Hoy más que nunca, las masacres generalizadas, auténticos genocidios, son parte cotidiana de esta sociedad de muerte, y lo que se nos cuenta con respecto a las interminables guerras que soporta la humanidad no es más que un conglomerado de mentiras.

Se nos habla de conflictos étnicos. Se nos presenta el conflicto entre hutus y tutsis como el resultado de "la desgraciada perseverancia de costumbres ancestrales", de "comportamientos bárbaros" que sobrevivieron a la obra civilizadora del progreso (1).

Para negar la naturaleza intrínseca del capitalismo, que es explotación, exclusión, hambre, guerra... y que domina el planeta entero desde hace siglos, la burguesía nos hace creer que Ruanda es un país "subdesarrollado", es decir que no es un país capitalista (o no suficientemente capitalista (2)), que aún existen modos de producción arcaicos, de tipo feudal... y que es éste "retraso económico", la "falta de democracia", lo que explica las "costumbres bárbaras que hoy determinan las masacres entre hutus y tutsis. Así todo resulta fácil, la burguesía no solo se presenta como si no tuviese nada que ver con las masacres que se desarrollan sino que además se esconde detrás de sus misiones humanitarias y se presenta como la que salvará a los "pobres ruandeses" del pantano en el que se metieron.

Pero lo que sucede en Ruanda, no tiene nada que ver con toda esa leyenda difundida por los medios de prensa. En primer lugar, los ruandeses, tanto tutsis como hutus, no existen (3). Lo que existe en Ruanda, como en todos los países de este mundo capitalista, son burgueses y proletarios; es decir de un lado una clase social que detenta todo y que se enriquece, se enriquece... y del otro una masa de proletarios que solo poseen su fuerza de trabajo, que están obligados a vender día tras día por un salario... y que se empobrece, se empobrece... hasta reventar de hambre. Lo mismo sucede en Francia, Argentina, Estados Unidos,... en todos los países del mundo. Esta división en clases, en dos clases sociales, es mundial. Por todas partes, desde Ruanda a Burundi, Zaire o Sudáfrica, y desde Tailandia a China, Cuba o Japón, el antagonismo que determina la vida de esas sociedades es el mismo: burguesía-proletariado.

En Ruanda existen dos clases que se enfrentan: la burguesía, sea de origen hutu o tutsi, irlandesa, anglosajona, vasca u occitana... y el proletariado, sea cual fuese su origen, hutu, tutsi, pakistaní... Los que fabrican la opinión publica utilizan, para ocultar esta realidad, toda una serie de subterfugios; así, por ejemplo, los artículos de prensa, luego de señalar los enfrentamientos en Burundi, entre "campesinos hutus" y "ejército tutsi", solo hablan de enfrentamientos entre hutus y tutsis... Esto nos permite constatar como se transforma un enfrentamiento de clases --sublevación de proletarios que fue ahogada por la represión militar--, es decir un momento del enfrentamiento general del proletariado contra el Estado, en realidades intrínsicamente aclasistas, en conceptos étnicos (4).

Hoy en día de lo que se trata, tanto en Ruanda como en Yugoslavia, Somalia o Irak, es de llevar adelante una guerra contra el proletariado; contra un proletariado que se ha transformado en una mercancía excesiva para el Capital y que para no poner en peligro la valorización de éste es necesario destruirlo, contra un proletariado que, pese a las diferencias cualitativas en su grado de enfrentamiento, se insurge negando la no vida del capital. Mientras que la situación se dirige hacia la explosión social (5), los proletarios en estas regiones se encuentran aislados frente a ejércitos burgueses procedentes del mundo entero.

En la actualidad, en Burundi, Ruanda o Zaire, los proletarios se tienen que enfrentar no solamente a los ejércitos de dichos países (en Ruanda los proletarios soportan los tiros del FAR y el Interhamwe por un lado, y del FPR por otro) sino también a los ejércitos estadounidense, francés, inglés, belga y... a las fuerzas de la ONU.

¿Por qué se concentran tantos ejércitos en esta región del mundo? Porque la situación de desvalorización de la fuerza de trabajo ha alcanzado niveles tan demenciales que pone en peligro la continuidad del sistema de explotación capitalista (6), porque allí también existen muchos capitales que defender y porque se ha abierto, desde hace varios años, un período de desestabilización social que ha ocasionado, por un lado,

Y así vemos a los buitres de la competencia capitalista esperar dispuestos a despedazar el cadáver para hacerse un pequeño (o gran) lugar en el sistema.

Lo que está en juego en Ruanda no presenta, en efecto, rasgo de originalidad alguno. Si todos los burgueses asesinan en esta parte del mundo es para obtener el mejor lugar posible en la nueva correlación de fuerza que surgirá una vez finalizado el conflicto.

