Fines 2008, principios 2009, se expande y se confirma la catástrofe del capital y la revuelta proletaria. La actualidad sigue ardiendo, cada discurso sobre la “crisis” anuncia medidas peores que el capital descarga contra los proletarios. Frente a ello las revueltas siguen arreciando con fuerzas y debilidades, pero con las mismas características centrales que describimos en el número anterior de Comunismo y que subrayamos en la revuelta proletaria en Grecia: Islandia, Egipto, Haití, Kenia, Corea del Sur, Madagascar, Guadalupe, Martinico,… para sólo nombrar las que nos han parecido más significativas.
La propia barrera eurocentrista y racista, que tanto separa a los proletarios, al mismo tiempo que desfigura todo lo que pasa en el mundo, que descalifica revueltas en nombre de que “están lejos del centro” o que son “indígenas” o “sin perspectivas” o que se trata “sólo” (¡!) de “revueltas de hambre”, comienza a vislumbrarse como insuficiente. En todas partes en donde se ha llegado a enfrentar seriamente al poder del capital y el Estado se desarrolla el incipiente sentimiento de que la revuelta en Grecia, en Egipto… ¡es la nuestra!
¡Sí, es “sólo” el renacimiento de la revuelta proletaria!
¡Pero que saludable es que el sentimiento de pertenecer a una misma clase en lucha vuelva a sentirse aunque sea en forma totalmente incipiente!

UNA SOLA CLASE: EL PROLETARIADO.
UN SOLO Y ÚNICO OBJETIVO: LA COMUNIDAD HUMANA MUNDIAL.

 

Hoy en día, la expresión « Madagascar la Roja » recobra su doble sentido. No es sólo “la isla roja” de las guías turísticas, por el color de su tierra, sino otra vez más: la isla que enrojece con la hoguera de la revuelta… Recordemos el vasto movimiento proletario que irrumpió en la isla una vez terminada la “Segunda guerra mundial”. Esta lucha, a semejanza de todas las que reventaron en el mismo momento en otras colonias francesas, fue presentada como un movimiento de “liberación nacional” y solo pudo ser subyugada por el asesinato de casi 90.000 proletarios en el transcurso de dos años de feroz represión (2). Recordemos también el “mayo malgache” de 1972 que se inscribe incontestablemente en la ola de luchas de los años 1967-75 y que fue una reacción a los primeros ataques masivos del capital producidos cuando este llegaba al fin de su ciclo expansivo que precedió a la “Segunda guerra mundial”. Recordemos las luchas de 1991 y 2002…

A principios de 2009, surgieron nuevamente importantes luchas que estremecieron la isla de Madagascar. En estos tiempos de concreción de la catástrofe del capital y de importantes luchas proletarias hay que estar totalmente telelobotomizado para tragarse el show mediático, ofrecido a la “opinión pública”, que reduce lo que estas luchas ponen realmente en juego a un “combate de jefes”, entre el presidente Ravalomanana  y su “opositor” Rajoelina (dos hombres de negocio que hicieron fortuna, conquistaron la alcaldía de Antananarivo antes de acceder, uno luego el otro, a la función presidencial). No obstante, en Madagascar, como en Guadalupe, Martinica o Grecia, el proletariado enfrenta los ataques que el capital asesta a sus condiciones de vida.  Como en Grecia o en Guadalupe, grandes sectores del proletariado viven en carne y hueso el significado profundo de todas esas promesas soporíficas que lanza la burguesía, cualesquiera sea su fracción, y que solo pueden ofrecer lo que el capitalismo en crisis es capaz de aflojar, ¡es decir nada o casi nada!... y, al fin y al cabo lo que ofrece en realidad es cada vez más miseria y muerte.

 

Como en otras latitudes, en Madagascar es evidente que las políticas actuales del capitalismo en crisis (o mejor dicho del capital global que alcanza los límites absolutos de su ciclo de valorización y encuentra agotada toda posibilidad de retroceder esos limites en base a una nueva inyección de capital ficticio), empujan a una parte cada vez más importante del proletariado, a luchar más abierta y directamente contra el Estado y a abandonar toda ilusión de reforma como medio para solucionar los problemas que la humanidad padece.

