La Bestia de la Propriedad

Johann Most (1883)

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Introducción

Diversos fueron los criterios que nos determinaron a publicar el texto que a continuación les presentamos: actualidad del sujeto, fuerza de los argumentos, clarividencia; empero nuestro objetivo principal es él de contribuir a derribar un mito que hoy todavía persiste. Nos referimos al mito, a la falsificación de la historia que consiste en afirmar que ninguna organización revolucionaria pudo existir y mantenerse afuera y en contra de la Socialdemocracia antes de 1914. Los orígenes y fundamentos de esta mentira se encuentran en la ciega obstinación de aquellos que consideran a la Socialdemocracia (en la que se incluye a todos los partidos organizados en torno a la Segunda Internacional) como LA organización, como EL partido de la revolución. Según estos individuos, toda tentativa de organizarse afuera y en contra de la Socialdemocracia antes de esta fecha estaba condenada a la muerte o al sectarismo.

Estamos en radical desacuerdo con esa posición y, sin entrar en detalles, nos parece importante precisar que la Socialdemocracia desde su origen fue una organización de canalización de los intereses obreros hacia la reforma del sistema capitalista contraponiéndose invariantemente a los intereses revolucionarios del proletariado. Es en este sentido que nosotros la consideramos un partido obrero burgués, es decir un partido burgués para los obreros. Dicho partido histórico de la contrarrevolución especialmente dedicado a "tratar los intereses obreros y socialistas" del cual podemos ya encontrar expresiones formales desde muy temprano, se transforma en poderosas estructuras masivas de encuadramiento obrero a mediados del siglo pasado y tiene su más amplio desarrollo en cada fase contrarrevolucionaria. Así luego de la derrota de la Comuna de París y más generalmente, la derrota del movimiento proletario en todo ese período, la Socialdemocracia tiene un enorme desarrollo masivo con concretizaciones formales en muchos países llegando a una época de esplendor organizativo y teórico. Al mismo tiempo que se va consolidando como organización "Internacional" (en 1889 se funda la Segunda Internacional) (1), lo que no solo refleja el encuadramiento de los proletarios sino el trágico aislamiento de los revolucionarios, la Socialdemocracia inventará el marxismo (es decir una tentativa de renovar, según los criterios de la nueva moda, las viejas teorías de la economía política que Marx había criticado violentamente), ideologizando el programa revolucionario elaborado por Marx y Engels, vaciándolo de su contenido necrológico manteniendo sólo la envoltura, la forma; y construir una falsa filiación entre la Primera Internacional, de la que toma hábilmente el nombre, intentando presentarse como su continuidad: "Segunda Internacional". La Socialdemocracia, es decir el partido por excelencia del Capital para los obreros (2), se transformará, así, en un polo de atracción de primer orden para el proletariado que será enrolado y disciplinado para participar en la buena marcha del sistema y en las diferentes guerras imperialistas que el capital necesita en su ciclo infernal.

¿Cómo la Socialdemocracia alcanza estos objetivos? Desintegrando al proletariado, reduciéndolo a una simple categoría económica: "los obreros", encasillándolos, de esta manera, en "los que trabajan" (o "en los que ganan tanto por mes"). Poco importan las veleidades de lucha de los proletarios, la Socialdemocracia está ahí para aniquilarlas por todos los medios, organizando para ello cada detalle de la vida cotidiana de los obreros en tanto que categoría del capitalismo: crea sindicatos, escuelas, universidades, grupos culturales, corales,... De esta manera controla permanentemente la vida de los obreros y canaliza toda manifestación de rabia hacia la "mejora de las condiciones de existencia". Se trata de hacer menos insoportable la explotación a los ojos del proletariado, de adornar y pintar la casa para que los oprimidos acepten su sumisión.

La fuerza de la Socialdemocracia en Alemania, organizada en el SPD, fue inmensa. Pero a pesar de ello siempre hubo grupos de militantes que intentaron organizarse contra su programa: el grupo denominado "Die Jungen" (Los jóvenes) fue una de las oposiciones más interesantes. Dicho grupo luchó, desde 1889 a 1891 (fecha en que se les expulsa), contra el parlamentarismo y el reformismo, reivindicó el programa revolucionario de Marx, rechazando lo que de éste hizo la Socialdemocracia. Otras oposiciones lucharon, igualmente, en esta época, contra el contenido contrarrevolucionaria de esta organización, que habla en nombre de la revolución pero que defiende el reformismo, el parlamentarismo, el gradualismo, el progresismo, el pacifismo, la democracia.... Sin embargo pocos fueron capaces de reapropiarse de las bases del programa revolucionario y en particular de la sistematización efectuada por Marx y Engels. El número de militantes que era capaz de comprender la contraposición entre Marx y el "marxismo" (ideologización de la obra de Marx) era muy reducido (¡a Marx no le sirvió de mucho declarar que no era marxista!), muchos negaron la importancia programática del primero en su lucha contra el segundo, lo que les llevará a los brazos de la ideología anarquista.

Debemos subrayar aquí que las oscilaciones y ambigüedades de Marx y Engels, con respecto a la Socialdemocracia misma, contribuyeron a su obra contrarrevolucionaria. En efecto durante años las fundamentales críticas programáticas efectuadas por ellos no fueron dadas a publicidad, haciéndose los propios Marx y Engels cómplices de este ocultamiento, por razones de "oportunidad": las críticas públicas y hasta la ruptura formal con esa organización fueron postergadas "para más adelante". A la muerte de Marx, como es sabido Engels se compromete mucho más con la política programática y organizativa de la socialdemocracia, llegando a apoyar la práctica organizativa de esa organización burguesa para los obreros y hasta a darle su toque de "autoridad" para expulsar a los mejores militantes clasistas: es el caso de "Die Jungen"

Dicho grupo se afirmará en oposición radical al gradualismo, al pacifismo, al parlamentarismo del partido socialdemócrata oficial (SPD) y llamará a la lucha a muerte de los explotados contra los explotadores, oponiéndose a todo compromiso. Su oposición a participar en el carnaval electoral se realiza en base a la afirmación de que el trabajo parlamentario hace "degenerar al SPD transformándolo en un partido reformista de orientación pequeño burguesa". "Die Junguen", bien implantado en Berlín, Dresde y Magdebourg, luchó para que el SPD cambiase de orientación y cesase su doble discurso: retórica revolucionarista en los discursos pronunciados en los mitines obreros, y paralelamente una práctica abiertamente contrarrevolucionaria que privilegiaba el acuerdismo y la conciliación de clases. Durante el congreso de Erfurt, en 1891, el grupo "Die Jungen" fue expulsado del partido socialdemócrata y sus miembros formaron inmediatamente una "Agrupación de Socialistas Independientes" que como su nombre lo indica reagrupaba, bajo el mismo estandarte del anti-parlamentarismo y del anti-reformismo a tendencias extremadamente diversas. En su interior, se encontraban frente a frente partidarios del diario "Freiheit" de Johann Most (ver infra), con partidarios de la ideología anarquista, como Landauer, también se encontraban partidarios de Marx y en fin una tendencia que se afirmará como anarquista-comunista. "Der Socialist: el órgano de todos los revolucionarios", será el centro de polémicas que opondrán a todas estas tendencias y durará hasta 1899. Mientras algunas de estas tendencias criticarán los fundamentos programáticos de la socialdemocracia otras se contentarán de una crítica superficial, protestando únicamente de la dictadura que el partido imponía a sus miembros y quejándose por la centralización y las exclusiones, sin cuestionar los fundamentos del programa histórico de la burguesía para los obreros. Gustavo Landauer fundador y director de Der Socialist expresará este tipo de tendencia inconsecuente dándole al periódico una orientación que se inspiraba profundamente del programa que con tanto celo propagandeaba: una nueva versión socialdemócrata, la del anarquismo ideológico que privilegiaba como ejes de la lucha el educacionismo (educar individualmente a los proletarios con las ideas socialistas antes de la acción), el gestionismo (formar comunidades que producen según las necesidades) y el pacifismo (contra la violencia y la acción directa). Landauer promovía una "verdadera democracia", rechazaba la dictadura del proletariado ("la odio y la combatiré como la peste si ella amenaza") y se reivindicaba (reivindicándose) del anarco colectivismo. Un tiempo después se pronunciará por un retorno a Proudhon y con él al reformismo burgués más chato: cooperativas de producción y cambio, mutualidades, "medios intelectuales libres", resistencia pasiva... hasta que la propia "revolución" se transforma en un asunto de liberación interior, de extensión de medios libres, de cooperativas bajo la égida de intelectuales educadores del pueblo, etc. En esa nueva misión socialdemócrata, ese antiparlamentario de principios llegará hasta el parlamento para "combatir sin concesión" el sistema parlamentario y defender toda su ideología anarquista. Su brutal asesinato, en mayo 1919, en Munich, hará olvidar a muchos su papel histórico contrarrevolucionario.

Pero si bien algunos "Jungen" caían en ese pantano contrarrevolucionario, otra fracción, que surgió de la tendencia anarquista-comunista, retomó la antorcha revolucionaria y se opuso violentamente al pacifismo-cooperativismo de Landauer. Así militantes comunistas se levantan contra "Der Sozialist", reclamando una alternativa totalmente antagónica a las teorías de las cooperativas obreras: la participación plena y entera en la lucha de clases. Para luchar por esas posiciones crean su propio órgano que se llamará "Neues Leben" (Nueva vida), que aparecerá a partir de julio 1897 bajo la dirección del obrero metalúrgico Paul Pawlowitsch. Los grupos organizados en torno a la "Neues Leben" constituyen la mayoría del movimiento y fueron, finalmente, capaces de suplantar el nuevo "Sozialist" de Landauer, que dejó de aparecer en diciembre 1899.

