Según el discurso de los explotadores, la desaparición brutal de la constelación soviética en 1989 debía, finalmente, consagrar la luminosa y definitiva victoria del capitalismo sobre el socialismo, en realidad ponía en evidencia la incapacidad de dirigir policialmente al capital, de compensar políticamente las diferencias cada vez mayores dictadas por la ley del valor, de subsanar en el largo plazo la ausencia de dinamismo tecnológico por protección política. La pretensión burguesa de controlar y planificar el capital, encarnado por la URSS y sus aliados, terminó en las basuras de la historia y mostrando su total y completo fracaso. Allí, la desvalorización generalizada, que estranguló a la bestia capitalista desde mediados de los años setenta, terminó por destruir toda veleidad de reformarla, de cambiarla para darle un atavismo más humano. El mercado y la ley del valor han demostrado que el libre cambio es el único y exclusivo dios al que todos tienen que adorar. Todos los dirigentes del planeta, inclusive los antiguos marxistas-leninistas, los verdaderos trotskistas, los aparatistas de todo género, los incorregibles libertarios, los socialistas de izquierda, los herederos del presidente Mao... como los auténticos guerrilleros, todos, de derecha como de izquierda, incluso sus extremos, se reacomodaron, sin muchas dificultades, al culto de los “beneficios del mercado y de su mano invisible”, aunque muchos de ellos, reconvertidos al altermundialismo proclamen algunas reformas y regulaciones para mejorar estatalmente por medio de tasas u otras reformas la tan invisible y mencionada mano. Del otro lado hasta las dictaduras más liberales, como la de Bush, aplicaban abiertamente viejos principios keynesianos y reconocían la función del gasto público y la guerra para impulsar la economía. Fue como si ante la consciencia general de la burguesía de la imposibilidad de un verdadero control del capitalismo, todas las fracciones de la clase dominante hubiesen reconocido en sus contrincantes lo que ellos también aportaban a la defensa común de la dominación de clase. La política económica mundial se unificó más todavía, en todas partes se aplicaron las mismas recetas: la derecha e izquierda de la burguesía mostraban abiertamente su identidad. fundamental tanto tiempo escondida. Desde entonces todos los ojos se dirigieron exclusivamente hacia Washington, que encarnaba la nueva Roma del inicio del milenio. La burguesía estadounidense triunfante, vista como un nuevo Mesías que desciende a la Tierra, será investida, por todos sus adeptos, de una misión casi divina: encarnar, en carne y hueso, la nueva religión bajo la etiqueta de “nuevo orden mundial”, en venta en todos los supermercados de la ideología dominante. Este nuevo orden debía procurar en una santa trinidad: la “paz”, la “prosperidad” y el “bienestar” al mundo entero. World peace through World trade”, la paz mundial por el comercio mundial, se enunciaba como el único y exclusivo credo que el mundo entero era invitado a retomar como esencia y a glorificar. Toda la humanidad –finalmente unificada en un único y exclusivo “pueblo global” tenía que adoptar ese credo para beneficiarse de los placeres eternos prometidos por aquellos que anunciaban el “fin de la historia” y el advenimiento de un “capitalismo eterno” y “sin límites”. 

Desgraciadamente para ellos, la celebración del culto no duró más de lo que dura la llegada de las golondrinas en primavera, es decir apenas algunas semanas. Rápidamente, la desilusión cortó el paso a todos estos ardores. El siglo XX terminaba como había comenzado: en el lodo y la sangre. Aterradoras carnicerías humanas azotaban casi la totalidad de las tierras de nuestro infierno planetario. Hasta Europa, eximida durante casi un medio siglo, encontraba nuevamente los caminos de la guerra con la implosión de los Balcanes. La destrucción de ciudades enteras, la masacre, la violación, el encarcelamiento... de miles de hombres, mujeres, niños, asediaban, con todo su horror y con la bendición de todos los gobiernos del mundo, la colaboración abierta de la ONU y de diversas ONG, a una hora y media de avión de París. En sólo algunos meses, la práctica totalidad de los países del antiguo bloque soviético se transformaron también en la presa de esa plaga típicamente capitalista: LA GUERRA, que trajo consigo, la muerte y la miseria de poblaciones ya desangradas por treinta años de sacrificio consentido bajo el altar de la “guerra fría”. Todos los escalones del antiguo imperio estalinista eran asolados: el Cáucaso, Asia central... En África, en todo el continente, el hambre caníbal de la mercancía condenó a muerte a 4 millones de seres humanos que perecieron directamente en inmundos osarios alrededor de la región de los Grandes Lagos. Y ni hablar de las otras guerras que devastaron (y continúan devastando) la mayor parte de los países de ese continente. Agréguese aún, a ese desfile lúgubre, los otros cadáveres y las otras miserias que desbordan los cementerios de esta sociedad caníbal. Las guerras siguen perpetuándose en Medio Oriente, en las islas indonesias, en Sierra Leona, en la represión en Haití, en Irak, en Colombia, en Palestina, en Afganistán, en Líbano... como reconoce abiertamente la ONU (1). El tan jactado, por los ideólogos de la mercancía y el libre cambio, futuro resplandeciente se parece, como dos gotas de agua, al desteñido pasado. Todo había cambiado, y sin embargo todo ha quedado idéntico, o mejor dicho, sigue empeorando.

Los sucesivos crash de la bolsa Wall Street, que arrastraron a todas las bolsas del mundo fueron haciendo añicos la ideología del mundo idílico que habían augurado. La prometida prosperidad generalizada por la “nueva economía” se volatilizó en los primeros años del siglo haciendo que desaparezcan miles de millones de dólares y empujando a la quiebra a un número incalculable de pequeños empresarios que habían creído en los milagros de la santa virgen de Silicon Valley. La burbuja terminó por reventar y la burbuja especulativa creada en torno a la informática se fundió como la nieve ante los rayos del sol. Luego de esa fecha otras “crisis financieras” fueron pautando el sistema capitalista mundial y señalando, pese a quien pese, sus límites históricos. Cuando cerramos este número la crisis generalizada de todos los bancos, compañías de seguros y otras instituciones financieras mundiales sigue agravándose; ya nadie puede ocultar, que además la misma que ya es notoria en la construcción y en general el sector inmobiliaria afectará irreversible e irremediablemente a todos los sectores de la “economía real”.

 

La nueva Roma del capital mundial tuvo muchas dificultades para ocultar su inmensa vulnerabilidad. Apenas entronizada en le panteón de la mayor potencia que el mundo haya conocido, sus templos más sagrados, el WTC, el Pentágono, el Capitolio, fueron profanados por un puñado de “innobles bárbaros”, que con simples cuchillos lograron desbaratar las murallas más sofisticadas y aseguradas de la pax americana. Desde esa entonces, cada día que pasa el planeta se sumerge un poco más en la catástrofe del capital. Bajo pretexto de “guerra contra el terrorismo”, los conflictos militares abrasan el mundo entero, a una cadencia cada vez más infernal. Una fundación suiza, llamada “Centro por la democratización de los ejércitos”, censa 23 que clasifica sea en “guerra” o en “conflictos internos”. Junto a esta desolación, en estos últimos meses, otros pájaros de mal augurio anuncian incesantemente nuevos cataclismos sanitarios, ecológicos, climáticos, ver aún económicos. Regularmente, gran parte de los periódicos del mundo abren con titulares que anuncian, como los boletines meteorológicos, la llegada inexorable de nuevas tempestades financieras y/o bursátiles. La catástrofe capitalista abarca todo nivel de nuestras vidas, ¡está presente por todos lados, cada vez más palpable, cada vez más visible!

***

El capital, en su búsqueda permanente de nuevos espacios de valorización, provoca incesantemente gigantescos cambios en la organización, la estructuración y las condiciones mismas de explotación. Estos cambios se dan no solamente a nivel directo, en donde se encuentra el proletariado delante del instrumento de trabajo, a este nivel las condiciones de explotación continúan cambiando incesantemente, día a día empeorándose, sino también al nivel mismo de las estructuras sociales, políticas, económicas que el capital se ha dotado (y que ayer le permitían extraer plusvalía), y que devienen cada día, cada momento, más obsoletas, lo que implica su transformación, ver desaparición y la necesidad de reemplazarlas por otras más competitivas. La desaparición de la URSS, del Pacto de Varsovia y, más recientemente, la dislocación de toda una serie de organizaciones estatales (2) a lo largo del mundo forma parte de esa dinámica. El modo de producción capitalista revoluciona constantemente su propio universo, cada día, lo reforma, lo renueva, lo redefine, lo cambia para poder encontrar nuevas, y cada vez más potentes, condiciones de explotación que le permita organizar su valorización a niveles superiores jamás alcanzados. Como un vampiro, sediento de sangre fresca, el capital, en su búsqueda frenética del precioso líquido –el plusvalor–, obliga a cada capitalista a reestructurar, a adquirir nuevas sociedades, a fusionar con otras, a deslocalizar, a compensar los gastos, a licenciar, a disminuir los salarios, a acrecentar el tiempo de trabajo, a inyectar nuevas tecnologías en el proceso productivo... todo esto en el cambio permanente, anunciando nuevas condiciones de explotación de nuestra clase, haciéndolas aún peores que las precedentes. Como ya lo afirmaba Marx en el Manifiesto del Partido Comunista en 1848: “La burguesía no puede existir sino a condición de revolucionar incesantemente los instrumentos de producción y, por consiguiente, las relaciones de producción, y con ello todas las relaciones sociales.”

El capitalismo no es un universo tranquilo en el que todo permanece eternamente inmovilizado, todo está en perpetuo cambio, en revolución permanente, en movimiento. Desde el desmoronamiento de las antiguas estructuras estatales hasta la redefinición del paisaje económico, por una concentración cada vez más poderosa de capitales en pocas manos, el proceso de valorización ha conocido, durante estos 30 últimos años, una aceleración sin precedente en su necesidad de trastornar todo, y hasta lo vivido por el hombre en este planeta.

Sea por la guerra, por la imposición de planes de austeridad sucesivos, por la destrucción de la biosfera, por el hambre y las epidemias, por la concentración de la propiedad agrícola (que expropia violentamente a masas enormes de “campesinos pobres”), por el endeudamiento, o por la esperanza de encontrar un futuro mejor... millones de hombres, mujeres y niños han sido arrancados del campo para instalarse en a las zonas urbanas. Por primera vez en la historia de la humanidad, y es importante subrayarlo, más de 50% de la población mundial se encuentra concentrada en un espacio reducido llamado medio urbano. Esta concentración de fuerza de trabajo alcanza niveles espantosos en casi todos los continentes, con picos que sobrepasan, en algunas regiones, el 80%. En solo algunas décadas, el espacio urbano creció desmesuradamente devorando gigantescos territorios a través de todo el planeta. Para tomar el ejemplo de Jartum, Sudan, ¡en 1988, la ciudad es cuarenta veces más vasta en superficie que en 1955! Y lo que es cierto para la superficie, lo es también para la población. En Lusaka, los barrios periféricos abrigan más de dos tercios de la población urbana.

 

“La aglomeración de Manila es una de las zonas más densamente pobladas del planeta. En cualquier barrio cerca de los centros comerciales, el precio por metro cuadrado excede de lejos el ingreso anual de un chofer de colectivo o de un guardia privado. Sin embargo, la propia naturaleza de las fuentes de ingreso posible obliga a residir a proximidades de los lugares en donde se concentra todo, puesto que el alejamiento supone costes prohibitivos en tiempo y dinero... La consecuencia lógica de esto es la práctica generalizada del ocupar. Casi todos los intersticios vacantes, dejados por el acondicionamiento de la ciudad, son inmediatamente llenados por viviendas de fortuna que baten todos los record inimaginables en materia de densidad de población.” (3)

En Hong Kong, 250.000 personas sobreviven en inmundas terrazas, en las que han construido sus habitaciones sobre pozos de aeración abarrotados, en el centro de construcciones, y ni hablar de aquéllos, innumerables (más del 10% de la población total), que solamente encontraron domicilio en las viejas barcas, que aún flotan entre las destruidas, en donde se amontonan a millares. En ambos casos, los mercaderes del sueño han construido jaulas, de allí la expresión local “hombres enjaulados”, que designa el espacio de vida que no sobrepasa 1,8 m² por persona. En el mundo de la mercancía nada se deja al azar, todo se compra y todo se vende, el espacio tiene un precio, de alquiler claro está. Así, un habitante sobre diez en Phom Pen “vive” bajo techo. Más de un millón y medio de habitantes de El Cairo “viven” en las mismas condiciones. Toda esa población está expuesta a la contaminación producida por la circulación, las industrias de cemento, así como por la arena del desierto, lo que provoca toda una serie de alergias, enfermedades de las vías respiratorias.

“Muy lejos de las estructuras de vidrio y acero, imaginadas por generaciones pasadas de urbanistas, las ciudades del futuro son esencialmente construidas con ladrillos, paja, plástico reciclado, perpiaño, chapa ondulada y madera de recuperación. En vez de ciudades de vidrio levantándose hacia el cielo, una gran parte del mundo urbano del siglo XXI vegeta de manera sórdida en la contaminación, los excrementos y la descomposición”. (4)

 

Esta es la realidad sórdida de ese “nuevo orden económico mundial”, que como vemos se encuentra muy lejos de las imágenes estereotipadas que prometían “bienestar, paz y prosperidad”. La concentración de la mayoría de la población del planeta en espacios cada vez más restringidos, para así ejercer un mejor control y explotación, dio a luz la generalización de las barriadas miserables, las favelas y los tugurios en todos los continentes (5), sin excepción alguna. En casi todos los casos, la gran mayoría de esas casuchas son construidas en terrenos de bajo valor económico, en lugares peligrosos, como tierras proclives a grandes inundaciones, en laderas, pantanos o lugares contaminados en los que nadie quiere vivir. Estudios efectuados en 1990 revelaron que una cuarta parte de las favelas de Sao Paulo fueron construidas en lugares peligrosamente deteriorados y que las otras tres cuartas partes se extendían en laderas abruptas o en bordes de ríos mal estabilizados. Todos viven bajo la espada de Damocles de un riesgo muerte eminente. Las favelas de Río de Janeiro no tienen nada que envidar a las de Sao Paulo. También están construidas en tierras quebradizas que son el teatro de frecuentes tragedias, como la que tuvo lugar en 1966-1967 donde 2.000 seres humanos murieron arrastrados por torrentes de lodo y restos, o como los recientes deslizamientos en una favela de Egipto, donde murieron miles de personas. Los mismos problemas, con las mismas soluciones, también los encontramos en Norte América, en donde lluvias diluvianas provocaron una avalancha de lodo que destruyó la favela de Mamayes, construida sobre una vertiente inestable encima de Ponce, en Puerto Rico, el balance humano fue también dramático: 500 muertos. La triste realidad de este mundo del dinero, en el que solamente los beneficios cuentan, solo puede engendrar nuevas, y aún terribles, catástrofes como lo demostró la travesía del huracán Katrina en 2005 sobre Nueva Orleáns. Los 1.500 muertos no fueron víctimas de “condiciones naturales” sino de la organización social de esta sociedad de la mercancía. Los diques cedieron, no sólo porque no se efectúo inversión alguna para su mantenimiento, sino, también, porque los burgueses, que debían de tomar las decisiones al respecto, sabían perfectamente que si los diques se derrumbaban la inundación arrasaría exclusivamente a los “barrios pobres”, lo que de un  golpe permitiría echar para siempre a esos habitantes del centro de la ciudad. Así podrían construir una new Nueva Orleáns, con más casinos, centros comerciales, parques para turistas, salas de congreso, hoteles... en pocas palabras: otra nueva y maravillosa Disneylandia del dinero.

