1. Las características de la protesta proletaria en brasil

1.1. Desencadenamiento y generalización

Desde principios de año, la sucesión de protestas sociales fue adquiriendo un ritmo más sostenido, siendo sus principales polos las grandes ciudades de todo el país. Las protestas contra los aumentos del precio del transporte y contra la mala calidad de los mismos, fueron, durante todo el año 2013, radicalizándose en diferentes ciudades.

Esa lucha por la gratuidad del transporte (pase libre), coincide con diferentes luchas que se han ido desarrollando en los últimos años:

- Resistencia, en las grandes ciudades, contra los proyectos de urbanización acelerada y contra la liquidación y expulsión de las favelas, que se hicieron, evidentemente, a manu militari (en base al terrorismo de Estado abierto) en nombre de la preparación del Mundial y los otros eventos anunciados (venida del Papa, Olimpíadas).

- Resistencias “indígenas”, “campesinas”, de los sin tierra y en general de la masa proletaria agrícola contra todos los grandes proyectos mineros, sojeros, cañeros, forestales…que al mismo tiempo que expulsan a los seres humanos de la tierra, contaminan cada vez más la vida de todos (polucionan la tierra, el agua, el aire…)

- Resistencia a la continua deterioración de la vida en las ciudades (alimentación, salud, educación, transporte, inseguridad), lo que contradice en los hechos la propaganda oficial y seudopositora de la “reducción de la pobreza”.

El comienzo de la generalización se sitúa del 6 al 14 de junio de 2013, primero en San Pablo (aunque fuentes “gaúchas” –Rio Grande do Sul- aseguran que “empezó antes en Porto Alegre”) y luego en todas las grandes ciudades del Brasil.

“Primero fueron pequeñas manifestaciones de militantes del Movimiento Pase Libre (MPL) y de los comités contra las obras del Mundial de 2014. La brutalidad policial hizo el resto…”1

Desde hace algunos años, el “movimiento por el pase libre” había ido tomando consistencia y sus convocaciones por las redes sociales teniendo cada vez más eco, por lo que enseguida fue acusado por el Estado de promover la violencia y el vandalismo. En realidad, el asociacionismo proletario en lucha contra los precios y la calidad de los transportes fue asumiendo, bajo esa sigla (MLP) y otras (Tarifa 0, transporte gratuito, transporte público…), tareas de autodefensa y de crítica activa (pasadas sin pagar, roturas de catracas2, incendio de algunos autobuses, escrache sistemático de gobernadores, alcaldes, empresarios del transporte y otros personeros, bloqueos de rutas…) a los que se llama por todo tipo de medios. La organización y coordinación de la acción pasó muchas veces por medios clásicos (reuniones, boca a boca), pero también por las redes sociales y por medios de comunicación piratas, codificados y que buscan evitar la vigilancia estatal. Veremos más adelante que esta realidad no ha podido ser desmentida ni por quienes luego se erigieron en “representantes” para frenar el movimiento y hasta para denunciar a “los violentos” en el mismo. En los hechos, esa violencia elemental de clase que el movimiento asume aparece claramente reivindicada  en volantes, pintadas y en las redes sociales por todas las expresiones reales del movimiento.

SOBRE LAS REDES SOCIALES

Muy de moda está darles un protagonismo central a las redes sociales en el desarrollo de los movimientos sociales, en el asociacionismo proletario. Se llega hasta decir que son ellas las que crean el movimiento, o que son los actores principales de los movimientos que han surgido últimamente. Cuando, por el contrario, el capitalismo ha creado y desarrollado el individuo egoísta, separado y aislado; y todos los aparatos de enajenación, desde la televisión, al computador, a esas redes, son elementos centrales en la atomización de los seres humanos. Esas técnicas tienen la función central de limitar, todo lo posible, las relaciones humanas directas y sustituirlas por una comunicación basada en la mediación espectacular de las imagenes y textos. Por otro lado, esas ideologías llegan hasta hacer una apología del desarrollo técnico del capitalismo, para así ocultar, debilitar, al verdadero sujeto en desarrollo, es decir al proletariado en lucha como el protagonista del asociacionismo de los movimientos sociales.
Por ello, sería más correcto afirmar que es a pesar de esas redes que los proletarios se asociacian, y que utilizan esas técnicas desviando, pirateando y rompiendo sus límites para desarrollar un contenido totalmente antagónico al porqué fueron creadas.

 

Así dan cuenta de la generalización los medios de comunicación brasilera: El jueves 6 de junio, dos mil manifestantes convocados por las redes sociales marcharon por la avenida Paulista, en San Pablo, protestando contra el aumento de veinte centavos de real –ocho centavos de dólar– en los pasajes del transporte colectivo. Si no fuese por los incordios provocados en el siempre caótico tránsito, lo más probable es que la marcha hubiese pasado sin pena ni gloria… El jueves siguiente, los manifestantes paulistas ya eran más de 50 mil, y las marchas se habían reproducido en otras capitales brasileñas. Hubo una feroz y desmesurada represión de la policía militarizada de San Pablo, y otra vez las redes sociales diseminaron por todo el país imágenes de la salvaje truculencia de la policía… Un jueves más, el 20, y 1.250.000 personas se manifestaron en 460 ciudades brasileñas. Hubo multitudes de 100 mil en Recife y poco más en San Pablo, y estruendosas 300 mil en Río.

Hasta los medios semioficiales admitieron, desde el principio, que las primeras y modestas reivindicaciones, contra el aumento de los precios de los ómnibus3, se fueron superando y generalizando al mismo tiempo que la revuelta se extendía por todas partes: “A aquella altura, el malhadado aumento de veinte centavos ya había sido cancelado en casi todas las partes, y los manifestantes exigían mejor salud pública, mejor educación, mejor transporte, menos corrupción, menos gastos estratosféricos en la preparación del Mundial del año que viene y un sinfín más de temas que brotaban como hongos después de la lluvia. En esos tres jueves, el país pasó de la perplejidad inicial al entusiasmo provocado por la presencia de centenares de miles de jóvenes en las calles, y también al susto provocado por la violencia de vándalos que conformaban una ínfima minoría en las manifestaciones, pero cuya capacidad de destrucción sólo fue superada por la truculencia de la policía”

Desde el principio la represión fue terrible, la tristemente célebre policía militar sólo conoce el lenguaje del terror, como lo ha ido confirmado en los últimos tiempos4. Los medios y el poder, desde el principio, tratan de dividir al movimiento distinguiendo entre los “jóvenes ciudadanos”, los que luchan “por más democracia”…y los “vándalos”. El poder, los medios y en general los otros aparatos del Estado (las iglesias, los intelectuales…) presentan (con todo tipo de maquillaje) una cara ciudadana de la revuelta, a la que “le dan la palabra”…para aislar así  a “los vándalos”

Pero también desde el principio, el movimiento mismo asume la respuesta violenta, que ha ido desarrollando contra el poder, como parte de si mismo. En vez de entrar en el juego del poder, asume y defiende a sus propios “violentos” (aunque sí distinguiéndolos de todo tipo de provocadores individualistas que, por ejemplo, roban a los propios manifestantes) o, mejor dicho todavía, el movimiento asume la necesidad de la violencia contra todo un sistema edificado sobre la violencia y el terror de Estado. Simultáneamente hay claridad en la denuncia de la violencia represiva provocada por el sistema, su economía, su poder. Así, desde el principio, las consignas centrales del movimiento no sólo denuncian el intento de acusar, de responsabilizar, a los manifestantes por la violencia, sino que expresan lucidamente que la violencia no es sólo la policía sino la economía: “¡la violencia es el tarifazo”! ¡La lucha contra esa violencia había incluido desde el principio la lucha violenta contra las empresas de autobuses y el poder del Estado!

Dicha consigna, de que la violencia es el tarifazo, es decir la dictadura de las empresas contra la gente, se generalizó a todos los Estados. Enseguida los propios “organizadores”  (en realidad algunos pseudorepresentantes) declaran que la situación es imparable, nadie puede controlar la revuelta popular.  “Cuando se decretó el aumento también se decretó la revuelta”, gritan y escriben los manifestantes en carteles que dan la vuelta al mundo en base a las redes sociales y algunos medios de expresión alternativos y contrapuestos a lo que quieren imponer los medios oficiales. De hecho es una reivindicación explícita de la necesidad de la violencia para responder a la violencia del poder.

El movimiento buscó hacerse fuerte, imponiendo presión en el centro de todas las grandes ciudades brasileras (¡más de 100!), cortando rutas y autopistas y aislando los aeropuertos principales, incluido Guarulhos, el mayor de América del Sur. Se atacaron bancos, concesionarias de las marcas Mercedes y BMW  y hubo saqueos de supermercados en muchas ciudades. La práctica del escrache y el ataque de la casa particular de algunos personajes del gobierno de izquierda, también se generalizó. Entre sus casos emblemáticos podemos destacar el escrache del Alcalde de la ciudad de Sao Paulo, Gilberto Kassab y el del Gobernador del Estado de Rio de Janeiro, Sergio Cabral. (Ver anexo n°1)

RIO DE JANEIROCIUDADE MARAVILLOSA (1)

EVENTOS Y REPRESIÓN

Rio de Janeiro es “el lugar de mayor concentración de inversiones públicas y privadas del mundo”, gracias a los grandes eventos de esta década: la conferencia Rio+20 celebrada en 2012, el Mundial de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016, a lo que deben sumarse los Juegos Mundiales Militares (2) y la Copa Confederaciones de 2013.
Los mega eventos van de la mano de mega emprendimientos, que están radicados en tres lugares y tienen como trasfondo el petróleo de la capa pre-sal, puertos, siderurgia y mineral de hierro: el Complejo de Açu, en el norte de la ciudad, para la exportación y procesamiento de mineral de hierro que proviene de Minas Gerais; el Puerto Maravilla, que supone la remodelación del centro para convertirlo en espacio turístico; y la Bahía de Sepetiba, al oeste, donde se trasladará la operativa del puerto de Rio.
Estas gigantescas inversiones tienen su cara oculta: el desalojo de miles de familias y la consolidación de un modelo de seguridad que militariza la pobreza, como asegura el último informe de la Comisión de Derechos Humanos del parlamento del estado de Rio. En 2011 fueron desaparecidas 5.488 personas, hubo 4.280 homicidios y 524 ejecuciones sumarias bajo la modalidad de “autos de resistencia”, figura legal nacida en la dictadura.
“La policía de Rio tiene el récord mundial de muertos en enfrentamientos armados”, asegura el informe de la Comisión. En São Paulo la policía provoca 0,97 muertos cada 100 mil habitantes, en África del Sur 0,96 muertos y en Rio 6,86 muertos cada 100 mil. En São Paulo la policía detiene a 348 personas por cada muerto que provoca, mientras en Rio son apenas 23 detenidos por muerto.

PROGRESO URBANO Y TERROR DE ESTADO: PROVIDENCIA (3)

Providencia fue la primera favela de Rio, tiene 110 años y fue formada por combatientes de la Guerra de Canudos. Es una favela bien consolidada, con buena infraestructura, céntrica, a dos pasos del puerto. En suma, un lugar especial. Por lo tanto, codiciado por la especulación inmobiliaria y el negocio del turismo. Además es uno de los morros, en cuanto a su vista y ubicación, más bonitos y atractivos de Río.
Hoy esa favela está agujereada por todas partes, por obra de los bulldozers. Las casas las marcan con cruces y números, y luego pasan a derribarlas, muchas veces la familia ni puede sacar las cosas, los agujeros están muchas veces repletos de escombros, trozos de chapas, maderas, cosas de cocinas y restos de ropa.
El gran proyecto progresista, en la región, es un inmenso polo industrial, siderúrgico y portuario que se construye en la bahía de Sepetiba, junto al vecino puerto de Itaguaí donde la marina desarrolla su programa de submarinos nucleares
Las empresas modificaron el curso del río, los barrios más pobres se inundan cada vez que llueve y contra las protestas existen las milicias, verdaderas bandas parapoliciales de matones formadas por policías, bomberos, militares y otras fuerzas represivas y tienen por función el controlar y disciplinar las favelas, los barrios pobres, el transporte, la distribución del gas y la seguridad del pequeño comercio. Las milicias trabajan junto al poder político local y del estado de Rio de Janeiro, y son apoyadas por los partidos políticos en forma más o menos encubiertas. En Santa Cruz, apoyan a las multinacionales enfrentando a la población en su movimiento de protesta, resistencia y revuelta.
Claro que además de esos milicos, la población está permanentemente pacificada por la UPP (Unidad de Policía Pacificadora) cuyo edificio está instalado al pie del Morro da Providencia.
Ese gran esfuerzo inmobiliario y represivo (que forma parte de la llamada “revitalización” del viejo casco urbano), supone la expulsión de 835 familias sólo en el morro de Providencia y una cantidad aún no revelada de vecinos de las zonas linderas.
Un poco más lejos, otros proyectos inmobiliarios anuncian más desalojos y represión. Así se prevee el futuro Parque Olímpico y la Villa de los Atletas justo donde hoy está el Autódromo Nelson Piquet. Autodromo que esta en vías de ser desmontado. Por un lateral de la autopista llegamos a Vila Autódromo, un barrio popular de unas 450 viviendas comprimidas entre la laguna, el autódromo y la autopista. Sus dos mil pobladores están amenazados de desalojo por “interferir” en los proyectos olímpicos.
El más importante es la autopista Transcarioca que unirá el aeropuerto internacional de Galeão con la Barra de Tijuca, donde se realizarán buena parte de los eventos de las Olimpíadas y se alojarán los deportistas. Para construirla serán demolidas tres mil viviendas entre las que estarían las de Vila Autódromo.
Como ha denunciado la Comisión de Derechos Humanos y como sucede en todo el mundo (aunque el pretexto de las Unidades de la Policía Pacificadora fuera al principio “la lucha contra el narcotráfico”), la instalación geográfica de esas unidades policiales (es decir las sedes de las UPP), por las que se “privilegian el corredor hotelero de la Zona Sur; la zona portuaria para el proyecto Puerto Maravilla; el entorno residencial de Maracaná y Tijuca, el entorno del Sambódromo; los complejos Alemão y Penha, pasaje de entrada y salida para el aeropuerto internacional”, demuestran que esas unidades tienen otros objetivos que los anunciados. Las UPP están para proteger las áreas la propiedad privada en las zonas de mayor interés de los sectores económicos (¿se habrán olvidado que el pretexto era el narcotráfico?), por lo que hasta esa misma Comisión reconoce que “las UPPs no representan un modelo alternativo de seguridad pública” (sic) sino “una nueva práctica policial que se articula con el viejo modelo de gestión militar de la pobreza urbana”. En paralelo, Humans Rights Watch advierte que en las cinco áreas donde hay más casos de autos de resistencia y de homicidios no fueron implantadas UPPs ni se advierten planes para instalarlas Como en todas partes terrorismo policial y brazo ejecutor de las necesidades de acumulación capitalista van de par, en función de la variable única que controla la vida en el planeta: cuanto más ganancia capitalista mejor.
Esa misma ganancia, con gobierno progresista y de izquierda (¡como sin él!), no sólo expulsa y reprime pobres, sino que también niega su propia vida y existencia. Según ellos no hay pobres, ni miseria. “Los planos que se entregan a los turistas y la publicidad de las inmobiliarias tienen eso en común: las favelas no existen, son borradas de los mapas y sustituidas por espacios verdes. La autopista de la favela de la Maré, quizá la más violenta de Rio, está aislada por un muro de plástico que disimula la pobreza. El intento por invisibilizar a los favelados es tan ridículo que provoca tanta risa como indignación”.

NOTAS:

1 De un artículo de Zibechi: ”Rio de janeiro: de la ciudad maravillosa a la ciudad negocio” con informaciones extraidas del Instituto Políticas Alternativas para o Cone Sul (PACS), “Mega eventos e mega emprendimientos no Rio de Janeiro”, noviembre 2011
2 Este grandioso evento en julio 2011, inaugurado por Dilma y con la patada inicial de Pelé fue presentado al mundo como la muestra de la capacidad de Brasil para asegurar el Mundial de futbol y los Juegos Olímpicos.
3 Zibechi ídem.

 

Lamentablemente y como en todos los casos similares, también se robó al pobre y se incendió cualquier casa o auto. Esto sí, obedece a la estrategia del poder de culpar de la violencia a “los vándalos ajenos al movimiento”,…tratando de poner en la misma bolsa la violencia entre pobres (muchas veces manipulados por agentes) y la imprescindible violencia revolucionaria (incluida la violencia minoritaria) contra el capitalismo, sus grandes propiedades, sus medios, sus agentes…

El jueves 14, cuando ya las grandes ciudades están en ebullición (Rio, Porto Alegre, Brasilia, Fortaleza, Salvador, Belo Horizonte…), se produce un salto cualitativo importante: en Sao Paulo la policía militar dice haber perdido el control de la situación. El propio movimiento se afirma como “primavera brasilera” y, en la calle, se habla de la similitud con la primavera árabe (que sigue en pleno proceso de ascenso y descenso en diferentes regiones), al mismo tiempo que se compara con el movimiento en Turquía (este movimiento, que cuando escribimos estas notas sigue a pesar de la gran represión, ha dejado hasta ahora 5000 presos y más de 4000 heridos). Los que en Turquía de “derecha” son los “activistas”, en Brasil de “izquierda” son los “vándalos”. Esa unicidad del movimiento con otros países, que será hecha explícita por grupos revolucionarios e internacionalistas en muchas partes, no sólo es una afirmación de la consciencia misma del movimiento, sino que se concreta en acción y coordinación internacional:  se discuten estrategias, tácticas, volantes y métodos del movimiento y se denuncian los métodos represivos como provenientess del mismo enemigo: el capital y su organización en Estado internacional.

Pancartas y manifiestos en Brasil dicen: “Brasil/Turquía estamos juntos”… “somos griegos, turcos, mexicanos…, no tenemos patria…somos revolucionarios”

Frente a la denuncia de los “vándalos” en general que realizan los partidos del poder, los proletarios responden en sus improvisados medios diciendo5: “Yo rompí muchas cosas porque cuando ves todo ese aparato policial en tu cara y no sabes cómo defenderte, lo único que sabes hacer es pisar el callo de quien más tiene”… “el verdadero vandalismo es pasar dos horas en un autobús y la gente solo se preocupa porque rompamos vitrinas y se olvidan de lo que vivimos diariamente en esta ciudad”.

 

Y contra la pretensión de atar el movimiento a sus modestos inicios, los participantes gritan que no es solo contra ese aumento del transporte:

“Aún tenemos que escuchar que nos estamos manifestando por 0,20 céntimos”, lamenta Debora Ungaretti, estudiante de derecho de 23 años. “El acto no es solo contra esta subida puntual, es contra un aumento histórico durante 15 años en los que el billete ha subido mucho más que la inflación”.

