Estimados compañeros y lectores, probablemente sin vuestro conocimiento, les hemos aportado un soberbio servicio: hemos leído “Imperio”, indigesto mamotreto firmado por Negri y Hardt, del que ciertos militantes “antiglobalización” han hecho su libro de cabecera. Pesado, filosófico y especulativo, aburrido e irritante, muy a la moda y sobretodo completamente contrarrevolucionario, ese ladrillazo intenta manifiestamente situarse como un libro emblemático de la “antiglobalización”. En pocos párrafos Negri-Hardt nos dicen lo siguiente.

La época moderna esta superada. Verdun, el nazismo, Hiroshima, Vietnam, Sabra y Shatila,...toda esa modernidad llegó a su fin, se ha acabado, está superada. La globalización derrumbó el poder del Estado-nación, responsable de las guerras imperialistas. Debemos regocijarnos de ello. Ahora hemos entrado en la era del postmodernismo.

Con el ocaso de los regímenes coloniales, y sobre todo con la caída de la URSS y las barreras que este país imponía al mercado capitalista mundial, estamos asistiendo a una globalización de los intercambios económicos y culturales. Una “nueva” forma de soberanía, un “nuevo” sujeto político aparece para sustituir el Estado-Nación: el Imperio. No se trata de Estados Unidos, pese a que este ocupa un lugar privilegiado en el imperio, ni tampoco del imperialismo.

“Ni Estados Unidos ni ningún otro Estado-nación puede hoy, constituir el centro de un proyecto imperialista. El imperialismo ha concluido. Ninguna nación será líder mundial, del modo en que lo fueron las naciones modernas europeas.” Se trata de un poder “desterritorializado” que se extiende sobre toda la vida social. “En contraste con el imperialismo, el Imperio no establece centro territorial de poder, y no se basa en fronteras fijas o barreras. Es un aparato de mando descentrado y desterritorializado que incorpora progresivamente a todo el reino global dentro de sus fronteras abiertas y expansivas”(Prefacio).

En oposición con la izquierda tradicional, que ve esta globalización con malos ojos y quiere poner barreras a la circulación de los flujos capitalistas, Negri y su colega Hardt no están, en principio, contra la globalización: lo que se define como enemigo es “un régimen específico de relaciones globales que llamamos Imperio”.“...sin embargo el hecho que contra los antiguos poderes de Europa un nuevo Imperio se ha formado es una buena noticia. ¿Quién quiere seguir viendo algo más de esa clase europea dirigente parasitaria y pálida que fue desde el ansíen régime al nacionalismo, del populismo al fascismo, y ahora empuja hacia un neoliberalismo generalizado? ¿Quién quiere ver más de aquellas ideologías y aquellos aparatos burocráticos que instigaron y nutrieron las podridas élites europeas? ¿Y quién puede sostener aún a aquellos sistemas de organización del trabajo y aquellas corporaciones que eliminaron todo espíritu vital?” (4ª Parte, cap.2 Generación y Corrupción). El Impero es, entonces, contrariamente a lo que afirma la izquierda tradicional, una realidad positiva que “elimina a los crueles regímenes del poder moderno” y que haciendo que la realidad sea cada vez más igual en todo el mundo, cada vez más supranacional, hace posible la organización de contrapoderes. El Imperio hace posible la alternativa, más aún, él la fabrica: “...la idea de imperio como trama de una dimensión humana ontológica que tiende a ser universal” Este ser humano se expresa en “las resistencias, las luchas y los deseos” de unnuevo” proletariado, un “nuevo” sujeto: la multitud: “Las fuerzas creativas de la multitud que sostienen al Imperio son también capaces de construir un contra-Imperio, una organización política alternativa de los flujos e intercambios globales. Las luchas para contestar y subvertir al Imperio, como asimismo aquellas para construir una alternativa real, tendrán lugar en el mismo terreno imperial –y desde luego esas luchas ya han comenzado a emerger. Por medio de esas luchas y muchas más como ellas, la multitud deberá inventar nuevas formas democráticas y un nuevo poder constituyente que habrá de llevarnos algún día a través y más allá del Imperio” (Prefacio).

