La tiranía del valor en proceso - la afirmación del programa revolucionario

Hace más de un siglo que la crítica de la economía puso en evidencia que la esencia de la sociedad capitalista es la dictadura del valor valorizándose (1) y que la utilidad de los objetos producidos es solo un medio al servicio de esa omnipresente dictadura. El valor de uso es solo un soporte del valor de cambio, del valor en proceso.

Todas las miserias, todas las dictaduras, todas las guerras, toda la explotación y la opresión humanas no son más que la expresión de esa tiranía infernal del valor, transformado en el verdadero sujeto y dios de toda la sociedad. No es la idea, ni la política, ni el derecho, quien dirige el mundo, sino la economía, el afán de lucro, el dinero constante y sonante y la idea, la política, el derecho, el terrorismo estatal... actúan únicamente en el mantenimiento, la consolidación, la reproducción ampliada de aquella dictadura.

O dicho de otra manera, el Estado, la democracia, es decir la estructuración del capital en fuerza de dominación, en cualquiera de las formas en que se organice, es la expresión de la dictadura profunda del valor sobre la vida humana. El terrorismo abierto o encubierto, parlamentario o bonapartista, fascista o antifascista no son más que las expresiones visibles e inocultables de la despiadada realidad de un mundo sometido a la ley del valor.

El hecho de mostrar que la explotación, la dictadura, la miseria, la opresión... no tenían por causa tal o cual personaje, tal o cual "patrón explotador", tal o cual gobierno dirigido por locos o racistas (2) sino que eran la expresión inevitable del desarrollo del valor en proceso fue un hecho teórico de una importancia decisiva para el movimiento revolucionario. La demostración de que todas las contradicciones y tormentos de la sociedad burguesa se encuentran contenidas ya en la célula de base de dicha sociedad, en la mercancía, en la contradicción entre valor de uso y valor, no solo fue un acicate adicional en el proceso de desarrollo del asociacionismo revolucionario internacional de esos años, sino que aportaba elementos claros de dirección revolucionaria y contenido programático.

Por supuesto que todas esas afirmaciones programáticas, esa teoría que desnudaba totalmente al capitalismo, fueron el producto del asociacionismo obrero internacionalista en un momento de afirmación y como acostumbraban a decir con razón Marx y Engels, fueron obra de Partido. Dicha fortificación organizativa y programática del movimiento revolucionario se concretaría en el Manifiesto del Partido Comunista, en el desarrollo de la prensa revolucionaria, en la acción directa del proletariado y sus esfuerzos de centralización... así como luego en la Internacional, el movimiento revolucionario del proletariado en México (1868-70), en Francia (1870-71),... y muchos otros países.

El comunismo se dotaba así de armas decisivas para comprender y denunciar todo tipo de reformismo y daba un salto fundamental en la afirmación de su programa propio. En efecto, en ese mismo período y como reacción contra el desarrollo del movimiento proletario un innumerable número de teorías y de partidos burgueses para los obreros desarrollarían sus primeras expresiones (socialdemocracia formal o no). Como es sabido, dichas fuerzas e ideologías, denunciaban algunos males de la sociedad burguesa proponiendo "soluciones" y reformas que dejaban intacta la esencia de la sociedad mercantil como por ejemplo la teoría y los proyectos de Proudhon. Se decían y se dirían socialistas, progresistas, anarquistas, socialdemócratas, comunistas, antiautoritarios,... o cualquier otra cosa pero quedaba clarito (3) que en realidad eran la miserable expresión de izquierda de la misma sociedad burguesa, que propone como programa la eliminación de tal o tal consecuencia de la sociedad mercantil dejando intacta la célula de base y reproducción de la misma: la mercancía, la sociedad productora de valores y por lo tanto también el intercambio, y el trabajo asalariado.

