"Al día siguiente, yo y los otros jóvenes que compartíamos una de las grandes habitaciones tuvimos que permanecer parados, con las piernas abiertas, sobre la punta de los pies, y la frente apoyada sobre el muro desde las 18 a las 6 horas de la mañana. Aquellos que, extenuados, no mantenían la posición eran golpeados salvajemente. Con la regularidad de un reloj, recibíamos patadas y garrotazos en los riñones, insultos y golpes en la nuca, lo que hizo que el muro sobre el que debíamos apoyarnos quedara regado con sangre. Nos obligaron a marchar en el corredor haciendo el saludo fascista."
Riccardo, Famiglia Cristiana.
"Yo terminé en la última gran pieza del cuartel y recibí una nueva lluvia de puñetazos y patadas. Quedé en el suelo y no logré levantarme más; tengo el pie roto y las costillas doloridas. Asistí a un espectáculo horrible: una sueca fue arrastrada por los cabellos al exterior de la habitación; los milicos apagaban sus cigarrillos en las manos de un francés. Nadie podía moverse. Un enorme policía entra en la pieza y masacra a un joven porque, dice, ‘lo vi insultarme durante la manifestación’. La columna sonora del horror es una canción que los milicos conocen de memoria, y que yo también aprendí ahora: ‘Uno dos tres, viva Pinochet; cuatro cinco seis, muerte a los judíos; siete ocho nueve, ninguna piedad con los negros’."
Alfonso de Munno, fotógrafo romano de veintiséis años.
"Veo al gendarme en la camioneta que apunta su arma hacia el exterior gritando: ‘Voy a liquidarlos a todos, hijos de puta’. Escucho dos disparos, luego un tercero. Un muerto yace sobre el asfalto en un charco de sangre; más tarde me entero que se trata de mi amigo Carlo Giuliani."
Marisa Fumagalli, La Repubblica.

"Dan palos salvajemente, masacran improvisadamente. Los manifestantes son perseguidos a palo limpio, los milicos se descargan sobre todo el que se fuga, golpean a quienes están en el suelo, golpean a las mujeres (‘hijas de puta’, ‘putas’) y a los hombres (‘comunistas hijos de puta’). Otros milicos atacan a los manifestantes, lanzando bombas lacrimógenas desde los helicópteros. Los Dinkys de la marina acorralan a aquellos que se refugian en los peñascos. Los milicos, acompañados por un experto, utilizan nuevas cachiporras importadas especialmente de Los Ángeles que tienen como particularidad el desgarrar la piel y el romper huesos. Es una verdadera masacre."
Angelo Quattrocchi, La bataille de Gênes.

"Una enfermera, refugiada detrás de un portal, intenta curar a un manifestante herido durante los enfrentamientos, pero una patrulla de gendarmes le cae encima y, antes de que pudiese cerrar el portal, la arrastran afuera y la golpean bajo los ojos de las cámaras y diversos testigos: en el vídeo sólo se escucha su voz que grita ‘socorro, socorro’. [...] Otros médicos visitan a los jóvenes que fueron arrestados la noche precedente. La situación es trágica: dos heridos graves, uno tiene un pulmón perforado, el otro un enorme hematoma cerebral y los otros los dientes destrozados por los palazos que les fueron asestados en plena cara."
G.P., La bataille de Gênes

* * *

Estos testimonios del terror que reinó en Génova durante la reunión del G8 no necesitan demasiados comentarios: asesinatos, palizas, torturas, humillaciones de todo género... Según todos aquellos que estuvieron presentes, el término más adecuado para definir la obra de los defensores del orden es "masacre". Los milicos no se contentaron con contener el frente de la manifestación, como lo hacen habitualmente, sino que atacaron, por delante y por atrás, a los 200.000 manifestantes, apaleando indistintamente a hombres y mujeres, a jóvenes y viejos. Con las sirenas a todo lo que da, los coches policiales pasaban a toda velocidad por en medio de los grupos de manifestantes, obligándolos a lanzarse sobre las aceras para no ser aplastados; las redadas de las fuerzas especiales se hicieron en plena noche, en los dormitorios comunes; se cerraban todas las salidas y luego los defensores del orden golpeaban durante dos horas sin escatimar ni fuerzas ni tiempo. Hay imágenes que muestran al comisario de la Digos de Génova pateándole la cabeza a un joven que yacía en el suelo, como si se tratase de una pelota; la policía fue a buscar a los manifestantes heridos a los hospitales y luego los llevó a los cuarteles para torturarlos toda la noche...