Como podemos observar, todos estos burgueses no se pelean por obtener la medalla del que salvó a los pobres ruandeses de su triste destino, sino por el oro, el wolframio, el uranio, el gas natural... ¡qué para explotarlos se necesita a los "pobres ruandeses", proletarios sumisos y disciplinados que puedan sudar el máximo de valor posible y así llenar los bolsillos de estos señores! Lo único que le interesa al capitalista es el obtener el máximo de beneficio posible. Actualmente, en Ruanda, son principalmente los capitales "franceses", "estadounidenses", "ingleses" y "belgas" los que se han comprometido en esa búsqueda. Dichos capitales, como se puede constatar, no se miran como perritos de porcelana ni solo se disputan la bolsa, sino que por el contrario, actúan como perros rabiosos tironeando de la carroña, se enfrentan con las armas en la mano, y se reparten el botín sobre los cadáveres de los proletarios que van dejando en el campo de batalla.

Estas guerras, objetivamente de destrucción masiva de excedente de fuerza de trabajo presentan desde el punto de vista de los intereses interburgueses dos funciones: el reparto de los recursos naturales, vías de comunicación, etc. y el encuadramiento de proletarios a los que se les explotará para escupir valor a través de la incorporación de los primeros en el proceso de producción.

En cierto momento del desarrollo de la guerra, cuando cada buitre haya marcado bien su territorio, la paz delimitará las posiciones de cada uno, las consagrará en un tratado, ratificará las relaciones de fuerza establecidas manu militari... ¡la paz no es más que la consagración de la guerra! A los proletarios, que tuvieron que soportar los dolores más duros, la pérdida de sus compañeros, de sus familiares, que tuvieron que errar en rutas y campos en los que reinaban el tifus y otras enfermedades, el hambre, la sed, la falta de todo... se les prepara para que acepten, sin protestar, las impresionantes condiciones de vida que el capital les impone.

El comercio de armas es también un elemento crucial en estas guerras. Por un lado tenemos la carrera para acaparar el mercado de compra y venta de esas máquinas de guerra, prolongación militar de los intereses competitivos de diferentes fracciones burguesas que se enfrentan en la región, y por el otro tenemos el encuadramiento militar de la región, es decir el encuadramiento militar del proletariado.

Si por un lado los burgueses se unifican para llevar adelante la guerra contra el proletariado, por otra parte se encuentran divididos según sus intereses particulares, que son necesariamente diferentes. La competencia no respeta las leyes de buena convivencia y cortesía enunciadas en los tratados de buena educación, sino que por el contrario es el motor de la guerra perpetua que se declaran los burgueses entre ellos. Es esta guerra burguesa, la guerra interimperialista, la que se da hoy en día en Ruanda, y la que, si es necesario, masacra a millones de proletarios para llevarse adelante, como lo han demostrado las guerras en Somalia, Irak, Vietnam, la del 14-18 o la del 39-45... como el "descubrimiento" de América con sus 90 millones de muertos lo mostró, o como hoy lo evidencian la guerra en Yugoslavia o los millones de muertos y los tres millones de exilados en Ruanda. La burguesía no retrocede ante nada, ella no tiene escrúpulo humanitario alguno.

Sus misiones humanitarias sólo son la mejor cobertura que ha encontrado para ocultar el horror que contiene su sistema, ¡el de sólo vivir de las guerras! El fundamento principal de estas misiones es el de formar parte de la movilización para la guerra, más aún, ellas representan un momento muy importante de las campañas ideológicas indispensables para preparar su estallido: todas las fracciones burguesas llevan adelante la guerra en nombre del humanitarismo y de los derechos del hombre. Las misiones humanitarias se constituyen perfectamente como un poderoso acto beligerante llevado adelante por una constelación imperialista contra otra.

El ejército estadounidense, concentrado en Goma, pretende no participar en la mantención de la paz, ni integrarse en la misión de ayuda (Minuar) de las Naciones Unidas en Ruanda, sino exclusivamente "mantenerse en la región por un tiempo indeterminado para colaborar con el esfuerzo humanitario"... Las tropas francesas que ocuparon los territorios del sudoeste de Ruanda y que se han instalado en Goma, Bukavu y Kisangani lo hicieron también bajo la cobertura de instalar una "zona de seguridad humanitaria".

Todos repiten la misma copla humanitaria, ¡cómo si la presencia de todos los ejércitos no fuera para hacer la guerra!, ¡sus intenciones son maravillosamente pacíficas! y ¡jamás se vieron tantas fotos de soldados que ayudan a los niños, que llevan agua, comida y aún "consuelo moral"! ¡Jamás se vio a tanto mercenario, de aquellos que se venden para llevar adelante cualquier guerra, formados para reventar a negros o árabes, hender una sonrisa, agarrar un saco de harina y posar para la foto, si es posible con un niño en brazos, para así vender su asquerosa mentira humanitaria. El sarcasmo no tiene límites, ¡hasta se hacen certámenes para ver cual es el mejor negativo fotográfico de un niño agonizante! ¿¡Contemplación o asesinato?!

Así es cómo las peores masacres, genocidios, se venden. Los burgueses tienen clarito sus objetivos y saben, también perfectamente, que la lucha proletaria detiene la guerra, por ello hacen estudios de mercado para ver como su repugnante guerra puede ser aceptada por el público. Estos señores buscan, como para toda lata de salchichas, el mejor embalaje que les permita vender su producto. Las imágenes que los medios de difusión nos presentan de la guerra son también muy estudiadas, todas las imágenes de soldados que ayudan a los niños no tienen nada de inocente ni de generosidad. Si tenemos en cuenta que hoy por hoy todo el mundo tiene más o menos claro la podredumbre que nos rodea, la corrupción de los políticos, las estafas de todo tipo, que la Justicia también se puede comprar, y que se vende... es fácil comprender como el estudio de mercado evidencia que el maltrato de niños es susceptible de conmocionar al gran público. Es ésta la razón que explica porqué en cada reportaje sobre África negra nos bombardean con fotos de soldados que juegan con los niños al buen samaritano.