La falta de espacio en la ciudad empuja a que los proletarios se instalen en cualquier lugar, incluso en lugares peligrosos, como los alrededores de fábricas químicas, oleoductos o refinerías. No fue por casualidad que en diciembre de 1984 una nube tóxica (isocyanate de metileno) de la fábrica Union Carbide, en Bhopal, India, mató entre 7.000 y 10.000 personas el primer día, y alrededor de 15.000 a 30.000 en los días que siguieron la catástrofe. En estos últimos años, las favelas y los suburbios crecieron como hongos, incluso al lado de fábricas peligrosas. En Buenos Aires, la gran mayoría de las “villas de emergencia”, construidas por clandestinos procedentes de Bolivia o Paraguay, se encuentran en las orillas fétidas del extremadamente contaminado Río de la Reconquista y Río de la Matanza.

“El agua estancada y las aguas usadas, no procesadas, tiradas por el alcantarillado, engendran un hedor terrible y la zona entera esta plagada de ratas, mosquitos, moscas y otros insectos.” (6)

 

Cada día que pasa, la catástrofe capitalista se vuelve más inmediatamente palpable, visible. Según el geógrafo, especialista en riesgos ambientales, Keneth Hewitt, los terremotos han destruido alrededor de 100 millones de habitaciones en el curso del siglo XX, esencialmente en las favelas, en los barrios en vía de empobrecimiento o en los pueblos rurales. “El riesgo sísmico es tan desigualmente repartido en la mayoría de las ciudades que se ha podido forjar el término de ‘terremoto de clase’ para dar cuenta de la naturaleza fundamentalmente injusta de las catástrofes.” Hoy en día la casi totalidad de los seres humanos se encuentran expuestos a riesgos de terremotos, erupciones volcánicas y tsunamis, así como de tormentas violentas, ciclones y otras tempestades devastadoras.

En Lagos, capital de Nigeria, la tasa de ocupación del suelo alcanza niveles totalmente insostenibles. En 1972, 90.000 personas vivían en Ajegunle –suburbio de Lagos que se extendía sobre 8 km² de terreno pantanoso– ¡Hoy se estima a 1,5 millones la cantidad de personas que viven en ese mismo espacio! En China, entre 1987 y 1992 el éxodo rural fue tal que se estima en un millón de hectáreas los terrenos agrícolas que fueron transformados en terrenos urbanizados. En Egipto, la expansión urbana ha alcanzado niveles de una amplitud crítica. En los alrededores de El Cairo, la ciudad ha ido tragando más de 30.000 hectáreas por año, superficie casi equivalente a la de los terrenos agrícolas ganados sobre el desierto gracias a los titánicos programas de irrigación de la represa de Asuán. Todos los continentes son arrasados por la amplitud del desastre capitalista. La sociedad burguesa cada vez concentra más a la fuerza de trabajo en menos espacio, lo que hace que incluso quienes se las arreglan para poseer una habitación no puedan arreglarla, ni mantenerla, por lo que la misma se encuentre en un estado cada vez más ruinoso. Así, los “callejones” de Lima, construidos por uno de los más grandes propietarios urbanos de la capital, la Iglesia católica, son esencialmente viviendas (en donde el hacinamiento es inmenso, 85 personas comparten un solo grifo de agua y 93 los mismos aseos) construidas con estructuras prefabricadas de madera (que se deterioran muy rápidamente) y que se transforman en verdaderas trampas para sus ocupantes cuando se desploman.

En Europa y Estados Unidos la regla no hace excepción. “Clandestinos”, especie de favelas construidas con todo lo que se encuentre, reaparecieron recientemente en la periferia de Lisboa y se siguen agrandando en Nápoles, en Atenas. En Estados Unidos, el mismo fenómeno se desarrolla bajo la forma de “colonias” alrededor de ciudades como El Paso y Palm Springs. El auge de las favelas en Europa declina con respecto a otro mundo, menos visible, más discreto, pero igualmente catastrófico, que los sociólogos de moda se apresuraron en bautizar como la “caravanización de la habitación”, término que designa la imposibilidad que tienen cada vez más “nuevos pobres” (otro neologismo para negar la existencia del proletariado), de alojarse en la ciudad. Los mismos se ven obligados a buscar refugio en caravanas de camping en zonas superpobladas pero perdidas en medio de húmedos bosques o al borde de riachuelos que  muchas veces desbordan durante el invierno, inundando toda la vida de esa gente. Los mercaderes, de todo ese ensopado ideológico moderno, nos explican, muy doctamente, que el auge de las favelas en el espacio urbano es una característica del “tercer mundo” y que solamente afecta excepcionalmente a las grandes metrópolis occidentales. Estos putrefactos ideólogos sólo tienen como objetivo oponer a los proletarios de un territorio a aquéllos que viven en otro. Estos adoradores de la mercancía tienen tanta mierda en los ojos que no llegan ni siquiera a distinguir la miseria que supura en sus propias ciudades modelo. ¿Qué diferencia puede encontrarse entre cualquier favela, como las que hemos descrito en África, América Latina, Medio Oriente, y los tugurios de Harlem o los de Dublín, o las habitaciones para los sobrevivientes de los bombardeos aliados, construidos luego de la guerra, en Berlín (llamados Mietskaserne), o los “dumbells” del Lower East Side de Nueva York, o, en fin, los innumerables “HLM” (Habitaciones de Alquiler Moderado), lúgubres edificios adonde se concentra a las capas más marginales del proletariado en los suburbios franceses? El límite entre barrios enteros en abandono, cada vez más parecidos a los tugurios, y las favelas se hace más inconsistente con el paso del tiempo. En sólo algunas décadas, este planeta, que cada vez se parece más al infierno descrito por las diversas religiones, en donde se apiñan a los habitantes en enormes aglomeraciones devastadas por la desocupación, la miseria, la droga, las bandas, la represión policial..., se ha transformado en una inmensa cloaca a cielo abierto. La civilización capitalista no es más que un verdadero cementerio en donde los mismos polos de valorización, los más centrales, no escapan a la putrefacción que la carcome. El capital, afligido de una gangrena generalizada, la desvalorización, está pudriéndose totalmente. Jean Ziegler, tercermundista, diputado suizo, alto representante de la ONU..., en un reciente libro, Les nouveaux maîtres du monde (los nuevos dueños del mundo), describe, con un asombro apenas disimulado, su estupefacción cuando encuentra, en el mismo Washington, la capital de la nueva Roma, lo que bien conocía en África: ¡las favelas!

“A dos calles detrás del Capitolio se abre otro universo. Una frontera invisible pasa a través de los tilos y corta el asfalto carbonizado. ‘Don’t go there, please’(no se meta ahí, por favor) me dice el senador de Nueva York, que con una infinita simpatía me hizo visitar el sótano, los salones y la sala de sesión de la cámara alta. Por ‘there’(ahí) designaba los barrios negros, el gueto, una tierra asquerosa devastada por el crack, el alcohol y el crimen. Esos barrios alojan a la inmensa mayoría de habitantes de Washington DC... En Pennsylvania Avenue busqué desesperadamente un taxi que quisiera conducirme ‘allí’... ‘De acuerdo, me dijo un chofer originario de Etiopia, pero sin ninguna parada y yo escojo las avenidas por las que pasaremos’. Y fue así que percibí un universo de bastidores de autos, de inmuebles destripados sin vidrios, de niños andrajosos, todos negros, con ojos apagados por el crack. La miseria del mundo se extiende hasta el umbral de la Casa Blanca.”

“Bienestar, Paz y Prosperidad” es la Santa Trinidad idílica del tan alabado, por los librecambistas de la “nueva economía” y del “nuevo orden mundial”, “capitalismo sin barreras”. Pero la prosaica realidad de aquella Trinidad es: Guerra, Miseria y Favelas y todo lo demás son sólo eslóganes publicitarios burgueses que se desploman frente a cifras que hablan por sí mismas. Sobre 500.000 emigrantes que llegan cada año a Nueva Delhi, en India, 400.000 acaban en las favelas. En Calcuta, miles de hombres comparten piezas de 45 m² que apiñan a más de 14 personas. En París no es raro encontrar varias familias compartiendo el mismo tugurio . Entre 1989 y 1999, 85% del crecimiento demográfico en Kenia fue absorbido por las fétidas y sobrepobladas favelas de Nairobi y Mombasa. De la misma manera, hoy en día el centro de la ciudad de Ulan-Bator, capital de Mongolia, se encuentra cercada por un mar de carpas, llamadas gers, donde viven por lo menos 500.000 ex productores pecuarios expulsados de sus tierras por la miseria; entre ellos muy pocos son los que logran comer más de una vez por día. En El Cairo, un millón de proletarios utilizan las tumbas de los Mamelucos, erigidas en el siglo XVIII, como vivienda. Después de la guerra de Seis Días, en 1967, ese cementerio, transformado en una especie de isla rodeada de autopistas casi siempre embotelladas, fue ocupado por miles de refugiados expulsados por el ejército israelí del Sinaí y de la región de Suez. Desde ese entonces, otros cementerios han sido usados para servir de morada de los vivos, como los cementerios judíos abandonados de El Cairo. Decididamente, bajo la sociedad del capital, ¡más vale estar muerto que vivo! La burguesía tiene mucho más consideración por los cadáveres, que transforma voluntariamente en parque de turistas, como el Valle de los Reyes o las Pirámides, que por los vivos mal pagados, con los que no sabe qué hacer.

¡Abajo la
propiedad privada!

 

La catástrofe capitalista, que castiga duramente todo el planeta, precipita a una parte cada vez mayor de la población mundial hacia soluciones de supervivencia cada vez más extremas, cada vez más ilegales, cada vez más en oposición a la sacro santa propiedad privada. Los proletarios de la capital argentina se organizaron, frente a la imposibilidad financiera de poder alojarse, para ocupar por la fuerza toda una serie de fábricas u otros edificios abandonados por sus propietarios. ¡Solamente en la Capital Federal hay unos de 100.000 ocupantes! “Os horrorizáis dice Marx en el Manifiesto del Partido Comunista de que queramos abolir la propiedad privada. Pero, en vuestra sociedad actual, la propiedad privada está abolida para las nueve décimas partes de sus miembros; la misma existe precisamente porque no existe para esas nueve décimas partes. Nos reprocháis, pues, el querer abolir una forma de propiedad que no puede existir sino a condición de que la inmensa mayoría de la sociedad sea privada de propiedad.”


 

La guerra, que causa estragos en casi todo el planeta, empuja a una parte cada vez mayor de la humanidad a buscar refugio al interior de las grandes ciudades, esperando así escapar al incesante crecimiento de las masacres. Finalmente, un gran número de favelas que pueblan el planeta no son más que inmensos campos de refugiados, fugados de las guerras. Así, los cuatro millones de muertos, que las diversas guerras provocaron alrededor de los Grandes Lagos africanos, empujaron a muchos millones más a escapar buscar refugio en lugares menos expuestos. Al menos así lo pensaban. Sin lugar a dudas, el mayor campamento fue Goma, al noreste del Congo, que conglomeró, en condiciones de vida espantosas, a más de 700.000 personas. Los que pudieron escapar a los machetazos de Ruanda, perecieron en esos gigantescos campos de concentración, bajo control directo de la ONU y de las mayores ONG, de hambre y cólera. En la actualidad, el suburbio de Jartum cuenta con 4 gigantescos campos donde se aglutinan más de un millón y medio de víctimas de sucesivas guerras engendradas por el control del petróleo en Dafur. Kabul no escapó a la misma tragedia, como lo indicaba el Washington Post del 26 de agosto 2002: “En el distrito de Karte Ariana, centenas de familias que huyeron de las zonas de combate se refugiaron en un laberinto de favelas verticales, sin cocina ni baños; dormían de a l5 o 20 en la misma choza”. También en Europa, un gran número de refugiados ocupan las periferias de grandes ciudades como Belgrado, en donde los diez años de guerra de los Balcanes han arrancado a miles de personas de sus lugares de nacimiento para apiñarlos en la “ciudad blanca”.

En América Latina, la guerra en Colombia ha generado gigantescas implantaciones en los alrededores de Bogotá, Sumapaz, Ciudad Bolívar, Usme…  así como también en Soacha Una ONG indica, en uno de sus informes, que “los más desplazados son excluidos sociales, privados de toda forma legal de vida y de trabajo. Hoy en día, (en 2002), 653 800  habitantes de Bogotá no tenían trabajo en la ciudad y, lo más indignante, la mitad entre ellos tenían menos de veintinueve años”.(7) 

Lo que se ha transformado en la norma para una gran parte del mundo, lo es también para Medio Oriente, donde uno de los campos de refugiados más antiguo existe todavía, 60 años después de su creación: la franja de Gaza. En 1948 se instalaron los primeros refugiados sobre esta franja de tierra desértica, acorralada entre Israel, Egipto y el mar, para escapar al terror que hacía reinar las milicias israelíes, encargadas de vaciar los pueblos de sus habitantes para instalar a los nuevos colonos. La franja de Gaza, que es una de las favelas mayores del mundo, concentra en su territorio de apenas algunos kilómetros cuadrados, una población estimada en más de 1.300.000 habitantes de los cuales 750.000 son refugiados. Más de los dos tercios de esos habitantes intentan vivir, si eso fuese posible, con menos de dos dólares por día, en un lugar en el cual todo está racionado por el bloqueo hermético que impone el ejército de Israel. En ese gigantesco campo, la comida y los otros productos de primera necesidad entran a cuentagotas y los pobladores son sometidos a increíbles extorsiones para procurarse lo elemental, por parte del conjunto de partidos políticos y sus milicias. No es por casualidad que la mayoría de los habitantes (70% de desocupados) tienen la sensación terrible de vivir encerrados en un gigantesco corredor de la muerte, sin ningún futuro posible. El odio de los milicos que lo someten a tales condiciones es tan grande que no es sorprendente ver a viejos, mujeres y niños enfrentar, con simples piedras en mano, a los tanques del ejército israelí, asumiendo sin miedo, el riesgo de prisión, tortura y muerte. Desde 1967, en los llamados “territorios ocupados”, más de una persona sobre cinco ha estado, o se encuentra todavía, en las cárceles del estado en Israel.