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Una característica histórica del reformismo es que partiendo de la terminología y de conceptos revolucionarios los redefine para vaciarlos de su sustancia subversiva. El ensopado filosófico-sociológico, que Negri-Hardt intentan vender a los simpatizantes de los movimientos antiglobalización, no escapa a la regla: se autodenominan comunistas, critican a la izquierda tradicional, reivindican “la escuela de la lucha de clases”, citan cada dos por tres a Marx, toman como referencia a Engels, Lenin, Debord o Foucault, describen a la sociedad capitalista y hablan de capital variable, de valor, de subsunción formal y real, de internacionalismo... pero al fin y al cabo los puntos fundamentales del programa comunista, justo aquellos que expresan saltos de calidad entre capitalismo y comunismo, desaparecen: ausencia total de la organización en fuerza y de la dictadura del proletariado, nada de abolir el valor, ni de la revolución. Cada concepto utilizado pretende presentarse como simple prolongación programática, como un desarrollo consecutivo a los movimientos mismos de la historia, pero desde que observamos más de cerca existe, un deslizamiento político, que desnaturaliza completamente el contenido revolucionario original de cada uno de los conceptos.

Los autores anuncian el color desde el principio: comienzan retrazando ciertos aspectos de la historia del capitalismo y de la lucha de clases, y pretenden demostrar la omnipotencia actual del capitalismo sobre todos los aspectos de la vida, pero esta descripción de la dictadura capitalista bascula inmediatamente en la reproducción bien prudente de la ideología dominante. Así la pareja Negri-Hardt, siguiendo todas esas ideologías reformistas que buscan vender al proletariado “nuevos medios de lucha” argumentando la emergencia de “un nuevo periodo” o “nuevas condiciones de explotación”, se obstinan en presentar los síntomas actuales del desarrollo capitalista (tendencias monopolísticas, caída de las barreras proteccionistas, fortificación de la fracción libre cambista, centralización acrecentada de los medios de represión, etc.) como una “nueva” era del capitalismo: el capitalismo globalizado. Allí donde nosotros solo vemos la continuidad de las embestidas del capital, de la agudización de la crisis, del progreso del capital, Negri y Hardt se someten directamente al diapasón de todos aquellos que buscan a todo precio servirnos la misma vieja mierda capitalista en una nueva sopera: también para ellos existe un “nuevo capitalismo”, la globalización. Evidentemente que parten de la pretensión de criticar esa “nueva época”, pero desde el comienzo abren la puerta a todo tipo justificaciones y revisiones sobre las tareas del proletariado Según esos autores, como Bernstein en su época, la “nueva” era que se abre –la globalización- exige del proletariado “nuevas” tareas. Este camino lleva a los autores, luego de una serie de razonamientos y desarrollos más “marxistas” los unos que los otros, a revisar enteramente la cuestión de la destrucción del estado.

Pero no nos anticipemos. Esta renovación terminológica a la moda de la globalización, de la ideología burguesa actual, no es más que un aperitivo. No hubiese logrado ni hacer parar un pelo del interés de la intelligentsia socialdemócrata que digita el movimiento antiglobalización, si no hubiese por lo menos algunos inventos “modernos”. No nos detengamos en el pasaje de la época moderna a la época post-moderna, (sin olvidar, no obstante, la perla que es la definición del Imperio como una realidad positiva que “elimina a los crueles regímenes del poder moderno” y sin olvidar tampoco el síntoma, o ¡cuán “nuevo”!, de lo que llaman “renovada atención sobre el concepto de guerra justa” que sería propia al Imperio, ¡cómo si toda guerra imperialista no buscara y no hubiese buscado siempre a definirse de esa manera!) y situémonos directamente en la visión de las luchas actuales.

