EL CAPITAL O LA TIERRA

Contrariamente a lo que nos cuentan nuestros enemigos, el aumento general de precio de los productos necesarios a la supervivencia no se debe a la especulación. Esto último no es más que el mecanismo que acompaña y refuerza la tendencia al aumento general de precios de los productos alimenticios pero no explica ese aumento. A la inversa, es más bien el aumento general del valor de esos productos que hace que la especulación sea posible y rentable y que provoque un aumento coyuntural excesivo de precios por encima de los valores. La especulación al alza siempre está basada en mercancías cuyo valor unitario tiende a aumentar, en aquellas en que es previsible que la demanda superará a la oferta. Nadie tendría, por ejemplo, la mala idea de especular al alza con computadores o teléfonos móviles, dado que los valores unitarios de los mismos tiende a disminuir sin cesar. En efecto, los procedimientos de producción de los computadores y móviles se mejoran permanentemente, la productividad del trabajo en esos sectores no para de aumentar, lo que implica una disminución permanente del valor (porque la cantidad del trabajo necesario en la fabricación de tales productos, y por lo tanto su valor de cambio, disminuye) y a la vez un aumento de su oferta en los mercados (la disminución de los valores unitarios es compensada por un aumento del volumen de la producción). Hay entonces una oferta siempre mayor de computadores más performantes a un precio siempre menor. El capitalista que especulara, guardando ese tipo de productos esperando venderlos más caros, sería loco o suicida, pero lo que es seguro es que perdería todo su capital.

 

Los capitalistas especulan únicamente con lo que el capital no puede producir a voluntad, como por ejemplo con el petróleo. Efectivamente, es sabido que las reservas de petróleo están en vías de agotamiento, que cada barril adicional de petróleo requiere cada vez más trabajo. Esta situación provoca, incontestablemente, un aumento del valor del petróleo, contrariamente a lo que sucede con productos como los computadores y los móviles. No hay que ser ningún experto financiero para darse cuenta que el alza, a largo plazo, es continua (más allá de las bajas pasajeras ligadas a las políticas petroleras de los Estados o de correcciones coyunturales producidas luego de la subida exorbitante de precios derivada de un exceso especulativo) y que justamente es rentable especular con petróleo. La especulación es, recordémoslo, una expresión «natural» de la vida del capital circulando, reproduciéndose. Si bien ella puede efectivamente exagerar el movimiento de aumento de precios, jugando sobre la ley de la oferta y la demanda, siempre se produce una corrección a corto o mediano plazo, es decir una disminución. Es lo que sucede hoy, cuando cerramos este artículo con el petróleo y parcialmente con los otros productos que tienen un importante componente de «naturaleza». Pero debe distinguirse siempre este fenómeno, en donde la sobreventa conlleva luego una cierta caída ligada al mercado, que será siempre un fenómeno de corto o mediano plazo, del de la determinación del valor de las mercancías a largo plazo (2). La especulación no es entonces el fundamento del aumento de todos esos precios e incluso la misma no tendría lugar si no hay un aumento efectivo del valor intrínseco de esos productos. Dicho de otra manera: son los límites reales en la producción y extracción de petróleo, el hecho de que su agotamiento es una perspectiva cierta a nivel mundial (3), que provocan un aumento del valor y empujan a la especulación sobre ese producto en todos los mercados.

Con relación al aumento de precios de los productos agrícolas, pensamos, como en el caso del petróleo, que la especulación no hace más que amplificar el fenómeno pero que no es la causa primera del aumento de esos precios. Si los capitalistas especulan sobre los productos agrícolas es, también como en el caso del petróleo, porque estamos frente a un aumento real de su valor, aunque esto sea algo más complicado de analizar que el caso del petróleo. En efecto, aunque una explicación completa no puede ser realizada en el cuadro de este texto, nosotros pensamos que, más allá de las apariencias, las razones fundamentales son las mismas.

 

La dificultad estriba en que los valores y precios de los productos alimenticios contradice la tendencia generalizada a la disminución de los valores unitarios ligada al aumento permanente de la productividad del trabajo. Es verdad que la tecnología incorporada disminuye cada vez más el trabajo vivo inmediatamente necesario a la transformación de las materias primas en productos finales y debería teóricamente disminuir el valor unitario. Pero ello sería olvidar que en la producción de mercancías entran igualmente materias brutas como la tierra, el agua, el petróleo, que no pueden producirse a voluntad, cuya producción es limitada y que además se encuentran apropiadas por el capital. Se olvida así que una parte importante de la renta de la tierra entra en el valor de los productos alimenticios (el precio de la tierra aumentó mucho en los últimos años en todas partes), como se olvida también que el agotamiento de los suelos (provocados por la erosión «natural» y la intensidad de la agricultura capitalista) y de la disponibilidad del agua potable aumenta fatalmente la cantidad de trabajo necesaria a la producción de productos alimenticios.

En el texto « Salario, precio y ganancia », Marx señala claramente que las condiciones naturales de trabajo y el estado de las fuerzas productivas del trabajo son los dos elementos principales e indisociables de los cuales depende la fuerza productiva del trabajo y por lo tanto el valor de los productos.

«Si las respectivas cantidades de trabajo necesario para producir las mercancías respectivas permaneciesen constantes, sería también constantes sus valores relativos. Pero no sucede así. La cantidad de trabajo necesario para producir una mercancía cambia constantemente, al cambiar las fuerzas productivas del trabajo aplicado (...) Si, por ejemplo, al crecer la población se hiciese necesario cultivar terrenos menos fértiles, habría que invertir una cantidad mayor de trabajo para obtener la misma producción, y esto haría subir el valor de los productos agrícolas. De otra parte, si un solo hilador, con ayuda de los modernos medios de producción, convierte en hilo, al cabo de la jornada, miles de veces más algodón que antes en el mismo tiempo con la rueca, es evidente que ahora cada libra de algodón absorberá miles de veces menos trabajo de hilado que antes, y, por consiguiente, el valor que el proceso de hilado incorpora a cada libra de algodón será miles de veces menor. Y en la misma proporción bajará el valor del hilo»

Marx concluye: «Las fuerzas productivas del trabajo dependerán, principalmente:

1.    De las condiciones naturales del trabajo: fertilidad del suelo, riqueza de los yacimientos, etc.

2.    Del perfeccionamiento progresivo de las fuerzas sociales del trabajo por efecto de la producción en gran escala, la concentración del capital, la combinación del trabajo, la división del trabajo, la maquinaria, los métodos perfeccionados de trabajo, la aplicación de la fuerza química y de otras fuerzas naturales, la reducción del tiempo y del espacio gracias a los medios de comunicación y de transporte, y todos los demás inventos mediante los cuales la ciencia obliga a las fuerzas naturales a ponerse al servicio del trabajo»

Bajo el modo de producción capitalista, se ve claramente que el desarrollo del segundo elemento empuja inexorablemente a la destrucción del primero (a saber las condiciones naturales del trabajo). En efecto, el desarrollo extraordinario de las fuerzas de trabajo sociales, es decir capitalistas, se ha efectuado en detrimento de la Tierra (4): hoy la tierra cultivable es cada vez más escasa, como el petróleo, el agua potable y los otros «recursos naturales», haciendo que las condiciones naturales del trabajo sean cada vez menos favorables a un aumento de la fuerza productiva del trabajo. Dicho de otra manera, el aumento incesante de la fuerza productiva del trabajo por el capital se encuentra irresistiblemente limitado, contrarrestado, por las condiciones naturales del trabajo. A pesar de los medios puestos en obra por el capital, por medio de la ciencia, como decía Marx, para superar esas condiciones naturales, las mismas, tarde o temprano, vuelven a imponerse. A pesar de la sed insaciable de ganancia, que conduce al capital a pretender someter toda la naturaleza a sus necesidades de valorización, las condiciones reales de la producción física están siempre condicionadas por la Tierra. Y si el capital desarrolla la fuerza productiva de los hombres como fuerza hostil, antagónica y destructora de la Tierra, a la inversa, la revolución comunista se afirma como reconciliación de la actividad humana con la Tierra.

 

La explotación agrícola, orientada en función de las necesidades inmediatas de la valorización capitalista cada vez más intensiva, exige cada vez más trabajo para hacer que la tierra siga, a pesar de todo, siendo cultivable, lo que implica la tendencia inexorable al aumento de valores y precios agrícolas en el largo plazo. Además, la destrucción permanente de las tierras cultivables por el capital (desertificación, erosión, urbanización, infraestructuras...) provoca la escasez relativa creciente e irreversible, bajo el capital, de la tierra. Es verdad, la tonelada de arroz, de trigo, de papas, de legumbres... puede contener menos de trabajo incorporado en el conjunto de las operaciones técnicas que van desde la siembra hasta la góndola del supermercado, pero en contradicción con ello, contiene una parte cada vez mayor de trabajo ligada a la preparación de la tierra (para hacerla cultivable) y requiere mayor trabajo en el aprovisionamiento de recursos necesarios para la producción (agua, nutrimentos...) y la distribución (petróleo y/u otras fuentes de energía). Correlativamente con ello, y dada la creciente escasez de tierra cultivable, de agua, petróleo y otros recursos naturales (es decir de Tierra en general), el precio pagado para utilizar esos elementos –la renta–, que es un precio de monopolio, sigue aumentando.

Así, el aumento de todos los precios de los productos provenientes de la tierra en 2007 y principios de 2008 (así como los que provienen del subsuelo o de los mares) se debe fundamentalmente a las mismas razones que el petróleo. En cada tonelada de arroz, de trigo, de carne, de lana, de pescado...hay un porcentaje mayor del valor que va a pagar la renta de la tierra así como de las otras materias brutas que entran en su composición (petróleo, agua…) en relación al trabajo inmediato necesario para producirla (5).

En realidad, el capital desde hace décadas no ha parado de hacer todo lo posible para contrarrestar esta inexorable tendencia al aumento de los precios alimenticios. Gracias a eso tenemos derecho a un tipo de «comida» que tiene cada vez menos componentes naturales, que contiene cada vez menos «Tierra» (como conjunto de recursos naturales de nuestra especie). Amadeo Bordiga tenía razón cuando afirmaba, frente a toda la ilustración imbecilizada por la ciencia y la tecnología moderna, que nuestro período histórico sería conocido en el futuro como «la edad de la baratija», como el reinado de la porquería (6). La expresión general de esta tendencia a disminuir la cantidad de tierra contenida en los productos es evidentemente la comida basura de los supermercados y fastfood. Una expresión más específica de esa misma tendencia es el desarrollo de los hidrocultivos que permite producir rápidamente vegetales llenos de agua, pero que tiene como resultado, para el proletariado, que esos productos son mucho más pobres en nutrimentos (7).