 

Estas no son más que algunas constataciones de la putrefacción de esta sociedad, sin que por ello su sepulturero, el proletariado, se decida de una vez por todas a empuñar la pala para cumplir su tarea histórica, es decir enterrar definitivamente al capitalismo y sus miserias abriendo así la vía a la comunidad humana, al comunismo.

¡El progreso es
la muerte!

Todos los años, el cóctel de pauperización urbana y circulación de mercancías provoca una verdadera hecatombe en el mundo entero. Más de un millón de personas mueren por año en los accidentes de carretera. En Lagos, donde sus habitantes pasan más de tres horas por día para ir a trabajar, muchos conductores de minibús (especie de taxis colectivos) son frecuentemente arrebatados por accesos de locura y conducen en sentido contrario, invaden las veredas..., provocando masacres tan sangrientas que recientemente el propio ministerio de transporte tuvo que imponer exámenes psicológicos obligatorios a los conductores. En 2003, en China, más de 250.000 personas han muerto, o fueron gravemente heridas, en accidentes de circulación. La motorización galopante tiene también otro efecto, el de exacerbar la contaminación atmosférica. Este efecto se magnifica porque los vehículos utilizados son extremadamente antiguos. Según un estudio reciente, la contaminación atmosférica es mortal en México, Sao Paulo, Nueva Delhi y Pekín. El simple hecho de respirar el aire de Bombay equivale a fumar dos paquetes y medio de cigarrillos por día. Recientemente el Centro por la Ciencia del Medio Ambiente de Nueva Delhi declaró que las ciudades indias estaban en proceso de transformarse en “cámaras de gas mortal”.

 

Por último, luego del cuchitril insalubre y superpoblado en la favela, del local de ocupas, del tugurio, de la caravana, del campo de refugiados... queda aún una última solución para aquellos que verdaderamente no tienen nada para encontrar un techo: la calle. Bombay detiene el récord absoluto con más de 1,5 millones de personas oficialmente (en realidad mucho más) viviendo en las aceras. Contrariamente al estereotipo occidental, según el cual, el prototipo de miserable en India es un campesino que viene del alejado campo a la ciudad para mendigar, la gran mayoría de esos proletarios, forzados a vivir en la calle, son habitantes normales de la ciudad y tienen un trabajo (8) (como conductores de rickshaws culí, trabajadores de la construcción, cargadores en los mercados... y todo lo que pueda permitirles sobrevivir, como la venta ambulante, camarero...) que apenas le alcanza para comer. No se pueden permitir gastos de transportes, ni las distancias de una habitación en los suburbios Estas condiciones obligan, a la mayoría de esos Condenados de la Tierra, a dormir en el mismo piso para recomponerse de una dura jornada laboral. La China seudosocialista no escapa a este fenómeno. A pesar de que las estadísticas hacen alarde de altas tasas en el aumento de la producción, los burgueses tienen muchos problemas en ocultar la miseria de los trabajadores que producen todas esas riquezas. Bajo el término “población fluctuante” se clasifica a más de cien millones de clandestinos (¡si, 100.000.000!) que, por el simple hecho de haber abandonado su lugar de residencia sin el permiso necesario, se encuentran privados oficialmente de toda posibilidad legal de encontrar una vivienda en las grandes ciudades. Las ZES, zonas económicamente especiales, concentran paradojas genuinamente capitalistas: son regiones que producen cantidades enormes de mercancías y los que la producen no poseen absolutamente nada, ¡ni un minúsculo techo para dormir! Y lo que es verdad en China lo es también en Estados Unidos. En Los Ángeles y Nueva York se hace difícil ocultar a sus “fluctuantes” ciudadanos, hoy cifrados en más de 100.000 seres humanos en cada una de esas ciudades, entre los cuales se encuentra un número creciente de familias que permanentemente acampan en las calles del centro de la ciudad, los parques o los accesos de las autopistas. Entre esos “fluctuantes” encontramos también, como recientemente lo subrayara una agencia de prensa china, un gran número de exmercenarios que combatieron en las fuerzas norteamericanas “contra la subversión comunista”. Acosados por los fantasmas de aquellos a quienes torturaron, violaron... esos verdaderos “héroes americanos” no son más que ruinas humanas; he ahí un buen ejemplo, para los proletarios activos de esa región del mundo, que tenemos que agitar en las narices de esos jóvenes imbéciles que continúan, aún hoy en día, alistándose en ese ejercito de asesinos, esos con cráneo rapado y abarrotado de estupideces sobre la patria, la gloria, el honor, la democracia y otras sandeces burguesas. ¡He allí vuestro futuro! ¡En la calle como los perros! (¡y hasta peor que muchos perros!)

 

En sólo algunos años, tugurios, favelas, campos, caravanas, asentamientos, calles... se han transformado en la regla general del hábitat de los hombres en la Tierra. En un número creciente de casos, las inmundicias urbanas y los explotados indeseables terminan juntos: en los infames lugares llamados Quarantina, al borde de Beirut; Hillat Kusha, en la periferia de Jartum; Santa Cruz Meyehualco, en México; hasta la hoy célebre “Montaña fumante” de Manila. He ahí como el capital deposita, concentra, las mercancías desvalorizadas, sin que le importe mucho que en este caso se trate de seres humanos. Favelas e inmundicias se generalizan a través todo el planeta, y ya se están transformando en el futuro para toda la humanidad. Incluso Kabul, “liberada del terrorismo” por las tropas norteamericanas, no es una excepción. El director de la planificación urbana de Kabul se queja afirmando que la ciudad “Se está transformando en una gigantesco vertedero...se queja desesperado el director de la planificación urbana de Kabul refiriéndose a la ciudad Dos millones de personas producen 800 m³ de desechos sólidos cada 24 horas. Incluso si se hiciese tres colectas por día, los 40 camiones puestos a disposición sólo podrían transportar de 200 a 300 m³”. (9)

La catástrofe capitalista no se limita únicamente a la gestión de basura, que esta sociedad del lucro produce a profusión; el agua misma, tan necesaria para la vida, se transforma, también, en una fuente de catástrofes.

“La mitad de las favelas de Sao Paolo se sitúan sobre las orillas de las reservas de agua de la ciudad, lo que crea un riesgo sanitario importante, puesto que los ocupantes tiran directamente sus desechos en las reservas y en los arroyos que las alimentan. Los sistemas de control de calidad de la red municipal de distribución del agua tuvieron numerosos fallos durante estos últimos años. Claro que se aumenta el cloro en el agua para prevenir las enfermedades entéricas, pero difícilmente se puede controlar la proliferación de algas, que crecen vertiginosamente por la acumulación de materias orgánicas.” (10)

La catástrofe capitalista produce una paradoja suplementaria: el ayuntamiento de esta ciudad utiliza 170.000 toneladas de productos químicos para procesar el agua y hacerla potable. En Nairobi, el agua de la canilla no es más potable, pues la misma fuente está contaminada por materias fecales. En América Latina, por ejemplo, el 90% de las aguas servidas o residuales es directamente vertido en los arroyos y ríos. A nivel sanitario, la mayor parte de las grandes ciudades del capitalismo triunfante no son más que gigantescas cloacas congestionadas que desbordan por todas partes. La mierda capitalista está en todos lados, en las materias orgánicas, humanas o animales, en los pesticidas y otros abonos químicos que terminan contaminando la mayor parte de las fuentes existentes de agua potable. En Francia, el ejemplo de Bretaña es pavoroso; las normas europeas, por supuesto ya flexibles, ¡han sido superadas en 28 veces! ¡He ahí el progreso capitalista! Ya en 1844, Friedrich Engels describía en La situación de la clase obrera en Inglaterra hechos idénticos en estos términos: “Sólo había un cuarto de baño, en la mayor parte de los casos inabordable claro está, para alrededor de 120 personas. Abajo corre, más bien estanca, el Irk, estrecho riachuelo, negro como la brea y con un olor nauseabundo, lleno de inmundicias y detritus”. Lo que fue cierto para Inglaterra se ha transformado hoy en día, en la norma para toda la humanidad.

¡El capitalismo es la civilización de la mierda!

 

Las consecuencias son catastróficas para los seres humanos. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), ¡las enfermedades producidas por la contaminación del agua, la evacuación del lodo y la basura matan oficialmente a más de 30.000 personas por día y son la causa directa del 75% de infecciones que corroe a la humanidad. Diarrea, gastroenteritis, cólicos, fiebre tifoidea y otras fiebres paratifoideas se han transformado en las causas principales que matan, en solo pocos días, a lactantes. Cólera, disentería, dengue y malaria se disputan el palmarés de la mortalidad. En Bagdad, en la inmensa favela de Ciudad Sadr, las epidemias de hepatitis y fiebre tifoidea han alcanzado niveles difícilmente controlables. Los bombardeos estadounidenses han destruido las ya muy insuficientes infraestructuras que existían, y hoy en día el agua residual de las cloacas se vierte directamente en la red de distribución del agua. Un testigo relata que a simple vista se podía observar filamentos de excrementos humanos que escurrían a través de las canillas de agua supuestamente potable. En verano, la temperatura a la sombra en Bagdad supera los 45º y  no se puede encontrar un pozo de agua a muchos kilómetros a la redonda. No es difícil imaginar los estragos que esto puede causar en la población.

La burguesía nos ha vendido el espejismo de la “aldea global”, concepto aséptico embalado en celofán, que no puede ocultar más la terrible realidad de este mundo, ¡qué cada vez se parece más a un vertedero! En muy poco tiempo, el hacinamiento entre millones de seres humanos, animales y basuras de todo tipo ha transformado esos lugares y ciudades, en inmensas incubadores a cielo abierto, en donde nuevas bacterias y virus se cultivan cotidianamente, anunciando así futuras catástrofes sanitarias. En estos últimos años hasta han reaparecido antiguas enfermedades que la OMS daba por “desaparecidas”, mientras que aquellos que se prostituyen delante todo lo que respira la ciencia nos habían prometido su total erradicación para fines del siglo fines del XX o principios del XXI. Sólo en el año 2001, la enfermedad del sueño ha matado a más de 300.000 personas, la fiebre negra dio mejores resultados, eliminando a más de 500.000 personas en Brasil, Bangladesh, India y Nepal. Otra epidemia hizo su reaparición, a pesar que había desaparecido en los años setenta, la tuberculosis. Las execrables condiciones de higiene y vida, en la que se encuentra un número creciente de seres humanos, han producido la reaparición de la tuberculosis, que en pocos años ha ocasionado la muerte y el sufrimiento de más de ocho millones de seres humanos. Agreguemos a este siniestro cuadro la muerte, cada 30 segundos, de niños por paludismo en 2006. Los antiguos medicamentos no producen reacción alguna, los agentes transmisores han devenido más resistentes a los antibióticos utilizados en sobredosis para hacer crecer más rápido a los animales y enriquecer a las firmas agropecuarias y a los laboratorios y firmas farmacéuticas multinacionales. Mientras el 40% de la población mundial vive en regiones en donde el paludismo reina, la respuesta del negocio farmacéutico estuvo a la altura de lo que el capitalismo propone como solución al excedente, en relación a sus necesidades actuales de valorización de fuerza de trabajo: ¡La muerte! Entre 1975 y 1996, la industria farmacéutica desarrolló 12.223 nuevas moléculas, pero sólo (11) se relacionaban al tratamiento de enfermedades como el paludismo, la tuberculosis, la enfermedad del sueño o la fiebre negra.

 

Y ni siquiera hemos visto todo lo que se oculta detrás de los vocablos de SIDA, STRAAS, Ebola, Chikungunya y otros virus como el H5N1, capaces de viajar a la velocidad de un avión de línea y de provocar millones de muertes en el espacio de algunas semanas. En la actualidad, ésa es la realidad cotidiana de la batalla de la humanidad, el mundo de muerte que el capitalismo no puede esconder más, pues su catástrofe es enorme y generalizada.

1. De “la lucha contra la pobreza” a la criminalización de los explotados

A principios de los años noventa, el Banco Mundial señalaba, a los administradores de la catástrofe capitalista, la problemática de la “pobreza urbanizada”: “La pobreza urbana se transformará en el problema más importante y el políticamente más explosivo del próximo siglo”.11

¡Cada vez más control!


Las autoridades de Nueva York han comprado nuevas torres móviles para fortificar el control policial de la ciudad. Estas torres de control pueden ser fácilmente desplazadas y están equipadas de cámaras de visión nocturna y pueden funcionar con o sin personal. “La policía piensa utilizar esas torres para controlar las manifestaciones y también los barrios en los que la criminalidad está en alza.” Una de esas torres se acaba de instalar en un cruce del barrio de Harlem.

 

Cuanto más se generaliza la crisis de desvalorización a todos los sectores del capital, las soluciones son cada vez más las mismas para todas las fracciones burguesas: la criminalización de una gran parte de nuestra clase. Por su simple presencia, los sectores del proletariado excedente (12) sacan a luz la putrefacción del sistema capitalista, pero evidentemente todos los aparatos ideológicos del Estado se encargan de anunciarnos que los culpables son esos proletarios. Como siempre en la historia de este sistema abyecto, pero hoy más que nunca, dichos proletarios son (des) calificados de delincuentes, vendedores de droga, vagabundos, chusma, parásitos... Por doquier los discursos de gobiernos, patrones, sindicatos, medios de comunicación, sociólogos y otros energúmenos a sueldo de esta sociedad antropófaga son iguales: el proletariado es una clase peligrosa que hay que domar, encarcelar, controlar, reprimir, someter, educar... y hasta “limpiar al Kärscher” (marca de máquina de agua a alta presión, de limpieza industrial), como declaraba en 2005 el en ese entonces ministro del interior francés, Nicolás Sarkozy.

 

La criminalización del proletariado excedente se ha transformado en el discurso omnipresente, como única respuesta burguesa frente al desarrollo de esta catastrófica organización social. No existe otro. A derecha como izquierda, en el sur como en el norte, en el centro o las favelas, la simple existencia de excedentes proletarios es sinónimo de una verdadera pesadilla viviente para la burguesía. El terror que engendran las reacciones potenciales de ese proletariado, despojado de todo, ante la clase dominante es enorme y provoca por todos lados el mismo reflejo.