Frente a las tentativas de participación/ recuperación, por parte de los jóvenes oficialistas del PT (Partido de los Trabajadores), hay un rechazo masivo y total: ¡PT NO!  No sólo se les grita sino que sistemáticamente se los expulsa de la protesta y de las manifestaciones y se llega a incendiar banderas de varios partidos oficialistas o pseudopositores (¡los oficialistas se pasan todos a una pseudo oposición!): ¡no  pueden pretender estar con el diablo cuando son soldados de dios!

Desde el Gobierno y la policía se sigue, los primeros días con la línea dura: sólo se da palo, se condena a los vándalos y los principales dirigentes emiten declaraciones de rechazo de todas las reivindicaciones.

Pero esta rigidez del terrorismo Estatal capitalista se quebrará, ante la violencia proletaria masiva de la semana siguiente: el lunes 17 de junio ya son centenas de miles de manifestantes en cada vez más ciudades del Brasil, la autodefensa y acción de ataque de símbolos del poder funciona en forma más organizada y en cada vez más puntos, por lo que hasta el discurso contra “los vándalos” se sigue desacreditando en las manifestaciones. 

Aunque se siguen atacando los ómnibus y sistemas de control en los mismos, en forma selectiva (más a los que más aumentaron las tarifas y particularmente a los de los suburbios), las reivindicaciones,  que gritan los manifestantes (que critican en realidad al sistema social mismo de raíz), son ya mucho más generales: se grita por la salud, por la educación, contra todo lo oficial, por la vida,  por la libertad, y también por la revolución. Consignas cada vez más masivas denuncian el “circo porque no hay pan” y se oponen a que se siga invirtiendo en futbol cuando dicen que no hay dinero para subsidiar el transporte, la salud, la educación. En concreto muchas de las manifestaciones toman como objetivo todos los símbolos del circo, es decir del Futbol: la Copa Confederaciones y todo lo que huele a Preparación del mundial (anunciado para el año próximo) y olimpíadas6. También reaparecen consignas revolucionarias ( “abajo el capitalismo” “contra el Estado”)…e internacionalistas (“por un mundo sin fronteras”).

NEGOCIO Y CIRCO

En las doce ciudades que albergarán partidos del Mundial hay 250 mil personas en riesgo de ser desalojadas, sumando las amenazadas por realojos y las que viven en áreas disputadas para obras. Hubo casos en que una vivienda fue demolida con un aviso previo de sólo 48 horas. Muchas familias realojadas se quejan de que fueron trasladadas a lugares muy distantes con indemnizaciones insuficientes para adquirir nuevas viviendas, de menos de cinco mil dólares en promedio.
Para completar este panorama, sólo para la Copa de las Confederaciones se montó un operativo militar que supuso la movilización de 23 mil militares de las tres armas que incluye un centro de comando, control e inteligencia. El dispositivo moviliza 60 aviones. La disputa del Mundial 2014 ha obligado a Brasil a construir 12 estadios, 21 nuevas terminales aeroportuarias, 7 pistas de aterrizaje y 5 terminales portuarias. El costo total, para el Estado, de todas las obras será de 15.000 millones de dólares.
(Datos proporcionados por la Articulación Nacional de los Comités Populares de los afectados por la Copa del Mundo)

 

Como todo lo que el poder no controla, los intelectuales (principalmente de izquierda) se encargan de desprestigiar el movimiento diciendo que el mismo no tiene perspectivas, por falta de programa y por la espontaneidad del mismo7, pero los protagonistas mismos explicarán en sus volantes y redes sociales que el movimiento tiene raíces en las resistencias de los años anteriores: Así leemos: Cuando hablo de una “supuesta espontaneidad” lo hago cuestionando tal adjetivo, pues he visto que la mayoría de las reivindicaciones han sido instaladas por las organizaciones sociales y políticas en diversas manifestaciones (claramente no con el mismo poder de convocatoria de este último mes), en la ciudad de Rio de Janeiro, la cual viene atravesando múltiples transformaciones urbanas promovidas por la especulación inmobiliaria”. Evidentemente, que esta afirmación es clara en lo que concierne el mito de que nada se ha organizado, dado que desde hace años hay estructuras organizativas que se han ido gestando; pero es falsa y tendenciosa en lo que concierne “las organizaciones sociales y políticas” que, en general, fueron superadas y hasta destruidas cediendo el paso a estructuras totalmente diferentes, que en muchos casos le pasaron por arriba a las organizaciones preexistentes y sobretodo a las organizaciones políticas. Por lo que es verdad que hubo preparación y organización, pero no en base a las estructuras ideológicas que tenían por función el control social, sino por el contrario gracias a que los proletarios se organizaron afuera (y muchas veces contra las estructuras del poder), y aquí y allá, fueron forjando nuevas estructuras, nuevos medios de comunicación y coordinación y en alguna manera poniendo a su cabeza a los compañeros más decididos y consecuentes en la lucha (¡que por supuesto nada tiene que ver con quienes aparecerán luego como representantes formales!).

En muchos casos se denuncia las “Erradicaciones de favelas o partes de ellas para facilitar la construcción de instalaciones deportivas para los futuros mega eventos, como la Copa Mundial de Fútbol y los Juegos Olímpicos destaca en este proceso la privatización y elitización del complejo deportivo Maracaná. Meses atrás, todo Brasil pudo apreciar el desalojo de un grupo de indígenas que habían ocupado la “Aldea Maracaná”, lugar donde funcionaba el antiguo Museo del Indio, espacio con un importantísimo valor histórico para los indígenas. Brasil hace esfuerzos por adecuarse a patrones internacionales exigidos por la FIFA y no ésta adecuándose a la realidad brasilera llena de contradicciones, además, el gobierno al suscribir el acuerdo con la FIFA  se obligó a realizar gastos billonarios”.

Dada esa generalización del movimiento, tanto desde el punto de vista geográfico como por la profundidad de sus consignas, el poder cambiará de táctica, anunciando cada vez más platos de lentejas, para pararlo: en las principales ciudades se anuncia la reducción del precio de los transportes públicos… Hasta en las ciudades en donde los Alcaldes habían anunciado explícitamente lo contrario, anuncian, ahora, “esfuerzos a pesar de que se resentiría la rentabilidad”.

Simultáneamente con esos platos de lentejas y zanahorias se trata, como siempre, de decir que se ha dado satisfacción a las protestas, refiriéndose evidentemente a sus primeras y modestísimas reivindicaciones.

Pero el proletariado se sigue radicalizando, atacando cada vez más al sistema social en su propia raíz: contra la rentabilidad…, por la humanidad. En todas las ciudades se suman, a la denuncia del sistema de transporte, la denuncia de la dejadez total en educación y salud pública.

“Estamos cambiando toda esta mierda” es otra consigna que se generaliza.

Desde meses antes, capas del proletariado, constituidas por estudiantes y profesores, exigen mayor inversión del PIB nacional en educación, contra lo que consideran dilapidación pública por corrupción y grandes obras preparando el mundial. El año pasado la huelga de los profesores universitarios por salarios (muchos viven con un salario mínimo de 678 reales – 340 dólares) a nivel nacional había durado cuatro meses. Este es sólo un ejemplo concreto de cómo la explosión social fue generalizando la protesta por otras reivindicaciones sociales del proletariado, que convergen en la lucha general contra el aumento de la tasa de explotación capitalista.

Un periodista de Rio de Janeiro declara: “Todo ha llevado a sectores de la población carioca y fluminense a organizarse a través de comités de defensa por sus derechos violentados y han realizando diversas manifestaciones, sin mayor cobertura periodística de la prensa conservadora, pero que silenciosamente han venido construyendo y despertando al resto de la sociedad”.

La prensa presenta, evidentemente, el asunto como una cuestión generacional, pero no puede evitar reconocer que en la revuelta, en todo Brasil se va afirmando el mismo movimiento que en otras partes del mundo: “otro aspecto es lo generacional en estas manifestaciones que, pese a la diversidad de manifestantes y demandas, hay una predominancia de población joven de entre 20 a 30 años, acostumbrados a asistir, por televisión e internet, a manifestaciones de protesta social en países de Europa (eurocentrismo obliga NDR), ante la crisis económica, o a las manifestaciones de estudiantes chilenos en la última década. Generaciones de brasileros y brasileras que desde hace mucho tiempo no habían sido participes ni menos protagonistas de manifestaciones, como las actuales, de alta convocatoria y con altísimos grados de violencia y represión policial, en un país y ciudad que acostumbra a salir masivamente a la calle a festejar y con un abordaje y control  policial diferente al mostrado durante estas semanas, puesto que tenemos en acción a una generación de policías militares sin experiencia en este tipo de manifestaciones (salvo el abordaje en favelas) corriendo el riesgo de cometer abusos, ante la presencia de manifestantes que acuden pacíficamente”8.

En cuanto a las formas organizativas de la protesta, las mismas se caracterizaron, desde las primeras convocatorias, por el gran funcionamiento de lo que se llaman “redes sociales” y por la organización en barrios, asambleas, comités de muy general espectro, sin que los mismos puedan ser comprados por reformas o zanahorias varias, porque además en general se definen contra tal o tal acción del capitalismo y el Estado. Así en Brasil, se fue crispando tanto el clima social que hasta se crearon los “comités de perjudicados por la Copa del Mundo”, que como su nombre indican son muy amplios en su constitución, funcionamiento y perspectiva: cuanto más han avanzado los preparativos más sectores sociales se han visto perjudicados. Los mismos se desarrollaron y funcionan en las doce sedes del próximo mundial: Belo Horizonte, Brasilia, Cuiabá, Curitiba, Fortaleza, Manaos, Natal, Porto Alegre, Recife, Río de Janeiro, Salvador y San Pablo. Tienen su página web donde denuncian que “la FIFA, la CBF (Confederación Brasileña de Fútbol), las multinacionales y los grandes contratistas, junto con políticos profesionales, explotan la pasión brasileña por el fútbol con el fin de obtener grandes beneficios a costa de un debate más amplio sobre las inversiones y las políticas públicas”. Con connotaciones lamentablemente nacionalistas, se denuncia a la FIFA como multinacional extranjera y máximo de corrupción (¡lo que evidentemente es cierto!)

Un profesor vale más que Neymar”, “No estamos contra el fútbol, estamos contra la corrupción” se leía en varias pancartas durante las movilizaciones. En Brasil se habla, con cierta ironía, de una nueva unidad de medida: el estándar FIFA. Marco Antonio Villalobos, periodista y profesor universitario brasileño, lo describe, por e-mail, desde Porto Alegre: “Los manifestantes quieren hospitales, escuelas y seguridad con el estándar [criterios, exigencias de la] FIFA que se aplica a los estadios”. Cientos de miles salen a las calles a pedirlo: “Hospitais, escolas y segurança padrâo FIFA”.

La presidenta Dilma Rousseff ratifica y les asegura que los 15 mil millones de dólares, que cuestan las obras para el Mundial de Fútbol 2014, se recuperarán. Romario, el ex delantero de la selección campeona del mundo 1994 y ahora diputado del Partido Socialista, no piensa igual: “El verdadero presidente del país hoy se llama FIFA. Llegó aquí y montó un Estado dentro de nuestro Estado”. Además, desliza que la Federación Internacional recaudará el año próximo “unos 2 mil millones de dólares sin haber gastado un real”. ¡Cada declaración, cada destrucción y cada sacrificio en nombre del mundial da más bronca!

Mientras el poder y sus medios se concentran en dividir el movimiento entre “vándalos” y protesta razonable,  entre indignación razonable y quienes siempre estarán descontentos, los profesionales de la desinformación indican que en realidad es una “revuelta de la clase media”…., el terror que sienten es el mismo frente a la radicalidad del proletariado y la similitud inocultable del movimiento con todo lo que está pasando en el mundo (Turquía y en general el Medio Oriente, Grecia, Chile…). Hasta la propia presidencia debe declarar que  “considera que las manifestaciones pacíficas son legítimas y son propias de la democracia, y que es propio de los jóvenes manifestarse”. Es la indicación de un giro en la estrategia de la dominación.

1.2 Cambio estratégico en las respuestas centralizadas del poder

Frente al movimiento social, la sorpresa fue grande, no sólo para el poder político sino para todas las estructuras intelectuales y mediáticas del Estado. Quedaron totalmente paralizados y sólo atinaron a defender e impulsar la acción represiva y policial. De su función “de izquierda” ni se acordaron y sólo atinaban a descalificar el movimiento mismo, oscilando entre calificarlo de vandalismo o de ¡“clase media” que quiere más!

Pero poco a poco, al constatar que la represión sola no podía parar el movimiento,  el poder reacciona en base a volver a su papel más cínico de lamer el chancho hacia el lado que van los pelos. El viraje es notorio, cuando importantes cuadros del Estado comienzan a decir que las “protestas tienen razón”, que “hemos oído a los jóvenes”, “que hay que “escuchar la calle”. Habiendo perdido toda credibilidad, ante las grandes masas y como única forma de neutralizar la potencia de la calle, el poder recuerda viejas reivindicaciones de izquierda que lo llevaron al trono.

 

Dilma Rousseff no tuvo más remedio que decir: “Brasil hoy se despertó más fuerte. La grandeza de las manifestaciones de ayer muestra la energía de nuestra democracia, la fuerza de la voz de la calle”.

Luego, sorprendiendo a todo su partido, aparece como la abanderada de un viraje que reconoce  la legitimidad de las manifestaciones  y que busca canalizarlas hacia la realización de un plebiscito para convocar a una Asamblea Constituyente.  Los grandes medios aclaran: “En busca de un Pacto Nacional, la mandataria, Dilma Rousseff, indicó que la reforma política es necesaria para hacer viables los compromisos que expresó en función de mejorar el transporte público, la educación y la salud de los brasileños. E insisten en que actúa en función de lo pedido por las manifestaciones: La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, propuso este lunes que sea la población la que decida, a través de un plebiscito, la creación de una Asamblea Constituyente para que sea ésta la que se encargue de una reforma política, cuya necesidad fue evidenciada por las masivas protestas iniciadas hace un par de semanas”.

Y para certificar las promesas del poder, efectuadas por la presidenta, los medios  aclaran varios puntos:

“La elaboración de un Plan Nacional de Movilidad Urbana, que priorice el transporte colectivo. Como segunda medida el Gobierno planteó asignar el ciento por ciento de las regalías que se obtienen por la explotación de petróleo para la educación, una propuesta que está sujeta a debate en el Congreso. El tercer punto anunciado por la jefa del Ejecutivo fue la contratación de médicos extranjeros para ampliar el servicio del Sistema Único de Salud (SUS)”

Cuando Dilma Rousseff hace tal declaración se trata de un viraje inesperado, porque dicha política de reconocimiento, de lo que salía de la calle, contradecía abiertamente a lo que hasta ese día había hecho el poder. Cabe señalar que esa declaración se produce 18 días después de la primera gran manifestación en Sao Pablo, el 6 de junio.

Observadores nacionales e internacionales señalaron lo inesperado de las declaraciones: “Nadie lo esperaba. Después de 18 días actuando a remolque de la calle, Dilma Rousseff sorprendió a la clase política, a la prensa y, quizás, también a la calle. Se sabía que iba a reunirse con representantes del Movimiento por el Pase Libre, la organización que consiguió la anulación de la subida en las tarifas del transporte público. Y que después recibiría a los 27 gobernadores del país y a 26 alcaldes de las principales ciudades. Pero, entre ambos encuentros, la presidenta dejó pasar las cámaras al palacio presidencial de Planalto y advirtió: “Las calles nos están diciendo que quieren que el ciudadano, y no el poder económico, esté en primer lugar. […] La energía que viene de las calles es mayor que cualquier obstáculo. No tenemos que quedarnos inertes, incomodados o divididos. Por eso traigo propuestas concretas y la disposición para que discutamos al menos cinco pactos”.

En realidad este tipo de viraje no es un antojo matinal o locura de Dilma. Bien por el contrario, el mismo demuestra una enorme consciencia de clase: para mantener la dominación y opresión era imprescindible cambiar algo para que todo quede como está.

Lo que aparece en público como un viraje de ese tipo está en general bien cocinado y estudiado por expertos en ciencia política y dominación. Más aún en general ese tipo de cambio de política, en un momento dado, sigue los consejos interesados de la policía y los aparatos contrainsurreccionales del Estado (¡lo que sin dudas incluye al mismo Pentágono de USA! que sin dudas estaba muy preocupado9)

Por lo significativo que resulta, continuemos citando a la prensa oficial sobre lo que propone el poder para parar al “gigante que ha despertado”: “Los otros cuatro pactos, implican acuerdos fiscales, de sanidad, transporte y educación. Pero el principal es el que plantea una reforma política. Muchas veces se había planteado en Brasil esa reforma. Pero las propuestas terminaban siempre frenadas por el Congreso. Ahora Rousseff plantea la convocatoria de un referéndum que autorice a convocar una Asamblea Constituyente. Y que esa asamblea se encargue de abordar la tan ansiada reforma. Era una propuesta a la altura de las mayores manifestaciones que ha vivido Brasil desde los años ochenta, cuando tras salir de la dictadura, partidos y sindicatos organizaron movilizaciones para exigir elecciones directas. ‘Brasil ya está maduro para avanzar’, señaló Rousseff.

Los otros poderes del Estado no tienen más remedio que seguir al ejecutivo y reconocer la fuerza de la calle. Así lo expresa la prensa:

- “El presidente del Tribunal Supremo Federal (TSF) de Brasil, Joaquim Barbosa, ha expresado su apoyo a la propuesta del Gobierno de Dilma Rouseff de celebrar un plebiscito sobre una reforma constitucional para llevar a cabo una reforma política”.

-Los diputados brasileños ceden a la presión de la calle. Los legisladores votan mayoritariamente contra la ley que limitaba las investigaciones de los fiscales. Otro golazo de la calle. En la noche del martes se produjo un resultado en la Cámara de Diputados de Brasil que habría sido impensable sin las protestas que comenzaron el 6 de junio. La propuesta que en las manifestaciones se asociaba con la impunidad ante la corrupción; el proyecto que limitaba los poderes de investigación del Ministerio Público; la famosa PEC-37 (Propuesta de Enmienda Constitucional 37); la misma que en junio de 2011 consiguió el respaldo de 207 diputados; la que fue aprobada seis meses después por la Comisión de Constitución y Justicia y en noviembre de 2012 por la comisión especial que la analizó; la norma que sólo esperaba el aldabonazo de una Cámara controlada en un 80% por el Partido de los Trabajadores y sus aliados… Esa propuesta fue rechazada anoche por 430 votos en contra, 9 a favor y 2 abstenciones”.

