CO43.2 Apéndice : Acerca del Estado libre de la socialdemocracia

 

"Frente a la burguesia coligada se habia formado una coalición de pequeños burgueses y obreros, el partido socialdemócrata. (...) A las reivindicaciones sociales del proletariado se les limó la punta revolucionaria y se les dio un giro democrático; a las exigencias democráticas de la pequeña burguesía se las despojó de la forma meramente politica y se afiló su punta socialista. Asi nació la socialdemocracia. (...) El carácter peculiar de la socialdemocracia se resume en el hecho de exigir instituciones democrático-republicanas, como medio no para abolir los dos extremos, el capital y el trabajo asalariado, sino para atenuar su antagonismo, convirtiéndolo en armonia. Por mucho que difieran las medidas propuestas para alcanzar este fin, por mucho que se adorne con concepciones más o menos revolucionarias, el contenido es siempre el mismo. Este contenido es la transformación de la sociedad por vía democrática, pero una transformación dentro del marco de la pequeña burguesía."
Karl Marx, El 18 Brumario de Luis Bonaparte, 1851/1852

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La socialdemocracia, como partido burgués para los obreros, extrae su programa de la positivización de los aspectos de esta sociedad, de la apología y la depuración de las distintas instituciones de la sociedad burguesa. La misma definición de social democracia que históricamente representa la alianza (disolución) del partido social (proletario) con el partido demócrata (burgués), contiene la positivización "socialista" de la democracia. Desde Bernstein a Luxemburgo y Kautsky, el reformismo siempre imaginó como objetivo final esta conciliación de la democracia (que desde nuestro punto de vista no es otra cosa que la organización social propia a la sociedad mercantil que asegura la dictadura de la burguesía) con el socialismo, lo que será afirmado hasta en su propio nombre (partido social demócrata), así como en todos sus escritos (del siglo pasado o de éste).

No es extraño entonces que la socialdemocracia haya intentado por todos los medios el positivizar, el pintar la cara "linda" del Estado y por eso todos sus programas y escritos sostienen la necesidad de hacer al Estado "libre", "popular", "democrático". Dicha tendencia histórica es inherente al Estado burgués mismo, en el sentido que el Estado solo puede cumplir cabalmente su función si esconde su naturaleza de clase y su naturaleza despótica y se presenta como popular (y no como burgués), como democrático y representante de toda la sociedad (y no solo de la clase dominante) y realizando los ideales de la libertad (y no de la dictadura).

Nada más normal entonces que esa tendencia histórica resulte, desde muy temprano, afirmada y formulada en forma explícita por aquellos sectores o partidos burgueses especialmente concebidos para encuadrar/neutralizar obreros, es decir de los partidos socialdemócratas o mejor dicho del partido histórico de la socialdemocracia independientemente de como se llame. Desde por lo menos la mitad del siglo pasado, dicha tendencia, se concretará en un conjunto de realizaciones, de estructuraciones, de fórmulas propagandísticas del Estado capitalista que resultará más o menos abiertamente apoyadas por los partidos socialistas. Desde Bismark a Bonaparte, desde el Estado Stalinista a todos los Estados populares de los países denominados socialistas, esa reivindicación de hacer más popular al Estado, de libertad para el Estado burgués ha sido una constante ideológica del despotismo capitalista, apoyado en innumerables ocasiones por los herederos abiertos o encubiertos de los socialdemócratas más clásicos: la Socialdemocracia alemana.

De ahí que en un trabajo tan importante acerca de la libertad y fundamentalmente de la reivindicación democrático burguesa de la libertad como expresión del desarrollo mercantil de la sociedad, nos haya parecido imprescindible incluir un apéndice acerca de la clásica reivindicación socialdemócrata del Estado libre (que incluye todo otro conjunto de reivindicaciones democráticas como la "libertad de la ciencia", la "libertad de conciencia", etc.). Se comprenderá que como la misma es inseparable de la del Estado popular (como también lo es del Estado democrático), hemos considerado pertinente el analizarlas conjuntamente y someterlas también conjuntamente a la crítica histórica de nuestro partido.

Ello nos permitirá, en base a textos clásicos de nuestros compañeros, hacer resaltar nuestra concepción histórica de destrucción revolucionaria del Estado, afirmar que entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista media un período de transformación de una en la otra durante el cual el Estado no puede ser otra cosa que la dictadura revolucionaria del proletariado (destrucción despótica de la sociedad mercantil), que por supuesto no se constituye en nombre de la libertad sino por la necesidad de someter a sus adversarios y destruir la dictadura de la tasa de ganancia que dirige la sociedad capitalista y que por eso mismo (contiene su autodisolución) no es un Estado en el sentido tradicional del término (1).

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Desde mucho antes que se formalizaran los primeros partidos socialdemócratas, la contraposición entre la revolución y la contrarrevolución se había cristalizado en la cuestión del Estado y en particular en torno al programa de hacer más libre al Estado. Mientras que los gatopardo de todo pelo y color llamaban a hacer más libre el Estado, que traducido quería decir proclamar los derechos políticos de libertad del ciudadano, los revolucionarios intuyeron desde muy temprano que toda esa libertad a nivel del Estado era una mentira para los explotados, que todo tipo de libertad del Estado, que toda formulación de igualdad y libertad a nivel del derecho, no garantizaba nada en absoluto a nivel de los hechos sociales, que la liberación política era un cuento burgués para perpetuar la explotación y la opresión social.

Citemos aquí solo algunos elementos de la denominada revolución francesa, en la que ya se demarca claramente el programa burgués, el programa reformista para los obreros, el programa socialdemócrata, con respecto a la libertad del Estado, del programa revolucionario que va gestando y afirmando el proletariado en su lucha.

Buonarroti por ejemplo en su "Conspiración por la igualdad" explica que los que participaron en la conspiración revolucionaria ("los amigos de la igualdad") saben que una constitución por más democrática que sea no puede asegurar la felicidad y que es imprescindible antes "aniquilar la contradicción establecida por las instituciones... y arrancar a los enemigos naturales de la igualdad los medios para engañar, asustar y dividir: en fin, que saben y la experiencia ha justificado demasiado esa manera de ver, que establecer, sin esos preliminares, el orden constitucional de las elecciones es abandonar el poder en manos de los amigos de todos los abusos y perder para siempre la posibilidad de asegurar la felicidad pública." Luego de lo cual agrega la siguiente y clarividente nota: "Mientras que las cosas sigan siendo como ellas son, la forma política más libre solo será ventajosa para aquellos que no necesitan trabajar..." (2)

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Pasemos ahora a citar algunos párrafos claves del Programa aprobado en el Congreso de Gotha del Partido Obrero Alemán. Recordemos que el Congreso de Gotha, reunido del 22 al 27 de mayo de 1875 fue el de la constitución de la socialdemocracia alemana, en tanto que gran partido "marxista" de masas (3), que desde entonces sería el modelo de socialdemocracia en el mundo entero. Dicho partido es el resultado de la fusión operada en ese mismo Congreso entre el Partido Obrero Socialdemócrata de los llamados "marxistas" o eisenachianos, dirigidos por Bebel y Liebknecht y la Unión General de Obreros Alemanes, organización lasalleana acaudillada por Hasenclever, Hasselmann, Tolcke y otros (4).
"La clase obrera procura, en primer término su emancipación dentro del marco del Estado nacional de hoy, consciente de que el resultado necesario de sus aspiraciones, comunes a los obreros de todos los países civilizados, será la fraternización internacional de los pueblos."