Los productos modificados genéticamente también tienen su papel en esta parcela. Modifican algunos aspectos genéticos para abaratar la producción con consecuencias catastróficas para el ser humano. Por ejemplo: hacen que el producto sea resistente a pesticidas. ¡Que nuestro estómago no sea tan resistente a largo plazo comiendo esta mierda infectada de toxinas es, claro está, mera anécdota para nuestros enemigos!

No debe olvidarse que para el capital, la disminución del valor de los artículos que sirven para la alimentación del proletariado es un medio para aumentar la tasa de explotación a nivel mundial y por lo tanto para mejorar la tasa de ganancia a nivel global. Si el capital pudiese alimentar exclusivamente a los proletarios de teléfonos móviles y otros productos de plástico (algunos de los cuales se llaman «hamburguesas», «pollos», «salmones»...) que contienen cada vez menos trabajo y tierra lo haría. Es evidente que, dada la escasez relativa pero creciente del valor de los elementos naturales, el capital tiene interés en que los artículos de consumo proletario en general contengan lo menos posible de naturaleza.  Un «pollo» de supermercado, que es en realidad una masa de gelatina insípida pegada a los huesos que todavía guarda el nombre de su volátil antepasado en función de las necesidades de la tasa de ganancia, contiene mucho menos de trabajo humano así como todavía menos de Tierra (espacio, biomasa) que un pollo de granja y todavía muchísimo menos de lo que así se llamaba en el tiempo en que nuestros abuelos eran niños. Más todavía, es producido en muchísimo menos tiempo (entre un tercio y un décimo) que los pollos de hace algunas décadas, en función evidentemente de las necesidades de rentabilidad (velocidad de rotación del capital), lo que evidentemente se traduce en menor cantidad de trabajo (menor alimentación por biomasa obtenida, menos cuidados, etc).

Este tipo de disminución del valor de los productos alimenticios, y en general de todos los medios de consumo proletario, se ha traducido en el mayor aumento de la tasa de explotación (plusvalía dividida por el capital variable) de la historia de la humanidad. En efecto, lo que ha permitido el aumento de la ganancia y el desarrollo de este sistema ha sido esa falsificación generalizada y permanente de todas las mercancías haciendo que ellas sean cada vez más pobres, sintéticas y tóxicas.

A un nivel todavía más global, la «comida basura» no es más que otro aspecto o momento del largo y doloroso proceso histórico general de la desposesión del ser humano de la Tierra, que acompaña ineluctablemente desde sus orígenes al desarrollo del capital. Este proceso general consiste fundamentalmente en una privación de los proletarios de su relación con la Tierra (8), del disfrute humano de pertenecer a ella y su sustitución por la apropiación privativa de ella por parte del capital.

Ello se expresa:

-por la separación histórica del proletario de la Tierra, para transformarlo en trabajador libre de medios de vida y obligado a vender su fuerza de trabajo;

-por la sistemática represión, por todos los medios, de las poblaciones todavía ligadas a la Tierra: expropiando, prohibiendo pescar, cazar, recolectar...

-por la apropiación monopolística de granos y plantas y la transformación en propiedad privada de los mecanismos de su reproducción.

Esto último se ha hecho fundamentalmente por medio de los organismos genéticamente modificados (OGM): por procedimientos científicos se modifican los genes de las plantas volviéndolas estériles, la reproducción misma de lo necesario a la vida del ser humano tiende a ser privatizada.

 

Se ve igualmente cada vez más casos en los cuales las multinacionales patentan propiedades de plantas tradicionales cuyas propiedades son conocidas desde hace siglos por las poblaciones autóctonas. Para ello basta con tomar una planta, estudiar su composición, cambiar o agregar un elemento cualquiera y patentar la fórmula. Fue lo que hizo, por ejemplo, Proctor en el Colorado. Luego de una serie de manipulaciones científicas y de maniobras administrativas (lo que incluye el convencimiento y las comisiones y otras coimas otorgadas a funcionarios competentes y cómplices) patentó el fríjol amarillo mejicano, que se consume en México desde hace muchos siglos, y exigió, desde ese momento, tasas de casi un dólar por kilo de fríjol vendido. No sólo el capital continúa la guerra de separación del ser humano con respecto a la Tierra, privándolo de medios de subsistencia, sino que ese proceso, con la catástrofe de la sociedad presente, adopta proporciones gigantescas.

La cuestión demográfica


“Como la población tiende incesantemente a superar los límites de los medios de subsistencia, la beneficencia es una locura total, un apoyo oficial a la miseria. Todo lo que el Estado puede hacer, es abandonar la miseria a su propia suerte y facilitar al máximo la muerte de los miserables. (Malthus)”
Todo comportamiento humano debe reencontrar, por la fuerza ideológica, legislativa, económica, armada…el interés del modo de producción capitalista, a quien le importa un bledo el interés particular de los humanos así como el interés general de la humanidad. La cuestión demográfica no escapa a esta regla.
Si la sed de beneficio de los capitalistas precisa de una mano de obra abundante, la producción de la mercancía fuerza de trabajo, la producción de proletarios aumentará. Y cuando los proletarios devienen excedentes, al punto de no responder a las necesidades de un ejército de reserva y que el capital no tiene interés en ellos, hay que destruirlos como sucede con todas las otras mercancías: por las guerras, por el hambre, por las epidemias y en general por las despiadadas y antihumanas condiciones generales de existencia.
El pretexto demográfico sirve para justificar la miseria en el mundo y la destrucción de los recursos naturales, que esconde la realidad de un modo de producción que favorece la explotación y destrucción de los recursos naturales, de la misma manera que la explotación sin límites del hombre. Sin embargo, es evidente que no son los estómagos de los proletarios que empobrecen las tierras fértiles, ni la sed de los proletarios que contaminan los ríos, mares,.., ni la frivolidad de los proletarios que se traga los recursos energéticos…, es la producción de mercancías, que no tiene en absoluto como objetivo el de responder a las necesidades humanas sino el de la plusvalía y, conjuntamente, la apropiación violenta de todo medio de subsistencia por la burguesía, sedienta de beneficios.
El aumento de la población mundial en el transcurso del siglo XX, que aparece como vertiginoso, tiene que ser reencuadrado en el contexto de las necesidades de fuerza de trabajo de la economía mundial. Sin embargo, producir los medios de subsistencia para seis mil millones de seres humanos, o más, no debería presentar muchas dificultades, si los “recursos humanos” no fuesen dilapidados en actividades antihumanas que no tienen ninguna razón de existir si no es la propiedad privada, si los proletarios no sacrificasen su vida protegiendo el mundo del dinero, si los burgueses fueran desposeídos de su poder de desposesión. Sólo el comunismo podrá abolir la penuria.
El muro erguido contra la humanidad y que siempre nos preguntamos cuando nos reventaremos contra él, fue construido hace apenas algunos siglos por el capital, con la ayuda, bajo coacción, del proletariado. Es al proletariado que le corresponde la tarea de destruirlo, destruyendo las fundaciones de este sistema que prueba cada día que su existencia futura es completamente incompatible con la de la humanidad.

 

Todo el desarrollo del capital está marcado por esa contradicción infernal con la madre Tierra, de la cual todos los animales y el hombre en particular son parte constitutiva. Desde el punto de vista ideológico, el capital impone así la verdadera «civilización» como subordinación total del campo a las ciudades, superioridad del «progreso» sobre la barbarie, del cemento sobre la tierra, de la industria sobre la ganadería y la agricultura (9). El crecimiento económico infinito es la ideología suprema del capital, que pretende así lograr la dominación total de la Tierra.

 

Toda la historia de la sociedad burguesa es la historia de esa separación del ser humano con la Tierra (¡separación que continúa hoy!) y de la pretensión burguesa de superar la relación natural entre el ser humano como parte de la Tierra, como perteneciente a la Tierra. Si bien ese proceso adopta hoy niveles demenciales, es importante subrayar que la separación total es imposible. El capital quisiera superar todo límite, pero su capacidad real se encuentra limitada por la naturaleza misma del ser humano. Es verdad que los proletarios terminan «comiendo» teléfonos móviles y otros espejitos de colores, en base a una satisfacción de las necesidades enajenadas, es verdad que ello desarrolla la ilusión sobre la perennidad del mundo actual, sobretodo si se logra cautivar a los proletarios con los catálogos siempre caducos y siempre renovados de esas baratijas, o bien haciéndoles clasificar las basuras (la creencia en el efecto positivo que ese trabajo, no pagado, tendría sobre el planeta no hace en realidad más que prolongar la esperanza de vida del sistema que lo destruye) o en ir a votar, pero todo tiene un límite y el límite del capital es el proletariado, que no parece dispuesto a seguir solo comiendo móviles y Mac Donald y que, contra toda la lógica del sistema, quiere seguir al menos comiendo arroz, trigo, carne, mandioca, pescado...y sobretodo que además de todo está volviendo a salir a la calle para gritarlo.

 

Nunca podrá el capitalismo solucionar el problema de la alimentación humana, bien por el contrario, el capitalismo está agravando cada vez más y globalmente la posibilidad de supervivencia de la especie humana (así como de las otras formas de vida) en la Tierra. La contradicción entre el capital y la Tierra, y por consecuencia entre el capital y la supervivencia de toda especie viva, se agrava y se seguirá agravando cada vez más.