¡El proyecto pretendía limitar la capacidad de investigación de los fiscales y potenciar las atribuciones de la policía. Los detractores de la propuesta afirmaban que con si se hubiera aprobado esa ley en el futuro jamás se habría avanzado en las investigación de casos como el ‘mensalão’ un escándalo de sobornos parlamentarios y financiación ilegal de campañas ocurrido durante el primer mandato de Luiz Inácio Lula da Silva”.

 

Desde nuestro punto de vista, es claro lo que propone el poder: cambiar algo para que todo quede igual o mejor dicho tratar de reformar algo para impedir el desarrollo de la revolución. Evidentemente, lo que hay que acotar es que también esos ligeros cambios, ante el descaro de la corrupción, se produjeron a reculones y cuando los ataques de los manifestantes llegaban a poner en riesgo la vida misma de Gobernadores, diputados y otros personeros del Estado.

1.3 “Disculpe las molestias estamos tratando de cambiar toda esta mierda”

Esta consigna, que se repite en todas partes, resume el contenido del movimiento. Contrariamente a lo que dicen los medios, el contenido programático del movimiento se afirma, muy rápidamente, como negación de toda la sociedad burguesa: hay que cambiar todo, hay que destruir toda esta mierda. En las calles y redes sociales se habla abiertamente de revolución y grupos de militantes llaman a la revolución social.

Los carteles y pancartas de las masivas manifestaciones contienen un rechazo de lo que hay y un reclamo de satisfacción de las necesidades más básicas. Globalmente, se puede decir que se cuestiona el poder en su totalidad, por corrupto y por beneficiar siempre a los intereses del capital (grandes negocios, grandes obras e inversiones, Copa Confederaciones, venida del Papa…, Mundial de futbol), perjudicando a la población (destrucción de las favelas, ómnibus malos y caros, enseñanza mala, salud deficiente…), es decir se ataca directamente las formas más rentables de la acumulación capitalista, contraponiéndole las necesidades humanas, o dicho de otra manera, partiendo de las necesidades más elementales del ser humano se cuestiona abiertamente la tasa de explotación (plusvalía sobre capital variable) y de ganancia del capital.

He aquí una pequeña lista, no exhaustiva, de las pancartas y carteles presentes en las manifestaciones más masivas:

“Quiero que Brasil despierte. No es solo por los pasajes, sino porque la educación y la salud son malas”

“El gigante despertó”

“Los políticos no usan autobuses y sus hijos no van a la escuela pública”

“No queremos la Copa, queremos educación, hospitales, una vida mejor para mis hijos”

Hay también algunas, muy buenas y fuertes, contra el mundial, el futbol y el circo como mecanismo de dominación:

“La Copa del mundo no es nuestra” 10

“Mientras te roban gritas Gol!”

“Me da asco este gobierno”.

 “Ya el pueblo no es bobo, el pueblo está maduro”

Hay también consignas que enfatizan el paralelismo con otras luchas en el mundo contra el mismo enemigo:

“Nuestros 20 céntimos son el parque de Estambul”

Se denuncia, en las pancartas, que la represión y el Estado son  responsables de la violencia.

“¡Qué coincidencia, no hay policía y no hay violencia”

Claro que al mismo tiempo que subraya que la violencia viene de la policía, este tipo de consigna refleja muchas debilidades. ¡Cómo si lo violento fuese la policía y no todo el sistema social! ¡También puede leerse este tipo de expresiones, como una condena implícita de la violencia que los manifestantes asumen contra el tarifazo, contra los autobuses, contra la policía, contra las bases mismas de este sistema!

También hay banderolas explícitas:

“contra la presidenta Dilma Rousseff”

“contra la homofobia”

“contra el racismo”.

Hay  también muchísimos carteles en todas las ciudades contra la homofobia de la clase dominante. Por ejemplo:

“Hoy me levanté gay ¿quién me va a curar?”

Cabe señalar que existe un proyecto de ley, promovido por las capas más rancias de la burguesía y la iglesia (o mejor dicho las iglesias y otras sectas), que define la homosexualidad como una enfermedad que debiera ser tratada por medio de psicólogos. Evidentemente, el cuestionamiento de este proyecto cuestiona, al mismo tiempo, toda la moral dominante en la sociedad y con esta protesta ha adquirido una enorme potencia, como todo lo que es crítica a la ideología dominante. 

En una sociedad dominada por el cristianismo y sus decenas de sectas, resulta cada vez más importante que se hagan manifestaciones contra la religión, concentraciones para denunciar la moral dominante y el papel reaccionario de las iglesias y denunciar la venida del Papa, como está sucediendo en Brasil. Lo que aparece como particular (sobre tal o cual ley o norma moral) contiene todo un cuestionamiento fundamental de la sociedad capitalista y su ideología.

 

Tomemos como ejemplo las declaraciones, reproducidas en varios medios de difusión, de un estudiante. Se trata de Bruno Muñiz, un estudiante de 22 años, que vive en Río de Janeiro, trabaja en el sector turismo y participa en las manifestaciones. Claro que, en general, estas declaraciones, cooptadas de forma interesada por los medios, buscan confundir más que aportar. Sin embargo, aunque ese siga siendo el objetivo, las declaraciones de Bruno Muñiz  resultan muy ilustrativas, explican sucintamente como se desarrollaron las protestas y además pone en evidencia que la generalización y la violencia de abajo se fue imponiendo como reacción frente a la violencia del poder: “Yo participé de las protestas y voy a seguir participando. El clima de la gente, al comienzo de las manifestaciones, era de rabia contra el gobierno. La policía paraba a los manifestantes cuando llegan a un punto crítico para el gobierno, como la intendencia de Río, pero después la policía no solo para a los manifestantes para que no lleguen a la intendencia, sino que atacan y avanzan sobre nosotros, y por todas las calles que intentamos ir, está la policía, siempre tirando bombas de gas y spray de pimienta contra la gente. Ahí sí la gente se empezó a enojar por la actitud de la policía y empezó a romper todo”.… Luego agrega: “La verdad que toda la plata que fue utilizada por el gobierno tendría que haber sido utilizada para mejorar los servicios a la población, este es uno de los temas de las protestas. Muy curioso es que en 1950 para la construcción del Estadio Jornalista Mario Filho, el estadio del barrio Maracaná, la gente de aquella época ya pedía lo mismo que pedimos hoy. Menos plata para estadios, más para el desarrollo de la sociedad”

A continuación explicita que las protestas: “…no son solamente contra el mundial o el precio de los pasajes, sino contra toda la basura que vemos pasar en nuestro Brasil”

Muñiz señaló que Brasil tiene en la Presidencia del Senado, “un ladrón acusado por el Ministerio Federal por robo y corrupción”, en referencia a Renan Calheiros y también mencionó el caso de Marco Feliciano en la presidencia de la Comisión de Derechos Humanos, a quien calificó como “un evangélico homofóbico”.

”Los políticos están pisando sobre nuestra inteligencia. Somos robados con impuestos”, agregó Muñiz que también se pronunció contra la impunidad y explicó la situación, generada a partir de un proyecto de ley creado por Lourival Mendes, vinculado a la lucha contra la corrupción y la organización de los poderes del Estado, que sería tratado el próximo 26 de junio.“Un tema principal es un proyecto de ley, acá llamado de “PEC-37”, que consiste en sacar del Ministerio Público Federal el poder de juzgar el Poder Ejecutivo. O sea, los políticos quieren que no haya más nadie arriba de ellos para juzgarlos contra el crimen de corrupción, y quien lo haría va a ser la policía, que es dependiente del Poder Ejecutivo. O sea, es como un hijo juzgando a un padre por robo. Esto daría autonomía a los políticos para que roben sin ser investigados, pasarían a ser impunes”, señaló. Muñiz se mostró furioso por las declaraciones realizadas por el intendente de Río, que habría afirmado que la calidad en la salud iba a empeorar porque se había tenido que dar marcha atrás con la suba del precio del transporte público.

El Editor de Zero Hora, Sr. Carlos Etchichury nos proporciona declaraciones particularmente reveladoras de la perplejidad, en que se encuentra la clase dominante, ante la generalización y profundidad de los planteos de los manifestantes: “Las manifestaciones empezaron acá en Porto Alegre, sobre el problema muy específico de la suba del precio del colectivo, que provocó una protesta muy grande de los jóvenes que pidieron la baja del precio del boleto. Esta protesta de aquí, ganó magnitud en todo Brasil y, a partir de aquel momento, empezaron a suceder pequeñas manifestaciones similares en San Pablo, en Río, en Recife, pero con la misma reivindicación. Era todo afable estabilidad hasta la semana pasada que la protesta en San Pablo fue duramente reprimida por los policías y después de esa represión se empezó a generar una gran onda nacional de las manifestaciones, el movimiento creció de tal forma hasta que hubo manifestaciones en 11 capitales del país”, afirmó.

Al ser consultado sobre la imagen de “alegría brasileña” que se tiene en el exterior, su vinculación con el fútbol y la consiguiente sorpresa que generaron estas movilizaciones, Etchichury señaló que en Brasil también se esperaba un recibimiento alegre de la Copa del Mundo: “Todos pensábamos así. Los medios de prensa están un poco perplejos con lo que está aconteciendo y la magnitud de las manifestaciones. Son muchos reclamos, tantos que son capaces de reunir personas que no se entienden entre ellas y que probablemente jamás se sentarían en una mesa para charlar”. Esta es otra de las  características centrales de las luchas proletarias de hoy, se cuestiona todo, las reivindicaciones se generalizan y la clase dominante no logra encontrar interlocutores válidos entre los oprimidos en revuelta.

A continuación Etchichury agrega: “A las reivindicaciones que eran muy específicas se agregaron decenas, hay gente que lucha a favor del casamiento gay, otros que luchan en contra la tala de árboles, otros que luchan contra el capitalismo, otros contra la copa del mundo. Todos los que tienen algo contra algo, encontraron un canal para manifestarlo. No se sabe más cuál es la causa. La movilización no tiene un proyecto, no se quieren reunir con el gobierno para debatir, quieren atacar al poder, los medios de prensa, la Justicia, la Prefectura, la Intendencia, el gobierno…”

Como se ve la clase dominante comprende la gravedad de la situación. La generalización geográfica y programática conduce a un ataque cada vez general contra todo el poder: desde la prensa al gobierno, desde “la justicia” a los aparatos locales del Estado (Prefecturas, Intendencias). El enfrentamiento contra todo lo que nos hace mal en cada lugar, lleva inexorablemente a enfrentarse contra el capital y el Estado.

En cuanto a la influencia de Porto Alegre, como punto de expansión de las movilizaciones y las posibilidades de la izquierda burguesa de parar el movimiento, el periodista aseguró que si bien es cierto que la ciudad tiene una tradición en materia de “gobiernos populares”, este no resuelve nada: “en realidad no tiene nada que ver con esto porque acá no hay partidos, los partidos no están liderando las manifestaciones, salvo algunas pequeñas agrupaciones como los trotskistas o los anarquistas, que pueden tener una influencia pero menor”. Las declaraciones muestran claramente la perplejidad de la clase dominante, en encasillar el movimiento en expresiones más limitadas y conocidas (“trotskistas/anarquistas”) y su incapacidad para digitar el movimiento:“Es muy complejo lo que está sucediendo porque hay varias reivindicaciones juntas y diferentes causas. Hay personas que están contra la Copa del mundo, otras contra el gobierno local o contra el gobierno estatal, es una protesta muy posmoderna. Nosotros tampoco tenemos mucha claridad sobre lo que está pasando”, agregó Etchichury.

La generalidad de la forma y el contenido del movimiento es expuesto así por los medios: Además de las huelgas de profesores y funcionarios, huelgas de estudiantes y ocupación de rectorías, huelgas y rebeliones obreras y ocupación de tierra que en los últimos años han sacudido el país. También desde hace un tiempo crece el clamor en movilización continuas contra la impunidad de los criminales del régimen militar (mandantes y ejecutores de torturas, asesinatos y desapariciones forzadas) y manifestaciones contra la farsa de las elecciones. Entre las principales pautas presentes entre la cantidad enorme de carteles y pancartas están “un 10 por ciento para la Educación”, “contra el proyecto de la Cura Gay (que fuera paradoxalmente presentado por el presidente de la Comisión de Derechos Humanos Marco Feliciano)… y muchas otras.

Contra el famoso Marcos Feliciano, el proletariado en la calle canta:

“Hasta el Papa renunció, Feliciano, tu hora llegó”.

 Las masas lo insultan por homófobo y racista lo que, teniendo en cuenta el prestigio de tan significativo personaje (Presidente de la Comisión parlamentaria de Derechos Humanos y Minorías), fue toda una cachetada a la ideología y moral de la religiosa burguesía brasilera de derecha e izquierda.

En el campo y los estados más despoblados de Brasil, también se lucha contra el capital, y sus inherentes resultados: la contaminación, los agrotóxicos y la destrucción de la naturaleza. Un grupo de indígenas Xicrin, del estado amazónico de Pará, se suma a la protesta con sus pinturas en el rostro, plumas, arcos y flechas. “Tenemos que proteger nuestras tierras y nuestras selvas” declaran.

En fin, es evidente que todo el proletariado protesta contra el mundo del capital sin que la clase dominante logre canalizar, encuadrar el movimiento… por eso, al principio reprime abiertamente y luego quiere apagar el fuego pasándole la mano por el lomo al movimiento y haciendo promesas de reformas administrativas y constitucionales.

La partidocracia y los sindicatos hicieron todo lo posible por evitar que el movimiento se extendiera, pero cuando no pudieron evitarlo, ni encuadrarlo en sus reformas, trataron de sumarse a la masa e imponerse como dirección “consciente”, “política”. Justamente los pseudo radicales, que están fuera del movimiento diciendo que no sirve porque no tiene programa o porque carece de politización, son parte de esta maniobra para imponerse ellos como dirección. Ello es típico del socialdemocratismo radical, del leninismo, del guevarismo…

La prensa da cuenta, así, de esta tentativa de imponerse como dirección: Por primera vez, algunos sindicatos, organizaciones de la sociedad civil y partidos políticos -incluido el gobernante Partido de los Trabajadores (izquierda) y la Unión Nacional de Estudiantes (UNE)- intentaron, sin éxito, participar en las marchas, portando sus banderas.

Si, ha leído bien, hasta el partido del gobierno, contra el que el movimiento se desplegó, trató de infiltrarse en el movimiento para imponerle su dirección liquidadora.

La prensa informa así del fracaso de los mismos: En Sao Paulo, integrantes del PT fueron recibidos con hostilidad por varios de los 30.000 manifestantes que marchaban por la Avenida Paulista, que corearon contra ellos insultos de grueso calibre y les gritaban “¡Oportunistas!”. Varias banderas del PT fueron quemadas, constató una periodista de la AFP.

2. Principales falsificaciones y maniobras del poder

2.1 El sujeto de la lucha: el proletariado

Las principales falsificaciones son, como en todas partes, dos: se niega el sujeto de la revuelta y los objetivos de la misma. Quienes salieron a la calle sería una masa heterogénea del “pueblo” o peor “la clase media” y no se sabe bien porqué se quejaban dado que en realidad “la gente está mejor que antes”.

Como en todas partes, frente a la revuelta proletaria, la burguesía niega al proletariado, niega la revuelta proletaria como si fuese cualquier cosa menos la lucha de una clase social que porta en su propio ser la destrucción del mundo burgués y la imperiosa necesidad de la revolución social.

Todo el espectro político, los medios de difusión, los sindicatos, las universidades y los medios intelectuales, hicieron, al igual que en todo el mundo, lo imposible para presentar ese movimiento, que se fue alzando y definiendo como clase en la práctica de protesta social, como un conjunto heterodoxo de grupos incoherentes y sin programa.

La negación del proletariado como clase no es sólo una cuestión teórica, es, antes que nada, la práctica social de negar, por el terror y la ideología, al enemigo histórico del orden burgués.

Como siempre: se habla de “jóvenes”, como si éstos pudiesen no ser proletarios; de “vándalos”, cómo si quien atacara furiosamente este orden de muerte y catástrofe pudiera ser otra cosa que proletarios; de “favelados”, cómo si se pudiese haber sido privado de la vida (por la propiedad privada), desde el nacimiento (definición básica del proletariado), y protestar en nombre de otra cosa que el cuestionamiento de la mismísima propiedad privada; de “indígenas”, como si los indios en revuelta pudiesen pertenecer a otro sector social que al proletariado en lucha contra el capital…

Se descalifica, se insulta, se denigra, se busca atomizar y eliminar así toda perspectiva de conjunto. Pero el proletariado no es una clase en sí que está ligada a tal o cual producción, a tal o cual actividad económica, como dicen los falsificadores socialdemócratas, estalinistas, trotskistas, sindicalistas…; sino bien por el contrario,  es el conjunto de los seres humanos a quien se ha privado de propiedad y es obligado de por vida a venderse para obtener de que subsistir. El proletariado se constituye en clase (¡se define!) en el mismo proceso de contraposición al capitalismo, es decir en la misma lucha. En Brasil, como en todas partes, el proletariado no existe y después actúa, sino bien por el contrario, por su contraposición histórica con el mundo de la propiedad privada, se constituye en clase en su oposición, en su combate.  No es una clase o clasificación de la sociedad, sino una realidad de la sociedad a la que se le niega su propia existencia y de la cual se ocultan sus posibilidades.

Por eso es sólo en la lucha que puede constituirse en clase y por lo tanto en partido opuesto a todo el orden establecido. En Brasil, como en otras partes y épocas históricas, el proletariado negado por todo el espectro político e ideológico volvió a existir como clase por la contraposición práctica a toda la sociedad burguesa, cuando en junio/julio 2013 salió a la calle y nadie lo puro parar.

El falsificar este hecho es evidentemente la clave de la dominación burguesa misma. La izquierda burguesa (incluida su versión “libertaria”), cuya forma de negar al proletariado es asimilarlo al obrero industrial, fue quien más habló de “clase media”, o de “jóvenes estudiantes” como responsables del movimiento. ¡Cuántos grupos supuestamente anarquistas sólo hablan de individuos, de clase media o de pueblo, colaborando así  objetivamente con el poder y al Estado burgués!

En realidad, cada sector de la población  en Brasil comenzó su protesta por las razones más elementales de sobrevivencia, en la resistencia a la represión en las favelas y en la lucha contra los planes de urbanización necesarios a la Copa de Confederaciones, Mundial de Futbol…etc., en la resistencia contra el modelo minero de gran porte, o el modelo cerealero transgénico (soja, trigo…), en la lucha contra las condiciones de transporte y el precio del mismo, en la lucha contra el deterioro del sector público de la salud y contra las deplorables condiciones de enseñanza.

En los meses previos al salto de calidad de junio, la lucha por el pase libre y contra las condiciones del transporte (determinadas a su vez por la tasa de ganancia capitalista de dichas compañías) se fue forjando el proletariado11. Su existencia social se fue consolidando en ese proceso de contraposición a todo lo que el capitalismo y el poder querían imponer en Brasil y en el mundo.

