La burguesía hace cien años que premia y financia a los defensores de la conciliación de clases, los represores del proletariado y los capitostes de las distintas fracciones de las guerras interburguesas.

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Sabemos hace tiempo que toda guerra se hace en nombre de la democracia, la libertad, la soberanía nacional y, sobre todo, del antiterrorismo y de la paz. Para pacificar Kosovo los pilotos de la OTAN bombardeaban Belgrado y por la cruzada contra el terrorismo los de EEUU hacían lo mismo en Afganistán.

Para dar algo de consistencia a esta religión de la paz que anima a los diferentes estados en guerra, una multitud de organismos internacionales, como la Fundación Nobel de la cual hablaremos aquí, premian con buenas notas y grandes primas de dinero a sus más fieles defensores. Lo que por lo general se conoce menos es que el fundador de los premios de la academia sueca, Alfred Nobel, fue el inventor de la dinamita –al lograr una nitroglicerina estable– y amasó una enorme fortuna gracias a la industria del armamento. Llegó a tener gran parte del monopolio de la producción de dinamita y a poseer unas ochenta fábricas y laboratorios de explosivos, minas navales y torpedos. Poco antes de morir, para redimirse, decidió legar parte de su fortuna a la obra de la ciencia y la paz. Para gestionar el dinero de este tierno capitalista se creó la Fundación Nobel, que en la actualidad invierte sus fondos, precisamente, en empresas armamentísticas. Algunas de las armas fabricadas, gracias a los capitales Nobel, son las baterías antimisiles Patriot, con las que contó el ejército israelí en la guerra del Golfo.

El premio Nobel de la paz es uno de los tantos ejemplos que ilustran la unificación de la guerra y la paz en un mismo ser, el capital. Si bien está destinado "a la persona que haya trabajado más o mejor en favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o la reducción de los ejércitos existentes y la celebración y promoción de procesos de paz", se le otorgó a Theodore Roosevelt que fue famoso por la modernización de las fuerzas armadas y por haber conseguido que el congreso estadounidense aprobara la construcción de gran cantidad de cruceros y acorazados. A fines del siglo xix fue responsable de la marina y el regimiento de voluntarios de caballería en la guerra hispano estadounidense y, a principios del xx, ejerció una política exterior activa e intervencionista, denominada Doctrina Monroe o Big Stick ("gran garrote"), tendiente a ejercer un "poder policial" sobre América Latina. Esta política permitió a Estados Unidos adquirir el territorio del canal de Panamá, intervenir militarmente en República Dominicana y Cuba, con el fin de favorecer los intereses estadounidenses y mediar en la guerra ruso japonesa de 1905, por lo que le concedieron el premio Nobel de la paz.

La lógica Nobel es la misma que la de los demócratas capitalistas de todo el mundo. La industria del armamento para funcionar necesita capitales; la Fundación Nobel los invierte. Como mercado para esta misma industria, nada mejor que unas buenas guerras; las armas producidas entran en acción. La demanda de armas aumenta, la industria de armamento funciona a pleno rendimiento, la fuerza de trabajo crea valor y la plusvalía es acaparada. De este modo, la Fundación Nobel puede reinvertir una parte de este plusvalor en su premio de la paz y así lavar su imagen.

Uno de los objetivos de la Fundación Nobel son la conciliación de clases y el apaciguamiento de la ira proletaria, de ahí que se premien a los políticos que busquen eso. La gestión gubernamental y los discursos del premio Nobel de la paz en 1993, Nelson Mandela, fueron un ejemplo: desactivación de la explosión social que había en Sudáfrica, reprimiendo y llamando irresponsables a los huelguistas, creando milicias de su partido político en los barrios y, en general, buscando el sometimiento a la miseria y la opresión de los explotados que antes, cuando los gobernantes eran blancos, se rebelaban con mayor decisión. Mandela es conocido por poner fin al apartheid entre blancos y negros, pero ante todo es el artífice de la persecución masiva de inmigrantes nacidos en otros países de África.