“La guerra contra las favelas llegará a parecerse peligrosamente a una batalla por el control de las implantaciones y habitaciones de los pobres, y de hecho a una ofensiva contra los mismos pobres.” (13)

Todos los burgueses del mundo saben que ese follón no puede continuar desarrollándose indefinidamente. Cada día que pasa esto se transforma en algo todavía más insostenible, incontrolable, potencialmente explosivo. Por ello, la única solución es más milicos, prisiones, represión, cámaras, “tolerancia cero”, muros, barreras, alambrados, alambre de espino... en pocas palabras, siguiendo su lenguaje, cada vez más “guerra a los pobres”. A este nivel, la burguesía en Estados Unidos estuvo siempre adelantada con respecto a sus colegas del mundo entero. Según las estadísticas oficiales, cada año más de l,5 millones de “pobres” pasan a la categoría de “muy pobres”, es decir que, a pesar de tener un trabajo, esos proletarios no llegan a sobrevivir. Hoy en día, más de 36 millones de explotados viven en eso que la burguesía llama “la inseguridad alimentaria”, en otras palabras, no se alimentan suficientemente. La desocupación toca a más de 9 millones de trabajadores, 5 millones no figuran en estas estadísticas y más de 25 millones tienen un empleo a tiempo parcial.

“Los trabajadores estadounidenses se encuentran obligados a trabajar cada vez más tiempo para simplemente pagar sus facturas. Para un trabajador a tiempo completo, el tiempo de trabajo paso de 1.720 horas por año en 1973 a 1.898 horas por año en 1988, o sea un aumento de 178, es decir más de cuatro semanas adicionales por año.” (14)

¡Viva la delación!


Un creciente número de liceos y universidades en Estados Unidos incitan a sus estudiantes a la delación, ofreciendo recompensas a cambio de informaciones sobre “delitos o violaciones del reglamento interno”. Dinero, pizzas y lugares de parking gratuitos son ofrecidos a todo aquel que denuncie a un compañero por posesión de armas, droga, alcohol, o por actos de vandalismo o todo tipo de infracción a las reglas. Desde hace poco, el condado de Houston en Virginia ofrece 500 dólares por informaciones que permitan arrestar a personas que hayan cometido, o estén por cometer, un delito. Se desarrollan sistemas de seguridad para que las líneas telefónicas, los sitios web, los buzones… puedan garantizar la confidencialidad de la delación.
Ciertos sociólogos tienen inquietudes con respecto al programa “Student Crime Stoppers” puesto que “destruye el sentimiento de pertenecer a un grupo” y puede conducir hasta accesos de locura como el tomar un arma y tirar contra todo el mundo (tiroteo en el liceo de Colombine, Red Lake... la lista es muy larga). También dicen que, “todo eso crea un clima denso de desconfianza entre los alumnos”. El profesor de educación de la Universidad de Temple, en California, observa “esa idea de vigilancia entre alumnos tiene algo desagradable que nos hace recordar mucho a lo que sucedía en la Unión Soviética y en la Alemania nazi. Es mal civismo. Habría, más bien, que convencer a los estudiantes de la necesidad de hablar, pero sin prometerles una recompensa”. ¡Sic!

 

Añadamos a esto que el nivel de endeudamiento en ese país ha pasado de 22% del ingreso en 1946 a más del 110% en la actualidad. El endeudamiento, facilitado por la distribución de cartas de crédito, se ha triplicado entre 1989 y 2001. Las municipalidades y los organismos de caridad señalan que la demanda de comida y víveres de primera necesidad se incrementa exponencialmente desde hace muchos años. 43 millones de personas no tienen un seguro de enfermedad, lo que significa que el más pequeño accidente tiene que ser pagado al contado, lo que a su vez fuerza al proletario al endeudamiento.

 

Nacer en una familia sin seguro medico en Estados Unidos aumenta alrededor 50% el riesgo de morir antes de alcanzar el primer año. 85.000 personas mueren prematuramente cada año en dicho país por falta de atención médica. Más de l,3 millones de jóvenes se fugan o se encuentran sin techo y viven corrientemente en las calles. La situación de las infraestructuras (rutas, puentes, transportes públicos, sistema de abastecimiento de agua y electricidad...) es, en muchas partes, semejante a la de la población: todo se derrumba. Sólo es necesario asomarse a la actualidad para encontrar una cantidad infinita de ejemplos. No es por casualidad que, en Estados Unidos, país modelo para el capitalismo de librecambio, los cortes de electricidad duran frecuentemente horas enteras, como si se viviese en Bagdad o Kinshasa.  En su búsqueda desenfrenada de nuevos beneficios, el capitalismo abandona aquello que no es suficientemente rentable, incluso la fuerza de trabajo transformándola en superabundante incluso como ejercito de reserva de la producción industrial y agrícola capitalista.

Finalmente, bajo el vocablo “lucha contra la pobreza”, sólo se oculta la guerra abierta contra los explotados que exceden las necesidades del capital. Los discursos de “tolerancia cero” sólo tienen un significado: la limpieza sistemática de las calles de todos los “mendigos, sin techo, delincuentes juveniles, violencias urbanas...”; en pocas palabras del excedente proletario, de ese inmenso ejército de reserva que no consigue vender su fuerza de trabajo para sobrevivir. Esa cantidad, cada vez más importante, de indeseables es empujada sistemáticamente hacia los suburbios o favelas o/y apiñados en el único lugar en donde el capitalismo puede aún reservarles un lugar: la cárcel.

En Estados Unidos unos siete millones de proletarios se encuentran, de una forma u otra, privados de libertad. La represión sistemática de la miseria, llevada adelante en Estados Unidos, hace que hoy ese país tenga encerrado al 25% de todos los prisioneros del mundo, en una población que apenas representa el 5% de la población mundial. La industria de las prisiones, con la de la guerra, es uno de los raros sectores en plena expansión en ese país modelo de toda la burguesía. Las empresas que se ocupan de la construcción, el abastecimiento, el control... de las prisiones cotizan en Wall Street. Como escribe el Left Business Observer:

“Esta industria hace sus propias presentaciones comerciales, sus convenciones, sus sitios web, sus catálogos de venta por correspondencia e internet. Hacen también sus campañas publicitarias, tienen sociedades de arquitectura, de construcción, de correduría en Wall Street, sus organismos de abastecimiento en fontanería,  sus empresas de fabricación de comidas, de productos y materiales a prueba de balas, de celdas acolchadas. Mas aún, la industria federal de prisiones es la que fabrica el 100% de los cascos militares, equipos de municiones, chaleco antibalas, cartas de identidad, camisas y pantalones, carpas y sacos de dormir, bidones.”

La producción va desde material de guerra, pasando por más del 92% del mercado estadounidense de comida preparada, hasta material de informática y la cría de perros para ciegos. Gracias al trabajo en las prisiones, Estados Unidos vuelve a ser un punto atractivo para los capitales del mundo entero. A la gran mayoría de proletarios presos se la somete a condiciones privilegiadas (para los explotadores, ¡evidentemente!) de explotación. Hasta Microsoft ha repatriado una gran parte de sus productos para fabricarlos en las prisiones. Recientemente, el gran patrón de Nike pudo deleitarse anunciando en una prisión modelo que “Nike va a transferir su producción de Indonesia, pues aquí nos ofrecéis un trabajo competitivo y los gastos de transporte son casi inexistentes, a lo que cabe añadir que nuestro mercado principal se encuentra aquí, en nuestro hermoso país”.

La población penitenciaria sigue aumentando en Estados Unidos a un ritmo vertiginoso,  en sólo algunos años, la muy tranquilizadora lucha contra el terrorismo y la “caza a los pobres” han permitido encarcelar a cualquiera bajo cualquier pretexto. Desde el encarcelamiento de trabajadores ilegales, pasando por la “tolerancia cero”, hasta el encarcelamiento por 25 años o a perpetuidad en virtud de la regla de los “tres golpes” (15) han superpoblado todas las prisiones. De cada 32 adultos, uno está en prisión o en libertad condicional, lo que se traduce en más de dos millones y medio de detenidos y casi cinco millones de individuos en libertad condicional. Ya ni siquiera tomamos en cuenta los diversos toques de queda, que son regularmente impuestos entre las diez de la noche y las seis la mañana, en muchas ciudades de Estados Unidos, como si fuera Bagdad, que precipitan a centenas de jóvenes cotidianamente en detención preventiva simplemente por haber infringido esta reglamentación, que no es más que un momento de esa gigantesca lucha que el capital lleva adelante cotidianamente contra el proletariado. A fines de 2005, el condado de Los Ángeles puso en línea un sitio Internet, lacountymurders.com, destinado a sus habitantes para que tomen conciencia de que la guerra que se libra todos los días en las calles de esa ciudad es la misma que se desarrolla en otras ciudades en guerra, como en Bagdad.

“Los estadounidenses se han acostumbrando a tomar en cuenta la amenaza terrorista a nivel nacional... y se han entristecido por la muerte de numerosos soldados nuestros lejos de sus hogares. También existe otra guerra, igualmente mortal, en las calles del condado de Los Ángeles. Firmado: el sheriff del condado.”

La criminalización de nuestra clase abre el mejor camino a la represión, a la guerra abierta contra los proletarios. Todos los pretextos son buenos para hacerle comprender, al explotado, que su verdadero lugar, en esta sociedad del detritus, se encuentra abajo, totalmente debajo de la escala social.

Claro está que esto no sucede únicamente en Estados Unidos, sino en el mundo entero. En todas partes se organizan grandes operaciones de limpieza de pobres expulsándolos del centro de las ciudades, para lo cual se utilizan diversos acontecimientos como congresos, visitas de altos dignatarios extranjeros, competiciones deportivas (como los Juegos Olímpicos, o los Mundiales de Fútbol) concursos de belleza y otros festivales internacionales. Los damnificados de la Tierra saben que en esas ocasiones el terror burgués contra ellos se generaliza. En tales ocasiones las fuerzas del orden burgués hacen todo lo posible para hacer desaparecer –en apariencia, entiéndase bien la lepra, la suciedad, en breve, el lado negativo de la contradicción capitalista, y para ello no escatiman ningún esfuerzo contra los sectores más golpeados de nuestra clase.

“Los habitantes de Manila tienen un horror muy particular a ese género de ‘campañas de embellecimiento’. Durante el reino de Imelda Marcos sobre el gobierno de la ciudad, los habitantes de las favelas fueron sucesivamente expulsados del trayecto de los cortejos de gala del concurso Miss Universo 1974, durante la visita del presidente Ford en 1975 y de la cumbre del Banco Mundial y del FMI en 1976. En total, 160.000 ocupantes fueron expulsados lejos de todo campo de visión de los medios de comunicación. Entre ellos, numerosos fueron a parar a la periferia de Manila, a 30 kilómetros o más de sus antiguos hogares. Luego vino el “Poder del Pueblo” de Corazón Aquino, que fue aún más brutal: 600.000 ocupantes fueron expulsados, en la mayoría de las veces no estaba previsto lugar alguno para realojarlos. A pesar de todas sus promesas, durante la campaña electoral, sobre la protección de la vivienda de los pobres, José Estrada, sucesor de Aquino, optó por la misma política de expulsiones masivas. 22.000 casas fueron arrasadas durante el transcurso del primer semestre de 1999. Luego, en noviembre 1999, durante la cumbre de la Asociaciones de las Naciones del Sudeste Asiático, los equipos de demolición atacaron la favela de Dabu-Daby, en Passay. Cuando 2.000 residentes formaron un muro humano, el poder acudió a un equipo de intervención especial, armado de fusiles de asalto M16. Su intervención dejó cuatro muertos y veinte heridos, viviendas incendiadas, con todo lo que contenían. A la fuerza los habitantes fueron alojados en la boca de salida de varias cloacas. Consecuentemente sus niños resultaron infectados con gérmenes gastrointestinales y dichas enfermedades produjeron, muchas muertes.” (16)

¡La propiedad privada es sagrada!

¡Los proletarios sólo tienen que
irse a reventar más lejos!


Para no soportar los gastos y los tiempos de largos trámites judiciales y administrativos, las autoridades, los propietarios o los contratistas que quieren expulsar, corrientemente prefieren desencadenar un incendio criminal para deshacerse de los ocupantes precarios. Manila goza de una triste reputación en la materia: “Entre febrero y abril 1993, se dieron ocho incendios mayores en las favelas, inclusive incendios criminales activados en Smoky Montain, Aroma Beach y Navotas. La zona más amenazada se encuentra próxima de los terminales, en donde está prevista la extensión del terminal de flete. Uno de los métodos predilectos de los propietarios filipinos, adeptos a lo que prefieren llamar la ‘demolición caliente’, es el de agarrar una rata o gato –los gatos mueren más rápidamente- bañarlos en gasolina, inflamarlos y soltarlos en las favelas que quieren despejar... los incendios provocados de esta manera son difíciles a combatir pues, antes de morir, el desdichado animal puede expandir el fuego a numerosas cabañas.”


Mike Davis, Le pire des mondes possibles, Éditions La Découverte, 2006.

 

Asimismo, durante los Juegos Olímpicos de Seúl en 1988, sólo para la construcción del estadio que debía acoger la competición internacional se desterró de la ciudad a 720.000 personas. Sin embargo, los desplazamientos masivos de población no son sólo provocados por la construcción de estadios o grandes represas. Las inquietudes gubernamentales por la ecología tuvieron el mismo impacto catastrófico en aquellos que viven en la pobreza extrema. Así en Yamuna Pushta (el jhuggi –favela que se extiende a lo largo de la Yamuna River en Nueva Delhi, en donde vivían más de 150.000 refugiados procedentes de Bengala) en 2004, el gobierno local procedió, a pesar de manifestaciones y la resistencia, a la limpieza de la zona para instalar un lugar de paseo y equipos turísticos en el borde del río. Mientras que los administradores locales recibían los elogios internacionales por su “plan verde”, los residentes eran desplazados de golpe y a la fuerza, en camiones, hacia una nueva favela periférica situada 20 kilómetros más lejos, lo que les implicó una perdida estimada en 50% de sus ingresos en gastos de transporte: “Por lo menos tenemos que gastar la mitad de lo que ganamos para pagarnos una ida y vuelta entre nuestra vivienda y nuestro trabajo”.

Estas deportaciones de poblaciones enteras no son únicamente la obra de “infames capitalistas a sueldo del FMI y el Banco Mundial”, para parafrasear a esos imbéciles tercermundistas (17), sino que son inherentes a toda “buena administración” y común a todas las gestiones del capital, a los burgueses de cualquier tendencia. Así, los estalinistas, que dirigían ayer el ayuntamiento de Calcuta, vaciaron literalmente el centro de sus ocupantes ilegales. En Angola, cuando el MPLA (Movimiento popular de liberación de Angola), de tendencia marxista leninista, tomó el control de los centros de poder expulsó a todos los “pobres” de Luanda, la capital. En 2001, los antiguos dirigentes del MPLA reconvertidos en “los beneficios del mercado y de su mano invisible”, volvieron a expulsar por la fuerza a más de 10.000 familias de Boavista, en la bahía de Luanda, para construir residencias de lujo. Dos resistentes fueron asesinados, los demás proletarios fueron transportados en camión y abandonados a 40 kilómetros de sus antiguos domicilios. En Europa se vive también la misma situación que en las regiones tropicales. Recordemos la expulsión de los inmigrantes de Sonacotra y la destrucción de sus casas en Vénissieux Vitry, por los asesinos a las órdenes del ayuntamiento, dirigido entonces por el Partido “Comunista” Francés en 1980. Y ni hablar de los 25.000 “ilegales” expulsados cada año de Francia, por todos los gobiernos de izquierda o de derecha.

