"¡La reactivación de la economía está a la vista, hay que seguir!" es lo único que se escucha. Los políticos, los diarios y radios, y otros economistas nos llenan la cabeza gracias a esa jaula de imbéciles que es la televisión. Con cifras y gráficas nos explican que la reactivación está de vuelta con nosotros, que es débil y que temblequea pero que por fin está ahí. Dicho discurso es acompañado de una empalagosa justificación de que la austeridad debe mantenerse. Bajo el tono de "¡continúen apretándose el cinturón y la reactivación será más fuerte todavía!", la burguesía intenta por un lado ponernos al remolque de la defensa de la economía y por el otro hacernos creer que esta vez, al fin, "¡hemos salido del túnel!"

¡De esa forma, el "dios de la economía" nos gratificaría con el maná celeste luego de habernos ignorado durante 20 años! ¿Cuál sería entonces la(s) razón(es) por la cual el crecimiento (1) estaría nuevamente entre nosotros?

Para responder a ello comencemos por recordar que la burguesía denomina reactivación o crecimiento al aumento de su riqueza en un país o grupo de países (al aumento del Producto Bruto Interno). La reproducción ampliada (por oposición a la reproducción simple que es incompatible con el sistema capitalista) es una ley inherente del capital y es de esa forma que los ideólogos aluden a la misma. La recesión (palabra que prefieren a depresión) hacen referencia al aumento insuficiente de ese mismo PIB. El discurso actual de la burguesía se resume a decirnos que "nosotros" somos más ricos desde hace 3 o 4 años en Estados Unidos y Gran Bretaña y desde hace un año en el resto del mundo.

Por supuesto que detrás de ese "nosotros" se esconde en los hechos el pueblo, es decir el promedio estadístico resultante de ignorar las clases sociales, es decir de poner en la misma bolsa a los proletarios y los burgueses. Hasta hay una categoría específica en las cuentas nacionales de la ONU que se aplica en todos los países que se llama "las familias"; es decir la contabilidad nacional ignora explícitamente las clases y así como la iglesia concibe el reino de los cielos, establece un mundo en el cual todos los seres humanos pertenecerían a la misma categoría ideal: la familia.

Decir que hay un crecimiento de 3 por ciento en tal año, equivale a decir que en ese país hay un 3 por ciento más de riqueza que el año anterior; lo que por supuesto no implica que cada persona tenga 3 por ciento más de riqueza. Veremos que en los hechos la riqueza de la burguesía aumentó en base a la intensificación de la miseria de los proletarios. Además incluso suponiendo que el 3 por ciento sea matemáticamente redistribuido entre todos en función de lo que ganaban antes (2) ello significaría que la burguesía aumentó aún más su riqueza y que nuestra miseria no ha hecho más que empeorar: la plusvalía sigue constituyendo el mismo porcentaje de una riqueza creciente. ¿cuál es la realidad de la explosión de esta riqueza?

Tomemos el caso de quien la burguesía mundial considera como el "mejor alumno de la clase": los Estados Unidos. Las cifras son elocuentes: de 3 a 4 % de crecimiento por año, una tasa de desocupación del 5 al 6 %, una tasa de inflación del 3 % y la "creación de al menos 2 millones de empleos" por año desde 1991.

Desde hace varios años, algunas empresas norteamericanas (3) han hecho gigantescas ganancias, se han batido records por ejemplo Microsoft en la informática, Pfizer en la industria farmacéutica (varios miles de millones de dólares), Crysler en el sector automotriz (mas de 3 mil millones de dólares). ¡Estas cifras provocarían una erección en el más astuto de los apostadores de bolsa!.

Frente a ese cuadro unilateral con el que tanto insiste la burguesía nosotros insistimos en nuestra realidad, en el punto de vista de los productores de esas fantásticas riquezas, que como siempre, en este sistema de mierda, se encuentran privados del disfrute de su propia producción.

A la pregunta de ¿cómo es posible que esas empresas hagan tan gigantescos beneficios?, debemos responder con la receta de la hora, "despidiendo y despidiendo" para comprimir los costos de producción y aumentando los rendimientos de los proletarios que quedan trabajando, lo que es fácil en base también a la constante presión provocada por la amenaza de despido.