La "Neues Leben" se transforma, con el desarrollo de las luchas durante el cambio de siglo, en diciembre 1904 en "Der Freie Arbeiter" (el trabajador libre), el que continuará existiendo hasta 1914. La táctica de la acción directa fue difundida y defendida como legítima defensa del obrero contra la explotación patronal. Roller escribía al respecto en 1903

"La denominación general de acción directa engloba la huelga terrorista revolucionaria, el terror económico, el terrorismo personal en contra del explotador y el capataz, el sabotaje, el Gocanny, el obstruccionismo, el boycott, en contra de los déspotas capitalistas, en unas cuantas palabras todos los medios directos, enérgicos, revolucionarios capaces de imponer sin intermediario y sin vueltas las exigencias del proletariado".

Los diversos grupos que componían la "Neues Leben", y militantes de otros horizontes que se asocian a estos, fueron la base a través de la cual se creará el "sindicato" FDVG que, contrariamente a la CGT en Francia, rechazó en 1914 la Unión Sagrada y la participación en la guerra imperialista generalizada. La FDVG fue una de las pocas organizaciones llamadas obreras que fue prohibida durante la guerra y que luego participó en el formidable movimiento revolucionario que sacudió a Alemania a partir de 1918.

Con esta breve trayectoria que hacemos de la Socialdemocracia formal en Alemania, hemos querido insistir sobre la necesidad de romper con el mito creado con respecto a ella. Es por eso que consideramos el texto escrito por Johann Most en 1883, "La bestia de la propiedad", como un texto interesante e importante. Forma parte de las tentativas de ruptura con respecto a la Socialdemocracia, y por ello lo publicamos a pesar de sus limitaciones y sus no rupturas.

Dicho texto es representativo del período en que se escribe, materializa los combates militantes de su época y forma parte de la memoria de los numerosas tentativas revolucionarias de dirigir las luchas contra la Socialdemocracia. Fue escrito en los Estados Unidos en 1883 por un militante que había sido hasta diputado: Johann Most. La trayectoria de este compañero es similar a la de numerosos militantes del mundo entero en su lucha por organizarse afuera y en contra de la Socialdemocracia. Es por ello que esta trayectoria tiene mucha importancia.

Johann Most, nació en Alemania en 1846. En 1867 se integra a la sección de Zurich (Suiza) de la AIT. De 1869 a 1870 vive en Viena (Austria), en donde es encarcelado 3 veces por sus actividades militantes. En 1871 es expulsado de Austria y regresa a Alemania, en donde edita diferentes periódicos socialdemócratas. En 1874 es elegido al Reichstag. Su experiencia lo lleva a romper con el SPD. Most esperaba encontrar en el parlamento una arena en donde se podía defender el socialismo y los intereses de la clase obrera, pero realmente descubrió que se trataba de "un teatro de marionetas", como lo denominaría él mismo. Las ilusiones de Most con respecto a la utilización del parlamento como tribuna para la revolución no duraron mucho tiempo. Su rápido desencanto antecede al que vivirán otros militantes: desde Karl Liebknecht a Domela Nieuwenhuis, pasando por Otto Ruhle. El rechazo al parlamentarismo, incluso a la ilusión del "parlamentarismo revolucionario" se hizo en todos estos casos sobre bases clasistas (3).

En 1878 Most fue reelegido al Reichstag (parlamento alemán), pero en ese mismo año rompe y abandona el partido (SPD). 1878 es también el año en el que el gobierno de Bismarck lanza la ofensiva contra las "actividades socialistas" y en general contra toda tentativa organizativa clasista. En realidad, el SPD no se vio impedido de proseguir, bajo estas leyes "antisocialistas" (llamadas "Leyes de Excepción"), sus actividades en el Reichstag. Dichas leyes estaban principalmente dirigidas contra las actividades de los militantes revolucionarios, se organizasen o no al interior de el SPD. Es decir contra la prensa y la propaganda militante, contra las reuniones, contra las manifestaciones; en pocas palabras contra toda expresión de rechazo del sistema. A partir de ese momento, todas esas actividades se vuelven ilegales y el SPD rechaza su organización argumentando que se ha salvado al partido y que hay que respetar la legalidad para preservar su existencia. La Socialdemocracia utilizará estas leyes para purgar su propia organización, para deshacerse de los "provocadores" e imponer, con más fuerza, el reformismo y el pacifismo como programa para los obreros. El Partido Socialdemócrata Alemán justificaría su rechazo a organizarse ilegalmente para mantener "lo conquistado" por la organización: escuelas, sindicatos, escaños parlamentarios, y agitará la amenaza de perderlo todo si se enfrenta al Estado. ¡¡¡Estos mismos argumentos serán utilizados para disciplinar al partido cuando, poco después, pase abiertamente a asumir su papel de reclutador para la guerra imperialista en 1914 (4)!!!!

Estos hechos que se dieron a fines del siglo XIX fueron, para muchos militantes, la gota de agua que hace desbordar el vaso. Johann Most fue uno de ellos. Expulsado de Berlín, se instala en Londres adonde publica el primer número de "Freiheit" ("Libertad"), periódico que publicará hasta su muerte en 1906. Aunque su práctica se encontraba ya afuera y en contra de la Socialdemocracia recién será formalmente expulsado de ese partido durante el congreso de Wyden. Los argumentos invocados fueron: las actitudes desorganizativas y el mal humor de Johann Most (sic).

En 1881 se reúne el Congreso Revolucionario Social Internacional de Londres, bajo la iniciativa de Most y otros militantes del continente, en el que se da como objetivo la creación de una Internacional verdaderamente revolucionaria. Most no asistirá a los debates pues es encarcelado por haber publicado un artículo en el que aplaude el asesinato del Zar Alejandro II.

El Congreso toma el nombre de "Primera Internacional", pero rechaza todo comité central o centro ejecutivo. Ninguna autoridad central es aceptada, solamente se admite la existencia de una oficina de información. Vemos aquí la huella de un límite que ya mencionamos: los militantes que rechazan el programa y el funcionamiento de los partidos socialdemócratas y que no atacan el fundamento programático de ese partido limitan su crítica a las cuestiones de centralismo y burocracia, oponiéndose a toda forma de dirección, sea cual fuese su contenido. Por ello, el rechazo de la dirección socialdemócrata se transforma, en la mayoría de casos, en una rechazo de toda dirección, sea cual fuese; actitud que acarea consecuencias graves, el programa de la burguesía se apodera rápidamente del vació que se dejó.

Por otro lado, este limite se encuentra corrientemente en la mayoría de tentativas de reagrupamiento de las fuerzas militantes. Ahora, si bien este rechazo de toda dirección es establecido por escrito en el programa de estas organizaciones, ciertas minorías de vanguardia, como veremos más adelante, logran afirmar por su práctica la necesidad de una dirección.

A pesar de toda la energía desplegada por la nueva "Primera Internacional", la amenaza que ésta representa a los ojos de la burguesía no logra concretarse en Europa sino sólo en Estados Unidos, en donde rápidamente se hablará de ella. Pero antes de abordar este sujeto, volvamos a Inglaterra.

Como ya lo afirmamos, Most publicó los primeros números de "Freiheit" durante su estadía en Londres. A partir de 1880 el diario llama a la conspiración revolucionaria en el sentido que lo entendía Blanqui, es decir el de la organización clandestina de estructuras preparadas para atacar los lugares estratégicos del Estado con el fin de tomar el poder. El diario llama, igualmente, a la propaganda por el acto.

Si para nosotros las necesidades de acción directa, de actos de violencia minoritarios contra la burguesía y su Estado, la necesidad imperiosa de la organización ilegal, etc. se constituyen como características esenciales del proceso revolucionario, también estamos obligados a dejar claro que la insurrección proletaria, como afirmación de la revolución comunista, no pueden ser el resultado de una conspiración aislada. En efecto, la evaluación del período en el que se desarrolla la lucha y la evaluación de la relación existente entre las clases juega un papel primordial y determinante en las decisiones que el proletariado tiene que tomar y las acciones que tiene y puede que llevar adelante.

"Freiheit" llama a la destrucción del capitalismo, denuncia toda reforma parcial como simples traiciones. Las lecciones que Most saca de su experiencia como diputado guiará su lucha durante toda su vida, es así que luego afirmará:

"Ya es tiempo de poner fin a esta farsa que es el voto y lo mejor que podemos hacer con individuos como Jay Gould y Vanderbilt (magnates del ferrocarril en Estados Unidos, NDR) es colgarlos del primer farol"
"Freiheit" exhorta a la clase obrera: si no destruye a sus opresores, estos la aniquilarán como fuerza.
"ellos ahogarán la revolución en la sangre de los mejores y ajustarán aún más firmemente las cadenas de la esclavitud. Matar o ser matado esa es la alternativa"
Para luego agregar:
"Somos revolucionarios no por amor a la sangre, sino porque no existe otro medio de liberar y salvar a la humanidad. La historia nos ha enseñado esto. Toda tentativa de reforma es inútil. El nudo gordiano solo podrá ser cortado por la espada, y en pocos años las masas escribirán la historia del mundo."
Most, militante convencido de la necesidad de organizarse y armarse para derrocar el Capital, tuvo bien claro que la única alternativa a la barbarie de esta sociedad es la revolución social.

Cuando Most, escapando a la represión que se desencadena en Inglaterra, llega, el 18 de diciembre 1882, a Estados Unidos en este país se vive una crisis muy profunda: desocupación, miseria, hambre, crisis de vivienda,... En Chicago, más de 34.000 personas son expulsados de la producción; la desocupación, las condiciones de vida miserables y terribles y el problema de la vivienda provocan un descontento generalizado. Surgen amotinamientos, manifestaciones, sabotajes,... huelgas generalizadas. El proletariado se enfrenta a la policía a las milicias patronales, a los hombres de Pinkerton (5), a los carneros,... Los patrones elaboran listas negras y utilizan el lock-out cada vez que lo necesitan. Las tropas federales intervienen para protegerlos.