¿Cómo fue posible, escuchamos con obstinación, que los milicos estuvieran hasta este punto seguros de la impunidad que tenían, que ni siquiera dudaron en golpear alegremente a todo el mundo, mujeres y niños comprendidos, sin ni siquiera ocultarse de los periodistas, los fotógrafos, las cámaras?¿Quién les dio esta seguridad? Esta interrogante, en la cual se encierran obstinadamente tantos manifestantes, es un testimonio de la ilusión que aún existe de que la acción de la policía en Génova se deba a "errores", "desbordamientos" o "excesos", a la influencia de la extrema derecha, la falta de experiencia de los jóvenes gendarmes o la presencia de uno u otro berlusconiano en la dirección de la policía, es decir, como si se tratase de una particularidad de la policía italiana.

No obstante, la respuesta a la interrogante sobre la seguridad de los cuerpos de choque del estado en su obra de represión se encuentra en el corazón mismo del estado, en su carácter orgánico y, en este caso, en la cohesión del conjunto de sus fuerzas, de todas las tendencias políticas. De la izquierda a la derecha, nacionales e internacionales, la acción terrorista de los cuerpos policiales proviene de una acción complementaria y conjugada de todas las fuerzas burguesas que componen el estado. La represión en Génova es el fruto de un plan elaborado por los diferentes gobiernos de izquierda, el de D’Alema luego el de Amato, con la colaboración de los servicios secretos de otros seis gobiernos occidentales presentes en Génova. Ese plan "por la seguridad" fue posteriormente aplicado por el gobierno de derecha Berlusconi-Fini-Bossi. De igual manera, la creación del cuerpo especial Grupo operacional móvil (GOM), que contribuyó mucho en la brutalidad policial sobre el terreno, es el fruto directo de una iniciativa del ministro "comunista" Diliberto (PDCI) bajo el gobierno de D’Alema. Y para comprender bien hasta qué punto la represión fue el resultado de la acción conjunta del conjunto de fuerzas policiales, tanto de derecha como de izquierda, tenemos que agregar que durante los momentos más álgidos de la represión estaban presentes, en el mismo cuartel general de las fuerzas del orden, el conjunto de los jefes de diferentes fuerzas policiales, acompañados por el viceprimer ministro Fini en persona.

La facilidad con la que la policía logró reprimir se debe a la colaboración abierta y determinante de la izquierda socialdemócrata que, como el Foro Social de Génova, predicaba la no violencia, la desobediencia ciudadana y la manifestación pacífica en el mismo momento que los milicos pegaban, tiraban, mataban. Y esta izquierda "humanista y democrática", como le gusta definirse, no se contentó con llevar a los manifestantes como corderitos al matadero o de fumigar con su veneno pacifista; no, sus militantes colaboraron activamente con la represión, participando en un verdadero concurso de delación, bloqueando con sus servicios de orden la entrada de la manifestación a los militantes considerados demasiado "ofensivos", encerrándolos entre sus propios cordones de seguridad y las filas de milicos, exponiéndolos así, como blancos fáciles, a las granadas lacrimógenas disparadas directamente a pegar. Los milicos se ensañaban con los manifestantes en el mismo momento en que los del Foro Social de Génova se empeñaban en cazar "provocadores" y denunciaban a los violentos. El hecho de que ya hubiese un cadáver yaciendo en la calle no impidió a esta izquierda "anticumbres" continuar discutiendo si era correcto o no quemar coches.

En definitiva, en Génova, lo que el terrorismo burgués –tanto de derecha como de izquierda– quiso recordar al proletariado es que el lugar que el sistema le asigna es el sitio en donde es explotado y no la calle, perturbando las reuniones de los burgueses. Un joven manifestante apresado en Génova testimoniaba: "Rompieron la carta de identidad de ciertos presos diciéndoles: ‘Ves, aquí no eres una persona, no tienes ningún derecho’". En el marco de una acción represiva, no es raro que los defensores del orden revelen abiertamente lo que busca generalmente disimular la izquierda del capitalismo, es decir, que el derecho democrático es una fuerza al servicio de la burguesía, una simple codificación de las relaciones de explotación existentes que, para el proletariado, se resumen en el derecho de vender su fuerza de trabajo y de existir mientras no luche contra su propia condición de explotado. Como ciudadano respetuoso, es decir, como mercancía, tiene una existencia democrática –tiene la libertad de trabajar o reventar de hambre–, pero si sale del mundo mercantil y sus derechos, si de obrero dócil se transforma en proletario y se permite perturbar, aunque sea de una manera elemental, el buen funcionamiento de la explotación, pierde entonces simplemente toda identidad.

