Hace un año, durante los meses de julio y agosto de 1994 estalló una ola de luchas proletarias en Nigeria: en forma casi ininterrumpida se sucedieron las huelgas y los enfrentamientos contra las fuerzas del orden. El Estado logró al fin aminorar la fuerza del movimiento, sin que podamos afirmar hoy si ha logrado liquidarlo. Para ello empleó todo su habitual arsenal represivo, desde la acción de los sindicatos, que para desgastar y destruir la acción de los proletarios, desviaron las huelgas y otras manifestaciones de fuerza proletaria hacia un llamado a cambiar una fracción burguesa por otra en la gestión del Estado, hasta la acción de la policía que generalizó su política de emprisionar a todo lo que se movía.

Uno de los focos de agitación proletaria se organizó entorno a los obreros del sector petrolero; sector vital para la economía nacional. Nigeria es el quinto productor de la OPEP, su producción es equivalente a la de Kuwait. Los obreros del petróleo, que cuentan con una gran experiencia de lucha que se manifiesta regularmente a través de huelgas y sabotajes de la producción en el delta de Nigeria (la principal concentración de pozos, refinerías, terminales petroleros y de gas en la región), llevaron adelante un potente movimiento huelguístico que conmovió a toda la economía nacional y repercutió sobre la marcha de la economía internacional.

Este movimiento, que se dio en un país definido por la ideología dominante como "Subdesarrollado" (con toda la connotación racista y progresista que la expresión contiene y que va hasta negar la existencia de proletarios en esas regiones), fue una reacción importantísima de nuestra clase contra las agresiones que sufre. Las repercusiones de esta lucha se sintieron a nivel mundial: el precio del barril del petróleo aumentó vertiginosamente bajo la presión de la parálisis de las refinerías nigerianas y del paro de las exportaciones.

Esta lucha, se da en una coyuntura que la burguesía internacional consideraba como favorable. Se hablaba de "la salida del túnel", se decía "estamos llegando al fin de la recesión" y se publicaban cifras en las que se anunciaba un "aumento de la actividad industrial" por supuesto basado en la imposición de una austeridad generalizada contra el proletariado. En ese preciso momento en que los ideólogos burgueses creían haber enterrado para siempre al proletariado; éste resurgía potentemente, también en el corazón mismo de Africa, y se afirmaba a través de su lucha.

Aprovechamos la ocasión para saludar a nuestros hermanos proletarios en Nigeria y para observar, de paso, como las ideologías eurocentristas, que se obstinan en negar el carácter proletario de estas luchas, caen en el ridículo más espectacular. Frente a la tesis burguesa desarrolladas por grupos autoproclamados "internacionalistas" que denigran la lucha de los obreros cuando la misma no se sitúa en los "países centrales industrializados"; frente a esta tesis racista y nacionalista que solo concibe al proletariado como "blanco", "europeo", y hasta parisino; frente a esta visión eurocentrista que no es más que la negación en acto del internacionalismo proletario, la acción anti-capitalista en Nigeria reafirma con fuerza y en la práctica la universalidad de las condiciones de existencia y de lucha del proletariado mundial. En Nigeria, como en cualquier rincón de este planeta, nuestra práctica, para imponer nuestras necesidades de clase, es idéntica: huelgas, revueltas y tentativas de organización de la lucha.

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La burguesía, luego de haber ocultado los intereses imperialistas que provocaron más de un millón de muertos en Ruanda, no tuvo reparo alguno en difundir informaciones a propósito de esa masacre (1). Pero con respecto a los que sucedió en Nigeria el blackout fue total. ¡Y con razón! Los medios de desinformación internacional prefieren dejar caer sus lágrimas de cocodrilo cuando se trata de situaciones en la que los proletarios soportan la masacre, e ignorar totalmente los ejemplos en donde nuestra clase intenta afirmar combativamente sus propios intereses. ¡El proletariado solo ocupa un lugar en el espectáculo internacional como víctima, como miserable, como masa desposeída y sometida a la caridad internacional, pero nunca como clase, como potencia contrapuesta al orden establecido!.

Cada vez que el proletariado actúa como clase y que a través de la acción directa intenta afirmarse como fuerza autónoma, la burguesía cubre las luchas primero con el silencio total y el ocultamiento sistemático: ni siquiera se habla de lo que pasa en el país concernido. Luego, en un segundo tiempo son presentadas como lo que no son, por ejemplo, "luchas para una mejor democracia"... La insurrección proletaria en Irak en marzo 1991 es un ejemplo edificante de lo que la burguesía es capaz de hacer en materia de mentira organizada (2).

De todas maneras, lo que es cierto es que el proletariado en Nigeria no ha respetado las reglas del juego de la "alternancia democrática", sino que opuso a la perspectiva que la burguesía proponía para justificar su democracia: militares versus civiles, la de la lucha clase contra clase.