Contraposición práctica entre el movimiento revolucionario y el reformismo y afirmación del programa mismo de la revolución se desarrollan y afirman, entonces simultáneamente. A la dictadura general del valor valorizándose, es ridículo contraponerle un cambio de gobierno, la "democratización" de un Estado, la estatización de los medios de producción, las reformas agrarias, los bancos de los pobres, o la remuneración basada en bonos de trabajo. Solo la abolición de la dictadura del valor, la destrucción total y despótica de la tiranía de la economía puede constituir una solución, no para tal o cual sector de la humanidad, sino para la humanidad toda entera. Este es el centro del programa comunista, ahí está la clave de la invarianza del programa revolucionario de destrucción del capitalismo para los militantes de hoy como para los de ayer.

Si bien mucho antes que Marx y Engels hayan sistematizado la esencia del programa revolucionario ya se había expresado la necesidad de la destrucción violenta de toda la estructura social burguesa, la necesidad del proletariado de organizarse en clase, en partido, la necesidad de la dictadura de los pobres y luego, más específicamente de la dictadura del proletariado, ahora la necesidad y posibilidad de la dictadura del proletariado encontraba todo su fundamento práctico y relegaba al reino de las utopías cualquier pretensión de cambio sin la destrucción de la mercancía. La dictadura revolucionaria para la abolición de la sociedad mercantil se inscribía prácticamente (aunque no siempre formalmente) en la bandera de toda verdadera lucha proletaria contra el capitalismo y el Estado.

Hasta entonces los revolucionarios habían aparecido como utópicos (4), ahora eran los revolucionarios que ponían en evidencia que las reformas o las "revoluciones" a medias eran las utopías:

"La revolución radical no es un sueño utópico... Tampoco lo es la emancipación humana en general. Si lo es en cambio una revolución parcial, meramente política, revolución que deja intactos los pilares de la casa."
Karl Marx "Crítica de la filosofía del Derecho de Hegel" 1844

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El ABC del programa revolucionario: la dictadura del proletariado

Dada tanta distorsión y falsificación ideológica que caracteriza la actualidad no está demás aclarar ese ABC del programa revolucionario. La esencia del capitalismo de hoy, como no podía ser de otra manera, es exactamente la misma que la de ayer. El programa revolucionario como lo hemos dicho muchas veces es invariante: solo la dictadura del proletariado y la consecuente abolición de la mercancía y el sistema del trabajo asalariado puede aportar una verdadera solución a la humanidad.

Nos gustaría mucho abrir una vez más la discusión sobre el contenido y el alcance de lo que lo que nosotros, los comunistas, denominamos dictadura revolucionaria del proletariado abocándonos así a aspectos que han sido deformados y distorsionados y que serán esenciales en la próxima ola revolucionaria mundial. Así partiendo de la necesidad histórica de destrucción de la dictadura del valor sería sumamente importante combatir todas las ideologías que (como las del socialismo en un solo país) ven la dictadura del proletariado como una dictadura política, o una dictadura formal de tal o cual sector o partido "proletario" o "socialista" y contraponerle nuestra concepción propia que afirma el carácter social (o si se quiere total) de la dictadura del proletariado, como la revancha histórica del valor de uso contra el valor, como la afirmación de las necesidades humanas contra el valor en proceso. Ello permitiría clarificar que nunca el proletariado llegó a imponer su dictadura, que por otra parte por ser la contraposición triunfante contra la mercancía y todas sus leyes solo puede imponerse a nivel mundial. Así podría clarificarse que salvo en tal o tal gran batalla de clase contra clase como la hubo en México en la primera década del siglo, en Rusia del 17 al 19, en Alemania un poco después o en España en la década del 30, en las que se arrasó contra mil expresiones de la ley del valor, no tiene ningún sentido el hablar de "dictadura del proletariado" en tal o tal país y que incluso en esos casos ejemplares de organización de la acción revolucionaria de nuestra clase solo debiéramos hablar de prefiguraciones y tentativas de imponer la dictadura de clase y no de la dictadura misma del proletariado; que, por otra parte, solo puede ser mundial.

De la misma manera que el revisionismo y el reformismo inventaron la absurda teoría del socialismo en un solo país y la clase dominante del mundo se complacía en hablar de "países socialistas" o "países comunistas", algunos sectores más radicales de la izquierda burguesa marxista inventaron la teoría de la dictadura del proletariado en un solo país o peor aun del Estado obrero en Rusia y luego en otros países.