Así, el lunes 26 de enero en Madagascar, luego de numerosas concentraciones masivas y un llamado a la “huelga general”, miles de proletarios descienden de los “barrios bajos” y se dirigen a la plaza del 13 de mayo, en el centro de la capital Antananarivo y desbordan por completo la concentración pacifica convocada por la “oposición” democrática. Decenas de supermercados fueron atacados y sistemáticamente saqueados e incendiados, entre ellos la cadena Tiko perteneciente a la familia de Ravalomanana. Otros blancos fueron atacados, como el inmueble de la radiotelevisión del Estado, que fue saqueado e incendiado, al igual que varios edificios escolares y domicilios en los barrios burgueses.  Ni los llamados a la calma, lanzados  por Ravalomanana así como por Ranoelina, ni el toque de queda, pudieron pacificar a los proletarios en lucha: los motines y saqueos continuaron durante tres días y tres noches, se extendieron como un reguero de pólvora, a las principales ciudades de las provincias de Mahajanga, Tulear, Antsirabé, Fianarantsoa, Tamatave, Antsiranana, Majunga, Toamasina, Ambositra, Farafangana, etc. Los saqueos y ataques a la propiedad privada fueron masivos y se extendieron por todas partes. Los enfrentamientos entre partidarios del orden y luchadores sociales dejaron más de un centenar de muertos. Asimismo, conviene subrayar el amotinamiento de los presos de la cárcel central de Antananarivo, en base a lo cual un gran número de detenidos lograron escaparse.

Queremos hacer hincapié en una acción concluyente de la revuelta proletaria que fue sistemáticamente acallada por las medias internacionales porque la misma revela bien el rechazo y el odio proletario con respecto a todo lo que representa “el régimen” y particularmente los gestores directos y visibles de nuestra miseria. El martes 3 de febrero, el ministro de economía (entendámonos: ministro de la explotación y de la miseria) hizo su viaje de inspección y de explicaciones en provincia. Cuando su avión aterrizó en el aeródromo de la ciudad de Farafangana, una masa de proletarios fue a su encuentro para ajustarle cuentas. El avión es incendiado, la infraestructura aeroportuaria destruida y los saqueos se extienden a la ciudad. El ministro es perseguido hasta un hotel, en donde se refugia. Se escapó raspando del linchamiento y solo encontró su salvación gracias a un helicóptero venido de la capital. “Farafangana asemejaba a una ciudad sin Estado. Tan pronto se dio la alerta, los representantes de la autoridad se fugaron”, se lamenta el alcalde de la ciudad frente a las medios malgaches.

“SI VOY ME LINCHAN”

En esta revista, y más precisamente en la segunda parte de nuestro texto “Catástrofe capitalista y luchas proletarias” en “El capital y la tierra”,  analizamos la contradicción fundamental entre las necesidad de valorización del Capital y la Tierra, esa tierra que nos alimenta y de la cual la especie humana es cada vez más violentamente separada por este agonizante modo de producción. La historia del capitalismo es la historia de la desposesión de nuestros medios de existencia.

Esa contradicción entre el Capital y la Tierra se expresó claramente en los mismos fundamentos del movimiento proletario que estremeció el orden burgués en Madagascar. Así, uno de los elementos que desencadenaron la cólera proletaria fue el proyecto, dado a conocimiento público en noviembre 2008, de la multinacional surcoreana “Daewood Logistics” de adjudicarse una superficie equivalente a Ile-de-France, o a la mitad del territorio belga, para “cultivar en un país rico en tierras pero pobre en divisas los productos que necesitan los habitantes de países pobres en tierra pero ricos en divisas.” (3) Desde mayo 2008, “Daewoo Logistics” tomó medidas para arrendar, al Estado malgache, 1,3 millones de hectáreas de tierras. Su objetivo era producir, para 2025, 4 millones de toneladas de maíz y 5 millones de toneladas de aceite de palma por año para comerciarlas en el mercado surcoreano. En otras palabras, hacer un máximo de beneficio en una región en la que los salarios son ridículamente bajos: “Esta región, indica el director regional del desarrollo durable (¡sic!) Funcionario del ministerio de Agricultura, tiene un potencial fuerte agrícola, pero los campesinos no tienen aún la lógica del mercado. Producen para alimentarse. No tienen los medios financieros, ni culturales, para abrirse a la economía de mercado” ¡Este esbirro del capital evoca, así, claramente el antagonismo existente entre ese vil y salvaje instinto de cultivar para alimentarse… y los designios superiores del mercado! Es cierto que aquello que los burgueses llaman con desdeño “agricultura de subsistencia” ocupa todavía una proporción importante de la tierra cultivada en Madagascar: de 35 millones de hectáreas de tierras arables en la isla, las tierras en donde se cultiva para el mercado son sólo 3 millones, afirman las autoridades. Todo el resto son para el capital tierras desperdiciadas en esa “agricultura de subsistencia”. En una gran parte de las tierras codiciadas por “Daewoo” “…hay miles de familias que viven y subsisten de la misma. El problema es que no han tomado las medidas necesarias para titular su tierra. ¿Por qué quiere usted que lo hagan? Desde hace generaciones, la tierra les pertenece. Estamos en la cultura oral.”