La historia de nuestra clase en Nigeria, como en todos lados, esta marcada de numerosas luchas, muchas veces sangrientas, por la defensa de sus intereses inmediatos (y por ello históricos) contra los sacrificios impuestos por la burguesía mundial. Antes de evocar el movimiento actual resulta imprescindible referirnos brevemente a algunas luchas que le antecedieron.

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A partir de 1986, la agudización de la crisis mundial empujó a los administradores locales del capital a imponer en el espacio nigeriano, como por todas partes, las medidas de austeridad necesarias para resistir a la competencia internacional e intentar relanzar sus negocios (3). El gobierno, bajo la égida del FMI, intentó imponer un "programa de ajustes estructurales", es decir un plan de austeridad que implicaba restructuraciones, despidos, disminución de salarios, etc. Durante el año que sigue diversas medidas concretas fueron tomadas, entre ellas en enero de 1989 se anuncia una "nueva política industrial" que tenía como objetivo obtener "una productividad acrecentada y un sector público racionalizado". Lo que en Nigeria como en todas partes significa: imponer al proletariado como siempre más miseria y más sacrificios. Un año más tarde se elabora un plan trienal de desarrollo "a horizonte móvil" (sic) que le permitiría a la burguesía responder a sus necesidades de valorización de su capital.

La reacción proletaria fue tal que el FMI tuvo que manifestar su reticencia a continuar otorgando prestamos si no se daban "mejoras rápidas". En otros términos, el Estado mundial da carta blanca y exige a sus lacayos locales que aplasten toda resistencia a la aplicación de las medidas. En situación de paz social inestable como esas, las diferentes fracciones burguesas buscan la más adecuada para hacer pasar la píldora de la austeridad; en el caso que nos ocupa fueron los militares los designados para llevar adelante esta tarea. "¿Cómo un gobierno civil podría aplicar en estas condiciones las medidas de austeridad indispensables a la ejecución del plan de ajustes estructurales?" escribía la prensa en esos momentos.

En 1988 en respuesta a los clásicos aumentos del precio de los carburantes aconsejados por el Fondo, se producen diferentes revueltas principalmente en Jos y en Sokoto. Estas revueltas fueron solo las premisas de las que vendrían después. En mayo y junio 1989, varias ciudades como Lagos, Ibadan, Benin City y Port Harcourt, se levantaron contra los planes del FMI; en los enfrentamientos entre los proletarios combativos y la policía se contó entre cien y doscientos muertos. "El ejército abrió fuego para impedir una generalización de los enfrentamientos y del cuestionamiento que estos podían hacer de la política de ajuste estructural..." declara abiertamente un diario burgués. Muchos testimonios declaran que entre los soldados se da un ambiente propicio a la fraternización con los proletarios. Temiendo la continuidad de los enfrentamientos la burguesía, no se atrevió a aumentar el precio de las tarifas públicas y a bajar las subsidios de los productos de base, como estaba previsto.

En abril 1991 estallan nuevos enfrentamientos en el Norte, en Kano, Katsina y Bauchi, y nuevamente en Lagos. Y como siempre para impedir que esta lucha se asocie a otros momentos y con otros lugares, la burguesía impulsará el desarrollo de las polarizaciones inter-étnicas intentando así, en base al micro nacionalismo resultante, dividir a los proletarios y atomizar su lucha. Todos los medios de información se ponen en movimiento para parcializar, para dividir al proletariado en categorías específicas que contienen, cada una, una cosa particular para defender; se trata por todos los medios de liquidar al proletariado en un mosaico de especificidades religiosas, étnicas, políticas,... lo único que se ve es "musulmanes en el norte", "cristianos en el sur", "partidarios de los militares en las llanuras elevadas", "partidarios de la alternancia democrática a lo largo de las costas". ¡Que engaño!

Pero en el norte como en el sur, en el este como en el oeste, los intereses antagónicos que conducen a los proletariados a luchar contra su enemigo, son los mismos y esta realidad es mucha más clara en los momentos cruciales de la lucha (4). Un ejemplo de esto se dio a fines de mayo 1993, cuando el emir de Kano (un gran centro industrial del norte, "musulmán" ¡cómo afirman con mucho gusto los periodistas!) fue lapidado por los proletarios de un barrio pobre durante la sacro santa procesión del Sallah o Fiesta del sacrificio. Indudablemente esto relativiza todas las fábulas a propósito de la religiosidad de los proletarios de la región y los intereses pretendidamente diferentes que de ello emanarían.

En mayo 1992, en el mismo momento en que los proletarios ocupan las calles de Los Angeles en Estados Unidos, resurgen nuevas revueltas proletarias por todos partes en Nigeria: Lagos, Ibadan, Kaduna, Port Harcourt, Benin City, Abuja,... El motivo inmediato: una devaluación de 70% de la moneda nigeriana y una gran escasez de carburantes que provoca un aumento importante en los precios de los transportes públicos. Con mucha dificultad los sindicatos logran imponer el orden luego de muchos días de enfrentamientos y con la ayuda de las fuerzas represivas del ejército.