No es que el proletariado deja de existir fuera de esa revuelta. Evidentemente, la contraposición a la propiedad privada es inherente a la misma propiedad privada que caracteriza toda la historia del sistema social capitalista, por lo que se puede decir que la mayoría de los seres humanos son proletarios desde su nacimiento; pero fuera de constituirse en fuerza y en clase social, solo existen como contraposición vital y primaria que manifiesta su existencia local o momentáneamente.

Si aquella contraposición queda adormecida por la ideología dominante, como sucede durante décadas, se puede llegar al pleno apogeo de la democracia (dictadura de la burguesía) porque la inmensa mayoría es transformada en mayoría de buenos ciudadanos, corderitos y defensores de la patria. La dilución del proletariado en la atomización ciudadana es un enorme triunfo de la dominación y opresión capitalistas, que muchas veces dura añares. Fue justamente la ruptura con ese estado lo que  sucedió en Brasil en 2013: el proletariado en su lucha contra el capital y el Estado se constituyó en fuerza.

2.2 ¿El proletariado vive mejor que antes?

La interpretación del porqué del movimiento social ha sido muy variada. La burguesía, sobretodo la fracción gubernamental que sólo atinó a reprimir las protestas, partía de una base clásicamente burguesa según la cual “NO había ninguna razón para la protesta porque la “gente” vive mejor que antes”, para lo cual proporciona una serie de datos económicos diciendo que la miseria se ha reducido, que el salario ha aumentado, que el crédito es más fácil que nunca…., de lo cual deduce que la protesta ha sido fundamentalmente de la clase media que quiere tener cada vez más: “es la clase media que quiere tener todo lo que tienen los más ricos”

Oficialmente, la izquierda burguesa presenta las cosas así (es textual): “Los manifestantes, en su mayoría jóvenes, educados y de clase media, expresan su indignación por el aumento del costo de vida y la mala calidad de los servicios, en momentos en que el país, mundialmente famoso por sus programas sociales que sacaron a millones de la pobreza, registra un decepcionante crecimiento económico y una inflación en alza”. 

Ello muestra tanto la sorpresa de la burguesía frente al movimiento (hace años que los politólogos y sociólogos del poder indican que eso en Brasil nunca podía pasar) porque, como repitieron siempre,  “las masas en ese país no tienen lugar en la historia”. En síntesis, todo el abanico de izquierda que participa en el poder condena al movimiento del proletariado por que no reconoce “todo lo que la sociedad hizo por los pobres (los famosos programas sociales que habrían sacado a los pobres de la pobreza)”.

La mayoría de los intelectuales, los ideólogos de la izquierda burguesa e incluso los sectores de izquierda pretendidamente radicales sostienen la tesis de que en el “Brasil se vive mejor”, que los “salarios reales han aumentado” y otra sarta de disparates.

No pudiendo, ni queriendo, abundar en citas de nuestros enemigos, tomamos como ejemplo el texto “Las PROTESTAS en Brasil y la REPRESENTACIÓN COLECTIVA”, escrito por Bruno Lima Rocha, porque puede ser considerado como una verdadera perla de la burguesía de izquierda.

“Porto Alegre, Goiânia, San Pablo y Río de Janeiro son capitales con algo en común, las protestas sociales. Estos centros metropolitanos están pasando por un momento contradictorio. Por un lado el orgullo en torno a la realización de la copa del mundo abre precedentes para los discursos modernizadores, y de cajón para la asunción de discursos de valoración urbana, que afianzan los derechos de la ciudad. Por otro, las protestas recientes contra el aumento de los pasajes de autobús revela un sector de la población consciente de estos derechos y queriendo subordinar los contratos con las empresas concesionarias al poder otorgante. Considerando que la escalada de movilizaciones no estaba prevista en la víspera de la Copa de Confederaciones de fútbol, los gestores de estos municipios –y los respectivos gobiernos estatales– acabaron endureciendo el brazo represor. La última década fue de profunda transformación en la sociedad brasilera.

Se vive mejor, tenemos consumo accesible –casi suntuoso– oferta masiva de créditos y visibles avances materiales en las condiciones de vida. La versión nada agradable de este avance es el cogobierno entre casi todas las fuerzas políticas, saliendo victorioso ideológicamente el Consenso de Brasilia, como es referido en la literatura política y de relaciones internacionales, la suma de ortodoxia macroeconómica con el peso puesto en la generación de empleo directo y el fortalecimiento del mercado interno”.

TRANSPORTE DE RICOS
TRANSPORTE DE POBRES

Los burgueses de Brasil son más ostentosos que lo que imaginamos en otras partes. Los brasileros saben que los burgueses viajan en helicóptero. Brasil posee una de las mayores flotas de aviación ejecutiva del mundo. Desde que gobierna el PT, la flota de helicópteros creció un 58,6 por ciento, según la Asociación Brasileña de Aviación General (ABAG).
Si se entiende bien, que a la izquierda francesa se le llame “izquierda caviar”, porque se esconde para sus placeres demasiado adinerados, a la izquierda brasilera, debiéramos llamarla “izquierda helicóptero”, porque le encanta exibir su opulencia para afirmarse como parte de la clase superior. Cuanto más gasta en helicóptero más se siente realizada.
São Paulo tiene 272 helipuertos y más de 650 helicópteros ejecutivos que realizan alrededor de 400 vuelos diarios. Muchos más que ciudades como Tokio y New York. “Actualmente la capital paulista es la única ciudad del mundo que posee un control de tráfico aéreo exclusivo para helicópteros”, dice la ABAG.
El odio de clase se acumula en ese mismo estado, en donde, en contraste, los proletarios ponen unas dos horas para ir a trabajar en ómnibus tupidos, caros y degradados que además quedan estancados en el tráfico congestionado.

 

La mentira es gigantesca, pero en vez de insultar a este agente del estado (¡porque merece mucho más que eso!) intentemos desmontar, por partes, ese gigantesco mito:

- Primero que nada, es una afirmación idealista que, aunque fuera repetida por todos los medios de derecha e izquierda, no resiste a la más mínima confrontación con la realidad.

- Por ejemplo no es aplicable a los expulsados de sus casas por los grandes progresos inmobiliarios y los suntuosos proyectos, no es aplicable a los favelados en general.

- Tampoco es aplicable, porque estos también viven cada vez peor, a quienes los han echado de la tierra, ni a quienes están directamente afectados por los agrotóxicos, por las plantaciones de caña, por los cultivos de soja, trigo…, por la seca en los ríos o la contaminación de los mismos…, lo que implica tanta gente que, aunque siempre se puede discutir su número, supera o superará la mitad de la población.

- Pero volviendo a la ciudad, contra esas apologías del poder, lo primero que denunció el movimiento es que no es aplicable a todos aquellos que tienen que tomar un transporte urbano o semiurbano todos los días, porque su relación calidad precio siguió empeorándose en las últimas décadas hasta ser de los peores y más caros del mundo (¡brutal aumento de la tasa de ganancia en el sector a costa de quienes lo utilizan!). Brasil es un record mundial según la propia Folha de Sao Paulo: mientras un habitante de Rio necesita trabajar 13 minutos para pagar un pasaje y un paulista 14 minutos, en Buenos Aires sólo se tiene que trabajar un minuto y medio, diez veces menos. En Pekín el pasaje equivale a 3 minutos y medio de trabajo, en París, New York y Madrid seis minutos, en Tokio y Santiago de Chile nueve minutos y en Londres 11 minutos.12

- El movimiento mismo denunció que tampoco “viven mejor” quienes dependen del sector salud pública o quienes reciben enseñanza del Estado, el movimiento del proletariado denunció, con todas sus fuerzas, que: ¡los suntuosos gastos del Estado no habían beneficiado a esos sectores sino a las grandes obras edilicias en preparación de los mundiales y los otros acontecimientos!

O sea que se puede verificar que es totalmente falso que todos y cada uno de estos “sectores”, o segmentos de la población, vivan mejor que antes. Como es obvio, además, la “mayoría” de la población se encuentra en más de uno de estos segmentos, porque por ejemplo usa el transporte público y sufre el deterioro del sistema de salud pública. Por eso cuando se empezó a desarrollar el asociacionismo proletario de protesta, los casilleros de contención establecidos por sindicatos y partidos, que tienden a separar quien es afectado por el transporte de quien es desalojado de la favela o de quien se reprimido, estalló en pedazos; el movimiento por el pase libre asumió la denuncia de la preparación del mundial y los resistentes a los desalojos también peleaban contra la contaminación y todos se vieron obligados a luchar contra las represiones.

 ¡La inmensa mayoría es perseguida, reprimida y lucha porque vive objetivamente el deterioro de la salud, de la enseñanza, de la alimentación, del transporte!

¡Esa mentira de que se vive cada vez mejor, no puede hacerse pasar ante quienes están gritando lo contrario en la calle, sólo existe en el mundo de la ideología, de la televisión… y funciona más que nada para la “exportación”13!

La mentira de que “se vive mejor que antes” queda todavía más al desnudo si hablamos justamente de lo que se habla demasiado poco, aunque se padezca muchísimo: la cuestión de la alimentación y, si desmitificamos, la cuestión del salario real.

2.3 El mito del aumento del salario real

La tesis de que “se vive mejor que antes “ es insostenible. Sin embargo, durante décadas, la izquierda (y no debiéramos olvidar que en Brasil el poder es dirigido por la izquierda lulista, aunque en el mismo colabore todo el espectro político), tomó como criterio el salario real, y hoy periodistas, sociólogos, economistas y toda la fauna ideológica dominante desarrolla el mito de la mejora a partir del salario real.

Dicen que el salario real se había mantenido estancado o en retroceso desde tiempos inmemoriales y que, “gracias a los gobiernos de izquierda”, el salario real ha aumentado. La cosa es muy simplista, se dice que “la gente compra cada vez más cosas”, el poder de compra ha mejorado.

Ni siquiera nos interesa saber si tal dato es o no cierto (¡son capaces de cualquier cosa en términos de manipulación estadística!), porque la gran mentira está en otra parte, e intuitivamente el proletariado en lucha lo sabe perfectamente: aunque las cosas que se puedan comprar sean en cantidad igual o más que antes, lo que se compra es cada vez más porquería. Esto es lo esencial para la vida humana, cada vez es peor. Lo otro, la cantidad de cosas, el consumo desmesurado de cantidad de cosas absurdas y espejitos de colores no sólo no mejora como se vive, sino que va deteriorando profundamente la vida misma.

No debemos olvidar que mientras para el capital todo es cuestión de cantidad (su perpetua búsqueda y movimiento es el aumento cuantitativo del valor que les permita seguir aumentando su capital), para el proletariado todo es cuestión de calidad. El capital compra mercancía sólo para obtener más dinero (D M D’), mientras que los proletarios venden su mercancía (fuerza de trabajo) para obtener una mercancía cualitativamente diferente (M D M’), que es precisamente medio de vida. El movimiento de compra venta obedece a razones diametralmente opuestas, el capital sólo compra para mejorar en cantidad, el proletariado sólo vende para cambiar de calidad. Mientras el objetivo de la compra y venta para el capital es obtener una cantidad de capital mayor, el proletariado sólo vende su fuerza de trabajo porque sólo así puede procurarse medios de vida, que por su propia esencia son cualitativamente diferentes de su fuerza de trabajo. O dicho de otra manera, para el burgués la cosa es sólo mediación entre dos cantidades y el verdadero objetivo es la cantidad mayor; para los proletarios el dinero es sólo mediación y el verdadero objetivo del cambio son las cosas14 para vivir. Como en esta sociedad no predomina el ser humano sino el capital, quien manda es la cantidad sobre la calidad, quien dirige el mundo es el valor valorizándose lo más posible, aunque deteriore toda la calidad de todo lo que necesita el ser humano. La dictadura del capital es dictadura del valor sobre el valor de uso, dictadura de la cantidad de valor sobre el contenido cualitativo y útil al ser humano de todos los objetos. Cuanto más gana el mundo del valor más se va deteriorando la calidad de todos los valores de uso humano.

Volvamos ahora a la cuestión del supuesto aumento del salario. Primero, la diferencia entre el salario nominal y el real. Si en un país, en donde hay 100 por ciento de inflación, nos aumentan el salario en 50 por ciento, es evidente que el salario real pierde (simplificando un poco) un 50 por ciento. Es decir que el salario real es sinónimo del poder de compra y más precisamente del poder del salario en comprar las cosas necesarias al consumo de los asalariados. Evidentemente que es importante que ese poder de compra aumente para mejorar el nivel de vida de la gente.

Pero contrariamente a la mentira de todos y cada uno de los profesionales de la desinformación (políticos, universitarios, científicos, sindicalistas…) el poder de compra de cosas puede aumentar y, sin embargo, disminuir el valor de las mismas y por eso disminuir la cantidad que va para el salario en relación a la que va para la plusvalía. La disminución del valor unitario de todo lo que utiliza para vivir el proletariado tiene, como resultado inmediato, una disminución del salario relativo y un aumento de la tasa de explotación y por ello de la tasa de ganancia del capital.

Esto sucedió en Brasil, como en todo el mundo, en las últimas dos décadas. Todos los valores unitarios disminuyeron, porque todo se produce con menos trabajo, (aumento de la productividad del trabajo), porque, más brutalmente dicho, todo se hace de la forma más apurada posible. Pero como hoy ya nadie habla de explotación, ni de tasa de explotación (plusvalía dividida por los salarios) ese elemento “cuantitativo” queda escondido, como también queda escondido el hecho de que lo que se consume es “cualitativamente” peor. La falsificación generalizada consiste en que la izquierda y los marxistas, que antes tenían al menos la vergüenza de hablar de tasa de explotación, sólo se preocupan hoy de convencer de que “se vive cada vez mejor en el Brasil”, porque se compran más cosas, pero se está ocultando que esas cosas representan cada vez menos valor, menor proporción en relación a lo que se apropian los capitalistas, y ni que hablar que una calidad cada vez peor.

Es verdad que al proletariado (por su propia esencia) se le escapa un poco el aspecto cuantitativo de la cosa, siente que los productos que consume para reproducirse dan cada vez menos trabajo que antes, pero tiene poca idea de que esto es lo que aumenta más y más la explotación capitalista.

Sin embargo no se le puede ocultar el carácter cualitativo, todos constatamos que lo que consumimos para subsistir disminuye en calidad, disminuye en duración, disminuye en fiabilidad. Todo se rompe, todo anda mal, cualquier artículo incluye su obsolescencia programada y todo lo que se vende no son más que espejitos de colores cuya ilusión de poseerlo y de usarlo es cada vez más corta.

En la alimentación, esto se traduce en que ya no se come comida, sino “fast food”, que ya el pan no es pan…sino puro producto químico, que el pollo ya no es como antes sino un puro veneno..., que el pescado ya no se pesca sino que se “cultiva” y “vive”, desde que nace, en verdaderos campos de concentración, que se lo alimenta con veneno, con productos químicos, antibióticos… y que por lo tanto es altamente tóxico para el ser humano15 Efectivamente, el abaratamiento generalizado de los productos con lo que la burguesía tanto jode, porque propagandea las supuestas mejoras y con lo que apuesta a la duración de su sistema social, es el resultado de una disminución generalizada de la calidad. Ya no se come algo sano, sino veneno. El pan, los cereales, las verduras, las frutas, las carnes…, son cada vez más baratas porque tienen cada vez más veneno incorporado, más agrotóxicos, más químico, más porquería y todo eso en nombre de la “productividad”16 

Al mismo tiempo, esos engendros con agrotóxicos, hormonas, manipulación genética…se mezclan y procrean con lo que todavía queda de natural (ejemplo el salmón de encierro y alimentado con tóxicos, durante decenas de generaciones, procrea con el que no lo es y luego a sus engendros le salen los mismos “defectos” genéticos que aquel) o directamente contaminan con las pestes propias al universo concentracional (la concentración en un espacio tan reducido aumenta los niveles de todas las enfermedades) a zonas enteras de los mares y océanos. El triste ejemplo del Sur de Chile es emblemático.

La propaganda burguesa de todos los partidos toma ese aumento de las cosas consumibles por todos como si fuera un verdadero triunfo y progreso de la humanidad, cuando en realidad es la prueba irrefutable de que toda la economía está dirigida por la dictadura del capital, que condena a la humanidad a subsistir en condiciones cada vez más penibles de consumo tóxico y liquidación de elementos sanos para nutrirse. ¿Quién vive mejor que antes? ¿el favelado de Rio? ¿o el obrero de Sao Paulo?

Si, el famoso “pollo” brasilero es cada vez más porquería y menos pollo. Como lo hemos dicho en muchas publicaciones anteriores, hoy lleva 10, 20 , 30 … veces menos tiempo producirlo que el que se producía hace 50 años, pero ese “pollo” no es más que una bolsa de plástico, conteniendo productos químicos de diversos tipos, con los que hay que alimentarse.

El envenenamiento generalizado es la otra cara del aumento de la productividad y de la ganancia del capital. El aumento del salario real es en realidad una disminución del salario relativo y la cobertura de una deterioración generalizada de todos los artículos de consumo de la fuerza de trabajo y del envenenamiento de la tierra, el agua, el aire…

Aunque en Brasil los proletarios consuman más cosas que antes, consumen mucho menos valor que antes; la fuerza de trabajo en Brasil (como en todas partes) no se ha encarecido sino que se ha abaratado en relación al capital.

Toda la propaganda sobre el aumento del salario real y de que “vivimos mejor” esconde que, en realidad, cada vez se consumen más porquerías, que cada vez se envenena más la población y que ese progreso del capital, que tanto propagandean los progresistas de todo pelo y color, está condenando a la humanidad a un padecimiento cada vez más grave.

Una variante, dentro de esta ideología, es la ilusión de que los más pobres (dentro de los pobres) han mejorado mucho, que en Brasil ya no hay tantos pobres como antes. Los famosos planes sociales del Brasil, como de todos los otros gobiernos de izquierda y populistas (incluidos los “bolivarianos” o los del “socialismo del siglo XXI”) que “objetivamente” mejoran la vida de los pobres, se basan en esa misma ilusión que genera el que los pobres tengan “más objetos”, aunque, como es evidente, sigan muriendo cada vez más masivamente por enfermedades creadas por causa del consumo de esos mismos “objetos” o por inhalación de gases tóxicos o por problemas de ausencia de agua potable.

 

Esos planes “contra el hambre” o “contra la pobreza” no son más que formas modernas de caridad pública y como tales buscan que la miseria siga siendo miseria y que no se transforme en subversiva. Además dichos planes son directamente concebidos, organizados e impuestos por las necesidades de la policía y están diseñados, en todo el mundo, por los organismos contrainsurreccionales del Estado mundial. Desde el Pentágono, a las policías militarizadas de cada país, han ampliado sus objetivos subrayando que ya no alcanza con actuar sólo reprimiendo y han instaurado centros de ayuda alimentaria, policlínicas, centros de asistencia social, etc.

