A pesar de las ilusiones que se habían hecho durante los últimos años tanto los capitalistas como muchos proletarios, la sociedad mercantil y el estado burgués se muestran nuevamente incapaces de asegurar las mínimas condiciones de vida para la mayor parte de la humanidad. Al contrario, por su propio desarrollo, por su propio progreso, la sociedad del capital necesita imponer condiciones cada vez más miserables de existencia a un número siempre creciente de los proletarios del planeta. Frente a ello, otra vez, el proletariado en Argentina sale a la calle, asume abiertamente su contraposición con la propiedad privada y enfrenta las estructuras del estado.

* * *

El caso de Argentina no es esencialmente distinto al de otros países. Tanto el desarrollo catastrófico del capital como la respuesta proletaria a las condiciones de miseria que éste impone no difieren gran cosa de los de otros países de la región americana o del mundo. El hecho diferencial, regional, nacional... por mucha fuerza que tenga no es nunca el centro de la historia en ningún lado. Al contrario, hoy, la aceleración de la catástrofe capitalista hace que la crisis económica salte de un país a otro, se generalice en continentes enteros, llegando a tambalear la misma estabilidad del sistema, empujando al proletariado a asumir cada vez más su programa histórico como única alternativa posible. Las luchas proletarias también se multiplican y parecen saltar de un país a otro, de un continente a otro. Se produce una concentración en el tiempo, una intensificación de las luchas que podría estar indicando la apertura de una fase diferente en la lucha de clases, en el que la correlación de fuerzas comience, al fin, a cambiar.

La liquidación de las luchas proletarias de los años sesenta y setenta del siglo XX dio paso a un período de práctica desaparición de las luchas durante los años ochenta, que volvieron a resurgir incipiente y aisladamente durante los noventa con nuevas fuerzas, y que parecen concretarse, a principios del presente decenio con rupturas prácticas y programáticas en las que se va procesando una toma de conciencia de pertenencia y de fuerza proletaria. Las ilusiones burguesas y de los propios proletarios, acerca de la desaparición del proletariado y del supuesto fin de las crisis se van cayendo a pedazos.

El capital y en concreto la fracción imperialista dominante actual parecen tener una confianza infinita en su capacidad, en su fuerza, en la liquidación histórica del proletariado... como para permitirse el lujo de prever los conflictos sociales regionales producidos muchas veces directamente por las políticas imperiales y usarlos no sólo para la represión del proletariado sino incluso como arma de dominación interburguesa. Sin embargo tanta arrogancia les revienta en sus propias narices cuando el proletariado, forzado por el empeoramiento de sus condiciones de existencia y rompiendo con algunas de las zanahorias erigidas por el sistema democrático reaparece violentamente en la escena histórica ocupando la calle y enfrentando decididamente al capital y el estado.

Reaparición y afirmación del proletariado en Argentina

La lucha reciente del proletariado en Argentina destaca por una tendencia creciente a la organización y afirmación de la práctica proletaria contra la propiedad privada, contra el estado, por las condiciones de vida y en ruptura con los partidos parlamentarios y los sindicatos oficiales. Y sobre todo por la imposición puntual de la fuerza al dejar sin efecto práctico el decreto de estado de sitio: salida multitudinaria a la calle y desarrollo de una violenta lucha contra la propiedad privada y el estado en el mismo momento que el presidente del gobierno anunciaba el estado de sitio, la noche del 19 de diciembre de 2001. Para comprender la importancia histórica de esta imposición de fuerza contra el estado, debe tenerse presente que medidas similares de los gobiernos democráticos en los años setenta en la región fueron el pistoletazo de salida de la generalización de las torturas y las desapariciones de los proletarios combativos de la época, con más de 30.000 desaparecidos y asesinados sólo en Argentina. Subrayemos también que es la primera vez en la historia de Argentina en que la violencia revolucionaria del proletariado logra derribar el gobierno.

 

En Argentina, durante todo el mes de diciembre, especialmente desde el día 13 de ese mes, y con especial fuerza durante los días 18, 19, 20 y 21, se multiplicaron las formas de afirmación de la fuerza proletaria, mediante la reapropiación generalizada de medios de vida y el ataque a la burguesía y su estado.

A principios de diciembre se lleva la lucha frente a los supermercados, reclamando la entrega de medios de vida... A partir del día 18 de diciembre del 2001, por todos los rincones de Argentina, el proletariado realiza cientos de asaltos y recuperaciones en supermercados, camiones de reparto, comercios, bancos, fábricas... Reparto de mercancías expropiadas entre los proletarios y comidas "populares" surtidas con el producto de las recuperaciones. Asaltos e incendios de edificios emblemáticos estatales, incluida la Casa Rosada (sede del gobierno) y del capital financiero y multinacional: ataques a bancos, hamburgueserías... Enfrentamientos con la policía y con otros cuerpos de choque del estado, como las patotas mercenarias peronistas, especialmente el día de la asunción de la presidencia del gobierno por parte de Duhalde, alternativa derechista a la relámpago socialdemócrata que representaba Rodriguez Sáa. Cacerolazos, marchas, manifestaciones y otras protestas multitudinarias que se sitúan en la puerta de todas las instituciones "prestigiosas" del estado, como los edificios del gobierno, el parlamento y el tribunal supremo. Cortes de ruta, siguiendo la práctica habitual del movimiento piquetero. Pero lo más cualitativo es que esa acción proletaria fue generalizada y concentrada en el tiempo. Señalemos a continuación algunos aspectos de esa afirmación proletaria para insistir luego en las debilidades que tiene todavía nuestro movimiento en la región argentina.

El significado de los saqueos: ataque generalizado de la propiedad privada y el estado

En toda la prensa mundial se ha hablado de los saqueos en Argentina, de revueltas de hambre, de crisis y corrupción. E incluso esos mismos medios de falsificación de la opinión que sabemos que son de nuestros enemigos aparecen justificando paternalista y condescendientemente los saqueos, diciendo implícita o explícitamente que es lógico que con tanta miseria la gente ataque los supermercados en busca de comida.

Por supuesto que esta visión oculta muchas más cosas que las que nos cuenta. Lo primero y más evidente es que se buscan causas y explicaciones locales como la corrupción de la clase política, lo que se contradice con la explicación misma, porque si fuese cierto pasaría lo mismo en todas partes y sobretodo en países como los europeos y Estados Unidos donde ya no pueden encubrir más la corrupción generalizada. También, sin mucho éxito dentro de América Latina, pero algo mayor en el resto del mundo, se trata de explicar la situación por la pobreza y falta de desarrollo, lo que es evidentemente demasiado grosero en un país que fue el granero y la estancia del mundo, además de uno de los más industrializados. En fin se trata de achacar las culpas de todo lo que pasa al Fondo Monetario Internacional y al imperialismo yanqui lo que ciertamente tiene más éxito dada la propaganda de la izquierda burguesa en ese sentido.

Lo que más ocultan todas estas explicaciones es que la contradicción que viven los proletarios en Argentina no es una contradicción con tal o cual gobierno o imperialismo sino que se trata de su contraposición vital e irreversible entre el ser humano y el mundo de la mercancía. Lo que ocultan es que tanto la hambreada generalizada (en el sentido de privar al ser humano de todo y no sólo de alimento) del proletariado en Argentina, como el ataque al mundo de la propiedad privada que el mismo lleva adelante es una manifestación más de la catástrofe del mundo capitalista, de la incapacidad total de la sociedad mercantil de dar satisfacción al proletariado y una confirmación de nuestra afirmación de siempre: Mai la merce sfamera l’uomo; la mercancía nunca podrá eliminar el hambre, nunca podrá solucionar los problemas vitales de la humanidad; la sociedad mercantil está, por ello, condenada a perecer. Lo que han querido ocultar es que ese mundo de la propiedad privada, de la mercancía y el dinero, hagan lo que hagan los reformistas de todo tipo, está forzado a hambrear a cada vez más gente en el planeta. Lo que esconden es que el ataque a la propiedad privada que, como respuesta imperiosa realiza el proletariado en Argentina, tiene exactamente las mismas raíces y va en la misma dirección que la lucha del proletariado en Argelia, en Uruguay, en Paraguay, en Ecuador, en Colombia, en Indonesia... En fin lo que queremos gritar contra toda la corriente es que esa misma contradicción entre la vida humana y el mundo de la mercancía que explota por todas partes y se concreta en los saqueos generalizados en Argentina es la misma que se concreta en Estados Unidos en más de dos millones de seres humanos sobreviviendo en las cárceles (1). Dicha contradicción se seguirá agravando, ineluctablemente, hasta la destrucción de la sociedad mercantil generalizada.

Sí, evidentemente en Argentina hoy hay hambre, pero no un hambre por falta de desarrollo o por tal o cual política imperialista, sino como producto del desarrollo, un hambre producida por el desarrollo necesariamente caótico del capital mundial. Sí, es evidente, este capitalismo de hoy es más "salvaje" (2), es más asesino de la humanidad, pero no es por culpa de tal o cual mandamás o político corrupto, sino porque la crisis generalizada de la valorización del capital choca cada vez más con las necesidades de la especie humana.

Sí, evidentemente los proletarios expropiaron para comer, porque no tenían más remedio, como el discurso paternalista de los medios de comunicación ha subrayado, pero expropiaron todo lo que pudieron y no sólo comida; porque la privación de la que somos objeto es mucho más general que eso. Por otra parte no sólo atacaron depósitos, supermercados, fábricas, camiones... para apropiarse de medios de vida, sino que asumieron abiertamente un ataque muchos más generalizado de la burguesía, porque en sus tripas sienten que todo el estado capitalista los hambrea. Esto también se ocultó sistemáticamente: si no se podía ocultar que el proletariado resistía al hambre (hasta ahí la revuelta proletaria se podía presentar como una "simple" revuelta de hambre en un país de lo que llaman tercer mundo), se podía al menos esconder que se trataba de un afirmación general de la clase no sólo apropiando todo lo que puede (que es muchísimo más amplio que comer) sino incluso destruyendo físicamente los símbolos de esta sociedad basada en la propiedad privada. No, no se trata sólo de comer hoy, sino de afirmar la potencia de clase contra el mundo de la privación de todo. No sólo era y es imprescindible alimentarse, sino afirmar la vida misma, sentir la necesidad de estar juntos, sentir la alegría de la propia fuerza, hacer la fiesta con lo expropiado y también llorar por los caídos o mejor todavía transformar esa tristeza por los hermanos caídos en la lucha, en rabia y fuerza revolucionaria. En las calles argentinas, el proletariado empieza así a reconocerse como tal, resurge el compañerismo, retrocede el individualismo, en la calle renace la comunidad de lucha.

Sí, se fue a buscar dinero y todo lo que se pudiera sacar en las empresas, los bancos... pero fue mucho más que eso: fue un ataque generalizado contra ese mundo del dinero, de la propiedad privada, de los bancos y del estado, contra ese mundo que es un insulto a la vida humana. No se trataba sólo de expropiar sino de afirmar la potencia revolucionaria, es decir la potencia de destrucción de una sociedad que destruye al ser humano. Y ello no sólo sucede en Argentina sino en un número creciente de países en estos dos últimos años.
 

Prácticas de afimación proletaria

La catástrofe del capitalismo se concreta en las agravación de las condiciones de vida del proletariado en todas partes. Contra ello, van afirmándose prácticas contra la propiedad privada, el estado, la represión... Asaltos, ataques, ocupaciones de edificios (pedradas, incendios, toma y destrozos...), expropiaciones de mercancías (saqueos), tierras, casas, edificios del estado: congresos, edificios de gobiernos, palacios de justicia, sedes regionales del gobierno o del gobierno regional, edificios ministeriales, ayuntamientos o alcaldías, comisarías, canales de televisión, radios, periódicos, universidades, centros de enseñanza secundaria... Tomas y saqueos de fábricas... Marchas, manifestaciones, cacerolazos, consignas proletarias... Cortes de rutas, puentes y accesos, a veces por largos períodos... Bloqueo de actividades, huelgas, radicalizaciones de movimientos convocados por los reformistas para recuperar el carácter de las luchas... Enfrentamientos con todos los cuerpos represivos (distintos tipos de policías, unidades de ejércitos, cuerpos de choque del estado vestidos de civil). El escrache, la denuncia pública, de los cuadros del capital se extiende como práctica proletaria generalizada: políticos, torturadores, policías, jueces, grandes empresarios y periodistas son el blanco habitual de estos escraches. Frente a las elecciones: generalización del abstencionismo, el voto nulo y desarrollo de prácticas de intimidación y rechazo generalizado a las elecciones, los colegios electorales (¡como en Kabilia, Argelia, en junio de 2002!), los partidos políticos democráticos... Asociación, organización, reunión, expresión, coordinación de los proletarios en todos lados...