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En junio y julio del 93, la burguesía, confrontada a una crisis sin precedente y al descontento creciente de los proletarios provocado por una nueva devaluación se encuentra atemorizada ante la perspectiva inminente de nuevos enfrentamientos. El gobierno amenaza entonces con promulgar el estado de urgencia. Lo que la prensa internacional denomina la "comunidad internacional", (es decir ¡el Estado Mundial del Capital!), se inquieta, si la lucha proletaria se extiende en Nigeria se corre el riesgo de desbordamiento y extensión a los países vecinos lo que sería una catástrofe para la burguesía mundial. Para comprender esto basta con recordar la importancia de los intereses que están en juego en toda el Africa negra para las grandes compañías petroleras, como la Elf Aquitaine (capitales "franceses"), Occidental Petroleum (capitales "estadounidenses"), Shell (capitales "anglosajones").

Fue en este contexto de inestabilidad social creciente, que la burguesía sacará de su manga el viejo comodín: organiza elecciones presidenciales, el 12 de junio 1993. Se organizará un gran espectáculo que opondrá al candidato militar, general Babandiga, el civil multimillonario Moshod Abiola, candidato del "Partido Social-Demócrata". Este último, para juntar un máximo de votos en los barrios proletarios de las grandes ciudades, lanza una campaña electoral centrada en el tema demagógico y populista de "Adiós a la pobreza" Y ¿porqué no hagámosnos todos millonarios?. ¡Como si la burguesía nos pudiera ofrecer otra cosa diferente que miseria y más miseria!

Estas elecciones fueron un fracaso estrepitoso para todas las fracciones burguesas. En las concentraciones organizadas para apoyar a la fracción militar en Kano, Kaduna o Katsina (región que fue tradicionalmente uno de los feudos de esta fracción) la afluencia es decepcionante. El 23 de junio, los militares anulan las elecciones y publican un comunicado que justifica la anulación del "proceso democrático", diciendo explícitamente que el golpe es para "evitar que el sistema legal y judicial del país sea ridiculizado". Los civiles declaran escandalizados que se trata de una "confiscación del proceso democrático". En realidad la anulación de las elecciones no es más que la continuidad lógica de la no publicación de los resultados oficiales, pues de lo que se trataba era de elecciones que no expresaban un verdadero resultado: solamente 30% de la población fue a votar. La tasa de abstención alcanzó el 70%, lo que es siempre relativamente significativo desde nuestro punto de vista pues expresa, aunque solo sea de manera muy pasiva, un cierto rechazo del proletariado a colaborar con los cambios en la gestión de su explotación. Lo que busca el proletariado es la transformación profunda de sus condiciones de vida y en su interior "sabe" de alguna manera que ello no cambiará con elecciones aunque la izquierda de la burguesía intente hacerle creer lo contrario. Y en efecto, su vida es un infierno permanentemente alimentado por la obligación de trabajar para sobrevivir, de hacerse explotar, una negación de la vida humana, y sin lugar a dudas no es a través de las elecciones que cambiará su situación.

Cuando la burguesía habla de "proceso democrático" y reivindica las elecciones libres, el respeto de los derechos democráticos, la libertad de prensa,... de lo que se trata es de un simple cambio de forma de gobierno que no cuestiona ni la explotación ni tampoco la situación de los proletarios. En Nigeria de lo que se trataba era de cambiar un régimen de tipo bonapartista por uno de tipo parlamentario. La democracia, como ya lo hemos afirmado incansablemente, es la expresión de una realidad mercantil que pretende negar la existencia de proletarios y burgueses en las categorías compradores y vendedores, por ello una determinación profunda de la democracia es la de alistar a los proletarios (negados como clase) y transformarlos en ciudadanos responsables (es decir silenciosos y embrutecidos por el discurso de los que explotan) sea por la fuerza... o por el voto. El voto mismo no expresa más que la docilidad con respecto al sistema de explotación del proletariado. Lo crucial, para la burguesía, es que cada ciudadano participe en las elecciones y se transforme, por ello, en dependiente de su voto: si no está contento solo le queda esperar las nuevas elecciones para escoger un mejor gestor, un nuevo gobernante, un nuevo verdugo. El juego parlamentario solo puede funcionar con la participación de una mayoría de proletarios individualizados (negados como clase), solo la creencia y la participación del pueblo (negación efectiva de las clases) puede legitimar el carnaval electoral.