Para los autores, las luchas contemporáneas “bajo el Imperio” determinan ¡”la emergencia de una nueva calidad de movimientos sociales”! Bajo el pretexto de situaciones

Toni Negri enemigo de siempre del proletariado

No olvidemos que su proyecto social siempre ha sido la renovación de la dictadura de la burguesía y no su destrucción.

“la derrota de los movimientos de los años 70 – derrota política (como en otros países europeos) o militar (como en italia) – no desembocó en la mínima esperanza de renovación de la democracia. los que participaron pueden, ciertamente, llorar pensando en su propia inocencia táctica y desesperarse de sus ilusiones estratégicas. pero podrán agregar siempre: el problema que nosotros representábamos continúa existiendo. la italia de hoy tiene más que nunca la necesidad de redescubrir las virtudes democráticas experimentadas entonces”.

Esta perla es la conclusión de un artículo titulado: retour sur l’italie des années 70 (acerca de la italia de la década del 70), le monde diplomatique agosto 1998.

 

supuestamente “nuevas” se busca, como siempre, inscribir una cesura entre el ayer y el hoy, definiendo “nuevas” características de las luchas actuales, atribuyéndoles una “nueva” calidad, otorgándoles “nuevas” tareas al “nuevo proletariado”, a la “multitud”. En este contexto, todo lo que puede servir al análisis de las fuerzas y límites de las luchas históricas del proletariado no tiene más razón de ser, pues son extranjeras a la naturaleza, a la misma calidad de las luchas actuales. Por ello, hoy en día no hay más luchas internacionalistas (pues ellas no se comunicarían más entre sí horizontalmente, puesto que atacarían directa y verticalmente a la cúspide, al Imperio, y bla bla bla), sino movimientos “radicalmente diferentes” (1), “biopolíticos” (económicas, políticas y culturales en la jerga de los autores), determinados igualmente por une “nueva” composición del proletariado y la emergencia de un “nuevo” sujeto: la multitud y sus deseos.

“La composición del proletariado se ha transformado, y con ello debe cambiar también nuestra comprensión del mismo. En términos conceptuales, entendemos al proletariado como una amplia categoría que incluya todos aquellos cuyo trabajo está directa o indirectamente explotado por el capitalismo y sujeto a las normas de producción y reproducción del mismo. En la era previa la categoría del proletariado se centraba, y por momentos estaba efectivamente subsumida, en la clase trabajadora industrial, cuya figura paradigmática era el trabajador varón de la fábrica masiva... Nos enfrentamos otra vez con el objetivo analítico de comprender la nueva composición del proletariado como clase ...entre ellas la figura de la fuerza de trabajo inmaterial (involucrada en la comunicación, cooperación y la producción de afectos) ocupa una posición crecientemente central... Necesitamos observar más concretamente la forma de las luchas con las cuales el nuevo proletariado expresa sus deseos y necesidades” (1ª parte, cap. 3, El topo y la serpiente).

Obsérvese que incluso antes de introducir el “nuevo” sujeto –la multitud- ya se está en plena concepción socialdemócrata de las clases. El proletariado no es concebido en su movimiento, en su antagonismo a la burguesía, al capital;  tampoco es definido por su proyecto, su historia, su partido, sus luchas, sino que es concebido fundamentalmente como un objeto estático que se analiza en su inmovilidad y en su inmediatez. Exactamente como lo concibe toda la socialdemocracia, como lo concibe el estalinismo. Para Negri, el obrero actual inmaterial está, hoy en día, en oposición al obrero industrial de ayer, en el centro y tenemos que “estudiar” sus características. Esta sociología del “nuevo” explotado “central” determina, evidentemente, “nuevas” tareas, “nuevos” objetivos.

