Desde hace muchos meses la región del Cáucaso ocupa regularmente el primer plano de los medios de comunicación; horrorosas escenas se reproducen a un ritmo infernal: bombardeos, osarios, masacres, ayudas humanitarias, toma de rehenes, ataques, contra-ataques,...

Sin embargo, según la propaganda de la burguesía mundial, la caída del muro de Berlín producida hace 7 años (1), debía marcar "el fin del comunismo", y la creación de un "nuevo orden mundial" en el que no habrían más guerras, ni miseria, ni antagonismos sociales... En pocas palabras, la impresión que se daba entonces era que comenzaba, a partir de ese instante, un mundo de paz, de bienestar y de armonía universal para el conjunto de la humanidad. Pero la ilusión que se quiso dar duró muy poco, rápidamente hubo que reconocer lo evidente, el paraíso sobre la tierra dejaba un gusto muy conocido; no solamente nada había verdaderamente cambiado, sino que todo continuó empeorando: en los cuatro rincones del planeta miseria y guerra no dejaban de desarrollarse, exacerbando el abismo entre la acumulación de la riqueza en un polo y la miseria total en el otro, lo que aviva cada vez más el antagonismo mundial entre la clase que posee los medios de producción, la burguesía, y la clase desposeída de estos, el proletariado. Los defensores del viejo mundo pueden celebrar alegremente el 50º aniversario de la Organización de las Naciones Unidas, pero la aspiración burguesa de una sociedad del Capital purificada de sus contradicciones se ha manifestado, otra vez más, por lo que es: una pura mistificación.

Los que en Rusia creyeron que las Perestroika, los Glasnost,... el derrumbe de un muro fisurado, la abertura de las fronteras, el desarrollo del "mercado libre", la implantación de los Mac Donald y los despachos de Coca Cola... iban a permitirles vivir mejor, no han terminado de raspar el fondo de las basuras para encontrar algo para comer. El sueño enganchandor del paraíso "made in USA" se ha desvanecido rápidamente frente a la siniestra realidad. Todo el mundo no se puede ofrecer un gran automóvil, perfumes de lujo, pieles,... y llenarse los bolsillos de dólares. La miseria, que debía desaparecer para siempre, golpea brutalmente a todos los desposeídos. Toda la bulla demagógica que hicieron los creadores de opinión pública no ha podido ocultar que los "cambios" (2) en el Este no han mejorado las condiciones de supervivencia de los proletarios de esta región. Al contrario, han empeorado con el desarrollo de todas las contradicciones del Capital. Y para los proletarios que se entusiasmaron con el enésimo plan de reformas que el sistema capitalista impuso para posponer su agonía, solo les queda el constatar que otra vez se dejaron adormecer.

Las restructuraciones en el Este tienen los mismos colores que las que se dieron en el Oeste: en todos lados implican despidos masivos, baja de salarios, expulsiones, deportaciones, masacres,... desarrollo exponencial de la miseria y de la guerra; en todos lados los burgueses luchan, con márgenes más estrechos, para mantener sus capitales en reproducción ampliada dentro del contexto de una guerra por imponerse en la competencia cada vez más violenta; en todos lados esto significa el aumento gigantesco de la tasa de explotación de los proletarios, en todos lados... puesto que tanto en el Este como en el Oeste, en el Norte como en el Sur, y a pesar de las apariencias y los discursos ideológicos, es el mismo modo de producción, mundial desde hace siglos, quien las impone en todas partes.

La situación en Rusia no fue, entonces, una excepción a las contradicciones inherentes al capitalismo, sino por el contrario su confirmación total. El nuevo ataque frontal contra las condiciones de vida de la clase explotada, que la burguesía en el Este posponía ante el terror de la emergencia de incontrolables y violentas respuestas de destrucción de este viejo mundo podrido, tenía tarde o temprano que dirigirse necesariamente contra nosotros. Como el mito del "país o Estado socialista" (en nombre del cual se habían impuesto setenta años de contrarrevolución) tocaba su fin, había que cubrirlo de nuevos atavíos y adoptar por nuevas formas: el ajuste de la explotación tenía que presentarse bajo un nuevo sol.

Es así que a la nueva careta de la explotación se le llamó Perestroika (restructuración), liberalización del mercado, de los precios... Glasnost (transparencia), apertura de las fronteras, pluralismo de los partidos políticos,... el fin de la URSS y la creación de la CEI.

En correspondencia con toda la campaña que alaba las llamadas nuevas libertades de comunicar, de invertir, de comercializar, de circular... -fundamento del capitalismo que existió siempre tanto en el Este como en el Oeste-, la burguesía desarrolla infinitas campañas nacionalistas que definen la trayectoria del progreso económico como únicamente posible gracias a la emancipación de las repúblicas de la ex-URSS, a los derechos de los pueblos a disponer de ellos mismos,... Es así que surgen y se desarrollan cientos de guerras de independencia, de liberación nacional que atribuían todo conflicto de intereses al denominado robo del usufructo de la producción de una región por parte de otra,... a la denominada sujeción de un pueblo por parte de otro, de una cultura por parte de otra, de una etnia por parte de otra,... obligando a toda reacción contra la degradación brutal de las condiciones de vida a identificarse con uno u otro término de estas polarizaciones, todas burgueses, y excluyendo, por ello, toda afirmación del antagonismo clase contra clase, proletariado contra burguesía.

Es así que Tayikistan, Azerbaiyan, Georgia, Abkhazia, Armenia, Ossetia, Moldavia, Chechenia, Afghanistan,... fueron el teatro de conflictos en los cuales se logró que muchos proletarios creyendo defender sus aspiraciones a un mundo mejor caían en diversas formas de apoyo a una fracción burguesa contra otra, lo que los llevó a masacrarse mutuamente por el bien del Capital y a negar su existencia como clase al abandonar las luchas por sus propios intereses y por ello la verdadera lucha por el comunismo.

La masacre en Chechenia, y en todo el Cáucaso, es un ejemplo de como el Capital intenta, en esta región, como en el resto del mundo (Ejemplo en ex-Yugoslavia, en Ruanda, en Burundi, en Irak, en Perú, en Colombia, etc.) canalizar todos los conflictos que surgen inevitablemente de su crisis de desvalorización mundial. Cuanto más se deje el proletariado adormecer, cegar, asesinar,... en defensa de la patria rusa, chechena, georgiana, azeria,... serbia, bosníaca, palestina, u otra, mejor sobrevivirá el Capital.