Con respecto a las organizaciones políticas, la Socialdemocracia, encarnada por el SLP (Socialist Labor Party), se encontraba muy dividida desde los años 1870. Los desacuerdos y divergencias se desarrollan particularmente alrededor de dos puntos: la auto-defensa y el compromiso político. Con respecto a la auto-defensa proletaria, varios militantes del SLP fundan, a partir de 1875, el "Lehr-und-Wehr Verein" (Sociedad de Defensa y de Educación) (6) con el objetivo de "jamás dejarse golpear por los milicos o las milicias sin responder". Esto grupos de defensa se multiplican bajo diferentes denominaciones y se entrenan para el manejo de fusiles y bayonetas. Se busca la autoprotección de los proletarios contra la brutalidad de las fuerzas del orden durante las concentraciones, manifestaciones, u otras formas de reagrupamiento de nuestra clase. En 1878, año de las leyes antisocialistas en Alemania, es decir el año en el que el SPD purga sus filas, el SPL, en los Estados Unidos, siguiendo a sus homólogos alemanes, prohibe la participación de sus militantes en las sociedades de auto-defensa y da la orden de abandonar las mismas, a todos aquellos que militan en esas asociaciones. Decisión que confirma, si aún era necesario hacerlo, que el objetivo de la Socialdemocracia era de desarmar al proletariado y purificar su organización de toda práctica de acción directa contra el Estado. El Comité Ejecutivo del SPL se disocia de toda organización armada "que busque realizar por la fuerza lo que se puede obtener por el voto". En 1879, el Estado de Illinois proclama una nueva ley por la cual se declara fuera de la ley a todo "grupo de hombres portadores de armas sin autorización" y que "se asocien como destacamentos armados o instruyan o desfilen armados en cualquier ciudad... sin el permiso del gobernador". La "Lehr-und-Wehr Verein" y otras estructuras a las que había dado origen (les "Bohemians Sharpschooters", la "Jaeger Verein", les "Irish Guards" ) pasan a la clandestinidad. Por otro lado lo que constituye el segundo punto de cristalización de divergencias al interior de este partido es el frentismo. El SPL propone, en esa época, al Greenback-Labor Party (un partido liberal) unirse para ganar fuerzas en las elecciones presidenciales de 1880. Contra el frentismo oficial surgirá entonces una oposición anti-compromiso que defenderá violentamente a las organizaciones de auto-defensa y rechazará toda alianza con lo que denuncian como un partido reformista. Luego, durante las elecciones, los resultados del escrutinio de Chicago son falsificados para impedir la victoria de un miembro del SLP, pero, a pesar de que éste logra obtener su mandato, muchos militantes deciden salir del SLP y abrazar la acción directa. Dos corrientes surgen al interior de estos militantes: una preconiza el trabajo al interior de los sindicatos y el combate por mejoras económicas directas, y la otra abandona toda reforma política y económica para pasar a la acción revolucionaria. A pesar de estas divergencias, estas dos organizaciones crean, en noviembre 1880, en Nueva York, el "Club de Revolucionarios Socialistas" cuyos miembros más conocidos serán Parsons, Spies, Schwab, Grottkay y Neebe y que será dirigido por Wilhem Hasselmann, ex-miembro del SPD alemán expulsado al mismo tiempo que Most en 1880.

Los militantes del Club Revolucionario Socialista consideran que la acción revolucionaria es imperativa y que debe comenzar inmediatamente; ya no esperan nada de las elecciones. Preconizan la acción directa y la lucha armada contra el Estado, contra el parlamento y contra las reformas, Veamos en palabras de Parsons la posición del Club acerca del Estado:

"El Estado, bajo todas sus formas, no es más que una conspiración organizada de la clase poseedoras que busca privar a la clase obrera de sus derechos naturales."
Solo podemos corroborar estas afirmaciones, precisando que por "derechos naturales" comprendemos, como Parson, la necesidades elementales que sienten los seres humanos desde su nacimiento: necesidad de afección, alimentación, vivienda y producción. Estos son los "derechos naturales" del hombre. Si hacemos esta precisión es para impedir que la utilización del término "derechos" desarrollen la confusión engendrada y alimentada por la democracia bajo el vocablo "Derechos del Hombre". Recordemos brevemente que la democracia es el reino del ciudadano, es decir la negación total de la existencia de clases y con ello de sus antagonismos. El ciudadano podrá beneficiarse de sus derechos si se comporta como un buen ciudadano, un "buen padre de familia", entiéndase, mientras que defienda la democracia. Estos derechos sólo son la recuperación y distorsión de los precedentes: se trata del derecho constitucional, del derecho de voto, de igualdad, de fraternidad y de libertad,... en breve los derechos y deberes de todo buen ciudadano que ama a su patria y está dispuesto a morir por ella. Conviene precisar también que cuando el proletariado se constituye en clase, cuando lucha contra la explotación, bajo cualquier forma, todos esos derechos se realizan en, se concretan en: ¡la represión del proletariado! El terror represivo contra todos aquellos que no se comportan como buenos ciudadanos responde implacable y lógicamente al ideal burgués del paraíso democrático (7).

El Congreso Revolucionario Social Internacional de Londres, como lo afirmamos más arriba, tuvo una existencia muy limitada. En Estados Unidos, por el contrario, durante el 21, 22 y 23 de octubre de 1881 y bajo la iniciativa del Club Revolucionario Socialista de Nueva York, se concreta una primera tentativa de centralizar a los revolucionarios socialistas a escala nacional. El Congreso toma entonces el nombre de "Congreso de Socialistas de los Estados Unidos", Schwab, Parsons y Spies asumen un papel motor. El Congreso condena al gobierno inglés por su represión en Irlanda, apoya a los "populistas" de Rusia por su "guerra implacable" contra el Zar y denuncia la propiedad privada y "la esclavitud asalariada", retoma completamente las decisiones de Londres y se declara en favor de las "organizaciones armadas de obreros dispuestos a resistir con armas en mano". No obstante, un compromiso entre aquellos para los que el parlamento se puede utilizar como arma de agitación eficaz con los que rechazan el parlamento afirmando que nada se podrá obtener gracias a las elecciones, deja libre la decisión de comprometerse, o no, en la actividad parlamentaria. Otra vez podemos constatar que el programa del Congreso contiene un gran número de confusiones y de limitaciones que expresan la falta de ruptura con la socialdemocracia: apoyo abstracto y acrítico a los populistas de Rusia, aprobación acrítica de las posiciones tomadas en Londres en lo relativo a la dirección de la organización.

El Congreso funda el "Partido Socialista Revolucionario", una organización con contradicciones muy fuertes, a las cual Most tratará de darle, más tarde, una dirección mucho más clara, y que se definirá como una rama de la AIT, resucitada en Londres. Como ésta, el Partido Socialista Revolucionario constituye una red de grupos dispersos en todo el país con un Comité de Información en Chicago que debe funcionar como agente de enlace. Esta organización permanecerá inactiva y virtualmente adormecida hasta la llegada de Most, que luchará por reforzar sus funciones y cerrar filas (8).

La vida de Most se concentró en permanentes tentativas de organizar a los revolucionarios, de dar una dirección al movimiento y de centralizar las actividades afuera y en contra de la Socialdemocracia. Viaja por todos los estados de Estados Unidos, organizando encuentros, manifestaciones, etc. para defender la necesidad de la organización. Llega a invitar a miembros del SLP a debates contradictorios frente a las masas. En cada ciudad, sus discursos concentran a centenas de proletarios y nuevos grupos surgen. Most preconiza el asociacionismo y lucha por reunir, bajo una misma bandera, a todos los que luchan por la revolución y, con esta perspectiva, llama a un congreso de unificación de todos los grupos. Este congreso se celebrara del 14 al 16 de octubre de 1883 en Pittsburgh.

Most, Spies, Drury, Parsons, entre otros, redactan el borrador de la plataforma del congreso que la historia recordará como "El Manifiesto de Pittsburgh". Este manifiesto será la plataforma unificadora de los militantes revolucionarios de esa época.

El Manifiesto comienza de esta manera:

"Compañeros obreros, la Declaración de Independencia de los Estados Unidos dice:
"Cuando una larga serie de abusos y de usurpaciones, que persiguen invariablemente un mismo objetivo, demuestran su intención de reducir (al pueblo) a un despotismo absoluto, es del derecho y del deber (del pueblo) el deshacerse de tal gobierno y dotarse de nuevas guardias para su seguridad futura."
"Este pensamiento de Tomás Jeferson fue la justificación de la resistencia armada de nuestros ancestros que dio nacimiento a nuestra República. ¿Las necesidades actuales no nos obligan a reafirmar esta declaración?"
¿O es que el gobierno es otra cosa que un opresor, que "una conspiración de la clase dominante"? pregunta la Proclama y denuncia al sistema capitalista como "injusto, alienado y criminal", condena al Estado, a la iglesia y al sistema educativo como instrumentos de "la dominación de clase". Ya llegó el tiempo, declara el Manifiesto, "de destruir totalmente esta dominación y por todos los medios". Reafirma, rechazando las reformas políticas pues la clase dominante jamás se rendirá sin combatir, que "la lucha del proletariado contra la burguesía tiene que tener un carácter revolucionario, violento" y concluye: "Por ello tenemos que dirigir una campaña en favor de la organización, la organización para la rebelión"
"¡Paso a la solidaridad! ¡Unámosnos! Y que resuene el tambor que nos llevará al combate: "¡Proletarios de todos los países, uníos! ¡No tenéis nada que perder más que las cadenas! ¡Tenéis un mundo que ganar! ¡Opresores del mundo entero temblad" Ya centella, más allá de vuestra visión limitada, las chispas rojas y negras del DIA DEL JUICIO."
Es así que se concluye el Manifiesto de Pittsburgh.