Panfleto que no pudo ser distribuido en Génova

La reunión del G8 que tuvo lugar en Génova fue el teatro de una violenta represión como lo hemos descrito anteriormente. Pero dicha represión no comenzó con la apertura formal del G8 y el comienzo de las manifestaciones, sino que muchos militantes y grupos fueron arrestados en las reuniones preparatorias. Fue el caso del grupo Precari Nati ("nacidos precarios"), que se proponían a distribuir un panfleto en Génova, junto con compañeros de Kolinko (Colectivo del Movimiento Comunista, Alemania) y Workers Against Work (Trabajadores Contra el Trabajo, Reino Unido), para dar su posición acerca de esa enorme puesta en escena que son las cumbres y las anticumbres. Les fue imposible hacerlo porque las fuerzas del orden arrestaron a trece compañeros y los mantuvieron presos durante horas en la Comisaría central de la gendarmería de Bolonia. Dos militantes fueron acusados de portar de armas (¡navajas suizas!) y les fueron incautados más de mil panfletos.

Reproducimos a continuación el contenido integral de los panfletos confiscados, subrayando la claridad con la que estos compañeros se demarcan de la ideología antiglobalización, y la fuerza con la que denuncian las corrientes socialdemócratas que no buscan otra cosa que "la modernización del capitalismo y esperan que sus propuestas (por ejemplo, la tasa Tobin) podrán salvaguardar las relaciones sociales capitalistas, es decir, las mismas relaciones que perpetúan nuestra alienación y nuestra explotación.".

Quemar toda ilusión esta noche

Si estamos aquí, no es como activistas profesionales antiglobalización y por la búsqueda de una posición de mediación entre las marionetas de la economía y sus "víctimas", actuando en nombre del Otro ("el Invisible", los proletarios en revuelta contra el FMI y el Banco Mundial, los refugiados, los trabajadores precarios). Nosotros no queremos representar a nadie y le escupimos en la jeta a quienes pretendan representarnos. Lo que nosotros llamamos exclusión no es la exclusión de los centros de toma de decisión económica, sino la pérdida de nuestra vida y nuestra actividad cotidiana por culpa de la economía.

Si estamos aquí, no es porque preferimos el comercio equitativo al librecambio, ni porque creamos que la globalización debilita a los estados naciones. No estamos aquí porque pensemos que el estado está controlado por instituciones no democráticas, ni porque queramos más controles del mercado. Estamos aquí porque toda forma de comercio es el comercio de nuestra miseria, porque todos los estados son prisiones, porque la democracia camufla la dictadura del capital.

Si estamos aquí, no es porque veamos a los proletarios como víctimas, ni porque queramos plantearnos como sus protectores. No venimos aquí para dejarnos impresionar con revueltas espectaculares, sino para aprender la táctica de la guerra de clases cotidiana, llevada adelante por los huelguistas de Ansaldo y los proletarios insumisos de la industria metalúrgica. Hemos venido aquí para intercambiar nuestras propias experiencias como desposeídos del mundo entero.

Si estamos aquí, no es como miembros de las numerosas ONG, ni de los lobby oficiales, de Attac o de todos los que quieren simplemente ser incluidos en las discusiones sobre la modernización del capitalismo y esperan que sus propuestas (por ejemplo, la tasa Tobin) podrán salvaguardar las relaciones sociales capitalistas, es decir, las mismas relaciones que perpetúan nuestra alienación y nuestra explotación.

Si estamos aquí es como proletarios que no identifican el capitalismo con las reuniones de esos gángsters, sino con el robo cotidiano de nuestras vidas –en las fábricas, en los centros llamadas(2), en el paro– por las necesidades de la economía. No hablamos en nombre de quien sea, sino que partimos de nuestras propias condiciones de existencia. El capitalismo no existe a causa del G8, sino que es el G8 el que existe a causa del capitalismo.

El capitalismo no es ni más ni menos que la expropiación de nuestra actividad, que se vuelve contra nosotros mismos como si fuera una fuerza extraña a nosotros. Nuestra fiesta contra el capitalismo no tiene ni principio ni fin, no es un espectáculo predeterminado, no tiene fecha fija. Nuestro futuro se encuentra más allá de toda mediación, más allá de los estados nacionales, más allá de toda tentativa de reformar el capitalismo. Nuestro futuro se sitúa en la destrucción de la economía.

¡Por la abolición total del estado y el capital!
¡Por la comunidad humana mundial!
¡Proletarios contra la máquina!

Precari Nati (email: ti14264@iperbole.bologna.it)
Kolinko, Workers Against Work


1. Riccardo, Famiglia Cristiana

2. "Centros de llamadas" lugares en donde los empleados trabajan haciendo llamadas publicitarias para las empresas que los contratan.


CO48.3.1 Génova: El terrorismo democrático en plena acción