Citemos al respecto a F. Rohatyn, que entre otras cosas es consejero oficioso de Clinton y gerente bancario:

"La carrera de la productividad es acompañada de una desocupación estructural de la que no se salva más nadie: cuellos azules, cuellos blancos y la misma va a continuar. Todas las grandes empresas tratan hoy de reducir sus efectivos. Por ejemplo Pfizer una empresa farmacéutica que yo conozco bien porque soy miembro de su consejo de administración, acaba de decidir que suprimirá 4.000 empleos, 10 por ciento de sus efectivos en base al retiro anticipado o al despido abierto. Y sin embargo la empresa gana miles de millones. Estamos viviendo una época espantosa: miren IBM, Intel y Microsoft. Las tres tienen más o menos el mismo valor bursátil entre 20 y 25 mil millones de dólares. Pero IBM tiene 150.000 asalariados, Intel 15.000 y Microsoft 6.000, lo que significa que la creación de riquezas exigirá una mano de obra cada menos numerosa y además calificada, adaptable y flexible." (4)
Lo que este burgués nos dice cínicamente, es que los proletarios en IBM sudan individualmente 25 veces menos de plusvalía que en Microsoft y 10 veces menos que en Intel, lo que permite ver porqué IBM despide a lo loco desde hace algunos años. El otro ejemplo, el de Pfizer, es representativo de las prácticas actuales.

Y los casos como este hacen legión a través del mundo:

En Estados Unidos más de un 10 por ciento de la población que se encuentra en la más absoluta miseria, no incide demasiado en las cifras dadas a publicidad, dado que simplemente no se encuentran censados y contados en ninguna estadística oficial. Cuando se reconoce que entre 25 y 30 % de la población se encuentra en los "límites de la pobreza", se olvida de precisar siempre que ese porcentaje es sobre los registrados estadísticamente (que no incluye el 10 por ciento antes mencionado). Esto permite relativizar las estadísticas oficiales sobre la desocupación (5).

En relación a los empleos creados (6) en Estados Unidos, lo que no se dice es que cada año 2.000.000 de empleos industriales con salarios mediocres de 10 a 15 dólares la hora pero con cobertura social son suprimidos mientras que se crean 2.000.000 de nuevos empleos con salarios todavía más miserables (4,5 dólares la hora), sin cobertura social de ningún tipo y facilmente deslocalizables.

Gail Forler, un cínico gestionario del capital, nos resume claramente la situación:

"Se acabaron los trabajos industriales bien pagados de los años 70" y agrega: "Ni las nuevas tecnologías, ni los nuevos mercados son una razón suficiente para crear un empleo. Para resolver sus problemas de trabajo, los empleados prefieren comprar una nueva máquina o reorganizar sus efectivos."
Clarito, ¡los proletarios que todavía tienen un laburo tendrán no solo que trabajar por los que fueron enviados a la calle, sino que además se les hará trabajar para que la empresa produzca más que antes!

Siguiendo con los Estados Unidos, los medios de (des)información anuncian que la miseria aumentó en un 10 por ciento en los últimos 20 años, cifra que también nos parece exageradamente baja ¿a qué proletario en los Estados Unidos se le puede hacer creer que con un salario de 1995 puede comprar 90 por ciento de lo que compraba en 1975?

Las cifras sobre la inflación no tienen para nosotros ningún sentido. Los salarios disminuyen y los precios aumentan, es lo que nos interesa y dejemos a los rasca papeles el privilegio de extrañarse:

"En total, a pesar de la reactivación, hay 30 millones de personas, es decir el cuarto de la población activa que se encuentra afuera del circuito normal de trabajo (en esos laburos de mierda de los que hablamos NDR) y estarían soportando esa aberración de estar por debajo del umbral de la pobreza siendo trabajadores."(7)
¡Y sí señores! Nunca el trabajo hizo rico a quien labura, sino a quien hace trabajar a los otros. ¡Si el trabajo hiciese rico ya haría mucho tiempo que la burguesía prohibiría el trabajo al proletariado y trabajaría ella!

La realidad o la irrealidad de la "reactivación" debe ser inscripta en el contexto mucho más general de las diferentes fases coyunturales de este sistema absurdo e inhumano que es el capitalismo. Sin ello no se entiende nada y todo parece un asunto religioso. Solo se puede comprender la famosa "reactivación" de la que tanto nos hablan, refiriéndose a la contradicción fundamental del capital: valorización/desvalorización (ver recuadro).

Uno se da cuenta entonces de que no hay una "reactivación general", que para ello el capital necesitaría un nivel de destrucción de las fuerzas productivas mucho más masivo que el de las guerras actuales, que no son lo suficientemente generales como para permitir una desvalorización generadora de una "reactivación" menos inmediata de la que se habla hoy. Lo que constatamos es que la crisis se acentúa cada vez más y que los discursos acerca de la "reactivación" solo se refieren a una "reactivación técnica", es decir a una reactivación cíclica correspondiente al ciclo corto del capital determinado por la renovación relativa del capital fijo, es decir que es un fenómeno de corta duración que no puede mantenerse más que el tiempo durante el cual el proletariado acepta el aumento de su miseria (8).