A pesar de que ese Manifiesto se constituye como una real tentativa de centralizar las fuerzas militantes del país y del mundo, el programa que se expresa en el mismo está marcado por las huellas del reformismo: no solamente cuando reproduce una parte de la Declaración de la Independencia de los Estados Unidos, sino también cuando preconiza el mejoramiento del sistema capitalista a través de un mejor respeto de los derechos y deberes de cada uno, etc. Este tipo de planteamiento fue, en ese período, muy general en el mundo entero; los militantes tenían fe en la Constitución, en los principios constitucionales, creían que su estricta aplicación eliminaría para siempre las injusticias de este mundo. Se trata de una lógica reminiscencia del período en que la burguesía se presentaba como revolucionaria y el proletariado se imaginaba que podía marchar a su lado izquierdo llevando a sus últimas consecuencias un programa como el levantado durante la "revolución francesa". Así, se reivindicaba la igualdad de derechos y se llamaba al derrocamiento de un gobierno que no respetaba la Constitución, lo que contradecía las afirmaciones anteriores que definían a todo gobierno como una conspiración de la clase dominante.

El Manifiesto contiene otros elementos ideológicos burgueses como la de la federación de organizaciones de productores unidas por contratos libres, sin comercio ni beneficio,...

Para comprender mejor las contradicciones internas y los límites de las rupturas de las organizaciones revolucionarias de este período es necesario recordar que a fines del siglo XIX muy pocos militantes conocían las polémicas que contraponían Lassalle y Marx y los análisis y desarrollos programáticos de este último. Kautsky había reescrito la versión que se conocía de "El Capital", la Socialdemocracia había logrado imponer su reescritura contrarrevolucionaria del "programa comunista". El terreno, en el que luchan los revolucionarios a los que estamos haciendo referencia, en Estados Unidos, es el de la agitación, el de los discursos, mitines, debates contradictorios, etc. Solo excepcionalmente progresan en el terreno del análisis programático del sistema capitalista, de su funcionamiento. Esta laguna repercutió en las propuestas que hicieron en relación a la sociedad futura y limitó su lucha.

Sin embargo el principio de organización federativa, preconizado por el Manifiesto de Pittsburg, será negado en la práctica a favor de una centralización real de los diferentes grupos que componían la nueva organización. Para los militantes que participan en el Congreso, el federalismo es una alternativa al centralismo socialdemócrata, una garantía contra todo lo que los revolucionarios tienen que enfrentar en el partido socialdemócrata: burocratismo, autoritarismo, sumisión ciega, parlamentarismo... El federalismo es concebido como una respuesta y una garantía contra el centralismo democrático de la Socialdemocracia, sin ver que es la otra cara de la medalla del modo de organización democrático. Rápidamente tuvieron que enfrentarse con la burocratización de los delegados elegidos y revocables (que tenían que reemplazar a los burócratas); al anti-autoritarismo, es decir el rechazo de toda dirección, que abre los brazos a la dirección que esta sociedad propone; al asambleísmo que asumirá el lugar del parlamentarismo y que tiene las mismas bases: el principio electoralista de la mayoría o/y la delegación que priva al proletariado de las posibilidad de decisión y de acción al ser delegadas a instancias supuestas "superiores".

El Congreso de Pittsburgh reune a los delegados de 26 ciudades, es decir casi el doble que el Congreso de Chicago, y el Manifiesto se edita simultáneamente en inglés, francés, alemán, checo, español, y en yiddish.

El Congreso proclama la muerte del Partido Socialista Revolucionario y adopta como denominación la de "Asociación Internacional de Trabajadores" al considerarse la organización verdaderamente heredera de la Primera Internacional, en contraposición a lo que era la Segunda Internacional. A pesar de que programáticamente esta AIT resulta ser la organización internacional que más asume el papel de continuadora de la Primera Internacional, dicha tentativa no resultó ser la expresión de un movimiento internacional de centralización de la lucha de clases, como había sido la Primera Internacional. Efectivamente, esta AIT se funda en un momento que no podemos considerar como un período de lucha revolucionaria mundial y, en este sentido, algunos podrían considerarla como una tentativa voluntarista en relación a la realidad del movimiento. Pero no hay que olvidar que en esos años Estados Unidos era sacudido por un movimiento revolucionario bien real, al que la AIT intentaba darle una dirección y una centralización. Ella responde, entonces, a una necesidad práctica del movimiento proletario: la necesidad de centralizar las luchas y los militantes.

De 1883 a 1886, los grupos de la AIT no cesan de multiplicarse, de 2.000 en 1883 aumentan a 5.000 en 1885; al mismo tiempo, el número de simpatizantes y partidarios se multiplican por tres. El centro de la AIT no fue Chicago por un fruto del azar. Esta ciudad no sólo era, por su situación geográfica (los ríos del lago Michigan), un polo de alta concentración de capitales (minas, ferrocarriles, industria automovilística,...), sino también el lugar en el que los antagonismos de clases asumía los aspectos más explosivos, en donde la brutalidad policial se había mostrado más abierta y en donde los golpes de la crisis económica contra el proletariado se sentían más violentamente. Chicago poseía una larga tradición de luchas, a pesar de las enormes dificultades que tuvieron los núcleos revolucionarios para afirmar sus rupturas programáticas y para sintetizar teóricamente las lecciones de los enfrentamientos y transformarlas en fuerza operativa.

A la crisis económica se agrega la aceleración de la mecanización y la intensificación de la división del trabajo que ésta supone, lo que provoca importantes cambios en la configuración de la sociedad, provocando despidos masivos. Las condiciones de vida del proletariado se degradan a gran velocidad. En 1884, la disminución media de los salarios es de 15%, al año siguiente la disminución es todavía mayor, lo que provoca grandes olas de descontento.

En este clima, la AIT produce y distribuye volantes, panfletos, diarios; organiza mitines, manifestaciones, conferencias, discusiones,... que denuncian al sistema capitalista así como la condición de esclavo asalariado y que llaman a los obreros a la acción y a la lucha contra la miseria en la que viven, a luchar por otra sociedad. Los diarios y carteles de la AIT claman, reivindicando:

"La Bandera Roja de la Comuna de París",

"¡Ninguna concesión!",

"Abajo los gobiernos, Dios y el dinero!",

"La explotación es el robo legal",

"¡Obreros del mundo entero, uníos!"

Las consignas de la AIT, en contraposición total a las de la Socialdemocracia que reivindican la conquista pacífica del Estado, las elecciones, el voto, expresan claramente la necesidad y la voluntad de destruir el sistema capitalista en todos los países. Una característica importante de la AIT reside en los esfuerzos realizados para estructurar un cuadro de lucha no solamente para los proletarios de las fábricas y las minas (como lo hacían las organizaciones de esa época: sindicatos, los Knights of Labor, el SLP o luego el AFL,...), sino también para los que no tenían trabajo, para los "indeseables", vagabundos y otros "sub-proletarios" despreciados por las organizaciones reformistas.

En estos años de crisis, estallan huelgas por todas partes, generalmente por una mejora de salarios y contra la represión de las organizaciones proletarias, a pesar de que las consignas que acompañan estas explosiones reproducen frecuentemente la ideología reformista. Así por ejemplo se reivindicaba el "derecho" de organizarse. Cada huelga es despiadadamente aplastada por las milicias del Estado que abren fuego contra los huelguistas, mientras que los patrones elaboran listas negras, emplean a rompe huelgas y despiden sin reparos. La AIT no sólo funciona como la organización general de unificación de la clase obrera, sino que también organiza secciones armadas en varias ciudades del país. Estas secciones armadas se crean en base al modelo de la "Lehr-und-Wehr Verein" al cual ya nos hemos brevemente referido. Estas estructuras llaman e instruyen a sus miembros para procurarse armas (fusiles, cuchillos, nitroglicerina,...) y utilizarlas, para fabricar bombas y granadas,... Su objetivo declarado es "el armamento del proletariado y la aplicación de los últimos descubrimientos de la ciencia, particularmente de la química", Su determinación, a dar respuesta al terror burgués por el terror revolucionario, era manifiesta. Los llamados de la AIT no deben comprenderse como lo hacen los pacifistas que, intencionalmente o no, los interpretan como exhortaciones para encender la lucha de clases a través de bombas (9). Se trata, por el contrario, de una real y profunda comprensión de la naturaleza terrorista del Capital y del cuadro de lucha que el mismo nos impone. Como Parsons lo expresaba en un discurso en el que elogia los méritos de la dinamita :

"Es una pacificadora, es la mejor amiga del hombre, emancipa al mundo de la dominación de unos pocos sobre la mayoría, puesto que en última instancia, todo gobierno es violencia, toda ley, en última instancia, es fuerza." (el subrayado es nuestro)
Si para nosotros está claro que la dinamita no posee ninguna virtud emancipadora intrínseca, y que todo depende de las manos que la utilicen y del objetivo que persiguen, también lo es el hecho de que en ese período, y en todo el mundo, todo revolucionario consideraba la dinamita como el arma de lucha por excelencia. Efectivamente, para el proletariado de lo que se trataba era de combatir a la burguesía dirigiendo contra ella sus propias armas. La necesidad de oponer la violencia al terror burgués es, como ya lo vimos, totalmente clara y determinante: el proletariado rechaza categóricamente las manifestaciones-masacres y el pacifismo de los socialistas. El pasaje de la carboquímica a la petroquímica introduce y generaliza la utilización de la dinamita, el proletariado sabrá aprovecharla. Además del fenómeno de la dinamita quisimos insistir, al reproducir esta citación, en la comprensión militante de la naturaleza de todos los gobiernos y de todas las leyes así como en la necesidad de utilizar medios violentos contra el terror burgués.