Las supuestas mejoras en la vida de las favelas, o en general de los barrios pobres o de los suburbios, no son otra cosa que esos espejitos de colores que esconden mal la toxicidad de esos mismos espejitos y que no pueden ocultar, en absoluto, que se trata de aumentar los controles, la presencia policial y militar en su propio seno.

 3. Elementos de balance y perspectiva

3.1 Asociacionismo proletario y contrarrevolución

Como en todas las revueltas históricas, el proletariado en Brasil se fue forjando como fuerza en base a asociaciones: favelados en resistencia, grupos de estudiantes, organizaciones barriales, estructuras contra las expulsiones y desalojos, movimientos contra el aumento de los precios (transporte, salud, educación…), luchas de indígenas y quilombolas, agrupaciones contra la Copa o similares….

Pero es una ilusión imaginarse esos organismos como estructuras sin la presencia de la burguesía y de la contrarrevolución, o peor todavía como verdaderas estructuras de unificación revolucionaria que pudiera llevar adelante el proceso de destrucción de la sociedad burguesa. En todos los casos, se trata de organizaciones de acción inmediata y directa en las cuales, a pesar de la unificación producida por las necesidades inmediatas del proletariado, se reproducen todos los elementos de la ideología dominante, y no es de extrañar que quienes aparezcan como los lideres o representantes de esas estructuras sean los que más se amoldan a estas ideologías, cuando no son directamente (como en la gran mayoría de los casos) representantes importantes de la ideología burguesa dominante.

Está lleno de ejemplos de este tipo, en el cual quienes aparecen como “representantes oficiales” son conocidos sindicalistas o políticos profesionales o hasta militantes más o menos conocidos de partidos gubernamentales, cuya función es digitar el movimiento de la calle para canalizarlo y liquidar sus pretensiones radicales, haciéndolo servir para diferentes reformas necesarias a la renovación del poder. Nunca debemos olvidar que en este nivel de asociacionismo, la verdadera elección de los representantes públicos no la realizan quienes luchan en la calle y en la acción directa conspirativa y clandestina, sino los personajes que los medios de difusión consideran más adecuados para sus intereses, que objetivamente son siempre contrarios al movimiento17.

O dicho de otra manera, aunque el asociacionismo sea proletario por su programa real y práctico y su propia acción contra el capitalismo; todos los mecanismo del sistema democrático (dictadura del capital) convergen para que quienes sean cooptados como representantes oficiales sean los que representan la adaptación del movimiento con el espectáculo (televisado, filmado, que se difunde en los grandes medios de prensa…) y más claramente todavía quienes mejor representan el control político (burgués) del movimiento social (proletario). Contrariamente al mito del asambleísmo y del democratismo, queremos afirmar que el voto y las asambleas democráticas no garantizan absolutamente nada del programa revolucionario. El asambleísmo y el consejismo son grandes mitos burgueses: esos sistemas lo que garantizan no es la lucha revolucionaria sino la popularidad de los elegidos.

Justamente, cuanto más radical, y cuestionador de toda la sociedad actual, es el movimiento del proletariado y menos está ligado a tal o cual representante o líder, más la burguesía se preocupará en encontrar un jefe o dirigente o representante. Cuando no lo hay, la burguesía lo inventa, lo coopta, lo define.

Los periodistas, los milicos inteligentes, los sociólogos y políticos del capital se dedican a esa cooptación democrática: hay que imponerle al movimiento sus representantes, su programa, sus reformismos. Les molesta enormemente que el movimiento manifieste su fuerza sin que tenga “reivindicaciones positivas”, “sin que esté lo suficientemente politizado”, sin que se sepa quiénes son sus “jefes y dirigentes”. E invariantemente, todos los agentes del Estado se encargarán de definir los jefes, de “politizar” las reivindicaciones “inmediatistas” de los luchadores sociales, de atribuirle jefes, representantes, dirigentes al movimiento.

El “movimiento por el pase libre” (de ahora en adelante MPL) fue, durante años, el más emblemático y cumple un papel fundamental en la generalización del movimiento a todo el Brasil en junio/julio 2013. Algunos sitúan el surgimiento del mismo hace unos cuantos años, en el norte del país, otros en el Sur…; pero  recién se hace realmente potente, a nivel de todo el país, con la generalización de la lucha contra los últimos aumentos del precio del transporte público en Sao Paulo y Rio, durante el 2013. Desde ese mismo momento, resulta visible que, en nombre del mismo, se busca frenar y canalizar el movimiento en función de los deseos del poder. Entremos de lleno en el desarrollo de esta contradicción.

En cuanto a las razones de su rápido desarrollo, citemos a Bruno Lima Rocha “Nada es más universal que el transporte colectivo en metrópolis totalmente congestionadas por la expansión del automóvil individual. Al enfrentar los márgenes de lucro de las concesionarias de autobús, los manifestantes afirman que el derecho de movilidad debe subordinar a los intereses empresariales del sector. Como casi siempre, cualquier Poder Ejecutivo está del lado de los empresarios, alegando el riesgo sistémico o la quiebra de ese sector de la economía. De ahí que apelar a la represión desenfrenada es siempre una opción. El nivel de violencia es el reflejo de lo que escogen los ejecutivos municipales. Considerando que el control urbano aumenta en períodos de grandes eventos deportivos, se concluye que los episodios como éstos tenderán a repetirse”

Por lo que el asociacionismo proletario, contra las deficientes condiciones del transporte (autobuses cada vez más desgastados, que se rompen a menudo y que demoran cada vez más tiempo en hacer el mismo trayecto) y contra el aumento de los precios del mismo, al enfrentar directamente la ganancia capitalista protegida por la izquierda y la derecha del capitalismo, unificada a diferentes niveles (Estados, Municipios…), estuvo desde el principio forzado a asumir la organización de niveles “naturales” de radicalización y violencia impuestas por la sociedad. “Pase libre” quiere decir en concreto no pague, salte el molinillo y contiene, desde el inicio, una contraposición con la rentabilidad capitalista y las decisiones de los municipios y los gobiernos estatales.  La violencia no es posterior ni aparece después; las estructuras locales del movimiento por el pase libre surgen en ese tipo de acción elemental, aunque luego se radicalizaron y organizaron formas de respuesta y sabotaje de mayor alcance contra las empresas de transporte y quienes las defendían (los diversos cuerpos represivos, los municipios y gobiernos). No podemos detenernos aquí en las experiencias locales al respecto; pero en todas, la organización consecuente por el pase libre implicó niveles de organización y lucha relativamente importantes. En una primera fase no hubo proyectos generales, ni plan, y en las primeras luchas (Salvador 2003…, Florianópolis 2004 y 2005…) el MPL se define directamente en y para la lucha. Cuando se formula y se escribe algo es, en todos los casos, para insistir en la lucha por la gratuidad del transporte colectivo en todo el país (para los sectores más vulnerables o para todos, según las versiones), en el carácter social del movimiento, en la autonomía y rechazo de la política de todos los partidos, así como en la declaración expresa de que no existen, en ese movimiento, ni representantes, ni dirigentes.

POR EL PASE LIBRE

 

En el Salvador en 2003, el movimiento arranca diciendo NO al aumento del precio del transporte a 1,50 reales y hasta 1,80 (precio que habían pedido los patrones)18. La primera reacción es subir al autobús y no pagar, saltar el torniquete o molinete. Poco a poco la práctica del no pago se hace más general, se hace propaganda por la misma y se utilizan volantes y videos para llamar a “saltar el torniquete o molinete o catraca.” La lucha se radicaliza cuando miles de proletarios (“estudiantes” dice la prensa, las imágenes muestran sobretodo mucha gente pobre y como siempre con predominancia de jóvenes19) salen a la calle a realizar cortes y gritar su bronca. Sus consignas son “no al aumento”; “las tarifas aumentando es la barriga del pueblo roncando; diga NO a eso”. Desde el principio, el movimiento de lucha se ve confrontado con pretendidos “representantes estudiantiles”, principalmente de la oficialista Unión Nacional de Estudiantes que hablan en la televisión en nombre del mismo. El antagonismo se vuelve total cuando los supuestos representantes, desde los medios oficiales y principalmente por la televisión, llaman a abandonar las calles anunciando que el movimiento ya cumplió sus objetivos, mientras que las masas proletarias de las periferia de Salvador se afirman en la lucha. Las consignas se radicalizan: “TV Bahía mentira todo el día”, “hijos de puta”, “todos para la calle, la lucha continúa (esto en portugués rima: “rua” con “continúa”)”, “aquí nadie es barón o pase libre o paramos el ómnibus” (que también rima en bahiano:“Aqui ninguém é barão. Ou passe livre, ou paramos o buzão”). El proletariado sigue en la calle volanteando, gritando contra los aumentos, por el “ómnibus gratuito” (¡desde aquí ya empieza a generalizarse  la consigna “pase libre”) y bloqueando rutas, calles, puentes, accesos con sus cuerpos o con objetos de todo tipo (contenedores de basura, baldosas, bloques de hormigón…). ¡Es la revuelta de Buzú20 (¡es la primera luego habrá otras en 2004, 2005, 2006, 2007, 2011, 2013!)! Contra quienes habían oficialmente declarado el fin de la protesta, se boicotea la televisión oficial, se ocupan autobuses y se impone la gratuidad: llamando a la población por la acción y por medio de panfletos a hacer uso de esa posibilidad. La gratuidad es posible, en todos lados y depende de la relación de fuerza. El movimiento llega incluso a “invadir el desfile” oficial y militar por los festejos de la Independencia, en donde se destaca y denuncia la brutalidad de la policía militar. Ahora ya con las consignas por pase libre se proyecta la generalización a todo el país: los manifestantes gritan:

“uno, dos, tres…, cuatro o cinco mil o bajan la tarifa o paramos todo el Brasil”

La revuelta de Buzú supera, desde el inicio, el cuadro estudiantil y también las reivindicaciones iniciales, en el que quieren encerrarlo, y se afirma y se reconoce como una revuelta de clase contra el capital. Ver el trabajo las Tesis sobre la revuelta de Buzu (http://www.laquestionsociale.org/lqs/lqs_3/por_qs3_revoltabuzu.pdf), adonde el título de la tesis 2, sólo a título de ejemplo dice: “La revuelta de Buzú no fue únicamente un movimiento estudiantil, sino social, de clase y radicalizado, todo lo que era posible en esa coyuntura, dentro del cual las exigencias por el transporte catalizaron varias insatisfacciones sociales”. Precisamente por su carácter de clase entraría permanentemente en contradicción con quienes, dialogando con el poder, llamaban a parar la lucha.

Fue con esas contradicciones que se fue forjando el Movimiento por el Pase Libre. Durante los años siguientes ese movimiento se fue desarrollando en un número cada vez más importante de ciudades de Brasil. La reivindicación más general del movimiento, en cuanto al transporte, era el NO al pago, “pasemos libremente” a las buenas o a las malas y naturalmente se asumía la acción directa. Los métodos eran fundamentalmente tres: saltar el molinete y hacer volantes difundiendo como hacerlo, romperlo de una patada (como empiezan a propagandear en todo tipo de afiche y por las redes sociales) o con algún instrumento o herramienta, o si había una situación de fuerzas favorables parar el ómnibus y entrar por adelante. “…una de las estrategias…era parar el ómnibus, entrar en el mismo e intentar hacer que todo el mundo subiese en la Estación Lapa, u otros lugares estratégicos de gran circulación de personas, y entrasen por la puerta de frente del ómnibus (el molinete de control se encuentra atrás en esa ciudad, adelante en otras - NDR). Nosotros hablábamos con el chofer y no dejábamos que nadie pagara el pasaje y todos entraban por adelante…” 21 

 

Sólo cuando la masividad era más general, se paralizaba el tráfico y se hicieron cortes generalizados de rutas y calles en toda una ciudad y región, para imponer una relación de fuerzas contra el poder, que en muchos casos logró resultados inmediatos importantes como la baja de la tarifa o la gratuidad para amplios sectores.

Como todos los movimientos de este tipo, esas contradicciones son evidentemente las viejas contradicciones de clase, que se manifiestan tanto en cuanto a los objetivos del movimiento como sobre los métodos de lucha. Mientras algunos pelean por las necesidades inmediatas (rechazo de todo aumento de tarifa, contra tal empresa, contra tal gobernador y alcalde, gratuidad para estudiantes, para pobres…) y si se quiere históricas (gratuidad total, revolución social, anarquía…) y actúan en consecuencia (saltar y romper los torniquetes, llamados a actuar en pequeños grupos coordinados, pintadas de autobuses, bloqueos de rutas, imposición del no pago concreto por la relación de fuerzas, barricadas, pinchazos, roturas e incendios de autobuses…), otros buscan transformar las necesidades de la gente en meras reformas (oposición a las privatizaciones, llamado a control contable de las empresas o “control obrero”, diálogo con el gobierno para pequeñas bajas de la tarifas…), preconizan como estrategia el reformismo más chato (luchas por que todos los autobuses sean públicos, programa definido luego por la pretendida transformación del MPL en lo que se llama el “Bloque de Luchas”22 y buscan limitar la lucha a “oponerse al neoliberalismo”) y llaman a grandes asambleas y manifestaciones pacíficas en diálogo con el Estado.

EL MOVIMIENTO Y SUS FALSOS REPRESENTANTES


En las asambleas y manifestaciones se denuncia a los partidos y sindicatos que se erigen en falsos representantes del movimiento. Esto es importantísimo porque sería y sigue siendo la característica clave de todo el movimiento asociativo del proletariado brasilero y particularmente del movimiento por el pase libre. Así describen esta contradicción algunos de sus protagonistas:
“La ciudad estaba tomada, o mejor sitiada. ‘LOS ESTUDIANTES PARAN SALVADOR’, ‘LA REVUELTA DEL BUZÚ” eran los titulares de los principales diarios del estado…
Surge, en esas circunstancias, para el prefecto una gran oportunidad. Posibles líderes del movimiento estarían dispuestos a negociar con él. Ello es bueno para él que podría cooptar tales líderes y frenar el movimiento, al mismo tiempo que le permitía hacer pasar una imagen de ser flexible y estar abierto al diálogo. También era bueno para tales líderes que podrían desde entonces disfrutar de una visibilidad que los medios le estaban ofreciendo.
Dese el principio había quedado claro que el movimiento no tenía líderes oficiales, había si un grupo de gremios y estudiantes que colaboraban en las movilizaciones y organizaban las manifestaciones. Los antiguos líderes estudiantiles partidarios y las poco representativas entidades quisieron guiar, por la fuerza, un movimiento que no controlaban. Hicieron todo lo posible para crear la imagen de que eran ellos los representantes de ese movimiento y que podía hablar en nombre del mismo. La idea del espontaneismo los atemorizaba… Pero a tales líderes sólo les interesaba lucirse en la televisión, aparecer en los grandes periódicos, levantar las banderas de sus partidos o de la entidad que se ponía así al frente del movimiento…
(Todo eso provocó) que los estudiantes se indignaran, ya no aceptaran seguir siendo una masa de maniobra. Por lo que continuaron, con sus protestas, obligando al prefecto a ceder en 7 de los 8 puntos que los manifestantes reivindicaban. Sólo le faltaba aceptar la reducción a 1,30 reales. (Fue entonces que) satisfechos con la visibilidad alcanzada y preocupados porque el movimiento seguía que los líderes inician una tentativa de desmovilización. (cómo siempre-NDR) Proclamaron socialmente que ya habíamos conquistado lo que queríamos y que la reducción vendría con futuras negociaciones que ellos continuarían haciendo. Resultado la antipatía (por tales lideres) se hizo revuelta y todos ellos (los tales lideres) fueron rechazados por la masa. Las entidades y partidos pasaron a ser odiados, todo gracias a la irresponsabilidad de esos militantes que prefirieron optar por aferrarse a sus intereses personales y electoreros. En vez de reconocer su error, continuaron batiéndose contra la base estudiantil, aunque algunos de ellos se eclipsaron para no perjudicar todavía más a sus imágenes.
¡Situación paradojal! Cualquier cosa que decían los líderes, las masas hacían algo totalmente diferente.
Los medios actuando maliciosamente trataron de crear la idea de que el movimiento estaba desorganizado y los tales lideres comenzaron a pregonar que la base estudiantil ‘está fuera de control’, que la situación ‘se va a transformar en una tragedia, que ‘la policía saldrá a pegar’, que ‘la opinión pública se tornará contra nosotros’ (es decir se emplea todo el arsenal mentiroso y represivo de siempre para liquidar el movimiento-NDR). El golpe más bajo y pesado fue: ‘vamos a parar temporariamente para reorganizar la lucha” Muchos gremios, nuevos en la lucha, cayeron en este discurso. En pleno auge de las movilizaciones, esta acción de desmovilización logró hacer que el movimiento entrara en reflujo. Hubo resistentes, pero ahora eran una minoría que en los días posteriores fueron reprimidos por la policía.
A pesar de ello una minoría aguerrida y determinada intentó resistir y recuperar la continuidad de aquel movimiento flagelado, sin dejar de creer en aquello por lo que había luchado desde el inicio...Continuó ligada a la lucha de la población, impulsando nuevas discusiones sobre la acción de los movimientos sociales, reoxigenándo los gremios estudiantes, sintiendo en el corazón de cada uno el deseo de volver a asumir una lucha todavía más fuerte, la del PASE LIBRE.”


Fuente: http://www.midiaindependente.org/pt/red/2004/03/275678.shtml

 

Pero como es lógico, en la medida de que otras necesidades humanas comenzaron a expresarse en grandes luchas en todo Brasil (luchas contra los desalojos y contra las preparaciones de las Copas y Olimpíadas…), el MPL adquirió un nuevo desarrollo y fue asumiendo, aquí y allá, todas las otras luchas y reivindicaciones. En las redes sociales, en las asambleas, en las acciones, las fronteras del MPL se estiraron y, en todas partes, hubo acciones radicales que concernían “las otras luchas” que se asumían como el MPL. Desde entonces el movimiento expande también sus firmas, sus propias denominaciones y se habla de organización revolucionaria de todas las luchas, de unificar todas las luchas hasta que no precisamente la parte más radical consolida lo que se llamará luego en algunos Estados como el Bloque de Luchas. En efecto, al generalizar coordinar y radicalizar el movimiento, por el impulso consecuente de minorías proletarias activas y revolucionarias, no se podía evitar tampoco que estuvieran presente, en esa generalización, los infaltables agentes del poder que limitan el movimiento a una cuestión de “privatización”, de “neoliberalismo”…, buscando reprimir la bronca y necesidades del proletariado y someterlo a “luchar” por la utopía reaccionaria de mejorar/humanizar el capitalismo.

