PRESENTACIÓN (1)

1. IZQUIERDA COMUNISTA CONTRA SOCIALDEMOCRACIA (2)

En varias ocasiones, hemos publicado textos que afirman las posiciones de las izquierdas comunistas, durante el intenso período de lucha de clases de 1917-1923, y demostrado como el impulso revolucionario conduce, casí sistemáticamente, a la organización de núcleos comunistas que desarrollaban posiciones afuera y en contra de las múltiples tentativas de reestructuración  y reforma del capital (elaboradas por las diferentes fracciones burgueses y muy particularmente por los socialdemócratas). La ruptura, con las posiciones y la práctica de los partidos socialistas, se efectuó de manera muy heterogénea y a niveles muy variables. Así, si la constitución de la Internacional Comunista (IC), impulsada por la insurrección proletaria victoriosa en Rusia, marcaba la ruptura con lo que se presentaba como más “espectacularmente” contrarrevolucionario de la II Internacional (el “viraje” de los diferentes partidos socialistas hacia un apoyo a sus propias burguesias nacionales respectivas durante la guerra), el contenido de esta ruptura fue siempre limitada y se expresó, entre otras cosas, en la imposibilidad de echar, una vez por todas, en la basura el reformismo, el parlamentarismo ( “revolucionario” o no), el sindicalismo (de “base” o no), el democratismo (“obrero” u otro)... Durante este período, fueron muy pocos los revolucionarios que lograron desprender, a partir de todo lo que contiene esa negación flagrante del internacionalismo que es la participación en la guerra imperialista, la coherencia de conjunto que guia, desde los orígenes, a la II Internacional, y que la situaba ayer, como hoy en dia y mañana, como una organización internacional de la reforma, de preservación y de reacomodo de las contradicciones de clase.

“El socialismo solo es socialismo a una triple condicion: reconocer la política parlamentaria, la defensa nacional y el alto valor del sindicalismo”

E. Vandervelde, agosto 1919, Congreso de Lucerna de la II Internacional

Los socialistas no se equivocaron, ni traicionaron en 1914. Lo único que hicieron fue manifestar diferentemente su apoyo a las necesidades de restructuración dictadas por el capital. La fuerza de ciertas fracciones comunistas de izquierda se expresó, entre otras cosas,  en la tentativa de precisar la frontera de clase, entre la lucha proletaria y el reformismo burgués, por la crítica del parlamentarismo y del sindicalismo. En efecto, la más poderosa ola revolucionaria que conoció el mundo, durante este período, se manfiesta por la emergencia de partidos comunistas que expresaban, en el fuego de la lucha de clases, niveles de ruptura eminentemente mas consecuentes que las directivas que el partido Bolchevique iba imponer al interior de la IC. La mayoría bolchevique, unificada en torno a Lenin, y del prestigio que gozaba como “jefe victorioso de la insurrección de Octubre”, sometía la táctica revolucionaria a las contingencias de la defensa del estado ruso ocupado por los bolcheviques y no a las necesidades de la revolucion, es decir a las prioridades del programa comunista. ¡Lo que se verificaría particularmente activo para transformar ese impulso, hacia  la constitución de un centro internacional de la organización de la revolución comunista mundial, en órgano de defensa de los intereses del estado nacional ruso en el extranjero!

La creación, en Amsterdam, en 1920, de un centro mundial para la revolución en Europa occidental, en torno al cual se regrupan principalmente, durante un tiempo, los grupos comunistas “germano-holandeses”, “belgas” e “ingleses”, marcó, en los momentos más álgidos de la lucha de clases, el empeño de esas organizaciones por romper radicalmente con el programa socialdemócrata. En este sentido, la conferencia de Amsterdam, en enero 1920, que tenía que definir exactamente las tareas de este centro, fue mucho más representativa del movimiento revolucionario internacional y de la importancia de las izquierdas que el primer, y sobre todo el segundo, congreso de la IC. Ejemplos de ello fueron la resolución que, a iniciativa de Sylvia Pankhurst, se redactó para preparar la organización de una huelga internacional en caso que estallara la revolución en un país, la resolución que rechazaba, implicitamente, el gradualismo de Gramsci:

“La concepción de que los obreros deben... adquirir gradualmente, por sus uniones industriales, el poder en la industria se confunde con las proposición del socialismo parlamentario, que considera que los obreros tienen que conquistar gradualmente el espacio de los asuntos del estado en base al control del estado burgués”