Como el capital, durante siglos, siguió separando al ser humano de su disfrute de la Tierra, la lucha contra el capitalismo siempre ha sido la lucha de los seres humanos para resistir a esa separación con la Tierra. Durante siglos la socialdemocracia, invariante adoradora del mito de la civilización, de la ciencia y del progreso, despreció la lucha del proletariado del campo y/o de las poblaciones aborígenes y su encarnizada resistencia contra esa separación. Fue esa misma socialdemocracia la principal teorizadora de la ideología progresista y racista del obrero industrial más apto para la lucha revolucionaria que su hermano de la campaña «más atrasado». Sin embargo, en todas las insurrecciones proletarias no sólo se afirmó la tendencia de los proletarios (urbanos-rurales) a unificarse, sino que las reivindicaciones más importantes de la lucha contra el capital se unifican con la de las luchas por la Tierra: abolición de la propiedad privada. T mayúscula, pues incluye siempre, la lucha por la abolición de la propiedad privada de los mares, ríos, aire. Tanto para los proletarios de la ciudad como del campo, la cuestión de la alimentación es siempre la base (10). Toda gran lucha revolucionaria de los siglos XIX y XX (México, Rusia, España...) puso a nivel central la necesidad de destruir el poder del Estado burgués, la necesidad de reapropiarse de la Tierra y de destruir el capitalismo.

CHILE

Presos mapuche en Huelga de Hambre desde el 13 de Marzo: a la kalle!

«Cierto es que deben ser los propios afectados quienes se levanten contra el desinterés y la injusticia, asumiendo conciente y responsablemente el nivel y las consecuencias que pueden devenir de cada lucha y acción, pero ello en ningún caso significa que nosotros (el resto) debamos permanecer impávidos mientras el conflicto se desarrolla. No podemos ser espectadores de un conflicto que puede terminar con la vida de compañeros en el sur. Y aquí es, quizá, donde está  la raíz de la forma de encarar el tema mapuche…las organizaciones que se articulan por la libertad, contra el capitalismo, en universidades, en poblaciones, ¿sienten realmente a los presos mapuche como compañeros?, ¿hasta dónde esa división constante entre mapuche y no mapuche está afectando la solidaridad? Quizás muchos grupos se mantienen al margen para no aparecer comulgando con discursos como los de «liberación nacional mapuche» o «nación mapuche». Para nosotros la lucha, el objetivo mayor apunta contra el capitalismo y su división en clases sociales, responsables directos de la explotación y la miseria, por ello no queremos un territorio «liberado» (aún cuando esa liberación no explica su organización interna: ¿según clan, familia, clases sociales, cantidad de territorio?), queremos un mundo sin explotados ni explotadores. No nos representa la constante (y tan común en estos tiempo) de separar las luchas tanto en razas, géneros, opciones sexuales, posición ante los animales, preferencias de anticonceptivos y un millón de etcéteras.
Esa separación en millones de partes y especificidades solo ha conseguido una evidente y clara disgregación de la fuerza, de la capacidad de aglutinamiento y un desdibujamiento de los verdaderos horizontes. ¿Cuál es la lucha por el condón?, no la entendemos…….es claro para muchos que al oponernos a la imposición constante y sistemática de una clase sobre otra, luego de estallada la guerra social, seremos nosotros y nosotras quienes decidiremos organizadamente como repartiremos los condones o si los usaremos o no, o de que material estarán hechos, etc. Pero en este y un sinnúmero de ejemplos más, la lucha es contra el capitalismo y las clases sociales, porque yo no puedo esperar que sea este sistema quien meentregue una solución al problema generado por este propio sistema.
La clase burguesa, dueña de represas, fundos, plantas de celulosa, empresas constructoras… ¿será ella quién me ayude a resolver el problema tanto de aguas contaminadas, tierras expropiadas, caminos que me cobran por llegar a mi casa…¿será ella?, la respuesta es tan pero tan obvia que ni la escribiremos…
En fin y pese a las diferencias en los discursos, en las formas de llevarlos a cabo y a la rabia que puede darnos que haya organizaciones que pierden el norte a cada rato, hay una cosa que rescatar, grande como un sol e innegable: los compañeros en el sur están presos, reprimidos por el mismo sistema que sin mediar diferencias nos reprime y encarcela a nosotros (o a muchos de nosotros). La misma clase social la que nos explota en la ciudad, está explotando, amedrentando, reprimiendo a los compañeros mapuche, con la gran diferencia de que allá cuentan con el aislamiento que ampara sus atrocidades, como el hecho de que fuerzas especiales de carabineros hayan golpeado tanto a una niña de 11 años, que ésta finalmente perdió su ojito o que una compañera embarazada haya perdido a su hijo en una sesión de golpes.
Esta es una realidad y comulguemos o no con cada uno de los postulados con los compañeros en huelga de hambre, estemos o no de acuerdo con la gente que se levanta y resiste un allanamiento, la solidaridad debe expresarse, haciendo la salvedad en los discursos, pero en la práctica debe expresarse. La soledad en las luchas es lo que busca el capital, es su base para seguir perpetuándose. Porque están presos, encarcelados por el mismo ordenamiento social que ha encarcelado y reprimido a tantos, porque se levantan ya con el único recurso que les queda estando en prisión, con una huelga de hambre, porque están aislados y no se tienen más que a sí mismos, porque son igualmente explotados y proletarios que se levantan, por eso son nuestros compañeros, y vaya para ellos un abrazo de solidaridad.

Agencia de Prensa Proletaria -Chile

 

Hoy también, las reacciones del proletariado en todo el mundo son, fundamentalmente, lucha de la humanidad para reapropiarse de la Tierra contra la dictadura del capital. Independientemente de la consciencia de los protagonistas, es una lucha revolucionaria, que necesita asumirse como tal, afirmando la necesidad de la revolución social, de la abolición de la propiedad privada de los medios de producción, de la reunificación de la especie humana con la Tierra. Estamos convencidos de que, en la medida de que esta lucha se exacerbará nuevamente como generalización de la resistencia a la deterioración de las condiciones de existencia, la lucha histórica de la humanidad contra la separación histórica con la tierra tomará cada vez mayor importancia y se asumirá como tal.

No se trata de dos problemas diferentes uno superado por el progreso y otro para el futuro como los progresistas y socialdemócratas sostienen, sino y como cada gran lucha revolucionaria del proletariado puso en evidencia la cuestión de la Tierra y la destrucción del capital es un solo y mismo problema: sólo destruyendo el capitalismo el ser humano podrá realizar una relación verdaderamente humana con su especie, con todas las otras y con la Tierra.

 

Ya vemos hoy, como en algunas luchas los proletarios comienzan a cambiar su visión con respecto a esa resistencia histórica y a revalorizar las luchas de los «pueblos originarios», «indígenas» o «aborígenes» (que la burguesía se complace en llamar, en función de su propio pasado y visión del mundo, como «primeras naciones») contra el capitalismo y el Estado. Esta evolución es muy importante en el proceso que conduce a la unificación de las luchas proletarias contra el capital. De la misma forma, bajo el efecto del crecimiento de los movimientos de revuelta se observa, por ejemplo, en los Mapuches una tendencia a ligar cada vez más sus luchas a las de otros proletarios que también enfrentan al Estado y con los que se encuentran seguido compartiendo las mismas cárceles, las mismas represiones.

HOMOGENIZACIÓN, UNIFICACIÓN
Y ASOCIACIONISMO

Volvamos entonces al análisis de la coyuntura. El ataque del capital es general, el aumento de precios de todo lo necesario para la supervivencia es inocultable y concierne al proletariado de todos los países, que se ve confrontado a una brutal disminución de su salario relativo así como de su salario real y al consecuente aumento de la explotación. Las luchas proletarias contra dicho ataque son la expresión de la contradicción entre el capital y la humanidad, la expresión de la contradicción entre la dictadura de la ganancia y la vida en la Tierra.

Reafirmemos el abc: el ataque cuantitativo y cualitativo contra la supervivencia de nuestra especie no tiene ninguna causa exterior al capital y a su lógica. El mayor progreso del capital no puede ser otro que la agravación de esta situación, que la exacerbación de la contradicción entre el capital y la humanidad, entre la sociedad burguesa y la Tierra. Para el capital, la Tierra misma se ha vuelto insuficiente: las necesidades de valorización y la brutal e insaciable sed de ganancia están estrangulando la vida y creando un desastre del cual no podemos todavía medir ni la amplitud, ni su actual aceleración.

No es necesario ser comunista para afirmar que sin cambio vamos derechito contra el muro, pero, sin embargo, hay muy pocos humanos que afirman claramente que si no destruimos el capitalismo, es el capitalismo el que destruirá la especie humana y solo existen algunos puñados de revolucionarios, de comunistas, que afirman la imperiosa necesidad de la dictadura del proletariado para abolir el trabajo asalariado como condición indispensable de la supervivencia de la especie humana.

Pero, más allá de la dificultad del proletariado para afirmar hoy su proyecto de clase, resultado en gran parte de la exacerbación del individualismo de la sociedad burguesa, es imperioso constatar que nuestra clase reaccionó de manera generalizada al aumento de los artículos de primera necesidad y en forma mucho más unificada de lo que el mismo proletariado tiene consciencia. Los ataques actuales del capital produjeron efectivamente una ola de luchas proletarias que tocó casi todos los países del globo. Ello muestra bien que la catástrofe de la sociedad burguesa –que aumenta y homogeneiza sin cesar los sufrimientos del proletariado– no puede más que volver a poner al orden del día la unidad esencial del proletariado y favorecer la tendencia a la unificación de esas luchas. Desde nuestro punto de vista, es evidente que el aumento de los productos alimenticios acelera esta tendencia. Si esta tendencia a la unificación no puede ser probada de manera «científica» y que la misma no aparece de primera ante la simple observación –y mucho menos ante los ojos del ciudadano atomizado–, el desarrollo de la lucha de clases en 2007/2008 nos parece ser un signo palpable de la actualidad de ese proceso de unificación. Nuestra propia discusión internacional al respecto se ha ido clarificando gracias a la realidad misma de la lucha de clases en este último año. Sería demasiado optimista ver en todo eso la reconstitución misma del proletariado como clase mundial, pero resulta incontestable que esa tendencia histórica vuelve a expresarse netamente.

Claro que la burguesía tiene evidente interés en esconder esta tendencia a la unificación de las luchas de nuestra clase. A eso responden las descalificaciones y etiquetas atribuidas por la burguesía a las diferentes luchas: «revuelta de los suburbios», «revueltas del hambre en el Tercer Mundo», «conflictos étnicos religiosos», «atentados terroristas», «huelgas salariales», «lucha de los pueblos reprimidos», etc. Claro que esas ideologías separadoras no son la única base del no reconocimiento mutuo de los proletarios y de sus luchas respectivas. Las propias condiciones materiales de vida, como expusimos en la primera parte de este artículo (ver Comunismo número 58), influyen también en ese no reconocimiento (11).