En realidad, como vimos en el caso de Salvador, al inicio del movimiento, y como sucedió luego en Rio Grande del Sur en los años siguientes, el asociacionismo no tuvo fronteras en cuanto a razones. En la medida en que el movimiento de lucha contra los precios del transporte se radicalizó  y luchó por el pase libre, contra la represión y se contrapuso a los sindicatos y partidos políticos del Estado, fue asumiendo también las luchas contra las expulsiones en las favelas, las luchas por los afectados por las obras de preparación de la Copa y Olimpíadas, o las luchas por la tierra, por el agua, contra la minería, las contaminaciones, los agrotóxicos… En todo eso está la clave de la generalización; las causas para decir NO y contraponerse al Estado y el capital son infinitas, por lo que el asociacionismo no tuvo ni podía tener fronteras “causales”. La verdadera frontera era de clases y se encontraba entre esas indispensables protestas proletarias que se iban generalizando y el poder del Estado y sus agentes en el movimiento.

 

Además, en la lucha por la generalización contra el enemigo común se concentra la revancha de muchas luchas parciales perdidas, o abandonadas, por una correlación de fuerzas desfavorables, por la misma bestialidad del terror del Estado que aprovecha de ese aislamiento. En cada una de aquellas luchas, en cada sector, en cada ciudad…el proletariado había sentido que no podía ganar si la lucha no era más general, en cada una se había “perdido” (el desalojo, los palos recibidos, el aumento impuesto a pesar de la bronca…) y, si bien en algunas se habían logrado quebrar tal o cual política puntual, la vida era cada vez más catastrófica. Fue por eso que cuando el movimiento por el pase libre se fue generalizando, llegaban al mismo muchas más viejas frustraciones pero también reivindicaciones y fuerzas que luchaban contra el mismo enemigo y desbordaban no sólo los viejos partidos y sindicatos sino también los organizadores formales y burocráticos que se decían representantes del movimiento.

En esos mismos días, las protestas se intensificaban en la propia capital de Brasil y el proletariado casi le arruina la Copa Confederaciones al capital y el Estado. En el propio Estadio Garrincha, la bronca también se expresó y ni la FIFA, ni la propia presidenta pudieron parar los insultos, la denuncia, la abucheada que dio la vuelta al mundo. Desde ese día, hasta el final del campeonato, cada partido fue una batalla generalizada en ciudades cada vez más militarizadas y el tan espectacular futbol pasó a ser el blanco de todas las protestas sociales de la población. Ya no servía como circo y el poder temblaba ante cada instancia, porque para la bronca proletaria generalizada cada instancia era una ocasión más de expresar toda la rabia acumulada.

Pero retomemos, desde el principio, el desarrollo del MPL.  Desde la toma de las calles de Florianópolis, durante semanas, a las primeras tentativas de generalizar a nivel nacional, esas estructuras de base (Plenario Nacional de Porto Alegre en enero del 2005) se insiste en que el Movimiento por el Pase Libre no es una organización determinada sino el movimiento mismo de lucha por la gratuidad del transporte y que “no tenemos presidentes, dirigentes, jefes o secretarios, todos tienen la misma voz y poder dentro de nuestros espacios”.

 

Esto es lo que más le molesta al poder, como lo confiesa la propia prensa burguesa y las fuerzas represivas: La policía también se muestra sorprendida, además de contrariada, por este tipo de movimientos. Un informe del servicio secreto de la Policía Militar, comentado por los medios, señala que “la inexistencia de dirigentes es considerada la peor pesadilla por la policía porque no encuentra objetivos claros” (Folha de São Paulo, 16 de junio de 2013).

En la revueltas de las catracas ( como ya dijimos, torniquetes de control en los autobuses) en Florianópolis, también se había producido esa contradicción entre el movimiento de resistencia a los aumentos de tarifas y por el pase libre y quienes se autodenominan representantes del mismo. La primera revuelta de las catracas, que tiene lugar entre el 28 de junio y el 8 de julio de 2004, se caracterizó por, como su nombre lo indica, saltar las catracas o más sencillamente por la generalización de la patada para romperla, que va transformarse en emblema del Movimiento del Pase Libre, lo que terminó en una generalización de acciones directas de bloqueos y de manifestaciones. En los momentos de mayor densidad de tráfico, los manifestantes bloquearon los puentes que ligan la isla a la parte continental, haciendo totalmente imposible pasar en el horario de mayor movimiento y tránsito a la mayor vía de acceso con los otros barrios y municipios de la Gran Florianópolis, lo que constituyó el broche de oro a un conjunto grande de acciones directas contra el pago del autobús en los días anteriores. En Florianópolis, como la catraca está adelante, se imponía por la fuerza (presión contra el conductor o rotura) la apertura de la puerta de atrás para no pagar el pasaje. Los bloqueos llegaron a ser tan efectivos y generales que todo el “Sistema Integrado de Transporte”, que tanto había defendido el poder, quedó tambaleante y el Estado reculó en toda la línea en las medidas de aumento del pasaje que había decretado.

En la segunda revuelta de las catracas del 2005, la contradicción entre el movimiento y los partidos, sindicatos y supuestos representantes es todavía más clara. Incluso antes de la misma, los militantes consecuentes y agitadores del movimiento por el pase libre denunciaban el hecho de que todos los candidatos a la Prefectura pretendieran pegar carona (subirse al carro: es decir montarse en un movimiento que los cuestiona) del mismo. En efecto, en las elecciones de 2004 todos agarraron alguna banderita del gran movimiento de ese año, entre las cuales se destaca la famosa apertura de las cajas negras de las compañías de transporte (¡evidentemente que se trata de reivindicaciones de simple control obrero de la gestión, es decir burguesas!). A pesar que los candidatos de todos los partidos, los sindicatos, el Prefecto y la oposición anunciaron que el movimiento había triunfado y que se adoptaría tal o cual reformita, el movimiento por el pase libre resultó imparable. Esta vez la represión de la policía militar, contra el movimiento de acción directa y de rotura de catracas, fue todavía más violenta; tratando de paralizar el mismo por el terror para completar aquello de las reformistas. Pero no hubo nada que hacer, la revuelta se radicalizó y los manifestantes (ya nadie habla de buenos y comprensivos “estudiantes” sino de “masas enfurecidas”) tomaron el centro de la ciudad, apedrearon la sede de COTISA (Companhia Operadora de Terminais de Integração S/A) atacaron las sedes bancarias y los grandes comercios e incendiaron la Cámara de Concejales Municipales. ¡Una vez más, todo el poder tuvo que achicarse y anular el aumento de tarifas que había impuesto! La prensa de Florianópolis comenta: “esta segunda gran revuelta reunió mucha más gente y muchos segmentos de la población y también consiguió que la tarifa vuelva a su precio anterior”, aunque por la violencia hubo varios miembros del MPL que resultaron criminalizados y procesados.

En todos los movimientos contra los aumentos de tarifa, que se repitieron desde entonces y hasta 2013, el movimiento se afirmó en la acción directa y denunció expresamente quienes se pretendieron sus representantes.´

 De ahí que haya sido tan caricatural que varios personajes, en la cresta de la ola de 2013, se atribuyeran a sí mismos la representación del MPL y el derecho de dialogar abiertamente con el poder central del Estado brasilero (respondiendo a la llamada de la propia Dilma). Más que una nominación de representantes, se trataba, una vez más, como había ocurrido con toda la historia del MPL, de una fabricación/cooptación de agentes para parar al movimiento.

Lo que pasó luego era de esperarse, como había sucedido en otras partes,  los supuestos representantes llamaron a parar el movimiento, llamaron a abandonar las calles, proclamaran que había que pasar a formas diferentes de protesta, que no se debía atacar a los partidos políticos y, como todo el poder, repitieron el discurso represivo contra las minorías activas del MPL tratándolos de “vándalos”. Es casi invariante este tipo de funcionamiento: el poder coopta, como representantes, a quienes defienden sus intereses; el funcionamiento mismo de la representación democrática crea la ilusión de que esos agentes del poder son los representantes del movimiento.

Luego, cuando desde la presidencia (y luego desde todos los niveles del Estado) Dilma bajó la orden de pasarle la mano por el lomo al movimiento y anunció el “diálogo” con los “jóvenes manifestantes que enriquecen nuestra democracia”, lo que se busca es cooptar para dividir y paralizar. Desde entonces, queda en evidencia que hablan los que se atribuyen (¡y se les atribuye!) la representación del MPL. Desde el inicio, hablan con el mismísimo lenguaje de todo el poder y funcionan como liquidadores abiertos del movimiento. Fue tan descarado y abierto que, desde todas partes y por las redes sociales, se denuncia (como antes se había hecho en muchas otras ciudades de Brasil) a tales representantes como “maniobreros”, “traidores”, “verdaderos infiltrados” en el movimiento. Es el caso de la denuncia que hacen los materiales de Revoluçäo Universal, que presentamos en este mismo número. Nos parece una sana reacción proletaria, que entendemos y saludamos con cariño, aunque no nos parezca correcta su extensión a todo el MPL, en todo Brasil, desde su inicio histórico y menos su interpretación formal que consideraría a todo militante del MPL como “infiltrado”.

Además, aquella tendencia concreta a liquidar el MPL como movimiento de lucha  y su transformación en freno del proletariado, que siempre expresaron algunos de sus dirigentes23, fue fortificada por hechos concretos. Luego de la marcha del 20 de junio en San Pablo, en la que participaron más de 100.000 manifestantes, algunos sujetos, abiertamente ligados a los partidos políticos de la burguesía y al poder del Estado, declaran a la prensa en nombre del MPL que dicho “movimiento decidió suspender la celebración de movilizaciones” justificando dicha medida por el hecho de que la “lucha contra el aumento de los pasajes ya ha logrado su objetivo”. Desde ese momento el MPL aparece, fundamentalmente en Sao Paulo, como una verdadera fuerza de contención real del movimiento; colaborando en todo sentido con el discurso del poder, contra quienes persistían en la lucha, y calificando a las minorías activas, como la policía y las otras fuerzas políticas e ideológicas, de “vándalos”. Personajes como Lucas Monteiro, Rafael Siqueira y otros, van incluso más lejos, denunciando alguno de los aspectos más fuertes del movimiento, a saber la denuncia y lucha contra los partidos políticos gubernamentales (PT y PSDB), la quema de banderas y pancartas de los mismos. Dichos sujetos explicarán, en la televisión oficial, que “el MPL es apartidario, pero no antipartidario”  y se hablará de que se hace el “juego de la derecha”, lo que evidentemente suscita la simpatía del Estado y toda la contrarrevolución. ¡Desde el principio el poder agita el espectro de la derecha y del fascismo como los provocadores del movimiento!

La contradicción entre aquellos llamados del MPL a la lucha, a la calle, a la acción directa y el entreguismo y colaboración policial de los tales “representantes oficiales”, que son los que hablan por televisión, hace que se hable de una “nueva generación de dirigentes del MPL”. Esta es, por ejemplo, la biografía política oficial, que aparece en internet, de Matheus Nordon Preis: Es estudiante de Ciencias Sociales de la USP (Universidad de Sao Paulo) e integrante de la segunda generación del MPL. Negociador recurrente del MPL junto a la Policía Militar, auxilió, en las protestas recientes, informando sobre los trayectos que las mismas tomaban a la Policía Militar de Sao Paulo. El 24 de junio de  2013, fue uno de los integrantes del MPL recibidos por la presidente Dilma Rousseff en el Palácio do Planalto, en Brasília (DF). ¡Cómo se puede constatar, ni se esconde el carácter milico de este tipo de agentes del poder! Nada más normal que, en muchas partes, el proletariado en lucha identificara esas expresiones del MPL como infiltrados y agentes del Estado.

3.2 Sindicalismo, partidos políticos y ruptura revolucionaria

Esa táctica, de ponerse al frente de un movimiento simulando que lo dirigen, fue la línea general adoptada por los partidos y sindicatos del poder, así como por todos sus apoyadores críticos. Desde el principio, circularon llamados convergentes desde los sindicatos y partidos el poder:

- a sus propias bases, a meterse en el movimiento para “politizarlo”; en realidad para controlarlo

- a denigrar al movimiento por ser apolítico; acusándolo de servir a la derecha

- a descalificar el movimiento; diciendo que no es lo suficientemente proletario porque los sindicatos y los trabajadores no pararon

En cada una de estas afirmaciones, repetidas hasta el cansancio, por las fuerzas de la burguesía, se encuentra un eje de liquidación estratégico de la autonomía del proletariado, pero el objetivo es el mismo: politizarlo quiere decir controlarlo, no “servir a la derecha” quiere decir someterlo a la politiquería burguesa, hacerlo “más proletario” quiere decir sacarlo de la calle, hacer la apología del trabajo y someterlo al sindicalismo y sus simbólicos paros.

Se trata de impedir que el movimiento se asuma y se radicalice. Se trata, desde el principio, de disciplinar y organizar a sus propias bases y llamarlas al orden para que asuman el papel de control y disciplinamiento del movimiento. Politizarlo es exactamente eso: un llamado a darle prioridad a la estructuras ideológicas sindicales y partidarias, frente al asociacionismo basado en las necesidades sociales.

Para ello se introduce toda esa táctica de oposición entre derecha e izquierda, entre el neoliberalismo y los otros, entre la socialdemocracia y los estalinistas o cualquier otra ideología contrarrevolucionaria, frente a un movimiento que en general está mucho más lejos: el movimiento ya había comprendido que derecha e izquierda son la misma mierda y estaba peleando en la calle contra todo el abanico político y refirmándose, al mismo tiempo, como movimiento social contra toda la política de todos los partidos.

En realidad, la burguesía queda muy consternada por esa falta de “politización”: El problema –para quien escoja la vía electoral– es que la mayor parte de los activistas que ocupan las calles de capitales y ciudades de mediano tamaño del país, repudian esta forma de capital político. Luego, llevar banderas rojas o amarillas, asociadas a una sigla electoral, es hoy una actividad mal vista.

Delante de este universo de actitudes políticas, es casi inevitable el ataque a los símbolos de los poderes constituidos, sean estos estatales o privados. El avance de este movimiento puede solidificar otra forma de hacer política en el país”24

El punto nodal de esa táctica de politización es, evidentemente, su negación del proletariado como clase, definiéndose en la calle, a lo que se le contrapone un proletariado idílico (para la burguesía): el trabajador. No podemos olvidar el componente ideológico de todos los partidos gubernamentales que han llegado hasta ahí haciendo la apología del trabajo y del trabajador sindicalizado. ¡El partido del trabajo y la socialdemocracia en Brasil, y en todas partes, siempre han confluido en la apología del trabajo!

¡El proletariado en la lucha está cuestionando hasta eso! Realmente no puede ser, dicen los partidos del poder, y por eso movilizan a sus huestes para mostrar que ellos, “los trabajadores”, también están presentes. Cuando los sindicatos llaman a un día “Nacional de Huelga y protesta”, es una caricatura de lucha para correr al movimiento de atrás y tratar de pararlo. Es contra eso que el movimiento se ha ido forjando y organizando, tratando de contraponerle verdaderas asociaciones de proletarios organizados fuera y contra los aparatos del estado.

Como dice un volante firmado EMANCIPACIÓN PROLETARIA: “En el día Nacional de Huelgas y Protestas convocado para el día 11 de julio, los sindicatos y partidos que nos controlan actúan como una especie de válvula de seguridad para evitar que salte por los aires una realidad social que es hoy una verdadera olla de presión pronta a explotar. Nada funciona en esta sociedad, y no va ser un solo día de protesta que va a cambiar eso. Los sindicatos tienen como objetivo presentarnos estas protestas, de falsa oposición al sistema, como una verdadera respuesta a la situación actual. Pero todo lo que en este día se parezca a una huelga de verdad, vendrá únicamente de los trabajadores que se niegan a seguir el rebaño sindical. (ver el recuadro)

Visto desde fuera del Brasil, parece exagerado lo que describimos en este capítulo y algunos compañeros, que leyeron el borrador de este artículo, piensan que es exagerada esta descripción. ¿Cómo alguien puede negar que era el proletariado que está en la calle? ¿Cómo se puede pretender que se llama a una huelga obrera para parar el movimiento?¿Cómo se puede decir que el movimiento le hace el juego a la derecha? ¿Cómo se puede aspirar a liquidar el movimiento?

A los efectos de que quede claro lo que aquí afirmamos, citamos a un personaje importante (dirigente del MST) de la izquierda burguesa, ligado al poder, y que explicita tanto las bases teóricas de lo que aquí se critica como el programa contrarrevolucionario y liquidacionista del movimiento que aquí atribuimos a los partidos y sindicatos de la izquierda. Se trata de las respuestas a un reportaje que da Joao Pedro Stédile “integrante de la directiva del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra”

El propio título del artículo explicita el carácter liquidacionista del movimiento: “Los Indignados de Brasil. Es hora de que el gobierno se alíe con el pueblo: MST” Es todo un programa contrarrevolucionario, el reducir el movimiento a los “indignados”, verdadero chaleco de fuerza contra todos los movimientos25, y llamar al movimiento a aliarse con su enemigo más visible, el Estado y en particular el gobierno.