Las imágenes de la guerra de Golfo, por ejemplo, fueron estrictamente estudiadas para evitar el síndrome de Vietnam, es decir para destruir la memoria, aún fresca, de la guerra abyecta, cruel, antihumana (puesto que los objetivos de toda guerra burguesa son abyectos, crueles, antihumanos); para borrar de la memoria obrera el recuerdo de las movilizaciones contra la guerra y contra la sociedad en general, y para crear la imagen de una guerra limpia, civilizadora, humanizadora, por los derechos del hombre y restablecer el orden del trabajo, del sacrificio por la patria, de la guerra... Y así todos los agentes de la contrarrevolución continúan en ese camino para justificar todas las guerras que se dan actualmente en el mundo. Hoy más que nunca, la supervivencia del sistema capitalista plantea la necesidad de la generalización de la guerra y ¡hoy más que nunca el discurso de la burguesía es el de la paz en el mundo!

La burguesía, para ocultar su realidad belicista, no retrocede ante nada. Como hemos visto utiliza sus estudios de mercado, selecciona sus imágenes, reescribe la historia... Cada vez es más difícil saber, a través de los medios de comunicación, lo que ocurre hoy en el mundo. La realidad de las contradicciones de clases son cada vez más ocultadas, el silencio y las mentiras son cada vez más enormes. De los hechos mismos la prensa nos dice cada vez menos, de lo que se ocupan los "medios de información" es de decirnos lo que declaró tal o tal gobernante o diplomático y en última instancia se concentran en explicarnos lo que hay que pensar. Cuando la prensa nos habla de la situación existente en cualquier parte del mundo, es porque la burguesía ya controla la situación y las contradicciones proletariado contra burguesía han sido desviadas y canalizadas por las contradicciones interburguesas y/o ahogadas en un baño de sangre. La prensa nos informa entonces de las polarizaciones tal como las burguesía las ha reestablecido. El caso yugoslavo es chocante: mientras que se daban enfrentamientos de clase y se generalizaba el ataque al Estado, sólo se filtraban poquísimas informaciones, pero cuando la burguesía logró aplastar la lucha, desviarla de sus objetivos de clase, transformar el enfrentamiento burguesía-proletariado en una polarización propia a su esencia --serbios contra musulmanes, croatas, etc.-- todos los medios de comunicación vomitaron documentos, reportajes, emisiones especiales que daban en detalle el "rol histórico de los serbios", el "destino particular de los bosnios musulmanes"..., y que sustituían el antagonismo fundamental proletariado-burguesía por contradicciones interregionales, interburguesas...

Si algunos elementos de información a propósito de la realidad de la luchas de clases, de los reales objetivos de las guerras, pasaron a pesar de todo el control realizado por la burguesía, se debió al serruche de patas que se hacen los propios burgueses. Así, por ejemplo, los diarios belgas publicaron con respecto a la guerra en Ruanda los testimonios del FPR que denigraba la operación turquoise del ejército francés... los diarios franceses han hecho alarde del despliege de las fuerzas estadounidenses en toda África... ¿Porqué? Porque el interés de ciertas fracciones burguesas se encuentra en la "denuncia" de sus competidores, lo que no les impide cambiar sus declaraciones cuando la relación de fuerzas cambia. Las informaciones dadas por la burguesía conducen siempre, puesto que son la expresión de sus intereses competitivos, parciales, a la toma de partido por una fracción contra la otra. Más aún, en el cúmulo de este género de "denuncias" --reportajes a sensación, flashes...--, en la medida que las informaciones se limitan a los epifenómenos, a aspectos marginales, donde se presentan las situaciones como inextricables "puesto que las contradicciones son diversas", se divulgan los factores no esenciales, se individualizan las responsabilidades... banalizan el horror de la guerra. Lo mismo sucede con la denuncia de los "crímenes de guerra" (los susodichos abusos, excesos, arbitrariedades...) que no hacen más que restablecer la legitimidad de la guerra.

Es por ello que a pesar de que algunos artículos de prensa nos hablen de las luchas de influencia que llevan adelante las grandes potencias capitalistas, lo que queda, en última instancia, en la cabeza del ciudadano medio, el mensaje que pasa, es el del "beneficio humano" de las misiones humanitarias.

Estas mentiras, por más inmensas que sean, se avalan como si fueran la realidad. Hoy en día, el sumun del horror pasa, por más grotesco que parezca, como verdaderas misiones humanitarias. Los estados inglés, francés, belga, estadounidense y otros, mientras que organizan a sabiendas la guerra, llegan a hacerse pasar por los grandes salvadores de una situación de la que no son responsables.

