Una vez pasado el tsunami que sumergió buena parte de la costa asiática a fines del 2004, la burguesía proclamó a todas voces que los 300.000 muertos y los 500.000 heridos fueron consecuencia de una « catástrofe natural ». Al mismo tiempo se apresuraban en rastrillar militar y humanitariamente toda esa zona para preservar el monstruo de la propiedad privada frente a cualquier tentativa humana, se movilizaban a los medios, para una gran campaña de lloriqueos. Para nosotros, esos muertos, esos heridos, esos millones de proletarios brutalmente desposeídos de lo poco que tenían y, en fin, toda esa campaña burguesa que les siguió ponen en evidencia, una vez más, la inhumanidad del mundo del dinero.
Esa gigante campaña de la burguesía apoya y refuerza esa idea imbécil de que la « naturaleza » es hostil al hombre. Concepción que se funda en la separación de éste con su comunidad real, su humanidad, sus medios de vida y que determina la obligación de vender su fuerza de trabajo por un salario, verdadera fuente de su separación con la « naturaleza ».
Este sistema basado en la explotación del hombre por el hombre y en la competencia por la ganancia a cualquier precio es el único responsable de la transformación de un fenómeno terrestre (con los riesgos conocidos), en una catástrofe social capitalista (1), como fue el caso, entre tantos otros, de Kobe en 1995, de Turquía en 1999, de Irán en el 2003...
El odioso espectáculo de la caridad reventó el rating televisivo y el ciudadano imbécil pudo pintarse con una nueva capa de buena conciencia. Y sin mucho gasto, ya que las donaciones anunciadas no son más que promesas, como en tiempos de elección, pues un décimo de ese dinero llega…y a nadie le importa mientras los récords de audiencia sean batidos. The show must go on…
ncluso aquel ridículo 10 por ciento no llega al destino en donde es imprescindible. Así en Sri Lanka el estado impone un impuesto, a las importaciones humanitarias, que va del 15 al 100% lo que bloquea todo, en algunos a casos durante semanas o meses, haciendo que se pudra todo lo perecedero. La inmensa mayoría de la población siniestrada queda estancada en inmundos campos de refugiados en donde el agobio, la miseria y el terror represivo los entierran.
En cambio, las grandes empresas que digitan las ONG, han empujado un poco más a su muy realista peón. “Handicap International” trabaja para Vivendi, “Acción contra el hambre” para Elf, etc. ¡La guerra comercial no se toma vacaciones! Como lo dice, sin verguenza, un experto en administración no gubernamental: « Hoy día la ayuda humanitaria presenta un interés estratégico. Es una punta de lanza para las empresas…Las ONG hacen, de alguna manera, la localización…»
« Humanitario » rima siempre con «militar ». La hidra capitalista es insaciable, lo humanitario es la cabeza de puente de lo militar (el ejército de Estados Unidos se reinstala en Indonesia con aquel pretexto), los milicos se entrenan tirando cajones de supervivencia desde sus helicópteros de combate. Un día una bomba, otro una caja de víveres… ¡esperando siempre que no se equivoquen! De todas formas allí estaban los bravos soldados defendiendo la propiedad privada, mano a mano con sus hermanos humanitarios, para reprimir los pocos intentos de pillaje efectuados por algunos de los hambreados sobrevivientes. ¿Acaso el peligro no está en que nuestra clase reaccione con sus propias armas? ¿De qué otra manera podemos entender «el mayor desplazamiento militar de la historia moderna en un contexto no conflictivo », como lo dice un periodista-milico?
He ahí el centro del problema: si el tsunami ha producido un desplazamiento militar de esa envergadura, una campaña de caridad de proporciones tan gigantescas, con el consecuente encuadramiento humanitario, es porque la burguesía teme un asalto del proletariado contra ese nuevo golpe de la miseria. La burguesía teme la generalización de los pillajes y la posibilidad de que los proletarios del mundo puedan reconocerse en ellos y seguir el mismo ejemplo, ignorando las campañas televisivas y la donación de algunos dólares.
Por su parte los industriales del turismo hacen lo posible por esconder su inquietud, hay que considerar que sus ganancias se elevaban a 57 mil millones de dólares para el año 2002. Parecería incluso que el mercado asiático no ha dicho su última palabra. Y de prever una reactivación tan pronto los turistas hayan olvidado. No dudamos de que esto ya esté en camino. El turista, olvida las condiciones de vida odiosa en la que se encuentra en su propio país, la humillación cotidiana, el hacinamiento en ciudades contaminadas, el extenuante retorno a casa, las deudas, las enfermedades, los accidentes, los niños que no se comprenden…Olvidan su humanidad. Y pronto podremos verlos explayarse, después de un año de duro trabajo, en esas playas hechas paradisíacas y siempre tan artificiales (¡arena importada!) , rehacerse su salud e intentar, como sea, reconstruir su fuerza de trabajo maltratada por cadencias cada vez más infernales.
¡No, el tsunami no es catástrofico desde el punto de vista del capital! Desde ya la reconstrucción se perfila, los mercados serán disputados, nuevos capitales serán invertidos, mientras los proletarios seguirán siendo explotados y la plusvalía almacenada.
Globalmente el estado ha logrado volver a dorar la ideología de una sociedad sin clases sociales con intereses antagónicos. Esta providencial y espectacular Unión Sagrada entre « blancos y amarillos », « musulmanes y cristianos », « ricos y pobres », « telespectadores y víctimas »…está directamente dirigida contra nuestra clase y contra sus reacciones autónomas frente a esa enésima catástrofe social. Pues al fin de cuentas, es la pareja ciudadano/estado que redora mejor su blasón de muerte y aislamiento, consagrando mundialmente el imposible casamiento entre la burguesía y un proletariado abombado, pues fue también a nivel mundial que la burguesía aprisionó con sus tentáculos mediáticos la energía del proletariado. La marejada de la caridad televisada solo puede ponerse en marcha porque el ciudadano atomizado está en su puesto y la víctima mantenida como tal. Sí, esta caridad está directamente dirigida contra toda forma de solidaridad proletaria, de reconocimiento por todos los proletarios occidentales, africanos,... de estar agobiados por la misma miseria fundamental que sus hermanos de Asia. Con o sin maremoto, el estado desposee, mata, vertiendo lágrimas de cocodrilo sobre la suerte de sus propias víctimas antes de reclamar su tributo, siempre aumentado. El estado debe más que nunca guardar por todas partes el monopolio de la fuerza y el control sobre los medios de supervivencia.
La Santa Alianza entre cohortes humanitarias y militares, si posible coronada de elecciones libres y democráticas (como en Afganistán o en Irák), está directamente dirigida contra las reacciones y afirmaciones de nuestra clase, como los pillajes que la prensa burguesa ha discretamente deplorado. Pillajes que, incluso si fueron poco numerosos como lo desea la prensa burguesa, manifiestan prácticamente las reacciones de nuestra clase contra la propiedad privada y sitúan el centro del enfrentamiento proletariado/burguesía allá en las zonas siniestradas, donde hoy día incluso los stocks enormes de « socorro », de víveres, de medicamentos, de agua, son defendidos por el ejército para que los proletarios no puedan servirse. El control de la paz social, he ahí lo que prima para la burguesía, he ahí el por qué de ese desplazamiento de fuerzas contra el proletariado. He ahí eso que la burguesía y sus campañas humanitarias quieren evitar de mostrar al mundo: que son nuestros hermanos de clase los que allá, a través de los pillajes, muestran la via a seguir acá.