Los militantes revolucionarios estaban convencidos de que la revolución se encontraba en marcha e hicieron todo lo que pudieron para que esa vez fuese la definitiva. A diferencia de lo que sucede en Europa en esos años, en los Estados Unidos como en otros países de América en esa misma época, la lucha de clases sigue aguidizándose y el clima es tan explosivo que la burguesía tiembla por su vida. Los medios de comunicación de la burguesía hablaban de "una nueva Comuna de París". Una propaganda violenta fue lanzada contra la AIT y sus miembros a los que se les acusaba de ser asesinos, incendiarios, monstruos, de tirar bombas,... se publican caricaturas de Johan Most, etc. El terror que sentía la burguesía era proporcional a la fuerza del movimiento proletario.

Nos parece importante observar que numerosos proletarios llegaron a los Estados Unidos (como a otros países del continente americano: Argentina, Venezuela, Brasil,...) atraídos por el mito, que se crea en Europa, de la tierra prometida. Esperaban encontrar un país de "libertades políticas" y de trabajo para todos (10). La decepción fue enorme, la confrontación a la dura realidad económica del país acrecienta la rabia y la voluntad de terminar de una vez por todas con este sistema de muerte. A aquellos que decían que en América la vida era mucho más fácil que en otros países Parson les respondía en febrero 1884:

"La América no es un país libre. Las condiciones económicas de los obreros son las mismas que en Europa. Un esclavo asalariado es un esclavo en todas partes, sea cual fuese el país donde nació o donde vive."
Para luego agregar que los obreros no tenían otra alternativa que la de organizarse y luchar o permanecer como esclavos. Esta misma afirmación la encontramos en "La Bestia de la Propiedad" cuando Most escribe:
"En este momento, parecería que la joven república americana tiene por única y sola misión histórica la de demostrarnos, una vez por todas, de los dos lados del Atlántico, gracias a la presentación de los hechos desnudos, tangibles e incontestables, que la "bestia de la propiedad" es un monstruo horrible y que ni la calidad de la tierra, ni la extensión del territorio, ni las formas políticas de la sociedad jamás podrán alterar la perversidad de este animal de presa." (El subrayado es nuestro)
La ruptura más importante de este texto, escrito el mismo año que el Congreso de Pittsburg, se encuentra en la crítica del reformismo. Most denuncia "las verborreas parlamentarias", las peticiones, los escrutinios, las elecciones y las leyes; ataca a los profesores de economía política, "lacayos de la burguesía", a esos "charlatanes" que pretenden ocultar el carácter revolucionario del proletariado detrás de una distribución más equitativa de las riquezas. Most denuncia, a contra corriente, a esos socialistas que preconizan la conquista pacífica y gradual del poder por intelectuales y hombres de ciencia que gestionarán la economía. En otras palabras el texto denuncia, vomita bronca contra lo que más adora la socialdemocracia, contra sus bases, contra sus fuentes. Otra aspecto importante de "La Bestia de la Propiedad" es su posición de negación del progreso; el texto proclama que el sistema actual es peor que el precedente: "El apogeo de la infamia ha sido alcanzado por nuestro sistema de orden público actual..." Contra los especialistas, los profesores de economía que claman que nuestra sociedad es la del bienestar de la humanidad, Johann Most afirma que este sistema es peor que todos los que le precedieron; indiscutiblemente engendra el progreso, el progreso de la barbarie cada vez más grande, el progreso siempre hacia más capitalismo, más inhumanidad. Finalmente, el educacionismo y el iluminismo de las masas, piedras básicas de todo el edificio programático socialdemócrata son, también, denunciadas y criticadas:
"Algunos afirman que la educación general traerá los cambios, pero esta opinión común no tiene sentido. La educación solo será posible si se destruyen los obstáculos, lo que no podrá darse antes que todo el sistema actual sea destruido."
La única solución, afirmará Most, es la revolución, la destrucción comunista de este mundo, y una "sociedad... organizada bajo bases comunistas". "Todo está maduro para el comunismo" afirma el texto, y, confirma, como si fuera necesario insistir siempre, en la (preocupación permanente de Most) necesidad de organizar las luchas proletarias afuera y en contra de la Socialdemocracia. En su lucha práctica por la centralización de las fuerzas revolucionarias Most se contradice con sus llamados a la constitución de estructuras federativas; así no dejará nunca de proclamar la necesidad imperiosa de un "núcleo revolucionario bien preparado", es decir ¡la necesidad de una dirección! Esta cuestión hace de Most un eslabón más de esa cadena de militantes revolucionarios del Partido que ayer, hoy y mañana insisten en propósito de la necesidad de una vanguardia revolucionaria.

La primera parte del texto, centrada sobre la economía, contiene ciertas confusiones y errores cuyo origen se encuentra en la falsificación operada por la Socialdemocracia con respecto a los escritos de Marx, falsificación que es la base de la creación de la ideología marxista, del "marxismo". Como dijimos los militantes, de toda esa generación, sometidos a la presión de esta ideología y cegados por ella, no disponían de los elementos para diferenciar a Marx del "marxismo", lo que les impedía reapropiarse del análisis crítico que Marx había desarrollado del modo de producción capitalista. Es necesario observar, también, que la obra de Marx no era muy conocida en esa época. El resultado fue, durante este período, que pocos fueron los militantes, que en Estados Unidos, se reapropiaron de algunas nociones de la manera como funciona el capital y, por consecuencia, de las medidas que hay que tomar para acelerar su agonía. Podemos considerar esta primera parte de "La Bestia de la Propiedad" como una tentativa de vulgarización de "El Capital" de Marx, como una voluntad de aminorar la deficiencia/desconfianza, existente en el interior del movimiento obrero de esa época, con respecto a todo desarrollo programático. Una tentativa anterior a la de Most había sido criticada severamente por Marx. En efecto, la vulgarización se reducía, como frecuentemente es el caso cuando se "simplifica", a una grave alteración del contenido de la esencia del libro. Por su parte Marx ya había tratado sobre las cuestiones claves del capital mostrando precisamente que se puede desarrollar un contenido a diferentes niveles de abstracción sin traicionar el sentido esencial, como lo había hecho, por ejemplo, en "Trabajo Asalariado y Capital" y en "Salario Precio y Beneficio".

Algunos dirán que hay otros puntos a criticar en este texto, no lo negamos; varias son las debilidades, límites y contradicciones que presenta el mismo, y estas no son únicamente imputables a los límites del período, sino también a una falta de ruptura con la socialdemocracia, en su acepción histórica. Sin embargo, la republicación, en nuestra rúbrica "Memoria Obrera" de "La Bestia de la Propiedad" se justifica ampliamente. Este texto es rico tanto por lo que enuncia como por lo que representa: una real tentativa de lucha práctica contra la Socialdemocracia que intenta quebrar el monopolio de la organización y la dirección del proletariado que dicha organización burguesa había logrado. Pero lo que es más importante: este texto es un testimonio de la lucha de clases en los Estados Unidos y en el mundo en esos años. Para continuar nuestros esfuerzos de reapropiación y divulgación de la historia de nuestra clase en esta parte del mundo, reiteramos nuestro llamado a los lectores para que envíen críticas, informaciones, textos,...

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Notas :

1. En este sentido la Segunda Internacional no es más que la concretización internacional de esa realidad existente desde hace muchas decenas de años en diversos países. Como los revolucionarios habían dicho, desde mucho antes, se trataba de la fusión del partido demócrata, del partido liberal, con el partido "social", lo que se expresa en un programa que asocia la recuperación de ciertas reivindicaciones obreras a las exigencias típicas de la democracia, del populismo y del nacionalismo.

2. En oposición a los otros partidos burgueses clásicos que no se reivindican del socialismo, ni del proletariado, sino en general de la libertad, del pueblo, de la monarquía, de la república, de la democracia a secas, etc.

3. Obsérvese que en todos los países y en todas las circunstancias militantes revolucionarios llegan a la misma conclusión de que el parlamento no es para nada una arena de la lucha de clases o un lugar adonde se puede a hacer propaganda por la revolución (como crearán los leninistas); que ese teatro y el consecuente carnaval electoral forma parte fundamental de la dominación burguesa y que la preparación electoral y la participación parlamentaria desorganiza al proletariado como clase y constituye un instrumento poderoso de perpetuación de la dominación capitalista. No se trata pues de una cuestión táctica, circunstancial, aplicable a tal o tal país, como pretenderán luego los "tacticistas" de la Internacional Comunista dirigidos por Lenin, ni tampoco como creen sus contrincantes oficiales que tratan dicha "cuestión" (del parlamentarismo) como una simple cuestión táctica que estaría ahora en tal región "tácticamente superada" (Bordiga, Gorter, etc.). Sin lugar a dudas han captado mucho mejor la invariante función contrarrevolucionaria del parlamento y del sufragio universal (en todos los tiempos y en todas las áreas geográficas) otras corrientes revolucionarias a las que invariantemente se les pone la etiqueta simplificadora (y descalificadora) de "anarquista": desde Bakunin al KAPD (Partido Comunista Obrero Alemán), desde el forismo rioplatense (Federación Obrera Regional Argentina Comunista y Federación Obrera Regional Uruguaya) al grupo de los hermanos Magón en México y Estados Unidos, desde los IWW en Estados Unidos a las fracciones de izquierda de los bolcheviques y los socialistas revolucionarios de izquierda en Rusia...

