Este número lo dedicamos exclusivamente a la guerra en la región de los Balcanes, en particular a su enésimo capítulo, Kosovo y el bombardeo de Yugoslavia por parte de la OTAN, así como a la resistencia proletaria a la misma.

Concretamente presentamos un extenso texto en el que, dentro de la tendencia general del capital hacia la generalización de la guerra, analizamos el desarrollo de las diferentes contradicciones entre fracciones burguesas que pugnan por constituir las alianzas y constelaciones que se enfrentarán en futuras guerras. Luego analizamos el desarrollo de las contradicciones fundamentales de clase en la guerra en Yugoslavia entre, por un lado, las diferentes fracciones del capital que empujan a la guerra y, por otro, la resistencia proletaria a ella.

En general, nosotros casi nunca nos detenemos en el análisis de las diferentes contradicciones burguesas por el reparto del mundo, lo que muchas veces nos es reprochado como una falta de sutileza y de riqueza en el análisis. Pensamos, por el contrario, que el desarrollo del capitalismo mundial ha polarizado hasta tal punto toda la sociedad que todo análisis para ser riguroso debe centrarse en dicha contradicción central; que la catástrofe de la sociedad burguesa mundial es de tal magnitud que está en cuestión la supervivencia misma de la especie humana, y ahogar dicha contradicción, como hacen casi todos los escritos de moda en decenas de otros aspectos, es una irresponsabilidad con respecto a lo que está en juego en la actualidad. O dicho de otra manera, que todo análisis que no tome como eje central el antagonismo entre la vida y la muerte de esta sociedad, entre la agudización de la catástrofe presente o la destrucción revolucionaria de la misma, entre burguesía y proletariado, entre persistencia del capitalismo y comunismo, constituye una especie de pantano ideológico en el que el analista y el lector se hunden irremediablemente. Pero por supuesto que es en este pantano en el que la burguesía mundial quiere mantenernos, y para eso nada más útil que los llamados «medios de comunicación», en los que cada hecho es interpretado como particular, y en el que las causas comunes de la catástrofe presente son sistemáticamente ocultadas.

En realidad, si en todos nuestros trabajos nos centramos en la contradicción fundamental, aunque ello sea considerado simplista por nuestros críticos, es fruto de nuestra concepción revolucionaria, de nuestra comprensión global de la sociedad, así como de nuestro análisis global del período actual, y en ese sentido es una decisión deliberada; es una opción de lucha, denuncia y agitación contra la globalidad de la sociedad actual. Es cierto que otros militantes revolucionarios antes que nosotros, aunque siempre se centraban en el eje burguesía y proletariado, capitalismo o revolución, daban una importancia mucho más grande a otros análisis y, en particular, a las contradicciones entre las fracciones burguesas. Si nosotros no lo hacemos tan a menudo no es porque consideremos que sea inútil, sino por tres razones principales: porque, como ya señalamos y militantes revolucionarios habían previsto hace más de un siglo y medio, todas las contradicciones sociales se han simplificado y concentrado en la polarización central de la sociedad; porque adoptamos este criterio como opción militante contra la corriente; y porque, dada la ausencia generalizada de análisis verdaderamente clasistas en el mundo, no podemos dudar que nuestra prioridad es centrarnos en la contradicción principal.

Pero ello no quiere decir que no nos interese conocer las contradicciones interburguesas, las que existen entre fracciones del capital a escala regional e internacional, sino simplemente que le damos una prioridad mucho menor que a la contradicción entre el sistema capitalista y la necesaria revolución social. Pero, en el análisis de las contradicciones interburguesas, nuestros textos se diferencian abismalmente de los que pueden encontrarse por ahí, por el hecho de que siempre ponemos las demás contradicciones como producto de la contradicción principal. Muchos de nuestros textos hablan de diferentes fracciones burguesas, pero en vez de referirse a las mismas de forma autónoma, por ejemplo en función de las diversas formas de acumulación de esas fracciones (burguesía agraria, burguesía industrial, burguesía bancaria, burguesía comercial...), lo hacemos en función de las diversas formas en que enfrentan históricamente a nuestra clase (partido del orden y partido socialdemócrata, o fascistas y antifascistas, o derecha e izquierda), lo que por supuesto sitúa esas contradicciones interburguesas en su verdadero lugar: como muy secundarias con respecto a la contradicción fundamental. En el fondo se trata de analizar las diversas tácticas del capital para mantener la dominación sobre nuestra clase.