El proletariado por su apatía es quien le permite a la burguesía continuar con los despidos de una parte de nosotros haciendo trabajar más intensamente a quienes quedan en las galeras del laburo, lo que implica un aumento de la miseria absoluta y relativa. En los hechos el único período durante el cual la burguesía puede contar con una valorización fructuosa y a largo plazo es el período que sigue a una guerra generalizada: el período de "reconstrucción". Época privilegiada en donde los capitales se invierten y circulan a gran escala pero que, para nuestra clase, significa también un aumento de la miseria relativa (a la riqueza creada por nosotros).

La reconstrucción deja entonces lugar a la crisis (crisis de sobreproducción de capitales) que solo puede resolverse en base a una nueva guerra generalizada y así el círculo de muerte impuesto por el valor se vuelve a cerrar.

Nosotros no defendemos ninguna de las fases de ese sistema cuyos períodos reproducen la inhumanidad y contienen la guerra como solución.

Nosotros no hacemos ninguna crítica moral contra "los capitalistas malos" que serían egoístas y que no repartirían los frutos del trabajo con los "pobres proletarios explotados" tal como llora la izquierda burguesa. ¡No! Sabemos que es el valor y su ciclo que se imponen, tanto a la burguesía como al proletariado, aunque la primera se complazca en él y el proletariado lo padezca. Y que de lo que se trata no es de repartir, de distribuir mejor la torta como propone todo el socialismo burgués, sino de destruir el valor mismo y con él demoler totalmente el sistema social burgués.

Por lo tanto la famosa "reactivación" con la cual tanto nos aturden, no presagia nada bueno para nosotros. Hoy como ayer y como siempre, nosotros proletarios, no tenemos nada que esperar de este sistema de muerte que nos augura más lágrimas, sangre y sudor tanto en los frentes laborales como en los de la próxima guerra generalizada.

¡Esta "reactivación" que nos la presentan como un bebé frágil, ¡ahoguémosla en su agua sucia!

¡Rechacemos los sacrificios! La economía está enferma,... ¡Ayudémosla a morir, junto con todos sus defensores!

¡Sabotear la "reactivación", es luchar de manera intransigente por nuestros intereses de clase!

* * *

Notas :

1. Hablar de "crecimiento" es sinónimo de hablar de "reactivación"; por otra parte la burguesía utiliza los dos vocablos combinados cuando por ejemplo se dice "reactivación del crecimiento".

2. ¡No soñemos, esa distribución es solo estadística, es decir virtual y nosotros, los proletas seguiremos pobres todavía por un tiempo!

3. La competencia es explosiva, es una ley del sistema, mientras algunas empresas hacen beneficios gigantescos, otras son fagocitadas por las primeras u obligadas a declararse en quiebra. Pero para nosotros el resultado es siempre el mismo: ¡más y más miseria!

4. Declaraciones efectuadas en marzo de 1994.

5. La falsificación estadística, no es, evidentemente una especialidad de los norteamericanos. Todos los gobiernos del mundo lo hacen. Tomemos el ejemplo de la tasa oficial de desocupados en Bélgica: la cifra oficial es de 14 por ciento de la población activa, es decir medio millón de desocupados aproximadamente. En realidad esas cifras "olvidan"todos los desocupados de más de 55 años que desde hace años fueron borrados de las estadísticas: unos 50.000 desocupados más. Se "omite" también unos 180.000 desocupados que fueron excluidos de las asignaciones por desocupación en los dos últimos años y que tampoco aparecen en las estadísticas. Se "callan" los 400.000 subempleos pagados por la propia oficina de despido y que en realidad son desocupados a los que se les hace hacer alguna pseudoactividad. Si se hace un pequeño calculito, sin olvidar los 50.000 desocupados que habían sido excluidos de las asignaciones hace más de dos años el total da aproximadamente 1.180.000 desocupados efectivos. Considerando la cifra oficial de población activa de 3.500.000 se llega a un porcentaje de 33 por ciento de desocupación real. Es claro que este mismo tipo de análisis podría efectuarse con los indicadores estadísticos de todos los países.

6. Un ejemplo más de la manera en que la terminología burguesa intenta imponer su punto de vista: "empleos creados", "creación de empleos"... dominan en el lenguaje cotidiano tendiendo a presentar al capitalista como un "dador de trabajo" y no como un explotador. El capital y su Estado no tienen nada de asociación filantrópica que daría medios de supervivencia a los hombres, todo lo contrario, si la clase capitalista contrata y paga proletarios, es con el único objetivo de extorcarles plusvalor.

7. Alain Lebaube en el periódico francés "Le Monde", "Bilan économique et social 1994)".

8. Es por otra parte uno de los objetivos perseguidos por la burguesía al hablar tanto de esa mística "reactivación": encandilarnos con algunos espejitos de colores acerca de nuestro futuro inmediato haciendonos aceptar la siempre creciente degradación de nuestras condiciones de vida.