4. Política imperialista y militarista de ese partido histórico para los obreros, dentro de lo cual el famoso voto por el sí o por el no de los créditos de guerra es solo una parte espectacular y parlamentaria a la que se le ha dado una injustificada -desde nuestro punto de vista- publicidad. En efecto, el papel organizador de la Socialdemocracia de la política militar imperialista de cada país está implícito en el programa burgués de ese partido desde su origen y su acción para disciplinar y estructurar a los obreros y movilizarlos en función de los intereses imperialistas es primaria y global. Solo le pueden dar importancia a esa votación quienes se deslumbran por el espectáculo parlamentario y le atribuyen al parlamento un papel en la lucha de clases que para nosotros no tiene.

5. Pinketon es una agencia de detectives privados, mercenarios a sueldo de los patrones. Los detectives se infiltran en las filas obreras para desenmascarar y denunciar a los dirigentes, para reprimirlos y quebrar las huelgas.

6. La denominación alemana de esta estructura nos revela la importancia, en este período, de la inmigración de militantes de origen alemán. Asimismo, nos revela los límites que tenía el movimiento proletario en los Estados Unidos: el reagrupamiento se hacia en base a criterios nacionales, lingüísticos y/o culturales.

7. Acá insistimos a propósito de la mistificación que contienen los derechos democráticos: cuando se lucha estos implican la represión abierta contra el proletariado. A otro nivel, los derechos tienen la función de desviar la lucha del proletariado, de distorsionar la huelga, por ejemplo, al campo pacífico del derecho de cada uno de hacer la huelga ... y con ello entra el "derecho al trabajo", la "libertad de decidir" que implica invariantemente el derecho a romper la huelga, a desolidarizarse. Precisamente la mejor forma de liquidar a la clase es darle toda la potencia del derecho al individuo libre, enemigo irreconciliable de la organización de la revolución. El derecho de huelga se transforma entonces, durante estos períodos de lucha, en una arma de desmovilización y de desorganización importante del proletariado. Al respecto léase "Contra el mito de los derechos y de las libertades democráticas" Comunismo No.1

8. Todas las tentativas del proletariado para centralizarse y constituirse en fuerza fueron marcadas en Estados Unidos (como sucede también en Argentina y otros países de fuerte inmigración) por la tendencia a estructurarse por grupos organizados no exclusivamente bajo la base de su repartición geográfica sino también en función de la lengua de los militantes que la componen. Quizás la división de los Estados Unidos en Estados federados haya jugado un papel en ese sentido, así como la dificultad real a superar las barreras lingüísticos, pero en todo caso, la burguesía utilizará hábilmente esta debilidad del proletariado jugando con la cuerda del nacionalismo americano para dividir a los proletarios y designar a los extranjeros (y principalmente a los militantes de origen alemán) como responsables de todos los males.

9. Los militantes de la AIT llamaban a apropiarse de los progresos de la Ciencia para el desarrollo de la revolución. Así, por ejemplo, Johan Most en su libro "Ciencia de la Guerra Revolucionaria" escribe "Para estar seguro del triunfo, los proletarios tienen que tener siempre a mano una cantidad adecuada de nitroglicerina, de dinamita, de granadas y de cargas explosivas..." "Proletarios de todos los países, armaos por todos los medios posibles. La hora de la batalla llega". "The Alarm" y el "Arbeiter Zeitung" (dos de los catorce diarios de la AIT) publican frecuentemente artículos del tenor de "La fabricación fácil de la dinamita" o "Explosivo: una lección práctica de la química popular". Durante esta época, el proletariado preconiza y utiliza, por todo el mundo, la dinamita contra el enemigo de clase. Recordemos a Ravachol durante los años 1890 en Francia, o más tarde a la Banda Bonnot y una de las coplas de esa canción escrita por Raymond Callemin, llamado Raymond-la-Ciencia en 1912:

10. Ver al respecto "Acerca de la Lucha contra la Democracia en los Difíciles años 80 del Siglo Pasado" en Comunismo No. 8.

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"Nuestros dirigentes americanos no se diferencian en nada de los déspotas de todos los otros países. Todos ellos engordan en base a las miserias del pueblo; todos ellos viven expoliando a los trabajadores. Las fronteras, las banderas, las costumbre, y los idiomas de los pueblos de la tierra pueden variar, pero la pobreza, la miseria y la degradación de la clase productiva de los productores de las riquezas de este mundo, es por todas partes la misma."
A. Parsons

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"El único propósito de la clase dominante es el de perpetuar este estado de cosas. La burguesía, aunque raramente unida -algunos buscan ganar ventajas sobre los otras a través de las astucias del mercado, la estafa, la especulación y otras maniobras de la competencia- frente al proletariado se enlaza en una sólida falange. Su ideal político es, por lo tanto, a pesar de todas sus frases liberales, el establecimiento de un gobierno policial, el más centralizado y brutal posible."
Johann Most - 1883

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La Bestia de la Propriedad

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"De todos los animales de presa el hombre es, sin lugar a dudas, el peor". Esta expresión, muy conocida en la actualidad, solo es relativamente cierta. El hombre en relación con la riqueza es un animal de presa, más no lo es el hombre en sí mismo. Cuanto más rico es un hombre, más grande es su codicia, a tal monstruo le podemos llamar "la bestia de la propiedad". Es ese hombre el que dirige actualmente el mundo, el que hace miserable a la humanidad y aumenta en crueldad y en voracidad con el progreso de nuestra supuesta "civilización". A ese hombre vamos a definir ahora y vamos a preconizar su exterminación.

¡Mirad a vuestro alrededor! En todas los países llamados "civilizadas", de cada 100 hombres 95 se encuentran desposeídos de todo, mientras que los cinco restantes son ricos.

No es necesario reconstituir todos los caminos que estos tomaron para ganar sus bienes. El solo hecho de poseer todo, mientras que otros viven o más bien subsisten, evidencia claramente que se enriquecieron a expensas de la mayoría.

Esta horda ha tomado, en el transcurso de la historia, posesión de la tierra como de todas las riquezas a través de la fuerza bruta y directa, del engaño o del fraude. La ley de herencia, el derecho de sucesión y de cambio de manos le confieren a este robo una coloración "venerable" y, consecuentemente, han mistificado y borrado el verdadero carácter de esos actos. Por ello, "la bestia de la propiedad" no es plenamente reconocida por lo que es sino, por el contrario, adorada con un respeto temeroso.

Además, todos aquellos que no pertenecen a su clase son sus víctimas. Cuando el niño de todo aquel que en este mundo no posee nada (un hombre pobre) llega al mundo encuentra, cada esquina y rincón de la tierra, ocupada, todo tiene "su señor". Sin trabajo nada puede producirse, y para poder trabajar es necesario no solamente la habilidad y la voluntad, sino también un lugar, herramientas, materias primas y medios de subsistencia. Por ello, el hombre pobre tiene, por fuerza de necesidad, que someterse a aquellos que poseen estas cosas en abundancia. Y ¡vean Uds.!, los ricos le darán el permiso de seguir existiendo. A cambio de ello, el hombre pobre tiene que despojarse de su competencia, de su habilidad y de su fuerza; de ahora en adelante estas cualidades estarán a disposición de sus pretendidos "salvadores" que los meterán bajo el yugo del trabajo; exigiéndoles el más alto grado de sus facultades mentales y físicas para producir nuevos tesoros, que de todas maneras, no podrán poseer. ¿Deseará reflexionar un tiempo con respecto a un contrato tan desigual? Los ruidos de su estómago le convencerán rápidamente de la urgencia y le recordarán que hay millones de seres que se encuentran en la misma situación y que el riesgo de que centenas de otros hombres pobres se presenten en su lugar, mientras él piensa, es grande; así su oportunidad se le escapará entre los dedos y se encontrará de nuevo a la merced de los vientos.

El látigo del hambre obliga al hombre pobre a someterse; para poder vivir tiene que venderse -venderse "voluntariamente"- cada día, cada hora a la "bestia de la propiedad"

Antaño -en los tiempos en los que los ladrones cristiano-germanos robaban países enteros, privando a sus habitantes del suelo, y los sometían a un sistema feudal-, cuando la clase "dominante" cazaba esclavos, sujetando a sus víctimas con fierros y los forzaba a trabajar para su beneficio personal la época era ya terrible. Pero el orden público contemporáneo, el sistema actual ha alcanzado la cumbre de la infamia: ha desposeído a más de los nueve décimos de la humanidad de sus medios de existencia, los ha reducido a la dependencia de una insignificante minoría y los ha condenado al auto-sacrificio.

Al mismo tiempo, este sistema ha disfrazado esta relación con diversos pases de prestidigitación de manera que los esclavos de hoy, los esclavos asalariados, sólo se reconocen parcialmente en su servitud y en su puesta fuera de la ley y atribuyen todo eso a los caprichos de la suerte.

El único propósito de la clase dominante es el de perpetuar este estado de cosas. La burguesía, aunque raramente unida -algunos buscan ganar ventajas sobre los otras a través de las astucias del mercado, la estafa, la especulación y otras maniobras de la competencia- frente al proletariado se enlaza en una sólida falange. Su ideal político es, por lo tanto, a pesar de todas sus frases liberales, el establecimiento de un gobierno policial, el más centralizado y brutal posible.

Si el hombre pobre, se encuentra momentáneamente incapaz de venderse a un explotador del trabajo, o se encuentra ya reducido a la impotencia por "la bestia de la propiedad", recurre a la mendicidad, el burgués harto se indigna contra este "vagabundo" y recurre a la policía, reivindicando la picota y la prisión para el pobre diablo que rechazó morir de hambre en medio de una montaña de comida.

Cuando el desocupado opta por la tan cacareada auto-asistencia, es decir cuando hace en pequeña escala lo que el rico hace impunemente a lo grande: robar para vivir, la burguesía amontonará los carbones ardientes de "la indignación moral" sobre su cabeza para luego, con un rostro austero, entregarlo implacablemente al Estado, a las prisiones en donde se le trasquilará de la manera más eficaz, es decir la más barata.