En los lugares de mayor desarrollo de la lucha, y especialmente en México, Ecuador, Bolivia, Argelia, Paraguay,... como en Argentina los proletarios se organizan territorialmente, por barrios y localidades, articulando esfuerzos de forma coordinada, sin depender en general de partidos y sindicatos y muchas veces se organizan abiertamente contra ellos.

Además de vaciar supermercados, los saqueos y asaltos a bancos y cajeros fueron masivos. ¡Algunos grupos de acción hasta se llevaron los cajeros a las plazas de los barrios!. Evidentemente hubo también enfrentamientos entre los saqueadores y algunos comerciantes, lo que fue aprovechado por los medios burgueses de propaganda para intentar denigrar al movimiento proletario diciendo que hay saqueos entre barrios. Sin embargo, ese problema que ya analizábamos en los saqueos de 1989 en Argentina es superado por la lucha actual. En el artículo de entonces (3) decíamos: "Paralelamente con ello se desarrolla un gran operativo de contrainformación iniciado algunos días antes: se hace correr el rumor en cada barrio de que la gente del barrio vecino atacará las casas de este barrio, que hay que defender sus propias casas y, aunque parezca increíble, este cuento es creído por gran parte de los protagonistas de estos acontecimientos." A fines de 2001 y principios de 2002, los sepultureros de la realidad sacan a la luz el viejo cuentito, pero esta vez los proletarios no se tragaron la mula. Muchos periodistas son escrachados por el movimiento. Esos agentes constitutivos del estado, como los políticos, los torturadores y los empresarios, no pueden salir a la calle sin escolta. Un terror frío les recorre el cuerpo, el fantasma de aquellos que creían muertos y enterrados les escupe en la jeta.

También el estado argentino pensó que sólo se trataba de hambre y recurrió al viejo expediente de la caridad. Al principio de los saqueos de diciembre de 2001, también como en el Cordobazo (1969/70) y en 1989, el estado organizó el reparto caritativo y asistencialista de víveres. La respuesta de los proletarios tampoco se hizo esperar. Sus migajas lastimeras no engañaron a nadie. La rabia proletaria se expresó en pedradas y un aumento de los saqueos respondiendo así al broche repugnante que la burguesía quería poner a la revuelta. Nuevamente, el tiro les salió por la culata y les estalló en las narices. Tanto es así que a mediados de diciembre de 2001 no hubo ningún rincón del país sin saqueos y ataques a edificios, ocupaciones de viviendas, piquetes o cortes de rutas.

Nos tratan de presentar la miseria como simple miseria ocultándonos el carácter subversivo y revolucionario que tiene la lucha contra la misma; esconden que la afirmación del proletariado en lucha en Argentina va mucho más lejos que los simples saqueos de hambre que nos presentaron. En efecto en la calle se asume abiertamente el ataque generalizado a la propiedad privada y el estado, se afirma en forma incipiente la fuerza destructora de esta sociedad basada en la propiedad privada.

Otro aspecto decisivo de esa afirmación es la abierta reivindicación de la continuidad histórica de la lucha actual con respecto a la lucha revolucionaria del pasado. A pesar de la imponente represión contra el proletariado en la zona durante décadas, los combatientes proletarios actuales reivindican y, en cierta medida asumen, el pasado de la lucha de nuestra clase, afirmando elementos importantes de su conciencia de clase. Consignas y cantarolas proletarias hacen incesantes referencias a las luchas del 1989, el Cordobazo y la Semana Trágica de 1919. Los movimientos históricos de nuestra clase, que el terror de estado había creído poder enterrar para siempre, son reivindicados y revitalizados en consignas como: "¡Qué cagazo, qué cagazo, echamos a De la Rua los hijos del Cordobazo!"

Ruptura con los partidos y los sindicatos y la generalización de los escraches

Otros puntos decisivos de la afirmación del proletariado es sin duda la ruptura con partidos y sindicatos y la generalización de los escraches.

La ruptura con los partidos políticos y los sindicatos tradicionales se afirma durante todo el período. Manifestaciones, acción directa, ocupación de la calle o de edificios... todo lo importante se hace sin la anuencia de partidos y sindicatos, que en general se pliegan a alguna de esas acciones para no perder totalmente el tren. Pero no se admiten banderas de partidos políticos en las manifestaciones (ni siquiera la de HIJOS) y los sindicalistas no pueden asistir a las asambleas en nombre de su sindicato, sólo pueden hacerlo a título personal. Bajo la consigna principal de las caceroladas de diciembre ("Que se vayan, que se vayan, que no quede ni uno solo"), los proletarios exigen, y consiguen, la dimisión de "sus" presidentes: De la Rúa, Rodríguez Saa. Expresaban su hastío y rechazo al sistema electoral, a todos los partidos políticos... al gobierno. En las elecciones, el voto mayoritario es el llamado "voto bronca", es decir, nulo, impugnado. Grupos de proletarios imprimen un boleto electoral, a modo de panfleto, con la leyenda "Ningún partido. No voto a nadie. Voto impugnado". La generalización de esta práctica contra las elecciones, que tal vez sin saberlo los proletarios en Argentina afirman al mismo tiempo que lo hacen sus hermanos en Argelia (4), es sin dudas una afirmación más de la ruptura proletaria que se va produciendo, durante todo el período, con las diferentes instituciones del estado capitalista y en particular con los partidos y sindicatos dominantes.

La práctica del escrache que iniciara el proletariado en Argentina (5), que se utiliza sistemáticamente contra los torturadores, se generaliza contra políticos, empresarios, periodistas, jueces... La extensión de los escraches a todos los personajes del estado es totalmente generalizada desde hace más de un año. Se escrachan diputados, ministros y ex ministros, jueces, importantes personajes de las finanzas, periodistas... Cada vez hay más miedo en los barrios burgueses y en las casas de los responsables del gobierno, la represión, las finanzas, los periódicos... así como entre los diputados en el parlamento, o en el palacio de justicia, las redacciones de los periódicos, los cuarteles y los púlpitos de las iglesias, temiendo muchos de esos personajes salir a la calle por miedo a ser reconocidos.

Algunos de los escrachados dignos de retener como representativos del espectro sociopolítico desde diciembre del 2001 fueron (6): De la Rua, Anibal Ibarra (ex miembro del gobierno), el Jefe de la Central General de Trabajadores Rodolfo Daer, así como el Jefe de la Central General de Tabajadores disidente Hugo Moyano, el presidente de la asociación de industriales Ignaicon Mendigueren, Raúl Alfonsín (ex presidente argentino) o Ángel Rozas.

"La situación está muy mal. Pueden hasta linchar algún político." Declaraba un obispo a la prensa. Los llamados de los diferentes politiquillos o sindicalistas de turno para la formación de un frente de unidad popular (se llame como se llame frente único por la base, por la dirección, contra los corruptos...) son rechazados por la práctica del proletariado en la calle.

Los escraches contra los jefes sindicales y jefes sindicales alternativos son el complemento de las consignas que se cantan en la calle y que afirman la importante ruptura del proletariado con los sindicatos: "¿Adónde está, adónde está la burocracia sindical?" y "¿Adónde está, que no se ve, esa famosa CGT?".

A su vez, los partidos políticos y sus representantes están tan quemados que no saben qué hacer. El propio Duhalde reconocía dolorido esta realidad en una entrevista de Clarín (24/3/02): "El consenso social no lo tiene nadie, desgraciadamente. Lea las encuestas, ningún dirigente tiene más del 10%. Es tremendo el desprestigio, pero hay que seguir...".

Autoorganización de la clase: piquetes y asambleas

El desarrollo actual del capitalismo en Argentina en los últimos años sigue las mismas reglas que en todas partes: hay cada vez más proletarios desocupados o con ocupaciones precarias y mal pagadas. En esta realidad, por cierto totalmente internacional, se basan todos los que sostienen que el proletariado desapareció o está desapareciendo. ¡Cómo si se fuese menos proletario por perder el trabajo o porque las condiciones de explotación fuesen peores!

En realidad es la masa siempre creciente de desocupados que le sirve al capital para empeorar todas las condiciones de vida y de trabajo del resto del proletariado. Hoy se gana menos y se trabaja más horas que nunca. Ya se sabe que se ha hecho añicos aquel modelo de país que atraía obreros europeos en busca de mejores salarios. Tampoco queda nada de aquellas limitaciones de la jornada a seis horas que sectores del proletariado en la zona habían impuesto. Así el horario máximo de los trabajadores de los subterráneos (subte) de Buenos Aires que era de seis horas por día (obtenido en lucha en 1948) fue aumentado en 1994 a ocho horas, lo que suscitó intensas luchas contra dicha medida que todavía hoy continúan. La liquidación de puestos de trabajo, el exceso de oferta de brazos y el terrorismo de estado generalizado durante décadas le han permitido al capital un aumento brutal de la tasa de explotación, un aumento generalizado de la miseria de todo el proletariado. Durante años, y exceptuando aquella reaparición repentina de los saqueos de 1989, el proletariado parecía haber dejado de existir, sólo había trabajadores sometidos y sin capacidad de respuesta. Peor, los elementos históricos de solidaridad clasista, el compañerismo en el laburo, la amistad de barrio así como el odio profundo a todo lo que venía del estado, que había caracterizado el proletariado en los años sesenta y setenta, se encontraba profundamente roto. Muchos compañeros señalaban la ruptura generalizada de ese tejido social de compañerismo y el éxito indiscutible, junto con el terror de estado, del "arreglate como puedas", el individualismo, de ese modelo capitalista que Menen representa tan bien.

Las teorías de la desaparición del proletariado, se encontraban a sus anchas en Argentina hasta que la violenta reafirmación actual le da un golpe importante. La afirmación proletaria en Argentina no hubiese sido posible sin el desarrollo del movimiento piquetero, puntal del asociacionismo proletario durante el último lustro.

La teorización socialdemócrata, tan de moda en toda la sociedad, pero especialmente propagandeada por estalinistas y trotskistas reciclados en "libertarios", afirmaba que con las fábricas iban desapareciendo los proletarios y con éstos el proletariado como sujeto histórico: ya no se podía paralizar la producción como antes. Pero el proletariado es mucho más que el obrero productivo y la producción capitalista es mucho más que la producción inmediata de objetos industriales. Los piquetes en Argentina, la paralización de caminos, rutas y autopistas y su extensión a otros países, mostraban al mundo que el proletariado como sujeto histórico volvía a afirmarse y que el transporte es el talón de Aquiles del capital en la fase actual.

La vieja tendencia a hacer cada vez más colectivo el trabajo se concreta en el hecho de que cada producto es resultado de un mayor número de contribuciones laborales en diferentes lugares y por lo tanto de un número siempre creciente de transportes. La división generalizada del trabajo, junto a la ausencia de todo plan de conjunto que hace que la única autoridad reconocida sea la competencia, o como dijera Marx "En la sociedad del régimen capitalista de producción, la anarquía de la división social del trabajo y el despotismo de la división del trabajo en la manufactura, se condicionan recíprocamente" (7) y conducen a que el más mínimo producto contenga innumerables kilómetros de transporte y denote toda la irracionalidad del sistema. Así por ejemplo, algunos estudios muestran, que un producto tan simple como un yogurt que solo tiene leche, un fermento y eventualmente azúcar y frutas en un potecito, para llegar a la mesa recorre unos 8000 kilómetros, si se tiene en cuenta el recorrido de cada uno de los subproductos entre cada lugar de transformación (para la simple fabricación "del pote del yogurt en vidrio, plástico, aluminio o papel entran en juego varias unidades productivas, en este último caso por ejemplo la producción de la pasta se hace en una región, la del cartón en otro, la impresión en un tercer lugar y la pegada de la etiqueta en otro" (8).