"Partiendo de estos principios, el Partido Obrero Alemán aspira, por todos los medios legales, a implantar el Estado libre -y- la sociedad socialista..."

"Para preparar el camino a la solución del problema social, el Partido obrero Alemán exige que se creen cooperativas de producción, con la ayuda del Estado y bajo el control democrático del pueblo trabajador."

Obsérvese que la clave de la política burguesa para los obreros, es siempre integrar el proletariado al Estado tal cual es, el concebir la emancipación no como una ruptura del orden burgués en general, sino como algo interno al "marco del Estado nacional de hoy". Incluso la evidente confusión conceptual que todas las formulaciones socialdemócratas contienen acerca del Estado son parte de esa política que busca subsumir al proletariado en una política al interior del Estado. No solo se desconoce/esconde al Estado como el poder organizado de la clase opresora, sino que nunca se sabe bien si se habla del aparato gubernamental o de un país, de una situación dada, de un estado dado o de la sociedad actual: el termino "Estado nacional de hoy" sintetiza todas esas confusiones, buscando encerrar al proletariado en una política nacional, en una política por país (precisamente donde no podrá nunca abolir su opresión) y es el antecedente ideológico de las concepciones marxistas leninistas posteriores de socialismo en un solo país, Estado obrero (degenerado o no), Estados populares, Repúblicas democrático populares que en este siglo se concretarían en Rusia, China, Europa del Este, Albania, Cuba, Corea... como formas organizativas de la opresión capitalista. De ahí la importancia de la crítica revolucionaria que realizara el partido revolucionario durante su historia.

El programa oficial de la socialdemocracia, "en su parte democrática" insiste en:

A."Base libre del Estado"

B. "El Partido Obrero Alemán exige, como base espiritual y moral del Estado: 1. Educación popular general e igual a cargo del Estado..."

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Contra esas peroratas acerca de como hacer el Estado, más libre, popular, más democrático... todos los revolucionarios de la época reaccionaron.

Independientemente de las diferencias programáticas que nosotros podemos tener con un compañero como Bakunin, cabe destacar en primer lugar su excelente crítica de la concepción socialdemócrata del Estado popular y libre, por haber sido violenta, abierta, clara y pública e incluso haber inspirado a Marx y Engels.

"La diferencia esencial entre la monarquía y la república más democrática está en que en la primera la clase de los burócratas oprime y saquea al pueblo para mayor provecho de los privilegiados y de las clases propietarias, así como de sus propios bolsillos en nombre del soberano; mientras que en la república oprimirá y robará al pueblo del mismo modo en provecho de los mismos bolsillos y de las mismas clases pero ya en nombre de la voluntad del pueblo. En la república, el llamado pueblo, el pueblo legal, a quien se supone representado por el Estado, sofoca y sofocará siempre al pueblo viviente y real. Pero el pueblo no estará más aligerado si el palo que le pega lleva el nombre del palo del pueblo".

(Bakunin: "Estatismo y Anarquía", pags. 81-82)

Estas claras afirmaciones programáticas van marcando el accidentado camino de constitución del proletariado en partido revolucionario opuesto a todo el Estado burgués, la crítica de la democracia, de la república popular, de la libertad política constituyen hitos decisivos en ese sentido.
"Por consiguiente, ningún Estado, por democráticas que sean sus formas, incluso la república política (subrayado en el original NDR) más roja, popular sólo en el sentido mentiroso conocido con el nombre de representación del pueblo, no tendrá fuerza para dar al pueblo lo que desea, es decir la organización libre de sus propios intereses de abajo a arriba, sin ninguna ingerencia, tutela o violencia de arriba, porque todo Estado, aunque sea el más republicano y el más democrático, incluso el Estado pseudo-popular, inventado por el señor Marx, no representa, en su esencia, nada más que el gobierno de las masas de arriba a abajo por intermedio de la minoría intelectual, es decir de la más privilegiada, de quien se pretende que comprende y percibe mejor los intereses reales del pueblo que el pueblo mismo."

(Bakunin: "Estatismo y Anarquía", pag. 82)

Bakunin, que lamentablemente mezclaba su rigurosa comprensión crítica contra todo tipo de Estado y en particular contra las concepciones democráticas del Estado popular y libre, con una visión nacionalista y racista de los acontecimientos que lo harían ver algunas razas como estatistas y a otras como no estatistas, veía todas esas afirmaciones de la socialdemocracia del Estado popular y libre, como un complot alemán estatista y atribuía erróneamente a Marx y Engels, considerados como los jefes todopoderosos de ese partido (ver más adelante), toda la política burguesa de la socialdemocracia alemana de la cual, en realidad, aquellos no solo no eran responsables, sino que no habían dejado nunca de criticar. Pero no cabe dudas de que el oportunismo de Marx y Engels al no haber hecho públicas las críticas efectuadas en privado, ni haber proclamado abiertamente su ruptura, tantas veces anunciada en privado (5), con la socialdemocracia, contribuyeron a esa falsa comprensión de Bakunin y a desarrollar la confusión en toda la línea, lo que tuvo como consecuencia que la verdadera división de clases que se operaba entre las posiciones socialdemócratas y las posiciones revolucionarias, entre los partidarios del Estado libre y los partidarios de abolir el Estado quedaran ocultas detrás de las querellas de capilla entre los marxistas y los bakuninistas, entre "autoritarios" y "anarquistas", cuando no entre diversas corrientes nacionalistas y racistas: oposición entre los "pueblos históricos" de un lado y los eslavos y latinos del otro.