A continuación reproducimos un texto difundido en noviembre 2007 y firmado por “les preneurs et preneuses d’otages du campus universitaire de Grenoble” (los secuestradores y secuestradoras del campo universitario de Grenoble) (Francia). Aunque lamentablemente no da una perspectiva que supere el territorio francés, este texto expresa la lucha de proletarios por organizarse y romper con los límites que traban nuestra lucha.
¡Por la intensificación y la convergencia de las luchas!

Desde hace algunos años las luchas son imparables (1) La revuelta va mucho más allá que la simple protesta y la misma estalla cada vez más seguido, en base a sobresaltos más o menos durables e intensos.
El Estado siempre es el blanco. Los sindicatos y organizaciones de izquierda se repliegan e intentan calmar el juego.
No es necesario buscar muy lejos para encontrar lo que nos empuja a la revuelta: las relaciones sociales capitalistas ahogan a la mayor parte de los individuos en una vida de mierda (2). Policía, trabajo, dinero, jerarquías, discriminaciones, desposesión de nuestras vidas, todo es una mierda y por eso, todas las ocasiones son buenas para hacer comprender a los defensores del sistema que no podrán seguirnos sumergiendo nuestra jeta en la mierda sin que reaccionemos.
Desde algunas semanas pila de gente sale una vez más a la calle a manifestar. Pero sabemos para que sirven las manifestaciones planificadas. Para absolutamente nada. Tienes derecho a manifestarte pacíficamente, estamos en democracia. Pero no te sorprendas si el poder reprime, estamos en democracia.
Los ferroviarios declaran la huelga y la mantienen toda una semana, se desorganiza toda la circulación de trenes en Francia, pero el gobierno no cede, solo “negocia” con la CGT (Central General de Trabajadores NDR) y los otros sindicatos, que de manera suave, van adormeciendo la rabia de los ferroviarios. Contra ello, grupos de ferroviarios por toda Francia llevan adelante acciones directas ilegales para intensificar la lucha (sabotaje de líneas y saqueos de estaciones).
Lo mismo sucede en las luchas estudiantiles: numerosas facultades son bloqueadas y ocupadas, algunos son expulsados por la milicada (tres veces en Grenoble, pero también en París, Nantes, Rennes, Strasbourg, Montpellier, Lyon, etc.)
Los principales sindicatos abandonan la lucha y “negocian” migajas. En algunas facultades se dan actos de sabotaje (por ejemplo contra las cámaras de control video) y algunas manifestaciones salvajes viran al enfrentamiento con la policía y a la destrucción de comercios y automóviles (principalmente en París y Grenoble). Numerosos colegios son ocupados y/o bloqueados y la alegría y energía de las manifestaciones salvajes se hacen fuertes entre los estudiantes.
En estos últimos tiempos, otros sectores entraron en huelga, como los pescadores y los asalariado(a)s de EDF (Electricidad de Francia), que también practicaron el bloqueo y el sabotaje para dar más potencia a sus luchas.
Esos momentos de lucha nos llenan de alegría. Cuando la determinación gana frente a la resignación, la consigna demagógica de Sarkozy podemos hacerla nuestra: “juntos, todo deviene posible”.
Y es allí que surgen los obstáculos, hablamos de convergencia de las luchas pero en realidad cada uno(a) lucha por su lado. Este es el problema de las luchas corporativistas y reformistas... Del sistema capitalista solo podemos esperar reformas, lo que en el mejor de los casos significa que tendremos una vida de mierda un poco menos podrida. Hace un año y medio el CPE no pasó, lo que fue positivo, pero por definición nada ha cambiado y eso no nos basta.
Otra vez, desde los barrios más miserables de Francia, nos llega un impulso insurreccional menos restrictivo: el domingo 25 de noviembre 2007 en Villiers-le-Bel (en el suburbio norte de Paris), dos jóvenes que circulaban en una pequeña moto fueron atropellados por un coche de policía y murieron instantáneamente. Como hace dos años, eso desencadenó varias revueltas en el barrio. Decenas y centenas de personas se levantaron contra los milicos: la comisaría de Villiers-le-Bel fue incendiada, la de Arnouville (ciudad vecina) fue saqueada. Varios coches fueron incendiados, entre ellos vehículos de policía y de bomberos.
Como hicieron con los huelguistas de transporte y lo(a)s que bloquearon las universidades, las medias están al acecho y se apresuran en insultar a los amotinado(a)s: en France info, por ejemplo, el 6 de noviembre, un asalariado (3) de una agencia inmobiliaria (4) de Villiers-le-Bel declara que es “estúpido” destruir en el mismo barrio en que viven los mismos sedicioso(a)s... Pero, en esos momentos, la rabia se expresa como puede. De todas maneras, ¿qué se ha destruido o quemado, a parte de coches, esa noche? “Comicos” (¿? NDR), concesionarios automovilísticos, una agencia inmobiliaria, comercios, entre ellos una joyería que fue saqueada (¡bien hecho!)
Los propietarios se quejan por que destrozamos sus comercios, pero no se cuestionan, en absoluto, como ellos con su avasallamiento revientan nuestras vidas en tres mil pedazos. El único medio para salvarse es hacer dinero de cualquier manera: todo el mundo permanece en “modo” supervivencia, y los que “salen adelante” (“los integrados”) cambian de campo. Es la ley de la selva y no hay que tenerle miedo a las palabras, eso se llama “capitalismo”.
No hay fatalidad, este sistema de explotación e inigualdad no tiene absolutamente nada de “natural”. Entonces, ¿Por qué Debiéramos Quedarnos Tranquilos? (5)
A la izquierda, la reacción es clara cuando preguntamos a François Hollande (jefe del Partido Socialista) si él “entiende” a los amotinado(a)s, responde clarito: “no hay que entender, hay que castigar” (6).
En pocas palabras, siempre es el mismo circo político-mediático.
Y si la mejor de las policías no viste uniforme (7), esto no impide que la milicada en uniforme (la BAC, los “RG”, y los infiltrados) esté presente en masa y por todos lados, desde el campus de Grenoble hasta él de Fontaine y él de Villeneuve, pasando por las calles del centro de la ciudad.
Lo que prueba que el Estado nos mete permanentemente un máximo de presión... pero no abandonaremos la lucha (8).

“Les preneurs et preneuses d’otages du campus universitaire de Grenoble»/SMH, Noviembre 2007

1. Últimamente podemos destacar: el movimiento liceal/estudiantil durante la primavera 2005, las revueltas en los suburbios en toda Francia en otoño 2005, el movimiento “anti CPE” (contrato especial del primer empleo) en la primavera 2006, los motines en la Estación del Norte de Paris, marzo 2007, la acción directa contra los locales de partidos políticos y las manifestaciones “salvajes” antes y durante las elecciones presidenciales, etc.
2. Si, es verdad a niveles muy diferentes y esas diferencias constituyen la base con la que “juegan” aquellos que intentan dividirnos
3. ¿Un cuadro? ¿un subdirector? ¿un empleado de base? no lo sabremos.
4. A parte de los burgueses forrados de dinero, ¿quién no ha sentido las ganas de reventar la vitrina de una inmobiliaria? ¿Quién, de una manera u otra, no ha tenido o tiene que soportar las dificultades para conseguir vivienda? ¿Quién nos expropia el “derecho” de vivir bajo techo, si no es el Estado, los propietarios y las inmobiliarias?
5. Mientras que la censura utiliza todas sus fuerzas, los siniestros puercos sindicales, frente a los “lamentables” excesos represivos, invocan la mala suerte y llaman a su estado mayor.
6. En France Info, 26 de noviembre 2007.
7. Puesto que la mejor de las policías es tu trabajo, tu tele, tus deudas, tus ansiolíticos, neurolépticos, antidepresivos... la mejor de las policías es todo lo que te hace marchar derecho, con tu propio consentimiento, sin mostrar tus colmillos...
8. Y ¡qué no nos vengan a decir que tenemos que ir a votar! Ni por Segolene Royal, ni por el que sea, lo que queremos es cambiar las relaciones sociales. El problema no está en el nombre o la cabeza del Presidente de la República, el problema es la República, el Estado, la jerarquía social, económica y política, es un sistema. Pues si, tenemos mucho que hacer para revolucionar este mundo de mierda, pero no tenemos gran cosa que perder...

 


Así, si en textos anteriores, pusimos en evidencia que uno de los aspectos de la realidad catastrófica del capital es el desarrollo de las favelas, de las barriadas miserables y de los suburbios dormitorios, es importante subrayar hoy, que el hecho de encerrar a los proletarios en guetos (donde los 2/3 son inmigrantes), que el impedirles salir de los mismos en base a la represión (controles policiales, organización de los transportes, prohibiciones de salir a la calle a partir de una cierta hora, etc.), busca (y en muchos casos logra) imponer ideologías coherentes de separación, que el resto del proletariado desprecia a quienes viven en esos barrios favelizados y los consideren como la escoria, el subproletariado, el lumpen, etc. El urbanismo es la organización del espacio en función de las necesidades del capital para contener y reprimir al proletariado. Esa milicada apenas solapada «naturaliza» las separaciones y participa plenamente de ese no reconocimiento subjetivo de los proletarios de no pertenecer a la misma clase. Del lado de los proletarios excedentes, que viven en esos barrios, su encierro y abandono total a una suerte miserable hace nacer a veces en ellos, de forma contradictoria, a la vez elementos de un repliegue comunitario (religioso o nacionalista en relación a la región o el país de origen) y/o de autodestrucción (aumento de la violencia entre proletarios, embrutecimiento en base a drogas
(12)) y una oposición básica al sistema, que se traduce en general en la ausencia de ilusiones en cuanto a su reforma. Ambas tendencias pueden, al mismo tiempo, hacer muy difícil que esos proletarios reconozcan como suya la lucha de los proletarios que tienen un trabajo, dado que para ellos representan parte de una sociedad de la que se consideran excluidos.

Simultáneamente, las separaciones resultantes de la políticas urbanísticas burguesas participan también en esa división de las filas proletarias y constituyen, al lado de las separaciones ideológicas mantenidas por la socialdemocracia, un verdadero cordón sanitario físico y directamente material contra la afirmación de la unidad esencial del proletariado. En todos los aspectos de la vida bajo el capital, la burguesía desarrolla permanentemente su arsenal de aparatos, estructuras y mecanismos –tanto ideológicos como directamente materiales– para prevenir, trabar y/o reprimir físicamente todo proceso de unificación de luchas en función de sus diferentes estados. Todos ellos tienen como objetivo el proteger el orden social capitalista contra los ataques de su ejecutor y enterrador histórico: el proletariado.

