Una vez más, el proletariado en Bolivia ha mostrado en 2003, a sus hermanos de clase en todo el mundo, su extraordinaria continuidad en la lucha contra el capitalismo, su capacidad ejemplar en la generalización de sus luchas.
No teniendo la capacidad para hacer un análisis propio, subrayamos en este artículo, algunos elementos importantes que aparecen en diferentes publicaciones al respecto.
Así nos parece muy significativo que, contra corriente, en pleno desarrollo de los acontecimientos y antes de que cayera el gobierno (el texto tiene fecha 18 de octubre 2003), los Núcleos Anarquistas de Acción hayan titulado su toma de posición “Bolivia y la cuestión del poder” y subtitulen “La insurrección de El Alto plantea el problema del poder”. Dicho texto dice: “A diferencia de las anteriores revueltas de los últimos años, la movilización popular actual en Bolivia ha llegado a poner sobre la mesa la discusión del poder político. La batalla del gas, ha permitido condensar un conjunto de reivindicaciones estructurales del movimiento de masas que se encontraban latentes o que emergían localmente y que ahora han tomado forma nacional. De hecho, en la guerra del gas existen varios componentes que han provocado el actual levantamiento, se combinan reivindicaciones de clase y reivindicaciones étnicas producto de la brutal opresión de los pueblos indígenas, locales y regionales. Desde este punto de vista y desde el salto en la situación que significó el levantamiento en El Alto, podemos decir que una revolución en Bolivia ahora sí ha empezado a andar, aunque no se ha consumado la caída del gobierno. Y en los hechos se ha dado una alianza de clases entre el proletariado que está actuando en forma diferenciada, puntualmente con los mineros de Huanuni y otro contingente de mineros que se encuentra en camino a La Paz, el movimiento campesino del altiplano y valles, cocaleros, los pobres urbanos y semiproletariado de talleres, curtiembres, transportistas, mercados, etc.” (a)
Aunque para nosotros, se trata exclusivamente de la afirmación del proletariado como clase y criticamos lo de alianza de clases como una concesión a la sociología (y al marxismo leninismo), celebramos el hecho de que compañeros, que se dicen anarquistas, asuman abierta y explícitamente, que el proletariado está poniendo en el tapete la cuestión del poder y de la revolución.
También, vale la pena destacar, el hecho de que otros sectores proletarios de América, tampoco dudaron en explicar lo sucedido en Bolivia, a contra corriente de todas las ideologías particularistas dominantes, en base a la contradicción entre la humanidad y el capital, que para nosotros es el punto de partida de toda solidaridad clasista con nuestros hermanos en lucha en ese país. En particular merece citar una “Carta abierta a l@s explotad@s de Bolivia” firmada por el “Movimiento libertario cubano” (b) en la que, bajo el título “La explosión popular contra la explotación capitalista. Ni un paso atrás hasta la Revolución Social” se exponen claramente las contradicciones en juego:
“Una vez más, la sociedad mercantil y el Estado burgués se mostraron incapaces de garantizar las condiciones de vida para la mayoría de la Humanidad. El Capital, por lógica propia, necesita mantener en condiciones de vida miserables a un número cada vez mayor de l@s proletari@s del mundo. Frente a ello, l@s explotad@s de Bolivia, de nueva cuenta, tomaron las calles, aceptando abiertamente, su contraposición con la propiedad privada y enfrentaron las estructuras del Estado. La situación por la que atraviesan l@s explotad@s de Bolivia, no es diferente a la del resto de los países. Son los estertores del capitalismo mundial que desde su agonía, continúas asesinado a miles de explotad@s a lo largo y ancho del planeta...”.
