CO45.2.1 Subrayamos: América ¡ Arriba los que luchan contra el capital y el Estado ! (contra el mito de la invencibilidad de las fuerzas represivas)

 

La ausencia de prensa proletaria y el gigantesco ocultamiento de la información hacen extremadamente difícil hacerse una idea del desarrollo de la lucha de clases en diferentes regiones. Cuando no se oculta totalmente lo sucedido, se utilizan todos los mecanismos de desinformación para que el proletariado no se reconozca a sí mismo, para presentar el cuestionamiento generalizado a todo el orden establecido, como un sin número de movimientos particularizados y parcializados, con banderas y programas locales y sin ningún objetivo común.

Como en los últimos meses (desde mediados de 1999) no pudieron ocultar las importantes luchas que se desarrollan en un conjunto de países de América se ingeniaron para desvirtuar, encasillar y parcializar todo. Contra eso nosotros queremos subrayar algunos elementos importantes: las huelgas generales y enfrentamientos de proletarios (¡"campesinos e indígenas" dice la prensa!) contra milicos en diferentes ciudades de Paraguay; las barricadas, el cuestionamiento generalizado del poder y la toma de centros cruciales del Estado burgués por parte del proletariado en Ecuador (¡"indígenas" dicen los medios de difusión de derecha!, ¡"gesta heroica de los indígenas ecuatorianos" dice la prensa de izquierda y anarcoide!); la radicalización en las luchas y ocupaciones de tierra por parte de los proletarios en Brasil (¡"campesinos sin tierra" dice la prensa!), la continuidad de los escraches realizados por el proletariado contra los torturadores y asesinos sobretodo en la Argentina ("familiares de los desaparecidos" y "partidarios de los derechos humanos" dicen los fabricantes de la información), el uso por parte del proletariado minero de la dinamita en Chile para defender sus intereses ("mineros destruyen sus propias minas", dirán la televisión y los otros medios); las importantes manifestaciones proletarias con enfrentamientos callejeros en Costa Rica ("manifestantes" dirá la prensa), los permanentes enfrentamientos entre proletarios y guardianes del orden en México (¡"estudiantes" dijo la televisión, los diarios, la radio e internet!); la revuelta proletaria generalizada en toda Bolivia (¡los medios de difusión casi no lograron enterarse!), etc.

No teniendo los medios, ni las posibilidades en una revista como la nuestra, para reunir los elementos necesarios para dar una información adecuada al respecto nos contentamos en subrayar algunos aspectos de esa lucha en este caso particular en América, que lleva adelante el proletariado, contra el capitalismo y el Estado. Queremos señalar algunos elementos particularmente positivos para nuestra clase y que por eso mismo son más sistemáticamente escondidos por toda la prensa. Nos referimos a ciertas batallas y enfrentamientos de nuestra clase contra las fuerzas del orden. En esas batallas, contrariamente al mito de todopoderosas que ellas mismas, sus escribientes y periodistas tratan de hacernos creer, podemos ver que, ante un proletariado determinado y decidido a luchar, dichas tropas mercenarias son débiles y cobardes, resultan minadas por sus contradicciones y se les puede dar la paliza que merecen. Ello reafirma la perspectiva de su destrucción generalizada a escala planetaria.