Este gran lavado de cerebro colectivo es facilitado por el hecho de que la burguesía controla todos los canales de información, y de que la prensa obrera casi no existe. Por eso, con respecto a la guerra del Golfo, los burgueses se pusieron de acuerdo en decir que era una guerra por el petróleo, y en ocultar completamente la existencia de insurrecciones proletarias contra la guerra. Insurrecciones que no tenían como objetivo defender Irak, Kuwait, Estados Unidos o Kurdistán, sino la lucha contra todas las fracciones burguesas y contra los nacionalistas kurdos, y contra la guardia republicana baasista, y contra el ejército estadounidense y compañía. Si los ecos de esta lucha proletaria pudieron atravesar las fronteras fue por la existencia de una centralización --aún embrionaria-- de fuerzas proletarias en todo el mundo. Es indispensable para el desarrollo de nuestras lucha, el no dejarse embrutecer por lo que nos dice la prensa burguesa con respecto a la difusión de información, la propagación de una huelga, la organización de la solidaridad... De la misma manera que es vital para la revolución el que nos organicemos afuera y en contra de los sindicatos, lo es el organizarse afuera y en contra de la prensa burguesa. Desarrollemos nuestra prensa, nuestras redes de información, de coordinación y de centralización de nuestras luchas. ¡"La emancipación del proletariado será la obra de ellos mismos"!

De lo que no se habla es del verdadero papel de las ONG (organizaciones no gubernamentales), de los Médicos sin Fronteras, de la Cruz Roja y otras organizaciones... que conjuntamente con los cascos azules organizan la policía de los campos de refugiados.

¡El poder que detentan estas misiones humanitarias es enorme! Luego de haber despojado a los proletarios de todo lo que tenían (casa, pedazo de tierra, enseres domésticos...), de haberlos concentrado en campos y de haberles hecho la supervivencia aún mas dependiente de la clase burguesa (¡qué continúa poseyendo los medios de producción... y de destrucción!), nuestros "corazones de dios" (7) que pululan en los organismos humanitarios tratan de gestionar el terror provocado por las inevitables epidemias y hambrunas: ¡en una mano, algo de comida y agua y en la otra el palo! La regla es es muy simple: todo aquel que no responde a los criterios de "refugiados" no tiene derecho a los auxilios alimentarios y médicos. ¡Si no obedeces, ya puedes reventar!

Mientras ciertos reportajes denuncian toda clase de tráfico que se hace a partir de los convoyes de alimentos, mantas y medicamentos, cuando son los proletarios, que reventando de sed y de hambre amenazan a los policías del campo (¡a "nuestros corazones de dios"!), se insurgen y "roban" un poco de agua o un saco de harina se grita ¡escándalo, escándalo!, se les trata de bandidos, se les mete en prisión y/o se les asesina. ¡Cómo es posible que aquellos a los que se les destinó esta caridad, para los que todos estos esfuerzos se organizan, por los que nos sacrificamos, falten de reconocimiento, de humildad en la miseria! (¡nos faltan palabras para calificar tanta hipocresía!). Pero cuando se trata de los militares, que generalmente se encuentran a la cabeza de ese tipo de tráfico, no hay problemas, siempre los ejércitos siempre robaron, violaron... ¡es legítimo!

En Somalia, donde la resistencia del proletariado fue más fuerte (los recientes amotinamientos en Mogadisco materializan esta fuerza), los convoyes "humanitarios" fueron sistemáticamente recibidos a pedradas y desvalijados por los proletarios que tomaron por su propia cuenta la organización de la distribución (8). Asimismo, les quedó clarito que todos los ejércitos que intervenían, con casco azul o kaki, no eran amigos (¡!), sino que estaban allí para desarmar y restaurar en todo su poder el orden del trabajo... y de la miseria. Realidades inseparables.

En Irak, la presión ejercida contra los proletarios que se refugiaban en las montañas de Kurdistán, no padeció de ninguna ambigüedad: les damos de comer si entregan sus armas. Las misiones humanitarias, que colaboraban directamente con las fuerzas nacionalistas que atascaron a los proletarios insurrectos en las montañas, se mostraron claramente agentes del desarme del proletariado.

El proyecto de estas misiones en Ruanda, Burundi y Zaire fue el mismo: una vez terminada la masacre mantener a los proletarios, a través de la hambruna y de la represión, bajo la égida del terror.

Como se puede observar, los campos de refugiados son campos de reproducción del proletariado como capital variable: se les desposee completamente de todo medio de vida, se mantiene la presión con el fusil en la espalda, se les encarcela, se les controla hasta el más mínimo gesto, se les hace la vida dolorosamente tributaria de la posibilidad o no de regresar para vender su fuerza de trabajo en esos presidios llamados fábricas. Los campos de refugiados son recintos de represión y de reserva de la fuerza de trabajo disponible según las necesidades de valorización del capital, es decir son campos de concentración.

La prensa y los estados mayores de todos los ejércitos del mundo afirman que es el hambre lo que determina el envió de los convoyes humanitarios; pero lo que motiva a los burgueses no es la miseria sino el terror a la reacción proletaria contra esta miseria. Cuando queda cruelmente claro que en esta sociedad el hombre no tiene nada que perder más que sus cadenas... el salto que se da para romper finalmente estas cadenas es rápidamente atravesado. Y eso es lo que les aterroriza a los burgueses en Somalia, Ruanda, Zaire, Sudán...