Extractos de un volante difundido el 10 de julio a propósito del llamado sindical a la huelga general y firmado por Emancipación proletaria

RUPTURA REVOLUCIONARIA CON LA HUELGA SINDICAL
ORGANISÉMONSNOS FUERA Y CONTRA TODOS LOS PATRONES, SUS GOBIERNOS Y SUS APARATOS

…Los acontecimientos de los últimos años, en todo el mundo, muestran que las personas luchan no por lo que saben, sino por lo que necesitan. Es en la propia lucha y no en la prensa, la televisión o la escuela, que la mayoría aprende cuáles son sus intereses y sus verdaderos amigos…El rechazo de los partidos electorales, de los sindicatos y de otros instrumentos del capital, no debe transformarse en un rechazo de nuestra parte por toda organización colectiva. Eso sería un terrible triunfo del capital. Debemos unirnos y luchar unidos contra el capitalismo, romper con todos los aparatos burgueses, patronales, estatales, y salir del individualismo, la comodidad individual o de los intereses mezquinos y sin perspectiva. No existe salida individual o de pequeños grupos. Es preciso unificar más en base a nuestras banderas y no las del enemigo… Los reclamos son solamente los síntomas del capitalismo que es la enfermedad que los hace aparecer o reaparecer. Mientras el mismo exista nunca estaremos seguros. Por lo que nuestro verdadero objetivo debe ser, continuando y como parte de todas las luchas de los trabajadores del pasado, abolir el capitalismo y erigir sobre sus ruinas una sociedad sin clases, sin Estado sin patrones, sin competencia, sin consumismo, sin crímenes, sin corrupción, sin miseria, sin opresión. En último análisis, una verdadera comunidad humana, como la que existió por centenas de miles de años antes del surgimiento de las clases sociales. A esas sociedades algunos dan el nombre de socialismo, otros de comunismo, otros de anarquía. El rótulo no importa. El enemigo, se esfuerza para desmoralizar estos nombres e ideales, que teme mortalmente, asociándolos a situaciones históricas que nada tienen que ver con su significado real. Pero no tenemos otra salida que luchar por aquella, aún más en estos tiempos de crisis ambiental mundial, de crisis económica general, que empuja a la miseria, hasta a los trabajadores de los países ricos, y agrava la pobreza y el endeudamiento en todas partes, en estos tiempos que el capital prepara guerras y catástrofes más prolongadas y destructivas.
Pero, para ello, necesitamos desarrollar asociaciones proletarias libres e independientes; consolidar y reforzar los lazos organizativos que fuimos creando, cristalizar y multiplicar los diferentes niveles de organización exigidos por la lucha, asumir la organización de las diferentes tareas exigidas por la bestia capitalista, incluyendo la organización de la autodefensa contra la represión. No se debe confiar nunca en la legalidad o actuar de forma imprudentemente abierta, en especial en la era… de Internet y cuando las calles están supervigiladas. Sin esto no conseguiremos nada…


¡ORGANICÉMOSNOS FUERA Y CONTRA TODOS LOS PATRONES, SUS GOBIERNOS
Y SUS APARATOS!
¡REFORCEMOS LA UNIDAD DE TODOS LOS PROLETARIOS, EN BASE DE LA ORGANIZACIÓN, LA COORDINACIÓN Y FOCALIZÁNDONOS EN LA LUCHA INTERNACIONAL CONTRA EL CAPITAL!

 

El subtítulo del artículo deja todavía más explícito que se trata de defender el Estado y el gobierno: “La derecha busca desgastar el gobierno de Rousseff”

Luego el Sr. Stedile agrega la tesis dominante: –Es verdad; la clase trabajadora aún no está en las calles. Quienes están en las calles son los hijos de la clase media (sic), los de clase media baja y también algunos jóvenes de los que André Singer llamaría subproletariado (sic), que estudian y trabajan en el sector de los servicios, que vieron mejoradas las condiciones de consumo, pero que además quieren ser oídos. Estos últimos aparecieron en algunas capitales estatales y en las periferias…La reducción de la tarifa del transporte público interesaba mucho a todo el pueblo y ese fue el acierto del Movimiento Pase Libre, que supo convocar movilizaciones en nombre de los intereses más generales. Y el pueblo apoyó esas manifestaciones y eso está expresado en los índices de popularidad de los jóvenes, sobre todo cuando fueron reprimidos. La clase trabajadora (sic) demora en moverse, pero cuando lo hace afecta directamente al capital, lo cual todavía no ha sucedido. Creo que las organizaciones que hacen los enlaces con la clase trabajadora, aún no han comprendido el momento y tienen un comportamiento tímido. Pero la clase, como clase, creo que está dispuesta a luchar. Fíjese que las huelgas por temas reivindicativos salariales ya recuperó la ocurrencia de los 80. Entiendo que se trata de una cuestión de tiempo, para que los enlaces con la clase trabajadora acierten en las banderas que la hagan mover. En los últimos días, se percibe que en algunas ciudades menores y en las periferias de las grandes ya comienzan a haber manifestaciones con banderas de reivindicaciones bien formalizadas (sic). Eso es muy importante.”

En concreto sostiene que:

- el proletariado (aunque le llama “clase trabajadora”) no empezó todavía a moverse, todavía no está en la calle.

- que la movilización es de clase media y del …lumpen…, toda una táctica de descalificación del movimiento mismo (¡se sabe que la clase media es oscilante y que el lumpen no tiene programa!)

- por eso se dice que puede ser utilizado por la derecha y que hay que defender al gobierno

- se concluye que el movimiento no tiene reivindicaciones bien formuladas y que las tendrá gracias a las “organizaciones que hacen los enlaces con la clase trabajadora”, léase los sindicatos y partidos.

Y así sintetiza el Sr Stedile la acción precisa a llevar adelante:

“Primero debemos tener conciencia de la naturaleza de esas manifestaciones e irnos para la calle, a disputar corazones y mentes para politizar esa juventud que no tiene experiencia en la lucha de clases. Segundo, la clase trabajadora precisa movilizar, salir a la calle, manifestarse en las fábricas, campos y construcciones, como diría Geraldo Vandré. Levantar sus demandas, para resolver los problemas concretos de clase desde el punto de vista político y económico. Tercero, precisamos explicarle al pueblo quiénes son sus principales enemigos. Y, ahora son los bancos, las empresas trasnacionales que tomaron cuenta de nuestra economía, los latifundistas del agro negocio y los especuladores”.

Clarito como el agua. Traduzcamos. Primero salir a la calle a ganar la dirección de un movimiento que les pasó por arriba y que pelea contra ellos. Para eso, se precisa “politizar” para que se abandone la radicalidad de la lucha social. Segundo, movilizar los sindicatos y a los trabajadores sumisos para salir a la calle y tratar de imponerse como dirección, transformando las reivindicaciones sociales en reformas políticas y económicas26. Tercero: tergiversar la lucha contra el capitalismo y transformarla en lucha contra los bancos, los monopolios, los latifundistas, el neoliberalismo…, es decir contra una fracción de la burguesía en particular, sin atacar a los fundamentos mismos del capital.

Se confirma, entonces, que todo ese bloque ideológico, que siguen constituyendo variantes secundarias de la socialdemocracia y en general del partido del trabajo, actúa descaradamente contra el movimiento y por su recuperación total por los sindicatos, los partidos y el Estado. 

3.3 Garrotazos contra continuidades

No hay dudas de que un movimiento con tanta masividad no puede continuar por mucho tiempo. Llega un momento en que, a pesar de la impresionante relación de fuerzas que significa millones de proletarios en las calles protestando contra todo lo que hace el capital y el Estado, si el proletariado no pasa al salto de calidad siguiente, imponiendo su solución revolucionaria (destrucción de la dictadura de la tasa de ganancia y organización de la sociedad en base a las necesidades humanas), lo que evidentemente recién ahora comienzan a vislumbrar algunas minorías como la única solución posible, es muy lógico que el movimiento decaiga.

Para ello, que el poder necesita tanto, para respirar de nuevo y reafirmarse, existen todo tipo de garrotazos brutales tanto físicos como ideológicos. Del terrorismo abierto de Estado pasaron a todos los sistemas ideológicos posibles intentando parar el movimiento. Los discursos dadivosos de los miembros del Estado, los llamados a abandonar el movimiento de quienes decían representarlo, los llamados de la Iglesia y particularmente la espectacularización de la venida del Papa,  las promesas de reformas y anuncios de plebiscitos y reformas constitucionales,  fueron otros violentos garrotazos (aunque ideológicos) contra el movimiento. Claro que tampoco pararon el terrorismo de Estado para los más consecuentes, sino que, al contrario, buscaron aislarlos para caerles más violentamente. Frente a los primeros síntomas de reflujo del movimiento,  el poder perfecciona y usa combinación todavía más sutil de palo, religión, circo e ideología, caridad y droga, contra los pobres y las protestas en general.

A pesar de ello, en los meses siguientes y a pesar de todos los garrotazos recibidos, el movimiento continuó (evidentemente que sin mantener la masividad de antes). Resistencias de favelas y luchas contra el modelo productivo minero y agrotóxico, minorías consecuentes haciendo balances y enviando informaciones y discusiones a todas partes, asambleas multitudinarias adonde se discute de todo, grupos mucho más reducidos extrayendo lecciones, manifestaciones masivas y otras minoritarias y con consignas más claras.  La violencia represiva y de resistencia proletaria es el pan de cada día cuando cerramos este número.

En setiembre (y en alguna medida en octubre), se produjo otro sobresalto de generalización a más de 150 ciudades. Fue el 7 de setiembre, día de la Independencia Nacional. Aunque la confrontación entre la protesta proletaria y lo patriótico resulte más objetiva que consciente, porque también se protesta con simbolitos nacionales, no quedó duda del antagonismo de clases entre quienes asistían a los festejos y quienes protestaban.

“La gran novedad de la mañana fue que este año, en algunas ciudades, los desfiles militares habían sido cancelados por miedo a las manifestaciones. En las que fueron celebrados, la asistencia del público fue enormemente menor y fue recortado el tiempo de los desfiles. En Brasilia, se estimaba que acudieran oficialmente 30.000 personas y asistieron sólo 5.000, según la policía. En Sao Paulo, se veían grandes huecos en las tribunas y, por primera vez, en el palco oficial y entre los jóvenes de las escuelas que suelen desfilar con los militares, aparecieron pancartas de protesta y de reivindicaciones27

“En Río de Janeiro, la parada militar vivió momento de gran tensión cuando un grupo de manifestantes consiguió invadirlo. A partir de ese momento se vivieron escenas fellinianas. Fuerzas policiales de todo género fueron convocadas para dispersar a los manifestantes e impedir que continuaran mezclándose con los que desfilaban oficialmente. El desfile, que tenía lugar en la Avenida Getulio Vargas, seguía en una dirección y en la paralela cientos de policías armados con escudos y máscaras de gas desfilaban en la otra dirección dispersando a la gente con una gran profusión de gases lacrimógenos que llegaron a herir a un reportero del diario ‘O estado de Sâo Paulo’, mientras otros que estaban narrando la escena para la TV Globo advertían que dejaban de narrar porque se sentían asfixiar. El contingente de la fuerza de choque corría dispersando a los manifestantes entre una gran humareda de gases mientras sonaban las sirenas de los bomberos que llegaban para socorrer a los heridos. Los gases lacrimógenos alcanzaron a los que asistían en los palcos al desfile militar que empezaron a abandonar el lugar atemorizados, mientras los cuerpos del Ejército seguían desfilando ignorando la confusión creada. Al mismo tiempo, coches de la policía militar se llevaban detenidos a jóvenes que se habían presentado enmascarados, algo que estaba prohibido en varias ciudades, entre ellas en Río de Janeiro. Los coches de la policía se vieron rodeados por los manifestantes mientras a malas penas conseguían hacer entrar a los detenidos que se resistían a hacerlo. Vistas desde lo alto, transmitidas por los helicópteros de las televisiones, las escenas del desfile militar oficial junto con los policías corriendo literalmente detrás de los manifestantes en medio a humaredas de gases, daban la impresión más bien de estar presenciado escenas del teatro del absurdo que hasta despertaban a veces hilaridad de no tratarse de momentos de dura violencia tanto policial como del grupo más extremista de la manifestación formado por el colectivo anarquista de los Black bloc. Las manifestaciones en más de 150 ciudades estaban mientras tanto en curso, cada una con sus características y sus reivindicaciones, unas minoritarias y otras más numerosas...” 28

Fuera de este momento culminante, en donde la protesta otra vez se afirmó en todas las ciudades importantes de Brasil, justamente cuando ya el poder ya contaba con la “finalización de las protestas”, las mismas persistieron.. En los meses siguientes, con menor generalidad, pero no con menor fuerza, se volvió a la calle en muchos lugares y ciudades en todo el Brasil. Eso está indicando claramente que el proletariado sabe, en lo más profundo, que, fuera de tal o tal reforma, de tal o cual anulación del aumento del transporte,  nada importante se ha ganado, que todo sigue igual, que las razones fundamentales de la protesta están absolutamente vigentes, que la lucha entre revolución y contrarrevolución está en la calle.

 

La burguesía también aprendió, y compañeros en diferentes ciudades subrayan que la represión es más brutal que antes, pero más inteligente y selectiva. Ya no se revienta al primero que protesta, porque no dan abasto, sino que los milicos tienen orden expresa de localizar los focos de acción radical e impedirles actuar en las manifestaciones mismas y, más a mediano plazo, han emprendido un amplio programa de fichaje, identificación, que tiene por objeto amedrentar,  amenazar, aterrorizar…a los proletarios más decididos y más conscientes.

Las protestas sociales, y más generalmente la crítica proletaria de la sociedad burguesa, tiene todas las razones para continuar, radicalizarse y sobretodo adquirir más profundidad programática revolucionaria.  Las manifestaciones y protestas violentas siguen reproduciéndose aquí y allá, cuando cerramos este número. Por más garrotazos físicos e ideológicos que el proletariado reciba seguirá en la pelea, no es una opción entre muchas, es la única que le deja la catástrofe de la formación social burguesa.

3.4 Fuerzas y debilidades del proletariado en Brasil

Las fuerzas y debilidades de esa gran lucha del proletariado en Brasil, son evidentemente las mismas que las de todas las grandes revueltas del proletariado en esta fase; una enorme capacidad para rechazar todo lo que el capital y el poder del Estado impone, una incapacidad para transformar eso en fuerza destructora de la sociedad actual y organizadora de la sociedad futura. Es el mismo movimiento que estalla aquí y luego allá, pero que recién se comienza a reconocer como tal: el proletariado en Brasil, al explicitar la identidad de su movimiento con el de Turquía, está empujando en ese sentido y dando una dirección ejemplar a las luchas proletarias de todos los países.

En todo el texto hemos intentado trazar las líneas de fuerza de este extraordinario movimiento del proletariado en Brasil, afirmando su contenido real de clase y su profundidad revolucionaria. Es verdad que no nos detuvimos tanto en las debilidades más importantes del movimiento mismo, expresadas en las ideologías patrióticas (¡triste espectáculo el de las banderitas brasileras que proclaman “orden y progreso” del capital! ¡Y las cantadas del himno nacional por miles de personas!), religiosas, derechistas, izquierdistas…, que limitan, todas, el movimiento a las ideas dominantes, porque lo hemos hecho tantas otras veces analizando movimientos similares y no creemos que en Brasil haya cosas muy diferentes al respecto.   

Queremos, sin embargo, mencionar el carácter excepcional con respecto a la propia historia del proletariado en ese país: es la primera vez, en la historia de ese país, que se produce un movimiento de clase tan general y profundo. Por el propio gigantismo del proletariado en el Brasil  y su importancia relativa continental e internacional, el movimiento en ese país adquiere un significado regional y mundial decisivo.

En las grandes luchas proletarias del pasado que abrazaron a todo el continente sudamericano, la ausencia de un gran movimiento social en Brasil siempre fue considerado, como “el gran ausente” que permanecía dormido. No es que no haya habido luchas históricas importantes en ese país (sí las hubo en el período 17/19 y en la década del 60), sino que, incluso en lo más importante de dichas luchas, el peso social de los proletarios y militantes sociales en lucha abierta era muchísimo menor que en los países en donde hubo movimientos sociales generalizados, como Bolivia, Perú, Argentina, Uruguay, Chile… Esa gran ausencia era explicada por algunos como “producto de la falta de cultura (que se medía a su vez por el analfabetismo)”, y por otros, por el “peso de las religiones”; explicaciones  en donde se confundían las causas con las consecuencias (¿por ejemplo, no sería por la falta de movimiento social que las religiones y sectas tienen tal peso en ese país?; ¿o  no sería que el poco desarrollo del asociacionismo en lucha que había impedido un desarrollo mayor de las publicaciones de los proletarios, el que habría sido causa de la “incultura proletaria?).

Pero más allá de ese análisis y discusiones (entre los brasileros y entre los militantes de otros países), siempre fue considerado como un hecho que, en las décadas del 60/70, el movimiento autónomo del proletariado combativo había sido menos importante que en los otros países de América y que las minorías revolucionarias en Brasil habían sido todavía más minorías que en los otros países. Fue tal vez por eso que Brasil funcionaba también como un sub-imperialismo eficaz, que se sobraba para reprimir a sus propios proletarios y se permitía el lujo de colaborar abiertamente con la represión de los luchadores sociales de todos los países vecinos29. Frente a los movimientos sociales más radicales, el ejército brasilero, en su lucha contra el comunismo y la subversión, amenazó y planificó incluso la invasión de otros países como el pequeño Uruguay.  En ese sentido se hablaba del gigante dormido. Por eso el despertar repentino y totalmente generalizado del proletariado en Brasil en 2013 fue sentido, en todas partes, como “el despertar del gigante”.

En ese despertar de revuelta  en Brasil, están contenidos otros sentimientos que vale la pena subrayar por su brutal contraste con lo que el proletariado soporta a diario en el mundo de opresión y miseria que el sistema mercantil contiene.

Ante la pregunta ¿Qué sentiste en la lucha y las manifestaciones? Estas fueron algunas de las respuestas de los más jóvenes:

-“irreverencia y libertad”

- “alegría y entusiasmo”

- “energía y vida”    

- “sagacidad y osadía”

-“creatividad y sonrisas en la cara” 30

Dichos sentimientos expresados por los proletarios en lucha, y sólo posibles en la ruptura con el cotidiano de explotación y sumisión, entusiasman e iluminan al mundo: llaman a los explotados y oprimidos de otros países cercanos y lejanos a esa misma lucha (como hemos puesto en evidencia en el paralelismo e insistencia en que esa lucha y la de Turquía es un solo movimiento).

Tanto el proletariado como la burguesía saben que es mucho más probable que la generalización de la revolución social proletaria venga de un país como Brasil, que directamente ilumine la llama de todo un continente, que de un país mucho más pequeño. Los ejemplos de cómo la burguesía sintió ese temor abundan, el ejemplo más importante de cómo el proletariado lo sintió fue no sólo las muestras de simpatía y coincidencias, que también llegaron desde Turquía, sino el hecho de que en otros países de la región sudamericana la gente saliera a la calle. En los días más álgidos de la lucha, en varias ciudades de Paraguay, el proletariado manifestó, contra su propia burguesía y su propio Estado, explicitando, al mismo tiempo, que su movimiento era EL MISMO que el que se producía en Brasil.

Pero hubo mucho más, como subrayan los compañeros de Revolución Universal “las protestas y rebeliones, que se iniciaron en junio, encienden el fuego de la lucha en otros lugares: la lucha llegó al Paraguay, Colombia y ahora alcanza Chile y Perú”.  Basta mirar un mapa de América del Sur, para ver que quien dice generalización al continente, dice Brasil; por lo que no es extraño que la llama de la revuelta del proletariado brasilero, tan esperada en todas partes, haya alumbrado y radicalizado las revueltas que ya se estaban produciendo en otras partes. Se prepara así los actos futuros de las revueltas proletarias del continente y del planeta entero. Sin el gigante era imposible que, por ejemplo, se levantaran al mismo tiempo el proletariado en Colombia y en Chile, ahora ya quedó claro que es posible y que el proletariado en Brasil ocupará el lugar central indispensable para hacer posible la generalización continental y planetaria.

