El capital se impuso desde los siglos XV y XVI como modo de producción mundial. Desde entonces cementa cada ladrillo de la fábricas, de las minas, de las oficinas donde extorca el plusvalor de aquellos a quienes explota; engrasa cada engranaje de las máquinas, de los aviones, de los computadores con la sangre de aquellos de quienes extrae la plusvalía. Las leyes que le son inmanentes determinan un desarrollo por polos -polos de concentración de la riqueza que coexisten con otros en donde se condensa la miseria-, pero por todas partes, en el Norte como en el Sur, en el Este como en el Oeste su dictadura comanda.

La esencia mundial del modo de producción capitalista determina igualmente el carácter internacional del proletariado como clase universal concentrando, a la vez, toda la realidad de la explotación, y todas las condiciones de la revolución. Por todas partes y en condiciones cada vez peores, cada vez más aterradoras, los proletarios se ven forzados a vender su única propiedad, su fuerza de trabajo, para no reventar. Por eso, es también mundialmente que tienen que luchar, intentando enfrentar la rapacidad de los burgueses. Sean blancos, amarillos, negros, o indios, que usen mono de obrero, poncho, turban, camisola o guayabera en todas las latitudes se encuentra la misma contradicción social.

No es solo en México, Argentina o Brasil que se manifiesta la lucha de clases, sino que en Nigeria o en Irak, en Argelia o en Estados Unidos, en Alemania o Indonesia, estallan huelgas, motines, revueltas, se producen expropiaciones o diversas formas de ataques a la propiedad privada, que rompen, aunque sea fugazmente, la paz social que el Estado impone. Claro que para la burguesía no es muy útil insistir sobre el hecho de que las condiciones de existencia de los proletarios desembocan por todas partes en la contraposición violenta al mismo sistema social. Por el contrario, todo se hace, precisamente, para que el proletario en Argentina o en México no se reconozca en la realidad de su hermano de clase en Asia, en Europa, o en Africa y viceversa. Es mejor encerrar televisivamente a Ruanda o Irak en caóticas imágenes de miseria, de catástrofes, de barbarie, que hacer un zoom sobre las determinaciones sociales que se encuentran en el origen de los conflictos y su desarrollo. El modelo de un mundo dividido entre tipos de países (por ejemplo países "pobres" y "ricos", países "capitalistas" y "socialistas") es impuesto para desdibujar y disimular la contraposición general de clases a nivel internacional. Desplazar la contradicción es, para la ideología dominante, otra manera de negar la lucha de clases.

El ejemplo de Bangladesh va permitirnos argumentar todo esto.


Hace ya varios años que Bangladesh, en donde se concentran 120 millones de seres humanos en un territorio de 143.000 km2 es sacudido regularmente por violentas tempestades sociales. Pero globalmente lo que se ve y de lo que se oye hablar en los medios de difusión acerca de este país es sobre... ¡las inundaciones! Esta dimensión de la realidad de Bangladesh es mucho más presentable y queda en harmonía con lo que al espectador puede mostrársele y que ha sido educado para que "quiera ver". Además una inundación o un tifón, son fenómenos mucho más fáciles de introducir en la categoría de las fatalidades que las huelgas o las revueltas. Más todavía, ¿para qué deteriorar la imagen de un país hecho de "demasiada agua y demasiados pobres"?

Pero sería imposible esconder completamente la existencia de la lucha de clases y,a pesar de todos los méritos de los medios de difusión, algunas informaciones pasan. A continuación algunas de esas escasas informaciones que a fines de 1994 aparecieron en los periódicos:

"El 4 de diciembre de 1994, miles de policías, de milicianos auxiliares (Ansars) mal equipados y mal pagados se amotinan, ocupan dos cuarteles y toman como rehenes a 22 oficiales y controlan el cuartel general y el centro de entrenamiento de la capital Dacca. Al cabo de 4 días, cuando el amotinamiento toca otras provincias, la represión se abate sobre el movimiento. Las tropas de élite del ejército toman por asalto los cuarteles ocupados utilizando para ello el armamento pesado: cañones, lanza granadas, helicópteros, gas, carros blindados,... haciendo según datos oficiales, 4 muertos y 50 heridos."
Un primer biombo ideológico se rompe: ¡no hay solo mendigos desarmados, empapados y en harapos en ese país! Será necesario dar una explicación diferente, caer en las tradicionales explicaciones entre partidos "oficiales" y partidos de "oposición".