Los autores pasan, entonces, por el concepto, estático y retorcido en este caso, de proletariado, pero esencial para llegar a reivindicar... su exacto antagonismo...la multitud. Y así, gradualmente, partiendo del obrero explotado y del proletariado internacionalista, saltando de la fuerza de trabajo industrial a la “inmaterial”, llegamos a la multitud: “...bajo las cenizas del presente, las cenizas del fuego que consumió al sujeto proletario internacionalista... ¿qué ha subido a escena en lugar de ese sujeto?... podemos decir que la raíz ontológica de una nueva multitud ha llegado para ser un actor alternativo o positivo en la articulación de la globalización (1ª. Parte, capitulo 3, Estribillos de la “Internacionale”) “Lejos de haber sido derrotadas, cada revolución del siglo veinte impulsó hacia delante y transformó los términos del conflicto de clase, instalando las condiciones de una nueva subjetividad política, una multitud insurgente contra el poder imperial” (4ª. parte, cap. III, Las dos ciudades). He allí como, a pesar de reivindicar tenazmente “la escuela de la lucha de clases” y la existencia del proletariado, se toma la pendiente de las “nuevas condiciones capitalistas” para resbalar suavemente hacia las “nuevas tareas” y finalmente, luego de  haber pasado por la “nuevas subjetividad política” llegar ... a la disolución del proletariado en la multitud. Perdón, ¡en la “nueva” multitud!

La insistencia con la que Negri-Hardt pegan el término “nuevo” a todos los conceptos, la frecuencia con la que este adjetivo es utilizado en todas las páginas, es inversamente proporcional a lo poco de novedad real que contiene esa enésima alegato reformista por un mundo “de cooperación”. Encontramos los mismos viejos síntomas de los descubridores de “nuevas fases”, de “nueva filosofía”, de “nuevos sujetos”: una recuperación de toda clase de referencias históricas, una descripción de la miseria del mundo y de su represión, un llamado a someterse a los movimientos reformistas a la moda, un constante pregoneo sobre un mundo que se encuentra a punto de... y finalmente ningún medio concreto, ninguna perspectiva, ninguna directiva concreta para la acción.

Capítulos y más capítulos sobre “el orden mundial”, sobre “la decadencia del Estado-nación”, sobre “la soberanía americana y el nuevo Imperio”, sobre “la soberanía capitalista o la administración de la sociedad global”, y cuando finalmente, se anuncia las perspectivas... ¡nada, el vacío más absoluto!

Admiremos la obra maestra: “Es cuestión de reconocer y entrar en lucha con las iniciativas imperiales, no permitiéndoles restablecer continuamente el orden; es cuestión de cruzar y romper los limites y segmentaciones que se le imponen a la nueva fuerza laboral colectiva,(¡fíjense, otra novedad! ndr) es cuestión de unificar estas experiencias de resistencia y esgrimirlas contra los nervios centrales del comando imperial” [4ª. Parte, capitulo 3. Infinitos Caminos (El derecho a la ciudadanía global)].

Luego de 367 páginas de filosofía, los autores hablan finalmente de la acción concreta, de la práctica social. Así llegamos al momento crucial de la obra, al punto en el que la teoría crítica se convierte en acción práctica, llegamos al “¿qué hacer?” al salto de calidad....

“Esta tarea de la multitud, aunque está clara en el ámbito conceptual, es aún muy abstracta. ¿Qué prácticas concretas y específicas animarán este proyecto político? No podemos decirlo en este momento.”

Una obra maestra: más de 400 páginas de “pensamiento radical” para finalmente confesar que no tienen la más mínima idea de “las prácticas concretas y específicas que animarán este proyecto político”... ¡Un testimonio de impotencia librado con una osadía que haría palidecer a cualquier politiquero que se arriesgara a comentar públicamente las perspectivas de empleo formulados por su partido!