Cuando, como en el caso de Nigeria, se expresa un rechazo general a ese carnaval electoral, a la burguesía como clase se le está planteando un problema para asegurar su dominación, y resulta imperativo que una fracción de ella, sea sindicalista, militar, religiosa u otra, asuma la tarea de dirigir la contraofensiva. Al Capital le es indiferente que sus administradores gubernamentales sean civiles o militares, laicos o religiosos, de izquierda o de derecha, lo que le importa es que sus imperativos sean realizados. Evidentemente, cada forma de gobierno (parlamentario o bonapartista) tiene sus ventajas y sus inconvenientes y jamás son únicamente civiles o militares. Los gobiernos más bien parlamentarios (asimilados a gobiernos civiles) no tienen ninguna dificultad en imponer medidas de austeridad, organizar golpes de estado; asimismo los gobiernos más bien bonapartistas (asimilados a gobiernos militares) se disponen a jugar el juego del voto cuando esto les facilita la tarea. Todo depende del margen de maniobra del que dispone la fracción dirigente, margen que depende de la situación social.

Así podemos observar que estas formas de gobierno se alternan: cuando una pierde su credibilidad la otra la reemplaza y viceversa; pero sea cual fuese la forma que toma un gobierno es siempre la necesidad de gestión del Capital que determina la elección y ello, a pesar de que sea la correlación de fuerzas entre las clases la que impone en última instancia a la burguesía tal o cual forma de gobierno. "La anulación del proceso democrático", como lo evoca el comunicado de los generales nigerianos, expresa solamente el pasaje de una forma de gobierno a otra. La reivindicación de los civiles de continuar "el proceso democrático" manifiesta la necesidad de colocar un nuevo "fusible" que saltará en caso de que los militares no logren controlar la situación, impidiendo que se queme toda la "instalación".

Y esto fue lo que precisamente sucedió a fines de junio de 1993 cuando la agitación ganó nuevamente terreno. El movimiento se desarrolla a partir de las ciudades del sud-oeste, donde los proletarios comienzan a ocupar la calle y levantar barricadas. En Ibadan, proletarios atacan la prisión y liberan varias centenas de detenidos. En Lagos, devastan el local de los sindicatos en protesta contra la anulación de la huelga general.

Del 5 al 7 de julio 1993, en el mismo momento en que Abiola y su banda se autoproclaman victoriosos de las elecciones y llaman al pueblo para que le otorgue su confianza, el proletariado toma la calle, los enfrentamientos con las fuerzas del orden y las expropiaciones se generalizan. En Lagos, el gobierno se muestra incapaz de parar la revuelta; los proletarios en lucha recorren los barrios de la ciudad manifestando, llamando a la lucha y al mismo tiempo atacando la propiedad privada y expropiando lo que necesitan. Masas compactas de proletarios bajan de los suburbios al centro de la ciudad, erigen barricadas, incendian autos, y atacan al Banco central de Nigeria y a muchos supermercados. La policía retrocede dejando varios muertos en las calles. Los insurrectos logran controlar las principales arterias de la ciudad y los puentes. Atacan convoyes militares para procurarse armas e incendian los vehículos del ejército. En el ejército mismo, como en 1989 "estallan múltiples disensiones", según afirman los diarios. No podemos afirmar con certeza si se trataba de motines, de actos de derrotismo revolucionario o de nuevas polarizaciones interburguesas, porque no disponemos de información al respecto, pero lo que si podemos decir es que detrás de estas "disensiones" se encuentra como motor la contradicción social.

En las semanas siguientes a este enfrentamiento, los civiles y los militares negocian en vistas de formar un gobierno de unión nacional. Sin embargo, la fracción militar no cree que los civiles sean capaces de controlar la situación social. Durante todo el mes de agosto, la fracción civil y los sindicatos tratarán de mostrar lo contrario. La agitación continúa y los obreros de la industria de petróleo declaran huelga tras huelga, sobretodo en las refinerías de Port Harcourt. El movimento se extiende también a la de Kaduna. A fines de Agosto, luego de 8 años de buenos y leales servicios, el general Babangida en un gesto de apaciguamiento y pacificación social cede el lugar a un gobierno civil.

Uno de los problemas al que se encuentran confrontados los gestores del capital durante estas huelgas es, evidentemente, el de mantener los beneficios que se saca de la explotación de los obreros del petróleo. Ahora bien, la lucha de clases en el sector al paralizar la producción ocasionó una perturbación general en los circuitos de aprovisionamiento de carburante, que produjo efectos negativos en otros sectores de la economía. Además el gobierno, para evitar las explosiones sociales, provocadas por un aumento de precios de todos los artículos ocasionado por un aumento del precio del combustible, llegó a subvencionar hasta en 95% la gasolina. De esa manera la gasolina se vendía en las estaciones a 0,70 naira, es decir a unos 3 centésimos de dolar por litro. Pero como en los países fronterizos el carburante se vende a precios que van desde medio dolar a casi 80 centavos, es decir unas 17 a 26 veces más caro, una parte muy importante de la producción nacional se vende afuera, lo que a su vez agrava la escasez y empuja a un importante aumento en el precio interno. La burguesía explica los aumentos de precio por fenómenos de corrupción o por otros justificativos, cuando la realidad del problema es el como ajustar la alza de precios de los carburantes sin provocar una explosión social (5).