Los misioneros contemporáneos han reemplazado la cruz y el agua bendita por un casco azul y un costal de harina, pero detrás de ellos se arrastran siempre las cadenas de la esclavitud asalariada, y las masacres y los campos de concentración.

Este papel de milico lo asumen, sin ningún reparo, hoy en día los "Médicos sin Fronteras". Éstos presentan el desarrollo de su acción de la siguiente manera: no jugar exclusivamente el papel de médico sino directamente ocuparse de la verificación de la aplicación de los derechos del hombre. Como ya lo hemos denunciado en muchas ocasiones, los derechos del hombre son:

Los derechos del hombre son reglas de la pacificación social, es decir de la sumisión de los proletarios a las leyes de este mundo burgués, con pies y manos atados por las cadenas del trabajo, pero libres... para morir de hambre. Es la no-lucha y en última instancia el respeto de las guerras que desgarran este mundo y por ello la que se desarrolla hoy en día en Ruanda.

Si comparamos los nuevos objetivos de Médicos sin Fronteras con una declaración del congreso de Estados Unidos ("... prevemos un papel cada vez más activo e importante del reforzamiento y la expansión de la democracia y de los derechos del hombre en todos los países en vías de desarrollo"), podemos ver como "Médicos sin Fronteras" se inscribe perfectamente en la continuidad de los objetivos imperialistas de los poderosos de este mundo.

La defensa de los derechos del hombre, las obras de caridad, los médicos abnegados... y las misiones humanitarias son las bases indispensables que le permiten a la burguesía generalizar el exilio como método de dispersión del proletariado.

El exilio es, antes que nada, lo que permite reventar una zona de concentración de proletarios que amenaza con transformarse en un área de centralización de la lucha proletaria. Es la destrucción de la solidaridad militante: los proletarios pierden a sus compañeros de lucha, que son dispersados y enviados a destinos que se ignoran, y donde tanto el idioma como la gente que vive en ese lugar le resultan totalmente desconocidos... Hay que empezar de nuevo: verificar si existe o no una comunidad de lucha, reconstruir la solidaridad militante... La organización de la lucha se hace más difícil en la medida que las condiciones de supervivencia son acaparantes: se absorbe toda la energía en la búsqueda necesaria de alimento, agua, vivienda... Los niños lloran de hambre, las epidemias proliferan provocando la muerte de grandes masas de exilados... Los imperativos están allí clavándonos un puñal en la garganta, la falta de todo es tan brutal que corrientemente se reemplazan los criterios de clase por el "arreglate como puedas": se está dispuesto a golpear a un antiguo compañero por un pedazo de pan. Y para perfeccionar el aislamiento y la desorientación de los proletarios exilados nuestros "corazones de dios" se encargan de cambiar regularmente a los grupos de refugiados de un campo a otro bajo diversos pretextos.

Todo este comercio de carne humana no es aceptado como le gustaría a la burguesía: la revuelta estalla en ciertos campos (9). El proletariado, en vez de arrodillarse delante del altar de la caridad (que consagra todo el poder del dinero y sobre el cual no se ha vacilado en sacrificar a sus compañeros de lucha), se levanta denunciando la organización voluntaria de la penuria, el envenenamiento del agua... y amenazando a los "corazones de dios" de las misiones humanitarias.

La burguesía no retrocede frente a nada cuando defiende sus intereses. Por eso, para mantener encadenados a los proletarios al destino que el Capital les reserva, la burguesía está obligada a ideologizar el horror cotidiano de la guerra a través de la abnegación y del martirio, y hoy a la masacre de los proletarios se le llama "misión humanitaria". Sin embargo, estas misiones ¡sólo tienen la abnegación y el martirio que les da el sacrificio de los proletarios en los altares del Capital! "Misiones humanitarias"... es exactamente en base a ellas que el Estado mundial de la burguesía organiza la policía mundial contra el proletariado.

Policía mundial, porque la policía organizada en estos campos no tiene como único objetivo el encuadramiento del proletariado en estas regiones. Las campañas publicitarias en favor de las misiones humanitarias no son únicamente favorables a los capitales que acumulan en esos espacios productivos. Es frente al proletariado mundial que las campañas humanitarias marcan su tono. En efecto, gracias a estas campañas los más sangrientos torturadores pasan por bienhechores, salvadores, y las masacres de nuestros hermanos de clase por un problema de otra civilización que no nos concierne. Así se nos hace creer que existe "un problema africano" y se nos hace esperar "una solución africana" (como hicieron los pacifistas durante la guerra del Golfo al proponer "una solución árabe"), o un "problema étnico", frente a lo cual la única solución debería ser también "étnica". Todo se estructura para que el proletariado "de acá" no reconozca el destino de los proletarios "de allá" como suyo, y para que el único acto de "solidaridad" que puedan concebir sea el de depositar una limosna.