* * *

"Terapia de choque" contra el proletariado

Las modificaciones de los estatutos de las empresas -modificaciones de la jurisdicción que concierne la propiedad privada (leyes sobre la autogestión de las "empresas del Estado", sobre las "cooperativas privadas", distribución de cheques de privatización...)- las políticas de liberación de precios, la reforma de la moneda,..., bajo la égida de Gorbachev o de Eltsin, bajo la bandera de la ex-URSS o de la ahora llamada CEI, obedecen a la necesidad de liberar la economía de las estructuras proteccionistas cuya cantidad se había transformado en un serio obstáculo al desarrollo de las fuerzas productivas y a la extracción del plusvalor en Rusia (3).

El significado de estas reformas para el proletariado es el de un salto calitativo muy importante en el desarrollo de la explotación de su fuerza de trabajo. La mayoría de los trabajadores que tienen un trabajo continúan trabajando sin ser pagados mientras que los precios no dejan de subir, los desocupados han quedado simplemente reducidos a errar por las calles o a vivir de pequeños tráficos. Actualmente, 44.5 millones de habitantes de Rusia (es decir un tercio de la población) viven por debajo de lo que se denomina "umbral de la pobreza". El proletariado, frente al desarrollo brutal de la miseria, respondió con diversos movimientos de acción directa, entre los cuales debe destacarse, por su fuerza, el movimiento huelguístico en el sector minero. Dentro de una situación ya tormentosa, estos movimientos huelguísticos acentuaron a su vez el caos económico y empujaron a los diversos gobiernos tanto a frenar como a acelerar la política de reformas. Como los movimientos bursátiles, los movimientos huelguísticos exigen respuestas por parte de los administradores centrales del Capital en un espacio dado.

Una de las primeras reformas del gobierno de Eltsin/Gaïdar en enero del 92 fue lo que se llamó la política de la "verdad de los precios", o también de la "liberalización de los precios"; política cuya concreción más importante fue la subida de los precios de los productos de base. En muchos casos, esos vertigionosos aumentos de precios fueron, al menos localmente, anuladas debido a las manifestaciones de descontento que, en ciertas ocasiones, asumieron la forma de violentos enfrentamientos con la milicia y de expropiaciones, como fue el caso en Stravropol, Vladimir y Kirov, así como en Moscú y Leningrado. A pesar de toda esa resistencia la inflación llegó en l992 al récord de 2500 %.

A partir de octubre de 1992, para lograr una mayor adhesión ideológica del trabajador a su empresa, para una mayor sumisión que redunde en un aumento de la intensidad y de la extensión del trabajo se intenta, a partir de octubre del 92, convencer a los obreros de comprar su propia cárcel industrial. En el sector agrícola se intenta exactamente lo mismo a través del reparto, a veces a cambio de algo de dinero, a veces gratuito, de las tierras de los koljoses y de los sovjoses, entre los obreros que trabajaban. A pesar de todo, todas estas tentativas de "privatización" (4) terminaron en el fracaso más rotundo: no solo el engaño, que tanto propagandeaba el gobierno, de "transformarse en propietario de su tierra", no funcionó, sino que cada reforma en vez de aumentar la cantidad de trabajo efectuada por los proletarios (en cantidad dedicada e intensidad del mismo) chocó con toda una serie de resistencias de los proletarios en el trabajo mismo. Por ejemplo la cosecha de 1995 fue 20% inferior a la del año anterior; ¡resultando la peor de los últimos 30 años! En otras regiones, como en Ucrania, los proletarios destruyeron la producción, incendiaron los productos terminados, sabotearon los depósitos, dejaron pudrir mercancías, etc.

El ataque contra la clase obrera no podía limitarse a estos fracasos, era necesario que tomase otras formas para buscar imponerse. Es así que se da otra ola de "reformas" que se concretaron en la reducción de las inversiones en las empresas moribundas (que según el Fondo Monetario Internacional son entre 70 y 80% del total de empresas), la disminución de las subvenciones del sector escolar, salud,...

Otra medida que el gobierno decidió, en julio del 93, para encauzar el desarrollo vertiginoso de la inflación, fue la conversión formal del rublo soviético en rublo ruso. Una gigantesca masa monetaria desapareció en esta operación al no poder cambiarse por el nuevo billete. El proletariado tremendamente perjudicado por la medida reaccionó también contra la misma: se produjeron, principalmente en Omsk (Siberia) una serie de protestas y motines llamados "revueltas del rublo". En la misma época se desarrollan otras formas de lucha que desgraciadamente no podemos detallar por falta de informaciones precisas como fue la "revuelta de la leche" durante el verano del 93.

Todas estas políticas tienen como común denominador el intentar imponer un aumento drástico del ritmo de trabajo y una reducción del salario relativo y casi siempre del salario real. "Comer menos y trabajar más" es el programa único de todas las fracciones burguesas. Pese a que las políticas de precio, inflación, reforma de la moneda, se tradujeron en una disminución drástica del salario y en general en un aumento de la explotación que permitió esperar un aumento de las ganancias, los resultados no fueron los esperados, sino que por el contrario "la terapia de choque" aceleró la disminución de la producción que ya se había constatado en años anteriores.

Bajo los auspicios del FMI, se organizó un nuevo cambio de personal: un "nuevo equipo", ampliamente subvencionado por miles de millones de dólares procedentes de los grandes centros financieros del mundo (FMI, bancos alemanes, franceses, CEE,...) se puso a trabajar con el objetivo de realizar los saludables cambios, esperando esta vez obtener algo más de apoyo entre los proletarios.