¿Qué nos dicen los mercaderes de la desinformación organizada para explicar estos amotinamientos? Los burgueses nos presentan dichos acontecimientos como un episodio suplementario de la guerra "por el poder" que se libran dos mujeres, una Primer Ministro y Presidente del Partido Nacional de Bangladesh y la otra la dirigente de la Liga Awami, considerada como la oposición. El ciudadano puede volver a dormir tranquilo, feliz de saber que todo esto se encuentra bien circunscrito en el mundo de la democracia adonde no existe la lucha de clases. Los periodistas han cumplido perfectamente con su papel. ¿Pero que pretende esconder la clase dominante? Si las contradicciones sociales son tales que hasta los milicos se amotinan, la situación social debe ser mucho más explosiva de lo que se nos dice.

En efecto, el motín de diciembre de 1994 es solo un episodio entre muchos de una larga historia de lucha de clases.

En el mismo momento en que el motín se desarrollaba, un amplio movimiento social paralizaba todo el país. Dos momentos que la burguesía tendrá mucho cuidado en separar, para hacer de ellos una realidad bien diferente, afirmando así, SU VERDAD y su información por todo el mundo, con el objetivo de preservar y mantener su realidad como eterna. Nosotros sabemos que ambos momentos no son más que uno solo; que ellos manifiestan la lucha del proletariado por afirmar una misma comunidad de intereses frente al explotador, a pesar de que no haya logrado unificar sus consignas y dotarse de una dirección propia. De hecho si rascamos un poco la cáscara de la desinformación que pesa acerca de ese país, por las razones que hemos evocado antes, uno se da cuenta rápidamente que esos acontecimientos, que llegaron a su punto culminante durante los años 1994-95, son el resultado de un largo proceso de luchas que comenzó en la década de los 80 y del cual queremos dar aquí una breve descripción.


En los años 80, la crisis que golpea a nivel planetario, encuentra también su expresión en Bangladesh. Las medidas de austeridad, tomadas regularmente para que vuelva a marchar la máquina de producir ganancias, se suceden a un ritmo infernal, aquí como en todas partes: baja de salarios, aumento de precios, devaluaciones sucesivas de la moneda, despidos masivos,... Dichas medidas, asociadas a las consecuencias de las "catástrofes naturales" (inundaciones, ciclones,... ver recuadro) y a las resultantes de la Guerra del Golfo [1], aumentaron violentamente el nivel de miseria de los proletarios de esa región. Todas esas condiciones que hicieron todavía más insoportable la vida y dejaron en evidencia de que los proletarios no tienen nada que perder, lo empujaron a una violenta lucha: huelgas clasificadas como "salvajes" en 1989, vasto movimiento de agitación social desde octubre a diciembre de 1990 que culminó con violentas revueltas en especial en Dacca, la capital del país.

Las luchas llegaron a tal nivel durante este período que el Estado se vio obligado a sustituir al general Ershan, que se había instalado a la cabeza del gobierno por un golpe de Estado en 1982. La burguesía se cambia así de careta y se pone la pomada de una reforma constitucional. Nuevos actores más creíbles, como la Liga Awami y el Partido Nacional de Bangladesh, pasan a dominar la escena política para mantener y reforzar la explotación. Pero la existencia del circo parlamentario no resuelve absolutamente nada. El Partido Nacional de Bangladesh, instalado en el gobierno, no hizo otra cosa que asumir la continuidad del programa capitalista y toma nuevas medidas de "racionalización de la economía": despido de 30.000 nuevos proletarios "excedentarios" en los ferrocarriles, en la industria del yute y en la compañía nacional de aviación, la BIMAN. Pocas informaciones filtran y llegan hasta nosotros sobre las reacciones de nuestra clase frente a tales medidas, pero no es posible ocultar completamente la existencia de violentos conflictos que periódicamente estallan y perturban la marcha infernal de la máquina capitalista entre 1992 y 1996. Veremos algunos ejemplos.