Para colmo, las campañas publicitarias de las ONG han proporcionado millones de dólares a las grandes cadenas de supermercados, que organizan ventas especiales de productos no perecederos que se envían a los campos de refugiados (¡¡!!). Publicidad para las grandes cadenas de supermercados, publicidad por los derechos del hombre, publicidad para la guerra, publicidad para hacernos creer que "acá" no podemos quejarnos pues vivimos bien (¡¡!!).

Contra todo este menjunge repugnante de mentiras, recojamos la consigna que los comunistas lanzaron desde siempre:

"Proletarios de todos los países, unámosnos."

* * *

Si el ejemplo de Ruanda, nos conduce inevitablemente a hablar de conflictos generales, de misiones humanitarias en general, de la prensa en general, es por que la situación en Ruanda sólo es la expresión particular de una situación mucho más... general. La guerra en Ruanda es una manifestación particular de los enfrentamientos interimperialista que desgarran actualmente África, Medio Oriente y el mundo entero.

Los imperialistas se enfrentan violentamente en todas los puntos del planeta. La carrera por la obtención del beneficio es cada vez más ávida. Los capitalistas se comen entre sí, pero el que paga la factura de esta guerra es el proletariado. Nuestra clase le sirve, al capital, como carne de cañón que le permite llevar adelante su necesidad, que se hace cada vez más imperiosa con el desarrollo de la catástrofe capitalista, de revalorización a través de la destrucción de capitales excedentarios (en especial la mercancía fuerza de trabajo), lo que implica, ni más mi menos, ¡la exterminación de proletarios!

Una vez reestablecida la globalidad donde se inscribe el enfrentamiento interimperialista en Ruanda, podemos pasar a la realidad inmediata, a la forma particular de estos enfrentamientos. En Ruanda se enfrentan actualmente dos estados: el de Francia y el de Estados Unidos. Ruanda fue una antigua colonia alemana, luego belga, para finalmente devenir colonia francesa. El estado francés apoya a las FAR (fuerzas amadas del antiguo gobierno). El FRP, hoy en día triunfante, fue armado por el estado norteamericano. Este es el mismo enfrentamiento que se da en Sudán, donde el estado norteamericano y el estado inglés apoyan al Ejército Popular de Liberación, mientras que el estado francés apoya al gobierno de Khartum. Lo mismo sucede en Yemen, donde el puerto de Aden se encuentra en las manos de las fuerzas estadounidenses, mientras que Djibour es una base de las fuerzas francesas...

Cada conflicto, aparentemente aislado, confinado a las fronteras de un país o una región, forma parte de una estrategia global elaborada por las grandes potencias. Se podría reconstruir un mapa del mundo en el que se mencionara la disposición de todas las fuerzas imperialistas, y seguramente ya lo hizo la burguesía y es lo que efectivamente nos vende la prensa burguesa. Pero con estos análisis no podemos llegar muy lejos, puesto que estos elementos solo nos dan una parte de la realidad. Por ello permanecer a este nivel equivale a reproducir la visión limitada y limitativa de la clase dominante, a permanecer como espectadores de un conflicto entre las "grandes potencias" frente al cual el proletariado se siente infinitamente pequeño e impotente.

El análisis solo es clasista cuando se analiza los hechos a nivel de la contradicción burguesía-proletariado contradicción que hoy se expresa en el hecho que es el proletariado, a pesar de que solamente ciertos capitales salgan de la guerra en Ruanda triunfantes, al que se reduce a ¡¡simples ruinas sobre las cuales se reconstruirán las nuevas industrias!!

Situarse a nivel de la contradicción burguesía-proletariado implica, comprender la guerra en Ruanda como un momento de la guerra que toda la burguesía, lleva mundialmente adelante contra el proletariado. Es decir la guerra que la burguesía lleva a cabo hoy "aquí" contra el proletariado, en base a despidos, desalojos, aumento de la intensidad del trabajo... y de represión de toda tentativa de lucha, es la condición necesaria de la guerra tal como la lleva hoy en Ruanda. Todos los sacrificios impuestos en una parte se constituyen en perfecta complementariedad con el sacrificio de las vidas en los frentes de las guerras imperialistas otra parte. Luego de reventar trabajando lo único que nos queda es morir por la patria. ¡Esta es la única perspectiva capitalista!, y es esta misma perspectiva que se le ofreció (¡!) al proletariado en Ruanda. Tanto "aquí" como "allá" es fundamentalmente la misma guerra contra el proletariado la que se lleva adelante. La guerra declarada, militar, como en Ruanda, es la prolongación de la guerra llevada adelante "aquí" en nombre de la paz social, es la misma guerra llevada a sus extremos. "Acá" se suprimen poco a poco las retribuciones por desempleo, "allá" se elimina a los proletarios a golpe de machete; en ambos lados se responde a la necesidad del capital de destruir el excedente de fuerza de trabajo, de destruir físicamente al sujeto siempre amenanzante de la revolución social. El paso de una situación a la otra muestra claramente que la falta de respuesta proletaria frente a los ataques cada vez más brutales a sus condiciones de vida, lleva derechito a la guerra.