 

 

En ese proceso, que nuestros enemigos denominan mundialización o globalización (y que para nosotros no es más que la afirmación de ese despotismo irracional en la división del trabajo en la cual el carácter cada vez más colectivo del trabajo expresa su antagonismo con la apropiación privativa), el proletariado sería liquidado porque, según ellos, las fábricas tienen cada vez menos importancia relativa. Los desocupados, las "amas de casa", los niños, los viejos, la gente del barrio... serían reducidos por dicho proceso a la total impotencia social y a la nulidad política absoluta porque según ellos no pueden desarrollar ninguna acción de fuerza. Sería el fin de todo cuestionamiento social y según muchos, hasta de ¡la historia!. Pero así como no habían entendido el abc de las tendencias inherentes al capitalismo, no habían previsto el abc de la lucha proletaria: la ocupación de la calle, el asociacionismo territorial, la imposición de una relación de fuerza basada en la amenaza de la paralización de la economía burguesa. Los piquetes son exactamente eso.

El piquete no es nuevo, el corte de rutas tampoco es un invento argentino. Los piqueteros se sitúan en la trayectoria histórica del proletariado internacional que para asegurar la efectividad de una huelga organiza piquetes para impedir que los carneros entren a trabajar. Los piqueteros asumen abiertamente esta trayectoria que en todas partes goza de simpatía y respeto entre quienes luchan contra patronos y estado. Los "nadies", aquellos de quienes se decía que no podían ni opinar, se constituyen en clase opuesta a todo el orden establecido: los excluidos (así se los categoriza) que no tienen ni voz ni voto dentro del sistema van emergiendo como fuerza proletaria contra el mismo. En Argentina, el desarrollo de esta fuerza de clase se muestra, en unos meses, tan potente que los proletarios que todavía tienen un trabajo se asocian a la misma, incluso cuando están en lucha, con la fábrica ocupada. Durante los últimos años toda gran lucha se coordina y articula en torno a los piquetes, a las asambleas y estructuras de coordinación de los piqueteros. El proletariado va afirmando así su organización como clase autónoma, ocupando la calle y organizándose por barrio, es decir territorialmente, lo que siempre ha marcado un salto cualitativo en el movimiento (9). Ni la categorización en incluidos y excluidos que fomentan todas las fuerzas del capital logran mantener la división.

Los piquetes se desarrollan a fines del gobierno de Menen, a partir del Santiagueñazo en 1994. Su fuerza viene en primer lugar por haberse organizado afuera de todas las instituciones políticas y sociales del país: partidos, sindicatos, oenegés, iglesias... La práctica piquetera del corte de ruta, interrumpiendo la circulación de todas las mercancías (incluida la fuerza de trabajo) y por lo tanto la producción y reproducción del capital, se muestra inmediatamente como más potente que la huelga en una sola empresa, porque no se paraliza un capital particular sino muchos capitales, con una tendencia a paralizar el capital nacional y porqué no, en perspectiva, el internacional. La paralización de la producción como acto de fuerza proletario afecta directamente el mercado nacional y al de ultramar.

El "fenómeno piquetero" se inicia en el interior (Cutral-Có y Plaza Huincul en Neuquen) y va extendiéndose por todo el país hasta paralizar a todas las grandes ciudades, incluso Buenos Aires. Dicha práctica cobra fuerza en la medida que otros excluidos van percibiendo esa lucha, como su lucha. Cuando otros proletarios, sin o con trabajo, hacen lo mismo en otra parte, ven que por primera vez en su vida son escuchados. En ese proceso de constitución en fuerza, los proletarios sienten en carne propia la frontera que los separa de los defensores del mundo de la propiedad privada. Aquello de que las barricadas tienen solo dos lados se vive en las calles. Al mismo tiempo se va rompiendo no sólo con el terror a hacer algo contra el capitalismo, sino con las prácticas individualistas, del que cada uno se arregle como pueda, de la competencia entre trabajadores, entre desocupados, con el joder hasta al vecino. Resurgen de las cenizas viejas prácticas de solidaridad clasista que rompen con el individualismo reinante y se reinicia todo un proceso organizativo basado en asambleas barriales donde los protagonistas se van reconociendo al mismo tiempo que van identificando a sus enemigos. En el piquete y la acción directa renace el amor y el compañerismo, en el saqueo del supermercado y la consecutiva fiesta del barrio se afirman elementos de hermandad y humanidad que los más jóvenes ni conocían.

El corte de ruta es evidentemente ilegal, los proletarios que asumen esa acción lo saben perfectamente y ese mismo hecho afirma su acción como afuera y contra las fuerzas e instituciones burguesas. Para los sindicatos, los partidos y otras instituciones que buscan encuadrar al proletariado se trata de una "huelga o acción salvaje", que para peor se impone por sorpresa, se generaliza e incluso los deja a ellos totalmente paralizados. Más, todo personero sindical o político tiene terror a desplazarse, a salir a la calle y verse paralizado en un piquete, porque corre el riesgo de ser entonces identificado y escrachado. Por eso es totalmente lógico que los piquetes fueran reprimidos y que para resistir y desarrollarse tuvieron que ser cada vez más organizados y potentes. Se crearon así estructuras organizativas, de seguridad, de acción, así como redes de comunicación y apoyo más general del barrio, para actuar eficazmente cuando la represión y los enfrentamientos se generalizan. Por eso, si bien en el piquete, el corte de ruta es el método de lucha principal, el accionar piquetero no debe ser reducido en absoluto a ese tipo de acción: el mismo fue exigiendo cada vez más organización permanente, asambleas, reuniones cotidianas, coordinación y centralización de esa acción directa de enfrentamiento al capital y el estado. Así se desarrollaron minorías organizadas en cada barrio, grupos de acción y autodefensa, grupos de apoyo, coordinadoras... que resultaron decisivas en la afirmación proletaria que precede la explosión de diciembre del 2001: ¡en agosto de ese año más de 100.000 proletarios organizados en piquetes lograron paralizar más de 300 rutas argentinas!

A pesar de la represión y contra muchos intentos recuperadores, el movimiento siguió afirmándose antes y después de diciembre del 2001. Varios piqueteros muertos en el 2001 y varios más en lo que va de 2002, centenas de heridos, miles de arrestados no lograron frenar el movimiento, sino al contrario han hecho que éste comprenda que la organización, la seguridad y la preparación para el enfrentamiento es fundamental y que las tendencias legalistas, que evidentemente existen en su seno, son totalmente contrarias a los intereses proletarios.

Claro que estas organizaciones territoriales proletarias, aunque estructuradas afuera y contra la mayoría de las instituciones, no están exentas de debilidades e ideologías burguesas (como todo consejo obrero o soviet), sobre las que se erigen un conjunto de tendencias que buscan liquidar su autonomía, institucionalizar el movimiento y que lo llevarían en última instancia a su propia muerte. Ello nos impone referirnos ya desde aquí a las debilidades y contradicciones que se manifiestan dentro del mismo. Así, en el Primer Encuentro Nacional Piquetero, concebido como instancia de afirmación, coordinación y desarrollo proletario, se produce un conjunto de maniobras y tentativas institucionalizadoras. Por ejemplo, contra toda previsión de los organizadores, un grupo de diputados nacionales se hacen presentes e intentan hacer un discurso. Pero no pueden hacer uso de la palabra por el repudio que manifiestan los casi 2.000 delegados piqueteros presentes. De la misma manera, el secretario de CGT disidente Hugo Moyano es repudiado activamente y no se lo deja ni hablar cuando intenta dirigir un saludo al congreso. El rechazo a los partidos políticos y los sindicatos mayoritarios es general en todo el congreso.

Sin embargo este congreso, donde se estructura un plan de lucha que implica una escalada en los cortes de ruta durante un mes, se afirma como una tentativa de control por tendencias que buscan la institucionalización política del movimiento piquetero: CTA (Central de Trabajadores Argentinos) -a la cual adhiere la importante Federación de Tierra y Vivienda-, la CCC (Corriente Clasista y Combativa) y el Polo Obrero-Partido Obrero. Mezcla de diferentes ideologías politicistas e izquierdistas (populismo radical, trotskismo, maoísmo), esta tendencia busca en su práctica la oficialización del movimiento piquetero como interlocutor válido, con representantes permanentes y formulación de reivindicaciones claras y atendibles estatalmente ("libertad a los luchadores sociales presos, planes trabajar y fin de las políticas de ajuste neoliberales"), lo que los lleva a aceptar un conjunto de condiciones que desnaturalizan la fuerza del movimiento piquetero y tienden a su liquidación. Luego de ese encuentro y erigidos en representantes oficiales del movimiento, los representantes de dicha tendencia anuncian en conferencia de prensa que desde ahora en adelante los cortes se harían "sin capuchas" y "sin cortes totales de rutas", lo que por supuesto, adicionado a lo limitado y el carácter "razonable" de las reivindicaciones, era un brutal golpe contra lo que el proletariado había ido afirmando en su práctica. Pero a pesar de que esta política liquidadora (del estado y de esos dirigentes y fuerzas que colaboran con él en la imposición del orden) por su politicismo y legalismo causa desorganización y debilita el movimiento, fuertes masas de piqueteros desconocen totalmente tales directivas, continúan con sus métodos de lucha y rompen con la legalidad que aquellos quieren imponer: el uso de capuchas (elemento que el movimiento fue afirmando como elemental en la seguridad y defensa), los cortes de ruta totales y hasta la toma de agencias bancarias, de sedes administrativas del gobierno, se seguirán desarrollando.

En esos meses decisivos del 2001, el capital sigue aplicando medidas que aumentan violentamente la miseria absoluta y relativa de todo el proletariado argentino hasta que se produce el "corralito", verdadera expropiación de los ahorristas en beneficio del capital bancario nacional e internacional. Las asambleas y los piquetes, que ya eran moneda corriente en las provincias y el Gran Buenos Aires, se generalizan a todos los barrios de la Capital. Las asambleas barriales, los cacerolazos, los escraches y las manifestaciones violentas contra bancos y edificios públicos de la capital dan el gran salto cualitativo que llevará a los enfrentamientos masivos, la tentativa estatal de imponer el estado de sitio, la caída de varios presidentes. El hecho de que sectores burgueses y pequeño burgueses sean perjudicados por esas mismas medidas será aprovechado por todos los partidos burgueses para confundir la situación tratando de liquidar el carácter clasista del movimiento. Izquierdistas de todo tipo dirán que son los pequeño burgueses que están ahora en la calle y grupos que se dicen libertarios o/y trotskistas llegarán a calificar lo más alto del movimiento como pequeño burgués. Los teóricos del poder popular, del federalismo, de lo libertario y de la democracia directa llegarán a afirmar públicamente que "La población mayoritaria de la ciudad de Buenos Aires, cuna del fenómeno en cuestión ("las asambleas barriales" NDR), pertenece a la clase media" (10) y, a pesar de que no pueden dejar de reconocer la coincidencia objetiva entre asambleas barriales (que como vimos había sido la forma básica de la organización piquetera) y los piqueteros, harán todo lo posible por acentuar las diferencias y por atribuirle a ese movimiento programas reformistas: "Comienza a insinuarse una especie de acercamiento entre el movimiento piquetero, éste último de otra extracción socioeconómica, y con más años de lucha y resistencia al modelo neoliberal, ya no al capitalismo en su globalidad" (11). Esa misma interpretación, acerca de las clases medias y de que el movimiento pudiera tener objetivos diferentes a la lucha contra el capitalismo, es la que se repercute y difunde internacionalmente para "explicar" la generalización del mismo a toda la ciudad de Buenos Aires: "antes eran los desocupados ahora las clases medias" rezan centenas de publicaciones de izquierda y derecha por el mundo.