En enero de 1992, son brutalmente reprimidas las manifestaciones realizadas por varios miles de jóvenes obreros en la capital. Según los verdugos encargados de la represión las reivindicaciones de los manifestantes "amenazaban seriamente la balanza de pagos". En febrero de 1993, una huelga de obreros del sector textil provoca la furia de los capitalistas que envían a sus perros de caza a reprimirla brutalmente con el beneplácito de la burguesía mundial. Para el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, no se debe ceder ni una pulgada, aquí como en todas partes la austeridad debe golpear fuerte; el capitalismo siempre necesita extraer más ganancias, aumentar el lucro. Los expertos de la Unión Europea recomiendan al gobierno ir todavía más lejos en la reestructuración capitalista y cerrar doce empresas textiles no rentables, lo que provoca el despido de miles de obreros. Pero éstos no aceptan y vuelven a declarar la huelga.

Mientras se continúan radicalizando los enfrentamientos aparecen nuevas polarizaciones (o mejor dicho se reviven viejas polarizaciones) que buscan desviar a los proletarios del camino de lucha emprendido: divisiones entre obreros "hindúes" y "musulmanes", aparición de la guerrilla nacionalista "mongola", etc... Las centrales sindicales por su parte, juegan su papel tradicional de amortiguación intentando recuperar las luchas. En marzo de 1993 los sindicatos intentan ponerse a la cabeza del movimiento lanzando la consigna de "huelga general". Los obreros en lucha desde hace semanas desbordan ampliamente el paro de trabajo sindical, se corta el tránsito en todas las grandes rutas y se erigen barreras en las vías de trenes paralizando la economía nacional. La agitación social se generaliza a todos los sectores. En octubre de 1993 son cerradas 4 universidades, calificadas por el gobierno como "centros conspirativos y terroristas". El descrédito del gobierno del "Partido Nacional de Bangladesh" solo dos años después de haber llegado al gobierno, es tan grande que se piensa en hacer jugar la clásica alternancia entre los partidos burgueses. Se prepara otro equipo, y a partir de noviembre de 1993 y durante todo el 94, los partidos de la llamada oposición, con la Liga Awami a la cabeza, se preparan para llevar el sombrero de todas las miserias que los proletarios soportan desde la caída de los militares. Para parecer todavía más creíbles y alistar a los obreros detrás de su bandera, la Liga Awami lanza un gran movimiento de boycott de la Asamblea Nacional, ya totalmente desacreditada, y llama a la población a exigir un nuevo carnaval electoral.

Pero a pesar de todas esas viejas armas burguesas, nada impide que la tensión social continúe agudizándose durante todo el año 1994. Sobre un fondo de huelgas, Dacca se encuentra totalmente bloqueada el 26 de abril. La oposición al plan de austeridad, todavía más draconiano que el anterior y tan codiciado por el gobierno y la banca mundial sigue desarrollándose en el transcurso de los días siguientes. Entre los burgueses, la inquietud aumenta, los llamados a la restauración de la paz social, como condición para hacer "buenos negocios" se suceden. Es en ese sentido que los inversores extranjeros incitan al poder local a mostrarse más firme frente a los huelguistas: "Estamos preocupados por problemas esenciales como el orden, la seguridad y la estabilidad gubernamental, sino, ¿cómo podríamos esperar atraer las inversiones?".

