010. Hoy es el cuarto exportador mundial de armas ligeras, por encima de Rusia, Israel o Francia y solo detrás de Estados Unidos, Italia y Alemania. El negocio está de parabienes también gracias a la preparación de la Copa del Mundo de Fútbol en 2014 y su presupuesto en seguridad. En efecto, tras haber aquirido, a través de la empresa brasileña Cóndor, 1,5millones de reales (alrededor de 500.000 euros) en armas denominadas “ligeras”, en abril de 2012 (500 granadas pimienta GM 102, más de 1.125 granadas explosivas y luminosas, 700 granadas lacrimógenas GL310- que fueron utilizadas en Turquía…), el Gobierno brasileño ha comprado por alrededor de 49 millones de reales (unos 16,5 millones de euros) de material a la misma sociedad, para la seguridad de la Copa del Mundo de Fútbol y sus preparativos. La empresa Cóndor de Rio de Janeiro (Nova Iguaçú) fabrica todo tipo de granadas lacrimógenas que después exporta a unos cuarenta países. Cóndor, como otras multinacionales armamentísticas, expone sus armas en el salón de armamento Eurosatory cerca de París. Entre sus productos encontramos la GL 310 «Ballerina» (bailarina, en castellano), que rebota de manera aleatoria, cuando toca el suelo, dispersando gas lacrimógeno; la «Seven Bang», que produce siete explosiones de fuerte intensidad; la GL-311, que provoca una fuerte detonación asociada al efecto del gas; el proyectil de largo alcance GL-202...
Zeinab al-Khawaja ha denunciado, en la prensa brasileña, que la empresa Cóndor exporta armas químicas con agentes tóxicos, que han servido para reprimir la revuelta en el mundo árabe y en particular en Bahréin. La empresa Cóndor se ha sentido atacada por tales acusaciones y ha negado la exportación de tales gases directamente a Bahréin, pero ha tenido que reconocer que envía su criminal material a los Emiratos Árabes Unidos, que justamente ha contribuido directamente al terrorismo de Estado en Bahréin. Tampoco ha podido desmentir el carácter altamente nocivo de esos gases.