También nos gustaría, porque será decisivo en las próximas batallas proletarias, subrayar como aspecto esencial de la dictadura del proletariado, la necesidad de abolir las decisiones autónomas de las unidades productivas, la autonomía de los compradores y vendedores, la oferta y la demanda, el individuo igual y libre decidiendo, que constituyen la base fundamental del funcionamiento de la sociedad mercantil. Nos gustaría recalcar que la dictadura del proletariado no solo deberá abolir las actuales empresas, sino en general las unidades autónomas de decisión sea por grupos de fábrica o de sector económico, que implican al intercambio entre los mismos. Nos gustaría mostrar la imperiosa necesidad de abolir la democracia en todas sus expresiones, no solo parlamentaria, sino "consejista", obrera o como se le quiera llamar; en fin, desarrollar los elementos claves para combatir todo el conjunto de ideologías que constituirán una traba en el desarrollo de la centralización revolucionaria y orgánica contra la ley del valor, como el federalismo, el obrerismo, el "anarquismo".

Pero si trazar estas lineas generales acerca de la dictadura del proletariado, nos parecía indispensable hoy en este trabajo que trata sobre la dictadura del valor, sobre la dictadura de la economía, (precisamente porque las determinaciones programáticas de la revolución se desarrollan en contraposición a las determinaciones programáticas del capital y sus tentativas de reformas) el desarrollo de esos tópicos ligados a la destrucción de la misma desbordan demasiado los objetivos de este trabajo y será recién el objetivo de materiales futuros (5).

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El discurso sin tapujos sobre la dictadura de la economía

Aquí queremos insistir en algunos aspectos de la dictadura de la economía en la actualidad, en el desarrollo moderno de la dictadura que ejerce el valor en proceso en todos los demonios de la vida humana, en las formas actuales del discurso dominante para someter aun más a los hombres a ese monstruo sin cabeza que es la economía.

Si bien la dictadura de la economía es una constante del capital fue necesario un largo proceso antes de que se hablara sin tapujos de que hay que servir a la economía, de que hay que sacrificarse por la competitividad, de que hay que hacer esfuerzos por la economía nacional o que es indispensable cagarse un poco más de hambre para "relanzar" (6) la economía. No solo corrió mucha agua por los ríos, sino mucha sangre por el mundo para que fuese aceptado como un orden natural el hecho de que el hombre no vale nada y que solo importa la economía nacional, la competitividad,...

Aunque siempre la sociedad burguesa y en particular la economía nacional, concibió al hombre como un mero medio para el enriquecimiento, el capitalismo en los siglos anteriores escondía al menos ideológica y parcialmente esos objetivos y ningún gobernante hubiese podido decir tan abiertamente como se hace hoy en todas partes que la gente siga sacrificando la vida para que la economía viva mejor. Las fracciones dominantes de la burguesía buscaban y en muchas ocasiones lograban presentar sus intereses y sus necesidades de clase y de fracción como benéficas para su clase en primer lugar y para toda la sociedad en segundo lugar (es una condición importante para que la dominación de clase se realice sin mayores explosiones), y no dejaban de decir que a mediano o a largo plazo solucionarían los problemas de la masa desheredada y que el mundo sería mejor y en correspondencia con ello los gobernantes prometían y prometían un futuro mejor al mismo ritmo que los curas prometían el reino de los cielos. Ahora ni siquiera eso, ni hablan de futuro mejor en la tierra, ni como se solucionará el hambre y la miseria, se dice abiertamente y desafiantemente que hay que joderse más y más y que el futuro será todavía peor. En cualquier época anterior, en cualquier país, y aunque muchos no lo creyeran, se decía que la miseria iría disminuyendo que los hambrientos y miserables serían absorbidos por el crecimiento económico y que en el futuro habría menos. Ahora ni siquiera se esconde que habrá cada vez más gente en harapos, que hasta en el mundo que nos prometen habrá cada vez más desamparados.