Boletín del Buró auxiliar de Amsterdam de la IC  No.2, Marzo 1920

Asimismo, el Buró de Amsterdam saludará la cereación, en abril, del KAPD (Partido Comunista Obrero Alemán) y preconizará la ruptura con las organizaciones de la II Internacional. Con respecto al sindicalismo y al parlamentarismo, el Buro se encuentra mucho más próximo de las concepciones del KAPD, por ejemplo, que de las de la IC. Esta última preferirá derribar el Buró de Amsterdam, transfiriéndolo a Berlín,  para neutralizar el desarrollo de la organización de la lucha alrededor de posiciones contradictorias a las que defendía la mayoría bolchevique y el Comité Ejecutivo de la IC. Así, si el movimiento proletario había permitido superar (¡más bien poner de lado!), en el fuego de la acción revolucionaria, toda una serie de límites programáticos, aún ligados a la influencia socialdemócrata en los rangos bolcheviques, con el retroceso del movimiento y la reorganización de las fuerzas de la contrarrevolución resurgieron, aún más intensamente, las insuficiencias de los comunistas en Rusia y cada vez más transformaron  a los bolcheviques en agentes radicales, en factores activos de al derrota del proletariado. Como siempre, la contrarrevolución se infiltra por las más mínimas brechas que comporta la fuerza revolucionaria y, puesto que el programa del capital es impersonal, ella se hará defender mañana por los mismos que querían destruirla definitivamente ayer.  En el 2º Congreso de la IC, Lenin afirma que “el parlamento es siempre la arena de la lucha de clases”, preconiza el entrismo en los sindicatos y el Comité Ejecutivo de la IC empuja a las fracciones de izquierda, organizadas en partidos comunistas, para que se fusionen con las fracciones de izquierda de la socialdemocracia. ¡La contrarrevolución avanza! En Francia, se pedirá a los PC fusionar con los francomasones “centristas” (¡entiéndase contrarrevolucionarios!) Cachin y Froissart. En Italia, el Partido Comunista, apenas constituído sobre la base de una ruptura con el PSI,  recibe la orden de fusionar con la fracción del PSI (Lazzari, Serrati, Maffi), a la que se quiere integrar en la IC. En Alemania, la IC, luego de haber llamado al KAPD a integrarse en el KPD de Levi (lo que nunca hará y provocará su exclusión de la IC en el 3er congreso), llama a este último a fusionarse con la izquierda del USPD, lo que se concretará, en diciembre 1920,  constituyendo el VKPD. Apenas formado, y “empujando un poco más lejos la política llevada adelante por la IC”, el VKPD enviará, en enero 1921, a todas las organizaciones, desde los sindicatos más reaccionarios hasta el KAPD, una “carta abierta” para organizar la acción común. La tesis es muy simple: si las organizaciones aceptan trabajar con el VKPD, es todo el movimiento, guiado por el “partido”, que se fortifica, si rechazan se desenmascaran delante la clase y pierden la influencia que tenían. Aplicación estricta de la táctica preconizada por Lenin, en su libro sobre “La enfermedad infantil...”, la táctica de la “carta abierta” de Levi es considerada, desde el 3er Congreso de la IC, como la táctica genial para ganar a las masas bajo el nombre de “frente único obrero”. La misma presupone evidentemente un brutal cambio, de apreciación en la naturaleza de clase de la sociademocracia, operado entre el 2do y 3er congreso de la IC. El programa del proletariado se ahoga en la opinión de la masa, el “partido” no es más que una organización formal que adiciona las cifras y negocia con el gobierno. Muy pronto la lógica de la política de las concesiones, llevada por la IC, la conduce a preconizar (siempre tácticamente, según ellos) la alianza de los comunistas con la socialdemocracia, para constituir una alternativa de poder (en Alemania por ejemplo) aspirando a gestionar conjuntamente, al interior de un “gobierno obrero”, los intereses del capital. La IC se transforma en su contrario de lo que necesitaban los proletarios: en una fuerza anti-comunista y contrarrevolucionaria.

En Bélgica, esa misma política frentista conducirá a la fusión del grupo de War Van Overstraeten, militante comunista de izquierda, con el de los reformistas radicales, Jacquemotte y Massart. La izquierda comunista en Bélgica enfrentará, así, las duras realidades del frentismo preconizado por la IC. Como en otras partes esto conducirá a la liquidación del comunismo como fuerza autónoma emergente.

2. La izquierda comunista en Belgica

Un núcleo de jóvenes militantes, denunciados por su apoyo a la revolución rusa, por sus contactos con los revolucionarios alemanes, por sus llamados a la acción directa..., y en ruptura con el reformismo de los socialdemócratas, será expulsado de las filas de la organización de la juventud del Partido Obrero Belga, los Jovenes Guardias Socialistas. Ese grupo, reagrupado, principalmente, en torno a W. Van Overstraeten y G. Vanden Borre, forman, en enero 1920, un grupo comunista en Bruselas. En marzo 1920, publican un diario titulado “L’Ouvier Communiste” (El Obrero Comunista) y entran en contacto con los otros grupos comunistas en Bélgica , principalmente en Flandria, para llamar a la formación del Partido Comunista de Bélgica. Así, en 1920, se crea el PCB que fue reconocido como sección Belga de la Internacional. Un mes más tarde, la Federación comunista flamenca, que reagrupa, desde enero 1920, a los diferentes núcleos revolucionarios flamenco fonos (que se expresan en flamenco) que publicarán un órgano de prensa en ese idioma: “De Kommunistische Arbeider” (“El obrero comunista”), se une al PCB.

En esa entonces, el Partido Comunista se reconoce plenamente en la posción de las izquierdas. Van Overstraeten fustiga el parlamentarismo. El congreso de comunistas belgas adopta una serie de tesis contra el parlamentarismo, demostrando como “desvía a los trabajadores de sus verdadermos medios de lucha y mantiene la pasividad de las masas”. Las tesis definían al parlamento como el órgano político central del estado burgués, surgido del orden económico capitalista, y denunciaban la utilización socialdemócrata del estado mostrando como las reformas democráticas fueron siempre efectuadas contra la lucha del proletariado y en la medida de los intereses burgueses. De la misma manera, en relación con los sindicatos, el PCB expresa, en esa entonces, su voluntad de luchar contra lo que define como organismos del estado burgués, oponiéndo la acción directa de los obreros a las negociaciones sindicales. Los comunistas denuncian a los sindicatos por lo que son: saboteadores de la lucha, rompe huelgas. “El servilismo sindicalista de turno acaba de adoptar hábiles disposiciones para evitar las huelgas y los movimientos espontáneos. Tan pronto surgue un conflico, los delegados tienen como deber buscar el máximo acuerdo con la patronal” (Informe de la delegación del PCB (Van Overstraeten) a la IC, 1920).