En noviembre del 93, el gobierno civil decide una nueva alza del precio del carburante de 700% a 900%. El proletariado se pone en pie de lucha y decreta la huelga general. Como no tienen más remedio, los sindicatos se suben en el tren en marcha plegándose a la huelga. Las grandes ciudades industriales, como Lagos, Ibadan, Abuja, se paralizan completamente. En los alrededores de Lagos se dan enfrentamientos violentos entre los proletarios de un lado y la policía y el ejército del otro... El gobierno civil reconoce su incapacidad a encuadrar la agitación social y se ve obligado a renunciar. Los militares, bajo la dirección del general Sanni Abacha, toman una vez más la situación en manos. Preocupados con la perspectiva de una importante extensión de las luchas, deciden reaccionar rápidamente por la fuerza para aplastar la huelga: "el país no puede enfrentar por mucho tiempo la dislocación y la destrucción de su economía" declaran los militares. Solo unos pocos meses había durado la tentativa civil de apaciguar la revuelta proletaria y el fracaso, a pesar de todos los esfuerzos de los sindicatos y los "civiles" era notorio.

En diciembre de 93 se llega a una situación en la que los "militares" parecían, al fin, haber logrado afixiar toda reivindicación y la lucha de los proletarios parecía ahogada bajo la feroz represión del nuevo gobierno.

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Pero el capital no puede apagar indefinidamente las llamas que provoca. Las luchas resurgen todavía con mayor fuerza y madurez, durante los meses de julio y agosto del 94 en que se produce una nueva ola de luchas, durante la cual, como lo dijimos anteriormente, el proletariado afirma sus intereses de clase contra todas las fracciones burguesas y las alternativas políticas que ellas presentaban.

Esas luchas se manifiestan, según la información que tenemos, desde principios del mes de junio cuando estallan motines en los barrios obreros de Lagos. Otra vez se erigen barricadas y los principales ejes de comunicación de la región son saboteados bloqueándose toda libre circulación de mercancías. En este momento de la correlación de fuerzas, la burguesía intenta otra vez de hacer jugar su vieja carta de "alternancia democrática".

A mediados de junio, "la oposición democrática" organiza una campaña llamando a "los ciudadanos responsables contra el régimen militar", para que peleen para que el siempre multimillonario Abiola ocupe nuevamente el sillón presidencial. También organiza una semana de "desobediencia civil" que culmina con las jornadas "ciudades-muertas", caricaturas de las "jornadas de barricadas" (¡sic!), y otras "jornadas de ruegos". Pero, en Nigeria como en Zaire u otras regiones de Africa, esas tentativas de movilización organizadas por la fracción burguesa en la oposición no tienen un gran eco y no lo tuvieron entonces.

A partir del 4 de julio 1994, el movimiento de huelga se extiende con la nueva entrada en escena, de los obreros del petróleo que para defender sus intereses, desarrollan el enfrentamiento social en todo el país y a todos los niveles de la producción. El Estado se estructura, en este sector, en torno de los poderosos sindicatos, verdaderas piedras angulares de la contrarrevolución: el NUPENG ("Sindicato de los trabajadores del petróleo y del gas natural") y el PENGASSAN ("Sindicato de los cuadros de la industria petrolera"). Los sindicatos, muy preocupados por evitar la pérdida de control de los proletarios que se organizan autónomamente, se encuentran obligados a abandonar la presión e intentar encuadrar la lucha llamando a una "huelga ilimitada", que de todas maneras se perfilaba como inevitable. Así, el 12 de julio la NLC ("Nigerian Labour Congress"), la central sindical más importante, reconoce la huelga general. Los sindicatos, para no perder el control de las luchas se integran en la huelga y toman la dirección. Desde esta óptica es mucho más fácil sabotear la generalización de la lucha; así hicieron todo lo posible por conducir la oposición de clase del terreno social en la que se situaba (reivindicaciones salariales, lucha contra la miseria, el desempleo,...) al terreno estrictamente político, al del reemplazamiento de una fracción burguesa, los militares, por otra, los civiles. A pesar de todos los esfuerzos que desplegó el sindicato, la huelga paraliza toda la actividad productiva en Lagos y otras ciudades de gran concentración proletaria. Paralelamente la represión se acrecienta por todos lados. Mientras que los obreros del centro petroquímico de Warri enfrentan el lock-out, la penuria de carburante paraliza todo el país.

El 18 de julio la revuelta proletaria sigue afirmándose y extendiendo. Los habitantes de los suburbios y barrios marginales de Lagos e Ibadan, salen a las calles en pie de lucha. Se producen grandes y sangrientas jornadas de enfrentamientos. Entre los 20 muertos que se reconocerán oficialmente, el régimen llorará muchos policías que fueron exterminados a palos por los manifestantes. En Port Harcourt, como ya dijimos, una de las más grandes refinerías del país, las consecuencias de las huelgas son tales que el ministro del petróleo afirma que serán necesarios muchos meses para solucionar los "problemas técnicos provocados".