Huelgas y manifestaciones se suceden, en los diferentes sectores, en abril, mayo y junio de 1994. En julio la oposición al gobierno trata de recuperar el movimiento, para lo cual lanza una campaña para realizar una "gran jornada de defensa de la democracia contra el ascenso del integrismo musulmán". Pero estas tentativas cuadran mal con las reivindicaciones de los proletarios que continúan luchando por mejorar su vida de todos los días. Los sindicatos pasan entonces a primer plano de la escena intentando evitar todo desbordamiento y pretendiendo canalizar el movimiento hacia el apoyo de a la Liga Awami. Para ello, organizan paros pacíficos de trabajo, con encierro de los obreros en la fábrica o en la casa, paro de brazos cruzados que impiden toda extensión del conflicto; al mismo tiempo, que en nombre del movimiento, los sindicatos se sientan a negociar para obtener algunas reformas que por supuesto presentarán como "grandes victorias obreras". En recompensa, el gobierno abandona la persecución contra 10 líderes sindicales al mismo tiempo que condena a 5 militantes proletarios a la cadena perpetua por "actividad terrorista", traducción estatal de la acción directa de esos proletarios consistente en organizar manifestaciones, huelgas, la lucha contra los carneros, los sabotajes de la producción... y otras acciones contra las medidas de austeridad.

Pero el circo de las negociaciones sindicatos/gobierno, no es suficiente para calmar los espíritus; la lucha continúa y se producen violentos enfrentamientos que contraponen las barrigas vacías a las fuerzas del orden burgués, en especial en el gran puerto de Chittagong, verdadero pulmón económico de toda la región. El tráfico es sistemáticamente paralizado por los estibadores, a quienes se unen otros huelguistas que logran parar totalmente la carga y descarga de todo el puerto. En setiembre de 1994, se producen nuevas huelgas y nuevas manifestaciones en la capital Dacca y otra vez en Chitagong.

Según las pocas informaciones que pudieron filtrar del black-out organizado por la burguesía, los antagonismos de clase que sacuden esta región resultan amplificados por la ferocidad de las condiciones locales de organización de la explotación capitalista. Un ejemplo entre muchos otros: en setiembre de 1994 unos 200 trabajadores, entre ellos niños de menos de 14 años, se ven oponer el loc-out patronal luego de varias semanas de huelgas que habían sido desencadenadas para poner término a los insultos, los golpes, las horas suplementarias no pagadas, el acoso sexual, la reducción de salarios por ausencias debidas a enfermedades, o por el tiempo pasado en el baño. Frente a la huelga y la organización proletaria de una caja de resistencia, la respuesta patronal fue la de hacer arrestar a 5 obreros por "terrorismo". Los acusados son secuestrados y apaleados por los agentes de la empresa. Sus mujeres, que protestan contra ellos, también serán apaleadas; todo lo que puede darnos una idea de la brutalidad con que se organiza el proceso de explotación capitalista en Bangladesh. Frente a ello no puede extrañarnos que toda huelga, toda manifestación asuma directamente la forma de enfrentamiento directo, físico, con las fuerzas del capital y rechace el encuadramiento pacifista propio a todos aquellos que intentan convencernos de que solo actuando en forma "calma y razonable" obtendremos satisfacción.

También en el campo, la agitación se extiende. En octubre de 1994 grupos proletarios incendian una buena parte de la producción de yute en protesta por la baja de salarios. En ese mismo mes, dos mil niños manifiestan en Dacca contra la decisión del gobierno de prohibirles trabajar. Para comprender la situación es necesario saber que muchas familias solo logran subsistir en base a los miserables salarios de los niños y, digan lo que digan los demócratas moralistas, si los niños muy muy jóvenes se ven obligados a venderse, a prostituirse en las fábricas o en las calles, por un pedazo de pan, no es para satisfacer el "vicio de sus padres" sino por el contrario, por la miseria en la cual esta sociedad necrófaga hunde a los proletarios, incluidos los niños, empujándolos a la prostitución sexual u otra, cada vez más temprano en todas partes del inmundo infierno capitalista.