Conviene sin embargo subrayar que, si bien Van Overstraeten estigmatiza al servilismo  sindicalista por haber adoptado tomado “hábiles disposiciones para evitar las huelgas y los movimientos espontáneos”, su crítica del sindicalismo se limita, desgraciada y básicamente,  a la crítica de los jefes sindicales, “burócratas”, al servicio del POB.  En efecto, Van Overstraten, al no criticar al sindicalismo como estructura del aparato burgués, termina reproduciendo una carencia histórica muy frecuente en el movimiento revolucionario. Así, considera que en su forma orignal y pretendidamente no corrupta, sería “una garantía de posibilidades de fidelidad continua a los instintos y a los impulsos de la clase” y por ello defiende, lo que él denomina, un “sindicalismo de combate”, cuya  “fuente única... es la revuelta del asalariado, erigiéndose sobre la base del taller y de la fábrica para crear y verificar continuamente la coalición obrera”. Por ello, denuncia o sostiene que la revuelta obrera es traicionada , y “remplazada por artimañas políticas, manejos ilícitos de los comités, tomados del más bajo parlamentarismo de partido”, por la burocratización del sindicato y estima que “a pesar de que los sindicatos esten también afiliados al POB”, había que “permanecer en su interior para desenmascarar el reformismo de mayorías y minorías”. “Practicamos (el entrismo)” afirmaba abiertamente Van Overstraeten (3) en junio 1921. Aunque, algunos meses de colaboaración con el grupo de Jacquermote debilitarán esas críticas irresueltas con el sindicalismo.

Finalmente, el PC ve, en el “democratismo”, una fuerza de atomización que continuamente tiende a disminuir, destruir, los esfuerzos de la lucha directa del proletariado constituyendose en clase. “El Comunismo moderno nació de una acción violenta contra el democratismo. Esta acción es una cuestión de vida o muerte para el movimiento revolucionario. Ella es la necesidad que impone, en Bélgica, la creación del PC”. Esta posición, nos permite constatar la determinación fundamental, que ejercen las necesidades de la lucha en las rupturas programáticas de los comunistas en Bélgica, lo que los conduce a converger con la práctica militante de los comunista de izquierda en otros países. Así, se concretarán varios contactos entre los comunistas de Bélgica, los “tribunistas” holandeses y el KAPD. También publicarán, de la izquierda comunista italiana, varios textos, como las tesis sobre el parlamentarismo aparecidas en “Il Soviet”, en 1920. La posición político-geográfica de los comunistas en Bélgica, los ponía en una especie de situación “decisiva” entre las izquierdas comunistas “italiana” y “alemana”. Así, la izquierda comunista belga, por sus posiciones con respecto al parlamentarismo, a la democracia y sobre todo al sindicalismo y frentismo, se encontraba políticamente más próxima a la izquierda comunista alemana, aunque esta última realiza una crítica notablemente más radical del sindicalismo. En cambio por su actitud en la lucha contra el degeneramiento de la IC, así como contra las maniobras burocráticas de ella en relación al reflujo de la lucha de clases y la práctica revolucionaria que se debía adoptar en dichas condiciones, el grupo de Van Overstraeten tuvo una actitud muy similar a la de la izquierda “italiana”, con toda las debilidades que eso inducía. En efecto, los comunistas de izquierda belgas, como la fracción reagrupada entorno a Bordiga (que rompe con el PSI para formar el PC de Italia, en enero 1921), terminarán cediendo a las conminaciones “frentistas” de la IC. También como la izquierda”italiana”, prefirieron aceptar la fusión con los socialdemócratas de izquerda, para no ser expulsadas de la Internacional, con todas las concesiones programáticas que ello implicaba y que terminó por liquidar, también en Bélgica, las fuerzas comunistas autónomas que se estaban forjando.

3. “Lo que nos separa”

Al interior del POB existía, desde noviembre 1918, una tendencia minoritaria, reagrupada en torno a Joseph Jacquemotte y Charles Massart, que publicaba una pequeña revista intitulada “L’Exploité” (El Explotado). Esta tendencia, asimilable a los Terzinternazionalisti italianos de Serrati, intentaba conquistar la mayoría del POB para convencerla de asociarse con la IC. Se oponían a lo que denunciaban como la colaboración de clases del POB, reivindicaban el regreso a la “lucha de clases de la anteguerra”, es decir a la política reformista de conquista pacífica del poder de la anteguerra. En el 3er Congreso de los “Amis de l’Exploité” (Amigos del Explotado) de mayo 1921, luego de tres años de existencia al interior del POB intentando “enderezar el curso contrarrevolucionario “ de la organización reformista, se consideran excluidos del POB. Deciden definirse como Partido Comunista Belga e integrarse a la IC. El “nuevo” PCB preconiza la participación en el parlamento y el trabajo dentro los sindicatos: “Debemos conservar intacto y unido el poder de nuestras organizaciones sindicales, el deber estricto de los comunistas es el de permanecer y trabajar en el desarrollo de la idea revolucionaria” (Manifiesto del PCB de Jacquemotte, de junio 1921). El PCB de Jacquemotte integrará muy fácilmente las filas de la IC, dado que esta preconizaba, cada vez más claramente, la táctica de la lenta conquista de las masas (la consigna del 3er congreso era: “¡Ir a las masas!”), la demagogia y el oportunismo propios a los ex “Amis de l’Exploité”. Nada más normal entonces que de regreso del 3er congreso, Jacquemotte declarara que el nuevo PCB está en completo acuerdo con los bolcheviques. “Quieren, como nosotros, un partido de masas. La revolución no se hará alrededor de una mesa, por alguos conspiradores romáticos, sino con la mayoría de los trabajadores. También acordamos con la concepción de la acción sindical: permanecer en nuestros sindicatos, en nuestra comisión sindical, trabajando rigurosamente... El sentimiento, muy neto, de la 3ª Internacional es que tenemos que participar en las próximas elecciones legislativas” (L’Exploité –27 de julio 1921). (4) Frente al reflujo de la lucha de clases, el proletariado ha interrumpido su impulso hacia su constitución en clase y su lucha para la realización del programa comunista, la contrarrevolución justifica los retrocesos y produce nuevas ideologías, programas “minimos” o “inmediatos” para las masas, para acentuar la paralisis del proletariado. Cuando el proletariado no se dirige más al programa, se fabrican programas para las masas. El PCB (como la IC) se encargará de esos programas. Los socialistas, completamente desacreditados por su actitud frente a la guerra, por la participación de los Vandervelde, Destrée, Anseele..., no podían seguir siendo fuerzas de encuadramiento burgués eficaces de las luchas proletarias. Era necesario, entonces, encontrar otras fracciones burguesas menos visiblemente implicadas, que el viejo y reaccionario Partido Obrero Belga, en el sabotaje de las luchas, para asegurar la función de pacificador social que este asumía antes.