Para calmar la cólera de los "civiles" que se masacran, no hay nada mejor que promocionar a un defensor local de los derechos humanos, concediéndole con grandes pompas el premio Nobel de la paz. Como la madre Teresa de Calcuta, en 1978, Rigoberta Menchú, en 1992, y otros ideólogos de la caridad y la dignidad. Pero incluso el "humanismo" queda en entredicho cuando muchos de los premiados destacan por haber sido promotores de la guerra y la represión (1).

Los proyectiles lanzados sobre los manifestantes en Birmania y los aviones que bombardearon la población en Timor Oriental también se fabricaron con los capitales Nobel. La Fundación, como antes el señor Nobel, busca redimir su conciencia para evitar reacciones incontroladas de las víctimas de las guerras y aparecer como una fundación pacifista y altruista para así incrementar su negocio. Seguramente por eso ofreció el premio Nobel de la paz de 1991 al "opositor" birmano Aung Sang Suu Kyi y, en l996, a dos dirigentes de la "oposición" en Timor Este, Carlos Filipe Ximenes Belo y José Ramos Horta. Es decir, premiaron a "los opositores" que poco antes habían recibido la descarga de las armas fabricadas con capitales Nobel. ¿Paradoja de mal gusto o esencia del funcionamiento de la sociedad burguesa?

Otro de los galardones se lo han ido ofreciendo a responsables de represiones masivas contra el proletariado, aunque su hipócrita discurso diga dar "premios a las personas que, durante el año anterior, hayan aportado los mayores beneficios a la humanidad." Henry Kissinger, por ejemplo, obtuvo el Nobel de la paz en 1973 por impulsar las negociaciones de un alto al fuego en Vietnam del Norte. En la actualidad está acusado de haber cometido varios genocidios contra la humanidad. Jueces de distintos países de Europa y América investigan su responsabilidad en la Operación Cóndor, la desaparición de ciudadanos galos y la del periodista estadounidense Charles Horman - el mismo que inspiró la película Missing - durante el gobierno de Augusto Pinochet (2).

Guerra, paz, represión, desarrollo, tortura, libertad, abusos sexuales, unidad nacional, conciliación de clases, fenómenos intrínsicos del capitalismo y premiados por la Fundación Nobel. De ahí que sus ganadores estén ligados a cada uno de esos fenómenos: Yassir Arafat, premiado en 1994, es tanto un promotor de la guerra contra Israel como un represor del proletariado palestino; lo mismo se podría decir de otros como Simon Peres, Isaac Rabin, Lech Walesa, o la mayor parte de las instituciones premiadas por la academia sueca: la Organización Internacional del Trabajo (1969), galardonada tras uno de los años de mayor resistencia proletaria a la sociedad del trabajo, y las Fuerzas de Paz de las Naciones Unidas (1988) y el Alto Comisariado de las Naciones Unidas para los Refugiados (1954-1981) premiados antes de que se hiciera público las violaciones a niños y niñas por parte de sus integrantes (3).

1. El cinismo burgués no tiene límite. No es la primera vez que los promotores de un gran negocio de bondad universal se encuentran en brazos de lo que ellos mismos designan como los enemigos de la humanidad en otras épocas. Un caso histórico fue la ayuda que el Vaticano prestó a los fascistas y los nazis, del que hay un artículo en Comunismo número 42, páginas 13 a 15.

2. El catedrático de la Universidad de Pennsylvania, Edward Herman, escribía: "El papel de Kissinger en el genocidio de Camboya, Chile y Timor lo convierten en un criminal de guerra de primera clase, al menos de la categoría del ministro de exteriores de Hitler, Von Ribbertrop, ahorcado en 1946. Pero Kissinger goza de la impunidad que tienen los líderes y los agentes de la potencia dominante".