Las ideologías, según las cuales los proletarios tendrían diferentes intereses y compartimentos que defender, tienen todavía una fuerza material, bien real, y traban siempre el reconocimiento, que los propios proletarios podrían hacer, de la identidad profunda de su condición y de sus luchas. Pero a pesar de ello, ningún aparato de la burguesía puede hacer desaparecer la unidad esencial que, por su contenido, tienen las luchas proletarias. En cualquier lugar o capa del proletariado que la lucha contra el capital se manifieste, ella contiene y en alguna manera expresa la totalidad y unidad del proyecto que hace del proletariado la primera clase de la historia que es al mismo tiempo explotada y revolucionaria.

Para nosotros, el proceso actual, relativo y contradictorio, de unificación de lucha del proletariado mundial es el resultado directo de la catástrofe capitalista que estamos padeciendo y de ninguna manera podría ser el resultado de la acción voluntaria de un partido, ni de la consciencia, bien por el contrario la catástrofe capitalista fuerza al proletariado a unificarse contra el capitalismo y a constituirse en fuerza, organizándose y expresando la consciencia de la necesidad de la revolución social.

En efecto, la degradación de las condiciones de supervivencia y los consecutivos ataques capitalistas contra la vida de los proletarios, al adoptar una dimensión cada vez más global, empujan a que la reacción de nuestra clase sea cada vez más homogénea, tanto en el tiempo como en la forma y el contenido de esas luchas. Ese es un aspecto mayor de la dinámica catastrófica del capital, que juega contra si mismo, incitando cada vez más a su «propio enterrador» a unificarse en la lucha a nivel mundial. Cuanto más satisface sus necesidades insaciables de ganancia, el capital debilita más las separaciones y barreras ideológicas que había creado, así como las fronteras y barreras materiales que había erigido para asegurar la explotación del proletariado. Cuanto más se profundice la catástrofe capitalista y más se desarrollen las luchas, más difícil le será a nuestro enemigo sembrar y mantener la cizaña en el seno de nuestra clase, pues las mismas diferencias objetivas en el seno de nuestra clase –bases materiales útiles a la división y a la reproducción de la inconsciencia de clase– tienden a disminuir, o a pasar a un segundo plano en el terreno de la confrontación social. La burguesía es consciente del hecho de que tendrá que afrontar a un proletariado cada vez más unificado y se prepara para ello.

Como ya lo subrayaba Marx en «Las luchas de clases en Francia», es en las luchas, contra los ataques capitalistas, que el proletariado va perdiendo sus ilusiones: cada derrota, es al mismo tiempo una victoria, afirmaba substancialmente Marx, porque las luchas hacen caer las máscaras utilizadas rompiendo, cada vez más claramente por la burguesía. Sólo el desarrollo de la lucha permite al proletariado ir rompiendo, cada vez más claramente, con las separaciones que la burguesía le impone. No es una cuestión de consciencia o de un pretendido partido, sino la misma profundización de la catástrofe capitalista la que fuerza al proletariado a luchar y, en ese proceso, a asumir en forma cada vez más clara el antagonismo de clase. El desarrollo de la catástrofe capitalista hace cada vez más patente la polarización de la sociedad en los dos campos enemigos: la burguesía y el proletariado.

Sin embargo, hoy es evidente que la simultaneidad, la amplitud e incluso la claridad de la reacción proletaria internacional están en contradicción flagrante con la ausencia de consciencia clara del proyecto social revolucionario, del comunismo, así como con la ausencia de reconocimiento mutuo de esas luchas como acción mundial de una sola clase en lucha. Tampoco constatamos una mayor consciencia acerca de la necesidad internacional de organizarse contra nuestro enemigo. Si bien la unicidad del proletariado se manifiesta, más que nunca, ante la generalización de la política de austeridad contra él, si bien los focos de lucha y sus objetivos expresan claramente la unicidad de nuestro interés de clase mundial y hasta el hecho de que la lucha es contra el mismo enemigo, los procesos reales de centralización siguen siendo sumamente escasos y localizados. La falta de asociacionismo (con cierta permanencia), de afirmaciones programáticas, de continuidad, de centralización internacional, íntimamente ligados a la destrucción profunda de los lazos sociales expuesta anteriormente,... continua siendo la gran laguna del proletariado en su lucha por destruir esta sociedad criminal.

 

Desde un punto de vista histórico, el estado de nuestra clase es, pues, totalmente diferente al que existía en las décadas anteriores a la gran ola revolucionaria internacional de los años 1917/19, cuando el asociacionismo proletario era generalizado en todas partes, cuando la prensa clasista era el organizador colectivo de millones de proletarios que se reconocían como clase y proclamaban internacionalmente la necesidad de destruir la sociedad capitalista mundial.

Pero no por ello sería correcto tomar ese período como LA referencia histórica, como criterio absoluto y sentenciar, como lo hacen los típicos «revolucionarios profesionales», dictaminando que «no hay consciencia», que «no hay organización», que «no hay partido», ¡cómo si hubiese que, en base al pasado, constituir un esquema formal al cual la lucha debiera adaptarse!

Más allá de criticar/enfrentar esas caricaturas leninistas, ampliamente promocionadas por toda la socialdemocracia a pretensión «radical», resulta imprescindible relativizar también esa falta de organización y consciencia de clase:

- Antes que nada, debe tenerse en cuenta que, si bien es evidente que nuestra clase no se expresa todavía como clase «consciente», si bien no se expresa como sujeto internacional que lucha por la abolición del orden existente, por todas partes ya se afirma que «todo va mal», «no se puede soportar más esto» y que en todos los países se expresa, en forma cada vez más explícita, la relación existente entre la putrefacción de todas las condiciones de supervivencia en el mundo y el dinero que nos oprime. No es exactamente lo que los revolucionarios entendimos siempre bajo el término consciencia, pero ese tipo de afirmaciones expresa ya la consciencia de que el sistema actual está contra «nosotros», que sus defensores están también contra «nosotros».

- Además, el movimiento de lucha que constatamos en diferentes países refleja niveles relativos de consciencia que pueden «leerse», por ejemplo, en los objetivos que el mismo ataca: los órganos de la burguesía, sus agentes, las instituciones, y las oficinas, y se incluyen cada vez más a las instituciones humanitarias y sociales; se atacan tanto a los hambreadores directos del proletariado, como a los que nos pretenden salvar de la miseria en base al boletín de voto, a la guerra contra un «enemigo exterior» o por el sacrificio.

- Tampoco se puede decir que no haya nada de asociacionismo, de organización a un cierto nivel voluntario y consciente. En diferentes países se pueden verificar niveles de intensidad y constancia, así como niveles de organización específica para la acción directa, para las manifestaciones, para los combates... Como lo señalamos ya muchísimas veces, el asociacionismo existe pero sin mantener una real continuidad entre un período de luchas y otro. Se desarrolla rapidísimo y desaparece de la misma manera luego del movimiento. Justamente, es su carácter efímero el que le impide adoptar formas internacionales (es decir no afirma explícitamente el carácter apátrida e internacionalista de toda lucha proletaria), ni se preocupa lo suficiente para afirmar el proyecto revolucionario.

El análisis de esta situación contradictoria es de vital importancia: si de un lado la generalización, la masividad, la fuerza y la capacidad de combate están aseguradas en el futuro inmediato, la capacidad de triunfar a nivel mundial, frente al capital unificado, no se encuentra asegurada en absoluto. La inconsciencia de clase (es decir de comunidad de interés, de objetivo) facilita no sólo las distorsiones y falsificaciones de la lucha de nuestra clase (y por ello su aislamiento, etapa indispensable para asegurar impunemente la represión) y deja así el campo libre para la pérdida de autonomía del movimiento (o para que nunca llegue realmente a afirmarse), para su atascamiento en el frentismo con diversas fracciones burguesas hasta la transformación de la lucha de clases en guerra interburguesa. La superación o no de esta contradicción, entre la amplitud de la reacción proletaria y la falta de asociacionismo consciente a nivel internacional, jugará, desde nuestro punto de vista, un papel decisivo en la resolución –revolucionaria o contrarrevolucionaria– de la contradicción social global. Así en una situación en donde la proporción de minorías revolucionarias con relación al movimiento real del proletariado es más pequeña que nunca, la lucha contracorriente de esas minorías será más decisiva que nunca.

Tomemos un ejemplo de brutal actualidad y reafirmemos la perspectiva comunista. Es verdad que el Pentágono asociado a otras fuerzas imperialistas actúa contra el gobierno boliviano y el venezolano, como lo denuncia la izquierda nacionalista burguesa hoy. Sin embargo, frente a la situación de catástrofe general de todo el sistema burgués y sus ataques contra el proletariado y frente a la lucha proletaria, la acción y los intereses del Pentágono coinciden integral y fundamentalmente con los de todos los gobiernos del mundo (incluidos muy particularmente los de «izquierda») en el objetivo estratégico de neutralizar la lucha actual contra el sistema social y el alistamiento del proletariado detrás de las fracciones burguesas. Pentágono y gobiernos auto proclamados «anti-imperialistas» actúan de hecho en base al mismo interés de clase: hacer pasar a un segundo plano la lucha que se desarrolla en todo el continente americano y en el mundo contra el aumento de precios de los productos de base y repolarizar toda la sociedad según las contradicciones intergubernamentales, entre de un lado los gobiernos nacionalistas burgueses de América Latina (como el de Venezuela, Bolivia, Nicaragua...) y de otra parte el gobierno de Estado Unidos.  

Frente a ello, la acción revolucionaria minoritaria debe afirmar como siempre:

«¡Ninguna solidaridad con ningún gobierno, con ningún Estado!»

«Todo Estado es enemigo de la lucha del proletariado»

«Contra el capitalismo por la
revolución social»

Porque indudablemente no será aceptando las polarizaciones entre Estados y sirviéndoles de carne de cañón que nosotros, proletarios, comeremos mejor, respiraremos mejor, beberemos mejor, amaremos mejor... viviremos mejor; sino al contrario, luchando contra el capitalismo y todos los Estados, constituyéndonos en clase, en partido, imponiendo nuestros intereses mundiales revolucionarios.