Evidentemente, no es totalmente cierto, puesto que, como buen reformista, tiene que evocar una u otra perspectiva concreta, y si superamos la decepción que nos procura este testimonio de impotencia, obtenemos rápidamente algunas pistas. Negri et Hardt se juntaron para dar más fuerza a sus proposiciones y guardan lo mejor para el fin: “Lo que si podemos ver, sin embargo, es un primer elemento de un programa político para la multitud global, una primera demanda política: ciudadanía global” (idem. capítulo citado)Para todos aquellos que aún tienen dudas sobre las intenciones gestionistas contrarrevolucionarias de los autores del “Imperio”, a este nivel, no se puede ser más claro. Negri-Hardt exigen una carta de identidad para todos, llaman a reivindicar, ante cada estado, un reconocimiento jurídico de las migraciones, llama a la multitud a exigir un control de sus movimientos migratorios (¡sic!), etc. “El derecho general a controlar su propio movimiento es la demanda final por la ciudadanía global”. (idem). ¡Si usted lector no comprendió todo, no se preocupe, los autores tampoco! Lo importante es constatar como, desde que se quita el mundo de las bellas intuiciones filosóficas, el marxismo de salón no tiene nada que envidiar al más grosero de los reformismos. Bill Clinton, exige “una carta de salud universal”, Toni Negri pide cartas de identidad de residencia para todos. “Papeles de residencia para todos significa en primer lugar que todos deben tener plenos derechos de ciudadanía en el país en el que viven y trabajan” (idem) ¡Dejemos de lado la apología que los autores hacen del trabajo y la explotación al decir “esa actividad creativa fundamental de la multitud”; así como la reivindicación de el “derecho a un salario social y un subsidio garantizado para todos”...! Basta con precipitarse hacia las conclusiones del libro para comprender directamente a donde nos llevan esos marxólogos y filósofos.

Lo que evidentemente nos podríamos plantear es si, desde el punto de vista comunista, todo esto vale verdaderamente la pena de ser leído, analizado y criticado. Ciertos elementos del programa de Negri-Hardt, son tan ridículos, que es legítimo plantearselo... Sin embargo, Negri y Hardt, en el “Imperio”, intentan recuperar las rupturas que surgen desde la ala radical del movimiento antiglobalización: la filosofía del libro es formateada a la atención de una cierta radicalidad en acto que surge entorno de la antiglobalización. Y es precisamente en el momento en el que el proletariado busca desprenderse de las ideologías pacifistas o antiorganizacionales que contaminan esos medios, momento en el que se juegan los saltos de calidad, que tienen como objetivo enfrentar directamente al capitalismo, que la ideología del “Imperio y la multitud” buscan encuadrar e impedir el desarrollo y la generalización de las rupturas. Para eso los autores no dudan en acariciar el “movimiento de antiglobalización” a favor del pelo, lo que evidentemente solo tiene como función el intentar someter al proletariado a la pseudo crítica del capitalismo, que realiza la izquierda burguesa, a dar armas a quienes lo encuadran en manifestaciones ciudadanas y responsablesm en base al discurso antiglobalización.

Más globalmente, hoy se están construyendo las ideologías “radicales” que mañana servirán para frenar y paralizar, los movimientos contra el capitalismo. Así, cuando el proletariado manifieste su voluntad de partir al asalto real de la propiedad capitalista, nos saldrán con que eso no es necesario hoy en día, que producir significa cada vez más construir cooperación: “Produciendo crecientemente medios que construyen cooperación y comunalidades comunicativas” que en este sentido “El propio concepto de propiedad privada,... se vuelve crecientemente sin sentido en esta nueva situación”, que “el sujeto de la producción es la comunidad”... Lo que todavía no ha sido eliminado son “los regímenes políticos y jurídicos que sostienen la propiedad privada” que “la propiedad privada, pese a sus poderes jurídicos, no puede evitar volverse un concepto cada vez más abstracto... cada vez más separado de la realidad.” (3ª parte, Capítulo 4 Comunes) El pase mágico ha sido realizado. Puesto que la propiedad privada no existe más, o casi, nuestra acción puede darse en dos dimensiones: tomar conciencia, y hacer tomar conciencia a la multitud, del ocaso de la propiedad privada, para luego exigir la demisión o partida de los  regímenes políticos y jurídicos que la sostienen.