Volvamos pues a la verdadera ruptura entre revolución y contrarrevolución, a la critica efectuada por todos los revolucionarios del programa socialdemocrático de reformación del Estado sobre bases más liberales y democráticas:

¿Es que no es esa una nueva prueba de esta verdad que hemos defendido siempre con la convicción que de su comprensión general depende la solución de todos los problemas sociales: la verdad que el Estado, que todo Estado, aunque fuese investido de las formas más liberales y más democráticas, está necesariamente basado en el predominio, en la dominación, en la violencia, es decir en el despotismo, oculto si lo queréis, pero tanto más peligroso?

(Bakunin: "Estatismo y Anarquía", pags. 94/95)

Como veremos luego en el caso de Marx y Engels, la crítica de Bakunin parte de la demolición de esa idea de que hay que emanciparse en el Estado. Como la de aquellos, desarrolla toda su fuerza en la crítica del Estado popular y libre; pero tiene la virtud con respecto a aquella crítica de posicionarse clara y públicamente afuera y en contra de la socialdemocracia, comprendiendo su función histórica (incluida la contraposición total con la AIT) y definirla como lo que realmente es, un partido puramente burgués para los obreros:
"... la emancipación del proletariado es decididamente imposible en todo Estado; una tal abolición no es posible más que por el apoyo solidario del proletariado de todos los países, cuya primera organización en el terreno económico es precisamente la Asociación Internacional de los Trabajadores... Pero los obreros austriacos no han dado esos primeros pasos indispensables; no los han dado porque fueron detenidos desde su primer paso por la propaganda germano-patriótica del señor Liebnecht y de los otros socialdemócratas...con el propósito específico de desviar el instinto social justo de los obreros austriacos de la vía de la revolución internacional y de dirigirlo en el sentido de la agitación política en favor de la fundación de un Estado único llamado por él del pueblo (subrayado en el original NDR) -pangermánico naturalmente-, en una palabra, para la realización del ideal patriótico del príncipe Bismark, pero sólo en el terreno socialdemocrático y por medio de la llamada agitación legal del pueblo... Ni los eslavos ni siquiera los obreros alemanes deben seguir esa ruta por la simple razón que un Estado, aunque debiese llamarse diez veces del pueblo y fuese decorado en las formas más democráticas, será indudablemente sólo una prisión para el proletariado... Se deduce que no sólo no induciríamos a nuestros hermanos eslavos a entrar en las filas del partido socialdemócrata de los obreros alemanes, a la cabeza de los cuales se encuentran, desde el comienzo, el diunvirato investido del poder dictatorial, señores Marx y Engels, y luego o bajo sus órdenes los señores Bebel, Liebknecht y algunos judíos aficionados a escribir: debemos, al contrario, emplear todos los medios para impedir al proletariado eslavo cometer un acto de suicidio al aliarse a ese partido que está lejos de ser del pueblo, pero que por sus aspiraciones, por sus finalidades y sus medios en un partido puramente burgués y de los más exclusivamente alemanes, es decir, hostiles a los eslavos. Cuanto más enérgicamente rechace el proletariado eslavo, en su propia salvaguarda, no sólo toda alianza, sino también todo acercamiento a ese partido, no hablamos de los trabajadores que se encuentran en él, sino de sus organizaciones y sobretodo de sus jefes en todas partes y siempre burgueses-, más estrechamente deberá acercarse y aliarse a la Asociación Internacional de los Trabajadores. No hay que confundir en modo alguno el partido alemán socialdemócrata con la Internacional (6). Desde el punto de vista político el programa patriótico de aquél, no sólo no tiene nada de común con el programa de ésta, sino que le es absolutamente contrario."

(Bakunin: "Estatismo y Anarquía", pags. 112, 113, 114)

Como otros compañeros revolucionarios Bakunin tendrá incluso clara consciencia de que cuanto más liberal, más popular y democráticas sean las declaraciones con respecto al Estado, cuanto más liberal y democrática sea la legislación o la constitución más peligrosa y con mayor potencia contrarrevolucionaria será la acción del partido que las emita y del Estado que las lleve adelante.
"... son tanto más peligrosos para el pueblo cuanto más liberales o democráticas son sus declaraciones públicas."

(Bakunin: "Estatismo y Anarquía", pag. 116)
"Es preciso ser imbécil, ignorante o loco para imaginarse que una constitución cualquiera, aun la más liberal y la más democrática, puede mejorar las relaciones del Estado con respecto al pueblo..."

(Bakunin: "Estatismo y Anarquía", pags. 127/128)

Al mismo tiempo que se denuncian esas formas liberales y democráticas de dominación se denuncia el hecho de que las mismas no solo no limitan la dictadura, ni el despotismo, sino que las hacen más potentes.
"Nadie sospechaba entonces la verdad, hoy reconocida por los déspotas más tontos, que las formas llamadas constitucionales o representativas no son de ningún modo un obstáculo al despotismo estatista, militar, político y financiero; al contrario, legalizan el despotismo y dándole el aspecto de administración por el pueblo, pueden acrecentar considerablemente su fuerza y potencia interior."

(Bakunin: "Estatismo y Anarquía", pag. 190)

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Por su parte Marx (y en cierta medida Engels) hará esa misma crítica del Estado libre y popular. Habiendo desde muy temprano criticado la concepción de la libertad a través del Estado así como la que pretende que el hombre se libere haciendo libre al Estado ("... el Estado puede ser un Estado libre, sin que el hombre sea un hombre libre", Karl Marx, "La cuestión judía", 1843 (7)), desde que Marx conoce el programa de Gotha lanza una furibunda crítica de toda la concepción que sustenta económica y socialmente ese programa, centrando luego la misma en el famoso "Estado libre":
"Ante todo, según el capítulo II, el Partido Obrero Alemán aspira 'al Estado libre'. ¿Qué es el Estado libre?

La misión del obrero, que se ha librado de la estrecha mentalidad del humilde súbdito, no es, en modo alguno, hacer 'libre' al Estado. En el Imperio alemán el 'Estado' es casi tan 'libre' como en Rusia (8). La libertad consiste en convertir al Estado de órgano que está por encima de la sociedad en un órgano completamente subordinado a ella y las formas de Estado siguen siendo hoy más o menos libres en la medida en que limitan la 'libertad del Estado'.

El Partido Obrero Alemán - al menos, si hace suyo este programa - demuestra cómo las ideas del socialismo no le calan siquiera la piel; ya que, en vez de tomar a la sociedad existente... como base del Estado existente, considera más bien al Estado como un ser independiente, con sus propios 'fundamentos espirituales, morales y liberales'.

Y, además, ¡qué decir del burdo abuso que hace el programa de las palabras! 'Estado actual', 'sociedad actual' y de la incomprehensión más burda todavía que manifiesta acerca del Estado, al que dirige sus reivindicaciones!