En este número de nuestra revista, sin embargo, analizamos un poco más en detalle las contradicciones interburguesas. En efecto, como de lo que se trata es de analizar, dentro de la tendencia general del capital a la generalización de la guerra imperialista, el comportamiento y las tácticas utilizadas por las diversas fracciones del capital para constituir diversas fuerzas en la lucha por el reparto del mundo, tratamos de poner en evidencia los criterios que guían a esas fracciones. Eso nos lleva a expresar de forma más concreta ­de lo que ya hemos hecho en trabajos anteriores­ las tendencias generales del capital: centrípetas y centrífugas, hacia alianzas o unificaciones, y hacia rupturas y guerras. Al mismo tiempo, el análisis del capitalismo mundial y de la competencia, del valor acumulándose y haciendo la guerra contra otras unidades de valorización, atomizándose y atrayéndose, nos lleva a distinguir fracciones del capital mundial mucho más generales y, al mismo tiempo, precisas que las fracciones clásicas según el tipo de sector económico: fracciones librecambistas y fracciones proteccionistas (1). En efecto, la tendencia general del capital (producto de la competencia internacional y de la ley del valor a escala planetaria) es liquidar a todos los sectores y fracciones que no son capaces de competir; es la aplicación sin restricciones de la ley del valor a escala internacional, aunque dicha tendencia siempre se ve contrarrestada por los intereses de todos los sectores y fracciones del capital a los que dicha aplicación conduce a la ruina. Estos últimos también se unifican para defender su parte en la lucha por las fuerzas productivas y los mercados del planeta.

Este análisis de los mecanismos del capital, que ya expresamos en textos anteriores, no sólo permite comprender mejor todas las alianzas y guerras, todos los cambios de tácticas y discursos de militares, sindicalistas, periodistas y políticos, sino comprender lo que hay detrás de todas las polarizaciones que se presentan al público como izquierda y derecha, como fascismo y antifascismo, como «países capitalistas» y «países socialistas», como «mundialistas» y «ecologistas», como friedmanianos y keynesianos, como «atlantistas» y «yugoslavos»...

Estas estructuraciones burguesas a diferentes niveles nos obligan a hacer una aclaración sobre el estado. El estado es para nosotros siempre sinónimo de la concentración del capital en fuerza de dominación y de reproducción ampliada de la sociedad burguesa. Pero el capital, cuya esencia es la competencia, es al mismo tiempo contradicción y lucha de capitales enfrentados que obedecen al proceso de atracción de átomos de valor y alianza de fracciones burguesas, que tienden a organizarse en fuerzas específicas, en estados particulares, que no coinciden con los países y que incluso tienden a redefinirlos en su lucha. Es evidente que la estructuración en fuerza a nivel de un país con ejército propio y estructura gubernamental y de control propia, como concreción de la fuerza del capital mundial y al mismo tiempo como concentración de fuerzas particulares contra otros capitales, es un nivel importante de la centralización en fuerza. Todas las fracciones burguesas de uno o varios espacios productivos se pelean por dirigir cada una de esas concreciones del estado general del capital, por controlar el poder de esos estados «nacionales» (2), lo que conduce a hablar de países, de partes de esos países que se autonomizan, de estados a diferentes niveles de definición, de guerra, de redefinición de fronteras, autonomías y nuevos países.

Cuando se dice habitualmente que Francia bombardea Yugoslavia, o que los serbios atacan a los kosovares, o que Estados Unidos ha declarado la guerra a Irak, se está evidentemente asociando a los explotadores con los explotados, lo que sin duda favorece los intereses de estos últimos, y es objetivamente un punto de vista burgués, aunque quien utilice dicha expresión ni se dé cuenta. Por eso, todos los medios de comunicación hablan de esta manera, de países haciéndose la guerra. Ellos reproducen la ideología dominante y ayudan a afirmar la comunidad nacional que asegura la explotación y la utilización de los dominados en las guerras como carne de cañón.