Todas esas ideologías, que niegan al proletariado como sujeto único, afirmándose en base al único proyecto revolucionario posible, de destrucción de la sociedad capitalista, lo que aplican es la sociología burguesa barata dividiendo el "pueblo argentino" según criterios estadísticos y estructuralistas. Claro que los barrios del gran Buenos Aires tienen muchos más marginales, desocupados y excluidos que la Capital Federal (la parte más central de la ciudad delimitada por la Av. General Paz); es cierto que el corralito solo atacó directamente a una minoría de proletarios porque la mayoría no tiene ahorros en los bancos; pero de ahí a considerar que por tener una cuenta en el banco se es un pequeño burgués o que los que viven en los barrios de Capital también lo son, hay un abismo que sólo pueden pasarlo alegremente organizaciones que están abiertamente al servicio del mantenimiento del orden actual. El proletariado no es una clase sociológica contabilizable en las estadísticas, ni medible sobre la base de índices de pobreza absoluta y marginalidad. El proletariado es por el contrario, esa fuerza viva en contraposición práctica y vital con la propiedad privada, que renace en revuelta contra el Estado, que desarrolló los piquetes, que organizó las asambleas, que salió a la calle en todo el país a enfrentar a milicos, empresarios, sindicalistas, políticos... Comprendiendo la maniobra de siempre de sus enemigos, para dividirlo, el proletariado copó la calle al grito de "Piquete y cacerola, la lucha es una sola".

 

 

En realidad nunca hubo diferencias entre asambleas y piqueteros. Más aún, la organización de los piqueteros utiliza también la asamblea barrial (aunque no sólo dada la necesidad de estructuras mucho más cerradas por razones de seguridad para preparar las acciones) como base organizativa. La diferencia viene de que en diciembre de 2001 aparecen las asambleas de barrio también en la Capital, mientras que antes sólo había en el Gran Buenos Aires. En esos días se creó una dinámica en la que si uno estaba en su casa y escuchaba algún cacerolazo en la esquina de su calle simplemente bajaba a reunirse con los hasta entonces simples y anónimos vecinos, por lo que las manifestaciones y concentraciones eran muy numerosas y masivas. La fuerza de las asambleas es que rompen con el sectorialismo. En ellas se reúnen los vecinos para organizar desde la supervivencia hasta la lucha, lo que hace que participen desocupados, trabajadores, jubilados, estudiantes, jóvenes, viejos... de cada barrio. Las mismas condiciones se han encargado de desmentir las categorías en que la sociología y los ideólogos dividen al proletariado, la situación de todos es precaria, el que ayer se consideraba trabajador hoy es desocupado y el que hoy es trabajador sabe que baila en una cuerda floja. Las asambleas hacen actos en solidaridad con trabajadores en lucha, con los piqueteros, con los obreros de fábricas ocupadas y algunas asambleas tratan de coordinarse con los piqueteros del barrio. En muchos casos ocupan locales y logran mantenerlos ocupados utilizándolos para reunirse, para organizarse, para divertirse, para intercambiar informaciones y discutir los problemas y las perspectivas políticas, lo que constituye una afirmación de la comunidad de lucha contra el estado.

Como todo fenómeno de tan alta masividad, las asambleas decrecen en su fuerza luego de la rebelión generalizada de diciembre del 2001, conjuntamente con el decrecimiento de la dinámica del cacerolazo. A pesar de eso merece destacarse la permanencia de estructuras de organización en muchos barrios y algunos intentos de coordinar las asambleas barriales, como la interbarrial del parque Centenario. Dicha tentativa dominada por la ideología de la horizontalidad y la antidirección, como no podía ser de otra manera, se mostró incapaz de toda decisión efectiva y resultó paralizada por el burocratismo. Ello hizo que se desvirtuara como punto de referencia.

El funcionamiento y los objetivos de las asambleas han sido diferentes de un barrio a otro. Muchas asambleas, como pasaba en muchos soviets en Rusia, no son más que una forma asistencialista, casi mutualista, necesarias para organizar la supervivencia en este sistema de mierda, pero otras, además de afirmar la solidaridad y la acción directa en la obtención de lo necesario para sobrevivir (lo que incluye un gran número de actos de fuerza, de lucha, ilegales como la reconexión de los servicios públicos, agua, luz, cortados por no poder pagar) van mucho más lejos planteando la unidad del proletariado y la lucha contra el estado. Incluso La Nación vio, como nosotros en algún aspecto, esta similitud y comparaba las asambleas con los "oscuros y siniestros soviets" en Rusia.

Es cierto que el fenómeno de las asambleas fue y es tan generalizado que la composición social de las mismas es heterogéneo, que sociológicamente hablando hay sectores de la pequeña burguesía y de la burguesía venida a menos dentro de las mismas. Pero esa fue, es y será una constante del asociacionismo proletario que se organiza para enfrentar la catástrofe que el capitalismo implica. Todas las capas de la sociedad, golpeadas por la agravación violenta de las condiciones de vida, tendrán tendencia a incorporarse y actuar en forma seguidista, con respecto a las asociaciones proletarias que se levantan como la única opción al capitalismo. Ese fenómeno como tal no plantea ningún problema a la revolución. Todo lo contrario, si el proletariado actúa como clase, como fuerza histórica autónoma, afirmando su propio proyecto revolucionario, esas capas en franco proceso de proletarización tienden, en función de dicho proceso, a plegarse a la lucha proletaria. Es la única opción que tienen para enfrentar el capital y por otra parte es solo, junto al proletariado que pueden afirmar un proyecto social alternativo. Por su parte, el proletariado afirma así, su tendencia histórica a asumir los intereses de toda la humanidad que incluye, a no olvidarlo, su autodisolución como clase. Por eso es lógico que las asambleas hayan seguido a los piqueteros, coordinando con ellos, imitando sus métodos. El peligro no viene por lo tanto de la presencia de individuos burgueses o pequeño burgueses en las asociaciones proletarias, sino de la práctica contradictoria de esas asambleas, de la lucha interna en las mismas, del programa político y social de esas asociaciones, que muchas veces, resulta ajeno al proletariado. Efectivamente aunque se expulsara realmente a todos los sociológicamente burgueses o pequeño burgueses (lo que no tendría ningún sentido) la burguesía continuaría presente. Si hoy debemos decir que la burguesía está presente en las asambleas de Buenos Aires es por las posiciones existentes en ellas, si hoy se puede hablar de burgueses o de agentes de la burguesía en las asambleas no es porque Fulano o Sultana sea de "clase media", sino por lo que, en muchos casos, se defiende prácticamente. En este sentido lo que más pesa todavía contra la autonomía proletaria es lo que muchos de esos proletarios hacen y piensan, porque nos guste o no, la ideología dominante sigue siendo la de la clase dominante incluso entre los mismos proletarios, no solo en Buenos Aires, no solo en Argentina, sino en el mundo entero. Si no, no se podría explicar porque ese asociacionismo clasista levanta banderas totalmente ajenas al proletariado, porqué se enarbolan los repugnantes símbolos patrios, porqué se canta el himno nacional argentino y porqué la bandera permitida sigue siendo la bandera nacional.
 
Si bien es indudable que en este sentido hay sectores estratégicos del proletariado, dada su capacidad de paralizar los centros decisivos de la acumulación del capital no siempre estos son los más decididos o los que más aseguran la generalización de la revolución y otros sectores como, por ejemplo, los desocupados en general, o en particular el proletariado joven que no ha encontrado o que sabe que no encontrará comprador para su fuerza de trabajo (camuflado muchas veces bajo la denominación aclasista de "jóvenes" o "estudiantes") pueden jugar un papel decisivo en el salto de calidad del movimiento que implica siempre la ruptura con el cuadro estrecho de la empresa, empujando al descenso y a la ocupación de la calle, la generalización efectiva, el pasaje al asociacionismo territorial frente al cual la burguesía ya no puede ofrecer la reforma parcial y categorial y que forzosamente se plantea la cuestión general del poder de la sociedad. Pero esta formidable energía revolucionaria no es una fuerza en el sentido histórico del término sin constituirse en partido centralizado (y sin ello será dilapidada, barrida o incluso recuperada por la contrarrevolución). Pero solo puede constituirse en partido centralizado afirmando un programa integralmente comunista y dotándose de una dirección revolucionaria. Y a su vez programa y dirección comunista no son el resultado inmediato del movimiento, por más energía revolucionaria que el mismo tenga, sino el resultado de toda la experiencia anterior acumulada transformada en fuerza viva, en órgano de dirección del partido y la revolución por una larga y dura lucha histórica consciente y voluntaria asumida por las fracciones comunistas.

Tesis Nº15. Grupo Comunista Internacionalista

La autonomía proletaria y sus límites

La autonomía del proletariado con respecto a todas las fuerzas burguesas, su constitución en clase y por lo tanto en partido distinto, es la clave de la revolución social. El asociacionismo generalizado del proletariado en Argentina es sin dudas una afirmación incipiente de esa autonomización del proletariado. El hecho de que ese asociacionismo se haya organizado afuera y muchas veces en contra de las organizaciones institucionales de todo tipo es una afirmación de la autonomía del proletariado en la región. La acción directa, la organización en fuerza contra la legalidad burguesa, la acción sin mediaciones ni intermediarios, las consignas contra los sindicatos, partidos políticos, el enfrentamiento organizado contra las fuerzas represivas, la acción de minorías orgánicas durante dichos enfrentamientos, el ataque a la propiedad privada, la expropiación, los escraches, los piquetes... son extraordinarias afirmaciones de esa tendencia del proletariado a constituirse en fuerza destructora de todo el orden establecido.

En esa afirmación como clase, el proletariado se dota de estructuras masivas de asociación como las asambleas barriales. Éstas son a su vez precedidas, posibilitadas y potenciadas por estructuras con una mayor permanencia y organización como los piqueteros que vimos aquí u otras estructuras que desde hace años luchan contra la impunidad de los torturadores y asesinos del estado argentino (Madres, Hijos...), así como por asociaciones de trabajadores en lucha (fábricas ocupadas) o el movimiento de jubilados. Esa correlación entre los diferentes tipos de estructuras, la relativa permanencia en el tiempo de algunas de ellas y las formas de acción directa que adoptaron hicieron posible esa afirmación de la autonomía del proletariado en Argentina y están constituyendo un ejemplo que tiende a expandirse por América y el mundo: el piquete, el escrache, el saqueo organizado, la olla "popular"...Sin embargo ese movimiento tiene enormes límites y debilidades que es imprescindible clarificar.

¿Cuál es la dirección del movimiento? ¿Cuáles son los programas, las banderas, las fuerzas políticas que le imprimen la dirección a esa fuerza proletaria? Lo primero que choca al respecto es el desfasaje que existe entre la fuerza expresada por el proletariado y la ausencia de objetivo explícito, entre la autonomía manifestada en la calle y la poca incidencia de posiciones claramente revolucionarias que griten alto y fuerte que la única solución es la destrucción de la sociedad mercantil y el estado. Claro que ese desfasaje es mundial, como lo hemos constatado muchas veces, pero en el desarrollo del movimiento actual en Argentina nos parece todavía mayor.

La falta de dirección revolucionaria es evidente. Dirección no en el sentido de seguir a tal o cual individuo, sino todo lo contrario. Se es seguidista de tal o tal caudillo popular por falta de dirección revolucionaria real. Dirección entonces en el sentido histórico de asumir abiertamente lo que el movimiento ya contiene. La afirmación que el proletariado está efectuando prácticamente con su contraposición manifiesta a la sociedad mercantil y el estado no logra estructurarse en organizaciones, en consignas claramente revolucionarias hacia la destrucción del capitalismo. Por el contrario hay muy pocas consignas realmente radicales, es decir que vayan a la raíz de todos los problemas: la sociedad mercantil. Muy pocos grupos o militantes expresan la tendencia histórica revolucionaria hacia la necesaria e indispensable destrucción de los fundamentos de esta sociedad. En este sentido constatamos que la ruptura histórica con el proletariado en el pasado en esa región es terrible. Es como si las posiciones proletarias de siempre brillaran por su ausencia. Por el contrario, lo que predominan en el movimiento del proletariado son direcciones politicistas y/o gestionistas, que se contraponen prácticamente a una salida revolucionaria: unos tratando de empujar al movimiento a la institucionalización, hacia la negociación con el estado, hacia el reformismo político en general (en general levantando la vieja bandera burguesa de la Asamblea Constituyente) y/o hacia un neosindicalismo; otros hacia la gestión de la vida inmediata, hacia la autogestión, hacia los emprendimientos productivos, el llamado contrapoder y la democracia directa. Ambas políticas se contraponen a la insurrección, a la dictadura revolucionaria del proletariado para abolir el trabajo asalariado, que no es una salida entre tantas, sino la única.