El otro PCB, el de Van Overstraeten, radicalmente opuesto a la fusión con los “Amis de l’Exploité”, publicará una serie de artículos, particularmente virulentos, en los que denunciaba el programa democrático social, de organización de la apatía de masas, de estos. A continuación publicamos el primero, entre ellos, titulado “Lo que nos separa”, publicado en “l’Ouvrier Communiste”, de junio 1921. Dos artículos lo precederán: “Transformación exterior”, 25 de junio 1921 y “El falso PC”, 2 de julio 1921.  En estos dos artículos el PCB, también  “reconocido”, explicaba su posición intransigente contra la fusion en base al formalismo disciplinario con respecto a la IC: “No tenemos la “enfermedad infantil” de afilación a la 3ª Internacional... Es por la acción y en la acción que encontraremos a aquellos con los que acordamos” Vanden Borre. Desgraciadamente, los internacionalistan no mantendrán, por mucho tiempo, esta posición y desde julio, al acercarse el 3er Congreso de la IC, los ataques contra el PCB reformista cesaron. Coenen y Van Overstraeten,  que representan la delegación del PCB al 3er Congreso, reconocieron la necesidad de la fusión, a pesar de todas las reservas que oponían en un informe al Comité Ejecutivo de la IC. El 13 de julio, Van Overstraeten es recibido, al mismo que tiempo que Jacquemotte (representante de la izquierda del POB) por el CE de la IC y se llega al acuerdo de la fusión que será nefasta. La IC, cada vez más “bolchevique”, hace depender los intereses del movimiento comunista internacional de la problemática específica del estado ruso. Se confunde la defensa intransigente de los intereses proletarios mundiales con la lucha por preservar “a todo precio” (es decir a coste de un cuestionamiento del programa comunista) el territorio sobre el cual el proletariado había hecho la insurrección. Así, los bolcheviques terminaron totalmente determinados por el desarrollo del estado capitalista en Rusia. Las repercusiones, al interior mismo del movimiento comunista internacional, y particularmente en la IC, fueron enormes. Esta ideología, de mantener, cueste lo que cueste, el supuesto “bastión proletario” en Rusia, extendido a la ideología, también formalista, de preservar las “fuerzas” del partido, en tanto que adición cuantitativa de militantes, encontró lamentablemente un eco favorable en algunas fracciones de izquierda comunista, lo que llevó a esos callejones sin salida de las fusiones. Eso ponía en evidencia que la ruptura que esas fracciones habían efectuado no había ido a la raíz de los problemas, que estas fracciones no eran consecuentes en su ruptura con la socialdemocracia, dado que se volvía a la misma estrategia masista y oportunista.

Frente al retroceso de la revolución, este voluntarismo, de preservar el territorio ruso, se enfrentará a la extensión de la revolución. De la misma manera, los esfuerzos desmesurados por mantener/crear partidos de masas se opondrá a las tentativas de conservar intacta, a contra corriente, toda la fuerza del programa comunista. La izquierda belga, a la imagén de lo que pasará con la izquierda italina, cederá al inmediatismo aceptando su sometimiento a las primeras conminaciones frentistas de la IC (que pretendían reagrupar, sobre bases totalmente confusas y formales, grupos que expresaban desacuerdos programáticos esenciales). El 3 y 4 de septiembre 1921, tiene lugar, en Bruselas, el congreso de unificación de los PC “enemigos”, el grupo de Van Overstraeten dejará sus plumas, su antiparlamentarismo,  su concepción anti democrática de la lucha, sus primeras críticas al sindicalismo. Contrariamente a la ilusión momentánea, lo que se afirma entonces no es el comunismo sino el oportunismo. Al abandonar las principales rupturas programáticas, lo que se está afirmando es la socialdemocracia con nueva pintura roja.

El texto que publicamos expresa solamente una pequeña parte de las contribuciones de la izquierda comunista internacional. Ilustra, puntualmente, el hecho que, luego de la insurrección de octubre 1917 en Rusia, la mayoría de los PC desarrollaron posiciones netamente más en ruptura con la socialdemocracia que los bolcheviques. Estos gozaban de un prestigio formal, de una reputación, que no merecían en absoluto: en la práctica no rompían con el viejo programa socialdemocrático.  A pesar de ciertas incoherencias  (en especial, cuando “L’Ouvrier Communiste”, para denunciar a Levi y Serrati, como “negadores de la revolución”, parece oponer a la revolución “desde arriba” la revolución “desde abajo” para marcar su decisión de marchar “al lado” de las fracciones obreras en su lucha, negando, así, parcialmente, el necesario rol de organización de la acción espontánea y directa del proletariado y reduciendo, a veces, la lucha a la “iluminación”, a la concientización de los “cerebros proletarios”), el texto expresa una clara y firme decisión de organizar la revolución comunista. Coloca la frontera de clases entre organizadores y negadores de la revolución, en la práctica de vanguardia, de defensa del programa comunista, es decir en la acción comunista real y no detrás de las declaraciones formales y las rupturas “de opereta” con los partidos socialdemócratas, totalmente desacreditados frente a los proletarios combativos. Por eso la ruptura se afirma contra el parlamentarismo, contra el sindicalismo, contra la formación del partido de masas, contra el democratismo, contra el frentismo. Esa fue la fuerza del núcleo comunista reagrupado entorno a War Van Overstraeten, es decir el haber marcado su desacuerdo (sin ir, desgraciadamente, más lejos ¡hasta el rechazo puro y simple!) con una disolución en una fusión liquidacionista.