¡POR LA REVOLUCIÓN COMUNISTA MUNDIAL!

 

¡ORGANIAZARSE PARA DESTRUIR EL SISTEMA SOCIAL QUE NOS DESTRUYE!

 

LECTURA CRÍTICA


Des-colonialidad del poder: el horizonte alternativo - Aníbal Quijano

Desde mediados de 1973, el patrón de poder global colonial-moderno (1) inició un proceso de radical reconfiguración con un carácter contrarrevolucionario. Mediante el desempleo masivo, llevó a los trabajadores a una derrota mundial y, con la desintegración del despotismo burocrático (llamado “campo socialista”) y la implosión final de la URSS, eliminó a sus rivales en la hegemonía mundial, lo que también produjo la desintegración de los movimientos y organizaciones que le eran realmente crí­ticas y antagonistas. De ese modo, las más profundas tendencias que le son inherentes en este contexto histórico pudieron ser desarrolladas virtualmente sin resistencia hasta mediados del decenio final del siglo XX.
Este proceso implica todo un nuevo período histórico cuya significación es equivalente a lo que ocurrió con la llamada “revolución industrial burguesa”, pero que conduce a la actual existencia social en un sentido histórico virtualmente inverso al que fue entonces producido. No sólo las formas de dominación, de discriminación, de explotación serán -son ya, en realidad- cada vez más brutales y violentas. Lleva a la destrucción de las condiciones de vida en nuestro planeta, a la deliberada polari­zación social extrema y a la extinción por hambre de una gran parte de nuestra especie. Peor aún, mucho peor, está logrando hacer hegemónico un sentido común capaz de conformarse y de convivir con todo eso mientras pueda usarlo y consumirlo. Es decir, básicamente lo contrario a lo que fue el proyecto central de la colonial-modernidad.
Al mismo tiempo, el capitalismo colonial-moderno ha lo­grado producir un desarrollo científico-tecnológico que saca el mayor provecho de la nueva inteligencia de la especie, individual y asociada, lo que permite una producción material e inmaterial sin límites previos en escala mundial. Esto ha generado, en el capital, un nivel donde ya no se produce empleo asalariado, sino que opera por medio de una nueva forma de acumulación financiera y que requiere el máximo control de la subjetividad y de la autoridad.
Así pues, el capitalismo colonial-moderno ya no produce ni producirá más empleos ni más salario, salvo “precarizados” y “flexibilizados”, ni más servicios públicos o libertades civiles. Todo lo contrario. La esclavitud y la servidumbre están en plena reexpansión, con su perversa ética social ahora explícita de nuevo, siempre al servicio del capitalismo.
Los deseos y necesidades de poder y de lucro de los controladores de este poder son cada vez más ilimitados y perversos. Todo recurso es, en ese sentido, instrumental para esos fines. Esto lleva a la destrucción de nuestra casa común, el planeta, y a matarnos entre nosotros. De ese modo, en su fase actual, este patrón de poder es el mayor peligro global.
Ahora comenzamos a saber, sin embargo, que esa misma tecnología también permitiría producir todo lo que la población del mundo necesita sin recurrir a la dominación/discriminación/ explotación/violencia. Esto implica que el capitalismo no sólo es peligroso, sino que, por otro lado, ya no es útil ni necesario. Por el contrario, es prescindible. Dada su peligrosidad, prescindir del capitalismo colonial-moderno es una necesidad urgente. El actual nuevo periodo implica, en esta perspectiva, su conflicto más profundo y nos coloca a todos en una auténtica encrucijada histórica.
Ya no es suficiente, pues, resistir a la globalización neoliberal. Las conquistas que nos han sido arrebatadas en los últimos 40 años no serán restauradas. Ya no basta luchar contra el impe­rialismo unipolar de EU, ya que comenzamos a tener otro multipolar (la Unión Europea, China, India, Rusia, Brasil) que de ningún modo será menos brutal y violento. Ahora es necesario, urgente en verdad, pasar de la resistencia a la alternativa, y es precisamente eso lo que estamos haciendo. América Latina es el centro mismo de esta nueva etapa del movimiento mundial de la sociedad contra el capitalismo colonial-moderno.
A las luchas de los dominados y explotados del mundo in­dustrial y urbano, por resistir al neoliberalismo globalizado en defensa de empleo, salario, seguridad, servicios públicos, ciuda­danía, se suman ahora las luchas de los “indígenas” de todo el mundo, los más dominados entre las víctimas de la colonialidad del poder global, que permanecen en defensa de los elementos fundamentales de su sobrevivencia. Tales elementos son mal llamados “recursos naturales”, desde la perspectiva eurocéntrica de explotación de la naturaleza: el agua, las florestas y el oxígeno, los demás seres vivos, las plantas alimenticias y medicinales, en fin, todo lo que los “indígenas” han usado, producido y repro­ducido por miles de años y todos los materiales que permiten la producción de la existencia social. Por eso, los “indígenas” y, de modo creciente, todos los demás sectores de la población mundial -comenzando por la comunidad científica mundial y los intelectuales y profesionales de las capas medias, así cómo los trabajadores de todo el mundo industrial-urbano— están des­cubriendo que, dadas las tendencias destructivas del capitalismo actual, esos recursos de sobrevivencia de los “indígenas” son nada menos que recursos de la defensa de la vida misma en el planeta y que son, precisamente, los que el capitalismo colonial-moderno está llevando a la destrucción total.
Está emergiendo una vasta coalición social que puede ser —de hecho es— un nuevo movimiento mundial de la sociedad. Surge de la continua comprobación de que el actual capitalis­mo colonial-moderno es un riesgo inminente de destrucción de la vida en nuestro planeta. Pero, al mismo tiempo, también comienza a descubrir que, por su propio desarrollo científico y tecnológico, este patrón de poder es no sólo peligroso, sino finalmente innecesario e inútil.
Ha comenzado así un proceso de des-colonialidad de la existencia social. Un nuevo horizonte histórico está emergiendo, lo cual implica, en primer término, nuestra emancipación del eurocentrismo, esa forma de producir subjetividad (imaginario social, memoria histórica y conocimiento) de modo distorsiona­do y distorsionante que, aparte de la violencia, es el más eficaz instrumento de control que el capitalismo colonial-moderno tiene para mantener la existencia social de la especie humana dentro de este patrón de poder. La emancipación significa descubrir que los recursos de sobrevivencia de los “indígenas” del mundo son los mismos recursos de la vida en el planeta y descubrir, al mismo tiempo, en el mismo movimiento de nuestras luchas, que ya tenemos la tecnología social para prescindir del capitalismo.
Estamos también aprendiendo a organizarnos y a movili­zarnos desde esa misma perspectiva: produciendo ya nuestras propias formas de existencia social, liberadas de dominación, de discriminación racista, etnicista, sexista; produciendo nuevas formas de comunidad como nuestra principal forma de autoridad política; produciendo libertad y autonomía para cada individuo, como una expresión de la diversidad social y de la solidaridad; decidiendo democráticamente lo que necesitamos y queremos producir; acudiendo a y usando los máximos niveles de la tecnología para producir los bienes y valores que necesitemos; expandiendo la reciprocidad en la distribución de trabajo, de productos, de servicios; produciendo desde ese piso social la ética social alternativa a la del mercado y del lucro colonial-capitalista. Eso es lo que significa la producción democrática de una sociedad democrática.
Estas son las disyuntivas históricas del período que estamos viviendo y configurando con nuestras luchas y nuestros movi­mientos. Es un tiempo de lucha y opciones. América Latina fue el espacio original y el momento inicial de formación del capitalismo colonial-moderno. Hoy es, por fin, el centro mismo de la resistencia mundial y de la producción de alternativas contra este patrón de poder.


Quijano

Notas

1. El debate sobre esta cuestión fue abierto con “Colonialidad y modernidad/ racionalidad” (Perú Indígena, vol. 13, No. 29, Lima, 1991, pp. 11-20), y “La americanidad como concepto o las Américas en el moderno sistema-mundo”, en coautoría con Immanuel Wallerstein, en Internacional Journal of Social Sciences, No. 134, París, noviembre de 1992.