La ausencia de grupos revolucionarios, de minorías que empujen abiertamente el movimiento hacia la revolución social, pesó en los momentos decisivos de diciembre del 2001. La crisis de la clase dominante era total, el proletariado impuso su violencia de clase incluso contra el estado de sitio, lo que precipita todos los recambios burgueses, pero en esa situación de poder social el proletariado queda paralizado como si no tuviese un proyecto revolucionario, por lo que le vuelve a dejar la iniciativa a la burguesía que, aunque tampoco sepa mucho que hacer, sabe al menos cambiar jetas, para que todo quede como está.

No estamos diciendo que había condiciones para un triunfo revolucionario, que sin preparación social a la perspectiva insurreccional sería utópico, pero sí para imponer una relación de fuerzas que corresponda a esa extraordinaria consigna que el proletariado levantó: "¡Que se vayan todos, que no quede uno solo!". Es decir para impedir que la burguesía reconstituya fácilmente su dominación, para no perder la relación de fuerzas conquistada en la calle e impedir que la burguesía retome la iniciativa de la reorganización política e imponga a uno cualquiera. Sí, si se quiere al peor de todos los que tenían que irse: Duhalde.

Ninguna de las organizaciones y publicaciones con fuerza en el movimiento levanta consignas con perspectiva insurreccional, ninguna pone en el centro de su práctica la verdadera revolución social. Ninguna de las posiciones abiertamente revolucionarias que existen logra afirmarse como fuerza social para que la necesidad de la insurrección y la destrucción violenta de toda la sociedad mercantil se vea como lo que es: la única alternativa. Salvo algunos compañeros sumamente aislados, nadie denuncia las falsas salidas y expectativas suscitadas por el gestionismo evidente en el que, paralelamente a la solución burguesa a la crisis, van cayendo las asambleas y una gran parte del movimiento piquetero.

La ideología dominante, la de la clase dominante, se encuentra presente en todo el movimiento y limita profundamente la fuerza del mismo. Arriba en este texto señalamos como elemento positivo el hecho de que el movimiento haya prohibido la participación de todo tipo de instituciones en sus actos y demostraciones de fuerza, que ningún sindicato, partido u otra institución pueda venir con sus banderas, debemos agregar ahora un elemento sumamente negativo: la única bandera que está autorizada es la bandera argentina. Pero lamentablemente no se trata de una simple bandera, no es un detallecito de la historia. Hay una evidente falta de ruptura con el nacionalismo, con el patriotismo, con el populismo, con el peronismo... Incluso entre los protagonistas más decididos del movimiento hay quienes hablan de la ruina de "nuestra economía", de la "búsqueda de una salida para el país", de que los políticos "son unos vendepatrias" cómo si el problema fuese nacional y no de clases, como si lo que se está hundiendo fuese únicamente Argentina y no la sociedad mercantil. El "antiimperialismo", concebido como afirmación nacional del argentinismo antiyanqui, cumple la misma función burguesa de luchar por liquidar la autonomía del proletariado. Es más, en muchos actos y manifestaciones no se canta contra la patria, ni se afirman consignas internacionalistas sino que se canta (con los trotskistas en primera fila): ¡el himno nacional! Lo que muestra una brutal ruptura con la trayectoria internacionalista del proletariado en la región tanto en la ola 1968-1973, como en 1917-1923 y con las luchas del siglo XIX.

Claro que hay denuncias y rupturas como la que expresa el compañero Burrito contra el populismo, el peronismo, los montoneros y otras formas de nacionalismo.
 

Algunos extractos aparecidos en Indymedia bajo la firma de Burrito

Esa terminología es estalinista-peronista utilizada indistintamente por el populismo de derecha o de izquierda. Los anarquistas no diferencian al oligarca en oposición al burgués que ustedes no nombran. Los anarquistas denuncian a los capitalistas todos. ¿Se olvidaron acaso? ¿O hay diferencias entre ellos?

Los anarquistas no denuncian a los "entreguistas", en cambio lo hacen con los carneros, los obreros seducidos por el patrón. "Entreguista" tiene otra connotación; ese término está asociado al populismo. ¿No se dieron cuenta?

Y por último "vendepatria": me siento mal de tener que explicar este absurdo y para colmo a alguien que se dice anarquista. Los obreros no tienen patria: al país que vayan seguirán siendo obreros-explotados y no pueden defender lo que no les pertenece. El capitalista se instala ahí donde saca ganancias; por consiguiente, el capital no tiene patria y la lucha contra él tampoco: eso es internacionalismo y valor preciado del anarquismo. ¿Vendepatria?: vender algo que no tiene valor ni para unos ni para otros es un contrasentido. ¡Señores que se dicen anarquistas! ¡Además, ser patriota es ser asesino!

26 de diciembre de 2001

Tu "concepción" sobre el anarquismo esta vez no la voy a contestar. Ya lo dijiste todo en la primera nota con los términos vendepatria, oligarquía... Tus últimas opiniones confirman la gravedad y la crisis del pensamiento social más elemental, y el desbaratamiento discursivo de esta farsa filoperonista que se dice anarquista; diciendo "este pueblo que lucha y muere en la calles como lo hicieron 25.000 montoneros".

No quiero generar polémica entre tus amigos pero sólo te aconsejo que firmar como anarquista un volante y pensar, sentir y escribir como peronista es un juego con un final deprimente debido a que se la van a dar los izquierdistas por supuestos anarquistas y los mismos peronistas se la van a dar por infiltrados "zurdos". ¿No te parece una repetida comedia de enredos?

Si ustedes quieren llamarse anarquistas porque les gusta nadie va a impedirlo (no todos son tontos), pero acompañar esto al culto de los caudillos y a Evita o (con la excusa de que los obreros quieren a Evita) o la vil explotación religiosa "resistencia de María" (con la excusa los obreros son cristianos). O la apología del prejuicio de masas en relación al internacionalismo: "argentinismo militante y su glorioso himno": ¿Para qué Hijos del pueblo o La internacional, no?. Y defensa incondicional del obrero peronista como panacea y emblema de la legitimidad obrera, con la excusa de que "los obreros son peronistas, qué se le va a hacer".

Para tu información los montos fueron pateados hasta por el mismo Perón "por culpa de esos estúpidos imberbes que creen tener mas derechos que los que lucharon veinte años en el movimiento sindical", 1974.

Te olvidaste que Firmenich y toda esa dirigencia delató, soploneó y hoy se da la buena vida. ¿Si crees que hay valores positivos en el sentimiento popular hacia Evita y la virgen María y que esa fusión despierta reacciones antiimperialistas por qué no te metés en el PJ o para ser más revolucionario en el PCR y dejás de llamarte anarquista? ¿Cual es el objetivo ahora? ¿Intentar infiltrarse una vez más con las Madres bajo el ropaje anarquista? ¿No se avergüenzan? Eso lo hacían tipos como Astiz. ¡¿Cómo pueden haber caído tan bajo?!

 

También queremos subrayar el hecho de que algunos compañeros pongan nuevamente sobre el tapete, en algunas partes y reaparezca un antihimno argentino, una vieja canción que contrapone a todos los cantos patrios la lucha a muerte contra el capitalismo, la anarquía (12) y que fuera cantada durante muchos años por los militantes proletarios de la FORA comunista.
 

Himno no nacional

Contra el patriótico himno nacional argentino, que tanto interés tiene la burguesía en que los obreros sigan cantando porque con el mismo loan su propia explotación, resurge este himno internacionalista a la revolución social y a la anarquía que los proletarios a principios del siglo XX compusieron (sobre la misma música del otro) y cantaron en las grandes luchas y manifestaciones proletarias de entonces.

¡Viva, viva la anarquía!
No más el yugo sufrir,
coronados de gloria vivamos
o juremos con gloria morir.

Oíd mortales el grito sagrado
de anarquía y solidaridad,
oíd el ruido de bombas que estallan
en defensa de la libertad.

El obrero que sufre proclama
la anarquía del mundo a través,
coronada su sien de laureles
y a sus plantas rendido el burgués.

De los nuevos mártires la gloria
sus verdugos osan envidiar,
la grandeza anidó en sus pechos,
sus palabras hicieron temblar.

Al lamento del niño que grita:
"Dame pan, dame pan, dame pan".
Le contesta la Tierra temblando,
arrojando su lava el volcán.

"Guerra a muerte" gritan los obreros,
guerra a muerte al infame burgués,
"guerra a muerte", repiten los héroes
de Chicago, París y Jerez.

Desde un polo hasta el otro resuena
este grito que al burgués aterra
y los niños repiten en coro:
"Nuestra patria burgués es la Tierra".

 

Sin embargo, la dominancia ideológica del populismo sigue pesando contra el movimiento y lo que predomina es, sin ninguna dudas, ese himno a la patria, a la sumisión del proletariado, que es el himno nacional. Resulta sumamente triste que, a nivel de continuidad histórica, se evoque el Cordobazo, la "semana trágica" de 1919 (nosotros preferimos llamarla insurreccional por la acción, en este sentido, del proletariado en Avellaneda que se extiende a todo Buenos Aires) pero que se haya afirmado tan poco en la práctica el internacionalismo del proletariado, el antipatriotismo, que fuera el alfa y el omega de la lucha histórica del proletariado en la región tanto en el siglo XIX como en el XX: el proletariado, que vive actualmente en Argentina, tiene origen en decenas de países y todos los movimientos importantes del mismo se enfrentaron abiertamente con el argentinismo y sus valores. En contraposición con ellos, los que más afirmaron la idea de patria en Argentina fueron los burgueses y sus ejecutantes, los militares (incluido Perón), los mismos que realizaron las mayores masacres de la historia. Los escuadrones de la muerte, las patotas sindicales y otras organizaciones parapoliciales tienen sus antecedentes históricos incuestionables en la Liga Patriótica Argentina (13).
 
"¡El mes pasado se festejaron tres fiestas patrias! Ha habido derroche de banderitas, escarapelas, veladas, bailes y borracheras... Parece mentira que en nuestras filas haya compañeros que tan pavamente apoyen esas fiestas... ¡Adiós bandera roja enarbolada el primero de mayo!... ¿Quiénes fueron los propiciadores de estas fiestas? Unos comerciantes que compran y venden productos en todo el mundo en competencia con los de su patria, luego de hecho, su patria es la ganancia comercial. Un banquero que especula en todas las bolsas del mundo, que agiotiza sobre todas las plazas mundiales, de hecho su patria es el dinero. Un estanciero que emplea obreros de cualquier nacionalidad (siempre que le cueste menos y trabajen más) de hecho sus compatriotas son todos los burros de carga más rendidores y baratos... ¿Cuándo comprenderemos los proletarios, los que no tenemos tierra, ni bienes, ni nada material que nos retenga en un sitio con preferencia a otro, que la idea confusa de patria no tiene para nosotros ningún interés? ¿Cuándo nos daremos cuenta los brutos de carga que la patria está perfectamente conforme y es fomentada por los privilegios de la casta burguesa?"

Federación Obrera de Río Gallegos (1921)

Junto con ese populismo y ese nacionalismo siempre presentes, que constituyen fuerzas contra la revolución, merecen señalarse otras ideologías complementarias, como las tendencias a legalizar el movimiento, a oficializar sus representantes, a formular reivindicaciones positivas dentro del capitalismo y claramente entendibles por las fracciones burguesas en el poder, en fin a transformar esa fuerza proletaria que se expresa en la calle en una fuerza institucionalizada e integrada a través de sus representantes como institución estatal. Forman claramente parte de esta tendencia contrarrevolucionaria todas las tentativas de transformar el movimiento piquetero y asambleario en nuevos sindicatos, pero también, aquellas que buscan constituirlo en formas de apoyo a la acción política partidaria, incluida la electoral y en particular las que levantan la consigna de la izquierda burguesa de "Asamblea Constituyente". Resulta sumamente importante la denuncia de esta opción burguesa (como hacen las Juventudes Libertarias en Bolivia) porque dicha consigna ya jugó su papel nefasto en muchas partes y en muchas épocas y porque hoy mismo lo está jugando no sólo en Argentina sino en otros países de la región.
 