En noviembre de 1994, estallan nuevos conflictos en el sector textil; en ese momento la lucha de clases llega a un nivel desconocido desde 1989. Las fuerzas represivas son desvastadas por una serie de amotinamientos. En diciembre de 1994, sobre un fondo de huelgas, de manifestaciones, de revueltas que sacuden todo el país, cuarteles enteros se sublevan negándose a obedecer al gobierno. Las fuerzas de represión clásicas no resultan suficientes, dado que se encuentran gangrenadas por las contradicciones sociales, la luchas de clases penetra en los cuarteles y los vuelve inseguros. La patronal se ve obligada a organizar milicias privadas para hacer una guerra sucia que los milicos oficiales no son capaces de continuar. En coherencia con ello se utilizan tropas de élite del ejército para aplastar a los amotinados e intentar restablecer el orden. La cantidad de muertos ya no se cuenta, pero el movimiento de contestación social continúa al firme. Así comienza el año 1995 y el 22 de enero miles de obreros del textil vuelven a declarar la huelga y a asumir la acción directa. Bloquean las rutas y las vías de los trenes en todo el país y enfrentan a las fuerzas represivas que no dudan en tirar contra los insurgentes. Una vez más el movimiento se hace fuerte en el complejo portuario de Chittagong. Las manifestaciones masivas se generalizan y una bomba artesanal explota ante el paso del cortejo del primer ministro.

En abril el movimiento huelguístico se desarrolla nuevamente, generalizándose a todas las empresas, resultando particularmente potente en el sector de transportes. Se exige un aumento inmediato de salarios así como una prima compensatoria de la "carestía de la vida". Los enfrentamientos con las milicias blancas hacen varios heridos y una vez más la burguesía intenta inyectar el veneno electoral en las venas de los proletarios para desviarlos de su lucha.

En noviembre de 1995, en pleno desarrollo de una "jornada antigubernamental" llamada por los partidos de oposición, el proletariado le pasa por arriba al servicio de orden de la oposición a su majestad y la jornada se transforma en una serie de enfrentamientos que se generalizan en la capital Dacca. El 30 de diciembre, Bangladesh se encuentra totalmente paralizado, los trenes, los autobuses, los aviones, los barcos,... nada funciona. Grupos de obreros volantes, notoriamente bien organizados, aseguran la generalización y la lucha contra los posibles rompehuelgas, controlando las entradas y salidas de las estaciones, los depósitos, los aeropuertos, y los puertos. La economía nacional, tan querida por los burgueses del mundo entero, se encuentra en una situación caótica, nada circula, los negocios no andan. Si bien no hay dudas de que los proletarios agarran así del cogote a su enemigo histórico, las informaciones que filtran no nos permiten sacar gran cosa con respecto a la capacidad de no someterse a la mortal polarización interburguesa: "gobierno/oposición". No llega hasta nosotros ningún detalle significativo que permita medir la capacidad real de los proletarios de extraer lecciones de las luchas para afirmarse contra todas las fracciones burguesas, contra todos los partidos políticos, para contraponerse a todos los sindicalistas, denunciándolos por lo que son en realidad: gestionarios del capital.

En el año 1996 no parece haberse producido un cambio en el clima social; las informaciones que llegan hasta nosotros no hablan para nada de un retorno a la calma, tan codiciado por todo el capital. Al contrario, ya en enero, en el transcurso de una nueva ola de huelgas, se producen enfrentamientos que hacen necesaria la intervención masiva del ejército nacional intentando restablecer la calma. La omnipresencia de las tropas represivas es lo corriente, las cárceles están repletas. Frente a la gravedad de la situación, la burguesía hace renunciar al primer ministro en ejercicio y organiza otro carnaval electoral. Mientras tanto, varias unidades militares marchan sobre Dacca, amenazando con un golpe de Estado militar como solución a las luchas sociales. Al fin se realizan las elecciones, en junio de 1996, pero durante las mismas se producen importantes disturbios, en los cuales es muy difícil, con la información disponible, saber en que medida corresponden a la simple lucha entre fracciones electorales rivales o por el contrario a la lucha desarrollada por el proletariado, que arrojan un saldo de al menos 20 muertos y 300 heridos. Finalmente los milicos vuelven a sus cuarteles y se proclama la victoria de la Liga Awami. Esta vez todos los partidos habían llamado a votar, a pesar de lo cual se produce una importante tasa de abstencionismo, aunque desconocemos la cifra exacta.