Los discursos de políticos y gobernantes ya no piden el sacrificio en nombre de un mundo mejor para todos, sino que abiertamente dicen que es necesario condenar más gente a la desocupación, al hambre, a la miseria,... que se recortarán más los gastos sociales... porque la economía lo necesita para que las empresas sean competitivas. En la misma medida en que el discurso de todos se hace cada vez más igual, porque el desarrollo del capitalismo les va imponiendo a todas las fracciones burguesas un programa único en todos lados va quedando más en evidencia que no hay diferencias entre los políticos y gobernantes y que en sus campañas electorales, golpes de Estado, luchas parlamentarias no se oponen programas diferentes, ni fracciones claramente opuestas de la clase dominante, sino que únicamente se disputan una parte del botín, sus coimas y chanchuyos, su merecida cuotaparte, dada su consecuencia en la lucha por el aumento de la explotación, en la apropiación de plusvalor: cuanto mayor sea la capacidad de encuadramiento y de hacer pasar medidas de austeridad es lógico que se cobre más.

La economía misma fue pasando a ser el discurso dominante de todo político o gobernante. En el pasado el hecho de que la economía era lo determinante aparecía encubierto por la religión, la política, o diversas ideologías sin que de ninguna manera pudiese constituir un argumento de fuerza contra el ser humano, más aun un político o gobernante se negaba como tal si revelaba el secreto de la dominación y declaraba abiertamente que había que sacrificar todo, en nombre de la economía, de la competitividad de la economía nacional.

El complejo de culpa original de la burguesía (que impuso su sistema social en nombre del pueblo y de la igualdad social: "igualdad, libertad, fraternidad") la determinaba a esconder el hecho de que este sistema sacrificaba al ser humano en el altar del dinero constante y sonante. Lo que algunos lúcidos y cínicos economistas burgueses habían descubierto y escrigían en sus obras científicas (como David Ricardo) los políticos se encargaban de ocultarlo; aunque adentro de casa la burguesía sabía que la cosa era así, los políticos, ideólogos y gobernantes debían disimularlo. Ahora por el contrario se grita a los cuatro vientos: lo importante es el lucro, lo importante es la competitividad de la economía nacional que la gente reviente puede ser un mal necesario para aquel. Todo político se muestra como un buen empresario que llama a trabajar más y cobrar menos a toda la población.

La destrucción del hombre y de la solidaridad entre los hombres llega a niveles paranoicos: es lógico, normal y natural que la gente pase hambre para que las empresas sean rentables, de la misma manera que te aconsejan un paraguas para la lluvia que viene, te dicen que para bien de la economía nacional se cagarán centenas de miles de personas, millones de seres humanos y que tenés que trabajar más para escapar a esa debacle; para privarte del último sentimiento de solidaridad para con tu clase te ofrecen la colaboración con una ONG o comprar comida en el supermercado de la esquina que la enviará a los pobres de otra parte del mundo. Por el resto las consignas son claras: sacrificio y salvación individual.

Ya ni tienen que explicar, que justificar, el nivel de enajenación con respecto a las necesidades humanas, a la comunidad humana es de tal magnitud que aparece natural el discurso de un político parloteando una hora sobre cifras económicas, sacrificios para la gente y beneficios para las empresas y la economía nacional. De lo concreto y real del hombre y sus necesidades se hace total abstracción y lo que aparece concreto y real para la masa amorfa de ciudadanos y espectadores es lo totalmente abstracto el bienestar del país, el futuro de la economía nacional. La famosa revolución en las comunicaciones que en realidad lleva los niveles de separación humana a niveles nunca antes conocido es factor decisivo de esta abstracción generalizada de la especie humana. Sería absolutamente imposible el convencer a un proletario de los siglos anteriores o de principios de este siglo de que lo importante no es él, de que lo importante no son sus compañeros, sus hijos, sus viejos..., en fin su clase, la humanidad..., sino "los criterios de Maastricht", el Mercosur, el "plan tal o tal", "los beneficios que traerá a la economía el nuevo presupuesto"... y sin embargo hoy en día todo esa abstracción tiene mucho más derecho de existencia que el hombre de carne y hueso: por eso cualquier proletario que actúe en función de sus necesidades y las de su clase atenta contra el orden democrático establecido.