¿Qué hace la policía en Brasil? Asesina...


A fines de 2006, “bandas de traficantes de droga”, según el comunicado de la policía, atacaron ocho comisarías de Río de Janeiro, así como un hospital, e incendiaron varios coches y cuatro autobuses de la policía en diferentes barrios. En total, más de doce ataques fueron perpetuados, se mató e hirió a más de ocho policías. Según el alcalde de la ciudad, Cesar Maia, “esas bandas” habrían actuado para castigar a la policía que, desde muchos meses atrás, organizó, con policías que colaboraban una vez terminada sus horas de servicio, represalias contra todo lo que de lejos o de cerca representaba una amenaza al orden. En respuesta al ataque de “esas bandas”, la policía, con la ayuda de milicias privadas, ocupó militarmente doce favelas. En el mes de mayo 2005, la policía ya había ocupado, por varios días, esos barrios obreros. Los enfrentamientos provocaron la muerte de 170 personas, entre los cuales 40 policías. En Sao Paulo también, la guerra es cada vez más abierta entre los habitantes de las favelas y los diferentes cuerpos policiales, que siempre justifican la represión del proletariado en nombre de la lucha contra la droga.

 

En la actualidad, estas prácticas son ampliamente utilizadas en China, por auténticos marxistas leninistas “confiados en el futuro socialista del país”. Entre 1991 y 1997, en Shangai más de un millón y medio de seres humanos fueron expulsados para dar paso a la construcción de gigantescos rascacielos, apartamentos de lujo con dos de centros comerciales y autopistas para acceder a ellos. En el transcurso de ese mismo periodo, más de un millón de habitantes de Pekín sufrieron la misma especie de injurias. Cada diez años, en la capital celeste se construye un cinturón periférico de autopistas para asegurar el desplazamiento de mercancías y la buena marcha de los negocios. Esas nuevas autopistas exigen nuevas deportaciones, la destrucción de antiguos barrios con el fin de empujar a la infame plebe a lugares muchos más lejos del centro estratégico.

En Santo Domingo, también podemos citar ejemplos de la guerra internacional contra nuestra clase. Entre 1986 y 1992, en la capital de ese país, 180.000 personas fueron desplazadas y se arrasaron barrios enteros. “El plan, escriben investigadores que trabajan en Sabana Perdida, consistía en deshacerse de los elementos indeseable en los barrios obreros de la ciudad alta, empujándolos hacia la periferia. Las reminiscencias de las revueltas de 1965 y los levantamientos de 1984 hacían pensar que sería más prudente erradicar esos focos de oposición y de resistencia política”. Edmundo Morel y Manuel Mejía “The Dominican Republic

La estrategia de limpieza urbana, dentro de una estrategia contrainsurreccional, no es algo nuevo bajo el sol negro del capital. Ya bajo el imperio romano se adoptó esa estrategia, luego se fue fortificando durante los siguientes siglos para hoy en día llegar a una militarización creciente del espacio urbano. Hacia fines de los años sesenta, esa limpieza social se generaliza a través de todo el planeta. En Brasil desde fines de la década del 60/principios del 70 se desarrolla una campaña de expulsión sistemática de los ocupantes ilegales, con la colaboración de las fuerzas armadas. El objetivo anunciado al principio fue el de “eliminar todas las favelas de Río de Janeiro en diez años”. Así fueron arrasadas varias favelas y se expulsaron cientos de miles de habitantes, pero la resistencia de los habitantes siempre impidió que los planes fueran más lejos.

En Argentina, también se hicieron campañas cuasi militares de erradicación de villas miserias, que se mantuvieron en todas las circunstancias con “el proceso” o sin él. La liquidación de barrios enteros fue sistemáticamente estudiada por urbanistas y realizada con la colaboración del organismo gubernamental del USAID (especie de ONG en realidad bajo órdenes directas del Pentágono), dentro de una estrategia abiertamente contrainsurreccional, con el objetivo claramente declarado de despejar a los proletarios de las zonas neurálgicas, como la del centro de la ciudad, en donde corrientemente se concentran los lugares del poder. Entre 1967 y 1970, se lanzó un Plan de Erradicación de Villas de Emergencia en Argentina que, luego de destruida la ola de luchas proletarias en la década del 70, se incrementó todavía más, expulsándose a cientos de miles de proletarios de Capital Federal.

En El Cairo, los mismos métodos fueron aplicados luego de las revueltas de enero 1977, que estallaron cuando el Sadat redujo a la mitad las subvenciones que Nasser había otorgado (en su lenguaje populista) “a los pobres” para encontrar vivienda. La reacción fue terrible, barrios enteros de proletarios atacaron hoteles de cinco estrellas, casinos, discotecas, centros comerciales, comisarías y devastaron todo lo que encontraron a su paso. La respuesta burguesa fue terrible, la represión se abatió contra los proletarios (hubo más de 80 muertos y unos 1000 heridos) y las prisiones se llenaron de explotados procedentes de las favelas de las que habían partido las manifestaciones. En venganza, y también como estrategia contra la insurgencia proletaria, todos esos barrios miserables fueron allanados y hasta arrasados: como  Ishash al-Turguman,  Bulaq, barrio bastante céntrico de El Cairo. Sadat declaró a los periodistas extranjeros, que acudieron para admirar al nuevo faraón de grandes obras civilizadoras, que esos “barrios eran un nido de rebeldes, en donde se esconden comunistas”, que “lamentablemente no pudieron ir a extraer de todas partes porque las calles son tan estrechas que los patrulleros policiales no pueden entrar”.  Como Bonaparte y su arquitecto Haussman en París, Sadat soñaba con volver a diseñar El Cairo. Farha Ghannam subraya que Sadat “como Napoleón III en su tiempo, quería volver a diseñar el centro de la ciudad para un mejor dominio y un mejor control policial”. Los habitantes de las favelas fueron divididos en dos grupos y expulsados al exterior de la ciudad, el barrio fue arrasado y transformado en un parking. Por falta de tiempo y dinero, Sadat nunca pudo ver realizado su proyecto y El Cairo sigue siendo, como todas las grandes ciudades del mundo, un foco potencial, de revolución mundial, que en el futuro volverá a brillar para hacer, junto con mil otros, desparecer definitivamente el capitalismo y todos sus horrores.

Desde fines de los años setenta, el argumento de la “lucha contra la criminalidad”, e incluso la “lucha contra el terrorismo”, se ha transformado en un pretexto, como tantos útiles, para arrasar los barrios proletarios más miserables y criminalizar a sus habitantes. En Cisjordania, el ejército israelí utiliza ese pretexto y se sirve de viejos estatutos británicos y hasta otomanos, para la expulsión de familias o la destrucción de casas de “terroristas”. En Dhaka, las autoridades municipales utilizaron la muerte de un policía, en 1999, para demoler con buldózeres 19 “favelas criminales” y expulsar a 50.000 personas. En Pekín, en 1995, la erradicación del pueblo de Zhejiang, enorme favela situada en el límite sur de la capital y verdadero foco de lucha durante los sucesos de la plaza Tiananmen en 1989, fue conducida como una verdadera operación militar: 5.000 milicos y cuadros del Partido, armados hasta los dientes, hacen irrupción en la madrugada en ese barrio arrasando con todo y deportando a los   campos de concentración y de trabajo, a unos 18.621 proletarios clasificados como “ilegales”. En nombre de la lucha contra la “criminalidad, el bandolerismo y terrorismo”, el primer ministro, Li Peng, dirigió personalmente esa operación policial.

En Zimbabwe, el presidente Roberto Mugabe (ex guerrillero anti apartheid), dirigió, a principios de mayo 2005, la primera fase de “la operación Murambasvina”, traducción literal de “expulsión de las deshechos”. La policía organizó un asalto, con todas las de la ley, contra las favelas de Harare y Bulawayo. El 27 de mayo 2005, la BBC reproduce las clarísimas órdenes de un oficial:

“A partir de mañana, quiero ver en mi escritorio informes que digan que hemos liquidado gente. El presidente nos cubre integralmente en esta operación y ustedes no tienen nada que temer. Consideren esta operación como una operación de guerra.”

A mediados de julio, unos 700.000 “desechos” habían sido expulsados y, aunque no conocemos cifras exactas, se habrían asesinado a decenas de proletarios y herido y arrestado a muchas centenas de indeseables. El capitalismo es la guerra cotidiana contra el proletariado mundial.

Y que decir de lo que vivimos en Francia, durante las llamadas “revueltas de los suburbios” en noviembre 2005. ¿Existen diferencias entre acá y allá? Cuando Sarkozy, rodeado de importantes dispositivos policiales, insulta a los proletarios tratándolos de “escoria”, en lugar de “desechos”, ¿existe una diferencia? ¿Y qué decir de esas liquidaciones físicas, hipócritamente calificada de “errores”, que pueden constatarse en los diarios de todos los países? Todos los medios de información/intoxicación mundiales justifican ideológicamente esas cotidianas masacres, “por errores o excesos policiales”, tan indispensables para la defensa de la propiedad privada internacional cuando, destilando todo el desprecio y odio que tienen de nuestra clase,  descalifican a los proletarios, así asesinados, de “delincuentes juveniles”, “malandros” “lúmpenes”, “gamberros”, “drogadictos”…

No fue únicamente Sarkozy que nos trató de “escoria” y envío a los milicos para suprimir las cabezas que sobresalían de las filas (...) También Ségolène Royal...

 

A título de pequeñísimo ejemplo, de las masacres por “errores policiales” y la protección social e impunidad de que gozan, socialmente y estatalmente, los agentes de esos asesinatos, citemos al diario francés Liberatión del 8 de octubre 1990:”En Lyon es larga la lista de víctimas que ha alimentado la cólera de los jóvenes en revuelta. En octubre 1982, Wahid Hachichi (Vaulx-en-Velin) y Ahmed Bouteja (Bron) fueron asesinados. En noviembre 1982, el policía Bernard Raffine mató a Mohamed Adidou. Sobreseimiento. El 6 de marzo 1985, Barbed Barka, de 15 años (de Vaulx-en-Velin) fue asesinado durante un control. Policía multado. En junio 1987 fue asesinado, por las balas de dos gendarmes, Mustapha Kacir (Vaulx-en-Velin). Sin consecuencias judiciales. En septiembre 1985, Noredine Mechta es asesinada por los vigilantes de una discoteca. Aziz Bougherza, en Moins, sucumbió en junio 1987, también bajo las balas de la gendarmería. Farid Oumrani, 17 años, fue asesinado en otoño de 1988 por una bala tirada por su espalda por un taxista. En diciembre de 1989, Abdallah Bouafia, de 42 años, padre de dos hijos, murió en Lyon a consecuencia de torturas infligidas por cuatro vigilantes. El 9 de agosto de 1990, Akin Merabet (de Crémieu), 22 años, fue asesinado, como 18 meses antes lo había sido su hermano”

Durante las revueltas en los suburbios, todas las fracciones burguesas tuvieron el mismo discurso: ¡queremos más y más “seguridad”! No fue únicamente Sarkozy que nos trató de “escoria” y envío a los milicos para suprimir las cabezas que sobresalían de las filas.

También Ségolène Royal, ex candidata a la elección presidencial, desde la izquierda preconizaba abiertamente el encuadramiento militar de los “jóvenes delincuentes”. En vez de enviarlos a las cárceles, la izquierda propone,  pura y simplemente la deportación de esos proletarios, decididamente muy inquietos, y su alistamiento en los batallones disciplinarios del ejército, para que aprendan a ponerse derecho y responder “¡por supuesto jefe, sí patrón!”. En América del Sur (Argentina, Brasil, Uruguay, Chile…) muchos ex guerrilleros en el gobierno (Montoneros, Tupamaros, exmariguelistas...) no tienen ni vergüenza cuando aconsejan o ponen en prácticas soluciones de ese tipo, buscando militarizar a la juventud para que, de paso, esté preparada como carne de cañón para el imperialismo. “Es mejor que se les obligue a trabajar, que se les movilice y militarice antes que pasen la vida fumando porros” declaran descaradamente esos ex guerrilleros que hoy son verdaderos mujeres y hombres de Estado.

Los trotskistas de Lutte Ouvirère (Lucha Obrera) no valen más cuando afirman comprender el “miedo de los habitantes de las grandes urbanizaciones cuando llega la noche” y preconizan movilizar a más “policías de proximidad” en las entradas de los edificios. Con respecto a la Liga “Comunista” Revolucionaria trotskista y su infatigable líder, Alain Krivine, no encontró nada mejor, durante las revueltas de 2005, que organizar con “los habitantes del barrio” rondas para “restablecer la calma”. Agreguemos, a esta lista ya larga de representantes abiertos del Partido del Orden burgués, al Partido “Comunista” francés y su órgano “L’Humanité” que tituló en esos días: “El orden tiene que ser restablecido”.

2. Respuesta burguesa a la catástrofe capitalista; bunkerización, ilusiones policiales y
dificultades militares

“Podríamos escribir toda una historia sobre las invenciones creadas desde 1830 para defender al capital contra las revueltas obreros.” Karl Marx, El capital.

Frente a la actual descomposición sin precedentes del orden capitalista, la única respuesta que la burguesía puede dar es siempre la misma: más milicos, comisarios, vigilantes, prisiones, neurolépticos, tranquilizantes, asistentes sociales, drogas duras... siempre más represión gracias a la utilización masiva de tecnologías, como las cámaras de vídeo de control, ya omnipresentes en todos los espacios urbanos, incluso en las autopistas, en el interior de las empresas, en las guarderías infantiles... Todo debe ser controlado, la privación de la propiedad requiere la vigilancia total, la burguesía aspira al totalitarismo securitario y al omnipotente control. En sólo algunos años se ha desarrollado una verdadera red electrónica interconectada en todo el planeta que centraliza enormes bases de datos en los que son almacenados dirección, cuenta bancaria, localizaciones, desplazamientos, los sitios visitados en internet, conversaciones telefónicas (móviles y fijas), costumbres alimentarias (a través de las tarjetas de fidelidad ofrecidas gratis por muchos hipermercados), historial médico, antecedentes penales, papeles de identidad, amigos... de cada individuo, fotos. En su búsqueda por dotarse de la máxima seguridad, la burguesía ha terminado encerrándose en espacios cada vez más cerrados, más protegidos, más tranquilos, más amurallados, más digitalizados. La ilusión de seguridad total pasa por la creación de murallas, de paredes de seguridad, de empalizadas, de alambrados, de pórticos electrónicos con lectura de huellas digitales, con reconocimiento vocal u ocular. Frente al océano de miseria que la sumerge, esta bunkerización (18) creciente del modo de vida burgués tiende a transformarse en la norma a nivel mundial. Cuanto más se intensifica la catástrofe capitalista, más la burguesía levanta alambrados, construye muros, fabrica murallas... Sólo en algunos años han crecido como hongos muchas zonas off world (afuera del mundo) en las periferias de las grandes ciudades. Los burgueses viven en refugios, detrás de altas murallas electrificadas, en casi completa autarquía, con hospitales, centros comerciales, cines, clubes de golf, restaurantes, universidades, oficinas, centros de negocio... en el interior de sus zonas de refugio. Viven en villas señoriales, en dominios protegidas por un ejército de vigilantes y perros, disponibles 24 horas al día, totalmente equipados con generadores de emergencia y con toda clase de equipos privados necesarios para esa vida encarcelada.

