El capitalismo sigue progresando
y encarcelando cada vez a más humanidad

 

1 Un horror estremecedor se expande por el mundo: los Estados capitalistas se llenan cada vez más de cárceles. Siguiendo las pautas del Estado norteamericano, que hoy encabeza a las fracciones hegemónicas del capitalismo mundial, las prisiones se extienden sobre la faz del planeta, tragando en sus oscuras entrañas a decenas, sino centenas de millones de hombres y mujeres, proletarios en su inmensa mayoría. Por el hecho de que un muchacho de los barrios obreros, de cualquier ciudad del mundo, instigado por la avalancha publicitaria de los medios de información del capital, quiera tener las últimas tenidas de moda o pasear en el vehículo de sus sueños, es decir quiera satisfacer las «necesidades» que la misma publicidad intoxicadora le mete en el cerebro, y lo haga por cualquier medio, «lícito» o «ilícito», va a ir a parar años a la cárcel. Y si un joven es miembro de una banda y mata a otro proletario igual que él, por los valores estúpidos y deshumanizante que el mismo maldito sistema nos inculca a toda la población mundial -el demostrar su valor, ser un triunfador, el status, ser admirado por los demás gracias a las posesiones y la apariencia externa- va a ir a para años a la cárcel. Y si un grupo de personas, con un mínimo de dignidad y conciencia, salen a protestar contra las condiciones cada vez peores que la dinámica de la economía le impone a millones de seres, y se aburren de pasear como borregos acatando a los dirigentes de turno, y estrellan sus deseos como un ladrillo contra las vitrinas repletas de mercancías, entonces van a ir a para a un calabozo, a una celda. Contra estos últimos grupos en particular, que van desde los que tienen atisbos de conciencia de clase, hasta los explotados que asumen más o menos coherentemente posiciones de militancia revolucionaria (1), la burguesía internacional ha desarrollado una serie de prisiones especiales, que al igual que cualquier otra cárcel está destinada a castigar y encerrar a quienes no acepten las reglas del juego impuestas en todo el globo por la clase dominante. Pero en estas las condiciones están agravadas, endurecidas aún más, y el control y la represión se concentran y se ensañan con los cuerpos y las mentes de los hombres y mujeres encerrados en ellas. Cárceles “especiales”, de “Alta seguridad”, de “Especial seguimiento del interno” son los distintos nombres con que los sistemas penitenciarios de muchos países van designando a celdas y regímenes carcelarios de ultra aislamiento, verdaderas cárceles dentro de la cárcel, una red de campos de concentración cuyos exponentes más brutales son la prisión militar de Guantánamo, o los FIES del Estado de España. Mazmorras horribles donde se busca despojar de toda dignidad, de todo vestigio de humanidad a quienes asumen la lucha intransigente contra la opresión y la explotación. Hoy existen miles de presos políticos en el mundo, viviendo en verdaderas cárceles tumbas como las que cubren la geografía de Turquía, Perú, España o Israel, por señalar claros ejemplos de esta candente realidad. Todo lo anterior es reforzado por las legislaciones de los Estados, que crean leyes antiterroristas, tribunales especiales y policías y equipos comandos con jurisdicción internacional si el caso lo amerita. Es claro como la luz del día (pese a la contaminación de los cielos que produce la enfermiza carrera por las ganancias) que la llamada prisión política es un arma de la burguesía contra el proletariado, contra sus sectores más conscientes y organizados.