Nosotros nos hemos esforzado siempre en no hacerlo y por eso en vez de hablar de países, hablamos del estado tal o cual, de estado de tal o de cual país, que también debe comprenderse como el estado en tal o cual país, porque queremos subrayar que se trata de la fuerza organizada de los explotadores para mantener su explotación en tal o cual región del mundo y al mismo tiempo afirmar los intereses particulares de esa fracción burguesa contra otras. Claro que a veces esta denominación resulta demasiado pesada como en el caso de estado de Estados Unidos, pero es evidente que el lenguaje no está hecho para expresar nuestro punto de vista de clase, sino el de nuestros enemigos.

Nos disculpamos entonces porque esto haga algunos textos más pesados y recibiremos con agrado toda propuesta interesante al respecto. Este tipo de aclaraciones, incluso terminológicas, resultan indispensables para comprender el tipo de análisis entre fracciones burguesas que hacemos en esta revista y que nos parece mucho más claro que todos los que hemos visto por ahí.

Contrariamente a lo que sucede con las decenas de análisis «marxistas» que se pierden en las contradicciones interburguesas y que terminan sometiéndose a las mismas, el primer texto mostrará como nuestro análisis, incluso cuando se adentra en dichas contradicciones, no pierde nunca de vista el eje central comunismo-capitalismo. Veremos como todas las contradicciones entre fracciones imperialistas siempre están determinadas en última instancia por cómo enfrentarse al proletariado, y, en el caso particular de la guerra en Yugoslavia, por cómo llevar al proletariado a la guerra. Así, por ejemplo, veremos como la continuidad de la guerra en los Balcanes implicaba la intervención terrestre, y ésta exigía niveles mucho mayores de movilización del proletariado que los que se habían logrado. En fin, sin olvidar nunca la contradicción fundamental, veremos, principalmente en el segundo texto, como los intentos reales de generalización de la guerra chocaban con la apatía general del proletariado internacional, e incluso con una resistencia importante, en especial en la zona del conflicto, del proletariado contra la guerra. Veremos que la deserción, la desmovilización, las acciones de lucha contra la guerra en diferentes regiones, a las que hacemos referencia en dicho texto, constituyeron un importante freno a la escalada belicista, al mismo tiempo que un llamado de nuestros hermanos de clase en la región a enfrentarse por todas partes a la burguesía. En efecto, constataremos que si bien el capitalismo logra por el momento mantener relativamente bien el inmundo orden burgués internacional y la relativa paz social que lo caracteriza, desde que asume sus inexorables necesidades bélicas, y las guerras que el capitalismo conlleva, se agudizan todas las contradicciones sociales y la reemergencia del proletariado resulta evidente, aunque quieran ocultarla por todos los medios. Esta reemergencia, que se expresó de manera incipiente en la ex Yugoslavia, es, a pesar de sus límites, la que está mostrando el camino de contraposición a la guerra: la acción directa contra su propia burguesía, es decir, la revolución mundial.

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Notas :

1. Claro que incluso el librecambismo de una fracción es siempre relativo frente a otra, y que tal o cual sector no se alinea para siempre, sino que cambia permanentemente en función de las diferentes situaciones; en última instancia siempre se vuelve a una nueva alineación entre librecambismo y proteccionismo sean cuales sean las diversas coberturas ideológicas de las mismas.

2. Ya explicamos, en nuestros diferentes textos de crítica de la liberación nacional, que el estado «nacional» es un mito, que los países no coinciden nunca con las «naciones», que lo que se llama «estado nacional» es la fuerza organizada del capital para oprimir, utilizando como ideología la «nación». Ver al respecto nuestra serie de textos de crítica de la liberación nacional en Comunismo No.2, No.3 (Liberación nacional: cobertura de la guerra imperialista), No.4, No.5 y No.7 (Contra la mitología que sustenta la liberación nacional), en particular, este último número acerca de la relación entre estado y nación.

 

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CO46.1 Presentación