A pesar de que los medios de comunicación nos muestran una realidad troncada o que directamente nos esconden todo lo que pasa resulta entonces imposible esconder en Bangladesh el desarrollo de las universales contradicciones de clases. En Los Angeles o en Dacca, en Lagos [2] o en Paris, el proletariado lucha enfrentando el mismo tipo de ataques contra las condiciones de supervivencia. Por eso la reacción de la burguesía adopta las mismas formas en todas partes; aprovechando nuestras propias debilidades busca eliminar una situación de hervidero social. Pero ¿cómo actúa la burguesía contra nuestros intereses?

Cada vez que el proletariado busca afirmar sus intereses, la burguesía se obstina en desviar sus luchas hacia objetivos reformistas: izquierda contra derecha, civiles contra militares, musulmanes contra hindús como en Bangladesh.

Y cuando los medios de falsificación y desinformación internacional hacen referencia a lo que sucede en la región, se refieren siempre a esas manifestaciones encuadradas, desviadas hacia una reforma del sistema, escondiendo así la unicidad de los intereses de nuestra clase. Por su parte nuestra clase se encuentra todavía muy endeblemente organizada, no disponiendo de prensa propia que resulta tan importante para el combate, ni de una red organizativa, ni de grupos comunistas suficientemente fuertes para enfrentar todos los reformismos, lo que la hace fácil presa de todas las falsas representaciones de la situación que da la burguesía.

Hoy es más difícil todavía para muchos proletarios -más allá de la comunidad objetiva de intereses que los unifica- el reconocerse en la lucha de los proletarios de otras partes del mundo. Vistos desde América o Europa por ejemplo, el silencio de los medios de difusión, la folclórica información, y la falsificación de la verdad funcionan como una gigante pantalla sumamente eficaz contra el desarrollo de la lucha de clases en Bangladesh. Eso sucede en todas partes en donde los combates sociales se desarrollan en zonas en donde la circulación de información de un hecho depende antes que nada de la dimensión espectacular que el mismo espectáculo puede darle [3]: si no es posible confirmar el "folclore" tradicional asociado al lugar en cuestión -las inundaciones en Bangladesh, la cantidad de chinos en China, los indios en Chiapas o los negros en Los Angeles, por ejemplo- el espectáculo será estrictamente limitado a una sórdida exposición del número de víctimas en proporción con la distancia kilométrica o/y cultural que separa el lugar de la información con el informado en tanto que objeto de la información.

Los múltiples modos de desinformación cotidiana de la lucha de clase y la ocultación histórica del movimiento comunista constituyen dos fases complementarias de la afirmación terrorista de un mundo en donde la explotación, que constituye la esencia, es categórica y sistemáticamente negada, infirmada, desmentida, por la ideología dominante. Como la represión, como el encuadramiento sindical y político, la organización sistemática de la desinformación constituye uno de los pilares básicos del Estado capitalista.


¡No hay inundaciones en Bangladesh!

Por medio de esta pequeña contribución nosotros aportamos nuestro esfuerzo para romper el muro del silencio que rodean las luchas proletarias y marcamos nuestra solidaridad de clase con nuestro hermanos que luchan tanto en Asia como en Europa, en América como en Oceanía o en Africa, por nuestras mismas razones, por las mismas necesidades que luchamos nosotros "aquí".

¿Y ahora que lecciones podemos extraer de las luchas?