2 Actualmente en Estados Unidos, el Imperio de las cárceles, hay más de 2 millones de seres humanos encerrados. Si a esto le sumamos los que están con situaciones procesales, causas abiertas, libertades condicionales o provisorias, y les sumamos a los que cumplen condenas «blandas» como tareas de «interés público»(¡y si no las cumplen, los arrestan!), nos encontraremos con la alucinante cifra de más de 7 y medio millones de personas encausadas y con distintos niveles de aprisionamiento (2). (Y estamos hablando sólo de la población local, ya que hoy miles de proletarios están encerrados en centros de detención en Irak o Afganistán, los cuales son dirigidos por las tropas yanquis de ocupación). Las estrategias penitenciarias del Estado USA, de más cárceles, más control y más castigo, la famosa “tolerancia cero” con su elemento central de la política de cárceles llenas, da la pauta a los demás Estados que estrechan el cerco sobre sus poblaciones, tratándolos como borregos, como verdadero ganado humano, al que se pesa, se cuenta, se chequea su salud, se vigila cuando se desplaza de un lugar a otro, se revisan sus equipajes, y se le mantiene estupidizado con el eterno “pan y circo”, antiguo como el Poder y la explotación, amplificado al infinito con los medios de comunicación actuales, la transmisión de imágenes, sonidos y sensaciones a distancia, para el embrutecimiento de cientos de millones. Aunque con el pan cada vez más escaso, producto de la crisis económica mundial. Los Estados europeos siguen la pauta, y también los Estados latinoamericanos, y los asiáticos, y los africanos... Por ejemplo, una potencia capitalista de segundo orden como el Estado español, mantiene a un total de 50.000 presos, y aquí también hay que sumarle más de 40.000 personas recluidas contra su voluntad en los hospitales psiquiátricos, y los prisioneros en los centros de reclusión de menores, o los extranjeros arrojados a los centros de detención de ilegales. Y así suma y sigue, con las rejas y las cámaras y los micrófonos extendiéndose en todas direcciones. Como reconocen los mismos sectores humanitarios y progresistas de la burguesía y la intelectualidad, “paradójicamente, Europa se despide del “siglo breve” del holocausto y del genocidio, llena de centros de internamiento” (3). Nótese que esta afirmación es muy anterior al 11 de septiembre de 2001, por lo que la situación sólo puede haber empeorado. La realidad de la prisión política, y de las represalias contra los reos intransigentes, se da dentro de este contexto del sistema carcelario general del estado capitalista. Si al escribir estas páginas hacemos la distinción entre “presos políticos” por un lado, y “presos sociales” por el otro (la que es estática, y a la vez utilizada y fomentada por el Estado y sus aparatos para dividir), sólo lo hacemos con una finalidad expositiva, porque nuestra posición como comunistas, como revolucionarios, es NO aceptar divisiones ni jerarquías dentro de los millones de proletarios encerrados entre las garras asesinas de la bestia capitalista. Y a la vez hay que tener la claridad de que sólo una minoría de los prisioneros (como ocurre con la totalidad del proletariado) tienen conciencia social, y actitudes revolucionarias. Muchas veces, en las revueltas y motines dentro de los muros, sectores de presidiarios se vendieron como carneros y trabajaron para los gendarmes y la policía. Y también ha ocurrido que presos políticos, con la defensa de sus “derechos especiales como políticos”, actuaron como verdaderos rompehuelgas frente al movimiento generalizado de los prisioneros.

3 El terrorismo de Estado, que funciona con la misma ferocidad tanto en los regímenes parlamentarios como en las dictaduras militares abiertas, que es la nota dominante en los escasos países estalinistas que hoy siguen vigentes, o en los Estados islámicos, se concentra y se ensaña al interior de las prisiones, los pabellones y las celdas, constituyendo estos espacios del encierro una especie de «corazón de las tinieblas» de ese terrorismo general del capital. El entramado punitivo, con sus dispositivos físicos y sus abundantes códigos legales, es parte de la dinámica de esta sociedad gobernada por la maximización de la tasa de la ganancia. Y tiene su contraparte en forma de premios y aceptación. El «garrote y la zanahoria». Para los que se adaptan, para los zombies absolutamente integrados en el círculo de la producción y el consumo, los que acatan, agachan la cabeza y aplauden el canibalismo de la competencia capitalista, el sistema los gratifica, los retribuye, los divierte. Como dicen los voceros de la burguesía, que más parecen bufones miserables de la corte: «con los medios de comunicación masivos, el lujo dejó de parecer algo inaccesible. Viajes, marcas, autos... Todo el mundo puede soñar con ellos». Y qué importa si las mercancías más finas siguen siendo carísimas, porque «al menos se democratizó el deseo del lujo. Todos lo ven como un derecho». Gracias a la moda, la frivolidad transmitida por TV cable o por vía digital, la publicidad y el consumo masivo, se «refuerza el deseo de bienestar individual a la vez que destruye las grandes pasiones colectivas en torno de revoluciones» (4). La única condición para ser aceptado en este paraíso de cartón piedra es acatar las reglas elaboradas por la clase capitalista, como ya lo hemos expuesto. Pero el castigo organizado esta ahí, siempre presente, un paso más allá de la línea que demarcan las reglas del juego. En los últimos años, acentuando una tendencia inherente al sistema, la de reprimir al proletariado y disuadirle por medio del terror de que luche, el Estado ha ido afinando una serie de armas contra los explotados más rebeldes y contra los presos «conflictivos»: celdas de aislamiento, módulos especiales y otras piezas de vanguardia de todo el aparataje terrorista del estado de derecho, de la democracia, tan amada y defendida