En enero de este año las luchas que se habían desarrollado durante todo el año pasado en Ecuador adquieren una fuerza inusitada cuando proletarios del interior comienzan a marchar hacia Quito, radicalizando así también el movimiento preexistente en dicha ciudad. El Gobierno demócrata popular de Mahuad intenta frenar las protestas enviando represión y disolviéndolas por la fuerza. Al principio el ataque toma por sorpresa a los manifestantes hay heridos, hay presos y, en una primera instancia, dispersión y desorientación. Pero a la violencia de arriba el proletariado agrícola y urbano responde con la violencia de abajo: las manifestaciones no solo no se acaban, sino que se desarrollan en forma más organizada y se fortifican, la violencia de clase se asume abiertamente. Mientras el proletariado toma los pozos de petróleo, paraliza el oleoducto transecuatoriano cortando la distribución del combustible y detiene toda exportación de crudo, decenas de miles de manifestantes enfrentan los piquetes militares, cortan las rutas, controlan los accesos de los pueblos y ciudades y toman la calle en diversas ciudades del país. Si antes se podía aún pretender que la protesta era contra la presidencia y el poder ejecutivo, con la radicalización de las manifestaciones el cuestionamiento del Estado es tan general que se reconoce públicamente. Se prohíben las manifestaciones, se sacan todas las fuerzas de choque a la calle y se declara el Estado de Sitio. Pero las manifestaciones son cada vez más potentes, el proletariado cuestiona abiertamente la potencia estatal en su conjunto. Viéndose totalmente cuestionado y superado el presidente Mahuad intenta dar la zanahoria, designa a algunos ministros como culpables, los hace renunciar, se nombran ministros más progresistas... Pero todo eso no sirve para nada, la lucha proletaria sigue con mayor intensidad. Comprendiendo el peligro la burguesía decide sacrificar al propio presidente y desde el Ejército y los Sindicatos se intenta calmar el juego. Dicen que "la lucha es contra la corrupción", el FUT -Frente Unitario de Trabajadores- declara que hay que castigar la corrupción y formar un Gobierno de Salvación Nacional; por su parte la Central de Trabajadores de Petro Ecuador, la Coordinadora de Movimientos Sociales, y la CONAIE (Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador) que exigen la renuncia/destitución del presidente, junto con otras reivindicaciones, resultan totalmente superados por la guerra social que se afirma a pesar de todo: los manifestantes gritan abiertamente que su lucha no es para cambiar un presidente y reafirman la lucha contra todo el Estado. La quiebra de los aparatos policiales es total, se rompe la disciplina, la desorganización es general, los proletarios controlan la calle, aunque el ejército en contraposición a la policía mantiene, en una primera instancia, una relativa unidad de cuerpo. Pero, poco después, las contradicciones de éste también se hacen patentes y cuerpos enteros del mismo pasan a participar en las manifestaciones junto a los proletarios y en algunos casos actúan en forma decidida en las tomas de edificios que realiza el movimiento. Ninguna fuerza represiva es capaz entonces de frenar el movimiento insurreccional, los pocos milicos que lo intentan son totalmente desbordados y retroceden acobardados ante esa avalancha humana de varias decenas de miles de proletarios de todos los sexos, de todas las edades, de todas las categorías (¡"indígenas" o no! - ¡periodistas hijos de mil putas!¡agentes decisivos del capital y el Estado!) que logran apoderarse así de distintos edificios públicos: en Quito toman el Palacio de Gobierno, el Parlamento, la Corte Suprema de Justicia, la Contraloría, los Ministerios, el Banco Central, así como otros edificios, al mismo tiempo que llaman a reproducir eso en todas ciudades que ya están totalmente paralizadas por el movimiento. El presidente pasa a ser una figura decorativa que aunque siga gritando que "no renunciará" queda destituido en los hechos por el movimiento mismo. El ataque real de los manifestantes contra los tres poderes formales del Estado (ejecutivo, legislativo, judicial) se acompaña, de la exigencia de la destitución de los mismos, lo que no nos cabe dudas, que es, ya, una cierta formalización jurídica extrema de la intransigente lucha proletaria por imponer su poder contra el Estado. El 23 de enero en la calle se festeja la victoria de la insurrección, aunque los maquiavelos y gatopardistas mezclados entre los insurrectos siguen intentando "buscar soluciones al movimiento". Los fabricantes de la información falsifican todo y hablan de ¡un golpe de Estado militar apoyado por los indígenas!, al mismo tiempo que se inscita al racismo antiindígena. Se declara formada una Junta de Salvación Nacional, de hecho un triunvirato constituido por militares, líderes indígenas oficialistas y un miembro en boga de la Corte Suprema, que con un discurso de izquierda intenta restablecer el orden (1). Frente a la continuidad del movimiento y a la incredibilidad total del proletariado opera un verdadero frente único de salvación nacional sindicatos, partidos y lo que queda de las fuerzas represivas que llama a cesar el movimiento y apoyar esa Junta de Salvación Nacional. El propio Presidente de la CONAIE, Antonio Vargas declara que "el pueblo ecuatoriano ha triunfado, que la Junta de Salvación Nacional no defraudará al país, y...que la unidad con las Fuerzas Armadas es una nueva experiencia para América Latina" Pero ante la incredibilidad generalizada esa Junta solo dura unas horas, el poder en los hechos sigue en la calle a pesar de los esfuerzos de los reorganizadores del Estado capitalista, dentro de los cuales los periodistas juegan sus cartas más altas ocultando, desinformando, tergiversando... Aprovechando la falta nuevas iniciativas y directivas en el proletariado, así como las consignas que llaman a volver a las casas a los proletarios, se declara (especialmente por la boca del General Carlos Mendoza en nombre del mando militar) que el "poder" del presidente destituido pasa a manos del vicepresidente Gustavo Noboa, que como resulta evidente, a todos los protagonistas, impondrá la misma política económica que su predecesor. El rechazo del proletariado a tales "soluciones" sigue siendo explícito. En la calle las consignas son de total repudio a todas las tentativas que parten abiertamente del Estado. Contra ese sentimiento general (que empuja a la permanencia de la revolución) el frente de salvación nacional desde los sectores militares a los sindicatos y partidos acuerda el apoyo a Noboa y multiplica los llamados a cesar el movimiento hablando, muy timoratamente (¡tienen terrible miedo de su propia mentira!), de "triunfo". La CONAIE, organización indigenista que, como vimos, aparecía como interlocutor representante del movimiento, por la boca de su presidente Antonio Vargas apoya "la solución" (¡el indigenismo actúa contra la unificación y lucha proletaria!) pactada por partidos, ejército y sindicatos, aunque para mantener una cierta credibilidad también habla de "la traición de Mendoza". Todos los aparatos del Estado burgués vuelven a reunificarse y para ello se copta a proletarios indígenas inconsecuentes. El descontento y la desorientación en la calle es general, el sentimiento de que es un nuevo engaño es absoluto pero el golpe que significa las declaraciones de los jefes vendidos es fuerte y logra dislocar, al menos provisoriamente, al movimiento. La prensa dirá satisfecha (¡de haber cumplido con su deber de orden!) que "los indígenas vuelven a sus tierras, a sus casas". Luego de dos semanas de lucha abierta contra el Estado la vuelta a casa tiene un olor amargo. Pero al proletariado, que sintió palpablemente que podía enfrentar al Estado y desgarrarlo, ya no será tan fácil mantenerlo sometido; será muy laborioso, a pesar de todos los méritos que hacen los fabricantes de la opinión pública, catapultar su consciencia de la fuerza experimentada.

