CO37.1 Tiembla la burguesía ante la posibilidad de quedarse sin sindicatos "obreros" para que la defiendan

 

El capitalismo siempre apoyó los "buenos" sindicatos

En la trayectoria histórica de los comunistas que desde muy temprano se vieron confrontados con el sindicalismo en todas sus variantes y sea cuales fueran las teorías para defenderlo (socialdemocracia formal, "sindicalismo revolucionario", anarcosindicalismo, leninismo, stalinismo, trotskismo, bordiguismo...) (1), nuestro grupo siempre denunció a los sindicatos como fuerzas capitalistas de encuadramiento de los obreros. Al respecto aconsejamos a nuestros lectores la (re) lectura de nuestras Tesis "Movimiento Comunista y Sindicatos" en Comunismo nº 5.

Citemos lo que ya en 1920 pensaban los revolucionarios de los sindicatos:

"Sus intenciones contrarrevolucionarias quedan atestiguadas por la comunidad de trabajo (arbeitsgemeinschafdt) por la paz social, que los mismos constituyen conjuntamente con los industriales alemanes." ... "El carácter contrarrevolucionario de las organizaciones sindicales es tan notorio que muchos patrones en Alemania solo contratan obreros que pertenecen a una agrupación sindical."
Del Programa del K.A.P.D. (Partido Comunista Obrero Alemán, Mayo de 1920)
Muchos de los sindicatos actuales tienen por origen la recuperación/liquidación de asociaciones que en un principio fueron concebidas por proletarios para la defensa de sus intereses y como tales, se enfrentaron al capital y su Estado. Otros, por el contrario surgieron desde un principio como estructuras de encuadramiento de la fuerza de trabajo, como expresiones de la conciliación de clases y por lo tanto, fueron desde el origen. armas de la burguesía para organizar a los obreros en su provecho.

El proceso de liquidación/recuperación de los primeros y de la afirmación histórica de estos últimos, fue siempre fomentado, en forma más o menos consciente, por el capitalismo: patrones, gobiernos, policías, partidos del orden en su versión clásica o socialdemócrata,... hicieron todo lo que estuvo a su alcance para que todo sindicato fuese como hoy una estructura de defensa del capitalismo; cuya expresión más elevada es la participación obrera sindicalmente encuadrada en la guerra capitalista.

Ello puede verificarse en todas partes. En la Alemania de Hitler, en la España del Frente Popular y la Franquista, en la Italia de Mussolini, en los Estados Unidos antes y durante la Guerra, en la Francia del Frente Popular, en la Rusia de Stalin, en la histórica potencia imperialista del Japón... los sindicatos constituyeron una fuerza fundamental de la industrialización con marcha militar y del encuadramiento de la fuerza de trabajo para que sirviera de carne de cañón de los intereses imperialistas. No es de extrañar que en todos esos casos a la hora de "darles trabajo" los patrones prefirieran los obreros sindicalizados a los no sindicalizados, que en Rusia resultaba imposible la vida sin sindicalizarse, que Hitler o Mussolini hayan querido imponer la sindicalización obligatoria.

En América abundan los ejemplos del sindicalismo fomentado desde arriba como fuerza del capital y su Estado, para hacer trabajar más a los obreros, para reprimir a los proletarios revolucionarios y hasta hacerlos servir de carne de cañón cuando es necesario. En la Argentina la CGT oficial sirvió como fuerza de contención burguesa y proporcionó los cuerpos de choque y de represión paramilitar y todavía hoy constituye un aliado privilegiado del oficialismo; en Cuba el sindicalismo lograba (2) imponer un aumento de la tasa de explotación en base a la plusvalía absoluta es decir al aumento del tiempo de trabajo y constituyeron centros de control Estatal y movilización militarista e imperialista de la población; en el Perú el Estado organizó en diversas oportunidades, formas de movilización nacional y apoyo al gobierno contra la agitación revolucionaria, en base a los sindicatos, como por ejemplo el Sinamos ("Sistema nacional de movilización" implementado en la última época de Velazo Alvarado y continuado por Morales Bermudez), en Uruguay la CNT que hace figura de izquierda, constituyó el principal baluarte del Estado contra la impresionante huelga general por tiempo indeterminado que conmoviera a todo el país durante 1973 (3); en Estados Unidos el sindicalismo de conciliación de clase y movilización nacional que históricamente se constituyera contra las asociaciones obreras clasistas, como los IWW de las primeras décadas del siglo, ha permitido dar al mundo ejemplo de sacrificio de los trabajadores por la nación,...

La potencia de la burguesía de recuperación de las organizaciones que en un origen era obrero, ha aumentado notablemente. Por ello, si bien es cierto, que hoy todos los sindicatos son burgueses y que hace 150 años había aun muchos que no habían sido liquidados por el capitalismo es mentira que el apoyo capitalista a los "buenos" sindicatos sea un proceso reciente. Siempre el capital apoyó el desarrollo del sindicalismo de conciliación de clases y luchó por liquidar o recuperar (en base al conjunto de mecanismos democráticos) las asociaciones clasistas. Como también es mentira que los grandes sindicatos nacionales cambiaran de función o de naturaleza de clase en 1914 por su participación masiva en la guerra imperialista; en realidad participaron masivamente en la guerra porque ya eran fuerzas de la burguesía para encuadrar a los obreros, de la misma manera que lo eran, desde su origen, los partidos socialdemócratas. Estos últimos verdaderas fuerzas estratégicas de la burguesía para encuadrar a los obreros, desarrollaron dichos organismos en paralelismo con el politicismo y el electoralismo, como la mejor forma "económica" de liquidar la autonomía revolucionaria clasista.