Argentina 1973: el proletariado arranca de las cárceles a todos los presos políticos.

por la izquierda reformista internacional. Se ejecutan una serie de medidas para reforzar la represión generalizada, con el encubrimiento ideológico de la llamada guerra global contra el terrorismo (5). Se dictan órdenes internacionales de arresto y captura, se juzga a militantes revolucionarios en un país, se les arroja años al presidio, y al salir a la libertad -a esta cárcel más vasta y sin barrotes tan visibles en la que todos vivimos- se les extradita a otros países donde tenían causas abiertas. Al insurreccionalista Claudio Lavazza se le persiguió por luchar en Italia, y desde hace años es rehén de la burguesía en los FIES de España. Al ecologista de acción directa Marco Camenisch se le encerró en Francia, salió a la calle, y vuelve a prisión en los calabozos del Estado de Suiza (6) Tras los atentados del 2001 en Washington y Nueva York, se formó un comando especializado de la policía de las democracias europeas, para perseguir a sospechosos acusados de “terrorismo islámico”, comando que se llamaba “11 de septiembre”; ¡11 de septiembre! ¡El mismo nombre de los escuadrones de la muerte que asesinaban a disidentes en Chile, durante el régimen del cerdo Pinochet! Y si pese a todos los castigos, torturas y brutalidad de los policías y agentes del orden, los prisioneros no agachan la cabeza, no se doblegan, y más aún, se rebelan contra la ignominia, la burguesía y su Estado no dudarán en recurrir a la masacre: en junio de 1986, en Perú, gobernado en esos años por el perro Alan García y el antiimperialista APRA, cientos de presos políticos comenzaron un motín de vastas proporciones en los penales de El Frontón, Lurigancho y Santa Bárbara. Lo hacían en el contexto de un congreso de la Internacional socialista que se realizaba en el país. La respuesta de las fuerzas armadas no se hizo esperar: las prisiones fueron atacadas por aire, mar y tierra, y más de 300 presos fueron asesinados, llegándose al cobarde extremo de rematar a muchos sobrevivientes (7). Las minorías comunistas y los sectores de vanguardia del proletariado debemos unirnos, sacar las lecciones del pasado y actuar centralizadamente para responder a cada golpe de la burguesía, y darle su merecido a los criminales.