La 'sociedad actual' es la sociedad capitalista, que existe en todos los países civilizados, más o menos libre de aditamentos medievales, más o menos modificada por las particularidades del desarrollo histórico de cada país, más o menos desarrollada...

Sin embargo, los distintos Estados de los distintos países civilizados, pese a la abigarrada diversidad de sus formas, tienen en común el que todos ellos se asientan sobre las bases de la moderna sociedad burguesa, aunque ésta se halle en unos sitios más desarrollada que en otros, en el sentido capitalista. Tienen también, por tanto, ciertos caracteres esenciales comunes. En este sentido puede hablarse del 'Estado actual' por oposición al futuro, en el que su actual raíz, la sociedad burguesa, se habrá extinguido.

Cabe, entonces, preguntarse: ¿qué transformación sufrirá el Estado en la sociedad comunista? O, en otros términos: ¿qué funciones sociales, análogas a las actuales funciones del Estado, subsistirán entonces? Esta pregunta sólo puede contestarse científicamente, y por más que acoplemos de mil maneras la palabra pueblo y la palabra 'Estado', no nos acercaremos ni un pelo a la solución del problema."

(Marx: "Crítica del Programa de Gotha")

Es decir Marx como Bakunin y todos los revolucionarios del pasado y el presente denuncia abiertamente la pretensión de hacer más libre o más popular al Estado, poniendo en evidencia que por más que se acoplen mil veces estas palabras a la palabra Estado no nos acercamos ni un pelo a la solución del problema, llegando a contraponer claramente a la solución democrática burguesa del Estado Popular y Libre, la posición comunista:
"Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista media el período de transformación revolucionaria de la primera en la segunda. A este período corresponde también un período político de transición, cuyo Estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado."

(Marx, idem)

Y al mismo tiempo denuncia las reivindicaciones de la socialdemocracia, como parte del viejo programa burgués, el programa democrático, ya realizado en plena sociedad capitalista. Es sumamente ilustrativo constatar, que también entonces la socialdemocracia extraía sus conceptos, sus objetivos, su "programa", de la idealización de la democracia, de la depuración idealista de lo que ya existía en el mundo burgués de entonces como dijimos al principio:
"Pero el programa no se ocupa de esta última ni del Estado futuro de la sociedad comunista. Sus reivindicaciones políticas no se salen de la vieja y consabida letanía democrática: sufragio universal, legislación directa, derecho popular, milicia del pueblo, etc. son un simple eco del Partido Popular burgués, de la Liga por la Paz y la Libertad. Son, todas ellas, reivindicaciones que, cuando no están exageradas hasta verse convertidas en ideas fantásticas, están ya realizadas... Sólo que el Estado que las ha puesto en práctica no cae dentro de las fronteras del Imperio alemán, sino en Suiza, en los Estados Unidos, etc. Esta especie de 'Estado del futuro' es ya Estado actual, aunque situado fuera "del marco" del Imperio alemán."

(Marx, idem)

Pero la socialdemocracia como partido nacional de conciliación de clases ni siquiera es consecuente con este programa burgués, ni siquiera actúa como un partido democrático burgués radical y así como Liebknecht desde el parlamento certificaría con razón, un tiempo después, que ese partido no era un partido revolucionario, sino un partido de reformas, la socialdemocracia en pleno promete al resto de los partidos burgueses que su aspiración al Estado libre se atenderá a los medios legales: "... el Partido Obrero Alemán aspira, por todos los medios legales, a implantar el Estado libre".

Marx denuncia el democratismo, el legalismo y contrapone la vieja posición revolucionaria de que es por la violencia, por la fuerza de las armas que se resolverá la lucha de clases.

"Y si no tenía el valor... de exigir la república democrática... no debía haberse recurrido al ardid... de exigir cosas, que sólo tienen sentido en una república democrática, a un Estado que no es más que un despotismo militar de armazón burocrático y blindaje policíaco, guarnecido de formas parlamentarias... ¡y encima, asegurar a este Estado, que uno se imagina conseguir eso de él 'por medios legales'!

Hasta la democracia vulgar, que ve en la república democrática el reino milenario y no tiene la menor idea de que es precisamente bajo esta última forma de Estado de la sociedad burguesa donde se va a ventilar definitivamente por la fuerza de las armas la lucha de clases; hasta ella misma está hoy a mil codos de altura sobre esta especie de democratismo que se mueve dentro de los límites de lo autorizado por la policía y vedado por la lógica."

(Marx, Idem)

Y luego de esto Marx hace añicos todas las otras reivindicaciones políticas del socialismo burgués de ese Estado Libre al que tanto aspira la Socialdemocracia poniendo en evidencia también que no son más que el "lado bueno" de la miserable sociedad burguesa ya existente, así pasa en revista otras varias reivindicaciones en donde siempre aparece la palabra "libertad" y la palabra "popular" desde los impuestos progresivos a la educación popular, desde la "libertad de ciencia" a la "libertad de conciencia" pasando por la "educación popular general e igual" y que en todos los casos han sido realizado por el Estado burgués en general:
"Que por 'Estado' se entiende, en realidad, la máquina de gobierno, o el Estado en cuanto, por efecto de la división del trabajo, forma un organismo propio, separado de la sociedad, lo que indican ya estas palabras: 'el Partido Obrero Alemán exige como base económica del Estado: un impuesto único y progresivo sobre la renta', etc. Los impuestos son la base económica del gobierno, y nada más. En el Estado del futuro, existente ya en Suiza, esta reivindicación está casi realizada. El impuesto sobre la renta presupone las diferentes fuentes de ingresos de las diferentes clases sociales, es decir, la sociedad capitalista. No tiene pues, nada de extraño que los Financial Reformers de Liverpool, -que son burgueses, con el hermano de Gladstone al frente- planteen la misma reivindicación que el programa."

(Marx, idem)

Y contraponiéndose a la tesis del Partido Obrero Alemán en la que "...exige como base espiritual y moral del Estado: 1. Educación popular general e igual..." Marx dice:
"'¿Educación popular igual?' ¿Qué se entiende por esto? ¿Se cree que en la sociedad actual (que es de la que se trata), la educación puede ser igual para todas las clases? ¿O lo que se exige es que también las clases altas sean obligadas por la fuerza a conformarse con la modesta educación que da la escuela pública, la única compatible con la situación económica, no solo del obrero asalariado, sino también del campesino?"

"Asistencia escolar obligatoria para todos. Instrucción gratuita. La primera existe ya, incluso en Alemania; la segunda, en Suiza y en los Estados Unidos, en lo que a las escuelas públicas se refiere..."

"Eso de 'educación popular a cargo del Estado' es absolutamente inadmisible."