* * *

Nuevo gobierno, nuevo ataque contra el proletariado

Una de las consecuencias del mito de la existencia de los "países socialistas" y de los "Estados obreros" en los países del Este fue que toda crítica de las condiciones de vida resultaba canalizada por la burguesía de oposición hacia una aspiración, que llegó a ser muy general, de vivir como en el Oeste. La imagen del Oeste era la de un paraíso en el cual todos eran ricos, cualquiera disponía de todo, y puede hacer lo que quiere... Con la caída del muro esta imagen comienza a fisurarse y lo que persiste es la polarización entre los que quieren el "cambio", los "reformadores" (defensores de la ilusión occidental) y los que preconizan el regreso al antiguo sistema, los "conservadores" (nostálgicos de lo que ellos, junto con los burgueses de todo pelo y color, denominaron "comunismo"). Toda critica de la sociedad es así canalizada en una crítica de sus gestores que por supuesto deja intactos sus fundamentos. Los salarios no pagados, las alzas de precio, los cortes de electricidad, la falta de vivienda,... todo se le atribuye a las reformas o a la falta de reformas, a la buena o mala gestión de tal partido, de tal presidente, a tal primer ministro, a la cámara alta o baja del parlamento,... Y es lógico que nos perdamos en todo ese laberinto (lo que es un objetivo de nuestros enemigos) cuando se pierde de vista que toda lucha contra la degradación permanente de nuestras condiciones de vida es simultáneamente lucha contra la esencia misma de esta sociedad, contra todo lo que sustenta la relación trabajo asalariado/Capital, contra el conjunto de las estructuras del Estado: partidos, sindicatos, parlamentos, fondos monetarios, bancos, patrones...; que no son otra cosa que las distintas instancias y aparatos de la organización mundial de la dictadura de la burguesía y de sus intereses mercantiles.

La instalación del nuevo equipo Eltsin/Chernomyrdin, en diciembre del 92, corresponde a la necesidad burguesa de hacer creíble la polarización reformistas/conservadores, modificando un poco su imagen, el color, las pretensiones, para así limitar toda reacción contra los necesarios cierres de fábricas, despidos, disminución de salarios, pérdida de la vivienda,... Y con esto se produce la gran paradoja, de que ahora son los stalinistas los que tienen el papel de encuadramiento de toda oposición a las medidas gubernamentales.

Claro que ¡no fueron suficientes setenta años de gestión de la explotación obrera para que el auto-denominado Estado obrero pudiese organizar el indispensable y brutal aumento de la explotación sin terminar de descreditarse y provocar una violenta explosión de la clase obrera contra "su" Estado! En efecto, las nuevas medidas, al ser impuestas por el "nuevo régimen", permitieron salvar el mito del Estado obrero y evitaron el surgimiento de enfrentamientos de clase mucho más graves. Este artificio de la burguesía fue mucho más hábil de lo imaginado, puesto que el aumento vertiginoso de la miseria lanza a muchos proletarios a echar de menos el tiempo de la gestión stalinista del capitalismo. Las reacciones a la austeridad permanecen, así, encerradas en la falsa polarización: retornar al "comunismo" o desarrollar el "liberalismo". Dicha polarización impide la identificación del verdadero enemigo del proletariado: el Capital pintado de rojo o de azul. De esa manera se preserva siempre una fracción de oposición burguesa que toma la iniciativa o canaliza las respuestas que inevitablemente se dan y se darán.

Es así que a partir del otoño 1992 se emprende una lucha entre la presidencia (los "reformadores") y el parlamento (los "conservadores") cuyo objetivo es liquidar toda autonomía del movimiento de contestación sometiéndolo a esta polarización burguesa. La organización de esta oposición demagógica llegó a encuadrar gran parte de la energía proletaria que se oponía a la creciente degradación de las condiciones de vida. Esta política pudo encandilar a un gran número de proletarios como fue, por ejemplo, el simulacro de insurrección que organiza la oposición durante octubre del 93 en Moscú. Detrás del espectáculo de la toma de los locales de la televisión (la torre de Ostankino) y de la defensa del parlamento (la Casa Blanca) contra las élites presidenciales, y de la imagen que los medios de comunicación occidentales y rusos nos daban, se ocultaba perfectamente otra cosa: la oposición parlamentaria no pretendía una vuelta hacia atrás sino que expresaba abiertamente la necesidad de destruir el movimiento de contestación creciente y encuadrarlo en la polarización burguesa. Como lo señala claramente uno de los comentadores más lúcidos de la época, la alternativa era esa o la explosión social que ninguna fracción del Capital hubiese podido controlar: "El problema no se encuentra en que el Parlamento se haya mostrado conservador sino en el coste colosal de la política de reformas del gobierno. El Presidente se encuentra frente a un dilema: continuar con la misma orientación asumiendo el riesgo de provocar, en otoño, explosiones sociales y una paralización de las empresas industriales, con todas las consecuencias imprevisibles para su administración, o modificar su política a pesar de la presión del Parlamento y de todos los adversarios de la "terapia de choque". (Literatournayya Gazeta - octubre 1992).

La liquidación de la "rebelión" se materializó principalmente en el encarcelamiento de un gran número de obreros combativos apresados en las redes políticas de los antiguos dirigentes stalinistas del país, mientras que a estos últimos se les liberaba.

Aprovechando los acontecimientos, el gobierno simuló retroceder, marcando, momentáneamente, una nueva pausa en la imposición de las reformas, que por supuesto tenía también por objetivo anestesiar, distraer al proletariado. La situación social, pese a que era extremadamente tensa, podía permanecer todavía bajo control gracias a las "redes de seguridad" que la burguesía había tendido para amortizar la violencia del choque; así, por ejemplo, ¡muchos obreros pudieron conservar su trabajo, incluso si no trabajaban, o lo hacían poco,... con un pequeño salario o sin salario! (5). A pesar de que no tenía una rentabilidad inmediata, esta política pudo mantenerse provisoriamente porque era el precio que la burguesía tenía que pagar para mantener la frágil paz social. Pero el Capital tiene que encontrar otras soluciones,... no puede continuar indefinidamente trabajando a pérdida. Un ejemplo de ello es la situación en las minas en donde desde hace muchos años por no ser rentables hay una presión burguesa para cerrarlas definitivamente. Uno de los últimos planes preveía el cierre de más o menos 70% de las minas, el despido de 500.000 mineros de un total de 850.000, la supresión de las "ventajas sociales de empresa"... Este proyecto fue casi imposible comenzarlo pues los mineros reaccionaron rechazando el sacrificio a través de numerosos movimientos huelguísticas.