“Nos parece, de hecho, que hoy participamos de una comunidad mucho más radical y profunda que la que se haya experimentado nunca en la historia del capitalismo... Nuestra realidad económica y social ... está definida... por los servicios coproducidos y las interrelaciones”. (3a. parte, capítulo 4 Comunes) Como vivimos en la cooperación, la

Toni Negri toma muy enserio su función
de conciliar luchadores y represores

¿Porqué será que todos los bomberos internacionales de la lucha de clase pasan por Argentina?

Tony Negri dio una conferencia en Grisinopoli, que es una fábrica ocupada que funciona como importante centro social frente a piqueteros y otros luchadores sociales. Aparentemente hay quienes todavía creen en ese señor y hasta soportan que hable. Luego no dudó en ir a visitar: ¡a los enemigos de ese mismo movimiento!

Guillermo Almeyra en un artículo publicado en La Jornada de México y reproducido por Resumen Latinaméricano (354, 7/11/2003):  “Negri, en Grisinopoli, dio su conferencia sobre todo ante dirigentes de grupos autonomistas y de sectores piqueteros que también juran por su concepción de la autonomía, pero después habló también con altos funcionarios del gobierno, muchos peronistas ex Montoneros, entre los cuales se contaba, chupando su habano, el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, que fue secuestrado en su ministerio por piqueteros autónomos, a los que denunció ante la justicia y a los cuales pretendía reprimir creando una brigada policial antipiquetera especial (encargada del servicio de inteligencia y de la cooptación de dirigentes sociales en función “preventiva”). Como Voltaire, que asesoraba a Federico El Grande de Prusia o a Catalina La Grande, Negri asesora en autonomía a los peronistas, pero también dice que lo hará con dirigentes del Partido de los Trabajadores y del gobierno de Lula y con Lula mismo, así como con dirigentes estatales y socialistas chilenos”.

Para Tony no hay contradicciones de clase, ni tampoco entre hombres de estado y proletarios, ni entre represores y luchadores sociales, entre gobernantes y piqueteros. ¡Todo sería cuestión de malos entendidos! ¡En la multitud de Tony hay lugar para explotados y explotadores!

 

comunicación, la comunidad, solo nos queda descubrir que los verdaderos patrones del mundo somos nosotros. Es así de simple, como lo afirma el siguiente extracto: “El Imperio pretende ser el dueño de este mundo porque puede destruirlo. ¡Qué horrible ilusión! En realidad somos nosotros los dueños del mundo porque es nuestro deseo y nuestro trabajo lo que lo regenera continuamente... en la sociedad biopolítica la decisión del soberano no puede negar nunca el deseo de la multitud”. (4ª. parte, capítulo 2 Generación)

¡Al diablo la violencia revolucionaria, la dictadura del proletariado, la organización en fuerza de nuestra clase social! Ya no necesitamos más de ello, puesto que ya somos los patrones del mundo, y el poder es incapaz de negar nuestros deseos. Los millones de proletarios que revientan de hambre y angustia en el mundo entero van a sentirse muy contentos cuando reciban esa “nueva verdad”. Quienes comenzaban a dudar seriamente de la capacidad de los capitalistas de escuchar sus deseos, tienen ahora un Negri para borrarle consolarlos.

Pero Negri va mucho más lejos, lo que se encuentra en el terreno de las perlas (¡del cual creemos que, en realidad, nunca hemos salido!): intenta recuperar la consigna histórica de Marx de destrucción del estado asimilándola al ¡autogobierno! Nosotros nunca creímos que Negri fuese un enemigo del Estado, ya en otro número de Comunismo (No. 41.2 “Perlas de la burguesia”) subrayábamos una de sus tantas declaraciones publicas al respecto, pero el trabajo de revisión que hace en este libro llega a niveles inconcebibles. Logra atribuirle, a Marx, posiciones que se encuentran en las antípodas de su obra a través de una pirueta que únicamente los revisionistas son capaces de hacer. Esta “nueva” perla es equivalente a los billetes de banco que sacaron los ex –”países socialistas” con las figuras de Marx y Engels. Veamos un poco más sus delirios.