4. Los Comunistas de Izquierda y la cuestión del fraccionalismo

Van Overstraeten, como representante de los comunistas belgas durante el 2º congreso de la IC, defenderá, con el PC suizo y la izquierda comunista “danesa”, la moción antiparlamentaria presentada por la Fracción Comunista abstencionista italiana, moción que Lenin y la mayoría bolchevique combatieron firmemente. Sin embargo, la lucha de las izquierdas comunistas, por mantener las rupturas revolucionarias al interior de la IC, no resistirá a la fuerza de la contrarrevolución vestida del rojo “revolucionario” de los bolcheviques. Las izquierdas “belgas” e “italianas”, en la medida que se aceptaba la política contrarrevolucionaria preconizada por la IC, parlamentarismo “revolucionario”, infiltración de los sindicatos, fusión con la izquierda socialdemócrata, terminarán debilitando sus rupturas de clase. Cuando desde Moscú, el Comité Ejecutivo de la IC lanza, en el primero de enero 1922,  el llamado al frente único con los partidos socialdemócratas, teorizado por un susodicho “deslizamiento hacia la izquierda, de esos partidos, en todos los países”, todo terminará, a pesar de ciertos desacuerdos (los PC franceses, italianos y españoles rechazan inicialmente la aplicación de las directivas de la IC), por entrar en orden. Una vez pasada la tormenta de las primeras “refunfuñadas” de las izquierdas, se aplica el frente único: de regreso del 4º Congreso, los delegados italianos, por mucho que intentaron declinar teóricamente todas las responsabilidades con respecto a las decisiones tomadas por la IC, terminaron conservando y asumiendo prácticamente las funciones que habían sido impartidas a la dirección del Partido. De la misma manera, Van Overstreten publica varios artículos en el “Drapeau Rouge” (Bandera Roja), órgano del Partido Comunista Unificado, en donde se posicionaba contra el frente único, pero finalmente termina aplicando todas las directivas que la IC exigía al PCB, y ocupando, por mucho tiempo, el puesto de secretario general de ese partido. Esta situación contradictoria, entre luchar contra la formación de partidos de masas y admitir, al mismo tiempo, las peores concesiones programáticas, se acepta “por disciplina”, “por abnegación a la causa del partido”, para conservar, hasta el final, una presencia (cada vez más formal) al interior de la IC. Toda la historia de las fracciones “belgas” y sobre todo “italianas” será la de la trágica historia de los miramientos que hicieron del proceso contrarrevolucionario de la IC, ¡donde permanecen hasta en 1926 (1927 para Van Overstraeten)! Las fracciones de izquierda “italiana” y “belga” prefirieron, por temor a aislarse, esperar a ser excluidas de la IC, en vez de romper con esta. Esperar (aún “activamente”) hasta el final la exclusión, de un organismo cuya función contrarrevolucionaria era cada vez más evidente, equivale a dejarse determinar por esa misma contrarrevolución, y dejarle las manos libres para que decida el momento en que estime más oportuno para excluirlas, luego de haber aprovechado el apoyo efectivo que esas “izquierdas” daban a la política contrarrevolucionaria de la IC que le servía, a ésta, para controlar las masas de proletarios combativos. Es cierto que la lucha por concretar esos esfuerzos proletarios que surgían por todas partes del mundo, luego de la insurrección de octubre y convergían hacia una centralización internacional de las luchas en la IC, es una tarea fundamental de las minorías comunistas. Pero, cuando la contrarrevolución termina aplastando todos esos impulsos al interior de la IC, resulta vital  ¡situarse afuera y en contra de ese organismo transformado en espina dorsal de la contrarrevolución mundial! ¡Aceptar “tácticamente”  permanecer al interior de organismos en donde se desarrolla la contrarrevolución equivale a aceptar la negación de las rupturas de clase y la fuerza y autonomía de la revolución! ¡Es admitir la contrarrevolución al interior del partido! La llamada izquierda “italiana”, reagrupada entorno de Bordiga, tiene una grave responsabilidad al respecto(5). La fracción italiana, para permanecer al interior de la IC y del PC de Italia, cada vez más estalinizados, propone, desde1923, luego del 5º congreso de la IC, renunciar a toda acción de oposición y solicita, en contrapartida, que no se le exija su participación a la dirección del partido (ver Tesis de Lyón, 1926) y que se termine de reprimir a sus militantes. Proposición que significa la muerte total de las posiciones de izquierda, y, por el prestigio de los militantes que la sostienen, la recuperación, por la contrarrevolución, de las fuerzas revolucionarias. La IC llegó hasta proponer a Bordiga la vicepresidencia de la Internacional para terminar de “recuperarlo”. El rechazo de esta responsabilidad formal no lo exime de la responsabilidad real, ni tampoco la formulación de sus timoratas críticas, por el hecho de haber participado casi una década en la afirmación contrarrevolucionaria de la IC.

Presidium del 2° congreso de la international comunista. De izquierda a derecha: Serrati, Trotsky, Rosmer, Levi, Zinoviev, Boukharin, Marchlewski, Radek.

 

 

“Si se evitó las peores consecuencias, esto se lo debemos a la moderación de los camaradas de Izquierda; pero si ellos soportaron, sin rechistar, los golpes fue únicamente por abnegación a la causa del partido y no por que los creyeran justificados”  (Tesis de Lyón-1926)

La “Izquierda italiana” no vio que justamente su moderación es la que hizo inevitable las peores consecuencias: la confusión programática, la disolución de las fronteras de clase, la caución aportada a un organismo contrarrevolucionario, el abandono de sus rupturas clasistas... Además su “no rechistar” solo podía significar un recrudecimiento de la represión, una acentuación de las maniobras burocráticas, el aceleramiento del proceso de eliminación de todo aquello que se mantenía como revolucionario en los PC que eran aún dirigidos por comunistas de izquierda. 