(Marx, idem)

Y Marx denuncia la intención de la socialdemocracia de "nombrar al Estado educador del pueblo".
"'Libertad de la ciencia'; la estatuye ya un párrafo de la Constitución prusiana. ¿Para qué, pues, traer ésta aquí?

"'¡Libertad de consciencia!' Sí, en estos tiempos del Kulturkampf (lucha por la cultura - sistema de medidas legislativas del gobierno de Bismarck) se quería recordar al liberalismo sus viejas consignas, sólo podía hacerse, naturalmente, de este modo: todo el mundo tiene derecho a satisfacer sus necesidades religiosas, lo mismo que a hacer sus necesidades físicas sin que la policía tenga que meter las narices en ello. Pero el Partido Obrero, aprovechando la ocasión, tenía que haber expresado aquí su convicción de que 'la libertad de consciencia' burguesa se limita a tolerar cualquier género de libertad de conciencia religiosa, mientras que él aspira, por el contrario, a liberar la conciencia de todo fantasma religioso. Pero se ha preferido no salirse de los límites 'burgueses'..."

(Marx, idem)

El concepto de Estado libre es la expresión sintetizada y "superior" (9) de todas esas libertades burguesas particulares y en última instancia de la libertad burguesa propiamente dicha, la libertad mercantil, la libertad de la propiedad privada, la libertad de explotar, la liberación del trabajo tal como se expone en el cuerpo principal del texto sobre la libertad. Nada más lógico entonces que el programa de Gotha también contuviera la apología de la liberación y emancipación del trabajo, que resultó históricamente de una corrección/revisión de la frase del Manifiesto que hablaba de la emancipación de la clase obrera. Por supuesto que Marx y Engels también criticaron esto:
"Luego sigue todo ese palabrerío acerca de la 'emancipación del trabajo', cuando de lo único que puede tratarse es de la emancipación de la clase obrera, dado que el trabajo por su parte, es hoy ya demasiado libre."

(Engels a Bebel, 12 de octubre de 1875)

Teniendo en cuenta la totalidad del programa de Gotha Marx concluye que el programa es una conciliación entre la fe en la democracia y la fe en el Estado, lo que se encuentra en total contraposición con los intereses del proletariado y su programa revolucionario:
"Pese a todo su cascabeleo democrático, el programa está todo infestado hasta el tuétano de la fe servil de la secta lassalleana en el Estado; o -lo que no es mejor ni mucho menos- de la superstición democrática; o es más bien un compromiso entre estas dos supersticiones, ninguna de las cuales tiene nada que ver con el socialismo."
También Engels criticará el Programa y el Partido surgido de Gotha. Citamos a continuación una carta de Engels a Bebel fechada el 18-28 de marzo de 1875:
"... se reniega prácticamente por completo,... del principio internacionalista del movimiento obrero."

"... el programa plantea como única reivindicación social la ayuda estatal lassalleana en su forma más descarada, tal como Lasalle la plagió de Buchez... Nuestro partido (sic (10)) no podía llegar a mayor humillación. ¡El internacionalismo rebajado a la altura de un Amand Gögg, el socialismo a la del republicano burgués Buchez, que planteaba esta reivindicación frente a los socialistas para combatirlos!"

El Estado popular libre será también blanco central de la crítica de Engels:
"El Estado popular libre se ha convertido en el Estado libre. Gramaticalmente hablando. Estado libre es un Estado que es libre respecto a sus ciudadanos, es decir, un Estado con un Gobierno despótico. Habría que abandonar toda esa charlatanería acerca del Estado, sobre todo después de la Comuna, que no era ya un Estado en le verdadero sentido de la palabra (11). Los anarquistas nos han echado en cara más de la cuenta esto del 'Estado popular', a pesar de que ya la obra de Marx contra Proudhon (es decir "La Miseria de la Filosofía" NDR) y luego el Manifiesto Comunista dicen claramente que, con la implantación del régimen social socialista, el Estado se disolverá por sí mismo {sich auflöst} y desaparecerá (12). Siendo el Estado una institución meramente transitoria, que se utiliza en la lucha, en la revolución, para someter por la violencia a los adversarios, es un absurdo hablar de Estado popular libre: mientras el proletariado necesite todavía del Estado no lo necesitará en interés de la libertad, sino para someter a sus adversarios, y tan pronto como pueda hablarse de libertad, el Estado como tal dejará de existir. Por eso nosotros propondríamos decir siempre, en vez de la palabra Estado, la palabra Comunidad (Gemeinwesen), una buena y antigua palabra alemana que equivale a la palabra francesa 'Commune'."

(Engels a Bebel, 18-28 de marzo de 1875)

Luego de lo cual Engels, como Marx, se declara globalmente en contraposición con la totalidad del programa, anunciando que deslindarán responsabilidades públicamente, lo que como se sabe y vimos más arriba por razones de oportunidad, totalmente condenables, nunca llevaron a cabo, de la misma manera que tampoco efectuaron una verdadera crítica pública de la socialdemocracia y su programa lo que perpetuaría hasta el presente la amalgama que ya se hacía en la época entre Marx y Engels y la socialdemocracia:
"Y termino aquí, aunque habría que criticar casi cada palabra de este programa, redactado además sin jugo y sin brío. Hasta tal punto que, caso de ser aprobado Marx y yo jamás podríamos militar en el nuevo partido erigido sobre esta base y tendríamos que meditar muy seriamente en qué actitud habríamos de adoptar frente a él, incluso públicamente. Tenga usted en cuenta que, en el extranjero, se nos considera a nosotros responsables de todas y cada una de las manifestaciones y de los actos del Partido Obrero Socialdemócrata Alemán. Así, por ejemplo, Bakunin en su obra Política y Anarquía nos hace responsables de cada palabra irreflexiva pronunciada y escrita por Liebknecht desde la fundación de la Democratisches Wochenblatt (Semanario Democrático publicado en Leipzig de 1868 a 1869 bajo la dirección del propio Liebknecht). La gente se imagina, en efecto, que nosotros dirigimos desde aquí todo el asunto, cuando usted sabe tan bien como yo, que casi nunca nos hemos mezclado en lo más mínimo en los asuntos internos del partido... Pero usted comprenderá que este programa representa un viraje, el cual fácilmente podría obligarnos a declinar toda responsabilidad respecto al partido que lo adopte."

(Engels, idem)

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Como se ve en esta carta así como en toda la correspondencia de Marx y Engels de esos años, la potente y correcta crítica de Bakunin a toda la práctica de la socialdemocracia y a su concepción del Estado libre, tuvo mucha influencia en Marx y Engels así como coincidencias decisivas y ello a pesar de que en esos años las divergencias políticas típicas de la ola de derrotas que se vivía y del invariante renacimiento sectario que lo acompaña estaba en pleno apogeo: el odio y las luchas fratricidas entre ambos grupos de militantes abarcaba a todo el movimiento.