El proletariado rechazó unánimemente el proyecto: “No queremos oír hablar, esta tierra es nuestra, es nuestra única riqueza: ella nos permite vivir y es aquí que enterramos a nuestros ancestros… Si nos la quitan, no tengo nada más… Jamás cambiaré mi tierra por un trabajo. ¿Qué les voy a dejar a mis hijos para el futuro?”

Evidentemente, la buena marcha de los negocios no puede ponerse en aprietos por ese tipo de consideraciones, tan anacrónicas como triviales, y el derecho notarial dará prontamente su bendición a las expropiaciones manu militari. Sin embargo, el derecho notarial, como las intervenciones de su brazo armado, sufre de la finitud esencial a todo proyecto burgués: pierde todo carácter absoluto frente a la intransigencia de la lucha proletaria.

Esto es lo que nos demuestran claramente las luchas proletarias en Madagascar. En efecto, fueron numerosos los proletarios que, durante las manifestaciones, tomaron como objetivo las oficinas de “Daewoo” en la zona de negocios de Antananarivo (Ivandry). Frente a esos ataques repetidos, los iniciadores del proyecto se vieron obligados a ponerlo en tela de juicio, por lo menos provisoriamente: “Tendremos que retardar nuestro proyecto de inversión en Madagascar, esencialmente por la inestabilidad política que reina” afirmó, en Seúl el 12 de febrero, uno de los dirigentes de “Daewoo Logistics”. Los mismos burgueses malgaches prefieren ir con cuidado, por el miedo que le tienen a la rabia de sus administrados: “No sabemos absolutamente nada sobre ese proyecto, y ¡nos piden que lo hagamos aceptar por la población!... Me pidieron que fuese a ver a los campesinos para pedirles que acepten la operación, ¡Pero si voy me linchan

3. Todas las citas con respecto al « caso Daewoo » provienen del diario francés “Liberation” del 24/02/2009.

 

La fuerza del movimiento en Madagascar llegó a quebrantar las fuerzas de represión, la policía, la gendarmería, el ejército. Durante las primeras 36 horas de motines, los milicos y soldados brillaban por su ausencia en las calles, las órdenes de represión no eran escuchadas por el común de los soldados. Frente a esta situación, el presidente Ravalomanana decidió acortar su viaje al extranjero y regresar apresuradamente a la capital. Una vez bien a resguardo, declara su intención de “restablecer el orden” y “salvaguardar la República”, con la conciencia clara que es su propia autoridad que vacila y que tiene que restablecer. Para ello, y teniendo en cuenta la poca credibilidad que tiene en la cohesión de las fuerzas armadas regulares y la fuerza de un movimiento de clase en pleno proceso de generalización, Ravalomanana (con seguridad con apoyos internacionales) moviliza a su guardia presidencial y contrata mercenarios y consejeros militares blancos (entre otros, sudafricanos). La represión del “sábado rojo” será así la obra de esas unidades especiales que fueron los últimos garantes de la autoridad del Estado.

Las disensiones en el ejército se manifestaron abiertamente el 8 de marzo. Los soldados del CAPSAT (Cuerpo de personal de servicios administrativos y técnicos) principalmente de  Soanierana, se amotinaron en un importante campo militar, que se encuentra a las puertas de la capital, para protestar contra la represión de las manifestaciones. ¡La negativa, de parte de las fuerzas del orden, de disparar contra sus hermanos de clase es siempre un momento crucial en el enfrentamiento entre el proletariado y el Estado! En efecto, la cooptación de proletarios en las fuerzas de represión es la piedra angular de la dominación burguesa. Las luchas de clase en Bolivia, en 2001, fueron un ejemplo ilustre de esta contradicción: importantes sectores de la policía pasaron “con armas y equipos” al lado del proletariado en lucha, tomando cuarteles, vaciando las armerías y enfrentando a las unidades de elite como última muralla de defensa del Estado. Desgraciadamente en Madagascar, como sucede corrientemente en otros lugares, los límites y flaquezas del movimiento neutralizaron la fuerza subversiva de este rechazo explícito de los soldados a disparar, transformándolo, en apoyo implícito a la “alternancia democrática” representada por “la oposición” bajo la figura de Rajoelina.

