Al mismo tiempo que el ejército organiza, desde hace muchos años, sus salones internacionales Eurosatory y de Bourget, la policía y el Ministerio del Interior en Francia realizan en 1995 su propio salón internacional: "Milipol" o la moda del super-milico: 358 exponentes que representan a 23 países entre los cuales se encuentran Rusia y China. En este supermercado de lo más moderno que existe en represión interior se intercambian contratos jugosos y se organizan expedientes de financiamiento entre los Ministerios del Interior del mundo entero para asegurar la seguridad civil, la mantención del orden y la lucha antiterrorista. Los periódicos lo dejan clarito cuando afirman "... que la conservación de la paz se encuentra al orden del día y que la profusión de material anti-terrorista se confirma; y esto desde el chaleco a prueba de balas y a prueba de metralla de todo tipo a los dispositivos de confinamiento para hacer explotar los paquetes sospechosos..."

Claro está que la burguesía del mundo entero organiza, en nombre de la paz (social), su guerra (financiera, ideológica, militar,...) contra nuestra clase. Evidentemente a este nivel los burgueses rivalizan en imaginación, paz social y comercio obliga. Ejemplos de esto son los "túneles de detección" que desvisten completamente (virtualmente) a un sospechoso, o los fusiles cuyos cañones terminan con un gran embudo que contiene una red circular de más o menos 2,50 metros de diámetro que se desplaza y envuelve "al elemento incontrolado" cuando el milico le dispara. Todo lo cual es adaptable a cualquier arma por 210 dólares. Esta invención polonesa de la firma Maskpol ha causado furor en los ambientes represivos. Browing, firma inglesa, presenta cartuchos de calibre 38 mm llenos de pequeñas balas de goma o de diminutas bolsitas de arena que provocan el efecto de un violento choque en el manifestante. Verney-Carron abastecerá a la policía francesa con 500 ejemplares de Flash-ball: "el arma revolucionaria de intervención a corta distancia concebida para neutralizar sin poner sistemáticamente (¡sic!) la vida en peligro."

Más allá de los evidentes aspectos comerciales ¿qué función cumplen estos salones? ¡Darle seguridad al cordero y aterrorizar al subversivo, o dicho de otra formam resguardar al ciudadano, aterrorizando al proletariado! La crisis se desarrolla y con ella la austeridad y la miseria; el terrorismo de Estado tiene que seguir en aumento. El proletariado, cuya sobrevivencia es cada vez día más difícil, tiene que temblar frente a la idea de su propia respuesta. No es suficiente con que la desocupación lo aterrorice, es necesario además que le tema al milico omnipresente y omnipotente.

Los vampiros de plusvalía, para hacer sobrevivir su sistema de explotación, nos martillan el cerebro con todo tipo de camapañas que intenta mostrar que el capitalismo es eterno, que su sistema es indestructible, que sus técnicas científicas los hacen invencibles, que es en vano intentar enfrentar a sus super milicos super armados, a todos los Batmans en potencia. Estas campañas terroristas solo pueden ser eficaces si a los trabajadores se los mantiene aislados unos de otros: solos en el laburo, solos frente al terror de lo cotidiano, solo frente a los perros policiales.

Nuestros explotadores pueden arreglarselas para inventar armas cada vez más eficaces y desarrollar sus arsenales, y pueden intentar olvidar una realidad que los acomete constantemente: cuanto más desarrollen técnicamente su mundo, más frágil será. Un pequeño ejemplo: sus superordenadores no son utilizados, gestionados, reparados... únicamente por los milicos, para funcionar requieren la electricidad, los generadores,... lo que a su vez necesita carburante y otras materias primas. En toda la cadena, a todos los niveles, se encuentra presente nuestra clase.

El proletariado tiene la capacidad de subvertir todo cuando asume la guerra contra su enemigo mortal, dado que todo lo que requiere esta sociedad es producido por él. Así cuanto más se desarrolla concentra y centraliza el capital, más eficaz puede tornarse una verdadera huelga generalizada y la acción directa de las minorías de vanguardia. La lucha proletaria es por esencia la organización de un contra-terror frente al terror blanco, cada acción del proletariado organizado en clase recupera todo lo que encuentra a su paso y lo pone al servicio de sus necesidades "egoístas" de clase. Nuestra clase por encontrarse en el centro de la contradicción del Capital (en tanto que capital variable y reproductiva del Capital) es la única fuerza capaz de subvertir todo y transformarlo en armas de destrucción de la explotación. Es así que se va forjando como clase revolucionaria.

El proletariado no necesita de salones de exposición, la creatividad que demuestra en su lucha engendra todas las invenciones. Cuando lucha su imaginación no tiene límites. La burguesía cree que puede dormir tranquila inventandose una eternidad, pero en realidad necesita de la propaganda terrorista, para ocultar lo inevitable: cuando el proletariado lucha es capaz de oponer toda su inventiva por la simple razón de que no está determinado ni limitado por los imperativos de rentabilidad. Cuando luchamos nuestro único criterio es el de la destrucción de nuestro enemigo. El proletariado, frente al terror burgués, impone su terror de clase. La burguesía puede continuar soñando viéndose invencible, pero jamás podrá evitar la pesadilla que para ella es la organización y la acción de nuestra clase.

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CO39.5.3 Subrayamos: "MILIPOL" o los fantasmas de invulnerabilidad del Capital