BRASIL Y TURQUÍA, NEGOCIO Y TERROR BURGUÉS Y RESISTENCIA PROLETARIA


La gran revuelta en Brasil estalló cuando la rebelión en Turquía estaba en pleno desarrollo y se enfrentaba directamente al terrorismo de Estado. Desde países tan distantes en kilómetros y en culturas, minorías valientes de proletarios en revuelta, conscientes de la identidad de intereses y perspectivas de la lucha, intentaron crear lazos y desarrollar redes que diera una perspectiva común a los combates de clase. Carteles, manifiestos y redes trataron de unificar e impulsar la consciencia universal de la lucha por la destrucción del mismo sistema social: el capitalismo.
Pero debemos reconocer que la burguesía nos lleva una enorme ventaja en cuanto a la consciencia internacional de su lucha contra la revolución. No es tan paradojal, como parece, que el terrorismo del estado turco haya sido posible también gracias al apoyo de la empresa modelo del lulismo brasilero: las armas químicas de la empresa Cóndor (¡no sabemos si tal nombre, terriblemente revelador del terrorismo internacional de Estado, por el Plan Condor, fue puesto en honor a dicho sistema internacional de represión!) de Brasil reprimen y matan en Turquía. El terror de Estado y el negocio capitalista del gobierno de izquierda en Brasil van de la mano.
Los diferentes gases químicos, que se utilizan en Turquía, son importados de Estados Unidos (Defense Technology o NonLethal Technologies of USA) y de Brasil precisamente de la empresa Cóndor.
Luchadores y organizaciones diversas han denunciado, en todo el mundo, el uso frenético de las granadas lacrimógenas en Turquía, consideradas internacionalmente como «armas químicas». Estas armas han hecho perder la vista a numerosos manifestantes y han matado a varios manifestantes como consecuencia de su exposición al gas o por el choque del proyectil. Por ejemplo, Abdullah Cömert, de 22 años, fue asesinado en Hatay por el impacto de una granada lacrimógena en la cabeza el 3 de junio de 2013; Irfan Tuna falleció en Ankara, el 6 de junio, por una crisis cardíaca como resultado de una sobreexposición al gas. «El gas lacrimógeno ha sido utilizado en espacios cerrados y la policía ha hecho igualmente un uso abusivo de pelotas de goma», indicó la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Navi Pillay, el 18 de junio de 2013.
Según los últimos balances, tras cerca de tres semanas de movilización, la represión policial en Turquía ha provocado al menos seis muertos y cerca de 7.500 heridos, 59 de los cuales graves. Según la Human Rights Foundation of Turkey, las fuerzas de policía efectuaron, hasta el 19 de junio de 2013, 3.224 detenciones hasta el 19 de junio de 2013. Después de haber utilizado cerca de 130.000 granadas lacrimógenas, en 20 días de manifestaciones, Turquía debe hacer frente al agotamiento de existencias e intenta aprovisionar 100.000 granadas lacrimógenas y 60 tanques con cañones de agua.
La campaña internacional Facing Tear Gas, lanzada a principios de 2012 por la organización War Resisters League en EE UU, denuncia el gas lacrimógeno como un arma de guerra, una herramienta de represión y de tortura contra los pueblos.
Los recientes muertos, por disparos de granada lacrimógena, Ali Jawad al-Sheikh (adolescente de 14 años asesinado el 31 de agosto de 2011 en Bahrein), Mustafa Tamini (joven de 28 años, asesinado en diciembre de 2011 en Cisjordania) y Dimitris Kotzaridis (obrero de 53 años, muerto ante el Parlamento griego por la asfixia provocada por gases lacrimógenos en 2011) no parecen haber perturbado este complejo militar-industrial en plena expansión.
En medio de las revoluciones árabes, las empresas de armas estadounidenses han exportado unas 21 toneladas de municiones, el equivalente de alrededor de 40.000 unidades de gas lacrimógeno. Más recientemente, Egipto y Túnez han aumentado sus compras de material «anti-disturbios», mientras negocian con el FMI un nuevo plan de endeudamiento acompañado de un severo programa de austeridad. ¿Un repentino temor a nuevos «motines contra el FMI»?
En 2013, el ministro de Interior egipcio encargó 140.000 cartuchos de gas lacrimógeno a EEUU. Según el instituto de Estocolmo Sipri, «las importaciones [de armas convencionales] de los estados del Norte de África aumentaron un 350 por ciento entre 2003-2007 y 2008-2012». En España, mientras que el Gobierno de Rajoy recorta en casi todas las partidas presupuestarias y reduce la del Ministerio del Interior en un 6,3%, los gastos en nuevas inversiones y renovación de «material antidisturbios y equipamientos específicos de protección y defensa» pasan de 173.670 euros en 2012 a más de tres millones en 2013.
Al capitalismo solo le queda el terrorismo generalizado de Estado y los negocios ligados a la Guerra y a la lucha contra insurgente.

También hacemos aquí abstracción del hecho de que esas “necesidades” no son necesidades humanas, sino necesidades atrofiadas por el capital o dicho de otra manera necesidades de seres humanos enajenados que toman por “sus” necesidades lo que el capital les impone y que en realidad son las necesidades del capital. El consumo de hamburguesas o “pescado” de acuacultura no es, como tal, una necesidad humana sino el resultado de siglos de dictadura del valor sobre el valor de uso que hace que estos degeneren y que lo que hoy funciona como objetos de consumo “humano” no sirvan para cumplir la función humana de nutrición, más que en apariencia, dado que quien se nutre de esa atrofiación y deshumanización generalizada sea en realidad el valor en proceso de valorización, el capital.




CO63.2.3 anexo 3: Armas, negocio y represión.