Pasemos ahora a "otras" (¡y no tanto!) situaciones y experiencias recientes del proletariado en América. En Bolivia el estado de efervescencia general es grande desde hace varios meses, las reuniones y discusiones se reproducen por todas partes, los volantes son el pan de cada día y las manifestaciones proletarias resultan, durante el último trimestre del 99, cada vez más fuertes. En La Paz se suman a las protestas grupos de mujeres y familiares de integrantes de las fuerzas represivas. Cuando los milicos mismos son enviados a reprimir a sus propios familiares, no solo se niegan, sino que se pliegan a las mismas. En Cochabamba y otras ciudades las protestas proletarias giran en torno al problema del agua y su prohibitivo costo impuesto por el Gobierno conjuntamente con la empresa Aguas del Tunari. Cuando el régimen constata que el proletariado no se amansa por las buenas intenta bajo las ordenes Banzer (¡yerba mala nunca muere!) generaliza la represión para lo cual declara el Estado de Sitio. Pero también en Bolivia el movimiento se hace fuerte y responde a la violencia del capital con la violencia proletaria: las manifestaciones atacan y logran apoderarse de varios edificios públicos rompiendo en los hechos con el orden que a palos el Estado intentaba imponer. No conocemos otros detalles del movimiento, pero en Cochabamba el fracaso del Estado de sitio es tan total (en un Estado de Sitio normal, las fuerzas represivas impiden toda circulación, ¡en Cochabamba será la revuelta que impida la circulación de milicos!) que el gobierno termina por levantarlo y otorgar importantes concesiones en toda la cuestión del agua potable.