Los Núcleos Anarquistas de Acción de Bolivia subrayan también el papel desempeñado en la lucha por las estructuras asociativas del proletariado así como las tentativas de coordinación y centralización de las mismas: “Con respecto a las organizaciones con las que actuaron el movimiento de masas fueron centralmente las Juntas Vecinales, una forma de organización muy extendida en el país. En El Alto deben llegar a cerca de 500 juntas. Estas están agrupadas en las Federaciones de Juntas Vecinales (FEJUVE) que en combinación con la Central Obrera Regional dirigieron la lucha. Actualmente y producto de la represión (más de 160 muertos y 400 heridos) han dado instructivas para la conformación de comités de autodefensa. También surgieron en esa misma ciudad un Comando General Comunitario, formado por la coordinación entre la COR, FEJUVE, y la CSUTCB (Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia), como una instancia de coordinación para resolver la cuestión de autodefensa. Sin embargo el 12 y 13 de octubre, la resistencia al salvajismo militar-policial se dio de forma espontánea, sin organización previa de ningún tipo, lo que evidencia el estado aletargado de las organizaciones existentes. En general el estado de ánimo de las bases tiende cotidianamente a rebasar la política y vacilaciones de todas las direcciones, no solo a nacionales sino a nivel local. De hecho, algunos dirigentes intentaron dialogar con el gobierno y fueron desconocidos o rápidamente disciplinados ante las amenazas de linchamiento”
Esta contradicción brutal entre el proletariado en lucha y las organizaciones que dicen representarlos (y muchas veces ¡no sólo de sus dirigencias o cúpulas!), la expulsión y hasta la amenaza de linchamiento de dirigentes, se expandieron por todo el movimiento y constituyen un salto de calidad importante.
Es importante ver como se articulan las posiciones de esas organizaciones de izquierda con respecto a la derecha abierta. El mismo comunicado dice: “Sánchez de Lozada tardó en caer por el apoyo de los organismos internacionales, empezando por la embajada norteamericana, la OEA, el Pacto Andino y varios organismos internacionales que ven un peligro para el conjunto de la región su caída ya que después de 20 años de democracia pactada, excluyente, racista y represiva, el conjunto de mediaciones políticas burguesas tradicionales están fuertemente cuestionadas. De ahí el apoyo que le dan en hora críticas el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria y Nueva Fuerza Republicana, así como las cámaras empresariales, banqueros, la iglesia y todas las organizaciones patronales... Sánchez de Lozada tardó en caer por la estrategia de los dirigentes de las organizaciones de masas como es la cúpula del Movimiento al Socialismo, del Movimiento Indígena Pahacuti y también la Central Obrera Boliviana. La política que han sostenido sistemáticamente ha sido la de presionar para ‘convencer’ al gobierno, primero de que haga una declaración sobre a quien pertenecía el gas, si a los bolivianos o a las trasnacionales. Luego, cuando el movimiento de masas dijo su palabra el 12 y 13 de octubre en El Alto, presionan para ‘convencerlo’ de que renuncie. Su política conciliadora y timorata se evidencia en sus llamados a realizar la ‘huelga de hambre’ como mecanismo de conciliación, a suspender los ampliados de la COB, la participación de la vanguardia en los mismos, bajo el argumento de ‘cuestiones de seguridad¡ y finalmente a tratar de disminuir la ‘acción directa’ del movimiento de masas”.