3. Ver el subrayado "Paz y ayuda humanitaria = explotación sexual" en este mismo número. Maximiliano Seitz de la BBC escribía: "El premio Nobel es como una llave de oro. No sólo enriquece a cada ganador con casi un millón de dólares, sino que también abre las puertas de países, palacios y medios de comunicación. El que lo obtiene ve transformado cada aspecto de su vida (actos, palabras, ausencias y silencios) en hechos memorables".

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Subrayamos

Paz y ayuda humanitaria

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explotación sexual

"Nadie puede tener comida sin antes tener relaciones sexuales"

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El 28 de febrero de 2002 El País publicaba el siguiente artículo:

"Abuso de niñas a cambio de galletas. Cientos de menores africanos denuncian violencia sexual por parte de empleados de ONG y fuerzas de paz de la ONU

"Cuando el hombre grande va a hacer el amor con una niña pequeña por dinero, se van a la casa y cierran la puerta. Cuando el hombre grande ha hecho su trabajo, le da a la niña pequeña dinero o un regalo". Se trata de uno de los cientos de testimonios de menores refugiados recogidos por el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los refugiados y la ONG británica Save the Children en Sierra Leona, Liberia y Guinea.

Los testimonios muestran hasta qué punto el abuso sexual por parte de trabajadores de ONG, tanto locales como occidentales, y de fuerzas de paz de Naciones Unidas, a cambio de alimentos y medicinas, se ha convertido en una práctica generalizada. El secretario general de la ONU, Kofi Annan, declaró ayer estar "conmocionado y preocupado por las noticias" y ordenó que las acusaciones se investiguen de forma inmediata.

"Cuando mamá me mandó al río a lavar los platos, un casco azul me pidió que me desnudara para sacarme una foto. Cuando le pedí dinero me dijo que a los niños no se les daba dinero y me dio sólo una galleta", relata una de las refugiadas agredida. Las víctimas aseguran, además, que los trabajadores humanitarios no utilizan preservativos en sus prácticas sexuales.

Una mujer de un campo de refugiados en Guinea resume lo que a su juicio es una norma no escrita: "En esta comunidad nadie puede tener acceso a la comida sin antes tener relaciones sexuales. Dicen ‘un kilo por sexo’; si no tienes una esposa, una hermana o una hija para ofrecer a los trabajadores de las ONG, es difícil tener acceso a la ayuda. Si ves a una mujer llevando comida sobre la cabeza, ya sabes cómo la ha conseguido".

Los bienes ofrecidos a cambio de los abusos sexuales van desde una galleta a medicamentos, pasando por buenas notas en la escuela, el transporte a la ciudad más cercana en coche y pequeñas cantidades de dinero. Según el contenido del informe adelantado por ACNUR, los cascos azules son los que mejor pagan, llegando a ofrecer hasta trescientos dólares a cambio de sexo. En ocasiones paga uno y todo un grupo abusa de la misma niña. Los abusos sexuales han elevado el número de embarazos no deseados, mientras el aborto sigue siendo ilegal en Guinea, Liberia y Sierra Leona.

"Nadie puede tener comida sin antes tener relaciones sexuales", dice una refugiada

Para ACNUR, es la pobreza y la falta de alimentos lo que obliga a las refugiadas a permitir el abuso sexual por parte de los trabajadores humanitarios, convirtiéndose la prostitución en el único modo de sobrevivir en los campos de refugiados. El problema no es nuevo. Ya en 1996 la ONU acusó a sus cascos azules de violar y entregar niñas a la prostitución en África. Pero, lejos de haberse solucionado, el problema parece haberse agravado. La agencia de la ONU argumenta, además, que el abuso sexual está muy arraigado entre los trabajadores locales. Muchos creen, incluso, que mantener relaciones con una niña virgen puede curar al agresor de una infección. Las familias de los menores les animan, y en ocasiones obligan, a tener relaciones sexuales con los cooperantes, conscientes de que es la única manera de acceder a la ayuda. Una refugiada de Liberia explica que si denuncian a los trabajadores humanitarios, "se irán y nos quedaremos sin comida". Las más afectadas son, sin embargo, las niñas huérfanas o las que viven sin sus familias en los campos de refugiados".