* * *

---------------------------------

"Siempre han existido, desde Prudhon a Kautsky, desde Hitler hasta Fidel Castro, desde Stalin a Mussolini, desde Bernstein a Perón, desde Mao Tse Tung a Komeni, desde Arafat a Gorbachov,... y otros reformadores, fracciones burguesas progresistas, partidarias de grandes reformas, con un discurso populista, obrerista, "contra la riqueza", "contra los monopolios", "contra la oligarquía", "contra las pocas familias propietarias del país", "contra la plutocracia"... y en favor de las instituciones "sociales". Estas fracciones corresponden a la tendencia histórica permanente del capital a auto-reformarse a revolucionar constantemente la base productiva y la estructura social, manteniendo, claro está, lo fundamental: el asalariado, la explotación del hombre por el hombre. Su función específica es la de presentarse como alternativa a las formas clásicas de dominación (función decisiva para polarizar la sociedad en dos polos burgueses), presentar las reformas como el objetivo de toda lucha y en la lucha intercapitalista aparecer como los sectores más capaces de controlar los sectores radicalizados de la sociedad. Su importancia relativa, en las distintas épocas o países, deriva de su credibilidad frente a los proletarios, es decir de su capacidad para controlar a los obreros y liquidar toda autonomía de clase, a través de reformas (o promesas de reformas) que harían menos visible la esclavitud asalariada, más "viable" la miseria efectiva y en los hechos más firme la dictadura social capitalista. Cualquiera sea su reformismo, la burguesía es enemiga irreconciliable del proletariado, y cualquiera sea su discurso, todas ellas recurrirán al terror abierto (¡qué no es "privilegio" de la derecha o de los fascistas!) contra el proletariado si la preservación del sistema lo comanda. Frente a tales fracciones, el programa del proletariado no cambia un ápice, y contra todo tipo de apoyadores críticos, aquel está forzado a organizarse en fuerza para aplastarlas y liquidarlas junto a todas las otras".
"Tesis de Orientación Programática del Grupo Comunista Internacionalista", Tesis No. 36

---------------------------------

* * *

La importancia de los movimientos huelguísticos en las minas

Los mineros en muchos casos asumieron la iniciativa de amplios movimientos huelguísticos que paralizaron regiones enteras. La razón principal, por la cual los mineros se encontraron en el origen de ese tipo de iniciativa, fue en general el enorme retraso en el pago de salarios, que llegó en algunos casos a 6 meses.

Desde el 89 se producen importantes movimientos masivos de huelga que arrancaron de Kuzbass en Siberia. En la primavera del 93 los mineros del Donbass (Ucrania) tomaron la posta. En marzo del 94, las huelgas se extienden a todas las minas siendo los bastiones principales: Vorkuta (Gran Norte) y Kuzbass.

En diciembre del 94, el gobierno pone 270 millones de dólares a disposición para pagar lo atrasado y para que los trabajadores vuelvan al trabajo en Ucrania. En el 95, el gobierno proyecta cerrar 38 pozos en donde trabajan 40.000 mineros. La disminución de la productividad en Ucrania es enorme y hoy se tiene que importar carbón cuando en el pasado fue el primer centro de explotación de esa mercancía. A partir del 90 la producción disminuye a la mitad.

Frente a las dificultades para aplicar los planes de cierre de las minas, los economistas calculan que los gastos de mantenimiento de un gran número de desocupados es mucho más elevado que el mantener los minas abiertas. En efecto, con la inflación galopante y el retraso en el pago de los salarios obreros, varios pozos caen bajo las normas fijadas de reducción de costos de producción y como consecuencia las minas existentes continuaron utilizando cotidianamente la misma cantidad de mineros. Se acumula así cada vez mayor número de salarios impagos: en enero del 96 el total de los salarios retrasados equivalía a 122 millones de dólares.

En octubre del 95, los sindicatos, respondiendo a la presión generalizada, organizan paros nacionales, por las mismas razones: salarios no pagados, condiciones de trabajo cada vez más peligrosas dado que en todos los pozos que se mantienen abiertos, por las razones arriba invocadas, la manutención es nula puesto que están condenados a cerrar... Así, en Pervcomayskaya, en una de las minas más modernas de Kuzbass se produjo un accidente que provocó la muerte de 15 proletarios.

El 3 de octubre del 95, en Vorkuta (Norte de Rusia), 77 mineros del pozo Promyshlennya se declaran en huelga de hambre. En el Extremo Oriente, en la región de Primorye, los mineros organizan una marcha hacia la capital regional, Vladivistok, contra la perspectiva de despidos masivos.

Las reivindicaciones que predominan en el movimiento son: sea la independencia con respecto a Moscú, sea la vuelta al "viejo sistema" en el cual por lo menos se pagaban regularmente los endebles salarios.

En febrero del 96, los mineros de 142 minas (sobre un total de 250) de Ucrania se declaran en huelga, lo que a su vez provoca la paralización del 70% de la actividad industrial. 800.000 trabajadores se encuentran en lucha, exigiendo el pago de los salarios retrasados, junto con otras reivindicaciones no clasistas (como sucede en general en esta fase) como el subsidio de 1.5 billones de dólares para renovar las industrias. El invierno fue particularmente duro, el más frío desde hace cincuenta años. El gobierno otorga entonces 21 millones de dólares para pagar los salarios de los mineros; luego se pagan 79 millones de dólares más; pero todo esto no constituye más que los dos tercios de lo que los mineros exigían como mínimo. El 13 de febrero solamente 40 minas se mantienen bloqueadas. El 16, los sindicatos llaman para que se vuelva al trabajo, pero en 25 minas los obreros rechazan el llamado sindical y continúan su lucha. Frente a ello los sindicatos planifican una enorme manifestación para el 21 de febrero y un paro general... de dos horas. La falta de inversión en las minas ocasiona condiciones de trabajo cada vez más peligrosas. El 18 de febrero, tres mineros mueren de un nuevo accidente, ¡lo que lleva a 43 el número de muertos durante los cinco primeros meses del 96!