La constituyente: pirueta reformista

En todos lados se habla de la asamblea constituyente; mamones y oportunistas dicen que solucionara nuestros problemas; se cacarea una propaganda mistificadora que esconde los verdaderos problemas del día a día, de la liberación de la clase trabajadora del yugo patronal capitalista. Lo cierto es que el mundo está dividido en dos clases: la clase de los explotadores (burguesía) y la clase de los explotados (proletariado). El régimen económico, el capitalismo, funciona en base a la obtención de la mayor ganancia posible; para ello los burgueses explotan al proletariado con el único fin de obtener el mayor lucro. El estado es la estructura que tiene como objetivo la protección de los intereses de la clase dominante, y mantener las relaciones de dominación en las cuales los capitalistas viven del trabajo no pagado al proletariado. Por lo que los intereses de estas clases son totalmente opuestos. ¡Por consiguiente creer que un espacio de diálogo entre ambas clases permitiría acabar con la explotación y la opresión es una mamada! ¡Un imposible! Los burgueses dejarían de ser ricos, y eso por las buenas no pasará nunca. Entonces por qué tanto alboroto, aquí hay gato encerrado... La verdad es que se pretende cambiar el campo de batalla, de las fabricas, los campos y la calle a las pomposas asambleas donde los badulaques del sindicalismo reformista y los doctorcitos de la burguesía, ambos lacayos del capital estado, hablen en nombre de los trabajadores, a quienes desean siempre tener explotados para aprovecharse. Se pretende sustituir la lucha de clases real, violenta en las calles, por los rebuznos de los delegados constitucionalistas. Los capitalistas quieren tener asambleas, parlamentos que embrutezcan al proletariado con la idea de que pueden ser resueltos sus problemas en las instituciones burguesas. La consigna por una asamblea constituyente desvía a los trabajadores de sus verdaderos medios de lucha, los embauca al pretender que la transformación de la sociedad se puede realizar sobre las bases de la sociedad capitalista. Alimenta la pasividad de las masas, que se fían en la capacidad de los jefes. Siembra la confusión en un momento en que la lucha se cimienta en un movimiento directo de masas. El proletariado que renuncia a sus fines, a sus propios intereses, se niega como clase, afirmando a sus opresores, se excluye como (lo único que puede ser) fuerza antagónica al orden existente disolviéndose en ciudadano. El subirse al carro de la constituyente es legitimar la dictadura del capital, es decir «la democracia», que velada tras formulas engañosas de libertades políticas y de garantías democráticas ficticias sirve como caballo de Troya para amaestrar al proletariado y remachar las cadenas de esclavitud.

Juventudes Libertarias, 16 de junio de 2002

 

No debemos olvidar que todos estos puntos (nacionalismo, populismo, argentinismo "antiimperialista", institucionalización, asamblea constituyente...) aunque sean ideologías dentro del movimiento del proletariado representan los intereses de la burguesía. Son expresiones, consignas y directivas que objetivamente constituyen un freno y una desviación con respecto a lo más importante que el proletariado ha ido afirmando prácticamente: su contraposición práctica, abierta e irremediable con la propiedad privada y el estado.

El gestionismo contra la revolución

Sin embargo mientras la ruptura con esas ideologías politicistas se sigue operando por la real incapacidad de todas las fracciones del capital de dar algún tipo de solución inmediata, el movimiento, al no lograr adoptar una dirección revolucionaria, se va empantanado cada vez más en todas las formas de gestionismo, de alternativas productivistas. La propia crisis de la izquierda burguesa política y sindicalista, peronista e izquierdista, la lleva a operar una transformación "libertaria" coincidente con la moda y a desarrollar toda una ideología alternativista hacia la que busca atraer al proletariado en lucha.

La necesidad de sobrevivir, en un contexto de caos generalizado como en Argentina, donde la situación material se hace insoportable cada vez para más gente, empuja a todos a ingeniarse de mil maneras: saqueos, ocupaciones de locales y/o fábricas, recuperaciones, inventos raros, curros (14), artesanados, tráficos, falsificaciones, cambios,... Nadie, y mucho menos nosotros, podría juzgar o condenar cualquiera de estos procedimientos de supervivencia, de lucha contra el hambre que nuestra clase inventa para enfrentar las condiciones que le impone la sociedad mercantil. En la gestión de la inmediata supervivencia y bajo la dictadura del capital todo lo que se hace contra la ley de la propiedad privada y el estado burgués es válido, legítimo y, sean o no conscientes los protagonistas, expresa la contraposición total e irreconciliable entre las necesidades humanas y la sociedad basada en la propiedad privada.

El problema surge cuando mecanismos de esta supervivencia, o la necesaria ocupación de medios de producción realizada por la lucha proletaria, se idealizan como si fuesen alternativas de cambio de la sociedad actual, como si se pudiese realizar un cambio social sin la necesaria ruptura revolucionaria, como si se pudiese "comunizar" el mundo sin destruir despóticamente la sociedad mercantil. La ilusión de ir mejorando poco a poco una sociedad que hay que destruir juega un potente papel contrarrevolucionario, sea cual sea la forma en que la misma se exprese. En momentos de crisis social y política, dichas ideologías, cumplen la función de paralizar el potencial revolucionario del proletariado, de impedir la insurrección. Muchas veces en la historia, la ideología gestionista antiinsurreccional fue transformando las ocupaciones de fábrica y de medios de producción en general, en "control obrero", "autogestión", "colectivizaciones", "socializaciones"... y un sinnúmero de denominaciones que tienen en común la apología del abandono de la lucha contra el estado en beneficio del trabajo y la gestión productiva, como sucedió en España, con las colectivizaciones en 1936-1939. La consecuente pérdida de perspectiva revolucionaria del proletariado se transforma invariantemente en fuerza contrarrevolucionaria y concluye en la liquidación política y física del proletariado organizado. En efecto, para la burguesía, en circunstancias de profunda crisis social y política, donde la insurrección está al orden del día, resulta sumamente positivo que el proletariado en vez de atacar su poder social y político, invierta todas sus energías en la producción y la gestión económica, no sólo porque aquella puede reorganizarse para liquidarlo después, sino porque el capital mismo es mantenido en buen estado de funcionamiento por un proletariado que cree que produce para su propio interés. Como la burguesía sabe perfectamente esto, es normal que todas esas seudo alternativas, que podemos resumir en la búsqueda de otra gestión u otras formas de cambio sin destruir el capitalismo, que se han ido desarrollando en Argentina, sean idealizadas y propagandeadas por sectores burgueses en todo el mundo. Así, el modelo gestionista, que el subcomandante Marcos había puesto de moda hace unos años y que sufría un notorio desgaste, toma nuevos brillos a nivel internacional, gracias al ejemplo argentino y la publicidad efectuada por los sectores burgueses alternativistas.

Intercambiar productos, intercambiar trabajo, comercio alternativo... Ante el desabastecimiento de los comercios y la falta de dinero, muchas familias trabajadoras se han ido integrando en una red de trueque o intercambio de productos. En Argentina hay más de tres millones de personas que utilizan dicho procedimiento ocasional o regularmente. Por lo que dijimos antes, es normal, que esa supuesta alternativa goce de las alabanzas que le brindan los progresistas del mundo entero. Cada producto es valorado en créditos. El crédito equivale a la mitad de un peso. También se intercambian servicios en modo de trabajo: yo arreglo bicicletas, tú arreglas frigoríficos... Claro que a muchos ese sistema les sirve para encontrar algo más barato o para dar trabajo a cambio de algo que necesitan. Lo jodido es que en Argentina también eso se imagina y propagandea como un proyecto social diferente, cuando en realidad ese intercambio generalizado tiende irremediablemente a la ley del valor que existe en toda la sociedad burguesa. Es decir que, independientemente de las ilusiones que pueda haber en el proletariado, en ese mercado se tienden necesariamente a verificar todas las leyes del capitalismo. En el fondo, dichas leyes están contenidas en el intercambio mercantil mismo, incluso bajo su forma más simple o de trueque. El cambio de un objeto, servicio, trabajo... por otro, sólo puede realizarse sobre la base del trabajo que se objetiva en él y esa relación de cambio contiene en su desarrollo toda la barbarie de la sociedad actual, como (¡y no está de más recordarlo!) mostró Marx contra Proudhon. Toda ilusión contraria de que este "cambio alternativo" es diferente al capitalismo o que al menos desarrolla relaciones "menos inhumanas" juega un papel reaccionario. En Argentina ya se constata que el precio en créditos de la mayor parte de los productos es superior al que existe en los comercios, que esa unidad de cuenta también se devalúa, que dentro de ese comercio supuestamente alternativo ya se han desarrollado todo tipo de estafas, de mafias, de grandes que se comen al chico, etc. A pesar de ello, la ideología misma de que con ese comercio alternativo y la producción alternativa se puede cambiar la sociedad sigue siendo importante.

También en las tomas de fábricas y la denominada autogestión se plantea ese problema. La toma de una fábrica es un acto de lucha que implica enfrentarse al patrón y atacar la propiedad privada. La generalización de dicho proceso es un buen punto de partida, para contraponer, la fuerza proletaria a la fuerza de la burguesía coligada. Cuando además se expulsa a los patrones, se utiliza los medios de trabajo (muchas veces cambiando el uso de los mismos) para producir objetos necesarios a la subsistencia, o/y se ponen esos medios de producción al servicio del movimiento (como cuando se ocupan fábricas de alimentos, de objetos útiles, imprentas o periódicos como sucedió en algunos casos en Buenos Aires y algunas capitales de provincia), el mismo afirma su contraposición a toda la sociedad burguesa. Pero si los proletarios se convierten en los gestores de estas empresas (¡por muy cooperativas, horizontales y equitativas que sean!), algunos de ellos terminarán siendo necesariamente los sostenes del capital y el estado, porque la existencia de esa empresa depende necesariamente de su rentabilidad y ésta de la tasa de explotación. El capital y el estado lejos de debilitarse con estas empresas "controladas por los obreros" o "colectivizadas" se refuerza más, puesto que la lucha deja de ser por la destrucción del trabajo asalariado y la sociedad mercantil, y la energía revolucionaria se canaliza hacia la producción y el cambio de mercancías. Incluso en el caso extremo, de que la propiedad privada jurídica dejase de existir, las relaciones sociales entre las empresas colectivizadas seguirán siendo mercantiles y todas las leyes de la sociedad capitalistas seguirán rigiendo las relaciones entre los hombres. Para abolir la propiedad privada en serio y no solo formal o/y jurídicamente, hay que abolir también la gestión empresarial y la empresa misma, sin lo cual la sociedad seguirá decidiendo lo que produce y quien lo produce en función de las leyes mercantiles, las leyes del capitalismo. La decisión autónoma de cada unidad productiva, que hace que la producción solo se "haga social" a posteriori, a través del mercado y sus leyes (en contraposición con las necesidades de la humanidad), es la clave del capitalismo. Sólo destruyendo aquella autonomía e indiferencia de cada unidad productiva y sometiendo todas las unidades a los imperativos humanos, la producción será directamente social (destrucción de la dictadura de la ley del valor) y la sociedad será la asociación libre de productores asociados, base de la comunidad humana.

Siempre que se ocupa un lugar de trabajo y se pone a trabajar se plantea esa alternativa entre la generalización y profundización de la lucha o la paralización de la misma sobre la base de la ilusión productivista, gestionista. Ha habido varios casos importantes de empresas ocupadas y reabiertas por los obreros en lucha en todo ese proceso de afirmación proletaria de 2001-2002, donde, ambas alternativas, se contraponen.

Citemos algunos casos de ocupaciones que se destacan por su radicalidad: Zanón (en Neuquén, que lleva, cuando terminamos este artículo, diez meses de ocupación), Bruckman (en Buenos Aires), Perfil... Hay incluso casos en que la ocupación y la puesta en funcionamiento de la planta es directamente una medida de lucha, de afirmación del compañerismo. En Azul, tras la ocupación, los trabajadores han logrado reabrir una fábrica de cerámicos y reincorporar a los compañeros despedidos. En Fricader (Río Negro) se plantea la cooperativa luego del cierre de la planta. En Chilavert (Buenos Aires) los trabajadores imprimen un libro para servir al movimiento asambleario.

Así como hay ocupaciones que afirman el movimiento, en muchos casos, las ocupaciones de fábricas y el trabajo en ellas, bajo "autogestión", se ha ido articulando y confundiendo con los planteos de comercio alternativo entre grupos y de mercados "paralelos" o de trueque. La ilusión en cada fábrica, de que esto es una solución, lleva a contentarse con esas alternativas parciales, que tienden al aislamiento y que en los hechos se contrapone a la única solución posible: la generalización de la lucha, la organización contra el capital y el estado.