Apoyar a nuestros hermanos de clase "allá" es también criticar las debilidades, es conformar una comunidad de acción y de crítica que refuerce la lucha proletaria para no encontrarse cada vez desarmado frente a los mismos enemigos, que utilizan las mismas trampas. Así debemos también subrayar las debilidades que estuvieron presentes en todo el movimiento de luchas en Bangladesh desde 1989:

Estas dos características resumen los límites del movimiento de lucha que se han desarrollado en la región desde hace más de 7 años. La falta de organización, de centralización, de dirección del movimiento se prolonga precisamente por las dificultades que tiene el proletariado para extraer las lecciones de sus derrotas y así poder avanzar. Estos movimientos han sido masivos, violentos y se desarrollaron en general afuera de las estructuras de encuadramiento burgués, pero hemos podido constatar, también cada vez, la incapacidad del proletariado para dotarse de una dirección propia, lo que ha llevado a los proletarios derrotados a volver a caer en el torbellino levantado por las estructuras de las que hubieran debido desembarazarse para entrar en lucha.
 
 

¡Salud a los proletarios en lucha en Asia y en todo el mundo!

¡Actuemos contra la desinformación!

¡El proletariado no tiene patria!

¡Rompamos el aislamiento!

 



 

NOTAS :

[1] En efecto, como consecuencia de la guerra 90.000 obreros fueron repatriados de Kuwait y de Irak. Ello reforzará la miseria de un numero mucho mayor de personas en Bangladesh (aproximadamente un millón), dado que hasta entonces cada proletario "emigrante" en esos países enviaba dinero que permitía vivir a más o menos 12 personas.

[2] Ver al respecto nuestro texto "Lucha de clases en Nigeria" en el numero 37 de Comunismo, adonde también se intenta romper el muro del silencio que encierra a los combates del proletariado en la región.

[3] La dictadura de la tasa de ganancia también en el sector información hace que solo pase en la televisión, la radio, o sea publicado en un diario, la información que permita vender, la que coincida con la moda, la que corresponda con las creencias y mitos dominantes, en fin, la que deje mejor petrificado al espectador en su papel de idiota útil.
 




 

Hambrunas e inundaciones asesinas...
gracias a la nación y al progreso

 

Bangladesh, que antes se llamaba Bengala, era una región conocida en el Siglo I de nuestra era por su oro, sus perlas, sus especies, sus esencias aromáticas. Era entonces un importante centro comercial con puertos, rutas y ríos en gran parte navegables. 

En 1406, el intérprete chino de una expedición comercial habla todavía de una región "económicamente próspera" adonde se fabrican, tijeras, cuchillos, espadas, fusiles, vasos, objetos pintados, 5 ó 6 tipos de algodón, pañuelos, sombreros de seda con bordados en oro... En la región abundan los cultivos de sésamo, mijo, porotos, jengibre, cebolla... 

Fue necesaria la llegada de los capitalistas ingleses y del progreso correspondiente a principios del siglo XVIII para que las condiciones de existencia se degraden poco a poco. 

Con la implantación de la Compañía de Indias, el comercio con Inglaterra se desarrolla enormemente en base a las reglas impuestas por el capital británico. Rápidamente, Inglaterra comienza a producir las telas que en un principio importaba de Bengala, lo que provoca una profunda transformación en la región: de región productora de bienes finales la región de Bengala pasa a ser productora de materias primas. Las consecuencias de este cambio son enormes para la agricultura que pasa de la policultura destinada al autoconsumo al monocultivo dirigida hacia la exportación, lo que por supuesto implica la consecuente movilización de tierras para destinarlas al monocultivo. Desde entonces, como en todas partes en donde predomina el monocultivo que pasa hacer casi el único producto de la tierra, las sucesivas crisis de esa materia prima en el mercado mundial determinan periódicas y severas hambrunas. La primera de esas hambrunas remonta a 1770. Insistimos en esto que es siempre ocultado por todos los progresistas que nos presentan un pasado terrible mejorado gracias al desarrollo del sistema burgués: el origen de las hambrunas es el desarrollo y progreso del capital y no una situación propia a las condiciones climáticas o geográficas de la región, como nos quieren hacer creer. Esta situación empeorará más aun con la llegada de otro monocultivo todavía más especulativo: el opio. Destinado al mercado chino, el opio será acaparado y comerciado por los mercaderes ingleses durante todo el siglo XIX y hasta 1939. 