En la medida que se va respetando y aceptando la consigna de unidad, para eliminar a todos aquellos que se oponen a la política contrarrevolucionaria de la IC,  se acepta el sacrificio de las rupturas revolucionarias que habían permitido delimitar y defender las posiciones esenciales del movimiento comunista. Acá interviene directamente la cuestión de la táctica; cuestión que condensa toda una serie de inconsecuencias, renuncias, etc, propias a varias “izquierdas comunistas”, con la excepción valiosa de la izquierda alemana (6). Así, por ejemplo, las tesis sobre la táctica del PC de Italia (Tesis de Roma, 1922) separaba la acción táctica “directa”, que designaba la acción del partido “cuando la situación le incita a tomar, independientemente de todos, la iniciativa de atacar el poder burgués para derribarlo o golpearlo”, de la acción táctica “indirecta”, que designa los momentos en los que “hay que examinar, sin falsos apriorismos doctrinales o sentimientos tontos y puritanos, el problema de la oportunidad táctica de coaliciones con los elementos políticos de izquierda”

Como se puede observar, todo esto contiene la incomprensión de la unidad dialéctica entre estrategia (o “los principios”, como dicen los kautskistas) y táctica, entre la organización de la acción comunista, correspondiente a un nivel de lucha existente y el programa. La táctica no puede separarse, ni se puede hacer concesiones con respecto, del programa: jamás los comunistas deben apoyar o aliarse con fuerzas políticas que solamente existen para oponerse al desarrollo de la lucha. En ningún momento el proletariado tiene un camino a recorrer con la burguesía. El único punto de contacto es la ruptura, el antagonismo abierto, el enfrentamiento. El proletariado se sitúa, por su práctica, afuera y en contra de toda organización, ideología, fuerza burguesa. Como nos mostraron las últimas decenas de años de contrarrevolución, la burguesía se cubre de atavíos “rojos”, los más resplandecientes, para resquebrajar la combatividad proletaria y reorganizar la contrarrevolución. Nuestra única garantía, frente a las múltiples formas que puede tomar la contrarrevolución, se encuentra en la perpetua referencia al comunismo en y por la lucha. El comunismo no existe simplemente como reivindicación de la revolución, sino que se manifiesta como el mismo contenido de ella, es decir como contenido en el movimiento comunista, en la lucha por imponer el comunismo. Es así que podemos comprender la unidad indisociable del programa comunista invariante y la táctica que lo afirma. Un ejemplo de ello puede encontrarse en la cuestión del frentismo, el comunismo es la afirmación intrínseca y exclusivamente presente en la lucha del proletariado por erguirse en clase y destruir a la burguesía a fin de disolverse y desaparecer como clase. Esta posición programática implica el rechazo total de todo tipo de táctica “revolucionaria”, “temporaria”, “indirecta” o con otra denominación, de todo tipo de acuerdo o frente con cualquier fracción de la burguesía. Programa y táctica no pueden separarse, jamás la táctica puede ser neutra, ella tiene un contenido de clase. Por ello, si las consignas pueden variar, según el estado de la lucha de clases, en definitiva siempre expresan la misma tensión hacia un mismo objetivo. La acción revolucionaría se desarrolla según los diferentes niveles de las fuerzas en presencia. Se dirige y centraliza a partir de consignas, directivas, que formalizan una estructura organizacional correspondiente al nivel de la lucha que contiene ya los elementos fundamentales para constituir una organización de la lucha a nivel superior, la Internacional. En ningún momento, los comunistas se extravían en proyectos en donde se esconde, se hace confusa, para finalmente recuperar, la lucha proletaria. Este fue uno de los grandes límites de las izquierdas italianas y belgas, es decir el no haberse mantenido en sus experiencias programáticas, surgidas de sus rupturas sucesivas con la socialdemocracia, para romper, con la IC, cuando se impuso la contrarrevolución en todas las directivas de la IC.

Entre el contenido de lucha expresado en el texto de Vandeborre que publicamos, entre la lucha intransigente contra la socialdemocracia y la lucha de argumentos, a la que llegan las izquierdas italianas y belgas en 1926, pretendiendo convencer a la dirección del PC de Italia, dirigido por la contrarrevolución, con la ideología de “evitar el envenenamiento de la atmósfera del partido”, hay una línea de clase determinante. Se trata de dos actitudes opuestas. La primera, en su rechazo de ceder al chantaje del aislamiento, en su rechazo de someterse al discurso de la unidad a todo coste, expresa la  necesidad de mantener la lucha por el comunismo en el cuadro bien delimitado de las rupturas revolucionarias y, todo esto, a pesar de la sucesión de mareas revolucionarias y contrarrevolucionarias. La segunda es una actitud de conciliación, de suicidio programático. Será ésta la actitud que adoptará la “izquierda”, a todo lo largo de su presencia al interior de la IC. Ello concretará su debilitamiento frente a la involución de una organización, que no tenía en absoluto por función el desarrollo mundial de la revolución y que se consolidaba como una nueva versión de la socialdemocracia internacional.

Afortunadamente la historia no se detuvo en las tristes proposiciones para conciliar lo irreconciliable, es decir a las Tesis de Lyón. La izquierda italiana (7), una vez excluida del PC de Italia y de la Internacional, poco después del 3er Congreso del PC de Italia en Lyón 1926,  se fue transformando, poco a poco a partir de 1928, en un organismo centralizado y totalmente independiente del PC y que será conocida por la publicación de la revista en italiano “Prometeo”. A pesar de que programáticamente siguió marcada por todos los contra golpes, de los años “silenciosos”, pondrá en cuestión su experiencia para llegar a la comprensión de la necesidad de sacar, en base de las experiencias adquiridas, un “balance” de la ola revolucionaria más importante de la historia. En noviembre 1933, aparece el primer número del Bulletin théorique de la Fraction de gauche du PCI (Boletín teórico de la Fracción de izquierda del PCI) en francés: “Bilan” (Balance), fruto de la colaboración con militantes de otros países y cuyo objetivo explícito fue el de “someter a la criba de la crítica y a la luz de los acontecimientos los congresos de la IC y de los diferentes partidos”.  Así, comienza otro importante período de clarificación programática en la historia de las izquierdas comunistas a nivel internacional.