Un caso similar ocurre con el movimiento de los piqueteros y los "triunfos inmediatos". Cortar rutas e imponer un "Plan Trabajar" (15) es un acto de clase en la medida que se le arranca al capital subsidios para subsistir. Pero ese resultado es efímero y tiende a ser liquidado por la propia evolución económica. Lo que queda realmente es la organización y solidaridad creciente de ese movimiento social. En la medida en que las alternativas burguesas se van mostrando incapaces de solucionar los problemas inmediatos de la gente, el movimiento se generaliza y ya no se puede encerrar el mismo como si fuese un movimiento puramente económico. Necesariamente toda lucha proletaria real aunque sea desencadenada por necesidades inmediatas tiende a contraponerse a todo el funcionamiento del capital y el estado, como sucede con el movimiento piquetero. Su propio desarrollo lo lleva a la generalización y como vimos a unificarse con el resto de luchas proletarias, que a su vez tienden hacia la única solución posible: la insurrección, la revolución social. Contra eso en Argentina, como en el mundo, se han puesto de moda un conjunto de alternativas gestionistas, basadas en la ilusión de la economía alternativa, que se contraponen explícitamente a esa única salida posible: la insurrección proletaria.

En las discusiones, tanto en las asambleas como dentro del movimiento piquetero, constatamos con terrible preocupación el peso creciente de esta ideología que debemos combatir. Sólo a los efectos de ejemplificar dicha ideología, tomamos la que se expresa públicamente en nombre del movimiento de trabajadores desocupados del barrio de Solano (MTD Solano) impulsores de la Coordinadora Aníbal Verón, reproducida por Situaciones en diferentes folletos. No se trata aquí de desmerecer la lucha que han llevado los compañeros, los piqueteros de dicho barrio, que por otra parte han estado desde hace años a la vanguardia del combate contra las fuerzas represivas del estado, sino de combatir la ideología gestionista que se expresa en su nombre y que los lleva a un callejón sin salida.

"La experiencia del MTD-Solano tiene su singularidad. Sus fundadores trabajaban en la capilla de la zona, hasta que fueron desalojados por el Obispo Novak. Luego comenzaron a organizar el MTD Teresa Rodríguez... Con el paso del tiempo comenzaron a administrar sus propios proyectos (Planes Trabajar). Y muy pronto fundaron comisiones y talleres, de formación política, de panadería, de herrería, una farmacia para el movimiento, etc."(16)

Si bien es lógico, como dijimos, que se luche por imponer esos Planes Trabajar, en la medida que se arranca algo al capitalismo sobre la base de una relación de fuerzas los portavoces de Solano llegan a idealizar los resultados de los emprendimientos productivos desarrollados en esas condiciones. Dichos emprendimientos y las relaciones sociales de ellas derivadas son totalmente idealizadas hasta el extremo de pretender que la misma explotación sería abolida poco a poco: "Lo que sí tenemos bien claro es que queremos abolir la explotación, pero la explotación no se anula a partir de una idea, sino de un proceso y de a poco. Yo no me olvido nunca de lo que dijo una compañera cuando estábamos, en un taller de educación popular, trabajando este tema de la identidad. Dijo ‘Acá volví a ser yo misma respecto al trabajo. Porque ahora yo soy trabajadora, aunque ni siquiera tenga un plan: soy trabajadora y no explotada".

Toda la ideología de los portavoces de Solano va en el sentido de esa apología de la gestión inmediata, del cambio gradual y de una supuesta economía alternativa como sinónimo de cambio social: "Intentamos trabajar sobre la idea de una economía paralela... tratamos de generar proyectos productivos que no son PYMES, con otras características, donde cambian las relaciones laborales, donde lo esencial no sea la mercancía, el cambio de la fuerza de trabajo por dinero; es un proyecto más amplio". Es decir que nos venden como nueva esa vieja idea proudoniana, reformista, del establecimiento de relaciones sociales no capitalistas, sin la indispensable destrucción revolucionaria de lo que existe en realidad: la dictadura del capital. Esa ideología de una supuesta "solidaridad superadora del individualismo" basada en los emprendimientos productivos es evidentemente totalmente utópica. Si no se destruye la dictadura de la ley del valor no se puede superar el individualismo. Cuando el proletariado sale a pelear a la calle, dicha ideología es una barrera contra la revolución social.

Lo mismo puede decirse de todos los discursos sobre la horizontalidad, sobre la decisión de la base, sobre la permanente discusión de criterios, sobre la multiplicidad, sobre el hecho de que todos deciden o/y sobre la democracia directa cuando lo que se decide en realidad es producir para el mercado: "Lo que hacemos es revisar constantemente los acuerdos... Porque siempre nos manejamos con acuerdos: cuando salimos a la ruta, cuando constituimos un grupo de trabajo o un área del movimiento... Lo que nos ha facilitado mucho la tarea es que no hemos empezado ningún grupo sin haber puesto primero los criterios en discusión, siempre han sido definidos por todo el movimiento. Por ejemplo en los emprendimientos productivos primero hay que capacitarse y llegar a criterios de producción para después producir y salir a vender". ¡Cómo si se pudiese romper con la estructura de dominación capitalista sin poner en cuestión la dictadura de ese mercado, la dictadura del valor!

Es en ese mismo campo y con esa base que todos los discursos contra la toma del poder por el proletariado toman toda su dimensión contrarrevolucionaria: "Estaríamos un poco loquitos si apuntáramos a generar una organización popular de base, para el cambio social, en función de una lucha por arrebatar el poder político al capitalismo... no nos interesa tomar el poder político, sino comenzar a vivir como muchas veces soñamos. Y eso es ahora: no vamos a tener que esperar una revolución". Como se puede constatar estamos en el más burdo inmediatismo y gestionismo contrapuesto a la revolución social ¡cómo si se pudiera "vivir como siempre soñamos" en pleno capitalismo y bajo el terror del estado! Téngase en cuenta que lo que se dice no es sólo que están contra la toma del poder político, con lo cual nosotros podríamos coincidir porque para nosotros no se trata de tomar el estado burgués sino de destruirlo, sino contra la revolución, contra la liquidación del poder del capital que evidentemente no es sólo político. En efecto, la clave de todo ese planteo es el "organizar la economía alternativa" sin destruir la sociedad mercantil. ¡Cómo si pudiera haber otra economía, otra sociedad, en pleno capitalismo! Lo que olvidan, ni más ni menos, es que esa economía supuestamente alternativa está sometida a la dictadura del capital: dictadura de la ley del valor, dictadura del estado burgués.

Al respecto cabe mencionar que quienes más han hecho la propaganda de esta posición gestionista, tan potente en todo el mundo, que repitámoslo, en un movimiento como el del proletariado en Argentina juega un papel contrarrevolucionario, es el Colectivo Situaciones (a través de sus propios textos o entrevistas a portavoces del MST Solano) dándole una concepción más global y filosófica. Dicho colectivo es una mezcla ideológica de estalinismo, populismo, prudonianismo, o mejor dicho una mezcla de la no ruptura con ningún populismo (ni con el peronismo radical, ni con el guevarismo, ni con el castrismo, ni con el modelo actual de los Tupamaros uruguayos hoy parlamentarios y frenteamplistas, ni con el subcomandante Marcos), con ningún nacionalismo pero utilizando el lenguaje a la moda de la izquierda alternativa. Situaciones se ha especializado en esa apología de la gestión contra todo cuestionamiento revolucionario. No deja de ser sintomático, que en su apología de la gestión contra quienes luchan por la revolución social, tengan que recurrir a parafrasear la vieja fraseología leninista y luego estalinista contra los revolucionarios: "La política sin gestión es el nuevo infantilismo de izquierda" (17). Basta esta citación apologética del leninismo contra las posiciones revolucionarias (recuérdese que ese libro se escribió contra quienes se oponían al oportunismo y socialdemocratismo en la Internacional Comunista), para poner en evidencia que, a pesar de lo que hayan leído los autores de Situaciones acerca o de los situacionistas, aquellos no tienen nada en común con estos compañeros. Recordemos que uno de los puntos programáticos más claramente demarcatorios de los situacionistas fue la lucha por la dictadura del proletariado, que en Situaciones brilla por su ausencia. La terminología espectacular de Situaciones (¡hablan hasta de "fábrica espectacular"!) pretende utilizar formalmente una continuidad, pero lo hace tan mal, que a cada rato revelan su no ruptura fundamental con el populismo y el estalinismo. Así hablan hasta de "la búsqueda de una productividad no capitalista. Una nueva productividad para los sujetos, para los militantes, para el pensamiento, para los lazos, para la economía y las representaciones que -cómo no decirlo- constituyen esencialmente nuestras vidas" (18).

La lucha contra esta ideología burguesa nos hace valorar la traducción, publicación y difusión, por compañeros en Argentina, precisamente en diciembre del 2001, de un folleto publicado originalmente en italiano, "Ai ferri corti" (19). Dicho documento, independientemente de los desacuerdos que tenemos con los autores, critica, desde una perspectiva revolucionaria el gestionismo tal como lo expresa Situaciones y otros grupos. He aquí algunos extractos que se sitúan en nuestro misma línea de denuncia:

"Los explotados no tienen nada que autogestionar, a excepción de su propia negación como explotados. Sólo así junto a ellos desaparecerán sus amos, sus guías, sus apologetas acicalados de las más diversas maneras... Curiosamente, aquellos que consideran la insurrección como un trágico error (o también, según los gustos, como un irrealizable sueño romántico), hablan mucho de acción social y de espacios de libertad para experimentar....Muchos libertarios piensan que el cambio de la sociedad puede y debe acontecer gradualmente, sin una ruptura repentina. Por eso hablan de "esferas públicas no estatales" donde elaborar nuevas ideas, nuevas prácticas. Dejando de lado los aspectos decididamente cómicos de la cuestión (¿dónde no hay estado? ¿cómo ponerlo entre paréntesis?) lo que se puede notar es que el referente ideal de estos discursos sigue siendo el método autogestionario y federalista experimentado por los subversivos en algunos momentos históricos (la Comuna de Paris, la España revolucionaria, la Comuna de Budapest, etc.). El pequeño pormenor que se descuida, sin embargo, es que la posibilidad de hablarse y de cambiar la realidad, los rebeldes la han tomado con las armas, En definitiva se olvida un pequello detalle: la insurrección."

Los gestionistas "olvidan" también que, incluso en esos casos, la insurrección solo había comenzado, que el estado burgués no había sido destruido, que el gestionismo lejos de permitir un avance revolucionario permitió la reestructuración del capital y el estado contra el proceso revolucionario incipiente. ¡Qué en todos esos ejemplos históricos, la represión que vino luego fue posible porque el gestionismo había desgastado la energía revolucionaria en la autogestión!

Para terminar con el gestionismo debemos insistir en su permanente complementariedad con el politicismo. Si unos niegan la lucha contra el poder capitalista y llaman a la gestión y los otros llaman a la institucionalización del movimiento dentro del poder del estado, subrayemos que ambos se contraponen a la insurrección y a la destrucción violenta del capitalismo y la sociedad mercantil. Ambas concepciones hacen como si el fundamento dictatorial de la sociedad capitalista, la dictadura del valor contra el ser humano, no existiese. Ambos quieren democratizar la sociedad burguesa, unos políticamente otros económicamente ("democracia directa"); ninguno rompe con la dictadura social que esa democracia implica.

En ese sentido son de una complementariedad perfecta, en los dos casos se buscan soluciones en el capitalismo y se oponen a la lucha por la dictadura del proletariado para abolir el asalariado, la mercancía.

Hoy en Argentina, adonde el proletariado se contrapone objetivamente con toda la sociedad mercantil, a todos los partidos, sindicatos, adonde nadie cree en el futuro presidente, ni en los parlamentos, ni en las elecciones, adonde el repudio a todos esos poderes es general, los que están salvando el orden social son en realidad quienes hablan de asambleas constituyentes, pero también quienes buscan soluciones de gestión económica sin destruir las bases de esta sociedad. Frente a la catástrofe económica, social y política de todo el mundo capitalista, que se descarga sobre el proletariado en Argentina, los gestionistas y politicistas se muestran como lo que son: las falsas alternativas indispensables, para que el cuestionamiento de la sociedad presente, no destruya los fundamentos de la misma.