No es este el lugar para entrar en el detalle de esa polémica, ni en la enorme falsificación que de la misma han hecho las diferentes fracciones del partido socialdemócrata (desde los "anarquistas" republicanos a los "comunistas" democrato populares); lo que si interesa afirmar es que lo que de la misma se ha dicho y hecho popular como una división entre marxistas y anarquistas es profundamente falsa. En efecto el caso de Bakunin criticando a un Marx populista y demócrata que no existía se completaba con la visión de Bakunin que tenía Marx en la que lo veía en permanente alianza disolutiva (y populista) con todo tipo de organización burguesa, como la famosa Liga por la Paz y la Libertad y con un proyecto claramente reformista de "abolir las diferencias de clases" en vez de las clases mismas. Un estudio -que es posible en la actualidad- más serio de Bakunin muestra que nunca fue tan populista, demócrata, ni antiautoritario como luego el "anarquismo" oficial (¡que sí llegaría a ser hasta republicano!) haría de él; que siempre fue partidario de estructuras organizativas internacionalistas con un programa claramente revolucionario. Además como todo revolucionario sincero fue determinado por el movimiento mismo a asumir la necesidad de la dictadura para acabar con el capitalismo, aunque a diferencia de Marx y Engels que siempre lo reivindicaron abiertamente como dictadura del proletariado Bakunin tenía una concepción mucho más conspirativa, secreta, y elitista de la dictadura revolucionaria: "Pilotos invisibles en medio de la tempestad popular, nosotros debemos dirigirla, no gracias a un poder ostensible sino gracias a la dictadura colectiva de todos los 'aliados'. Dictadura sin banda presidencial, sin título, sin derecho oficial, y tanto más potente por el hecho de no poseer ninguna de las apariencias del poder."(13)

Si, la falsificación histórica cometida es enorme. Pero lo que nos interesa a nosotros revolucionarios va más allá todavía de la denuncia de esta falsificación y de la exposición de la verdadera polémica. Es cierto que se puede presentar contra "anarquistas y comunistas" en forma provocativa pero simultáneamente de forma muy documentada justo lo contrario de lo que nos han dicho. Así se puede afirmar contra la corriente el carácter más o menos "libertario y expontaneista" de Marx que lo conduce de manera irresponsable a considerar un poco después que el Partido del proletariado no necesita más organización formal internacional y disolver la AIT; o considerar el carácter totalmente "partidista" de Bakunin que lo conduce a tener una práctica fraccionista en esa misma Internacional (14). Pero desde el punto de vista de la afirmación del programa revolucionario es un hecho mucho más decisivo todavía la contraposición general entre reforma del Estado y destrucción del Estado, que todas las vertientes socialdemócratas ("socialistas", "anarquistas", "comunistas", trotskistas, stalinistas, maoistas, guevaristas...) se han encargado de ocultar. Una vez más, contra ellos, lo importante aquí es subrayar que todos los militantes revolucionarios criticaron desde muy temprano el concepto de Estado libre y popular de la socialdemocracia y como esa crítica los conduce naturalmente a afirmar la necesidad (en esos años todavía de forma confusa e incipiente) de la dictadura revolucionaria y de la destrucción de todo Estado.

No cabe dudas tampoco que también en la afirmación de esta necesidad de la dictadura revolucionaria hay una diferencia cualitativa entre Marx y Bakunin aunque también aquí pueda constatarse la inversión de posiciones con respecto a lo que dice la corriente. Oficialmente nos presentan a Marx como partidario de la política y a Bakunin como contrario y no cabe dudas que hay aspectos formales de la polémica que pareciera adoptar esa forma y que usan esa terminología. Sin embargo la realidad es totalmente diferente, Marx comprende la dictadura del proletariado como necesidad social e histórica para abolir la sociedad del capital, por lo cual la acción subjetiva, voluntaria, política se encuentra materialmente determinada y debe proclamarse abiertamente, mientras que el supuesto apoliticismo de Bakunin combinado con su no reconocimiento de la dictadura social del proletariado, ni de la necesidad histórica de la dictadura como cuestión social (contra la ley del valor), lo lleva a una concepción totalmente voluntarista, secreta y por lo tanto policiticista de la dictadura y del partido. "...Y para salvar la revolución, para conducirla a buen fin, en el medio de esta anarquía, la acción de una dictadura colectiva, invisible, no revestida de ningún tipo de poder y por ello mismo más eficaz y potente, la acción natural de todos los revolucionarios socialistas enérgicos y sinceros diseminados por la superficie del país y de todos los países, pero unidos fuertemente por un pensamiento y una voluntad común." (15)

Claro que incluso en estas afirmaciones Bakunin, a pesar de las divergencias, se encuentra de nuestro lado de la barricada: luchando contra el individuo libre, organizando, dirigiendo, afirmando el hecho de consciencia y voluntad colectivos como clave del Partido, de la revolución (16), afirmando la acción directa y organizada de los militantes revolucionarios ("nuestro pequeño partido" dice Bakunin en algunos documentos) para dirigir la revolución. Así por ejemplo no tiene pelos en la lengua para luchar contra la ideología de la libertad individual: "La ley suprema de nuestra fraternidad, todo el secreto de nuestra potencia, es la disolución de todas las iniciativas individuales en el pensamiento, en la voluntada y en la acción colectivas."(17)

Más aún contra las concepciones cada vez más dominantes de rechazo de la conspiración y la acción de las minorías revolucionarias, de apología de la "masa obrera", de la igualación de individuos y de las grandes mayorías típica de la socialdemocracia (18) (y que será desde entonces una característica esencial de lo que se autodenominan "anarquistas"), Bakunin, como todos los revolucionarios, se caracterizó por reivindicar la acción minoritaria contracorriente, por advertir contra los riesgos del reclutamiento masivo, por combatir contra la predominancia de la mayoría de individuos sin suficientes determinaciones revolucionarias (inmediatismo, localismo...), en fin por llamar a la desconfianza contra los principios organizativos democráticos. Todos sus escritos político-organizativos son al respecto totalmente explícitos. Así en el Programa de la Fraternidad llama a ser vigilantes contra la invasión creciente de las categorías organizativas inferiores (en términos de compromiso militante), locales o nacionales frente a las categorías programáticamente más altas e internacionales: "Para alcanzar ese objetivo cuya realización se encuentra siempre amenazada por la invasión naturalmente creciente de las mayorías de las categorías inferiores en relación a las categorías superiores (dado que es natural que en cada país haya más hermanos solamente nacionales que hermanos internacionales, y en cada región más hermanos solo regionales que hermanos nacionales y así sucesivamente), es absolutamente necesario que los hermanos internacionales, antes que nada, y luego de ellos, sucesivamente los hermanos nacionales y regionales tengan una influencia, una predominancia intelectual y moral sobre todas las fraternidades inferiores, que de hecho, por la persevernancia, energía, inteligencia y eficacidad de su acción se transformen y sigan siendo el alma, el centro real, natural y siempre necesario, sin el cual toda la organización se derrumbaría." (19)