En irak, los milicos de Estados Unidos fichan a toda la población.

 

El secreto de esas apacibles viviendas reside en el alambrado eléctrico, último grito, que rodea la urbanización entera o, como le llamamos, los ‘lugares asegurados’. Estos alambrados de 100 voltios, originalmente concebidos para jaulas de leones, provocan un choque eléctrico brutal, que pone a todo visitante indeseable fuera de combate sin matarlo (19).

¡Los falsos amigos del proletariado manos
a la obra!

En Francia también diversas organizaciones de extrema izquierda participaron plenamente en la represión común, como Lutte Ouvrière, que lanzó el siguiente llamado: “Es evidentemente necesario parar las violencias que pesan sobre población que aspira legítimamente a la calma. En este contexto, la acción de las fuerzas del orden debe inscribirse en un cuadro estrictamente legal (¡sic!) y no debe conducir a exageraciones”. Lutte de classe, órgano de Lutte Ouvrière, febrero 2006.

Cuando desde el gobierno, la derecha promulgó “el estado de emergencia”, el 8 de noviembre 2005, para enfrentar a las revueltas, la izquierda en la oposición a su majestad, no sólo no se opuso, sino que al contrario, la apoyó. No es de extrañar pues había sido también la izquierda quien se había reapropiado de esa vieja figura legal, que oficializa el terrorismo democrático, ya  en 1955. En efecto en ese entonces el Ministro del Interior de la época, frente al sublevamiento en África del Norte, había declarado “Argelia es Francia” y promulgado el “estado de emergencia” para reprimir abiertamente y generalizar la tortura contra sus enemigos. Claro que además ese mismísimo ministro había ordenado tirar a bala limpia contra los obreros de Nantes, en huelga…Ese Ministro era un tal... François Mitterand. No nos sorprendamos entonces de que en el 2005, el alcalde socialista de Noisy-le-Grand, Michel Pajon, siguiendo la tradición de Mitterand y en general de la izquierda burguesa, haya ordenado la intervención del ejército contra “los incendiarios” de favelas y suburbios.

 

Esta búsqueda obsesiva de la seguridad se encuentra tanto en California como en los suburbios de Pekín, Manila, Johannesburgo, Río, Sao Paulo, Caracas, México, y de manera menos visible ya se está extendiendo a todas las grandes ciudades. En Paris la autopista que rodea la ciudad, llamada periférico, tiende a ser transformada en un verdadero muro infranqueable para los proletarios que viven en los suburbios subversivos. En nombre de “la lucha contre el terrorismo”, se realizan operaciones para “pacificar”, como “Vigipirate”, que busca extirpar a los proletarios del centro urbano. La presencia de militares armados, vestidos como los cuerpos especiales de contrainsurgencia, como si se tratase de una guerra, no sólo pretende disuadir a los proletarios de aventurarse en la ciudad, lugar de concentración de poderes, sino también busca imponer esos dispositivos de excepción como la norma, la regla, como algo totalmente banal. Se ha hecho corriente y banal en Francia, a pesar de que no exista ninguna guerra oficialmente declarada, el ver a hombres en uniforme de guerra, armados hasta los dientes, circulando por las calles. Los controles se han vuelto sistemáticos, con la violencia que es habitual, las redadas en plena calle se han generalizado junto con los registros, las palizas de las fuerzas del orden, los secuestros oficiales totalmente legalizados, los juicios por cualquier cosa o las detenciones solo para afirmar la prepotencia como método de sumisión. En pocas palabras, se hace banal, cotidiano, rutinario, omnipresente al terror de Estado capitalista en nombre de lo que los medios justifican como “la protección de la seguridad”. Indudablemente, la burguesía se ha hecho maestra en el arte de presentarnos la seguridad de la propiedad privada y de su sistema social como “nuestra seguridad”, llegando hasta hacernos atragantar la defensa de sus intereses como sinónimo de defensa de los intereses de todos.

En ciertos países se ha dado un paso suplementario en la militarización del espacio urbano, al unificar esas zonas off world entre ellas a través de gigantescas autopistas, creando así una “red fortificada” de rutas estratégicas, bien preservadas, iluminadas y rápidas, que no solamente aseguran el desplazamiento de todo lo relacionado con los negocios, sino también de las fuerzas represivas.

“Hoy en día, las autopistas privadas de Buenos Aires permiten a los ricos permanecer, a tiempo completo, en sus “posesiones” (sus casas country club) de Pilar, en suburbios apartados, y trabajar en el centro. En Lagos se abrió un ancho corredor a través de las favelas, densamente pobladas, para construir una vía Express para los empresarios privados y los dignatarios del estado que habitan en los ricos suburbios de Ajah.” (20)

En las grandes ciudades asiáticas (Tokio, Bangkok,…)  las autopistas sobre elevadas constituyen “otro mundo” de limpieza y riqueza, de hoteles, estaciones de servicio, restaurantes, servicios de belleza y de estética, centros comerciales… cada vez más separado con respecto a las viejas ciudades del bajo mundo tupido de callejuelas, con plétora de vendedores ambulantes, sobrepobladas, mugrientas, ruidosas, contaminadas… 

En este sistema social al borde de la implosión, la militarización del espacio se ha transformado en una realidad perseverante. La presencia militar, desplegada permanentemente en nuestras calles, solo tiene una función: la de mantener el terror latente en forma permanente contra el proletariado, para paralizar toda veleidad de acción, puesto que la gran mayoría de esas tropas que invaden nuestros barrios son, en general, las mismas que la burguesía despliega a lo largo y ancho del mundo para asegurar el orden y sus intereses. ¿Cuántos proletarios en Francia pueden aún tener dudas de que la mayoría de las unidades que reprimieron las revueltas de noviembre 2005 o las que patrullan bajo el cuadro de Vigipirate son las mismas que imponen el terror capitalista, en Abidján, Yamena, Kinshasa, Kabul o Puerto Príncipe? Lo mismo sucede en Estados Unidos, donde para hacer frente a ese gigantesco saqueo, que precedió al paso del huracán Katrina, el Pentágono tuvo que retirar precipitadamente tropas de Irak para enviarlas a asegurar el orden social en Nueva Orleans mismo. El mismo proceder se utiliza en todo el mundo, es decir la guerra abierta y brutal contra los proletarios tanto en Estados Unidos o Francia como en Irak, Afganistán, Haití... para asegurar, por medio del terror, la paz social tan necesaria para el buen funcionamiento de la máquina capitalista. En esa ocasión, el propio gobernador de Texas no tuvo pelos en la lengua para advertir a los “ladrones” y otros “sinvergüenzas” que las tropas que les hacían frente sabían manejar muy bien las armas y que lo habían mostrado suficientemente su destreza en la represión en Irak. La guerra contra el proletariado no se desarrolla únicamente a miles de kilómetros de donde vivimos, ella está presente también en nuestras ciudades, en nuestros barrios y en nuestras calles. Aunque a veces lo olvidemos ¡La guerra social está también aquí!

Hoy en día las zonas off world no se limitan a ciertos barrios de alto copete que hay que proteger contra los hambrientos; países, continentes enteros se constituyen como off world. Estados Unidos, Israel o Europa construyen gigantescas murallas en las que miles de guardias armados son apostados para “protegernos” de un ejército de “terroristas” que se acercan a nuestras puertas y que sólo esperan un momento de inadvertencia para meterse en nuestro territorio para sembrar la muerte y la desolación. Es la fábula que, de forma más o menos sutiles, los medios nos inculcan. Recientemente el gobierno de George Bush hizo votar, por una mayoría de senadores (republicanos y demócratas), un nuevo presupuesto, de más de 10 mil millones de dólares, para “terminar el muro que, desde el golfo de México al océano Pacífico, protege Estados Unidos”. Pero ¿de qué se protegen Estados Unidos, Europa, Israel...?, ¿de algunos terroristas inocuos, como lo afirma Manuel Barroso, presidente de la Comisión Europea (21)? ¿O de esos millones de seres humanos que revientan de hambre y van a Estados Unidos, como a otros países de Europa o Israel, para escapar de la miseria? El año pasado, para más de 380.000 ilegales arrestados por la policía de fronteras, el sueño americano se vino para abajo en las cárceles del estado. En Europa, la primavera no trae solamente golondrinas, sino también cargamentos enteros de pobres diablos en las playas de Canarias, Lampedusa, Ceuta, Grecia... y muchos dejan no solamente su dinero sino también sus ilusiones y su pellejo. Según cifras oficiales,  desde 1988 a 2006 habrían muerto más de 12.500 inmigrantes tratando de alcanzar el “paraíso” europeo.

 

La frenética carrera en la que se ha lanzado en estos últimos años la burguesía, para escapar al mundo apocalíptico que produce, no es suficiente para salvarla de la explosión social que la acecha. ¡El capitalismo produce la miseria mucho más rápidamente que el tiempo que necesita para construir cualquier muro o alambrado de protección! Las contradicciones que minan y llevan a este sistema a la agonía, son cada vez más visibles para todos, cada vez más insuperables para aquellos que tienen la pretensión de administrar la putrefacción del capitalismo. La militarización del espacio social no le será suficiente a la burguesía para asegurar la perennidad de su mundo. Los muros se construyen muy lentamente con respecto a la podredumbre, cada vez más acelerada, del viejo mundo. Esto es lo que constata la CIA, en un informe de 2002, cuando subraya la inquietud que le produce el “número creciente de trabajadores sin trabajo o subempleados en el mundo” y agrega que tarde o temprano las revueltas serán generalizadas. Según diversas fuentes a fines del siglo XX el  número de desocupados y subocupados ya habrían superado los mil millones de trabajadores, es decir más de un tercio de la población activa mundial.

La burguesía sabe perfectamente, y desde hace mucho tiempo, que protegerse detrás de altos muros no es suficiente para asegurar en lo más mínimo su orden y que debe desarrollar exponencialmente la represión abierta en todas partes. La debacle estadounidense en Mogadiscio en 1993, vendida en gran pantalla por Hollywood en La caída del halcón negro, donde el ataque a un convoy militar, por los proletarios en armas, produjo 60% de pérdidas (muertos y heridos) a las tropas de elite del Army Rangers y obligó a los teóricos militares a reconsiderar completamente lo que llaman en el lenguaje burocrático del Pentágono, los MOUT, Military Operations on Urbanized Terrains (Operaciones Militares en Medio Urbano). En otras palabras se trata de reorganizar el mantenimiento del orden capitalista a través de operaciones de policía, gendarmería…, a través de las operaciones militares/humanitarias que se desarrollan en todo el mundo. En 1997, una comisión de investigación de la Defensa Nacional en Estados Unidos criticó la falta de preparación del ejército con respecto a los “perpetuos combates en los laberínticos callejones de las ciudades”... Desde ese entonces, todos los cuerpos del ejército de Estados Unidos participan, bajo la coordinación de un grupo de trabajo interejércitos, en entrenamientos de operativos en medio urbano (JUOTWG) y en cursos prácticos para dominar las técnicas de combate callejero.

“La guerra futura tendrá lugar en las calles, en el alcantarillado, en los rascacielos y en las zonas de viviendas tentaculares y anárquicas que forman parte de las ciudades incontroladas del planeta... Nuestra reciente historia militar cuenta con varios nombres de ciudades –Tuzla, Mogadiscio, Los Ángeles, Beirut, Panamá, Hue, Saigón, Santo Domingo, pero esos combates sólo habrán sido un prólogo; el verdadero drama está todavía por llegar”.(22)

¡”El verdadero drama está todavía por llegar”! El mayor del Army War College de Estados Unidos ¡no podía ser más lúcido! Hoy en día, la burguesía se plantea las cuestiones que sabe perfectamente que tendrá que enfrentar mañana. Se trata de una guerra de clases entre, de un lado, “sus” soldados, “sus” mercenarios, “sus” generales, “sus” ONG, “sus” medios de comunicación... para parafrasear al mayor Peters, defensores del orden burgués a través de todo el mundo, y del otro lado, nuestra clase concentrada, como jamás lo estuvo, por las necesidades del capital en gigantescos espacios urbanos, contaminados, supurando miseria, enfermedad, muerte, y en lucha contra esas condiciones de existencia cada vez más inhumanas.

¿El ejército Estados Unidos es
un ejército como los demás?

En la actualidad, la hegemonía de Estados Unidos es enorme. Dicho país representa más del 60% de los gastos mundiales en armamento, mientras que su población es más o menos un 5 % del total mundial. Como gendarme mundial ha dividido el planeta en diversas zonas de comando militar. Como lo muestra la carta de los “Combatant Commanders”, esos comandos son una especie de virreinatos que concentran en sus manos más medios de destrucción que el gendarme más fuerte de segunda categoría. Hoy en día existen seis virreinatos: uno que abarca toda África, creado en febrero 2007, USAFRICOM (United Status Africa Command), los otros son USCENTCOM (United Status Central Command), USEUCOM (United State European Command), USPACOM, (United State Pacific Command), USNORTHCOM (United Status Norther Comand) y USSOUTHCOM (United State Southern Command)


A todas estas divisiones militares del planeta, que garantizan la paz social y se confunden hoy en día con la pax americana, hay que agregar los 12 portaaviones y naves que les son asociados, y que son poderosas flotas que embarcan aviones, comandos y otras de tropas de desembarque, controlan permanentemente no solamente todos los mares del planeta, sino que también son capaces de atacar en cualquier parte del mundo. La segunda flota se despliega en el Océano Atlántico; la tercera en el océano Pacífico Este; la quinta del Golfo Pérsico al mar de Omán; la sexta tiene a su cargo todo el Mediterráneo; y la séptima se despliega en el Pacífico Oeste y el océano Índico.
Además de ese terrible despliegue de fuerza a través toda la superficie terrestre, totalmente estructurado como un vasto campo militar, se adjunta una red de más de 700 bases militares en manos del Pentágono, que son los eslabones de una verdadera red que aprisiona al proletariado mundial en una poderosa camisola de fuerza.