Es la amenaza de esta perspectiva sangrienta la que mantiene al proletariado mundial dentro del marco del terror. Terror de afirmar sus propios intereses de clase contra la guerra burguesa. En nombre del pleno empleo nos hacen aceptar las disminuciones de salarios; en nombre de la lucha contra el paro nos suprimen los subsidios por desempleo... ¡en nombre de la paz nos hacen aceptar la guerra! Y cuando permanecemos anonadados por las imágenes de las masacres en Ruanda y sobre todo por el sentimiento de impotencia con respecto a esas masacres, la opinión pública no tiene ningún problema en imponer la creencia de que "aquí se vive mejor" cuando la realidad es totalmente diferente para el proletariado: cuando más se calle y se deje reventar mas recibirá bombas en la cabeza. Cuando más nos callamos "aquí", con respecto a lo que pasa "allá", dejamos más libre el camino de la burguesía para desarrollar su guerra en todo el planeta.

Más aún, hoy en día, el silencio del proletariado internacional con respecto a los ataques cada vez más agudos a sus condiciones de existencia es un apoyo implícito a la guerra en Ruanda.

¡Abramos los ojos, las medidas, cada vez más draconianas que nos impone el capital, son una preparación para vivir situaciones de austeridad demencial, como es el caso de Ruanda!

La única solidaridad con el proletariado diezmando por la guerra en Ruanda es la lucha contra la lógica que nos impone el capital: trabajar cada vez más por un salario cada vez más miserable para luego morir por la patria.

La lucha de los proletarios "aquí" y "allá" es la misma.

Es una sola y única lucha.

¡Abajo la dictadura del trabajo y del dinero!

¡Abajo la sociedad del Capital!

¡Viva el internacionalismo proletario!

¡Viva la revolución mundial!

* * *

Notas :

1. Lo que legitima, ante los ojos del mundo entero, el ideal occidental, donde por el momento nada o casi nada perturba el cálculo frío y disciplinado del dinero, el respeto de los derechos del hombre, el orden del trabajo y de la sacro santa democracia a pesar que también allí la miseria y el hambre se desarrollan vertiginosamente. Se alimenta además el sentimiento de superioridad de la "raza blanca", el racismo que es un arma poderosa de división que hoy reina poderosamente en todo el mundo. Esta ideología se reproduce incluso en los rangos del pretendido "medio revolucionario", que solamente reconoce la existencia del proletariado en las metrópolis occidentales.

2. De la misma manera que una mujer no puede estar más o menos embarazada, un país no puede ser más o menos capitalista. No es más capitalista, la gran industria y menos la miseria rural, ni lo es más el desarrollo de las fuerzas productivas que la desertificación y el hambre en el resto del planeta. Como lo han dicho siempre los comunistas y nosotros lo afirmamos en forma invariante ambos aspectos o polos son inherentes al capital mismo y a su desarrollo contradictorio y caótico. Véanse al respecto por ejemplo la serie de textos titulada "Contra la mitología que sustenta la liberación nacional" (Comunismo Nº4, Nº5, Nº7, Nº10...).

3. Ver recuadro.

4. La misma burguesía se pierde en sus categorías. Los burgueses están obligados a constatar que unos hutus matan a otros hutus, pero ahí aparentan no comprender nada. Así, por ejemplo, un diplomático hutu manifiesta su sorpresa y declara: "¿Porque asesinaríamos a los nuestros? Esto solo puede ser un acto de los tutsis." Ahora bien, lo que sucede es que en Zaire, principalmente, la policía de los campos esta organizada por las fuerzas armadas del antiguo gobierno (FAR) y frente a la sublevación de ciertos proletarios contra la alternativa de quedarse en los campos organizan la represión y asesinan.

En los campos de refugiados o en Ruanda, a quienes se mata es a los proletarios. Los proletarios de origen tutsi son asesinados masivamente, en su propia casa o en plena calle..., bajo la cobertura de la venganza hutu; y los proletarios de origen hutu mueren, a lo largo de las carreteras y en los campos, bajo la cobertura de la venganza tutsie. Una masacre es organizada principalmente por los FAR, otra por el FPR... y detrás de ellos los imperialistas franceses, norteamericanos... De lo que se trata es de una masacre masiva de proletarios organizado por las diversas fuerzas de la burguesía mundial. Entonces, efectivamente, hay hutus (¡burgueses!) que asesinan a hutus (¡proletarios!)... ¡y el diplomático podrá hacerse el que no comprende nada!

5. En Ruanda, como en todas partes del mundo, la agudización de la crisis económica a acelerado la degradación de las condiciones de existencia de los proletarios. A fines del 89, el precio del café (80% de los ingresos de exportación en Ruanda) descendió a menos del 50%, lo que provocó una pérdida suplementaria de trabajo para miles de proletarios. Además se han dado una serie de reestructuraciones que imponen mayor austeridad aún: los precios de los combustibles y de los productos de consumo obrero fueron aumentados primero en noviembre del 90, y luego en junio del 92, haciendo la supervivencia de los proletarios aún más difícil. Esta realidad ha determinado parcialmente al enrolamiento masivo de proletarios en el ejército. A partir de octubre del 90, los efectivos de las fuerzas armadas, en un espacio muy corto de tiempo, aumentaron de 5.000 a 40.000 hombres. Los bajos salarios que se les proponían eran de lejos superiores a la situación desastrosa que tenían que soportar las grandes masas de hombres sin empleo que se aglutinaban en las ciudades.