En fin, hechas estas aclaraciones lo importante es que más allá de esas divergencias con las que tanto nos ocultan lo esencial existe una comunidad de lucha y de programa que el proletariado iba gestando y que se cristalizaba en la acción práctica y teórica de militantes como Marx, Bakunin o muchos otros. Lo verdaderamente crucial en esta fase de afirmación histórica del proletariado no son las lógicas inconsecuencias de cualquiera de esos militantes. No es la falta de claridad de Marx en cuanto a su ruptura con la socialdemocracia que lo llevará a mil claudicaciones programáticas incoherentes con su teoría revolucionaria (como con respecto al parlamento, al sufragio universal, a la liberación nacional,... o a la misma socialdemocracia alemana formal), ni de Bakunin en sus prácticas politicistas que lo llevarán a contradecir en los actos elementos decisivos de la teoría revolucionaria (Ejemplo: ¡tentativa de abolir el Estado a partir de un decreto adoptado en la toma de una intendencia!, o su falta total de ruptura pública con respecto a la Liga de la Paz y la Libertad), sino que más allá de todas esas oscilaciones propias a un período en donde el proletariado se va demarcando en su práctica revolucionaria de la socialdemocracia, hay una lucha abierta que empuja a esa separación y contraposición histórica, que se expresa ampliamente en los textos de Marx, Engels, Bakunin y otros militantes internacionalistas en esos mismos años y que tiene como objetivo la constitución del proletariado en fuerza histórica opuesta a todo el orden establecido, la ruptura total con la democracia y por lo tanto con todos los partidos de la socialdemocracia; en fin, que tiene por objetivo, la organización del partido de la revolución para la destrucción total del capital y del Estado mundial.

Es precisamente en este nivel histórico de nuestro Partido, que se sitúa nuestra crítica de la libertad del mundo del capital, que se sitúa nuestra crítica del Estado libre, del Estado popular... Es precisamente a ese nivel que se sitúa el aporte de esas viejas (¡y nada sagradas!) barbas como las primeras sistematizaciones de la contraposición histórica entre el reformismo y la revolución, entre la solución socialdemócrata a la cuestión del Estado (el Estado libre, popular, democrático,...) y la solución revolucionaria a la cuestión del Estado:

Dictadura revolucionaria del proletariado

para destruir la sociedad mercantil y abolir todo estado. (20)

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Notas :

1. En todas las formas sociales precapitalistas y en el capitalismo, el Estado, como organización armada de la dominación, como potencia de reproducción ampliada del modo de producción y de explotación social, es por excelencia una fuerza de autoperpetuación. El Estado capitalista, como potencia de los capitalistas coligados, tiene como función la de perpetuar al capitalismo, a los capitalistas como clase y por lo tanto a sí mismo. En la guerra social contra el capitalismo el proletariado por el contrario contiene no solo la negación del capitalismo sino su propia negación; por eso el "Estado" del proletariado, no es un Estado en el sentido tradicional del termino, porque contiene su disolución, su extinción. Se trata de la negación activa de la dictadura del capital y por lo tanto negación de toda dictadura y de todo Estado.

2. Buonarroti, "Conspiration pour l'Egalité dite de Babeuf" in Les Classiques du Peuple, Editions Sociales, páginas 45 y 46.

3. Dos aclaraciones imprescindibles: La primera es que utilizamos aquí "Marxista" en el sentido del disecamiento de la obra de Marx y la elaboración de la ideología marxista en tanto que ideología del Estado burgués para lo obreros: apología del trabajo, de la centralización económica, de las nacionalizaciones, de las instituciones democráticas etc. La segunda es que esta formación oficial y de masas de la socialdemocracia no es para nada la primera existencia de la socialdemocracia como partido burgués para los obreros. En efecto la socialdemocracia como concepción y como partido histórico de la contrarrevolución es un hecho mucho más global y que comienza históricamente mucho más temprano. Desde que el proletariado busca emanciparse de la burguesía, situándose fuera y contra de su égida se desarrollan las tentativas burguesas de constituir partidos para los obreros que proclamen por todos los medios la política contraria de sumisión al pueblo, a la democracia, a las alianzas, a los frentes, a la realización de las tareas democráticas o/y nacionales... E incluso mucho antes que este partido socialdemócrata asumiera la forma que asumiría en 1875 en Alemania ya habían existido diversas formas y expresiones formales del mismo en un gran número de países.

4. Conviene recordar que este programa de la socialdemocracia cuyo principal redactor fue el "marxista" W. Liebknecht continuó rigiendo durante más de 15 años la vida de esta organización, hasta que el Congreso celebrado en Halle el 16 de octubre de 1890 encomendara la redacción de un nuevo proyecto de programa que fue aprobado en Erfurt en 1891.

5. Por ejemplo en una carta a Bracke del 5 de mayo de 1875 Marx dice "Luego del congreso de fusión, publicaremos, Engels y yo, una breve declaración en la cual diremos que nosotros no tenemos nada en común con ese programa de principios." (carta de Marx a Bracke el 5 de mayo de 1875). El absurdo pretexto que encontrarán Engels y Marx para no hacer esa ruptura pública será que las dos clases de la sociedad verán en ese programa, un verdadero programa revolucionario, hasta un programa comunista, cuando no era más que un programa democrático burgués. "En vez de eso, esos burros de periodistas burgueses tomaron ese programa totalmente en serio y leyeron en el mismo lo que no se encontraba, interpretándolo hasta como comunista. Los obreros parecen hacer lo mismo. Esa es la única circunstancia que nos ha permitido a Marx y a mí, de no desolidarizarnos públicamente con ese programa: mientras que nuestros adversarios y también los obreros presten nuestras intenciones a ese programa, nosotros podemos callarnos." (carta de Engels a Bebel 12 de octubre de 1875). Se trata de un error político monstruoso cometido por Marx y Engels; basándose en lo que "se piensa de", se deja de decir lo que es: el costo político de este silencio ha sido gigantesco para el proletariado y para sus minorías de vanguardia.

