En setiembre del 95, en pleno Océano Pacífico, Papeete, capital tahitiana, de la guita, de las luces, de las vacaciones, de los hoteles y de los comercios de lujo, se despierta convulsionada. El paro lanzado por el sindicato independentista "A Tia I Mua" para el 6 de setiembre contra los pruebas nucleares, se transforma en una gran manifestación proletaria y subversiva, que le pasa por arriba a los sindicalistas y sus mezquinos planes reformistas y conservadores del orden burgués.

Los explotados destrozan los sueños de aquellos imbéciles que se imaginan que la miseria es más soportable al sol. Dos noches enteras de revueltas en las que el paraíso burgués de los palmeras cede lugar a la guerra... de clases. El aeropuerto, eje de comunicación esencial de la máquina para producir guita en la isla, es destruido en un a 90 %. ¡17 grandes fogatas iluminan y dan color de fiesta proletaria a la ciudad!. Se asaltan comercios y los proletarios se reapropian de lo que pueden, reiniciando así en forma incipiente la crítica de la mercancía. La deflagración social alcanza niveles tan violentos que, como en 1987, el gobierno debe recurrir a la Legión Extranjera para defenderse. Algunas horas más tarde, le toca el turno a los paracaidistas, que estaban protegiendo el atolón irradiado de Mururoa de los ecologistas, de dar una mano militaris, a los partidarios del orden totalmente superados.

Estas reacciones no son las primeras, y seguramente no serán las últimas, que estallan en este lugar del planeta que decididamente no tiene nada de un paraíso. Unos meses antes estallaron varias revueltas; en febrero, luego del despido de dos obreros, se producen importantes huelgas, manifestaciones, enfrentamientos violentos contra las fuerzas del orden (se incendian un gran número de camiones, se lanzan botellas de gas empapadas de gasolina sobre los milicos,...). ¡La economía queda paralizada durante más de un mes y medio!

Las causas de todo esto no es necesario buscarlas muy lejos, la situación de miseria generalizada en la que se encuentra el proletariado es de terror. Más del 50% de la población se encuentra en paro, es decir sin ningún ingreso (1) y se concentran en los barrios marginales construidos con todo lo que es posible recuperar en los basurales. Estas verdaderas cloacas habitacionales son los vertederos del bajo mundo en donde subsisten grandes cantidades de trabajadores excedentarios, en base a algunas asignaciones por desocupación y otras subvenciones miserables. Más de 20.000 jóvenes vagabundean por las calles, sin ninguna otra perspectiva, cierto bien lejana, que la de trabajar como criado en uno de los innumerables hoteles de lujo de la isla.

Evidentemente, de todo esto la prensa no habla. Según los periodistas los sucesos de Papeete son la obra del "complot" de algunos independentistas. Pero la realidad les pasa también por arriba a estos vendedores de mentiras. Si bien los sindicatos y otros independentistas estuvieron presentes en los motines de setiembre del 95, fue principalmente para proteger el sistema y canalizar a los proletarios hacia objetivos burgueses. Dicha función ni siquiera la ocultan sino que por el contrario reivindican abiertamente su papel de pacificadores sociales. Al respecto las declaraciones oficiales de los máximos dirigentes sindicalistas y nacionalistas son lo suficientemente elocuentes:

"Rechazo la responsabilidad de la demolición del aeropuerto y del saqueo de la ciudad... A estos jóvenes descontrolados no los conozco y no he organizado su acción... Incluso he tratado de calmarlos cuando comenzaron a destruir el aeropuerto. Yo les dije que "Tia I Mua", no se prestaba para eso, pero no me escucharon."
(Hiro Tefaarere, dirigente sindicalista, que como civil se desempeña como Inspector de... ¡Investigaciones Generales!, reproducido en Liberación (diario francés) 09/09/1995)
¡Hay, si todos los defensores del orden fuesen tan claros en revelar su verdadera función...!

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Nota :

1. La media de los ingresos gira alrededor de 2500 Francos Franceses, es decir unos 500 dólares por mes mientras que el nivel de vida es tan elevado como en la Costa Azul, en Francia, en ¡pleno verano!

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