 

Para los burgueses, la generalización de conflictos sociales no es una hipótesis entre otras, sino, más que nunca, la dirección de todo su horizonte. Es jodido constatar que los explotadores tienen conciencia del carácter ineluctable de la crisis social que los amenaza, que se preparan para ello, que preparan cuerpos especializados en la lucha contra la insurgencia urbana, mientras que en el proletariado predomina el desconcierto, la duda, la laxitud, la desmoralización, la confusión programática, e incluso las ideologías individualistas y antiorganizativas que lo dominan. ¡Qué paradoja! Hoy por hoy, ¡los burgueses, por lo menos algunos, tienen una claridad mucho más grande que los proletarios sobre lo que está en juego para el futuro del mundo! En ese sentido vivimos una época muy triste, y hoy en día es difícil ver, que otra cosa que mucho más catástrofe, permitirá, al fin, revertir esa terrible situación en la que se encuentra metida nuestra clase. Claro que el desarrollo cuantitativo y cualitativo de la putrefacción y descomposición de la sociedad capitalista, seguirá empujando a nuestra clase a luchar, seguirá forzando al proletariado, a pesar de sus estúpidas ilusiones y creencias, a retomar el camino hacia la lucha por el comunismo. No se trata de una cuestión de voluntad, sino más bien de una relación de fuerzas entre el proletariado y la burguesía. Sin embargo estamos forzados a constatar que hoy en día la situación no nos es favorable, que la catástrofe generalizada, en la que se hunde la humanidad, y que exige que el proletariado reaccione y encuentre su camino de clase para terminar una vez por todas con esta sociedad antropófaga, no cuaja en fuerza internacional y ello, a pesar de la valerosa acción contracorriente de los grupos revolucionarios, como el GCI, que con sus modestas fuerzas intentan forjar una dirección, un eje programático que es vital para triunfar en esa lucha. ¡La urgencia es esa! Los mismos burgueses se inquietan y preparan sus alternativas económicas y represivas (23), mientras que nuestra clase no logra aún forjarse como potencia destructiva de este mundo que nos destruye a todos. Sabemos que en el fondo los que administran el capital internacionalmente sólo pueden contener y/o retrasar la generalización de la crisis, posponer el final apocalíptico, más no impedirla. Sólo el proletariado, en tanto que actor de una profunda revolución social, puede realmente poner fin a la catástrofe engendrada por este modo de producción. Pero lamentablemente la mayoría de los proletarios creen que todavía están a salvo, que la catástrofe esta en otra parte y concierne a otros seres humanos. Eso es lo que hace inevitable que la putrefacción se siga agudizando, que se siga generalizando hasta que cada vez haya más proletarios forzados a reaccionar y pelear contra esta sociedad.

¡Pero todavía no estamos allí! Mientras tanto los estrategas internacionales de la contrainsurgencia siguen pronosticando grandes enfrentamientos sociales en las mayores ciudades del mundo. En los años noventa, la Rand Corporation, asentada en Santa Mónica, especie de club de reflexión fundado en 1946 por la Fuerza Aérea de Estados Unidos y la importante empresa del complejo militar e industrial de Locheed-Martin, ya había emprendido toda una serie de trabajos que iban en el mismo sentido de lo que nos dice el mayor Ralp Peters (que citamos antes). Sus investigadores ya se habían concentrado en las estadísticas de la criminalidad urbana, los problemas de salud pública, la planificación del espacio urbano... en los barrios llamados desheredados, para sacar conclusiones tan claras como las del mayor Peters:

“La urbanización de la pobreza mundial ha producido la urbanización de la insurrección.”

¡Nosotros no inventamos absolutamente nada! ¡La frase anterior es el título exacto del informe! ¡Lo que constituye todo un programa! La Rand Corporation advertía, a los que dirigen los gobiernos, ya a fines de los años noventa, que “ni la doctrina, ni el adiestramiento, ni el material del ejército estadounidense están concebidos para llevar adelante operaciones de combates contrainsurreccionales”. Efectivamente, la Rand Corporation, el Army War College, el Pentágono... y otros círculos dirigentes del mundo discuten claramente, desde hace muchos décadas, sobre la contrainsurgencia, la contrarrevolución, el mantenimiento del orden, la liquidación del proletariado. Incluso, estos últimos años, las unidades de combate han intentado sacar lecciones de las diversas desventuras que sufrieron en la mayoría de los campos de enfrentamiento en los que se comprometieron como fuerza de policía, de gendarmería del mundo. Los propios estrategas de la infantería de Estados Unidos y de los Marines se unieron a la jauría de analistas para elaborar una nueva doctrina conjunta de la contrainsurrección. En un documento publicado podemos leer que las operaciones actuales en Afganistán y en Irak son fracasos patentes, a pesar de los discursos evasivos de la administración estadounidense y de sus aliados, que continúan destilando mentiras sobre la “lucha mundial contre el terrorismo”.

“El ejército británico se debilita” titula la prensa británica en diversas ocasiones


En 2005 el Ejército territorial de su Majestad tuvo que enfrentar la retirada de sus filas, por no renovación de contrato, a más de 6.000 soldados de infantería. En 2006, a pesar de una costosa campaña publicitaria, sólo reclutaron alrededor de 600 nuevos soldados británicos Según un informe oficial, publicado recientemente, la Infantería británica tiene, en estos momentos, un total de 35.000 soldados, su nivel más bajo desde su creación oficial, en 1907, de los cuales solamente 12.000 son operativos para intervenir de refuerzo en Oriente Próximo. Para paliar ese grave déficit, se previó que una “prima de reclutamiento” de 500 libras (735 euros) fuese otorgada por cada soldado “apadrinado” durante el periodo de Navidad del 2006. Hoy en día, el ejército británico se encuentra obligado a transformar a todos sus soldados en sargentos reclutadores.

 

En efecto el atascamiento y empantanamiento de las tropas de Estados Unidos en Irak y el de las de la OTAN en Afganistán corresponden a la misma dinámica y muestran la enorme dificultad que nuestros enemigos tienen a imponer el orden por medio del terror. En abril 2003, Bagdad había sido tomada en tres semanas, pues los que estaban dispuestos a morir por Saddam Hussein eran muy pocos. Un año más tarde fue necesario muchos meses y desplegar fuerzas considerables para vencer a algunos miles de proletarios, mal equipados, atrincherados en la pequeña ciudad de Faluya. Frente a ejércitos bañados en la ideología de “cero muertos”, los proletarios que se alzaron contra sus verdugos no tuvieron miedo de morir con las armas en mano y supieron infligir perdidas importantes a mercenarios superequipados que se creían invulnerables. Para tomar un ejemplo, desde 2004 el cuerpo de los Marines estadounidense desplegó más de 30.000 hombres en una sola provincia, Al-Anbar, al oeste del Irak, sin lograr pacificarla. Más de 700 marines han dejado el pellejo, sin contar los heridos, mutilados y la situación continúa degradándose cada vez más. Frente a la más alta tecnología jamás desplegada en un campo de batalla, los proletarios utilizan medios artesanales para asesinar a los mercenarios, destruir su moral y cohesión como tropas de represión. En Irak, como en Afganistán y en el Líbano, durante el verano 2006, los “artefactos explosivos improvisados” (IED en inglés), generalmente fabricados a partir de un obús o de un proyectil y una pequeña carga explosiva, es decir realizados con un pequeño puñado de dólares, logran producir daños considerables entre las tropas mercenarias del orden burgués mundial.

 

De los 3.800 militares norteamericanos, que oficialmente habían muerto en Irak a fines de 2006, más de 800 cayeron bajo el peso de los IED. Mientras que los ataques por IED pasaron de 10 por día, en 2004, a más de 50, en 2006. El Pentágono confirma que el stock de obuses expropiados, por los proletarios una vez derrocado Saddam Hussein, ¡permiten perpetuar este tipo de ataque durante más de 250 años! Las rutas de esta región son tan inseguras que las tropas de gendarmería prefieren desplazarse en helicóptero, haciendo varias pequeñas escalas desde una base fortificada a otra, lo que provoca el desgaste prematuro del material. Hoy en día en Irak, la mayor parte de helicópteros se estrellan por averías intempestivas provocadas por el desgaste anticipado de las máquinas y no por tiros enemigos. Frente a la multiplicación de ataques IED, una carrera contra el reloj ha sido lanzada en el seno del ejército de Estados Unidos para blindar, al máximo, todo lo que circula: camión, jeep, vehículos de transporte de tropas, ambulancia, camión cisterna... pero ni así, el complejo militar industrial logra aportar la cantidad de vehículos y otros aparatos, considerados necesarios por ellos mismos para mantener el orden, ahí adonde el mismo está asegurado por los gendarmes norteamericanos. El terror gana al equipaje de esos vehículos (que cada vez más se las arreglan para evitar la patrulla de los lugares peligrosos) contradiciendo lo que su jerarquía declara a diario: que todo el territorio está bajo control. A pesar de todos los discursos oficiales, ésta es la realidad de las diversas intervenciones actuales de gendarmería. El proletariado no se somete, resiste a la invasión de los policías-mercenarios encargados de mantener el orden capitalista. Los grandes Estados gendarmes se encuentran totalmente sumergidos en la mierda, y comenzando por el primero de ellos: Estados Unidos. Hoy Irak, Afganistán, como otras regiones del mundo (como Haití, Guinea (24), la franja de Gaza, Colombia, Asia central, Somalia, etc.), siguen siendo totalmente zonas inseguras para el capital. De ahí los gritos desesperados de los militares del Pentágono, relevados por un número creciente de pacifistas y diputados demócratas-republicanos, a propósito del calendario de retirada de las tropas de ese nuevo Vietnam que en pocos años ha devenido Irak. Pero esto sólo es posible si la susodicha resistencia se transforma en una alternativa creíble capaz de embarcar a los proletarios insumisos en las filas del nacionalismo, islamismo o aún en una mezcla híbrida de esas dos ideologías. Por el momento no se ve surgir algo consistente al respecto, incluso si ya no se oculta el hecho de que el Pentágono se encuentra en conversaciones abiertas con esta resistencia, si ésta a intervalos regulares anuncia su unificación y su constitución como equipo de recambio, que debiera terminar una vez por todas con las luchas proletarias. La mezcla de antiguos torturadores baasistas y de nuevos cruzados islamistas, está muy lejos de inspirar confianza a un proletariado que ha vivido en Irak, como en Irán y Afganistán, más de treinta años de represión y masacre perpetuada por nacionalistas y mullahs. Con seguridad, la retirada de las tropas mercenarias de Irak no será hecha mañana, como indican, a pesar de los discursos populistas hechos precedentemente, todos los candidatos a las elecciones presidenciales estadounidenses.

¿Principio de una crisis al interior del ejército de Estados Unidos?


Incluso los cuadros superiores ya no están al abrigo del derrotismo que comienza a gangrenar el ejército de Estados Unidos. Ehren Wataba, oficial superior de infantería, se negó ir con sus colegas en el momento de partir hacia Irak. Es la primera vez que un alto grado estadounidense se niega a servir en Irak, corriendo el riesgo de ser llevado ante un tribunal militar.
“La masacre de civiles y los malos tratos infligidos a los prisioneros no solamente son una injusticia flagrante sino también una violación de las leyes militares” anuncia este oficial a la prensa, para luego añadir: “Mi participación en esta guerra me transformaría en un criminal de guerra, lo que rechazo categóricamente.”

 

Mientras que la burguesía pensó alcanzar una invulnerabilidad completa y eterna, luego de la caída del “muro de Berlín” en 1989, hoy ya se encuentra en una situación que en esa época ni se le ocurría: ¡enfrentar a corto plazo dos, tres... nuevos Vietnam! Parece cada vez más claro que la burguesía comienza a percibir que se encuentra en un callejón sin salida, que más allá de las ilusiones policiales es imposible controlar todo y que ahí adonde opta por la ocupación militar abierta la resistencia proletaria le impide reestablecer el orden. Justamente es esa resistencia contra la ocupación militar la que empuja a sectores del proletariado, de los países de donde salen las tropas de intervención, a no enrolarse en las filas del ejército.

Mientras que la catástrofe capitalista, que apenas acabamos de describir en las páginas precedentes, provoca una necesidad creciente de envío de nuevas tropas para asegurar la paz social en todo el mundo, el simple hecho de arriesgar el pellejo provoca una verdadera hemorragia en el enrolamiento de mercenarios al servicio de esa política. En Estados Unidos, el nuevo secretario de estado de defensa, Robert Gates, puede entusiasmarse con su décimo plan de reclutamiento de más de 93.000 hombres y aumentar las primas por enrolamiento, las que acumuladas rozan los 25.000 dólares, pero las oficinas de reclutamiento, cuando no son saqueadas por los proletarios que se oponen al papel que juega Estados Unidos en el mundo, permanecen desesperadamente vacías. Para enfrentar la cruel carencia en hombres (25), el Pentágono se vio obligado a extender, de 12 a 15 meses, el tiempo de presencia obligatorio en el suelo iraquí de los soldados norteamericanos antes de su traslado, por un año, a zonas sin combate. Después de haber reclutado en las prisiones de Estados Unidos, a cambio de reducciones de condena sustanciales, es la famosa green card que se agita delante las narices de los candidatos a la inmigración para que acepten vestir el infame uniforme de mercenarios a sueldo del ejército de Estados Unidos. Pero hagan lo que hagan los poderosos de este mundo para reclutar cretinos que desempeñen sus siniestras labores, los que regresan de la devastación iraquí se apresuran para no renovar su contrato. Toda una serie de cuadros, desde el sargento primero, verdadero “yacimiento de eficacia” como lo apela su jerarquía, hasta algunos capitanes y jefes superiores, prefieren dimitir a formar parte de la tripulación de un barco que se está hundiendo.

Y todavía ni hemos hablado del número creciente de desertores que ni siquiera han esperado la conclusión de su contrato para abandonar esa infame institución de asesinos que es el ejército. ¡Las cifras varían entre 5.000 y 15.000 hombres! Y lo que viene no da buenos augurios. Recientemente el Ejército de Estados Unidos compró en el cementerio de Harlington un espacio para más de 20.000 nuevas tumbas.

He ahí donde hoy se encuentra la burguesía hoy. Empantanada e incapacitada militarmente para ganar diversas guerras de gendarmería. Incapacitada para ocultar el aumento de la masacres de civiles, incapacitada para impedir la deserción creciente, la carencia de reclutas, el aumento del número de heridos y muertos en las filas de los ejércitos gendarmes, así como también entre los mercenarios privados. Al mismo tiempo que se siguen incrementando, según ellos mismos,  las necesidades de intervención en el mundo.

Incluso si algunos fragmentos de información circulan en los grandes medios de comunicación, si regularmente algunos ex jefes del Estado Mayor estadounidenses o británicos, o Generales retirados, anuncian un nuevo Vietnam, el hombre de la calle, la opinión pública... el idiota útil al capital se encuentra muy lejos de darse cuenta que la catástrofe militar está tomando proporciones cada vez más abismales. Hay que decir que el control total de los medios de comunicación es una de las lecciones que el Pentágono supo sacar de la guerra de Vietnam, y así logra guardar todo esto relativamente en secreto.