4 «Donde hay represión, hay resistencia» España 1936: desde afuera y desde adentro el proletariado toma las cárceles y libera a los presos simultáneamente al tímido decreto de amnistía que el Frente Popular es obligado de adoptar. Argentina 1973: el proletariado arranca de las cárceles a todos los presos políticos sin esperar la firma del decreto de amnistía que el peronismo prometía. Durante todo el siglo XX se puede rastrear una continua serie de luchas de los proletarios prisioneros contra la brutalidad concentrada del Estado. A pesar de toda la represión, a través de huelgas, motines, tomas de pabellones, ataques armados coordinados con el exterior, escapes por túneles (¡o por los aires!), y todo lo que el ingenio y la audacia es capaz de lograr, hombres y mujeres se han fugado de las cárceles para volver a caminar por las calles. El Estado, con todo su poderío, no es invencible, y las luchas de los prisioneros, junto con las demás luchas sociales que la propia explotación genera en todas partes, echa por tierra el mito de esa supuesta invencibilidad. A pesar de los muros, del aislamiento, de las dificultades en las comunicaciones entre diferentes penales, con el exterior, o incluso entre los distintos pabellones al interior de un mismo centro penitenciario, los proletarios se organizan y luchan. Ejemplos hay muchos, y se podrían señalar las huelgas en las prisiones de Turquía, en los años 2000 y 2001, donde más de mil prisioneros políticos se lanzaron a la lucha, para evitar su traslado a celdas especiales que iban a implicar directamente su aniquilamiento físico. Pese a todo el despliegue terrorista de las fuerzas policiales y militares, las huelgas de hambre se extendieron por meses, con el apoyo de los familiares solidarizando en las calles, y con colectivos de presos de distintos países europeos (en los calabozos de España, Bélgica y Grecia), iniciando huelgas de hambre y campañas de denuncia y apoyo para los compañeros turcos (8). Al apoyar las movilizaciones de los presos, debemos tener claro que el objetivo

Destrucción de la prisión de mujeres en Barcelona (1936).