A partir del 16 y 17 de marzo, todo se acelera: ciertos elementos amotinados del ejército toman posesión de las oficinas de la presidencia de Ambohitsirohitra (¡también se toma el banco central!), el presidente Ravalomanana se siente abandonado y prefiere pasar el relevo a otros personajes más aceptables por no haber participado directamente en la gestión de la catástrofe capitalista. Un “directorio militar” es nombrado y encargado de asegurar una transición tranquila. Cierto número de amotinados deciden no seguir a ese directorio y arrestan, en el acto, a varios generales que forman parte de los dirigentes de ese directorio. Desgraciadamente el motín no logra desarrollarse ni impulsar más, con todas las consecuencias que ello hubiese implicado, la dinámica de esas primeras manifestaciones de derrotismo revolucionario. Frente a esta situación, es decir el terror que tiene el orden del vacío, Ravalomana resuelve ceder su lugar a Rajoelina. Esa “alternancia democrática” tuvo más fuerza para liquidar el movimiento que todo lo intentando por el Estado antes.

Sólo podemos ver en los fuertes límites del asociacionismo proletario una de las debilidades mayores que le fueron fatales a ese poderoso episodio (pero la serie no hace más que comenzar) de revuelta radical contra todo el sistema capitalista. Esta revuelta se manifiesta a través de motines, saqueos y ataques bien dirigidos, pero parecería que no llegó a dar un salto cualitativo a nivel de la coordinación, organización, aunque solo fuese para agitar al interior de sectores indecisos del proletariado o para crear vínculos y redes fuertes y durables con los prisioneros y soldados amotinados.

A pesar de dos meses de intensísimas luchas en Madagascar, una parte del proletariado no rompió con las ilusiones democráticas, legalistas, reformistas, que atribuyen los orígenes de todos los males a la política del presidente en ejercicio. Aunque sectores proletarios en lucha, en sus denuncias y manifiestos, señalaron,  claramente, el origen capitalista de sus sufrimientos sociales actuales, la revuelta no logró explicitar claramente su ruptura con la sumisión democrática y ciudadana y con sus manifestaciones corderiles, ni extenderse en el tiempo y en el espacio; lo que constituye evidentemente uno de los grandes problemas de las luchas proletarias en el mundo.

Durante su primer meeting de victoria, en la plaza 13 de mayo, Rajoelina declaró que haría todo “lo posible para que los Malgaches salgan de la pobreza” prometiendo “bajar el precio del arroz”. ¡Qué ironía!, Ravalomana, cuando accedió a la presidencia en 2002, ya había prometido “enriquecer a los pobres” y los resultados fueron los que ya conocemos: deterioro catastrófico de las condiciones de vida del proletariado. Fue esa misma catástrofe que dio un primer impulso a las luchas de nuestra clase en Madagascar, y estas tiraron a tierra las ilusiones de obtener el más mínimo mejoramiento de la situación de vida de los explotados. Las máscaras del gobierno de Ravalomana cayeron, los medios burgueses fabricaron rápidamente una nueva careta alternativa y le dieron a Rajoelina el apodo de “TGV”, “por su carácter luchador” y sobre todo “por la rapidez de su ascensión social”. Pero esa mascara puede caer tan rápidamente como el tiempo que fue necesario para fabricarla, la indocilidad de nuestra clase, para aceptar las medidas inevitables que atacan sus condiciones de supervivencia, ya están planteando el descarrilamiento rápido de ese fogoso “TGV” presidencial.

¡Destruyamos lo que nos destruye!

¡Contra el aislamiento de
nuestra lucha desarrollemos el
asociacionismo proletario
a escala internacional!

¡ALLÍ ES AQUÍ,
E INVERSAMENTE!

 

Notas

1. Cómo es imposible en este medio seguir la actualidad y mucho menos pretender analizar cada revuelta proletaria sólo podemos subrayar algunas. En este número subrayemos algo de lo sucedido en Madagascar sabiendo que, en términos relativos a la importancia de la revuelta, fue evidentemente más ocultado en cuanto a su contenido real que lo que sucede en otras partes.

2. Esta lucha de explotados, como muchas otras en esa época y aún hoy en día (poblaciones “indígenas”, “campesinos”, “mapuches” en Chile, etc.), serán y son fácilmente catalogadas como “nacionalistas”, bajo consideraciones que no parten de la fuerza profunda que las anima (la lucha contra la miseria y la explotación, contra la represión), sino más bien en base a la capacidad, de ciertas fracciones burguesas, de instrumentalizar, encuadrar, las limitaciones del movimiento y sus perspectivas, como también de aislarlas, para así conducirlas a la reforma del modo de producción y explotación por medio, en este caso, de una lucha de liberación nacional.

3. Todas las citas con respecto al « caso Daewoo » provienen del diario francés “Liberation” del 24/02/2009.


CO59.4 El proletariado también grita “no va más” en otras latitudes - Madagascar la roja (1).