6. Contrariamente a lo que se cree de que el partido socialista alemán habría sido representado por Marx y Engels en la Internacional, Bakunin tiene razón no solo real y programáticamente en la medida de que la socialdemocracia es un partido nacional burgués opuesto a la Internacional, sino incluso en lo que respecta a la práctica organizativa. En efecto la adhesión de la izquierda de ese partido representado por Bebel y Liebnecht a la Internacional (porque el resto ni siquiera simpatizaba con la Internacional obrera) fue meramente formal. Como dice Engels en una carta a T. Cuno el 7/8 marzo de 1972: "la posición del Partido obrero alemán con respecto a la Internacional nunca fue clara. Solo hubo una relación meramente platónica, nunca hubo una verdadera adhesión, ni siquiera de personas aisladas (salvo algunas excepciones)..." Y luego de decir que nunca hubo formación de secciones porque estaba legalmente prohibido Engels insiste que "... en Alemania se limitan a reivindicar los derechos de miembro (de la Internacional NDR) sin soportar los deberes..."

7. En ese mismo texto Marx agrega "Pero a fin de cuentas la actitud del Estado, sobre todo del Estado libre, para con la religión es sólo la de los hombres que lo componen. Por tanto el hombre se libera en el medio del Estado, políticamente de una barrera, elevándose sobre ella en una forma parcial, abstracta y limitada."

8. Véase como Marx ridiculiza la reivindicación del Estado libre, diciendo que en Alemania es casi tan "libre" como en Rusia, lo que teniendo en cuenta la frase siguiente y la comprensión de Marx de realidad Europea de entonces, quiere decir que en Alemania el gobierno es casi tan despótico como el de Rusia, considerado entonces como el despotismo por excelencia. Obsérvese que Marx se guarda bien de indicar esta "libertad" del "Estado" entre comillas contraponiéndola a la verdadera libertad que comienza ahí adonde se limita la "libertad del Estado" (o más profundo aún cuando el Estado no existe más).

9. No hemos considerado correcto decir que el Estado libre es el nivel supremo de todas esas libertades porque podría inducir al error de olvidar que el nivel determinante es precisamente la libertad de trabajo y éste es el resultado de la libertad en tanto que separación histórica del productor de sus medios de vida.

10. NDR. No cabe ninguna duda de que esta posición de Engels de considerar ese partido formal al que denuncia por su práctica y su programa como un partido democrático, como un partido burgués, cómo un partido de conciliación con el Estado,... como "nuestro partido" es una gravísima concesión que tuvo innumerables e inconmensurables consecuencias prácticas y que las sigue teniendo hoy en día.

11. Téngase en cuenta que en los programas de la socialdemocracia como en los de todos sus epígonos nunca se sabe bien de que situación o Estado se trata. Así nunca se sabe si se habla de una situación pre o post revolucionaria, si se refieren al Estado burgués o al anti Estado por excelencia es decir el proletariado ejerciendo su dictadura. Véase como ejemplo el Programa de transición trotskista en el que lo típico es levantar banderas y consignas que solo serían realizables por el proletariado en armas destruyendo el Estado, pero precisamente sin hacer referencia explícita a lo que es fundamental: la ruptura revolucionaria. ¡Cómo si fuesen realizables en base a exigencias al Estado burgués! Por eso Engels se ve obligado primero a criticar el Estado libre, como Estado burgués mostrando que es necesariamente despótico y luego habla del "Estado" postrevolucionario diciendo precisamente que no es un "Estado" en el sentido en el que es utilizado habitualmente, lo que incluye a la socialdemocracia y también a los ya autodenominados "anarquistas".

12. En contraposición a todo el marxismo leninismo que ha imaginado el socialismo con mercancía, con dinero, con ley del valor y con "Estado Obrero", es fundamental restaurar y subrayar este ABC de nuestra concepción la dictadura revolucionaria del proletariado al instaurar un régimen social sin mercancía, sin propiedad privada, sin valor,... es decir un sistema social socialista se hace a si misma innecesaria lo que posibilita la extinción, la disparición del Estado.

13. Carta a Albert Richard fechada el 14 de abril de 1871. Queremos dejar claro que la afirmación de Bakunin de la dictadura secreta y potente no es una excepción, sino que es una tesis constante de dicho militante en todo el período aliancista que públicamente se conoce como el más antiautoritario de él. Ello solo puede comprenderse bien si se conoce la práctica general de Bakunin con sus innumerables niveles de organización y de programa desde niveles muy abiertos y populistas, hasta niveles sumamente clandestinos y claramente partidarios del internacionalismo, del socialismo revolucionario, en base a una organización sumamente disciplinada y jerárquica. Así la organización de Y, se estructura en base a una serie de categorías que van desde los "hermanos internacionales" a las "alianzas locales" y Bakunin establece que "... todas las categorías inferiores (subsecuentes) deben ser organizadas de tal manera que obedezcan siempre, más todavía de hecho que de derecho, a la dirección que les es impuesta por las categorías superiores." Traducido por la redacción de Comunismo. (Bakunin Programa de Y [de la Fraternidad Internacional], Oeuvres complètes, vol. 6, Ed. Champ Libre, p.186).

14. Guy Debord en "La sociedad del espectáculo" es uno de los pocos que comprende, al menos en parte, el sentido de la polémica entre Bakunin y Marx. Ver al respecto la parte número IV de ese libro ("El proletariado como sujeto y como representación") y en particular la tesis 91. Citamos a continuación un brevísimo extracto: "... Marx, que creía que una maduración conjunta e inseparable de las contradicciones económicas y de la educación democrática de los obreros reduciría el rol de un Estado proletario a una simple fase de legalización de las nuevas relaciones sociales que se impondrían objetivamente, denunciaba en Bakunin y en los partidarios de éste el autoritarismo de una élite conspirativa que se había puesto deliberadamente por encima de la Internacional y formaba el proyecto extravagante de imponer a la sociedad la dictadura irresponsable de los más revolucionarios, o de aquellos que se habrían designado ellos mismos como tales..."

15. Carta a Richard del 12 de marzo de 1870.

16. ¡Lo grave es que algunos partidistas, entre los cuales los bordiguistas, creen que fue Bordiga el primero en haber afirmado el partido como hecho de voluntad y consciencia!

17. Bakunin idem. página 190.

18. A la que el propio Engels sucumbirá totalmente en algunas ocasiones. Véase por ejemplo el famoso y contrarrevolucionario Prólogo a "La lucha de clases en Francia".

19. Bakunin idem p. 196.

20. Véase también el número 31 de nuestra revista COMUNISMO que trata precisamente de la contraposición histórica entre comunismo y Estado y que lleva como título general: "CONTRA EL ESTADO".

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