En 1947, la India es dividida en 2: por un lado la Federación India y por el otro Pakistan, compuesto por dos territorios separados por una distancia de 1.500 kilómetros. Entre Pakistan Occidental y Pakistan Oriental apoyado por India, estalla una guerra cuya consecuencia será, en 1971, la creación del actual Bangladesh (ex-Pakistan oriental). 

Con anterioridad a la aparición de la India, no se habla de inundaciones porque en la región en donde ahora se repiten las mismas causando tantos daños, no había gente. ¡Y no es para menos! Constituida por el extremo sur del delta del río Gange, esta región se mantuvo casi desierta hasta 1947 por estar compuesta casi exclusivamente de pantanos y terrenos cenagosos. 

¿Qué es lo que pudo empujar a la población a instalarse en la región? Los intereses imperialistas. 

La partición de la India, efectuada con el apoyo de Inglaterra, fue oficialmente realizada para impedir las guerras religiosas entre los hindúes (mayoritarios) y los musulmanes (minoritarios). En base a la misma los hindúes debían vivir en la Federación India (la India en la actualidad) y los musulmanes en Pakistan occidental y oriental. Para hacer respetar esa partición artificial se imponen enormes desplazamientos de población, que hoy serían calificados de "epuración étnica". Pakistán oriental (el futuro Bangladesh) representa la parte menos interesante de Bengala -en términos económicos- y si ese es el territorio destinado a los musulmanes ello se debe, entre otros elementos, a la presión de la burguesía hidú que lograba así asegurarse la región más próspera, apoyada para ello por los capitalistas ingleses que buscan mantener relaciones comerciales con la mayor parte de su ex-colonia. 

El aumento artificial de la población en el actual Bangladesh, fue causado entonces, en primer termino por los desplazamientos masivos y en segundo lugar por una demografía galopante. Es así que ese pequeño país, más chico que Ecuador o el Uruguay, tiene una densidad de población de 810 habitantes por kilómetro cuadrado, habiendo regiones generalmente inundadas donde se amontonan hasta 1000 personas por kilómetro cuadrado (solo a título comparativo digamos que Holanda y Bélgica, que históricamente han sido siempre citados como ejemplo de países muy densamente poblados tienen unas 350 personas por kilómetro cuadrado; en el otro extremo podríamos citar a Bolivia que con una extensión de más de un millón de kilómetros cuadrados tiene solo 8 millones de habitantes; es decir ¡menos de 8 habitantes por kilómetro cuadrado! y es aquí que vienen las misiones humanitarias a imponer los controles de natalidad y hasta a esterilizar a las indias bolivianas!). ¡Había que poner esas masas humanas en alguna parte! La única solución aceptable para el capitalismo internacional era empujarlas a ocupar las zonas pantanosas y cenagosas de las que hemos hablado. Encerradas por un lado por fronteras políticas sumamente herméticas y por el otro por el mar, esas masas humanas sufren de cada subida de las aguas y cientos de miles de seres humanos mueren ahogados durante cada crecida. Y todo eso porque el progreso capitalista obligó a grandes masas humanas a vivir en lugares inapropiados adonde nadie antes hubiese pensado ir a vivir. Los cientos de miles de muertos que se repiten no es más que el precio permanente que paga la humanidad porque el Progreso capitalista y la Nación de Bangladesh puedan perdurar. 

 


 


CO40.2 ¡NO HAY INUNDACIONES EN BANGLADESH!