Hasta que punto esta situación está marcando los límites objetivos e históricos de todo el sistema social burgués en la medida de que la clase dominante ya no es capaz de proponer ningún plan viable para la especie humana o por el contrario la situación actual está mostrando que el sistema puede seguir imponiendo absolutamente cualquier sacrificio dado que el proletariado no es capaz de reconstituirse como clase y como fuerza histórica, es una discusión que también desborda este trabajo. En todo caso nosotros pensamos que ambas realidades caracterizan la situación internacional actual, en la medida de que la clase dominante actúa cada vez más como si no tuviese ningún límite y el proletariado solo responde ocasional y regionalmente sin llegar a constituirse en fuerza mundial. Esa situación sigue determinando un conjunto de características contradictorias de las luchas actuales (7).

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"Crisis" o "reactivación" la receta es siempre la misma

"Crisis hay que ajustarse los cinturones", "la reactivación es frágil hay que hacer un esfuerzo más",... la "salida del túnel está próxima no es el momento de exigir nada", "todo va mejor pero la expansión es todavía débil", es en síntesis la monótona y aburrida musiquita que suena a izquierda y derecha de todo el espectáculo al servicio de nuestro sometimiento a la dictadura de la economía. Si la maldita economía anda mal hay que joderse para que ande bien, si anda bien hay que joderse para que siga andando bien y hay que joderse más para que ande mejor, si anda más o menos hay que joderse más porque tiene que andar bien. Joderse siempre joderse para que la economía ande bien es la consigna cada vez menos secreta del sistema social que padecemos. Y como salida real de todo ese tunel inmundo, el sistema capitalista mundial, como lo hemos puesto en evidencia en mútiples ocasiones, solo dispone de una perspectiva que le permita regenerarse y volver a un ciclo verdaderamente expansivo: la guerra imperialista generalizada, una gigantesca carnicería mundial. En el fondo nos dicen ¡"sigan remando no se puede salir de la galera y habrá que hacerlo hasta que se hunda"!.

Es pedirle peras al olmo el esperar que un gobierno, un partido político, un sindicato, un canal de televisión, una emisora radial,... nos anuncie al fin la buena nueva de que ahora sí podemos disfrutar de la vida, de que ahora sí se acabaron los sacrificios en nombre de la sacrosanta economía nacional, de que ahora sí se puede vivir mejor, de que ahora sí los más pobres serán privilegiados, que nos aumentarán los salarios y las asignaciones sociales, de que ahora sí podemos trabajar menos y comer más.

Como ejemplificación de las formas que toma la dictadura actual de la economía presentamos a continuación dos trabajos de compañeros sobre el tema. Uno hace referencia a los argumentos del poder en tiempos de "crisis" otros cuando se anuncia la "reactivación" de la economía.

Escritos en momentos diferentes, en países y en ocasiones diferentes ambos textos denuncian en el fondo lo mismo. Precisamente por ello nos ha parecido interesante de presentarlos juntos.

El primero de esos textos "La economía está en crisis que reviente" fue redactado por Akéfalos en España y trata globalmente de la dictadura de la economía, del dominio real de la abstracción monetaria y al mismo tiempo que realiza una crítica clasista del capital y el Estado describe con mucho acierto y riqueza las formas actuales de dominación, de separación entre los seres humanos, de imposición del discurso dominante, de ciudadanización imbecilización generalizada.

El segundo es un texto de nuestro grupo publicado el año pasado en francés. El mismo se sitúa a un nivel mucho más concreto e ilustrativo (8) poniendo en evidencia en base a citaciones y cifras oficiales que incluso en la mejor de las hipótesis que nos presentan, la de la reactivación de la economía, la salida del túnel etc. la situación del proletariado también empeora.