* * *

Valorización/desvalorización:

la insurmontable contradicción del capital

Para valorizarse, el valor debe ser invertido en dos partes una en capital constante (compra de maquinaria, de edificios, de materias primas...), otra en capital variable (compra de la fuerza de trabajo). El valor de la primera parte es trasmitido al producto final por el trabajo, quedando la misma constante, de ahí su denominación. La segunda parte por el contrario, el capital variable que se destinó a la compra de la fuerza de trabajo, aumentará por la acción misma de esa fuerza de trabajo, es decir por el trabajo. Es esta parte la que produce la plusvalía. En efecto la fuerza de trabajo es la única mercancía capaz de aportar más valor, la única fuente de ganancia para los capitalistas.

La competencia inherente al capital obliga a cada capitalista a producir lo más barato posible para imponerse en el mercado frente a sus competidores, si no quiere ser barrido por éstos. Para ello debe obligatoriamente aumentar la productividad de su empresa, es decir producir lo mismo con menos trabajo o más precisamente producir lo mismo pagando menos salarios. Este aumento de la productividad pasa por un crecimiento de los equipos, de la infraestructura (capital constante) y una disminución relativa de la importancia de la fuerza de trabajo (capital variable), lo que tiene como consecuencia que se incorpore cada vez menos trabajo vivo en los productos e implica evidentemente una pérdida de valor de los productos y también en los medios de producción: es decir una desvalorización.

Para contrarrestar este efecto de desvalorización unitaria de sus productos los capitalistas intentan aumentar la masa de los mismos aumentando más aun el capital constante frente al capital variable (es decir aumento aun mayor de la composición orgánica del capital)... ¡lo que socialmente refuerza más la desvalorización! La masa de mercancías producidas aumentará pero cada mercancía contendrá unitariamente menos trabajo humano y por lo tanto menos valor agregado. Recordemos igualmente que el valor solo se realiza cuando la mercancía es vendida y el aumento de la masa dificulta esa parte del ciclo de valorización (la realización del valor). Si no se encuentra comprador, el valor no se realiza y habrá otra desvalorización.

Pero con la generalización del aumento de la productividad, a la que son obligados todos los capitalistas si quieren seguir en el mercado, la cantidad de trabajo contenida en cada producto final disminuye, así como la cantidad de trabajo que contienen los medios de producción que intervienen en la producción de esas mercancías... y en última instancia, es el valor de la totalidad de productos y de los medios de producción que disminuye. La desvalorización es cada vez más violenta.

Todo ese movimiento produce "la crisis". La masa de capitales existentes tiene cada vez más dificultades para valorizarse. Es un período de quiebras, de destrucción de stocks invendidos, de elevados porcentajes de medios de producción paralizados, desocupación, disminución de salarios reales... Al principio esta depuración resulta suficiente y la destrucción de capitales permite a los competidores reactivar su actividad, lo que produce una nueva fase activa del ciclo. Pero a la larga ese tipo de destrucciones cíclicas resulta insuficiente y el capital necesita destruir la mercancía excedentaria en gran escala para permitir un valorización más durable: es la guerra generalizada. En la guerra generalizada hay destrucción general de capital constante (infraestructura, fábricas, stocks...) y de capital variable (masacre de proletarios en todos los frentes). Por ese medio el capital obtiene una desvalorización brutal por la destrucción pura y simple de las cosas y los hombres que funcionan como capital.

¡Se limita la reducción general del valor en base a la destrucción de los objetos que contienen el valor! Esta paradoja aparente se explica por el hecho de que la destrucción del capital constante da un nuevo impulso a la valorización. Se inicia la reconstrucción en base al hecho de que la proporción de capital constante disminuyó brutalmente en relación al capital variable. Y se vuelve así a comenzar un nuevo ciclo hasta una nueva generalización de la guerra...

Se podría pensar que el capital realiza ese círculo de una manera infinita, pero eso no es más que una ilusión, dado que el ciclo no es nunca el mismo, cada vez se parte de un punto más alto de productividad, de incorporación de la técnica al aparato productivo, lo que hace que la acumulación sea cada vez más importante y que también requiera una destrucción mayor. Se trata más de un proceso en espiral expansivo y no de un proceso circular en el que se vuelve al punto de partida. Con el tiempo la burguesía aprendió a retardar la crisis depresiva (destrucción de stocks, reestructuración, capital ficticio, aumento artificial de la demanda efectiva...) pero cuanto más se retrasa la misma, más importante y mayor será la cantidad de capital excedentario que necesita ser destruido.

* * *

 


CO39.3 La reactivación... ¡Qué reviente!