"Un informe de la ONU acusa a decenas de cooperantes de abusos sexuales a niñas en África. ACNUR y Save the Children incluyen entre los denunciados a algunos de sus empleados

La organización no gubernamental británica Save the Children y el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) denunciaron ayer que al menos sesenta trabajadores humanitarios abusaron sexualmente de niños de entre trece y dieciocho años en Liberia, Guinea y Sierra Leona, según un informe elaborado por las dos organizaciones y cuyo contenido será publicado a mediados de marzo. "Los cooperantes pedían favores sexuales a cambio de comida y medicamentos", relató a este diario Paul Nolan, director de los programas infantiles de Save the Children.

El informe, que se puso en marcha en octubre del año pasado, tenía como objetivo evaluar las necesidades de los menores desplazados en los tres países africanos. Los promotores del estudio no esperaban sin embargo, resultados tan dramáticos.

"Hemos descubierto que se trata de una práctica generalizada en la zona y nos tememos que en toda África y tal vez en otras regiones del mundo donde se trabaja con refugiados. Se trata de un claro abuso de autoridad. Los trabajadores humanitarios, se sienten con poder ante los niños que necesitan comida, atención sanitaria y educación, y hacen uso de él", afirma el directivo de Save the Children.

Cientos de personas han sido desplazadas por la guerra en Sierra Leona, Liberia y Guinea y viven en campos de refugiados. La mayoría de ellas sobreviven gracias a la ayuda de las agencias humanitarias.

"Entre los trabajadores implicados se encuentran trabajadores de ONG, empleados de los gobiernos locales, fuerzas de paz de la ONU en Sierra Leona y de otras agencias humanitarias", añade el portavoz de Save the Children, que asegura que al menos cuarenta organizaciones están implicadas.

El informe ha sido elaborado a través de los propios testimonios de los menores, que han identificado a sus agresores. "En la mayoría de los casos han abusado de niñas, aunque tenemos dos casos en los que las víctimas son niños", explica Nolan.

En el escándalo se han visto afectados varios trabajadores de ACNUR y Save the Children. Tres trabajadores de la organización británica (dos empleados locales y uno occidental) fueron despedidos ayer por formar parte de los más de sesenta trabajadores que cita el estudio.

ACNUR reconoció ayer a la agencia de noticias France Press que algunos de los abusos fueron perpetrados por sus trabajadores. "Con este informe pretendemos alertar a las agencias humanitarias de lo que está sucediendo y acabar con una situación que impide que los campos de refugiados sean un lugar seguro para los niños", explica Nolan" (1).

(1) Citado de El País del 27 de febrero de 2002.

Estas organizaciones, al igual que la iglesia católica con sus curas abusadores de menores, parece que no les cueste demasiado asimilar el abuso sexual de sus miembros o, al menos, eso parece cuándo la pena por violación es simplemente la pérdida del empleo. No serán juzgados, y pronto quizá consigan la misma impunidad otorgada a las tropas estadounidenses. Por qué si los responsables militares de EEUU ponen como condición al envío de sus tropas la total impunidad y la no aplicación del Tribunal Internacional de Justicia (para ahorrarse juicios y demandas por sus violaciones, torturas y asesinatos), los responsables de la ONU y de las ONG no van a pedir, como condición para la ayuda humanitaria, vista gorda para que sus empleados puedan cambiar galletas a cambio de favores sexuales.

Voluntarios humanitarios, administradores de la paz, profesionales de las ONGs, curas y militares, la revolución mundial acabará con vuestros chantajes, vuestros privilegios, vuestros sermones, vuestras armas, vuestros campamentos y vuestra explotación, porque acabará con vosotros mismos.

 

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CO49.3 Subrayamos:

1. Contra el premio Nobel de la paz

2. Paz y ayuda humanitaria
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explotación sexual