 

TEXTO:
LO QUE NOS SEPARA

En vez de salir de la confusión en la que se mantuvieron durante toda su  oposición de izquierda, al interior del POB, los “Amis de l’Exploité” (Amigos del Explotado) llegan, al congreso del  último domingo, a coronar su acción inconsecuente del pasado, a través de la creación inconsiderada de un partido supuestamente comunista.

Siempre nos hemos sentido forzados a alzarnos contra los Jacquemotte y los Massart. Nunca “L’Exploité” (El Explotado), organización de los ex socialistas revolucionarios, pudo indicar al proletariado de este país la verdadera lucha a llevar contra su burguesía. Siempre se contentó con  pintar de falso rojo las pálidas proposiciones democráticas de los social-patriotas. Sus obedientes jefes longuettistas (8) no supieron, ni al interior de las organizaciones ni en el seno de las masas, sostener el lenguaje claro necesario a los trabajadores sometidos y domesticados por el putrefacto régimen burgués, régimen que contribuyen a mantener con su trabajo. Sus viejas fórmulas de la “lucha de clases de preguerra” resumían todas sus concepciones sobre la acción revolucionaria impuesta a las masas en las condiciones actuales de la economía capitalista, condiciones, sin embargo, muy diferentes de aquellas que precedieron el conflicto de 1914.

En ninguna ocasión hemos visto forjarse, en los “Amis de l’Exploité”,  la voluntad de acción que hubiese podido demostrar su rompimiento con las formas de lucha reformistas, sobre las que se construye la socialdemocracia. Su oposición en las asambleas del PO, sus ataques contra sus dirigentes aburguesados, siempre fueron tan imprecisos y tan desprovistos de base teórica que, hasta en las filas de los trabajadores hostiles a la colaboración ministerial, engendraban, por su superficialidad, confusión e incertidumbre.

En vez de señalar, a la clase obrera, que un duro combate puede liberarla y que tendrá que soportar, en esta lucha, los sacrificios más duros, que ella tiene que sublevarse constantemente  contra la opresión burguesa y contra la tiranía de la burocracia sindical; que solamente puede contar con sus propias fuerzas para atacar a los patrones y para forjar las armas necesarias a la instauración de la dictadura proletaria, los jefes extremistas confinarán su propaganda a algunas reformas “revolucionarias” y a la oposición a la colaboración ministerial.

¿Acaso es necesario recordar el Wilsonianismo en el que estaban impregnados algunos números de “L’Expoité” de la post guerra? ¿Acaso debe recordarse el seguidísimo y el interés de reconstrucción centrista que animaron tan largo tiempo a sus mejores redactores? ¿Acaso debe recordarse el acuerdo de los jefes socialistas revolucionarios de la izquierda con los jefes reformistas de la derecha del POB sobre el programa en la crisis del paro? ¿Acaso todos ellos no aceptaron las reivindicaciones eminentemente comunistas de la requisición, por parte del Gobierno, de las materias primas y de las fábricas? Y, ¿acaso debe recordarse también sus declaraciones contre el impuesto sobre los salarios, por el impuesto sobre el ingreso, contra la guerra, etc.? Todas ellas son manifestaciones, a cada cual más, platónicas  y empapadas de la más pura demagogia.

Claro está que lo haremos y recordaremos al nuevo partido mucho más que todo esto. Con la más vigorosa crítica analizaremos su acción pasada y demostraremos claramente su impotencia.

Las palabras pronunciadas por Jacquemotte y Massart, si no fuesen una declaración de guerra al Partido existente podrían ser recibidas con beneplácito y requerirían de nuestra parte una actitud enérgica. Estamos bien decididos a no situarnos en el terreno de los formalismos. No tenemos la “enfermedad infantil” de la afiliación a la IIIª Internacional. Esta afiliación se impone por la necesidad de acuerdo en la acción revolucionaria internacional.

Desde hace un año, la feroz lucha que llevamos tiende a que esta afiliación sea un lazo viviente, nos vinculamos a los otros Partidos comunistas del mundo a partir de una actividad revolucionaria consciente de las necesidades de la lucha internacional.

Lentamente, con grandes dificultades, hemos llegado a agrupar una fracción de proletarios consagrados a la propaganda comunista, que no se ha contentado con aceptar platónicamente las tesis de la IIIª Internacional sino que se ha dotado de la base teórica necesaria a la acción de vanguardia revolucionaria en Bélgica. Ha contribuido a la construcción de las tesis de la IIIª Internacional y ha intentado aplicarlas en las formas de la vida económica que existen en nuestro país.

Con el examen de las experiencias de la lucha obrera, el estudio constante de los acontecimientos que se desarrollan bajo nuestros ojos, la experiencia de nuestra propia acción, procuramos determinar las directivas de nuestra lucha en base de los principios de la Internacional comunista.

Rechazamos el parlamentarismo, pues solamente puede perjudicar la acción revolucionaria, combatimos la formación de partidos de masas, pues inevitablemente están condenados, como toda la socialdemocracia, al reformismo y a la traición. 

Llamamos a las masas para que luchen contra la burguesía, como también contra los jefes sindicales y contra todo lo que le impida la acción espontánea y directa de los trabajadores.

No tenemos la pretensión de organizar la revolución, esta no se organiza desde arriba. Massart puede ponerse de acuerdo, en esta cuestión, con Serrati y Lévi, nosotros marcharemos al lado de las fracciones obreras en sus duras y mortales luchas contra la reacción, incluso cuando el movimiento vaya hacia una derrota momentánea, cuando debilitadas, abandonadas por sus jefes se lanzan al asalto del capital, porque sienten vibrar en ellas aquello que ninguna burocracia, fuera ella comunista, puede darle: la voluntad de atacar.