Negri-Hardt nos explican el slogan “Big government is over” (“El gran gobierno ha terminado”) primero demarcándose de la manera como en Estados Unidos, en base al mismo, los “conservadores” se plegaron a los “demócratas”. Luego de aclarado eso, precisan que “Ciertamente habiendo sido educados en la lucha de clases sabemos bien que el gran gobierno ha sido también un instrumento para la redistribución de la riqueza social y que, bajo la presión de la lucha de la clase trabajadora, ha servido en la batalla por la igualdad y la democracia.” (3ª. Parte, capítulo 6, El gran gobierno ha terminado).  Es decir sacan de la manga la vieja y reaccionaria teoría socialdemócrata del Estado, según la cual, el estado no sería la organización en fuerza de la burguesía, sino un simple instrumento neutro que puede ser influenciado por cualquiera clase social de esta sociedad y que procede como arbitro entre ellas. ¡Sin comentarios! Pero Negri va todavía más lejos: ese tiempo ya pasó. Los grandes gobiernos socialistas y comunistas condujeron a los campos de concentración. Recordando que Marx denunciaba, ya hace 150 años, que todas las revoluciones, hasta ahora, solo habían perfeccionado el estado en vez de destruirlo, nos explica que el modo de organización de la economía actual hace inútil el asalto contra el estado, y que la única posibilidad se encuentra en “la auto-constitución de la fuerza de trabajo en gobierno”... ¡Y a eso es lo que él llama destrucción del Estado! “No somos anarquistas sino comunistas que han visto cuánta represión y destrucción de la humanidad fue forjada por los grandes gobiernos liberales y socialistas. Hemos visto cómo todo esto está siendo re-creado en el gobierno  imperial, justamente cuando los circuitos de la cooperación productiva han vuelto a la fuerza de trabajo como un todo capaz de constituirse a si misma en gobierno” (idem, cap. citado ). Las teorías de Negri-Hardt han eliminado toda referencia a la violencia revolucionaria, a la organización del proletariado en fuerza, al asalto contra la propiedad privada,... y ahora ¡asimilan el gobierno al que ellos aspiran con todo fervor –ciudadanidad global, democracia activa- a la destrucción del Estado!

Muy, muy grosero, pero el círculo se ha cerrado y nos permite concluir resumiendo, otra vez, el pensamiento del libro. En grandes rasgos, “Imperio” intenta, a lo largo de sus enormes capítulos, presentarnos el mundo como unificado, globalizado, subsumido por un orden imperial que ejerce su control a la vez por todos lados y por ninguno. En este mundo, todos los niveles de la pirámide que lo constituyen participan en su reproducción. El Imperio extiende su dominación sobre todos los aspectos de la vida social, pero por otro lado, se expresa en todas partes “la vida, el deseo, la comunidad”. El trabajo es producción de la vida. Las ONG, por ejemplo, transforman la política en una cuestión que concierne la vida genérica y extienden su acción sobre todos los espacios biopolíticos. “Aquí, en este nivel más ancho y universal, las actividades de estas ONG coinciden con los trabajos del Imperio ‘más allá de la política’, en el terreno del biopoder, satisfaciendo las necesidades de la vida misma” (3ª. parte, capítulo V La pirámide de la constitución global). El Imperio extiende su reino más allá del estado-nación, de la política, por todos lado y sobre todo; pero se encuentra obligado a desarrollar las fuerzas que desarrollan la vida genérica, y sus soberanos tienen que obedecer a los deseos de la multitud. Imperio y multitud son dos realidades que coinciden. La propiedad no tiene más que una existencia jurídica, todo se ha puesto en común. Solo falta un poquito para pasar a otro mundo. Ya estamos cerca del desenlace. ¿Cómo? De manera pacífica, y en toda circunstancia, sin atacar al poder, sino simplemente auto-organizándose en gobierno.