 

El problema de la generalización ya no se encuentra en la geografía, sino en el contenido, en el programa, en la constitución del proletariado en clase internacional y la afirmación de una verdadera fuerza destructiva de toda la sociedad capitalista. El problema de la generalización es un problema de teoría y de dirección que rompa con las ideologías que actúan como fuerza de contención de la protesta proletaria encerrándola en la simple protesta y su cooptación por el Estado capitalista bajo la forma de reformas,  elecciones, plebiscitos…. Hoy, cuando ya nadie puede negar la importancia de la protesta, toda la estrategia del poder es justamente esa institucionalización de la misma.

Del otro lado, contra esa institucionalización, estamos quienes gritamos abiertamente que sólo una verdadera revolución social radical puede solucionar los problemas planteados en todas las protestas que se suceden por doquier. Sólo la destrucción social del capitalismo puede parar, en seco, la catástrofe que estamos viviendo.

Revolución social radical, destrucción del capitalismo, requieren mucho más que todas las protestas del mundo. Se necesita coordinación, centralización, afirmación de la revolución social como objetivo, para que esas protestas, en las que el proletariado se vuelve a conformar como clase en contraposición al mundo capitalista, se transformen en potencia destructora de las bases mismas de esta sociedad. ¡Ninguna reforma puede solucionar los problemas de fondo de la humanidad toda; se requiere destruir las bases mismas de la sociedad capitalista!

Concretamente, se requiere ir a la raíz de este modo de producción universal que es el capitalismo y reventarlo, destruirlo, demolerlo, arrancarlo de raíz. Y la raíz del capital es la acumulación de ganancia, el hecho de que el contenido, la forma y el modo de producción del capital sean dirigidos por la dictadura de la ganancia del capital.  Esa dictadura, que no caerá sola, es la que hay que destruir.

 

Toda la dificultad que tiene el proletariado, al respecto, es que tiene la fuerza de cuestionar, de protestar, de hacer recular, de aterrorizar al enemigo y obligarlo a hacer mil reformas; pero todavía no logra afirmar lo que en realidad es su única perspectiva (la única perspectiva de la humanidad): la revolución social destructora de la sociedad burguesa.

No es que las reformas y las otras estupideces, con las que se pretende frenar al movimiento con otros elementos que la fuerza bruta, convenzan realmente. Ni siquiera lo logran. De lo que se trata es que todavía hay miles de ilusiones en que se pueda cambiar al mundo sin revolución, sin imponer un poder contra el poder actual de la ganancia capitalista.

No es que no se sepa que sin imponer nada se obtiene. Casi todas las verdaderas protestas sociales toman las calles por la fuerza, precisamente porque saben que es la única manera de hacerlo. De lo que se trata es de organizar y centralizar dicha fuerza, para que destruya la dictadura universal del dinero, de la tasa de ganancia del capital, que es la que toma todas las decisiones contra la humanidad.

 

No es que se crea que el cuento de la democracia o las elecciones pueda cambiar algo, porque los proletarios en lucha saben que la dictadura que soportan, en su vida de todos los días (la que hambrea, la que hace sufrir, la que contamina el agua, el aire, la comida, la tierra…), no depende de tal o tal gobierno, de tal o cual régimen político…. De lo que se trata es que esa fuerza, que se expresa en las calles,  en las roturas de las catracas, en las asambleas, en los bloqueos …, dirija al mundo entero y destruya la dictadura del dinero. Eso es lo que los revolucionarios han llamado siempre dictadura del proletariado, dictadura revolucionaria y hasta dictadura de la anarquía31.

En resumen, lo que más está faltando es dar el siguiente paso: el salto cualitativo que hará de una fuerza que es capaz de decir NO, de resistir, como hace el proletariado hoy en muchas partes del mundo, pase a ser una fuerza mundial de acción revolucionaria consciente, de DICTADURA DE LOS NECESIDADES HUMANAS CONTRA LA DICTADURA DE LA GANANCIA DEL CAPITAL.

NOTAS:

1 Zibechi: “La revuelta de los 20 centavos”


2 Se trata de los molinetes o torniquetes de los autobuses que no permiten pasar más que una persona a la vez en la medida que paga el precio del transporte. Las revueltas consideraron y denunciaron, con razón, a las catracas como el símbolo de la ganancia capitalista de las empresas de transporte, del empobrecimiento de todos los usuarios del transporte y de la sociedad de control y opresión. Tanto es así que, desde el inicio, el movimiento por el pase libre define su supresión (desde 2004 “revuelta de la catraca” en Florianópolis) como parte de su objetivo para la libertad del transporte y en consignas explícitamente revolucionarias se llama a la abolición de las matracas y fronteras en todo el mundo.


3 En realidad había muchas otras luchas de resistencia proletaria desde tiempo antes que no habían logrado una generalización como la que ahora se producía. La generalización se produce también porque muchas frustraciones y derrotas locales encuentran la fuerza, que no tenían, en los proletarios que salen a la calle en las grandes ciudades. Esto es posible por la unicidad de intereses de los proletarios: se lucha contra el mismo enemigo y cuando éste impone una relación de fuerzas contra la que no se logra seguir avanzando, se espera una mejor oportunidad y se busca tener más fuerza, organizarse, prepararse. Nada es tan espontaneo como parece desde lejos, hay grupos de compañeros consecuentes que organizan y preparan “la próxima” y que en los hechos permiten el nexo entre el presente y el pasado y entre diferentes sectores (o regiones) de proletarios en lucha.


4 “Uno de los más recientes episodios de represión sanguinaria de la que es responsable Dilma Rousseff, la presidente petista, fue la masacre de los indígenas Terena de Mato Grosso do Sul. Se hizo para “recuperar tierras” en beneficio de latifundistas. Y allí actuaron conjuntamente la policía militar del Estado do Mato Grosso do Sul y la policía federal que responde al gobierno nacional, presidido por el Dilma Rousseff y el PT. Ya hace décadas que la burguesía –con el PSDB, primero, y el PT, después, al frente del gobierno federal– impuso una situación política reaccionaria, en la que las luchas han sido brutalmente reprimidas y criminalizados por el Estado, sin que hubiese reacciones políticas de las masas”. Fuente: Declaración de Práxis, integrante de la corriente internacional Socialismo o Barbarie, 21 de junio 2013


5 Las siguientes declaraciones de protagonistas más o menos anónimos, aparecen textuales en esos días en diversos blogs y “redes sociales.”


6 Subrayemos que en esa lucha está contenida la vieja lucha de siempre del proletariado contra todo aumento de la tasa de explotación: se pelea por lo que sirve a los proletarios para reproducirse y que el Estado busca disminuir para utilizar esos fondos como plusvalor, por ejemplo en la represión.

7 Es lo mismo que dice la izquierda burguesa en todas las protestas sociales que están habiendo en el mundo; como ellos no las encuadran las denigran. En realidad, lo que dicen las protestas es muy claro: ¡NO! Esa consigna se encuentra en todas partes y es todo un programa de NEGACIÓN del mundo capitalista, de su ganancia (que pone en riesgo la vida humana) y de su Estado (que asegura la violencia dictatorial de la dictadura del capital).

8 Algunos compañeros con los que discutimos este borrador, nos sugerían responder a la ideología de este tipo de periodista, pero decidimos no hacerlo para que no dispersarnos en ello, dado que sería interminable. Al contrario preferimos dejar esto como testimonio de que aunque tengan una ideología burguesa, pacifista y moralista reconocen tal o cual aspecto del movimiento.


9 No podemos olvidar que la contrainsurrección es planificada centralmente a nivel imperial y que trabajan en la misma decenas de miles de especialistas. En esos días la “Voz de América” declara oficialmente lo siguiente: “Por su parte, el Departamento de Estado de Estados Unidos dijo que siguen de cerca los movimientos sociales en Brasil, y animó a respetar la democracia. “Nuestra posición es clara, ya se trate de Brasil u otros países, las manifestaciones pacíficas son la esencia de la democracia”, dijo el portavoz en funciones del departamento de Estado, Patrick Ventrell a los periodistas. No obstante, la embajada de Estados Unidos en Brasil emitió un comunicado urgiendo a sus ciudadanos a evitar las “protestas y lugares donde se realicen y las grandes aglomeraciones”. “Incluso las protestas o eventos con objetivos pacíficos pueden evolucionar hacia confrontaciones y posiblemente escalar hacia la violencia”, advierte el mensaje.


10 En antagonismo con lo que siempre cantaron los hinchas brasileros “la copa del mundo es nuestra” refiriéndose al triunfo deportivo y la apropiación histórica de la copa por el hecho del triunfo repetido de Brasil en el campeonato del mundo, ahora en contraposición se está gritando que es un negocio de unas multinacionales extranjeras que perjudica a la mayoría de la población. Por eso gritamos “la Copa no es nuestra”.


11 Evidentemente que desde mucho antes hay elementos de ese proceso de determinación y conformación de clase. Su constitución como clase y por lo tanto como partido opuesto al orden burgués es un proceso internacional que pasa por diferentes estados y contradicciones y que no puede considerarse acabado más que con la destrucción misma del capitalismo, las clases sociales y por ello por su propia negación como clase.


12 Por si todo esto fuese poco, cabe agregar que, por razones de rentabilidad de las empresas (¡el argumento de siempre, porque no se puede reconocer que se trata de la dictadura del dinero y la tasa de ganancia de las empresas!), cada vez menos y más vetustos autobuses transportan más gente. Por ejemplo, según revela un informe de O Estado de São Paulo en los últimos ocho años el transporte urbano en São Paulo se ha deteriorado. “La concesión vigente fue asignada durante la gestión de Marta Suplicy (PT) en 2004, desde entonces y hasta 2012, el sistema de transporte colectivo creció de 1.600 a 2.900 millones de pasajeros. Sin embargo, los autobuses en circulación descendieron en ese mismo período de 14.100 unidades a 13.900. La conclusión es obvia: Más gente está siendo transportada pagando un precio más caro en menos ómnibus que hacen menos viajes” (O Estado de São Paulo, 15 de junio de 2013).” En cada unidad viaja un 80 por ciento más de pasajeros”.

13 En ello se expresa bien el interés de la burguesía como clase mundial. Aunque la masa de explotados y oprimidos esté peleando contra el capital y el poder, y es muy difícil convencerlos de que no es así, de que en realidad “no tienen ninguna razón para hacerlo”, siempre está bien enviar un mensaje, falsificando y deformando lo que está pasando en Brasil, para que, quienes tienen en otros puntos del globo las mismas causas y razones para salir a la calle, no se enteren de que es por eso que en Brasil pelea el proletariado. Si en Brasil ese argumento sólo puede llegar al ciudadano postrado frente a la televisión, en el mundo sirve para aislarlo. Si agregamos que ese mismo discurso, y la historia de la “clase media”, es el dominante, incluso en medios alternativos, llegamos a la conclusión de que tales medios también contribuyen a la separación del proletariado país por país, sector por sector, protesta por protesta… y, en última instancia, contribuyen a la reproducción de todo el sistema de dominación y opresión capitalista.

14 En realidad hablamos de mercancías y del aspecto útil de la misma. Decimos “cosa” sólo para simplificar al máximo esta exposición. En realidad la mercancía que vende el proletariado más que una cosa es una energía y su objetivo son objetos para satisfacer sus necesidades. También hacemos aquí abstracción del hecho de que esas “necesidades” no son necesidades humanas, sino necesidades atrofiadas por el capital o dicho de otra manera necesidades de seres humanos enajenados que toman por “sus” necesidades lo que el capital les impone y que en realidad son las necesidades del capital. El consumo de hamburguesas o “pescado” de acuacultura no es, como tal, una necesidad humana sino el resultado de siglos de dictadura del valor sobre el valor de uso que hace que estos degeneren y que lo que hoy funciona como objetos de consumo “humano” no sirvan para cumplir la función humana de nutrición, más que en apariencia, dado que quien se nutre de esa atrofiación y deshumanización generalizada sea en realidad el valor en proceso de valorización, el capital.


15 Algunas investigaciones recientes ponen en evidencia que el pescado de acuacultura es, en promedio, no sólo más venenoso que el pollo sino hasta más tóxico que las hamburguesas o los frankfurters o panchos. Ello es particularmente aplicable al salmón “cultivado” en encierro, procedente de Noruega o Chile.


16 “Productividad” del trabajo es decir que con la misma cantidad de trabajo se producen muchas más cosas. Recordemos al pasar que en la economía burguesa, y por lo tanto en todos los medios oficiales de fabricación de la opinión, se habla de productividad a secas, como si quien produjera fuese “todo el mundo” y no exclusivamente el trabajo que es la única verdad. Más que una confusión deliberada, esta ideología, que vemos difundida por todas partes, refleja la propia ilusión del mundo del capital de autoproducirse: el capital mismo se considera productivo y lo que busca es aumentar “la productividad del capital”. Así todo aumento de la productividad del trabajo aparece como si fuera un aumento de la productividad del capital y el trabajo parece accesorio y hasta prescindible.


17 Aclaremos que hay también un proceso de afirmación de dirección proletaria en la práctica de lucha, pero que esa dirección creada por el propio movimiento, es pocas veces pública o conocida desde afuera, sobretodo en las primeras luchas importantes, por las mismas razones que el movimiento organizado se desconoce y aparece públicamente como espontáneo. Ese aparente vacío de organización y dirección es el que utilizarán todos los aparatos del Estado para buscarle una representación e imponerle una dirección.


18 Es sumamente emblemático del origen y desarrollo de todo el movimiento, que el mismo haya arrancado adonde el pasaje de autobús era de los más baratos. El proletariado no aceptó el aumento en ningún aumento mientras que en otras partes se había aumentado sin resistencia. El poder quiso parar el movimiento en base a enormes carteles (que los manifestantes arrancaban con furia) llamando al conformismo: “Brasilia quería tener el precio de nuestros pasajes”, “Salvador: uno de los pasajes más baratos del Brasil”. Los falsos representantes del mismo también utilizaban este argumento para llamar al fin de las manifestaciones.


19 La maniobra es evidente socialmente se supone que los estudiantes son representados por los mayores, los universitarios adonde como es obvio predominan en discurso y espectáculo los “hijos de papá”. En realidad en Salvador como en todo Brasil y como se puede observar en todas las grandes protestas, lo que predominan en las luchas y manifestaciones, son los jóvenes adonde la mayoría son estudiantes, pero no universitarios sino de secundaria y hasta de primaria y aquí es mucho más difícil negar el carácter de clase de los mismos. Es una de las formas invariantes que tiene el sistema de negar al proletariado que se está definiendo como clase e imponer la leyenda de la clase media (o del lumpen) y de paso imponerle una representación que no es de él: en general el movimiento estudiantil oficial es una institución burguesa y del Estado. En Salvador se dio la paradoja que los universitarios que realmente quisieron seguir en el movimiento contra todo lo que habían dicho los falsos representantes del mismo iban a las manifestaciones con un modesto cartel que decía “los universitarios adherimos a la lucha bahiana”.


20 “buzú” en dialecto bahiano significa bus, autobús, ómnibus.


21 Testimonio de Roseli, Iceia.


22 Tomemos por ejemplo un documento de Julio 2013 del Bloque de Luchas (principalmente Rio Grande do Sul) He aquí sus principales reivindicaciones: “1) Pase libre rumbo al transporte 100 por ciento Público.
a. Implementación inmediata del pase libre para estudiantes, adultos mayores y desocupados.
b. Apertura imediata de las cuentas de las empresas de ómnibus.
c. Mejores condiciones de trabajo para los que trabajan en los autobuses!
Cómo se ve típicas reivindicaciones sindicalistas inmediatas, limitadas al marco legal y reafirmando la propiedad privada (el control de cuentas u obrero, así como la apertura de cuentas de los burgueses es siempre una ratificación de la propiedad privada legítima frente a la corrupción, de las ganancias normales frente a las “ganancias excesivas”) y fijando como horizonte (totalmente burgués) la estatización. Este tipo de reivindicaciones, en esa fecha, en que el proletariado está imponiendo una correlación contra el capital, son evidentemente limitativas tanto en lo histórico (lo que es evidente porque el proletariado no lucha por estatizar sino contra el Estado) como en lo inmediato (¿por qué limitar la reivindicación a tal categoría de proletarios cuando antes se había levantado la bandera del pase libre y la tarifa 0?; ¿por qué limitarlo al marco de la legalidad burguesa?), y es normal que proletarios en muchas partes denunciaran todo como un sabotaje del movimiento mismo del proletariado.


23 Nos referimos a individuos como: Lucas Monteiro, Rafael Siqueira, Mayara Vivian, Jaqueline Toledo, Rafael Siqueira, Mateus Preis.


24 Bruno Lima Rocha en Barómetro el 20 de junio 2013


25 Diferentes grupos revolucionarios e internacionalistas (entre los cuales el Grupo Comunista Internacionalista) han afirmado esa posición clave: se trata de reducir el movimiento de protesta social a “los indignados”, que era anticipadamente un verdadero cuadro castrador (democrático, ciudadanista, pacifista…), y que estaba preparado de antemano por los medios, para liquidar la protesta, el contenido proletario y anticapitalista de la misma.


26 Ni vale la pena seguir citando in extenso a Stedile, en cuanto al tipo de propuestas “políticas y económicas” que este sujeto propone. Como todos los otros reformistas reaccionarios, este señor considera que para “resolver los problemas concretos” hay que priorizar las “inversiones públicas en salud, educación, reforma agraria…”, “reforma tributaria”…, “reforma política”…”plebiscitos”…”reforma urbana”…”controlar la especulación inmobiliario”…”democratizar los medios”… ¡Palabras sólo palabras y las promesas de siempre de todos los opresores!


27 Del Informe de la Agencia EFE de noticias (firmado por Antonio Lacerda)


28 Agencia EFE, ídem.


29 ¿No es la falta de respuesta proletaria, generalizada, en Estados Unidos lo que le ha permitido tener, a ese Estado, la potencia imperialista que tiene?


30 De un trabajo de campo realizado por Ana Paula Carvalho y coordinado por Júlia Ribeiro de Oliveira, “A Revolta do Buzu - Salvador (BA) Manifestações dos estudantes secundaristas contra o aumento da tarifa de ônibus”, en el que resumen lo que más sintieron los manifestantes secundarios en esos días.


31 Si el proletariado ha sido siempre negado y falsificado, mucho más lo ha sido el concepto de dictadura proletaria, asimilándolo a dictaduras políticas burguesas como la de Stalin, Pinochet, o Pol Pot. En realidad, tales dictadores no fueron más que ejecutantes de una dictadura mucho mayor: la dictadura del capital, al igual que Kennedy, Obama, Mitterrand…
La dictadura del proletariado es una dictadura social justamente opuesta a la dictadura del capital, para su liquidación histórica; es la dictadura de las necesidades humanas contra la dictadura del dinero y el mercado, hasta su abolición.

 


CO63.1 Brasil: protesta social y contrarrevolución