de la lucha debe ser la destrucción total de las prisiones, en el marco de la revolución social. La posición consecuente que las minorías comunistas debemos impulsar es apoyar en el exterior las protestas de los prisioneros dentro de los muros y las celdas, propagandizando claramente el objetivo de la revolución y la dictadura del proletariado, que es la única vía para destruir, hasta sus cimientos, cada cárcel, cada cuartel, cada uno de los aparatos de la dictadura inhumana del capital. Y estos planteamientos se desprenden de todo el proceso de reapropiación de las luchas de nuestra clase: en la década de 1920 en Argentina (y en España e Italia se vivieron realidades similares), los sectores de vanguardia de los anarquistas revolucionarios, donde se destacaron nuestros queridos compañeros Severino Di Giovanni y Miguel Arcángel Roscigna, organizaron grupos de acción, emprendieron la agitación y la propaganda, publicaron libros y prensa obrera, combatieron al Estado (¡y a todas las fracciones burguesas, incluyendo a los «anarquistas» de salón!) con las armas en la mano. Y siempre tuvieron presentes a sus compañeros encarcelados y lucharon hasta el último aliento por su libertad. Hoy en día, los presos de la guerra social nos hablan claramente desde los centros de exterminio. En España y otros puntos de la geografía europea, se han levantado con fuerza tres reivindicaciones básicas: el cierre de los módulos de aislamiento tipo FIES, la excarcelación de los presos enfermos y el fin de la dispersión, pero los mismos compañeros nos recuerdan que «luchamos por la destrucción de todas las cárceles. Para nosotr@s l@s rebeldes y anarquistas no es ningún slogan vacío de contenido o algo sobre lo que teorizar. Si pudiéramos dinamitaríamos todos los muros sin titubear y sin preocuparnos de las inquietudes de l@s bienpensantes y sus seguidor@s.» (9) Existe todo un sector reformista de la burguesía, engrosado por personalidades progresistas, almas caritativas y filántropos de todo tipo, que se dirigen a la opinión pública y las autoridades, para buscar terminar con los malos tratos, las condiciones degradantes de los reclusos, reformar las prisiones, modernizar el sistema penitenciario, en una palabra para “humanizar” las cárceles. Y hay ocasiones en que estos sectores reformistas y modernizadores logran atraer a grupos de apoyo y a familiares de los reclusos, con la perspectiva de una mejora inmediata en las condiciones pavorosas en que se encuentran los presos. Independientemente de las intenciones de cada individuo y agrupación, estos esfuerzos sólo apuntan a fortalecer al Estado, al canalizar la lucha y disidencia en conversaciones con abogados, encuentros con “expertos y personalidades”, elevar peticiones a las autoridades democráticas, entrevistarse con los parlamentarios de los partidos burgueses, organizar conferencias de prensa luego de ir a los tribunales, y toda una serie de acciones que lo único que hacen es repartir calmantes y diluir el conflicto. Pero el conflicto sigue y seguirá, ya que los seres humanos hacinados en las prisiones, esclavizados en los lugares de trabajo y viviendo la miseria de los barrios proletarios, harán estallar la paz social en cualquier momento, debido a las condiciones concretas en que se encuentran. Y como decían las revolucionarias encarceladas en las prisiones españolas en los años 1970: «Las presas no queremos cárceles mejoradas» (10). Existen al interior de los prisioneros de la guerra social, toda una serie de tendencias, donde las mayoritarias en algunos países, como en España, Turquía o en el Perú, es el leninismo. Muchos de los presos son militantes de organizaciones marxista-leninistas o abiertamente estalinistas (11). Las luchas de esos prisioneros deben ser apoyadas, pero sin caer en una apología de sus organizaciones, ya que las posiciones de la izquierda de la socialdemocracia en su versión leninistoide sólo buscan fortalecer sus partidos “comunistas” y luchar por un Estado al estilo de Cuba o de la China de los tiempos de Mao, o de la difunta URSS, Estados y países donde seguía vigente la explotación asalariada, y se domesticaba al proletariado como mano de obra sumisa, a la que se le pudiera extraer la mayor plusvalía posible (y así aumentar la ganancia) a través de coberturas ideológicas como la “construcción del socialismo en un solo país” (¡tomada sin rubor del arsenal de Stalin!), la creación del “hombre nuevo” o el “poder popular”. Estas últimas dos mistificaciones siguen plenamente vigentes en el Estado cubano, donde cada Primero de Mayo los obreros salen a marchar ovejunamente, encuadrados por sus autoridades, para celebrar el trabajo.
Cuando en Grecia y Turquía se desarrollaron amplias y violentas manifestaciones en apoyo a las masivas huelgas de los presos políticos turcos, los partidos leninistas a los que estos pertenecían aprovecharon esas luchas para desplegar su autopropaganda, mostrando a los compañeros muertos en las prisiones como mártires de su causa, y buscando engrosar sus filas y superar las crisis internas. Y cuando hubo compañeros que tuvieron la valentía de criticar ferozmente a los grupos estalinistas, y difundir textos de presos anarquistas por ejemplo, como el Grupo 5 de Mayo, estos fueron atacados hasta por «compañeros libertarios» que veían eso como una deslealtad con los proletarios encarcelados (12). También hay que señalar y denunciar a los presos que traicionan y se disocian de los sectores más radicales. Un caso emblemático es Toni Negri, verdadera vedette de la intelectualidad crítica y de la socialdemocracia reciclada en libertaria y “autonomista”.Cuando este individuo estuvo encerrado en Italia en los años 70 y 80, en medio de la agudización de la lucha de clases en la zona, en prisión se dedicó a disociarse y plantear esta rastrera actitud como alternativa para los demás presos. Esto era desolidarizarse públicamente de los compañeros con posiciones más combativas, los irreductibles que continuaban la revuelta que estremecía las