El 21 de julio, el llamado de volver al trabajo, lanzado por los sindicatos recibe una sola respuesta: la multiplicación de las huelgas y manifestaciones. El 26 de julio, se producen nuevos enfrentamientos en Lagos, los huelguistas imponen por la fuerza el paro general de la producción y el comercio. El proletariado no solo responde a la violencia de arriba con la violencia de abajo sino que ataca abiertamente a la propiedad privada, se producen saqueos en los centros comerciales intentando así asegurar el abastecimiento más elemental. Al finalizar el mes, los sindicatos previenen a las compañías petroleras advirtiéndoles de los riesgos de sabotajes que se corren si los patrones continúan empleando a amarillos para quebrar la huelga. En muchos casos y como corresponden, los huelguistas le romperán la jeta o le darán terribles golpizas a estos amarillos (compuestos principalmente de obreros jubilados y expatriados entre los que se encontraban ingenieros europeos y americanos). Los sindicatos declaran públicamente que no controlan a "sus bases".

A principios de agosto (siempre del 94), después de un mes de huelga y enfrentamientos, la burguesía mundial comienza a inquietarse por el aumento del precio del barril de petróleo en el mercado mundial. Otra vez más, es la persistencia de los enfrentamientos sociales que impone al Estado, vía los sindicatos, la necesidad de medidas para conducir los ataques violentos de los proletarios hacia reivindicaciones negociables. El 3 de agosto la NLC decreta una nueva "huelga general" e intenta conducir el movimiento proletario a un cuestionamiento razonable que tenga en cuenta los intereses de la nación. Pero otra vez grupos de proletarios organizados van más allá de esta "huelga general", que no era más que una farsa, un simple paro sindicalista y la transforman en un verdadero enfrentamiento social: incendios, saqueos y barricadas en diversos barrios obreros del norte de Lagos,... Ya la víspera, en los mismos barrios, grupos de "jóvenes vagabundos" (dice la prensa) expropiaron y repartieron el contenido de camiones que llevaban alimentos. Mientras los periódicos hablan de pillajes y un reparto desordenado "entre los que pasaban por las calles" nosotros reconocemos en tales actos un principio elemental y primario de la expropiación general y el reparto según las necesidades que porta en sí el proletariado revolucionario.

Los sindicatos, constatando que su "huelga" se transformaba en huelga enserio, deciden poner fin al paro y llaman para que se vuelva al trabajo. Este llamado, como los anteriores, es desconocido por el proletariado que sigue en pie de lucha.

Todo ese accionar proletario proporcionó como es lógico, un serio golpe a la economía nacional. En Lagos los cortes de electricidad, son cada vez más frecuentes, los transportes públicos casi no funcionan, y las centrales eléctricas se encuentran paralizadas por falta de carburante. El 5 de agosto, las refinerías de Port Harcourt tienen que cerrar de nuevo por la huelga. El 8 de agosto la compañía Shell anuncia la suspensión "hasta nueva orden" de sus exportaciones de bruto como consecuencia de los destrozos causados "en el contexto de la huelga" en un importante oleoducto.

El gobierno, para imponer la vuelta al trabajo, se ve obligado a purificar sus propias estructuras. El 17 de agosto disuelve los tres principales sindicatos que se mostraron incapaces de controlar y dirigir razonablemente a los proletarios. Esta medida, por más espectacular que sea, no es más que una sanción simple y temporal que será anulada una vez que la situación social lo permita; su función no es más que la de intentar credibilizar, mejorar la imagen ya demasiado deteriorada de los sindicatos.

Simultáneamente, la burguesía endurece su tono y amenaza: "cada nuevo acto de vandalismo contra las instalaciones estratégicas del país será rápida y firmemente reprimida". Con estas amenazas la burguesía no solo confiesa encontrarse en peligro sino también la necesidad de pasar a la ofensiva. Unas horas más tarde, cuando se manifiesta en Kaduna (gran centro comercial del norte) y Benin-City, se dan enfrentamientos violentos que contraponen a huelguistas y al ejército que había sido desplegado hacia los lugares estratégicos de la ciudad. La Shell anuncia el cierre de su terminal petrolero de Focados (uno de los más importantes) como consecuencia del sabotaje de sus instalaciones...