Cuando los trabajadores se asocian para obtener mejores salarios, reducción de horas de trabajo u otras ventajas de este sistema, los opulentos ponen el grito en el cielo hablando de "conspiración" y exigen que sea contrarrestada.

Cuando los trabajadores se organizan políticamente, se denuncia esta resistencia al "orden divino" y se exige que sea invalidada por las leyes de excepción o de discriminación.

Si finalmente los trabajadores se preparan para la rebelión, "los tigres de oro" profieren un tal grito de rabia que se escuchará en todo el mundo - su fanatismo por las masacres y su sed de sangre son insaciables.

La vida del hombre pobre no tiene valor para el rico. Este, en tanto que propietario del buque, pondrá en peligro la vida de todo el equipaje cuando su objetivo sea obtener fraudulentamente una elevada seguridad sobre la base de un buque a la deriva y arruinado. La mala ventilación, la profundidad de las excavaciones, los soportes defectuosos, etc., etc., provocan cada año la muerte de miles de mineros, pero así se economizan gastos, por lo tanto se aumentan beneficios y los propietarios de la mina no tienen ninguna razón de considerarse desgraciados. El pachá de la industria tampoco se preocupa si sus obreros son desmenuzados por las máquinas, envenenados por los productos químicos o sofocados por la suciedad y el polvo. ¡El beneficio ante todo!.

Las mujeres cuestan menos que los hombres: los vampiros capitalistas buscan su sangre con una insaciable rapacidad; además la mano de obra femenina le procura prostitutas a bajo precio.

La carne infantil es la menos cara de todas: ¿porqué nos sorprendemos cuando los caníbales de la sociedad moderna se deleitan de sus juveniles víctimas?. ¿Qué les puede importar la extenuación física y mental de los niños pobres durante toda su vida, que miles de ellos, miserables, y habiendo llegado al límite de su fuerza en su tierna edad, fallezcan?. Los stocks aumentan, eso los alegra.

Como la burguesía, gracias a sus capitales, monopoliza, completamente todas las invenciones, la introducción de cada máquina nueva, en vez de reducir las horas de trabajo y aumentar la prosperidad y el bienestar de cada uno, engendra, por el contrario, despidos para algunos, reducciones de salarios para otros así como un aumento y una intensificación de la miseria para todo el proletariado.

Cuando un aumento de la producción va de par con un aumento de la pauperización de las masas, el consumo tiene que simultáneamente decrecer, el estancamiento y la crisis tienen que sobrevenir. La concentración de la sobreabundancia de la riqueza actual en manos de pocos engendra hambre, tifus y otras epidemias en las masas numerosas. La injusticia, hasta la estupidez, de lo que acabamos de afirmar es evidente. Los opulentos levantan, evidentemente, los hombros. Esto lo seguirán haciendo hasta que una cuerda bien ajustada por encima de los hombros acabe definitivamente con todo ultraje.

Al trabajador no se le engaña únicamente de múltiples formas como productor, sino también como consumidor. Innumerables parásitos lo acosan para desposeerlo de su miserable salario.

Los productos llegan, luego de haber pasado por múltiples manos, de haber sido almacenados en diferentes ocasiones, de haber aumentado su precio suficientemente para contener el beneficio del intermediario, de los agentes de cambio, las tasas y derechos de aduana, finalmente a las manos de los minoristas cuya clientela esta compuesta casi exclusivamente de proletarios. Los mayoristas "hacen" (es decir se meten fraudulentamente en el bolsillo) unos 10 a 20 % de beneficios gracias a esas transacciones; el minorista exige un beneficio de 100% y para obtenerlo es capaz de recurrir a toda clase de manipulaciones y no tienen reparos para adulterar los alimentos. Estos ladrones mantienen relaciones directas con los que envenenan y falsifican la cerveza, el vino, el licor, etc., aquellos que por su infame tráfico hacen peligrosas nuestras calles y nuestros centros industriales. Luego tenemos a los propietarios de los inmuebles que buscan incesantemente envenenar la existencia del pobre. Las condiciones de vivienda son cada vez peores, los alquileres aumentan y los contratos son cada vez más humillantes. Lo obreros viven amontonados en los patios, en los desvanes y en los sótanos llenos de parásitos, humedad y moho; las cárceles son generalmente mejores para la salud que estos huecos para ratas.

Cuando el obrero no tiene trabajo, se encuentra de nuevo a la merced de una horda de especuladores del hambre dispuestos a saltarle por encima para completar su ruina. Los usureros, y otros prestamistas de la misma calaña, le adelantan pequeñas sumas de dinero, a una tasa de interés elevada, a cambio de los haberes que aún le quedan al pobre. Los contratos están tan bien construidos que es casi imposible respetarlos: los objetos desposeídos como prenda son confiscados y el pobre arruinado se hunde en la miseria más completa. Los estranguladores, por el contrario, amasan su fortuna en poco tiempo. El mendigo es considerado por alguno de esos tiburones como un buen pagador. Cada centavo provoca la codicia del propietario de las pocilgas y otros antros innobles. Hasta los ladrones son objeto de esta expoliación capitalista, se les transforma en esclavos de audaciosos encubridores y de alcahuetes que compran las mercancías robadas a cambio de migajas. Si, hasta a esas mujeres sin fortuna, que el execrable sistema actual conduce a la prostitución, los propietarios de los bordeles y de las "casas de mal vivir" las estafan sin vergüenza alguna. Este es el lote del pobre, desde la cuna hasta la tumba, cuando produce o consume está rodeado siempre de vampiros feroces, sedientos de su última gota de sangre. Del otro lado esta el hombre rico que, a pesar de su incapacidad de justificar su avidez, no para su trabajo de explotación. El que posee 3.000.000 de dólares quisiera tener 10.000.000, el que tiene 100.000.000 quisiera 1.000.000.000.

La sed de riqueza y la sed de poder son gemelas. La riqueza no genera únicamente más riqueza, sino que da luz también al poder político. Bajo el sistema capitalista actual la venalidad es un vicio generalizado. La regla se resume al precio que hay que pagar para comprar a aquellos que, a través de sus discursos o su silencio, por la pluma o por los medios de comunicación, por sus actos de violencia o todo otro medio, se ponen al servicio de la "bestia de la propiedad" que por sus dictámenes en oro, sigue siendo el poder absoluto, la verdadera divinidad.

En Europa y en América, varias centenas de miles de curas y otros ministros del culto, envenenan el buen sentido de las masas. Innumerables misioneros distribuyen, casa por casa, volantes desprovistos de sentido cometiendo todo tipo de estragos "espirituales". En las escuelas, se hacen increíbles esfuerzos por invalidar lo poco que la lectura, escritura y cálculo podrían aportar de bueno. La forma estúpida como se enseña "la historia" suscita las tomas de posición que dividen a las gentes y les impide reconocer que sus opresores se han ligado, desde hace mucho tiempo, contra ellos y que toda política, pasada y presente, solo tiene un objetivo: establecer firmemente el poder de la clase dominante y con ello asegurar la explotación del pobre por el rico.

El comercio de la intoxicación es dirigido por los rasca-papeles de la prensa cotidiana (en su mayoría falsificadores de la historia), por los cabrones de politiqueros de diferentes bandas, camarillas, coaliciones y organizaciones en boga, por los charlatanes de parlamentarios y sus seductoras sonrisas: promesas en los labios, traición en el corazón, y por centenas de otros politiqueros, de todos niveles y matices de bajeza.

Escuadrones enteros de bandidos son especialmente reclutados para mistificar la cuestión social. Los profesores de economía política, por ejemplo, juegan el rol de lacayos de la burguesía, exaltan al ternero de oro como un verdadero sol de vida, usan tan "científicamente" bien la falsificación y el timo para llegar a demostrar que curtir el cuero de los trabajadores es benéfico para la humanidad. Algunos, de estos charlatanes preconizan la reforma social, es decir el viejo método de lavar sin mojarse, y ni hablar de su célebre receta para economizar y educar.

Sin dejar de embaucar a las masas, los caballeros capitalistas del pillaje perfeccionan sus mecanismos de poder; crean nuevas funciones, y los puestos de dirección son otorgados, en Europa, a los descendientes de los antiguos bandidos (hoy "aristócratas") y en América a los postulantes más audaciosos y a los más descarados ladrones que asocian su agradable bisnes de falsificación, el robo a gran escala y su objetivo original: el amortajamiento definitivo del proletariado. Para lo que dirigen ejércitos de soldados, de policías, de guardias civiles, de espías, de jueces, de funcionarios de prisiones, de perceptores, de recaudadores de impuestos, de albaceas testamentarios, etc., etc. Los ejecutantes de estas tareas degradantes se reclutan casi exclusivamente en los rangos de los no poseedores y son raramente bien pagados, a pesar de la energía que despliegan para ser los espías, las orejas indiscretas y husmeadoras, las garras, los dientes y las ventosas del Estado. Este último no es más que la organización política de la horda de estafadores y de expoliadores que, sin la maquinaria tiránica, no podría sobrevivir un solo día frente a la justa cólera y condenación de los oprimidos y los desposeídos.

Este sistema ha alcanzado naturalmente su punto culminante en casi todas las antiguas naciones. El aparato disciplinario del Estado se concentra en el poder monárquico, sus representantes, "por la gracia de Dios", representan, como se debe, la quintaescencia de la infamia. En ellos, el vicio y el crimen, común a toda la clase dirigente, se desarrolla a un grado monstruoso. El asesinato sistemático (la guerra) es su ocupación preferida; cuando roban, y lo hacen frecuentemente, roban siempre a comarcas enteras y a centenas, véase miles de millones de gentes. Encienden colosales fogatas para iluminar sus atrocidades. Según ellos, la humanidad existe para que ellos puedan darle patadas, cachetearla y sentarse encima de ella... y ello ¡por principio!.