En agosto del 96, en la cuenca del Don de la región de Rostov (Sur), los mineros de 19 pozos paralizan totalmente la producción. En los otros 6 pozos se continua extrayendo carbón pero los mineros no lo entregan. 40.000 mineros se movilizan, así, para reclamar lo que se les debe; el total de salarios retrasados es entonces de 80 millones de dólares. 50.000 obreros de las empresa directamente dependientes del carbón (abastecimiento, transporte) se unen al movimiento. El gobierno, para frenarlo, paga 20 millones de dólares lo que cubre apenas cuatro meses del salario de los mineros. Los mineros de 11 pozos de la cuenca de Vorkauta (Gran Norte) amenazan con la huelga si no se les paga su salario... los de Kuzbasse, Siberia oriental, siguen el ejemplo. En el extremo Oriente, 13.000 mineros paralizan toda la región de Primorye desde hace tres semanas; 12 pozos de los 14 se encuentran inmovilizados, 403 mineros prosiguen una huelga de hambre y reclaman enormes cifras por salarios impagos. El gobierno vuelve a ceder parcialmente pagando 9 millones de dólares lo que solamente representa dos meses de los 6 que se les debe. Se paraliza toda la región de Vladivostok: las centrales hidro-eléctricas y la mayoría de las fábricas se ven forzadas a suspender todas sus actividades. En Louchegorsk, 300 empleados de la central hidro-eléctrica deciden declarar una huelga de hambre para protestar contra el no pago de sus salarios. ¡Hasta el ejército se encontró privado de electricidad y los sistemas de alarma que señalan la frontera con la China se paralizan!. Se reduce el tráfico ferroviario al mínimo y los transportes públicos quedan totalmente inmovilizados. Este movimiento se extiende a la isla de Sakhaline, en la que otros 1.500 mineros se declaran en pie de lucha.

Todas estas informaciones, dadas de golpe, pueden resultar fastidiosas, sin embargo nos dan una visión aproximada de la situación que impera en Rusia:

A pesar de todo, para el gobierno de lo que se trata es de una carrera contra el reloj para detener estos movimientos. Por ello periódicamente realiza concesiones, como por ejemplo en diciembre de 1993 aumenta de 100% el salario mínimo. En esas circunstancias el gobierno tuvo que poner en circulación 150 mil millones de rublos lo que por supuesto implica un nuevo impulso inflacionista, un aumento del endeudamiento y del déficit público. Eltsin justificó esa política alegando que había que tener en cuenta el "coste social" de las medidas de austeridad producidas por la "terapia de choque". En abril del 94, Rijkov, ex-primer ministro soviético, se inquieta por la situación caótica y lanza un grito desesperado destinado a la burguesía mundial: "... la caldera social está por reventar, la presión está al máximo. Hay que optar entre abrir un poco la válvula, para que la presión disminuya o esperar la explosión."

En el exterior del espacio de la Federación Rusa también estallaron importantes huelgas, como por ejemplo en Bielorusia en febrero del 94, cuando se produce un movimiento huelguístico generalizado debido también al retraso en el pago de los salarios. Esta política, de retraso salarial, ocasiona en los hechos una baja generalizada del salario real (cuando los asalariados reciben el salario de unos meses anteriores el poder de compra de los mismos es muy inferior) y hace más miserables aún las condiciones de vida impuestas al proletario.

En marzo del 94, el movimiento huelguístico en las minas se generaliza a otros sectores: como la salud (huelga de los trabajadores de las ambulancias), la enseñanza (maestros, profesores,...). A fines de ese mismo año en las industrias de armamento en Moscú, en las minas de Tula, en las fábricas de automóviles AutoVaz (Lada) en Togliattigrad,... en las industrias nucleares de Siberia, los obreros se declaran en huelga a pesar de que las mismas se encuentran prohibidas en esos sectores estratégicos. El nuevo gobierno, que intentaba hacer una pausa para atacar a los "sectores no competitivos", se encontró frente a un descontento generalizado. En menos de tres años, el nuevo equipo dirigente se encontraba también desgastado, desprestigiado, vacío de proyecto socialmente digerible. Los cambios ministeriales, las luchas por el poder, la corrupción generalizada,... por un lado y por el otro, las huelgas, las manifestaciones,... minaron seriamente el prestigio de estos "hombres nuevos" que tenían que "salvar la Casa Rusa de la catástrofe". Las calecitas electorales (elecciones parlamentarias en diciembre del 95 y presidenciales en junio del 96) no lograron remediar en un ápice la situación en Rusia, lo que llega a constituir una preocupación importante para la burguesía mundial.

* * *

La guerra en Chechenia: guerra abierta contra el proletariado

Frente a la disminución y al no pago de los salarios, al alza vertiginosa de los precios de las mercancías de consumo obrero, de la vivienda, de los transportes, de la calefacción,... el proletariado continúa respondiendo con cierta movilización. Movilización que la burguesía solo logra contener en forma aleatoria, temiendo siempre, el desarrollo de una respuesta de clase mucho más fuerte y clara, dirigida contra el Estado burgués. Pero en la medida en que esta respuesta no se afirma aun suficientemente como una respuesta de clase que fortalece su dirección propia afuera y contra toda alternativa burguesa, se deja el camino libre para que la burguesía tome en sus manos la situación, lo que por supuesto intenta hacer el equipo gubernamental Eltsin/Chernomyrdin. Será precisamente en base a la guerra con Chechenia que dicho equipo intentará canalizar el peligro de un desbordamiento de la movilización contra la austeridad hacia una contradicción interburguesa.

En base a ello la burguesía rusa espera ganar a dos niveles:

Las esferas dirigentes, frente a la situación caótica por la que atraviesa el Estado Ruso, optaron por la "solución" de la guerra, lo que fue perfectamente comprendido y apoyado por todas las fracciones burguesas (¡hasta por los trotskistas!). El Estado americano, alemán, la ONU, la Unión Europea,... declararon cada uno por su cuenta que se trataba de un "asunto ruso interno"; afirmación que por supuesto implica otorgar carta blanca a la burguesía local para realizar las matanzas que se impongan, que más allá del terrorismo interburgués implica siempre la aniquilación de "su propio" proletariado.

La tan deseada paz social mundial pasa por estabilizar las tensiones en Rusia y hoy, más que nunca, la fracción Eltsin es apoyada por el Estado mundial pues se la considera como la mejor muralla contra las explosiones sociales. El secretario de Estado de los Estados Unidos, Warren Cristopher, declara en ocasión del bombardeo de Grozny, que lo que Rusia busca es "... organizar elecciones libres en Chechenia para permitir que los ciudadanos determinen su futuro en conformidad con la constitución rusa." No hay ningún cinismo en la declaración de este importante personero del Estado mundial, sino simplemente una perfecta comprensión de lo que realmente se juega: asegurar un "regreso a la normalidad" es decir afirmar el terror cotidiano para estabilizar la paz social.