Generalización y perspectivas

Lo más importante del movimiento revolucionario del proletariado en Argentina es el desarrollo de su fuerza a través de la ocupación de la calle, el asociacionismo, la afirmación del piquete y del escrache que por otra parte se extienden fuera de fronteras.

James Petras en su artículo "El movimiento de los desocupados en la Argentina" (20) se refiere a la generalización del piquete: "El temprano éxito de los cortes de ruta de los trabajadores desocupados en las ciudades fantasmas de Neuquen en 1996 se ha esparcido por todo el país. Los cortes de ruta han devenido la táctica generalizada de grupos explotados y marginados en toda América Latina. En Bolivia varios miles de campesinos y comunidades indígenas han cortado rutas demandando créditos, infraestructura, libertad para el cultivo de coca, aumento del gasto en salud y educación. También en Ecuador, donde con cortes de calles masivos protestan contra la dolarización de la economía, la falta de inversiones públicas en regiones montañosas, etc. En Colombia, Brasil, Paraguay... los cortes de ruta, las marchas y las ocupaciones de tierras combinan demandas inmediatas con la exigencia de políticas redistributivas, el fin del neoliberalismo y los pagos de la deuda". Dejando de lado los fines parciales que le atribuye Petras a ese movimiento (que para nosotros reflejan más la ideología reformista de Petras, que la fuerza del movimiento) nos parece, que esta citación, da elementos de la generalización del mismo, al menos hasta mediados del 2001. Luego no sólo ha habido nuevos cortes de ruta en casi todos esos países mencionados por Petras, sino que se han producido cortes de ruta en otros países de América Central, del Sur y del Norte.

Los escraches también se han ido generalizando. No solo los ha habido, además de en Argentina, en los países vecinos de Chile y Uruguay sino que también los ha habido en Estados Unidos (escrache de Bush en Pensilvania en julio de del 2002 al grito de "Bush terrorista"; lo mismo que en Filipinas unas semanas antes), en Brasil, en España, en Italia (aunque en estos últimos países por el momento sólo se escrachan a torturadores argentinos).

Frente a la catástrofe capitalista que se concreta día a día, estos son signos evidentes de que el proletariado retoma el camino de la lucha en muchos países. En el proceso de afirmación proletaria el piquete, el escrache, la organización en asambleas territoriales, se verifican como armas poderosas. El hecho de que esos métodos y estructuras organizativas se empiecen a generalizar a otros países, que el ejemplo del proletariado en Argentina, comience a ser conocido y asumido, es sumamente alentador y podría estar indicando un cambio en las características de las luchas actuales, tanto por la duración de ese asociacionismo proletario incipiente, como por la correlación de fuerzas que podría empezar a cambiar si piquete y escrache se generalizan a otros continentes.

Las ideologías contrarrevolucionarias que deberemos enfrentar son siempre las mismas, por más que se vistan con nuevos trajes: el politicismo y el gestionismo. La imponente catástrofe que el capital vive y que golpea a la humanidad se seguirá agravando e irá quemando todas las falsas salidas, hasta que el proletariado afirme su revolución destruyendo para siempre la sociedad mercantil.

¡Generalicemos la lucha del proletariado en Argentina!

¡Por la extensión del piquete al mundo entero!

¡Por la generalización del escrache!

¡Por la destrucción revolucionaria de la sociedad mercantil!

Notas :

(1) "Estados Unidos: Prisiones y libertades en "el mejor de los mundos", en Comunismo número 47.

(2) Entrecomillamos esta expresión porque es un insulto hacia los salvajes el pretender que el capitalismo sería "salvaje". Subrayemos de paso que esta invención es un arma de los que quieren un capitalismo "civilizado", como si no fuera suficientemente civilizado el que padecemos.

(3) "Argentina: Saqueos contra el hambre", Comunismo número 26, octubre de 1989.

(4) Ver en este mismo número "Argelia: No habrá voto aunque tengamos que quemarlo todo".

(5) "Cono Sur: Contra la impunidad de los torturadores y asesinos", Comunismo número 44.

(6) Sería totalmente imposible dar una lista exhaustiva de los escrachados hasta el momento. Son realmente muchísimos.

(7) Karl Marx: El Capital. tomo 1. p. 290 (FCE)

(8) El ejemplo del yogurt se basa en un estudio hecho para Alemania, que según los autores es válido en muchos otros países. Ver: "L’énergie au futur" de la "Association pour le développement des énergies renouvelables".

(9) Ver tesis nº 15 en Tesis de orientación programática del Grupo Comunista Internacionalista.

(10) Del artículo "Algunos comentarios sobre las asambleas barriales" firmado por Compañeros de la Biblioteca Popular José Ingenieros. Subrayemos que esa teoría absurda y reaccionaria, tan corriente en los que se dicen libertarios, que imagina que la mayoría de la población de las grandes ciudades sería "clase media" y no proletaria, es, en los hechos, una apología del capital que, según la cual, la sociedad burguesa en vez de haber polarizado las clases sociales, exacerbado la riqueza y la miseria y agudizado todas las contradicciones, como sucede en realidad, desarrollaría precisamente, en los grandes centros urbanos, una clase intermediaria, mayoritaria, que por supuesto, jugaría un papel de colchón social, que aseguraría vida eterna a esta sociedad.

(11) Idem.

(12) Como lo hemos señalado en otras oportunidades la lucha revolucionaria, por una sociedad sin estado, por la anarquía, fue, desde siempre, el objetivo de la lucha revolucionaria de todos los verdaderos socialistas, comunistas... Fue la socialdemocracia que, en nombre del socialismo y del anarquismo, logra partir y dividir el movimiento en "comunistas y anarquistas". A principios de siglo era totalmente corriente que los revolucionarios, no sólo en Argentina sino en el mundo, en contraposición a ambas escuelas socialdemócratas, se autodenominaran indistintamente comunistas y anarquistas, o anarquistas comunistas.

(13) Que por si fuera poco fue fundada por sociedades anónimas de diferentes países. Véase "1917-1923 ¡Hasta la Patagonia!", en Comunismo número 2.

(14) Que para que no entiendan mal los compañeros españoles, debemos recordar, que quiere decir, sarcástica y popularmente, hacer cualquier cosa para ganar dinero, menos trabajar.

(15) Se trata de un plan de emergencia del estado, por el cual, se pagan unos míseros subsidios de subsistencia, a cambio de la realización de determinados trabajos.

(16) Las distintas citaciones de los portavoces de Solano son extraídas de Situaciones número 4, MTD Solano.

(17) Situaciones número 2, artículo "La militancia del contrapoder".

(18) Idem.

(19) Enlace Negro: enlacenegro@hotmail.com.

(20) Publicado en Pensamiento libre número 39-40.

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Esta carta abierta al proletariado en Argentina fue publicada en internet el 31 de diciembre de 2001 por los compañeros de Conflicto, Papeles por la guerra social, apartado de correos 15104, 28080 Madrid, estado español, email konflizto@hotmail.com

La republicamos por su total actualidad, por situarse abiertamente contra la corriente dominante, por afirmar una dirección revolucionaria clara que hoy es indispensable en el movimiento de nuestra clase en Argentina. ¡Cómo lo será mañana en el mundo entero!

 

Carta abierta al proletariado argentino

Hermanos,

1) la crisis que se abalanza tan duramente sobre vuestra maltrecha existencia poco tiene de Argentina, no es consecuencia de "malas gestiones", "políticos corruptos" ni nada por el estilo: es el capitalismo mundial que se muere. Vosotros sois tan solo unos de los primeros en ser inmolados junto a él; junto a este cadáver horripilante que en su lecho de muerte sigue asesinando a millones de proletarios en todo el mundo. Mucha sangre tendrá que correr para que el sistema entero al fin caiga.

2) El capital ha desplegado todas sus armas para combatiros: partidos, sindicatos, ultraizquierdistas, nacionalismo, balas, peronismo, palizas, tortura, cárcel. En consecuencia, deberéis usar todas vuestras armas para combatir el capitalismo (la primera de todas, la consciencia de vuestro/nuestro proyecto revolucionario de abolición de la sociedad de clases, la consciencia de vuestra pertenencia a un movimiento histórico y mundial por el comunismo).

No os paréis aquí si no queréis ser aniquilados. Ninguna de las fuerzas que dicen representaros, a vosotros y a vuestros intereses, es otra cosa que diferentes rostros de la bestia capitalista, ni defienden otro proyecto que vuestro sometimiento y explotación. Quemad las sedes de los políticos. No dejéis vuestros asuntos en manos de los sindicatos: poned vuestros puños en la cara de los sindicalistas.

3) Vuestra labor incendiaria ha tenido la virtud de haber sabido tomar las calles, y la insuficiencia de no haber sabido defender esa conquista. En los días y meses de lucha que vienen, deberéis ganar la fuerza para imponer vuestro proyecto, ganar las calles, paralizar la economía, echar abajo los contragolpes reaccionarios que vendrán. La gigantesca tarea de demolición que la historia os ha puesto por delante es algo para lo que deberéis estar preparados.

4) Las sucesivas dimisiones y recontradimisiones no han sido más que maniobras de distracción, burdos camelos para que penséis que habéis conseguido algo, una pequeña victoria siquiera. De los "nuevos" burgueses en el poder sólo podéis esperar más duros hachazos a vuestras condiciones de supervivencia. Hermanos: si no proseguís la lucha, si no la lleváis a sus últimas consecuencias, seguiréis jodidos, cada vez más.

Llevar la lucha a sus últimas consecuencias significa asumir las primeras consecuencias: la lucha por vuestros propios intereses como clase, sin consideración alguna a la economía nacional o a la situación de las empresas.

La promesa de impago de la deuda externa es un regalo del recientemente dimitido gobierno a los grandes burgueses argentinos, esos mismos que atesoran miles de millones de dólares en "paraísos fiscales". La cuestión de la deuda externa es un asunto que interesa a los capitalistas de todos los países, no a los proletarios: que se den más o menos dentelladas entre ellos en nada cambia nuestra situación como explotados.

Los malabarismos monetarios con que unos y otros perros pretenden "solucionar" la crisis significan, simplemente, más y más miseria para vosotros.

Proletarios: no confiéis en nadie más que en vosotros mismos y en vuestras propias fuerzas, luchad por vuestros propios intereses de clase sin miramientos con la economía y el Estado que, tarde o temprano, os veréis obligados a destruir.

5) Hermanos: vuestra algarada constituye la punta de lanza del movimiento internacional por la destrucción del capital. Las circunstancias históricas os han colocado en tal posición y deberéis tener el coraje, la determinación y la consciencia necesarias para llevarla a sus últimas y naturales consecuencias, abriendo el camino a un proletariado que hoy, en todo el mundo, comienza de nuevo a revolverse contra sus amos.

Junto a los proletarios (quizá a veces llamados "campesinos", "indígenas", "bereberes", etc.) de Bolivia, Argelia, junto a los proletarios de Europa que se dedican a aguarles la fiesta a los poderosos, junto a los que en cualquier lugar del mundo se rebelan contra la explotación y la opresión del Capital-Estado, sois la parte visible del iceberg que echará, al fin, esta mierda de barco a pique.

Hermanos: vuestro fuego es el mejor medio de comunicación. Las columnas de humo que se extienden por toda la Argentina atraviesan las fronteras y son divisadas en Bolivia, Argelia, Corea, Europa... No dejéis de hablar con fuego, despreciad todas las cámaras de televisión: ese no es vuestro terreno.

Compañeros: si nuestros argumentos os han parecido correctos, difundid y reproducid con la mayor rapidez que podáis este texto por todos los medios de que dispongáis o que podáis tener al alcance. Y si no, arrojadlo en este mismo instante y comenzad es seguida a publicar otros que sean mejores! Puesto que está fuera de dudas el derecho que tenéis a juzgar con rigor nuestros modestos argumentos. Pero lo que está aún todavía más fuera de dudas, es el que la escandalosa realidad que nosotros hemos revelado tan bien como hemos podido, no es materia que vosotros podáis juzgar: al contrario, es ella quien, finalmente, va a juzgaros a todos.

Por la abolición del trabajo asalariado y la mercancía.

Por la destrucción del Estado y de la sociedad de clases.

Por el comunismo. Por la anarquía.

 

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CO49.2 Acerca de las luchas proletarias en Argentina