A pesar de los despidos, del lock-out, de reclutamiento de amarillos, de la represión abierta, los proletarios no vuelven inmediatamente a sus puestos de trabajo, la huelga de los obreros del petróleo, eje de todo el movimiento, continúa. El gobierno necesitará más de dos semanas y media más para llegar a controlar la situación y obligar a los proletarios a plegar el lomo y entrar a trabajar. El 26 de agosto todas las grandes empresas públicas (petróleo, compañía de electricidad, etc) fueron militarizadas; el ejército se encarga de distribuir masivamente el carburante necesario para relanzar la producción, las gasolineras son aprovisionadas por el ejército. El 29 de agosto el ejército ocupa Wari y Port Hacourt. El 5 de setiembre la huelga parece quebrarse, en todo caso el aprovisionamiento de gasolina se hace efectivo (6). Luego de estos acontecimientos no hemos recibido más noticias, salvo que el orden reina y que las medidas represivas se intensificaron todavía más.

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¿Qué conclusiones podemos sacar de todo esto?

Antes que nada, tenemos que constatar otra vez más la falta de informaciones precisas, directas. Solo disponemos de lo que la burguesía ha dejado filtrar a través de sus medios de comunicación, lo que es consecuencia de la trágica ausencia de redes de centralización proletaria internacional e internacionalista.

Nosotros hemos querido, a través de este texto, hacer circular la poca información que tenemos a nuestra disposición a propósito de la lucha que llevan adelante nuestros hermanos de clase en Nigeria, dándoles, por supuesto otra óptica, nuestra óptica. Pero, comprenderá el lector que es muy difícil saber exactamente lo que está sucediendo, cuando nos basamos en informaciones provenientes, de los diarios burgueses y otros medios de comunicación de nuestros enemigos. Al respecto no debe olvidarse que los aspectos organizativos y de continuidad de la lucha, las manifestaciones de violencia proletaria, sus enfrentamientos con los diferentes aparatos del Estado burgués (sindicato, ejército,...)... cuando son difundidas lo son con grandes distorsiones. El periodismo solo puede reproducir el punto de vista limitado, el cortísimo horizonte que le permite la ideología dominante al servicio de la cual él se encuentra. Consecuentemente con este punto de vista no se habla en ninguna parte de la existencia de minorías organizadas, ni se reproducen los textos que expresan rupturas con la democracia o manifestaciones de solidaridad proletaria. Estos hechos no son difundidos simplemente por no corresponder al pestilento y limitado cuadro ideológico democrático propio a los medios de comunicación internacional. Al respecto no debe olvidarse nunca, que lo que se ve desde lejos como espontáneo, como producto de las masas ciegas, es siempre el resultado de la acción de alguna minoría decidida, que cualquiera que haya en serio participado en la lucha de nuestra clase, sabe que hasta la más mínima huelga, asamblea o manifestación requiere un grupo decidido que la lleve adelante y que la espontaneidad que se ve desde afuera y de lejos no es cierta, salvo claro está en el sentido más histórico del termino: que es la sociedad burguesa y sus antagonismos que crean inevitablemente la necesidad de la revuelta proletaria (así como la de la organización de la misma) y no tal o tal idea o consciencia.

En resumidas cuentas, no tenemos ninguna ilusión con respecto a las informaciones que sacamos de nuestros enemigos y debemos reconocer como una expresión de nuestra debilidad manifiesta la casi-inexistencia de estructuras propias a nuestra clase, que a su vez está mostrando la correlación de fuerzas internacionales en favor de la burguesía.

¿Cuáles fueron las formas organizativas que surgieron en estos años de lucha en Nigeria? ¿Cuáles fueron las consignas que lanzó el proletariado y especialmente su vanguardia? ¿Cuáles fueron las lecciones que nuestra clase sacó de su experiencia?... Estas son algunas de las tantas interrogantes a las que no tenemos respuesta.

Por lo dicho anteriormente, aunque actualmente no tengamos elementos para analizar los niveles de ruptura proletaria que se expresaron en esta lucha, especialmente en lo concerniente a la existencia, permanente o no, de minorías organizadas, no dudamos, constatando la agitación social que se mantuvo durante todos estos años, que el proceso en ese sentido debe haber sido muy rico. En efecto sabemos por ejemplo que la acción directa surgió en diferentes momentos y que los actos de sabotaje se dieron regularmente en simbiosis con el desarrollo del movimiento huelguístico, lo que manifiesta la existencia de diferentes y ricos niveles organizativos de nuestra clase y ello pese a que a menudo estos actos permanecen limitados en sus objetivos, en el tiempo y en el espacio.

No dudamos que la represión contra los proletarios fue terrible, sabemos que se le encajó condenas que iban de 10 años a la pena capital a centenas de militantes obreros y todo eso con el objetivo de cerrar el camino que intentarán abrir los más lúcidos militantes que impulsaron las grandes luchas: el balance de la lucha y la constitución de núcleos activos en la organización internacional e internacionalista del proletariado.

También podemos constatar a título de conclusión, que la burguesía, tuvo muchas dificultades para controlar la situación y ello a pesar de utilizar todas las cartas que tiene: sindicatos, tentativas de polarización derecha/izquierda, elecciones, represión abierta, alternancia civil-militar...