La movilización de los proletarios, bajo la bandera de la patria rusa, toma cuerpo en base a una enorme campaña contra "la mafia chechena". El gobierno designa y diaboliza de esa manera a un chivo expiatorio contra el cual debe descargarse toda la ira y las frustraciones populares. Como se hizo ayer con el judío, hoy le toca el turno al caucasiano como responsable de todas las desgracias de la tierra: carestía, aumento de los precios, criminalidad galopante, inseguridad... En base a una impresionante campaña de propaganda todos los aparatos del Estado hacen los máximos esfuerzos para escamotear los intereses reales que están en juego.

Esta guerra, como todas las guerras burguesas, es directamente ¡UNA GUERRA CONTRA EL PROLETARIADO! Los bombardeos, de la aviación y artillería rusa contra Grozny y otras ciudades y pueblos de la región en vez de atacar los "objetivos estrictamente militares" como lo pretenden los comunicados oficiales, tienen como objetivo principal los barrios obreros, en los que ocasionan miles de muertos. Se bombardean viviendas, hospitales, orfelinatos, se ametrallan omnibuses repletos de fugitivos,... No puede haber dudas de que los burgueses se ensañan contra la vida de los proletarios: se apunta contra los barrios obreros, se destruye en primer término los lugares en donde viven los proletarios. Todo el arsenal destructivo, concebido por el genio burgués para destruir, es utilizado sin piedad: bombas con perdigones, bombas de fragmentación, bombas de perforación. Paralela y coherentemente se puede constatar que jamás atacaron seriamente, por ejemplo, las instalaciones estratégicas de Grozny, la torre de la televisión, los puentes, la refinería de petróleo, el oleoducto... y los pocos estragos ocasionados a estos objetivos estratégicos fueron rápidamente restaurados luego de la toma de la ciudad. El único objetivo, de los bombardeos masivos e incesantes, es aterrorizar a los proletarios.

Esta guerra pretende, por una parte, imponer el orden a través de la sujeción del proletariado a la bandera rusa, ¡a reconocerla como si fuese suya, como protectora y prometedora de un futuro!. Del otro lado encuadra toda resistencia a la guerra en la defensa de Chechenia contra el invasor ruso, lo que impulsa a la creencia de que los proletarios bajo uniforme ruso son enemigos del proletariado en Chechenia.

Otro objetivo importante de esta guerra, frente a una situación de incertidumbre generalizada con respecto al futuro, es la necesidad para cada burguesía de comenzar los ejercicios prácticos que le permitirán enfrentar al proletariado en las zonas urbanas; es decir en las tradicionales zonas de amontonamiento de proletarios y de seguros focos de explosión social. El general Grachev, Ministro de Defensa, confiesa, de la misma manera que lo harán algunos de sus colegas de la OTAN, que: "No necesitamos maniobras estratégicas, la amenaza de una guerra mundial se aleja. Nos hace falta entrenamiento para ejercitar nuestras fuerzas armadas en guerras locales". El terror impuesto a los habitantes de Grozny, como en toda la región, es un entrenamiento a título preventivo que permitirá elucidar la forma represiva que se utilizará contra todo eventual sublevamiento de clase; la contrainsurgencia es la preocupación central de las fuerzas armadas.

La lucha asesina entre los autodenominados "independentistas" y los "rusos" no es otra cosa que la única alternativa, claramente afirmada por ciertas fracciones burguesas, que permitirá, a una fracción, asumir la dominación y la explotación capitalista en esa región, frente a otras fracciones opuestas en la competencia. Las negociaciones de paz, en este proceso permanente de guerra comercial, no hacen más que ratificar las nuevas relaciones de fuerza que se establecen durante el enfrentamiento militar. La reconciliación nacional, luego de la masacre física del proletariado, busca enterrar toda tentativa de lucha autónoma del proletariado.

Pero la consolidación de esta estrategia burguesa resultó más difícil de lo previsto. Cuando en diciembre del 94, se decidió enviar blindados a Chechenia, se produjeron movimientos de desobediencia en las filas del ejército: numerosos fueron los soldados que se negaron a participar en la guerra. ¡Los preparativos militares resultaron ser totalmente insuficientes para hacer olvidar, a los proletarios, sus "pequeñas, mezquinas y egoístas" preocupaciones salariales frente a la "honrosa" reafirmación de los intereses nacionalistas, imperialistas de la "Gran" Rusia! ¡El uniforme no fue suficiente para disciplinar a los soldados en el interés de la nación! Le costó muchísimo a la expedición militar llegar a la puerta de la capital, Grozny, por la cantidad de desertores, el repudio al combate y la fraternización con los soldados del otro campo.

Numerosos oficiales, conscientes de la poca moral de la tropa, del peligro de dislocación de sus unidades de combate, de los riesgos de amotinamiento frente a la apertura del combate militar, decidieron mantener sus tanques a 50 kilómetros al oeste de la ciudad y se negaron a pasar a la ofensiva; la iniciativa del ataque fue tomada por la aviación y la artillería. En tales circunstancias, el gobierno de Chermomyridin decide retirar al ejército del frente para "evitar el contagio de la contestación", y dejar el terreno libre a las tropas de élite, dentro de las cuales se encontraban las famosos fuerzas especiales de la división anti-insurgencia Yerzinski. Un dirigente Checheno, analizando la moral de sus adversarios, afirmaba que "... el problema principal del ejército ruso es que sus soldados se niegan a combatir; son los batallones especiales que imponen el combate, se alinean en segunda línea dispuestos a matarlos si retroceden". Unos días antes, un coronel de las fuerzas especiales del Ministerio del Interior, comandante de tropas consideradas como seguras, decide desobedecer las ordenes de progresión de su columna, compuesta de una centena de hombres, y regresa a la base. Este ejemplo nos muestra hasta donde llegó la indisciplina y la desobediencia que gangrenaba todos los cuerpos del ejército, incluyendo a las tropas de élite. Si los jefes de estas unidades desobedecían las órdenes era porque se daban perfectamente cuenta, sobre el terreno, de la imposibilidad de organizar la guerra. Dichos oficiales, que se presentaban como disidentes por su desobediencia, realizan en realidad una excelente obra de salvataje de su Estado dado que su indisciplina puntual les permite ganar a su causa a los soldados descontentos. Así se crea una nueva polarización interna al ejército entre un campo "pacifista" (como el clan del general Lebed) y otro conocido en esta ocasión como "belicista" (como la del Ministro de Defensa, Grachev). Los generales indisciplinados, al estructurar una perspectiva engañosa para soldados que hubiesen podido constituir una alternativa revolucionaria a su derrotismo, canalizan el repudio a la guerra dentro de una perspectiva pacifista, lo que limita el desarrollo de conflictos mucho más graves para el ejército.