Estos asesinos coronados de Europa se embolsan, gracias al chantaje directo, cada año 50.000.000 de dólares. El militarismo, su amada progenitura, cuesta anualmente 1.000.000.000 de dólares, sin contar las pérdidas en vidas humanas y en trabajo. Una suma igual a ésta es pagada como interés de los 20.000.000.000 dólares de la deuda que el Estado contrajo en un tiempo incomparablemente corto. La monarquía en Europa cuesta anualmente 2.050.000.000 dólares es decir más de lo que 10.000.000 trabajadores ganan como salario en el mismo tiempo y que permitiría a 50.000.000 personas vivir.

El lugar que ocupan los monarcas es ocupado por los monopolios en América. Si, en estos Estados Unidos de América, pretendidamente "libres", los monopolios continúan desarrollándose a la misma velocidad que en este cuarto de siglo, solamente el aire y la luz del día permanecerán libres de monopolización. Doscientos cincuenta millones de hectáreas de tierra en los Estados Unidos, unas seis veces la superficie de Gran Bretaña, y de Irlanda, fueron divididas en una generación entre las compañías ferroviarias y los grandes propietarios de la tierra de origen Europeo-aristócrata. Vanderbilt atesoró, en solamente algunas décadas, 200.000.000 de dólares, y varias docenas de sus competidores en los dominios del robo prometen superarlo. Se fundó San Francisco hace apenas treinta años, ¡hoy esta ciudad cobija ochenta y cinco millonarios! Toda la riqueza de esa gran república, a pesar de que cuenta un siglo de existencia, todas sus minas, sus yacimientos de hulla, sus pozos petroleros, etc., etc,. han sido "tomados" a las gentes y se han transformado en la propiedad de un puñado de aventureros audaciosos y de hábiles intrigantes.

La "soberanía del pueblo" se prosterna en el polvo bajo la influencia de estos reyes del dinero, de estos magnates de los ferrocarriles, de estos barones del carbón y de estos propietarios de fábrica. Estas gentes tienen a los Estados Unidos en sus bolsillos, y lo que se alaba como una legislación sin obstáculos y elecciones libres no es más que pura farsa, ilusión y trampa.

Si estas son las condiciones de la selva verde, ¿qué podemos esperar del árbol viejo? Si la joven república americana, con su territorio casi ilimitado y sus recursos naturales casi infinitos, fue también fatalmente corrompida y arruinada, en un lapso tan corto, por el sistema capitalista ¿cómo puede sorprendernos el resultado del abuso similar de la naturaleza que se perpetúa continuamente en la servil y podrida Europa?

En este momento, parecería que la joven república americana tiene por única y sola misión histórica la de demostrarnos, una vez por todas, de los dos lados del Atlántico, gracias a la presentación de los hechos desnudos, tangibles e incontestables, que la "bestia de la propiedad" es un monstruo horrible y que ni la calidad de la tierra, ni la extensión del territorio, ni las formas políticas de la sociedad jamás podrán alterar la perversidad de este animal de presa. Por el contrario, los hechos prueban que cuanto menos la codicia individual y la rapacidad tienen razón natural de existir, más peligroso e inoportuno para la sociedad deviene ese animal. La "bestia de la propiedad" no es voraz para satisfacer sus necesidades, sino que ¡devora únicamente por el placer de tragar!

¡Qué los que trabajan para vivir comprendan que este monstruo no puede ser domando, ni amaestrado, ni volverse inofensivo, o útil al hombre, qué sepan que la única salida posible es una implacable, despiadada y minuciosa guerra de exterminación! Tratarlo bien no sirve para nada. Desprecio e ironía, serán los resultados a los que el proletariado tendrá que atenerse si, gracias a las elecciones, peticiones u otras estúpidas tentativas similares, pretende imponer el respeto a su enemigo jurado.

Algunos afirman que la educación general traerá los cambios, pero esta opinión común no tiene sentido. La educación solo será posible si se destruyen los obstáculos, lo que no podrá darse antes que todo el sistema actual sea destruido.

Pero no se piense que todo o nada se puede o debe hacer por medio de la educación. Lejos de ello. Todo aquel que reconozca la infamia de las condiciones actuales tiene que alzar la voz para denunciarlas y, con ello, abrir los ojos de las gentes. Para llegar a este resultado hay que evitar solamente las reflexiones supercientíficas, dejémosle esto a los bien intencionados hombres de ciencia que de esta manera arrancarán la máscara de humanidad a la "mejor clase" y desvelarán el rostro repugnante del predator. El lenguaje necesario y para el proletariado tiene que ser claro y enérgico.

Todo aquel que pronuncie discursos será acusado, por el populacho que nos gobierna, de incitación al disturbio, será amargamente odiado y perseguido; lo que demuestra que la única educación posible y práctica debe tener naturaleza incitativa. Por lo tanto, ¡incitemos!

Mostremos al pueblo como los capitalistas de la ciudad y del país lo desposeen de su fuerza de trabajo, como los propietarios, los comerciantes, etc. le quitan su pobre salario, como los curas de la cátedra, de la prensa y del partido buscan destruir su intelecto, como la policía está siempre dispuesta a maltratarlo, a tiranizarlo y a llamar a la soldadesca para esparcir su sangre. ¡Qué finalmente la paciencia lo abandone! ¡El pueblo se enfrentará y aplastará a sus enemigos!

La revolución proletaria, la guerra del pobre contra el rico, es el único camino que conduce de la opresión a la liberación.

Algunos afirmarán: ¡las revoluciones no se fabrican! Lo que es cierto, pero pueden prepararse dirigiendo la atención de las gentes hacia la inminencia de tales acontecimientos, preparándolas a estar preparadas para toda eventualidad.

El desarrollo capitalista, que muchos teóricos afirman que llevará a la extinción total de la clase media (pequeña burguesía) antes que las condiciones favorables de una revolución social se encuentren al alcance de la mano, ha alcanzado un tal grado de perfeccionamiento que todo nuevo progreso parece casi imposible. La producción universal (en los países civilizados) solo podrá proseguir a gran escala, tanto en la industria como en la agricultura, cuando la sociedad se organice sobre bases Comunistas, y (lo que es una evidencia) cuando el desarrollo de la técnica se acompañe de una reducción de horas de trabajo y que el consumo aumente con la producción.

Esto se comprende fácilmente. A través de la producción generalizada se puede alcanza una producción de 10 a 100 veces superior a la necesidad que los productores tienen de mercancías, de valor equivalente y es en este nivel que se encuentra la fricción. Hasta hace poco, el plusvalor no ha sido objeto de mucha atención puesto que, de una parte, este supuesto beneficio fue capitalizado, es decir utilizado para crear nuevas empresas capitalistas, y de otra parte, porque los países más industrializados (mejor dicho: la "bestia de la propiedad" en esos países) exporta enormes cantidades de mercancías. Sin embargo ahora el proceso comienza a andar capa caída. La industrialización ha generado grandes progresos por todo el mundo, equilibrando cada vez más las importaciones y las exportaciones. Por ello es cada vez menos rentable hacer nuevas inversiones de capitales que, en esas circunstancias, solo podrán revelarse rápidamente infructuosas. De ello derivará la crisis universal que hará reventar estas incongruencias flagrantes.

Por ello, todo está maduro para el Comunismo. Es solamente necesario suprimir a los enemigos empedernidos e interesados: los capitalistas y sus instigadores. El pueblo se preparará, en el transcurso de estas crisis, para la lucha; todo dependerá, entonces, de la presencia de un núcleo revolucionario bien entrenado sobre todos los puntos, dispuesto a cristalizar en torno a él a todas las masas de gentes lanzadas por la miseria y la necesidad de trabajo hacia la rebelión y capaz de dirigir las fuerzas poderosas que así se constituyen hacia la destrucción de todas las instituciones hostiles existentes.

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"Me acusa de delito de conspiración ¿Y cómo se prueba la acusación? Pues declarando que la Asociación Internacional de Trabajadores tiene por objeto conspirar contra la ley y el orden. Yo pertenezco a esa Asociación y de esto se me acusa probablemente... Permitidme que os asegure que muero feliz, porque estoy seguro que los centenares y miles de obreros a quienes he hablado recordarán mis palabras y cuando hayamos sido ahorcados ellos harán estallar la bomba. En esta esperanza os digo: ¡Os desprecio, desprecio vuestro orden, vuestras leyes, vuestra fuerza y vuestra autoridad ¡AHORCADNOS!"
Luis Lingg - frente a sus jueces y verdugos - 1886

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"Por ello, todo está maduro para el Comunismo. Es solamente necesario suprimir a los enemigos empedernidos e interesados: los capitalistas y sus instigadores. El pueblo se preparará, en el transcurso de estas crisis, para la lucha; todo dependerá, entonces, de la presencia de un núcleo revolucionario bien entrenado sobre todos los puntos, dispuesto a cristalizar en torno a él a todas las masas de gentes lanzadas por la miseria y la necesidad de trabajo hacia la rebelión y capaz de dirigir las fuerzas poderosas que así se constituyen hacia la destrucción de todas las instituciones hostiles existentes."
Johann Most - 1883

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"No niego que haya hablado en varios mitines, afirmando que si cada trabajador llevase una bomba en el bolsillo pronto sería derribado el sistema capitalista imperante. Esa es mi opinión y mi deseo. Yo no combato individualmente a los capitalistas, combato el sistema que les da el privilegio. Mi más ardiente deseo es que los trabajadores sepan quienes son sus enemigos y quienes sus amigos. Todo lo demás lo desprecio, desprecio el Poder de un gobierno inicuo, sus policías y sus espías."
George Engel - frente a sus jueces y verdugos - 1886

 


CO42.3 Memoria obrera: La bestia de la propriedad - Johan Most