 

Es evidente que esta situación no puede perdurar eternamente. Estados Unidos y sus aliados se encuentran en un momento crucial y el riesgo de ver la descomposición, a corto plazo, de sus propias tropas deviene significativo. Otra pesadilla vietnamita entra en el escenario y el mismo Pentágono se anuncia incapaz de enfrentarla y afirma claramente que no se responsabilizan en endosar las consecuencias de dicho escenario. Es seguro que los próximos años serán cruciales, con respecto a la capacidad de encontrar verdaderas soluciones para sacar a las tropas norteamericanas y sus aliados del pantano iraquí y afgano. ¿Pero bajo qué forma? La situación es tan peligrosa que se necesitaría un mago para respondernos. Nada puede seguir así, como ya lo saben y lo dicen burgueses conscientes en todo el mundo. ¿Cómo hacer para impedir el riesgo de las insurrecciones urbanas? ¿Cómo sacarse de encima a tanto proletario peligroso? ¿Cómo gestionar el excedente de fuerza de trabajo, que la guerra debería eliminar físicamente? ¿Cuáles son las posibilidades reales, para el capital, de continuar su ciclo de valorización-desvalorización, deteniendo al mismo tiempo el espectro que le acosa, la revolución proletaria?

2006: el ejército americano adquiere, en el cementerio de Harlington, un lugar para más de 20.000 nuevas tumbas.

 

3. A modo de conclusión provisoria

A lo largo de toda esta excursión bajo el sol negro del capital, hemos intentado abordar, dando toda una serie de ejemplos concretos, la catástrofe capitalista desde el ángulo de la vida cotidiana del proletariado a través de todo el planeta. Nos parece importante poner una realidad en las palabras y no contentarse con enunciar simplemente lo que es. Hoy en día esta catástrofe es tan profunda que ya se ha transformado en inmediatamente palpable, visible y se condensa en todos los aspectos de la vida de los proletarios. Primero el trabajo, nunca fue tan penoso, destructor y poco remunerador. Lo sigue la alimentación, cada vez más degradada y contaminada, así como el agua potable o el aire que se respira. Sin lugar a dudas, también las condiciones de vivienda han alcanzado niveles de defecación desconocidas hasta hoy en día, como hemos visto. Las enfermedades provocadas por todas estas causas tan “naturales” como la bomba atómica, son cada vez mas virulentas y masivas, destruyen y pulverizan a millones de seres humanos. Las guerras también son cada vez más generalizadas y destructivas. En fin, el biotopo, en el que nuestra especie vive, se degrada cada vez más peligrosamente, envenenándonos,...y anunciando la posibilidad misma de la desaparición, en los próximos decenios, de todo lo que vive en la superficie terrestre. En pocas palabras, el capitalismo se presenta, de manera visible y palpable, a una masa creciente de proletarios a lo largo del mundo, como lo que es: un verdadero Apocalipsis, un infierno. Podríamos alargar hasta el infinito su descripción para llegar a las mismas conclusiones: el capital ha llegado a exacerbar, a un nivel increíble, sus propias contradicciones y sobre todo la más esencial, es decir la producción de una clase social pletórica, con la que no sabe que hacer, con respecto a sus necesidades actuales de su propia valorización-desvalorización. Hoy en día hay demasiados capitales que no llegan a valorizarse, la desvalorización golpea por todos lados, inclusive al capital variable, a los proletarios. Como Marx observaba en el Manifiesto del Partido Comunista: “¿Cómo vence esta crisis la burguesía? De una parte, por la destrucción obligada de una masa de fuerzas productivas; de otra, por la conquista de nuevos mercados y la explotación más intensa de los antiguos. ¿De que modo lo hace, pues? Preparando crisis más extensas y más violentas y disminuyendo los medios de prevenirlas”.

Pauperización generalizada, condiciones de explotación cada vez más duras, generalización de la guerra... actualmente es por estos medios que se produce la destrucción masiva del proletariado. Por el momento, la burguesía llega a controlar, disciplinar, adiestrar, a hacerlo trabajar, a sindicarlo, a que se conforme con su suerte... a hacerlo reventar en los campos, en las guerras... Pero, como podemos constarlo día tras día, el proceso de valorización-desvalorización se embala y requiere nuevas guerras, cada vez más grandes, poderosas; el ogro capitalista vocifera, a las orejas de sus administradores, tengo sed, necesito cada vez más sangre, mi apetito se hace cada día más desmesurado, preciso más cadáveres. La muerte de proletarios sobreabundantes y la destrucción masiva de capitales incapaces de valorizarse están a la orden del día en la agenda capitalista para relanzar un nuevo ciclo de crecimiento. Para el capital las guerras locales ya no le son suficientes, ¡hay que generalizarlas! De ello depende la propia supervivencia del capital.

En este espiral de destrucción, todo termina reventando y los diques que deberían contener ese enorme exceso de fuerza productiva excedentaria, comienza ostensiblemente a resquebrajarse. Las grietas están por todas partes. Las generaciones precedentes de administradores del capital sólo han aplazado, a partir de toda una serie de trucos y astucias, como la creación desenfrenada de capital ficticio, la catástrofe. Pero con eso no hacen más que “preparar crisis más extensas y más violentas”, como decía Marx. Todos los recónditos escondrijos de este planeta se encuentran afligidos por el Apocalipsis capitalista. Como hemos demostrado, la mierda se encuentra por todos lados y adquiere niveles nunca vistos. La catástrofe se expresa por todos lados, hasta entre los proletariados incorporados en los ejércitos asesinos de nuestros hermanos de clase, que hoy comienzan a dudar, a plantearse interrogantes y/o intentan salvar su pellejo. La burguesía se encuentra cada vez más empantanada por todas partes.

Podríamos, sin problemas, describir la catástrofe capitalista bajo otros ángulos, como por ejemplo el de las finanzas, los créditos, la bolsa y el dólar... y encontraríamos las mismas grietas, las mismas fisuras, los mismos crujidos de un mundo que no acaba de reventar, agonizar, y que al mismo tiempo continúa representándose en una imagen lisa y sublime de si mismo. La burguesía, particularmente sus fracciones más librecambistas, creyó que desde 1989 podría permitirse todo lo que nunca se había atrevido a hacer antes. Emborrachada de poder, nos anunció el “fin de la historia”. Pero la historia es mucho más testaruda de lo que ella creyó, especialmente la historia de las luchas de clases, y contra aquella leyenda la misma historia, parece retrucar que no es su fin, sino el de la burguesía.

 

Las contradicciones que minan al capitalismo se seguirán fortaleciendo, exacerbando, la catástrofe alcanzará  nuevas cumbres; las explosiones sociales serán más violentas… Estas son las premisas de otro salto decisivo en la lucha de clases, como ya lo decía Antón Pannekoek, en 1934:

“El movimiento obrero no tiene que esperar una catástrofe final, sino muchas catástrofes, políticas (como las guerras) y económicas (como las crisis que estallan repetidamente, a veces con regularidad, a veces sin regularidad, pero que en general, con el tamaño creciente del capitalismo, se vuelven cada vez más devastadoras).  Así las ilusiones y las tendencias de tranquilidad en el proletariado se desplomarán repetidamente, y estallarán hondas y agudas luchas de clases. Parece ser una contradicción que la crisis actual, más profunda y devastadora que cualquier otra, no haya dado señales del despertar de la revolución proletaria. Pero la eliminación de las viejas ilusiones es su primera gran tarea... Graves luchas tienen necesariamente que tener lugar. Y si la crisis actual amaina, nuevas crisis y nuevas luchas aparecerán. En estas luchas la clase obrera desarrollará su fortaleza, descubrirá sus objetivos, se entrenará, se hará independiente y aprenderá a toma su destino (o sea la producción social) en sus propias manos. En este proceso se consigue la destrucción del capitalismo, La autoliberación del proletariado es el derrumbe del capitalismo”.

 

NOTAS

1. A título de ejemplo, según los criterios de la ONU, el ejército de Estados Unidos condujo 10 operaciones mayores de 1950 a 1989 y 25 entre 1990 y 1997.
2. La lista de países que han casi desaparecido de la superficie de la Tierra o que han sido despedazados por interesas imperialistas es muy larga a enumerar: Yugoslavia, República Democrática Alemana, Checoslovaquia, URSS, Somalia, Zaire, Sudán, Irak, Afganistán, Yemen del Norte, Yemen del Sur...
3. Erhard Berner, Defending a place in the city of Manilla, Quezon City, 1998.
4. Mike Davis, Le pire des mondes possibles, Éditions La Découverte, 2006.
5. En castellano no existe ninguna palabra general para designar a los barrios miserables y ser entendido en todas partes, a pesar de que la misma palabra barrio tiene su origen, según la Academia, en lo que es «exterior y salvaje» (Barrio= del árabe hispánico ‘bárri’, exterior, y este del árabe clásico ‘barrî’ salvaje) En cada región o país existe una diferente, por lo que siempre tenemos dificultad, en una revista internacional, para utilizar una. Además muchas veces la misma palabra designa también a los barrios ricos en el mismo u otro país (barriada, barrio, colonia…).Va aquí una lista de palabras que designan los barrios miserables: barrio, villa, población, población callampa, barrio de chabolas, tugurio, cantegril, cante, nopal, colonia proletaria, colonia popular, suburbio, barrio marginal, villa miseria, barriada, precario, arrabal, asentamiento, poblado chabolista, chacarita, pueblo joven, invasión, ciudad perdida… Por eso hemos cambiado muchas veces y en este texto utilizamos una que no es castellana, sino de origen portugués/brasilero que creemos, a pesar de tener origen en otro idioma, sea hoy la más utilizada de todas en el mundo castellano: favela. Puede ser útil saber que además hay otras dos palabras no castellanas que hoy son internacionales para designar lo mismo: «slum» que viene de la India y “Trench town” que viene de Jamaica.
6. David Keeling, Buenos Aires: Global Dreams, Local Crises, 1996.
7. Projet Couseling Services “Deteriorating Bogotá: Displacement and war in Urban Centres”, Colombia regional report: Bogota, diciembre de 2002.
8. Según las estadísticas de la ONU, ¡más del 70% tienen trabajo! Verdaderamente estamos muy lejos de las caricaturas construidas por sociólogos y otros sátrapas caritativo humanistas y difundidas por televisión.
9. Washington Post, 26 de agosto de 2002.
10. Suzanna Taschner, A water pollution crisis in the Americas, 2003.
11. Documento de trabajo del grupo de investigación Finanzas y Desarrollo, Banco Mundial, enero de 2000.
12. El capital necesita claro está una cierta cantidad de fuerza de trabajo excedente que hace presión en el precio de la fuerza de trabajo para que no suba, pero aquí nos referimos a una cantidad de exceso que supera aquella necesidad y se transforma en algo cualitativamente diferente que se generaliza en todo el mundo: masas de proletarios incontrolados, sin ninguna posibilidad de integración laboral y consecuentemente definidos como peligrosos para la sociedad burguesa.
13. Nandini Gooptu, The politics of the urban poor in early twentieth-century India, Cambridge, 2001.
14. Notas electorales del Partido Demócrata, febrero de 2004.
15. Literalmente «tres golpes y está fuera de juego». Sólo es necesario acumular tres condenas, aún las más banales, como la posesión de un gramo de marihuana, para ser condenado a más de 25 años sin reducción de pena.
16. Helen Basili, Demolition the Scourge of the urban poor, mayo de 2000.
17. Izquierdistas y tercermundistas sólo ven la catástrofe engendrada por el capital como un simple problema de administración o/y de explotación entre países ricos y países pobres, entre naciones del norte y el sur. En el interior de su miserable comprensión del capital, las clases sociales desaparecen. Por ejemplo, los izquierdistas que giran alrededor de Attac piensan que con un simple impuesto sobre los flujos financieros mundiales (impuesto Tobin-Attac) y equilibrando los intercambios comerciales se podría hacer menos catastrófica la vida bajo el capital. Lo que quieren crear es un capitalismo más humano, más igualitario, sin guerras, sin prisiones y sin explotación. En pocas palabras difunden la utopía del capital cómo si fuese posible y en base a ello defienden el putrefacto mundo actual y son parte activa de su reproducción.
18. Para utilizar un neologismo que solamente es una versión más militarizada de la versión ligera conocida bajo el vocablo «cocón»: cada uno en su hogar, aislado de los otros. Esta sociedad mercantil se ha vuelto un verdadero presidio, extendido a nivel planetario. A los proletarios se los encierra en las cárceles, en los campos, en las favelas…y al mismo tiempo los burgueses encierran sus centros de recreación, sus centros comerciales, sus dominios, sus clubes privados, sus jardines, sus casas,… ¡De miedo se encierran ellos mismos!
19. Mike Davis cita al respecto el estudio de Murray Williams “Gated Villages Catch on among City’s Super-Rich”. Para mayor información técnica sobre los alambrados eléctricos ver: www.electerrific.co.za.
20. Dennis Rodgers, Crime, insecurity and spatial organization in Managua, octubre de 2004.
21. Si hoy en día la Comisión europea presenta las grandes líneas de la respuesta al terrorismo, ayer su presidente hizo una comparación inesperada. El terrorismo ‘forma parte de los riesgos de la vida contemporánea’ declaró en Lisboa. Subrayó a continuación que los accidentes de carretera en Portugal ‘han producido más muertos que cualquier atentado terrorista’ según comunicado de la AFP. Otro ejemplo, que va en el mismo sentido es que según el director del Instituto de Seguro Nacional israelí, responsable del pago de compensaciones a las víctimas del terrorismo, en 2006, murieron ¡66 civiles israelíes por terrorismo!
22. Major Ralph Peters, Our soldiers, their cities, Parameters, Army War College, 1996.
23. Al Gore, ex vicepresidente del gobierno de Clinton, es uno de esos burgueses convencido que hay que cambiar el mundo para mantenerlo tal como está. En sus conferencias internacionales (por las que exige 100.000 dólares por cada una) explica, a los hombres de negocios y a los dirigentes de este mundo, que el capitalismo podrá, después de haber recalentado el planeta durante varios decenios, obtener los mismos beneficios, si no más, si invirtiera en su enfriamiento. Un nuevo mercado se crea y Al Gore, Nicolás Hulot, Joseph Stieglitz... son los nuevos profetas. ¡Aleluya!
24. Ver nuestro artículo «Luchas proletarias en Guinea Conakry», en Comunismo No. 57, febrero 2008.
25. En Irak hay menos tropas que policías en las calles de Nueva York, en donde se asegura el mantenimiento del orden en condiciones mucho más difíciles y para una población mucho más numerosa. Lo mismo sucede en Afganistán, en donde la OTAN ha llegado, con enormes dificultades, a enviar un contingente cuatro veces inferior en número que él de los soviéticos en 1980.

 


CO58.1 La catástrofe capitalista alcanza nuevas cumbres.

Breve excursión bajo el sol negro del capital