Mientras que en Moscú se decretaba la prolongación del servicio militar obligatorio por un año y medio y hasta por dos años y se suprimían los permisos de los estudiantes, del frente llegaban otras noticias alarmantes: los reclutas en Chechenia corrían tanto riesgo de morir de hambre como de perecer bajo las balas. El simple soldado, proletario en uniforme ruso,... harapiento y casi sin calzado fue reducido a mendigar pan, cigarrillos, fuego,... Miles de jóvenes manifiestan en Moscú y Petrogrado, pocos son los reclutas que se presentan a los cuarteles, la mitad de 1.6 millones llamados a las armas en 1996 se incorporan a su unidad, ¡de cada dos convocados uno solo se presenta! La insumisión y la deserción, favorecida y apoyada por las familias y amigos que esconden, alimentan, protegen a los soldados contra la milicia, se extiende cuantitativa y calitativamente. Se fundan asociaciones de madres que organizan convoyes para recuperar, por la fuerza, a sus hijos del frente.

Desde la declaración del alto el fuego, la situación en la región no ha mejorado de un ápice. Aslan Maskhadov, jefe del Estado Mayor de las tropas independentistas afirma que "Hay más muertos en Chechenia desde que finalizó la guerra que durante el período de combates".

* * *

A modo de conclusión...

La guerra en Chechenia no ha logrado eliminar las convulsiones sociales que desgarran tanto al ejército como a todas las estructuras de la sociedad; por el contrario, cada salario no pagado, cada muerte en los lugares de trabajo o por hambre, cada ataque de la milicia... hace más fuerte el rechazo a dejarse llevar como borrego al matadero; lo que choca violentamente con la política de unión sagrada, de austeridad, de sacrificio,..., ¡desarticulándola! La simple operación policial que se pretendía debía ser el objetivo de la intervención de las tropas rusas en Chechenia, se transformó en un verdadero atolladero. ¡Se calcula en aproximadamente 100.000 los muertos en dicha guerra! Lo que recuerda, evidentemente, la situación de la guerra en Afganistán, durante la cual el ejército ruso también tuvo grandes problemas para encuadrar a sus soldados en el combate.

La Duma (parlamento) asustada por el marasmo militar, la crisis política y la presión de los conflictos sociales que paralizaba la producción en ciertas regiones, decreta un aumento del salario mínimo de un 300 por ciento. El margen de maniobra de la burguesía es estrecho: se concede o se corre el riesgo de la explosión social. El FMI se opuso enérgicamente a ese aumento y continua condicionando su ayuda a la aplicación estricta de un "plan de ajuste estructural". Pero a pesar de todo se firmó un acuerdo entre Rusia y el FMI por un préstamo de 10 mil millones de dólares: "Rusia necesita este acuerdo, el mundo necesita una economía rusa sin problemas..." declaran los voceros de es órgano del Estado mundial que es el FMI. Esta cita, en contradicción flagrante con la ideología que pretende que la guerra de Chechenia es "un problema de orden interior a Rusia", muestra de forma cristalina, lo que está realmente en juego: el peligro de la extensión de las luchas sociales afuera de las fronteras de Rusia y dice abiertamente que el objetivo principal es el restablecimiento, cueste lo que cueste, de la paz social en Rusia como condición indispensable para garantizar la de toda la región.

* * *

No se pagan los salarios, se abastecen los comercios pero las billeteras y monederos se encuentran vacíos. Una de las últimas promesas electorales era la de pagar las pensiones, cuando en los hechos ¡mientras el importe de las pensiones se multiplicó por 1.000, el precio del pan resultaba multiplicado por 14.000! Estas cifras solo pueden darnos una vaga imagen del extraordinario aumento de la tasa de explotación en Rusia desde la tan cacareada caída del muro de Berlín. Otro ejemplo de la degradación de las condiciones de supervivencia en Rusia es el último cese fuego en Chechenia que originó un exilio, hacia Rusia, de decenas de miles de civiles de origen ruso, lo que vino a sumarse a los tres millones de emigrados de los países de la ex-URSS que se instalaron en Rusia. Estos, que no tienen trabajo, ni vivienda, ¡son tratados por los otros proletarios como competidores suplementarios en el mercado de la fuerza de trabajo, completamente saturado, y por el Estado, como sus primeros enemigos potenciales! ¡Cómo afirmamos antes, quienes creyeron encontrar su salvación en el fin del muro y la aplicación del modelo occidental en Rusia, no han terminado de raspar el fondo de las basuras para encontrar algo que comer!

Pese a los grandes contradicciones existentes, la lucha del proletariado en Rusia se limita, en la mayoría de los casos, a paros realizados barrio por barrio, región por región y a acciones pacíficas como la huelga de hambre. Los sindicatos, pese a que la discordia reina en las asambleas, conservan la fuerza como para decidir de la vuelta al trabajo. Más aún los sindicatos designan a quienes el gobierno debe otorgarles una parte de los salarios retrasados para así incitar a que los obreros menos combativos regresen al trabajo. Los que continúan el movimiento resultan, entonces, acorralados por los sindicatos. Por otro lado, las reivindicaciones expresan la aspiración de regresar a la situación anterior y no un contra-ataque contra el aumento brutal de la tasa de explotación. El movimiento de lucha no es capaz aún de asumir las conclusiones que se imponen: la necesidad de organizar la lucha afuera y contra de todas las estructuras del Estado burgués, el rechazo de toda alternativa de gestión burguesa, la solidaridad entre todos los sectores: obreros de la industria, refugiados, desocupados,... ¡la lucha es la misma!

Todos estos hechos evidencian los grandes límites de las reacciones del proletariado, la incapacidad, a pesar de que se reacciona contra los diferentes planes de austeridad y de guerra, de reapropiarse de su camino de clase, reivindicando abiertamente la huelga de clase y el derrotismo revolucionario. Desgraciadamente tenemos que constatar una vez más que el proletariado, en este caso en Rusia, tiene grandes dificultades para despojarse de los efectos mortales de setenta años de contrarrevolución intensa y retomar el camino de la revolución que sus ancestros no dudaron en tomar en febrero y octubre de 1917.

