Se acerca el 11 de septiembre, fecha en la que todos los medios de imbecilización masiva de la población mundial una y otra vez llamarán a los esclavos asalariados de todo el mundo a llorar por la muerte de ciudadanos norteamericanos y de paso a lamentarse por el ataque a los baluartes militares y comerciales del capitalismo mundial. Y el ruido y las imágenes repetidas hasta el infinito ocultarán la guerra imperialista desatada por las grandes potencias, que sigue destrozando al proletariado de Irak y de Afganistán. Y la socialdemocracia y los reformistas rogarán por la paz, la paz de todos los días del capital, rumbo a sepultarse en la tumba cotidiana del trabajo asalariado, o a enfrentar el día a día del que no posee los medios para satisfacer sus más simples necesidades. Hoy los campos de concentración se extienden por Medio Oriente, con todo su horror de torturas, ejecuciones sumarias y desaparecidos, y como históricamente ha ocurrido, con los proletarios como carne de cañón, matándose en la guerra entre ejércitos burgueses. Pero todo eso no es algo nuevo: Hace 30 años, tras el golpe militar del 11 de septiembre de 1973, Chile se llenó de centros de detención y exterminio, como -antes o después- Argentina, Bolivia, Perú o Guatemala. El terrorismo de Estado ha sido sistemático e implacable, camuflado y justificado por aparatos propagandísticos en nombre de una supuesta guerra contra el terrorismo, contra la subversión, contra el islamismo, cuando en realidad es para continuar la destrucción de miles de proletarios en revuelta, que el Estado burgués -el de Estados Unidos, el de Irak, el de Chile o cualquier otro- busca aplastar. Los cinco continentes están llenos de fosas clandestinas, de cementerios desconocidos, de sótanos que gritan su rabia, en Auschwitz, en Ramallah, en Jenin, en Sabra y Chatila, en Pisagua, en lagos y costas visitadas por los vuelos de la muerte de las aeronaves de los ejércitos arrojando cadáveres, al olvido. Pero lo que estos malditos no calcularon es que el olvido no existe, que conocemos los rostros de los asesinos, y que el proletariado no tiene nada que ganar con las guerras imperialistas y que los sectores más combativos del proletariado ya enfrentan a la burguesía en "sus" propios países asumiendo la lucha contra la guerra y la paz del capital. Que mientras el año 2002 vociferaban e imponían su minuto de silencio mundial por las "víctimas" del Centro mundial de comercio y el Pentágono, o la ciudadana protesta pacífica contra la represión y el genocidio, grupos de proletarios rompieron el encuadramiento burgués y lucharon contra la policía y la propiedad privada en las calles de Filipinas, de Indonesia o de Chile, destrozando también el disciplinamiento que imponen los partidos y grupos reformistas, el ala izquierda del capital, los gestores de nuestra miseria. Toda barricada contra la explotación, contra la guerra, contra las amnistías y la negociación con la sangre de los caídos, es nuestra barricada, estamos del mismo lado que otros hermanos de clase que luchan, en las calles del mundo, contra la máquina de la guerra y la paz capitalista.

Y organicémonos para repudiar el nuevo minuto de silencio mundial que el capitalismo internacional nos buscará imponer el próximo 11 de septiembre, a través de la rebeldía y la acción directa contra "nuestro propio" Estado y "nuestra propia" burguesía.

 

 

¡A EXTENDER LA LUCHA CONTRA LA IMPUNIDAD DE TORTURADORES

Y ASESINOS A TODOS LOS RINCONES DEL PLANETA!

 

¡TRANSFORMEMOS LA GUERRA IMPERIALISTA EN

GUERRA SOCIAL REVOLUCIONARIA!

 

11 DE SEPTIEMBRE: LUCHA PROLETARIA CONTRA EL TERRORISMO DE ESTADO CAPITALISTA

  

Proletarios internacionalistas


CO50.3.2 Recibimos y publicamos:

Contra el minuto de silencio mundial

del captalismo