Para terminar digamos dos palabras de algunos sucesos recientes en México. Es verdad que, en el Distrito Federal de México, los milicos de dicho Estado democrático, luego de muchos meses de intensa lucha, lograron una importante victoria contra los huelguistas y ocupantes de la UNAM (Universidad Autónoma de México) al desalojarlos violentamente, a pesar de la enorme determinación que mostraron miles de proletarios que acudieron a socorrer a los cercados en aquella oportunidad. Pero la lucha ha continuado y no en todos lados los milicos lograron imponer su terror. Así, en la pequeña ciudad de Francisco Madero, los milicos mexicanos, con la brutalidad que los caracteriza habían desalojado violentamente una escuela rural ocupada y habían apresado a 165 proletarios que habían tomado posisión de dicho local. Por supuesto los milicos maltrataron a los ocupantes y los golpearon.

Pero el proletariado en dicha ciudad actuó coordinada y organizadamente y decidieron correr a palos a la mayor parte de los granaderos allí apostados. A las 8 de la mañana del domingo 20 de febrero, con garrotes, palas y picos los habitantes de dicha ciudad (hombres, mujeres,... viejos y casi niños) pasaron al ataque con la intención de liberar a sus compañeros y además darle un escarmiento a los tan meritorios milicos. Tomaron todas las salidas de la ciudad para que ningún milico se pudiera escapar, los rodearon, los desarmaron, los desvistieron e hicieron una enorme y divertida fogata en la que quemaron sus uniformes, sus botas, sus correajes, sus chalecos antibalas y los tuvieron como rehenes muchas horas. Los milicos rasos en calzón, los oficiales desnudos, todos fueron atados unos a los otros y con las manos en la nuca obligados a desfilar a pie y en fila india cinco kilómetros hasta la plaza central del pueblo.

Son también incendiados todos los vehículos policiales de la ciudad, en general camionetas Chevrolet. Una vez en la plaza los proletarios pasan a pedirle cuentas a los milicos. Estos, cagados hasta las patas, piden perdón, pero los insultos de la masa siguen lloviendo y algunos proletarios no dudan en decir que hay que transformar la plaza central en patíbulo y acabar con ellos, mientras otros proponen simple y llanamente ¡quemarlos!. Las consignas del movimiento eran "¡si no hay solución -la liberación de los 165 presos- habrá quemazón!"; o más explícitamente "¡qué liberen a los detenidos o quemamos a estos pinches granaderos!

No conocemos otros detalles de los sucedido, pero ante la determinación proletaria el Estado de México se olvidó de toda formalidad jurídica y leguleya y dejando de lado los procesos con que había amenazado liberó de apuro a los presos. Se logró así liberar a los 165 presos proletarios que las fuerzas del orden habían apresado. Los milicos tirados boca abajo y vigilados por los grupos de militantes organizados y encapuchados, que esgrimían cachiporras y estacas para controlar a sus rehenes, fueron mantenidos hasta entrada la noche. Solo cuando los presos fueron abrazados por los suyos, cuando la fiesta se fue generalizando soltaron a los milicos.

Los hechos hablan por si solos y muestran que solo con la fuerza se puede responder con éxito al terror del Estado democrático, que solo la unificación en el combate contra todo el orden legal permite al proletariado imponer sus intereses y defender a los suyos. Y a quién os diga otra cosa:

¡ quemadlo !

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Nota :

1- Concretamente esa Junta Cívico Militar de Salvación Nacional quedó constituida por Lucio Gutiérrez (que en seguida sería sustituido por Mendoza) líder de un grupo de oficiales del ejército, Antonio Vargas presidente de la CONAIE, y Carlos Solórzano Constatini ex presidente de la Corte Suprema de Justicia.

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"En la constitución de una clase con cadenas radicales, de una clase de la sociedad burguesa que no es una clase de la sociedad burguesa, de un estamento que es la disolución de todos los estamentos, de un sector al que su sufrimiento universal le confiere carácter universal; que no reclama un derecho especial, ya que no es una injusticia especial la que padece sino la injusticia a secas; que ya no puede invocar ningún título histórico sino su título humano; que, en vez de oponerse parcialmente a las consecuencias, se halla en completa oposición con todos los presupuestos del Estado... Es un ámbito, por último, que no puede emanciparse sin emanciparse de todos los otros ámbitos de la sociedad, emancipando así a todos ellos. En una palabra, es la pérdida total del hombre y por tanto sólo recuperándolo totalmente puede ganarse a sí misma. Esa disolución de la sociedad, en la forma de une estamento especial, es el proletariado."
Marx: "Crítica de la filosofía del derecho de Hegel" 1844

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