Las mismas organizaciones reconocieron que de una forma u otra las masas les pasaron por arriba. No solo los viejos partidos estalinistas (partido “comunista” de Bolivia) y trotskistas (partido obrero revolucionario) declararon que a la hora de la verdad “no estuvieron a la altura de los acontecimientos”, sino que las “organizaciones sociales que combatieron con gigantescas manifestaciones, barricadas, dinamita, piedra y palos al régimen de Gonzalo Sánchez de Lozada y al ejército, el Movimiento al Socialismo (MAS) de Evo Morales y el Movimiento Indígena Pachakuti (MIP) tampoco fueron ‘referentes nacionales’ de la rebelión. Los dirigentes de los mineros, fabriles, constructores, maestros, campesinos, periodistas, trabajadores en salud, universitarios, estudiantes de secundaria, gráficos, harineros, gremiales, vendedores de mercados, artesanos, jubilados, desocupados, colonizadores, carniceros, transportistas, juntas vecinales, profesionales, cooperativistas, mineros y agropecuarios, las centrales obreras departamentales y otras organizaciones populares que participaron en el evento nacional coincidieron en que las direcciones partidarias y sindicales fueron ‘rebasadas’ por la furia de la población. ‘Los que nos consideramos revolucionarios no podemos mentir. Ningún líder ni partido político alguno dirigió este levantamiento popular. Ni Evo (Morales), ni Felipe (Quispe), ni nosotros encabezamos la rebelión. Este conflicto, lamentablemente, no tuvo una dirección unitaria. Los trabajadores bolivianos, desde abajo, fueron los que echaron a patadas del poder al asesino de ‘Goñi’ (Gonzalo Sánchez de Lozada). Fueron las masas enfurecidas las que dieron un sopapo al imperialismo norteamericano. Nadie, individual y partidariamente, puede adjudicarse el liderazgo de este conflicto. ¡Nadie! Resumió con vehemencia, el secretario ejecutivo de la COB, Jaime Solares al sacar las conclusiones del Ampliado Nacional...” (c)
Queremos subrayar que no es la primera vez que esas mismas organizaciones reconocen eso. También en febrero de 2003 el proletariado había desbordado todas las organizaciones, criticado sus programas, sus prácticas y dirigentes y luego de los enfrentamientos (que provocaron 35 muertos por bala y más de 210 heridos) aquellas se habían autocriticado, diciendo que “no estuvieron a la altura de los acontecimientos”.
En el ampliado de la Confederación Obrera Boliviana, que se realizara luego de la renuncia de Goñi, se expresaron todo tipo de tendencias, pero lo que predominó ampliamente fue la crítica a las organizaciones y direcciones que pretenden representar al movimiento. Así Miguel Zuvieta, en representación de los mineros (¡hay que subrayar que hubo 5000 mineros en pie de guerra que se hicieron presentes en La Paz!), declaró: “Ningún sindicato, ni partido de izquierda se imaginó la magnitud del conflicto que se venía. No entendimos las lecciones de febrero. La masacre de El Alto (12 de octubre) fue el detonante que hizo estallar la guerra contra el gobierno y el imperialismo. De ahí para adelante, el conflicto se nos escapó de las manos, fue incontrolable. Eso nos plantea la urgente necesidad de organizarnos de mejor manera...Con la huelga general indefinida que duró dos semanas, planteamos la renuncia de Goñi, pero no pensamos seriamente en lo que tenía que venir después...”
Hubo una coincidencia generalizada en dicho plenario, contra lo que decían todos los medios y los partidos burgueses bolivianos e internacionales en que el sustituto de Goñi ... “Carlos Mesa es un cachorro de la burguesía... es la misma chola con otra pollera”. En nombre de los trabajadores de la construcción Taca aclaró que esa dirección única debe tener “contenido de clase”: “Carlos Mesa es representante de una clase social y nosotros somos de otra clase social. Por eso él mañana nos va meter bala igual que Goñi”.
Alvarez representante de los maestros planteo que “las bases han demostrado a sus dirigentes cómo se debe luchar para voltear al gobierno... Lamentablemente sin objetivos y dirección revolucionaria, los trabajadores entregaron valientemente sus vidas, no para que haya cambio constitucional. Los que se sublevaron quieren mejores condiciones de vida y un nuevo tipo de Estado... El gobierno está históricamente imposibilitado de resolver la crisis estructural del país. Por lo tanto es preciso hacer una plataforma de lucha que permita a los explotados llegar al poder y así ‘estructurar’ el gobierno revolucionario de ‘obreros y campesinos’”
Sectores juveniles se pronuncian así “(La juventud) está dispuesta a salir a las calles con sus padres, tomar las armas en la insurrección popular para derribar al capitalismo y al modelo neoliberal, al imperialismo yanki, y deberá cerrar las puertas del Parlamento burgués con su democracia representativa, rechaza el referéndum y la constituyente de Mesa”.
Queremos subrayar que independientemente de tal o cual dirigente o representante de los proletarios en lucha, de lo radical o recuperable que pueda ser tal o cual expresión manifestada en ese plenario, de la pertenencia a tal o cual organización, el ambiente general del plenario refleja una correlación de fuerzas particularmente interesante y excepcional en el mundo actual. ¡Se sentía que el proletariado tenía potencia y que debía ir más lejos! ¡que había que revolucionar organizaciones, hacer otras, cortar cabezas de dirigentes! ¡hace mucho que no había miles de proletarios armados enfrentando al estado!¡hace mucho que no se criticaba tan abierta y masivamente las mismas organizaciones que encuadran la militancia proletaria! ¡hace mucho que no se proclama abiertamente que hay que destruir el poder burgués, el parlamento burgués con toda su democracia representativa (incluida la famosa Constituyente) y construir el poder proletario para hacer la revolución social! (1)

 

Notas:

1. El “hace mucho” no hace referencia a Bolivia, porque se podría alegar con razón que ya en febrero esos elementos estuvieron bien presentes. Nosotros pensamos que febrero y octubre fueron globalmente el mismo movimiento. El “hace mucho” hace referencia entonces a la actual situación mundial en donde estos elementos son todavía excepcionales y contra corriente.

a. Núcleos anarquistas de acción  nada@anarquiamx.zzn.com

b. movimientolibertariocubano@yahoo.com.mx

c. “Bolivia, los yerros de la rebelión del altiplano” de Miguel Pinto Parabá en Memoria (cemos@servidor.unam.mx) número 178 de diciembre de 2003. Las citas que siguen son también de este artículo, hasta mención contraria.


CO51.5 A subrayar en la lucha del proletariado en bolivia