Un Lévi, un Serrati, organizadores de la revolución, adversarios de la acción espontánea de los trabajadores, fueron, en las luchas del proletariado de Italia y Alemania, los negadores de la revolución.

Nosotros luchamos, tanto al interior de nuestras organizaciones como en las filas de los trabajadores, para hacer desaparecer del cerebro proletario la ideología pequeño burguesa que lo ata aún psicológicamente a la sociedad presente.

Los comunistas tienen que liberarse de las fútiles concepciones humanistas y tienen que  enseñar a los proletarios a afirmarse como fuerza, actuando con violencia, sin someterse a consideraciones engañosas y sentimentales.

Es por ello que solamente queremos tener a nuestro lado a los elementos más seguros. Muchas debilidades socialdemócratas se encuentran en los rangos de las vanguardias revolucionarias, para que no seamos implacables con respecto a todos aquellos que permanecen sumergidos en contemplaciones estériles.

Sean cuales fuesen los resultados de las negociaciones eventuales, continuaremos a combatir, con la máxima fuerza y con la máxima firmeza intransigente, el embauque y la demagogia.

Por la acción y en la acción nos encontraremos con aquellos que acuerden con nosotros.

V.G.

Notas:

1. Esta presentación ha sido sensiblemente modificada, ahora en 2006, con respecto a su versión inicial en francés publicada en francés en 1985 en “Le communiste” número 23. En los casos en que ha sido posible indicamos las modificaciones principales. La versión inicial se encuentra disponible en nuestro CD.


2. A principios del siglo XX, militantes y grupos comunistas expresan de diferentes maneras la ruptura con la socialdemocracia. Para afirmar la misma buscaron denominaciones, que marcaran su ruptura con las diferentes formalizaciones de la socialdemocracia, y en muchos países adoptaron la denominación de “comunistas de izquierda”. Dicha denominación no es correcta, pues presupone que existiría un comunismo de derecha y otro de izquierda, lo que es ridículo. El comunismo, la ruptura comunista con la socialdemocracia, aunque tenga muchísimas expresiones, se afirma como una sola fuerza y coherencia programática. Si, en este y otros textos, utilizamos esta expresión, que no consideramos adecuada, es porque no podemos reinventar todo el lenguaje y porque fue la utilizada para afirmar la fuerza de la ruptura con la socialdemocracia (y luego por diferentes grupos revolucionarios que rompían con los PC oficiales y la IC). Por otra parte, debe reconocerse que la denominación misma muestra una incomprensión importante, que muchas veces traducía la inconsecuencia de la ruptura, en un momento en que, casi todos los oportunistas decían estar, también, a la izquierda de la socialdemocracia. Esa inconsecuencia explica que, en numerosas ocasiones, las organizaciones y grupos que habían roto volviera a caer en el programa socialdemocrático y hasta fueran reabsorbidos por la vieja socialdemocracia pintada de rojo (la IC o/y sus organizaciones derivadas y dependientes) o que la IC lograse imponer fusiones que prácticamente niegan esa ruptura, como en el caso que analizamos en este texto.

3. Las citas anteriores son extraídas de: Van Overstraeten W. “Informe de la delegación del PCB” a la IC y de Van Overstraeten W. “Informe sobre la situación nacional” al Primer Congreso del PCB unificado (1º y 2 abril 1922)

4. Es interesante observar que cuando se decide, en conformidad con las directivas de Moscú, que el PCB participe en las elecciones legislativas del 20 noviembre 1921, la fracción Van Overstraeten se limitó a la práctica del abstencionismo pasivo. Lo más sorprendente fue que en ese mismo momento una ex sección del grupo de Jacquemotte (de los “Amis de l’Exploité”) de Saint-Gilles (Bruselas), no aceptó la fusión de 1921 en base a una posición antiparlamentaria más consecuente. La crítica que Van Overstraeten, había realizado con respecto al parlamentarismo, será totalmente abandonada por aquel que terminará por aceptar las posiciones contrarrevolucionarias de la IC hasta presentarse a las elecciones de 1925 en las listas del PCB, al lado de Jacquemote. Una vez elegido, ocupará un puesto en la cámara de representantes de 1925 a 1929.

5. Algunos grupos de la izquierda comunista italiana, como el de Pappalardi, denunciarán esta responsabilidad y complicidad de los bordiguistas que irremediablemente buscaban mejorar lo inmejorable, depurar lo que estaba completamente putrefacto. Ver al respecto en este mismo número la introducción al texto « ¿Conquistar los sindicatos o destruirlos?»

6. Esta introducción fue redactada, en su primera versión, por compañeros que solo tienen en cuenta el continente europeo y particularmente Europa occidental. A nivel internacional, existen rupturas revolucionarias mucho más globales, que no hacen esta separación socialdemócrata entre principios y tácticas y que tuvieron gran importancia histórica en otras partes del mundo. Podemos citar algunos ejemplos americanos: las fracciones más consecuentes del FORISMO (Argentina, Uruguay…), de los IWW (Estados Unidos, Chile…) y muy especialomente, el Partido Liberal nucleado en torno a Ricardo Flores Magón (México, Estados Unidos…).

7. Esta introducción asimila izquierda italiana o izquierda comunista italiana con los bordiguistas, que al mismo tiempo son criticados decididamente por los más consecuentes militantes comunistas de ese origen por su tentativa ridícula de querer enderezar la IC cuando en realidad ya era una organización totalmente contrarrevolucionaria. Ver en este número el artículo siguiente, ya citado, en el que el grupo del “Risveglio comunista”, del “Ouvrier communiste” critica a trotskistas y bordiguistas o vercesistas por ese papel de complicidad con la IC.

8. Socialdemócratas partidarios de Jean Longuet que era una forma de kautskismo francés. NDR de Comunismo.


CO55.2 “LO QUE NOS SEPARA”
"L’OUVRIER COMMUNISTE” 4 DE JUNIO DE 1921