6. Siempre el capitalismo ha tenido siempre representantes e ideólogos, desde Malthus a Mac Namara que expresaron con mayor o menor claridad esa macabra verdad: que para la civilización y el progreso del capital la población es excesiva. Ver en particular nuestro artículo sobre los orígenes del Sida, "¡El Sida, Puro Producto de la Ciencia!", Comunismo Nº33.

7. En el artículo original en francés se dice "gentiles organizadores" o G.O. como se le denomina a los animadores en los Clubes Mediterráneo, clubes de vacaciones de lujo. La expresión G.O. es conocida en francés y hasta en el lenguaje corriente se utiliza satíricamente como lo hace el autor del texto. Como dicha expresión no tiene ese significado en castellano, nos pareció más adecuado decir "corazones de dios" para mantener el nivel satírico que el autor pretendió (NDT).

8. A eso obedeció el repentino desinterés informativo que nos impusieron y que tal vez el lector pueda recordar. Durante meses la televisión había bombardeado con imágenes de niños desnutridos para justificar la acción imperial "humanitaria"; cuando empezaron las pedradas y las molotov e incluso antes de la retirada de las tropas internacionales, no se oyó, ni se vieron más imágenes de hambre y miseria. ¿se habrán acaso terminado las barrigas hinchadas de hambre de los niños en Somalia?

9. Ello ha sucedido en los diversos campos de refugiados africanos, como en los de refugiados iraquís, o también en los campos de exilados cubanos administrados por el Estado de USA.

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Afirmamos que los hutus, los tutsis o los ruandeses no existen, como podríamos afirmarlo también de los mexicanos o de los franceses... porque nos situamos dentro de la perspectiva de nuestra clase. Claro está, que cuando salimos de esta perspectiva existen los negros, los blancos,... y entre los negros existen aquellos que descienden de los hutus o de los tutsis, de la misma manera que existen las mujeres, los hombres...; pero estas categorías no son los elementos fundamentales de la sociedad. La dictadura del dinero ha divido la sociedad en dos clases sociales con intereses irreversiblemente antagónicos. Esta división determina todas las relaciones humanas que existen en la actualidad. Por esa razón los criterios de color de la piel, de pertenecer a uno u otro grupo étnico, lingüísticos... son totalmente secundarios. Hay hutus y tutsis burgueses y hutus y tutsis proletarios, como hay mujeres burguesas y mujeres proletarias; etcétera. Por ello no solamente no tomamos esas categorías, los hutus, los tutsis, los negros, los blancos, por que no abordan la realidad determinante, sino también porque niegan la realidad de clases. El objetivo de éstas es el de ocultar la identidad de clase de nuestro solo y único enemigo, la burguesía, y el de dividir al proletariado en una serie de "capas sociales" con intereses particulares. Además, estas categorías se edifican para definir la existencia o no de naciones por las cuales se envían a millones de proletarios, por todo el mundo, a la masacre. Contra la afirmación contrarrevolucionaria de estas pseudoidentidades étnicas, lingüísticas... nacionales, reafirmamos la consigna que lanzaron siempre los comunistas: el proletariado no tiene patria. El proletariado es una clase mundial, y tiene, por todas partes del mundo, sean cuales fuesen sus condiciones particulares de explotación, los mimos intereses.

Ver nuestras contratesis "Contra la mitología que justifica la liberación nacional", aparecidas en: Comunismo Nº 4, 5, 7 y 10.

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Cuando afirmamos, con respecto a la guerra en Ruanda, que toda guerra es contra el proletariado, no hacemos alusión, para su explicación, a un maquiavelismo grosero según el cual los más altos responsables de las diversas naciones que se enfrentan definen juntos sistemáticamente y en la oscuridad los medios a través de los cuales se elimina el máximo número de proletarios de ambos campos y el momento en que la guerra estallará para llevar adelante dichos objetivos. Las motivaciones subjetivas de cada fracción burguesa se sitúan, la mayoría de veces, cuando el proletariado no se enfrenta claramente a su enemigo histórico, en la búsqueda de un reforzamiento de sus posiciones frente a sus competidores. Las guerras solo son las materializaciones inevitables de las oposiciones entre las múltiples parcelas que componen el Capital, y estas contradicciones son las que precisamente constituyen la forma suprema de destrucción de nuestra clase.

Evidentemente, la intención subjetiva, desde el punto de vista de la fracción burguesa que interviene en la guerra, se sitúa, para cada parte capitalista, en la voluntad de preservar tal o cual mercado, de apropiarse de los medios de producción, de apoyar tal o cual interés económico particular... para lo cual es lógico que movilice en nombre de la nación de los hutus, los tutsis, etc. Sin embargo, esto no impide que el papel objetivo de la guerra sea la afirmación de la competencia capitalista, la destrucción del ser revolucionario: el proletariado. Es a este nivel, que es el nivel fundamental, cuando toda guerra capitalista, al margen de la motivación subjetiva, es siempre una guerra contra el proletariado.

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CO37.2 En Ruanda como en todas partes, las campañas humanitarias contra el proletariado