calles, al interior de las cárceles. Ningún revolucionario le pediría que hiciera lo que no era, asumirse como militante de las Brigadas Rojas, grupo armado partidario -como la mayoría de las autodenominadas “organizaciones comunistas combatientes”- de los Estados chino y cubano, sino que por lo menos... ¡no se hubiera dedicado a visitar a los presos fascistas, mientras clamaba por su inocencia frente a las autoridades! (Si alguien piensa que estamos exagerando la nota con este sujeto, puede indigestarse leyendo su libro testimonio El tren de Finlandia). En última instancia un militante no puede tener nada que ver con los actos que la justicia burguesa le imputa, pero basar su defensa en declararse inocente o presentarse como una víctima (la “victimización” tan de moda hoy en día), en la práctica sólo implica extenderle certificados de buena conducta a la clase enemiga, y es una actitud que siembra la confusión en las filas de la lucha social. Por eso, los comunistas sentimos mucha más afinidad con los presos anticapitalistas que reivindican no esta o aquella acción en particular, sino que rescatan y defienden la militancia y el combate revolucionario contra el capital y el Estado, como los compañeros Claudio Lavazza o Amanda, rehenes de los centros de exterminio en España. Más patéticos aun que los disociadores si cabe, son los casos de algunos de los prisioneros de grupos armados, incluso con altos grados de responsabilidad dentro de sus organizaciones, que una vez en prisión, se retractan, llaman a abandonar la lucha e incluso llegan a entregar a compañeros que están fuera del alcance de las garras del Poder. Una expresión dramática de estos niveles de descomposición humana, favorecida y agudizada por las duras condiciones de las prisiones especiales, es el caso de los llamados “arrepentidos” en Italia. Pero esto sigue ocurriendo hoy, en muchas partes del globo, y el deseo de destruir las cárceles y ver libres a los hombres y mujeres que sufren brutales niveles de represión, no nos debe llevar jamás a no ver sus posiciones y sus conductas, cuando estas son traidoras y condenables. El apoyo irreflexivo y la apología del prisionero político, sólo favorece a los que mendigan la “libertad” a las instituciones del sistema, o a esas falsas comunidades que son los partidos leninistas y los reformistas armados, a la de extremísima izquierda del capital. Los Estados, en su guerra cotidiana contra los proletarios, para imponer la paz social necesaria al buen funcionamiento de los negocios, y la consiguiente realización de las mercancías y la ganancia, están dando un paso más en la criminalización de las luchas. Este paso consiste en criminalizar a los sectores externos que apoyan las luchas de los prisioneros, lo que no es un aspecto inédito de la represión: en Turquía, los agentes policiales detienen a los hijos de las presas políticas; en Medio Oriente, el Estado israelí vuela las casas de los familiares de los comandos suicidas; en la América Latina de las décadas de 1970 y 80, era común la represión contra amigos y cercanos de los militantes perseguidos. Pero ahora la justicia de la clase capitalista fundamenta toda la persecución, con la religión universal -impuesta por las grandes potencias- del culto a la democracia y el Estado de derecho. Así, y a través de la amalgama, se echa en el mismo saco del terrorismo a todos los que solidarizan activamente con los revolucionarios encerrados. Personajes tan nauseabundos como el juez Baltasar Garzón, pueden ladrar diciendo que la Cruz Negra anarquista de España es “el aparato de captación de la organización terrorista PCE (r) y GRAPO” (13). La teoría de la conspiración, vieja como la lucha de clases, que imagina que el conflicto social no emerge del suelo mismo de la sociedad mercantil, sino de cerebros conjurados en las sombras, vuelve a aparecer en la estrategia de la amalgama. Familiares, amigos, proletarios prisioneros, terroristas, las fronteras se difuminan y todos podemos ir a parar a una celda. Como ya lo hemos dicho, aquí no se trata de solidarizar con partidos estalinistas, ni con secciones del sindicato, reformista como todos, llamado CNT (que durante la guerra y la revolución española de 1936-1939, apoyó activamente al frente de la burguesía antifascista, alentando la carnicería de proletarios), sino de denunciar claramente que el Estado capitalista condena y persigue todo intento de cuestionar su monopolio de la violencia, y en estos tiempos de crisis y guerra abierta, endurece la persecución contra todo foco de rebeldía y lucha social. En general, esta es la política del Estado español, griego, italiano,... cuyas medidas represivas, después de los atentados del 11 de marzo en Madrid, sólo pueden empeorar, apretando aún más las cadenas con las que la burguesía trata de subyugar para siempre a nuestra clase, disolviéndola en una masa amorfa de ciudadanos, dispuestos a entregar a la policía a quien no respeta la propiedad y las leyes democráticas.
Hoy las ciudades están cuadriculadas, y son regularmente recorridas por patrullas de tierra y aire; las cámaras vigilan cada rincón de nuestras vidas cotidianas. Los medios audiovisuales de comunicación nos repiten y machacan que sospechemos de los bolsos sin dueño aparente, de los vecinos poco sociables, del que no se viste como un buen ciudadano. Las ciudades se transforman en gigantescos panópticos, donde el archipiélago carcelario se confunde con la arquitectura de los barrios y los bloques de departamentos. Pero las luchas siguen dentro de las prisiones, día a día, y de las minorías comunistas depende solidarizar con ellas en las calles, unirlas al conjunto de los demás combates cotidianos del proletariado por sus necesidades humanas, que la contrarrevolución dominante logra mantener separados y aislados unos de otros, extender la revuelta, y señalar sin ambigüedades que la destrucción del complejo de todas las prisiones es una tarea más de las gigantescas tareas que deberá enfrentar la revolución comunista mundial.