* * *

Los acontecimientos que hemos subrayado en este texto nos demuestran como la burguesía utiliza siempre los mismos canales para descarrilar la lucha de nuestra de clase de sus objetivos revolucionarios, llegando incluso a movilizar a los proletarios en guerras por la defensa exclusiva de intereses nacionales, es decir burgueses.

La restructuración, sea cual sea el discurso con el que se la formula, las reformas de las instituciones, a cada cual más democrática,... tienen como prolongación lógica el sometimiento de los proletarios a la bandera de una u otra fracción burguesa. La guerra, llévese adelante en nombre de la liberación nacional, de la defensa de los intereses regionales o de una purificación étnica, es siempre la guerra contra el proletariado y en la medida en que éste se deje enrolar en uno u otro de estos bandos, el resultado ha sido, es y será también el mismo: miseria, masacres, deportaciones,...

Las campañas electorales, el hecho de designar a algunos culpables de corrupción, el cambio permanente de roles al interior del personal del Estado, haciendo caer algunas cabezas designadas como los chivos expiatorios de la ocasión,... no son más que espectáculos conscientemente elaborados por la burguesía para imbecilizar a aquellos crédulos que esperan obtener de esas maniobras una mejora en sus condiciones de vida.

Por otro lado, las polarizaciones Rusia contra Chechenia, "belicistas" contra "pacifistas", "reformadores" contra "conservadores",... son todas burguesas. Todas las promesas de un futuro mejor en esta sociedad son completamente falsas, mentirosas y constituyen parte de la maniobra política de la burguesía para asesinar nuestra fuerza de lucha. No tenemos ningún interés común con tal o cual fracción burguesa, sino que por el contrario nuestros intereses más elementales se encuentran en las antípodas de los de toda fracción burguesa. No les hagamos ninguna concesión, ni en cuanto a nuestra participación en el producto, ni en cuanto a la fuerza de nuestra lucha, luchemos con todas nuestras fuerzas para que no sigan viviendo a costa nuestro.

¡ Seamos intransigentes en nuestra lucha !

 ¡ Contra todas las fracciones burguesas !

 ¡ Contra toda unión nacional !

* * *

Notas :

1. Ver nuestro texto: "LC30.3 Un mur tombe, la misère continue" en nuestra revista central en francés: Communisme No.30, enero 1990.

2. Nosotros rechazamos totalmente la ideología que presenta el fin de la URSS y su transformación en CEI como un "cambio". Se trata solo de un momento de reforma, que es la característica permanente del desarrollo del Capital. En efecto para sobrevivir y justificarse el Capital requiere periódicamente variar superficialmente su forma, modificar sus banderas, cambiar el partido que se encuentra en el gobierno, pasar del bonapartismo a la república o vice versa,... conservando y si es posible consolidando lo esencial: la sociedad mercantil generalizada, la formación social capitalista.

3. Conviene observar que esta problemática es inherente a toda gestión de la economía capitalista: todos los gobiernos del mundo oscilan continuamente entre la "opción proteccionista" y la "opción liberal"; la primera intenta contrarrestar ciertos efectos de la competencia para evitar el estallido brutal de las contradicciones propias al sistema capitalista -política que se materializa especialmente en el hecho de inyectar periódicamente capitales para mantener en funcionamiento a las empresas no competitivas-, evitando (o mejor dicho postergando en el tiempo, porque tarde o temprano se hará inevitable) el ataque brutal de las condiciones de vida de los proletarios, para así mantener al sistema frente a sus inevitables deflagraciones interburguesas e interclasistas; la segunda deja más libre curso a las implacables leyes de la competencia que eliminan, sin rodeo, todo capital no rentable, lo que implica necesariamente despidos masivos así como una ruptura de las alianzas interburguesas, lo que inevitablemente conduce a guerras frecuentes, con cada vez más riesgo de generalización. Al mismo tiempo ello hace correr el peligro de un resurgimiento de las luchas proletarias contra la explotación capitalista en general como reacción a los saltos calitativos, brutales, rápidos y sin tapujos de la intensificación de la explotación del proletariado, de la deteriorización general de todas las condiciones de supervivencia.

4. Ponemos "privatizar" entre comillas puesto que la propiedad privada de los medios de producción es la esencia misma de la relación capitalista: en Rusia como en toda la URSS, el productor directo siempre fue privado, incluso con el partido bolchevique en el poder, de los medios de producción como lo atestigua el hecho de que siempre tuvo que vender su fuerza de trabajo, como su única mercancía para recibir medios para vivir: el asalariado nunca fue abolido. Cuando la burguesía habla de "privatizar" y de "desprivatizar", de lo que se trata es de diversas opciones de gestión burguesas, algunas más liberales y otras más proteccionistas. Las mismas se adoptan en función de la relación de fuerzas entre fracciones del capital, en función de la imposición de diversos modelos de acumulación, en función de que una fracción logre imponer su propiedad de los medios de producción frente a otra; en fin se adopta una u otra política económica en función de los acuerdos interfracciones que intentan limitar los efectos desvastadores de la guerra competitiva que se libran inevitablemente los capitales.

5. Además de otorgarse licencias obligatorias sin goce de sueldo, se atribuían salarios de hasta un 70 por ciento mientras se dejaba la fábrica cerrada por "razones técnicas", se acordaron ventajas en especie como bonos para retirar productos en los almacenes de alimentos y se dan facilidades para acceder a la vivienda, a las escuelas, a las guarderías, se mantiene la medicina gratuita,... A veces se busca mantener al trabajador con una relación de dependencia aunque no se le paga salario, y dando como único incentivo la promesa, más o menos vaga, de que algún día podría obtener un salario y recuperar la remuneración correspondiente a las horas trabajadas.

6. Ver nuestro texto: "CO34.4 De la Guerra en Yugoslavia. Guerra Imperialista contra el Proletariado Mundial"Comunismo No.34, abril 1994.

7. En el caso de la Chechenia, Grozni es un nudo de comunicación crucial para la región: ¡por allí pasan la única ruta, el oleoducto y los ferrocarriles que conectan los puertos rusos del Mar Negro al mar Caspio! Se comprende entonces la importancia estratégica de esa ciudad.

* * *

 


CO40.1 Situación actual de la restructuración capitalista en Rusia