Sin embargo, en Nigeria, a diferencia de otras experiencias de enfrentamientos que se dan por todo el mundo, parecería que el movimiento no ha sido destruido. En efecto, el "escenario" de lucha en la mayoría de los otros países, durante estos últimos años ha sido el de proletarios que destruyen, queman, se reapropian de las mercancías, se enfrentan violentamente a los milicos, sabotean,... ocupan las calles, se enfrentan violentamente a todos los aparatos del Estado, sin que la continuidad y la homogeneización de sus acciones, la generalización, se desarrolle. Una vez que la lucha retrocede las manifestaciones de solidaridad y de organización que sobreviven a la interrupción del movimiento son muy pocas.

En efecto en Nigeria, como vimos a través de este texto, todo pareciera mostrar que desde 1988 a la fecha la lucha continúa: todas las tentativas de imponerle al proletariado el camino de la democracia fracasaron y en todos los casos aquel volvió a encontrar el camino de su lucha. Ninguna de las tácticas pareciera lograr liquidar al proletariado, ni las promesas de elecciones libres de los civiles, ni los garrotazos de los militares, ni la combinación de ambas han logrado liquidar la lucha. El proletariado reaccionó en contra de cada gobierno a través de huelgas, sabotajes, reapropiaciones, marcando así, en su ataque sistemático contra todos los aparatos del Estado, una continuidad en su lucha que contrasta con las características generales de las luchas de hoy en día (7).

Esta situación se distingue entonces, en ese sentido, de la situación general en la que constatamos convulsiones sociales que cuestionan al Capital pero que no desarrollan, lamentablemente, una continuidad, lo que hace que las mismas se limiten en el tiempo y en el espacio. Reiterando una vez más, los límites que tiene nuestro análisis dada la falta de información válida podemos decir entonces que la lucha de clases en Nigeria, por su continuidad, pereciera contradecir positivamente las características generales que presenta la lucha de clases a nivel internacional en período actual.

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Terminamos este texto subrayando, una vez más, el carácter común, universal de las respuestas proletarias, frente a la degradación permanente de sus condiciones de existencia.

Y contra todos los que todavía albergan ilusiones y gritan que el proletariado ha muerto y que la lucha de clases no existe más, contra todos los que no tienen otra cosa que admirar que su propio ombligo y que consideran a Europa como el centro del mundo, contra todos los que, para dividirnos, no ven más que lo particular de nuestras condiciones de existencia según las latitudes en las que luchamos, nosotros afirmamos que enfrentamos, en todos lados de este planeta, al mismo enemigo, envuelto en los mismos oropeles. Por todos lados el proletariado tiene que enfrentar a los mismos ejércitos, a los mismos sindicatos, a los mismos medios de comunicación, a los mismos demócratas, a las mismos curas,...

A la HOMOGENEIDAD de nuestras condiciones de supervivencia, cada vez más deplorables en todas partes, respondamos con la UNICIDAD de las reacciones proletarias!

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Notas :

1. Ver nuestro artículo "CO37.2 En Ruanda como en todas partes, las campañas humanitarias contra el proletariado", que aparece en este mismo número de Comunismo.

2. Ver nuestros artículos "CO30.1 Derrotismo Revolucionario en Irak" Comunismo Nº30, "CO35.1 Revolución y Contrarrevolución en Irak" Comunismo Nº35.

3. Durante los años 70 el petróleo aportaba a Nigeria 26 mil millones de dólares de ingreso por año, en los años de crisis estos ingresos disminuyeron, hasta 6 mil millones de dólares en 1993.

4. Evidentemente la ideología dominante se alimenta de la debilidad internacional actual del proletariado en la afirmación de sus perspectivas comunistas, para generalizar su discurso mistificador a propósito de la desaparición de la lucha de clases y de la inexistencia del proletariado. Como no puede ser de otra manera, la ideología sienta sus bases en un aspecto puntual y superficial de la realidad.

5. Solo hay un país en el mundo en el cual la gasolina es más barata: Venezuela. Y cada vez que la han querido aumentar, siguiendo el consejo invariante del Fondo Monetario Internacional y de todos los economistas del mundo que predican la "verdad de precios", se pegaron un susto bárbaro y tuvieron que retroceder por la explosión proletaria que ello provocó, la más importante de las cuales fue en 1989. Ver "CO26.4 Venezuela, el proletariado destruye el mito del paraíso democrático" en Comunismo número 26.

6. La importancia estratégica del sector combustible-transporte tanto en la extensión generalización de una lucha proletaria como en la necesidad de quebrarla para quebrar toda la lucha, se verifica en todos los casos y no solo la constatamos en los países gran productores de petróleo como en las grandes luchas de Nigeria, Irak, Venezuela,... Ver por ejemplo "Uruguay: La huelga general de 1973, la CNT contra el proletariado".

7. Al respecto véase nuestro texto "CO33.4 Características generales de las luchas de la época" Comunismo Nº33.

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CO37.4 Lucha de clases en Nigeria