¿Quizás el capítulo final sobre la militancia nos dirá algo más?

“Debemos decir que esta nueva militancia no repite, simplemente, las fórmulas organizativas de la antigua clase trabajadora revolucionaria” ¡No dudábamos que íbamos hacia una “nueva” militancia, no dudábamos, bravo Toni .... continúa! “Los militantes resisten el comando imperial de un modo creativo. En otras palabras, la resistencia está unida inmediatamente con una inversión, constitutiva de la esfera biopolítica y con la formación de aparatos cooperativos de producción y comunidad” ¿Usted dijo “comunización”? ¿gestionismo?

“Hay una antigua leyenda que puede servir para ilustrar la vida futura de la militancia comunista: la de San Francisco de Asis. ... Para denunciar la pobreza de la multitud adoptó esa condición común y descubrió allí el poder ontológico de una nueva sociedad. El militante comunista hace lo mismo ...”

¡Mezclarse con los altermundialistas, entreverarse con las monjas de las ONG, trabajar en la alegría con los curas de la cooperación ... todo un programa!

“Una vez más, en la posmodernidad nos hallamos en la situación de Francisco, levantando contra la miseria del poder la alegría de ser. Esta es una revolución que ningún poder logrará controlar-porque biopoder y comunismo, cooperación y revolución, permanecen juntos, en amor, simplicidad, y también inocencia. Esta es la irreprimible alegría y gozo de ser comunistas”

¡Amén!

En fin de cuentas, muchas abstracciones y mucha religión, para, finalmente, cantarle al mundo actual. Como ayer Bernstein desvelaba lo que la socialdemocracia hacia “por abajo”, diciendo “bien alto” que la revolución violenta era una idea superada, hoy Negri describe la realidad inmediata del llamado movimiento antiglobalización y proclama como original todo lo que la izquierda antiglobalización intenta imponer al proletariado: negación ideológica del antagonismo de clases, pacifismo, cooperación y conciliación, gestionismo, conscientización, ciudadanismo, ONGs,caritativismo religioso... Así hace la apología de todas las debilidades del movimiento antiglobalización y vende, como perspectivas, todo lo que en realidad impide la ruptura revolucionaria y la afirmación del sujeto revolucionario. Resultado: su libro es una excelente apología de todo el reformismo presente en los movimientos a la moda en la actualidad, de todas las ideologías y tácticas empleadas para castrar la lucha revolucionaria.

No a la acción revolucionaria, dejemos el monopolio de la violencia en manos del estado, no al ataque contra la propiedad privada y el valor, no al enfrentamiento contra la clase enemiga, no a la organización afuera y contra el estado...., solo queda un poco de ONG, un poco de reivindicaciones por una ciudadanía mundial y una verdadera democracia, un poco de ética y de filosofía confusa, un poco de amor para la multitud, un poco de conmiseración, mucho, mucho, mucho de idealismo y de gestionismo.

En resumen, comenzamos denunciando la fortificación, a todo nivel, del control capitalista sobre los seres y llegamos a la reivindicación “de una organización de poder político y  productivo como  unidad biopolítica manejada por la multitud, organizada por la multitud, dirigida por la multitud-la democracia absoluta en acción”. ( 4ª. Parte, Cap. 3,  Posee)  En la más amplia tradición populista del capitalismo de izquierda y del estalinismo, que los autores dicen refutar, se parte del proletariado para llegar a la negación de su papel histórico, a su disolución en una multitud pacífica y democrática.

 

Notas :

1. « Debemos ser capaces de reconocer que esta no es la aparición de un nuevo ciclo de luchas internacionalistas, sino, por el contrario, la emergencia de una nueva calidad de movimientos sociales. Debemos ser capaces de reconocer, en otras palabras, las características fundamentales nuevas que todas estas luchas presenta, pese a su radical diversidad.» (El topo y la serpiente)

 


CO51.4 "Imperio" de A. Negri.

Los eructos modernos del viejo reformismo