 

¡NI ONG, NI EJÉRCITO, NI CARIDAD!

¡CONTRIBUIR A LA CARIDAD ES LEGITIMAR EL RUIDO DE LAS BOTAS Y EL SILENCIO DE LA MISERIA!

¡NINGUNA COLABARACIÓN CON “SU PROPIO” ESTADO!

¡LUCHEMOS POR DESTRUIRLO!

CONTRA LA CATÁSTROFE CAPITALISTA, UNA SOLA SOLUCIÓN:
¡LA REVOLUCIÓN COMUNISTA!

Notas:

1. En Somalia, a los 132 muertos oficiales producidos por el maremoto, se añadieron pronto una lista de personas fallecidas luego de haber estado en contacto con productos extremadamente tóxicos. La prensa nos « explica » que el Tsunami ha dañado contenedores de residuos radioactivos ocasionando fugas (cadmio, plomo, uranio, etc.). Esos mismos diarios televisados informan que empresas europeas, probablemente suizas e italianas, fueron las que tiraron esas basuras tóxicas en la región a fines de los ochenta, aprovechándose de la confusión creada por la guerra que sacudía la región durante esos años (cfr. AFP, 4/3/2005). La información se detiene ahí, la prensa no nos « explica » que es el capitalismo, esta catástrofe para la humanidad, la que ha transformado un fenómeno natural en una catástrofe social.


CO53.4 Subrayamos: Tsunami, fenòmeno natural ? Catástrofe social !