Publicamos este articulito porque nos pareció muy bien expuesta la agravación de la barbarie de la civilización capitalista, así como el empeoramiento de todas las condiciones de supervivencia y explotación como producto de la derrota del proletariado. Nos parece que Quijano realiza una buena síntesis de las perspectivas del capitalismo, incapaz no sólo de alimentar al ser humano, de “producir” “empleos” o “salarios”,…y que va a la destrucción de la casa común: “el planeta y a matarnos entre nosotros”
También saludamos que el autor reconozca que el problema es el capitalismo mismo y que “Ya no es suficiente, pues, resistir a la globalización neoliberal” y que “Ya no basta luchar contra el impe­rialismo unipolar de EU” lo que marca una buena ruptura con la izquierda dominante que en general ese medio de intelectuales no ha efectuado. En base a esas rupturas plantea bien la contradicción central entre el capitalismo mundial, que significa un peligro para la vida del planeta, y (a pesar de que discrepemos con su adición sociologista de sectores sociales) “un nuevo (2) movimiento mundial de la sociedad”. Y en ese contexto es que Quijano afirma la emergencia de un nuevo horizonte histórico, adonde subraya nuestra indispensable emancipación del eurocentrismo como instrumento de control, de violencia y distorsión histórica que siempre sirvió para reproducir el poder de esta sociedad racista y esclavista. Es sumamente lúcido y potente que contra la barbarie del capitalismo colonial-moderno Quijano afirme la lucha de los “indígenas” del mundo como parte orgánica de la lucha del proletariado, afirmando al mismo tiempo que la lucha por la supervivencia y la defensa del planeta es una misma lucha. Más aún subrayando que, en esa parte del proletariado, no tiene ningún sentido la separación entre lucha inmediata y lucha histórica, que más que en otros sectores del proletariado los “indígenas” cuando luchan por lo inmediato (contra la desposesión y contra la contaminación de la tierra y otros elementos naturales necesarios a su supervivencia) están luchando por los intereses de todos los explotados.
Nos sentimos identificados con ese planteo y con como plantea la contradicción central entre el sistema social y nuestro movimiento, nuestras luchas. Es cuando el autor quiere afirmar la parte positiva de esta perspectiva que tenemos divergencias decisivas con él. Así todo lo que dice de la democracia, como “la producción democrática de una sociedad democrática” es una lamentable concesión no sólo al capitalismo (hemos expuesto más de una vez que la democracia es un producto de la sociedad mercantil y del capitalismo en particular), sino hasta al mismo eurocentrismo (el modelo de dominación democrático es el que ha padecido el planeta desde la imposición de la hegemonía Europea). Se podría pensar que es sólo una cuestión de terminología, porque muchas veces quienes luchan contra la dominación y opresión capitalistas utilizan todavía la terminología de los opresores, reivindicando la democracia directa u “obrera” pero hay varios elementos en lo que afirma de positivo Quijano, que muestran que no es así: como la propia defensa de la “libertad y autonomía para cada individuo”. En efecto, el individuo mismo es un producto del desarrollo de la mercancía y el mismo sólo se hizo libre y autónomo por la afirmación de su capacidad de comprar y vender consecuentemente a su separación histórica de la comunidad. No, no se puede reivindicar al individuo autónomo y pretender que ese mismo individuo no sea egoísta, no se puede aspirar a la autonomía de cada individuo y quejarse de que ese mismo individuo se erija en propietario privado y nos prive de lo indispensable para vivir, de la misma manera que no se puede reivindicar a la democracia y quejarse porque esa misma democracia aplica el terror del Estado capitalista. Es tan absurdo como imaginarse una sociedad capitalista en la que “todos seamos ricos”.
Y esto es fundamental a la hora de hablar de “nuestras propias formas de existencia social, liberadas de dominación, de discriminación racista, etnicista, sexista; produciendo nuevas formas de comunidad” porque la verdadera comunidad humana no puede coexistir con el capitalismo, ni con el individuo, ni con la democracia. La única verdadera comunidad antes de la destrucción social del capitalismo, antes de la abolición de la propiedad privada y el Estado, es la comunidad de los que luchan contra este sistema social. Toda ilusión de construir comunidades de producción y de vida diferentes sin destruir este sistema social mundial, es decir coexistiendo pacíficamente con el capitalismo, no sólo es una posición utópica, sino que sirve invariantemente para desviar la energía de destrucción de este sistema social, permitiendo así al Estado capitalista reorganizarse para reventar, sin piedad, al proletariado revolucionario. Aunque sea un abc repitámoslo: LA REVOLUCIÓN ES INDISPENSABLE.
Por último es importante señalar que no es cierto que “América Latina fue el espacio original y el momento inicial de formación del capitalismo colonial-moderno” ¿Y el resto de América? Al contrario esta idea también nos parece una concesión al eurocentrismo. ¿Y China? ¿Y Japón? ¿Y la revolución en el mercado mundial del siglo XIII principalmente en el Pacífico? ¿Y el desarrollo comercial de los países árabes? ¿y las guerras imperialistas entre Europa y el Medio Oriente?
Como también nos parece falso afirmar que América Latina “Hoy es, por fin, el centro mismo de la resistencia mundial y de la producción de alternativas contra este patrón de poder”. No sabemos bien en que está pensando el autor, pero no sólo es un desconocimiento de las luchas del proletariado en otros continentes, en donde además también hay una gran contraposición entre los “indígenas” y las grandes multinacionales capitalistas que por ejemplo quieren desarrollar los “biocombustibles” (¡como en Indonesia!), sino que nos tememos que esté identificando como alternativas a lo que en realidad son respuestas del Estado a la lucha proletaria internacional, como los movimientos sociales todavía digitados por los gobiernos de izquierda burguesa en el continente. La condición indispensable para que se afirme la comunidad de lucha contra el capital es la contraposición a todos los gobiernos, incluidos los que se autodenominan socialistas, anticapitalistas y pro indígenas (3).

LAS “NUEVAS FORMAS DE COMUNIDAD” SÓLO PODRÁN DESARROLLARSE CONTRA EL CAPITAL Y TODOS LOS ESTADOS.

Notas

2. En realidad no es nuevo más que en la consciencia de ciertos sectores (incluyendo al propio Quijano), la unidad de la lucha contra el capital del proletariado internacional incluido los “indígenas” existe desde la misma resistencia a la separación del ser humano de la tierra para hacerlo trabajador asalariado, como lo reivindicaron grupos revolucionarios de diferentes partes del mundo en los siglos XIX y XX. Cabe subrayar al respecto a la revolución proletaria mexicana de principios de siglo y a su vanguardia comunista reagrupada en torno a Ricardo Flores Magón que siempre identificaron la resistencia indígena con la lucha internacional del proletariado por la revolución.
3. Tanto Quijano como otros autores o militantes son poco claros en cuanto a su oposición y denuncia del gobierno de Chavez, o del de Morales… y la canalización que los mismos realizan, de los movimientos sociales que luchan contra la depredación capitalista, hacia el apoyo a los Estados nacionales.

 

ESTRATEGIA DEL TERROR DE ESTADO: REPRIMIRLOS HASTA ENVIAR A TODOS AL HOSPITAL


En una entrevista concedida, en octubre 2008, a tres diarios italianos, en el contexto de manifestaciones contra la reforma de la educación en Italia, Francesco Cossiga, ex ministro del Interior y presidente de la república de ese país, enunció el método que debería seguir el gobierno para quebrar el movimiento.

“Presidente Cossiga, ¿piensa usted que Berlusconi exageró cuando amenazó utilizar la fuerza pública contra los estudiantes?
“Pues depende, si pensamos que es el presidente del consejo de un Estado fuerte, no, actuó muy bien. Sin embargo, dado que Italia es un Estado débil y que no hay en la oposición el partido de granito que es el PCI sino el evanescente PD, temo que los hechos no sigan las palabras y que consecuentemente Berlusconi haga triste figura”
“¿Cuáles son los hechos que deben seguir?”
“Maroni (actual ministro del Interior del gobierno Berlusconi) tendría que actuar como yo, cuando era Ministro del Interior”
“¿Es decir?
“Hay que dejarlos actuar. Retirar las fuerzas policiales de la calle y de las universidades, infiltrar el movimiento con agentes provocadores preparados a todo, y dejar que durante una decena de días los manifestantes puedan saquear las tiendas, incendien los coches y pongan a hierro y fuego las ciudades”
“¿Y luego?”
“Luego, basándose en el consenso popular, el sonido de las ambulancias tendrá que prevalecer sobre las sirenas de los coches de la Policía y de los Carabinieri.”
“¿En que sentido…?
“En el sentido que las fuerzas policiales no tendrían que tener piedad y enviar a todos al hospital. No merece la pena detenerlos, porque los jueces los pondrían otra vez en libertad, pero hay que herirlos hasta sangrarlos y herir también a los profesores que incitan a los manifestantes”.
“¿También a los profesores?”
“Sí, especialmente a los profesores. Claro que no a los más viejos, pero si a los más jóvenes profesores. ¿Nos damos cuenta de la gravedad de lo que está pasando? Son los profesores que adoctrinan a los niños y los hacen descender a la calle: ¡es un comportamiento criminal!”
No se puede ser más claro, es una receta general para enfrentar al proletariado en la calle. Para imponer el terror de estado (¡porque de eso se trata!), dice el viejo jefe de la represión europea, se requiere preparar el terreno. Para golpear a los que se encuentran a la vanguardia del movimiento hay primero que aislarlos de la sociedad, porque si no, podría ser peligroso. Como siempre, aconseja nuestro enemigo, para hacer la guerra es indispensable hablar de paz, hay que presentarse como pacifista (retirar las fuerzas policiales de la calle) para preparar un golpe mucho más contundente. Infiltrar el movimiento con agentes provocadores preparados a todo, es decir a atacar objetivos que desprestigien al movimiento, saqueando tiendas, quemando coches y poniendo a fuego y sangre las ciudades. Lo dice clarito para reprimir sin ningún límite y aplicar el escarmiento que merecen se requiere preparar el terreno rompiendo todo y haciendo que las ambulancias prevalezcan frente a los coches de policía, es decir que se hable mucho más de los heridos inocentes que de los cagados a palos por los milicos. Sólo después de lograr eses consenso hay que enviarlos al hospital, golpearlos sin piedad hasta “herirlos hasta sangrarlos”, antes existe el riesgo de que la población se sienta solidaria de los proletarios que descienden a la calle y atacan los símbolos del Estado y del capital, antes de que los agentes provocadores preparados a todo desnaturalicen el movimiento el sonido que prevalece es el de los milicos y sus vehículos (las sirenas de los coches de la Policía y de los Carabinieri) y se corre el riesgo de que todo el proletariado los enfrente.
La maniobra es no sólo pérfida y clara, sino clásica. Es algo así como el ABC en la estrategia de la dominación y el poder, la represión abierta siempre puede unificar al dominado y explotado, es mucho mejor infiltrar provocadores para desorganizar, para desviar el movimiento provocando confusión en medios y objetivos, en enemigos y perspectivas. Cuando el proletariado está desafiando la propiedad privada, saqueando supermercados y atacando edificios y locales que expresan la dominación capitalista (centros represivos, locales de partidos y sindicatos oficiales, organismos internacionales y embajadas, bancos, compañías de seguro…) el provocador ataca (y empuja a atacar) al pequeño almacén del barrio, al boliche del vecino, o a “los extranjeros”. En todas las grandes revueltas desde Los Angeles (tentativa de transformar la revuelta en contradicciones entre negros, latinos o/y coreanos) a las de Argentina (tentativa de los aparatos parapoliciales de responsabilizar de la crisis y atacar a los inmigrados bolivianos, peruanos, paraguayos, o/y cabecitas negras), para sólo subrayar dos ejemplos relevantes, el poder y los medios de fabricación de la opinión pública intentaron echar la culpa a minorías étnicas y desviar la energía proletaria que emergía contra el Estado hacia grupos humanos de otro color o cultura.
Por eso nos pareció sumamente importante como revelación del método de nuestros enemigos ante el cual las minorías proletarias deben estar alertas, tanto para saber que la retirada de los milicos de la calle puede preceder una reorganización para golpear con más fuerza y lejos de distenderse requiere preparar consecuentemente la fuerza de autodefensa, como para actuar para reafirmar objetivos y perspectivas y denunciar los verdaderos provocadores que invariantemente llevan a diluir la fuerza proletaria generando contradicciones internas, o buscando que se ataque a tal o tal parte del proletariado “extranjero”.
No, compañeros, no nos equivoquemos los que tiran piedras o/y molotovs contra los centros de poder y represión, los que saquean los grandes centros de distribución, los que paralizan la producción y distribución de mercancías en su lucha contra el poder, NO SON LOS PROVOCADORES, bien por el contrario, ellos son nuestros hermanos de clase, nuestros compañeros. Los provocadores (en general milicos disfrazados de manifestantes) son por el contrario, los que dentro de nuestras manifestaciones tratan de frenar la violencia contra la burguesía, los que tratan de reprimirlas y cuando no pueden se infiltran en las mismas para desorganizarlas, desorientarlas, llevarlas a atacar objetivos totalmente liquidacionistas de la fuerza de clase, en particular a minorías inmigrantes o consideradas étnicamente diferentes o/y a destruir las cosas que poseen otros proletarios. El objetivo de siempre de nuestros enemigos es liquidar la fuerza proletaria y/o canalizarla para que los proletarios de revienten entre ellos. Para eso trabajan todos los ideólogos y fuerzas represivas del Estado.
Por último conviene subrayar que estas declaraciones de Cossiga fueron utilizadas por otros enemigos del proletariado para afirmar: que “la violencia minoritaria, el sabotaje… es lo que buscan desde el Estado” y más globalmente para sostener que todo “desbordamiento minoritario y violento de las manifestaciones pacíficas es producto de agentes provocadores”. La falsificación es evidente: Cossiga no dice en absoluto que la violencia minoritaria y radical es producto del Estado, sino que expone la táctica para enfrentarla. Los provocadores no tienen por función radicalizar la violencia del proletariado contra el capitalismo, sino liquidarla. La acción provocadora no busca impulsar la violencia sino volverla odiosa para la masa de la población y justificar así su represión violenta.
En el fondo Cossiga y la izquierda burguesa (pongamos el caso de Olivier Besancenot, portavoz de la LCR u otras organizaciones contrarrevolucionarias) interpreta ese tipo de declaraciones para el mismo objetivo: golpear a los sectores del proletariado que impulsan a la lucha, aislar a la minoría más activa denunciándolos como provocadores. En todos los casos se busca denigrar y descalificar la acción directa proletaria y las minorías consecuentes.
Para el proletariado revolucionario, todos los que buscan liquidar la acción directa minoritaria son provocadores al servicio del orden capitalista y el Estado, en todas partes del mundo.