En ambos casos se lucha contra la corriente y se critican todos los discursos oficiales de todas las fracciones burguesas, contraponiendo la acción directa de proletariado contra el capital y el Estado.

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Notas :

1. Si quisiéramos ser más rigurosos debiéramos decir la "crítica de la economía en su expresión teórica" porque nos referimos a las primeras formulaciones y explicaciones teóricas de ese proceso. En realidad la dictadura misma del valor se desarrolla desde el origen mismo del intercambio, de la autonomización del valor de cambio, del desarrollo del equivalente general, hasta la instauración de la comunidad del dinero, como única (pseudo)comunidad de los hombres: la totalidad de la especie humana queda sometida a esa dictadura (la práctica irá mostrando, contra todo tipo de ideologías, incluyendo las "marxistas" que independientemente de las formas inmediatas de producción el ser humano no es, desde ese momento histórico otra cosa que fuerza de trabajo de reproducción del capital mundial). Siendo el proletariado el objeto mismo de esa dictadura y encontrándose en contraposición existencial, vivencial a la misma, su crítica a la economía también comienza con su propia existencia.

2. Por supuesto que aun hoy el capitalismo inculca que hay patrones explotadores (¡cómo si los otros no los fueran!) o que la dictadura, la guerra y la barbarie se deben a la locura de tal personaje como Hitler o Pinochet.

3. Quedaba "clarito" no en el sentido corriente de la expresión, en el sentido demócrata de que la masa proletaria o la mayoría de los proletarios ve claramente en ellos a su enemigo, sino en el sentido de que la práctica social de todo el reformismo se contrapone objetivamente a los intereses histórico sociales del conjunto del proletariado, en el sentido de que todo reformismo reproduce y mantiene la sociedad mercantil origen de todos los males. Aunque ello solo una minoría, más o menos organizada, más o menos consciente, más o menos centralizada en fuerza autónoma según las épocas, lo denuncia y lo expresa abierta y explícitamente. Es evidente que la afirmación del programa revolucionario obra de la contraposición general del conjunto del proletariado con la sociedad capitalista, solo puede cristalizarse conscientemente en una minoría de proletarios (lo que lejos de ser una idea elitista, resulta de las condiciones mismas en las que se desarrolla la lucha contra la dominación y la explotación) y pretender lo contrario es hacer obra de disolución de la clase, es sabotear la acción histórica de constitución del proletariado en Partido.

4. No en el sentido de que la revolución total fuese hasta entonces una utopía, sino en el sentido de que los programas o proyectos sociales partían de las ideas y deseos de los revolucionarios que se confundían siempre con la purificación del mundo de su época y en esa medida aunque sus actos se contrapusieran totalmente a los de los reformistas, sus proyectos no mostraban el mismo nivel de ruptura y contraposición. Pensemos por ejemplo a todo lo que se denominó "socialismo y comunismo utópicos" en donde coexisten afirmaciones revolucionarias con pequeñas reformas del mundo burgués.

5. Por otra parte la mejor forma de desarrollar estos puntos es en base al análisis de la experiencia misma del proletariado en sus tentativas revolucionarias, especialmente analizando las causas de los fracasos. En este sentido nuestro grupo sigue con su trabajo programático fundamental del período revolucionario 1917-23 en el mundo (Ver por ejemplo Comunismo nº 15-16, Comunismo nº 17, Comunismo nº 18), así como de las tentativas revolucionarias en México a principios de siglo y en España en la década del 30.

6. Los medios de difusión usan mucho la palabra "relanzar" la economía, aunque en castellano resulte más clara la expresión "reactivar" la economía.

7. Ver "Características generales de las luchas de la época actual" en Comunismo número 33.

8. Bajo ningún aspecto debe interpretarse esta afirmación como que es más importante o más valido este texto que uno más global y abstracto, como lo es esta introducción global sobre la dictadura de la economía. Son textos que expresan niveles diferentes todos absolutamente necesarios en nuestra batalla y que globalmente reafirman el mismo contenido.

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CO39.1 Notas contra la dictadura de la economía