¡ POR LA DESTRUCCION DE LAS CARCELES, EL ESTADO Y EL CAPITAL !

¡ PRESOS A LA CALLE !

¡ CALLES PARA LA INSURRECCION !

Notas

1 No nos referimos aquí a lo que desgraciadamente, hoy se entiende por dicha militancia, en muchos países; es decir a ingresar en organizaciones estalinistas armadas, las que mandan a miles de proletarios a la muerte por un programa etapista que apunta a la construcción de un Estado capitalista más «humano».

2 Para un análisis más detallado de la situación de represión generalizada que se vive en USA, ver el artículo “Prisiones y libertades en el mejor de los mundos”. Comunismo número 47.

3 Ver: “La unión europea y sus inmigrantes, ilegales, sans papiers, clandestini” en Jornadas de Derecho Penitenciario de la Universitat de Barcelona 1997/1999.

4 Toda esta propaganda está tomada del «pensamiento» de esa basura burguesa, filósofo de academia, llamado Gilles Lipovetsky, entrevistado por La Nación de Buenos Aires.

5 Ver el texto “Capitalismo = terrorismo contra la humanidad” en Comunismo número 48.

6 De Lavazza, Camenisch y otros presos, se pueden leer cartas y textos en la página web Palabras de Guerra: flag.blackened.net/pdg.

7 Para informarse sobre estos luctuosos hechos y la posición del GCI frente a ellos, ver el artículo “Imponente matanza de presos en Perú”, en Comunismo número 22.

8 Con respecto a las huelgas de hambre como forma de lucha, pensamos que debe ser planteada y ejecutada como situación desesperada y excepcional: nuestras consignas para el movimiento de lucha no deben ser nunca autodestructivas. La rabia hay que organizarla contra el enemigo de clase y sus instituciones, no contra nuestros propios cuerpos.

9 Ver la Contribución al debate sobre la Internacional Antiautoritaria Insurreccionalista y algunas aclaraciones para l@s compañer@s pres@s.

10 A fines de los años 1970 y en los primeros años 80, durante la transición/transacción española, se organizaron los Grupos Autónomos en España y Francia, volcados a «la agitación teórica y armada», cuyo «programa mínimo» era la abolición del trabajo asalariado y la destrucción de las cárceles. Muchos compañeros de esta experiencia militante fueron a dar a las prisiones, y desde las mazmorras del Estado tuvieron la lucidez de oponerse a la separación entre presos comunes y presos políticos, y en general a toda lucha por la «reforma y mejoramiento» de las cárceles. Sobre esta lucha los autónomos, se debe consultar el libro Comunicados de la Prisión de Segovia y otros llamamientos a la Guerra Social, de los Grupos Autónomos, editado por Muturreko Burutazioak.

11 El marxismo leninismo es siempre estalinismo. No olvidemos que fue el Estado estalinista el que inventó esa expresión, ese culto del marxismo leninismo, utilizando todos los medios que tenía a su alcance, desde Rusia y desde la llamada Internacional Comunista.

12 El Grupo 5 de Mayo divulgó sus posiciones en el comunicado “Alguna información y comentarios sobre las rebeliones en las prisiones turcas”.

13 Garzón sigue siendo admirado por la izquierda reformista internacional, por todos los que buscan «castigar» a los genocidas tipo Pinochet o Videla, a través de juicios espectaculares, por los sectores burgueses que organizan el foro social mundial en Porto Alegre, y que buscan abiertamente un terrorismo de Estado «más humano».

 



CO52.5 Contra las prisiones del estado burgués