 

 

NOTAS

1. La primera parte de este artículo fue publicada en Comunismo número 58.

2. Es lo que se observa también con los signos de valor como el dólar o el euro, las fluctuaciones de los «valores» de todas las divisas sobre el mercado es permanente, pero a largo plazo, todas ellas pierden valor en términos relativos a las mercancías que tienen valor intrínseco.

3. Aprovechamos el tema para demarcarnos de aquellos que basados en esta perspectiva, del agotamiento del petróleo, imaginan que ello significará el fin del capitalismo haciendo innecesaria hasta la misma revolución social. En realidad la tendencia al agotamiento del petróleo ya está provocando una revolución de las fuerzas productivas y energéticas, verificable hasta en la velocidad de valorización de las empresas de desarrollo, investigación y producción de energías alternativas para reorganizar el capitalismo a nivel global. El capital no sólo se adapta a la misma y rentabiliza las alternativas, sino que produce al mismo tiempo las ideologías ecologistas que rentabilizan todavía más rápido las inversiones en energías alternativas. No sólo la ecología se ha vuelto un negocio rentable en todas las ramas de la producción, sino que la etiqueta “ecológica”, “natural”, “alternativa”, “sustentable” se ha vuelto un argumento central de propaganda y venta y de dinamización de las acciones de toda compañía que utilice esos argumentos. ¡Hasta existe un mercado, evidentemente en plena expansión, de “gestión de catástrofe”! No, compañeros, el capitalismo no se termina porque se vaya agotando el petróleo, o porque produce cada vez más catástrofe, como siempre dijeron los revolucionarios no es suficiente con enunciar que el capitalismo merece morir, hay que matarlo y enterrarlo y sólo puede realizar esta tarea el proletariado constituido en fuerza internacional.

4. Aquí nosotros estamos utilizando el termino «Tierra» en su carácter más general en tanto que planeta Tierra, o si se quiere la Naturaleza como el ecosistema en donde se desarrolla toda la vida, en particular la vida de la especie humana, que evidentemente requiere de todas las otras especies para su propia supervivencia. Dicho termino comprende no solo la tierra en el sentido estrecho de la palabra, sino el agua, los minerales, las selvas y bosques, los mares, los animales y vegetales... y todo lo que el capitalismo llama «recursos naturales». Toda le Tierra ha sido apropiada por el capital y se encuentra sometida a la dictadura de la tasa de ganancia que pone en peligro la supervivencia misma de la vida sobre la misma. La expresión de esta contradicción es la contradicción de clases o dicho de otra forma se concentra en la contradicción entre la perennidad del capitalismo o de la vida.

5. Subrayemos igualmente que es justamente porque la cantidad de tierra es limitada (y sobretodo de tierra cultivable) que la producción de artículos de primera necesidad entra en contradicción con la producción de alimentación para los animales (que a su vez sirven para la alimentación humana) o para las materias que servirán de biocarburantes. ¡Si!, el consejo de los ecologistas de mantener el modo de producción capitalista actual sustituyendo el petróleo por biocarburantes contribuye también a aumentar el precio de los artículos de primera necesidad. Pero la producción de biocarburantes no es en sí la explicación del aumento generalizado de precios, ésta es más bien otra consecuencia de la penuria generalizada de tierra también provocada por el capitalismo, así que, en última instancia, un factor coadyudante. Agreguemos además a ese nivel, que también es verdad que el capitalismo ha puesto en competencia la comida humana no solo con la de los chanchos, las vacas, pollos y pescados, sino que ahora con lo que «comen» los autos, camiones. Repitamos, sin embargo, que la razón general de aumento en los precios de los productos que provienen de la agricultura es la más general que venimos de exponer y no podrá ser solucionada ni siquiera imponiéndoles a los proletarios que coman los cereales que se le dan de comer a los animales, como pretenden muchos ecologistas (¡siempre preocupados en disminuir nuestra «huella ecologista»!), ni tampoco haciendo desaparecer de la tierra a los biocarburantes.

6. La dictadura de la tasa de ganancia impone este reinado: para que el capital circule rápido cuanto más corta sea la esperanza de vida de los productos es mejor para el capital. No solo es “baratija” porqué contiene cada vez menos tierra, sino también, y consecuentemente, porque esa misma tasa de ganancia exige que el producto sea lo menos durable posible. Así cuantas mercancías que ni siquiera han sido consumidos en tanto que valores de uso, son destruidas, cuantas mercancías son producidas para desaparecer lo más rápidamente posible.

7. Sin llegar al extremo de la “carne” hecha a partir de mierda humana (¡que no es una broma sino una realidad de la que se vanaglorian los empresarios productores de ella en Japón!) pensemos también a la generalización de la acuacultura, que pretende sustituir la criminal e impresionante destrucción de los mares operada en las últimas décadas por la producción masiva de pescado cada vez más artificial (con alimentación cada vez lejana de la natural). Luego se sorprenden de que el pescado resultante no contenga ni las vitaminas, ni los oligoelementos, ni el Omega 3..., que contiene el pescado que vive en ríos y mares. Nosotros ya no nos sorprendemos de los resultados nefastos de ningún progreso del capital.

8. Recordemos, al pasar, que esto es precisamente el progreso que tantas loas recibe de todas las fracciones de la clase dominante y de sus idiotas útiles. Reafirmemos que en la contraposición histórica entre todos los progresistas de la historia y la resistencia humana contra el progreso, nosotros comunistas, nos situamos siempre del lado de la resistencia humana.

9. A ese proceso corresponden todas las ideologías acerca de la superioridad de la civilización (particularmente ligadas a las religiones monoteístas) con relación a todos los otros seres humanos (hasta el extremo de negarles dicha condición a negros e indígenas) con relación a todas las especies y también en relación con los «pueblos» ligados a la tierra. La exterminación de los indígenas, así como la esclavitud generalizada que realizó el capitalismo, se justificó con dicha ideología. La ideología de la civilización capitalista considera invariablemente al ser humano ligado a la tierra como inferior frente al hombre libre. En todos los países y épocas, existen palabras despectivas y racistas que corresponden a esa cultura civilizadora del capital y que son utilizadas para designar la ignorancia, la incultura...: paisano, terrón, canario, terraja, «viene del barro», terroni (del italiano).

10. Esa relación de los obreros de la industria con la tierra, se expresa claramente en todos los casos en el cual los obreros industriales acaban de ser arrancados por el capital de la tierra. Así el movimiento ludista, en el que los proletarios destruían las máquinas, expresa a la vez la resistencia a aquella separación y la resistencia a someterse al ritmo infernal de la máquina, en realidad el ritmo de valorización del capital y de la sumisión de su ser a la burguesía. Ver al respecto el artículo «El obrero y la máquina» de Ricardo Flores Magón. La palabra «sabotaje» expresa, también, esa contradicción directamente vivida por el hombre ligado todavía a la tierra con respecto a la industrialización: el «sabot» era el zapato del hombre de la campaña, que se introducía en los engranajes de la máquina para impedirle seguir con su ritmo infernal..

11. Ver « ¿Proletario yo? » en Comunismo número 57

12. Siempre la burguesía utilizó diferentes tipos de drogas para abombar a los proletarios de los barrios marginales, como en muchas ocasiones ha sido denunciado por grupos revolucionarios. El papel actual de la pasta base, impuesta por los aparatos centrales e imperiales del Estado en América Latina es ejemplar en ese sentido como mecanismo de embrutecimiento y destrucción ultra violento de los proletarios y de todas las relaciones humanas que quisieran preservar. La destrucción humana llega a tales niveles que no es excesivo comprar la situación con el terrorismo y la desaparición de personas efectuada por el Estado en años anteriores. Por eso grupos de familiares y otros proletarios solidarios ya se organizan en muchos países de Sudamérica para escrachar a los principales traficantes y denunciar los aparatos policiales y militares que están detrás de esa acción estatal de liquidación física de marginales y descontentos.






CO59.1 Catástrofe capitalista y luchas proletarias
(segunda parte) (1)