Ya en el siglo pasado, incluso fuerzas del capital que en el esquema ideológico en que se supone que se dividen los partidos democráticos (por supuesto que falso como lo hemos dicho muchas veces), se sitúan aun más a la derecha que los partidos socialdemócratas admitían la necesidad de los sindicatos como forma de canalizar la inevitable lucha de clases.

¡Hasta la Iglesia Católica Apostólica y Romana, se manifestaba a favor de los sindicatos como mecanismo de liquidar las luchas proletarias e impedir las huelgas!. Sin tapujos, exigía del Gobierno que los apoyara.

Así la Encíclica "Rerum Novarum" de 1891 decía descaradamente:

"El último siglo, destruyó a los viejos gremios que los protegían, sin dejar nada que los sustituyeran. Todo principio y todo sentimiento religioso desaparecieron de las leyes y de las instituciones públicas y así, poco a poco, los trabajadores aislados y sin defensa, con el tiempo quedaron a la merced de patrones inhumanos y de la codicia de una competencia sin límites. No es raro que un trabajo demasiado prolongado o demasiado penoso, o un salario considerado (sic) demasiado débil den lugar a esos paros deseados y decididos que se denominan huelgas. Le corresponde al poder público, el aportar un remedio, frente a esas llagas tan comunes y al mismo tiempo tan peligrosas, pues ese tipo de paro se despliega no únicamente en detrimento de los patrones y de los obreros... sino que dañan a los intereses generales de la sociedad y como con facilidad degeneran en violencias y tumultos, la tranquilidad pública se encuentra entonces comprometida."
Por ello el Papa de la época declaraba que "ve con placer el desarrollo de sociedades de ese tipo (sindicatos o similares NDR) tanto las compuestas únicamente por obreros, como las mixtas, es decir, que reúnan en su seno a obreros y patrones". Agregaba que deseaba que dichos sindicatos "crezcan en número y en la eficacidad de su acción" y que dichos gremios aporten "los más preciados frutos siempre que continúen desarrollándose y que la prudencia presida siempre su organización". Para concluir expresaba el deseo de que "el Estado proteja a esas asociaciones fundadas en el derecho y que sin embargo no se inmiscuya en su gobierno interno".

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En la actualidad

No cabe dudas de que en la actualidad el sindicalismo tradicional se derrumba a pesar de los esfuerzos de la burguesía para impedirlo.

Frente a ello algunos burgueses no dudan en tomar iniciativas originales. En este artículo comentaremos algunos ejemplos al respecto, que se dieron en Francia.

"Claude Bébéar, el patrón del grupo de empresas de Seguro AXA patió el nido al tomar la iniciativa de darle a su personal un 'cheque sindical' que los obreros solo pueden utilizar para pagar la cotización de la organización sindical que elijan."
Sin embargo dicha iniciativa, no tuvo el éxito que este burgués (¡y los otros!) hubiesen esperado:
"De la indiferencia se pasó a la hostilidad: más de la mitad de los asalariados de AXA prefirieron tirar el cheque a la basura que dárselo a una organización."
Frente a esa forma abierta en que los patrones intentaban empujar a los obreros hacia los sindicatos, los sindicalistas, tal vez con mayor experiencia en la materia, pidieron que la ayuda aportada por los patrones fuera más discreta. Se temía que el remedio fuese peor que la enfermedad y que este hecho contribuyera aun más al proceso de descredibilización general y acelerada de dicha estructura burguesa.

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Si los comentarios son nuestros, la descripción, las citas, y los datos, que se encuentran entre comillas (que acabamos de dar, así como los que seguirán) las tomamos del periódico destinado a ejecutivos, yupis y en general a los cuadros de dirección del sistema: "La Expansión" del 7 de marzo de 1991.

En dicho número "La Expansión" da diferentes sugestiones y consejos a los patrones para un mejor apoyo del sindicalismo:

"Claro que muchas grandes empresas contribuyen a hacer viables las centrales sindicales, por ejemplo comprando espacios publicitarios en sus periódicos o manteniendo a los sindicalistas permanentes."
Obsérvese con que naturalidad se habla entre burgueses de repartir la plusvalía con los sindicalistas más obsecuentes. Como se reconoce como algo de todos los días que al sindicato y a los sindicalistas los paga la patronal por los imprescindibles servicios que prestan.

A continuación el mismo periódico, toma a su propia cuenta la advertencia que hiciera Bernard Brunhes, hombre de, lo que era entonces, el gobierno socialista, consejero de Pierre Mauroy:

"Toda ayuda demasiado visible por parte de los empresarios corre el riesgo de disminuir un poco más la credibilidad" (de los sindicatos).
Si siempre fue importante para aplastar al proletariado el hacerle tomar como victorias lo que en realidad fueron sus derrotas y de presentarle las organizaciones que su enemigo disponía para encuadrarlo como sus propias organizaciones, hoy resulta claro, que solo quedan algunos burgueses radicales de izquierda y algunos sindicalistas predicando que ese gato de la burguesía es la liebre de la revolución.

La mayoría de los burgueses conscientes, como "La Expansión" (¡periódico más representativo imposible de esa consciencia burguesa!) están cada vez más preocupados por la baja de adherentes, que se constata como un fenómeno general.

"Se comprende que las centrales sindicales, que a principios de la década del 80 hacían un escrutinio tras otro para asentar su legitimidad (elecciones paritarias, elecciones para la seguridad social), se encuentren hoy mucho menos interesadas en los mismos ante la evidencia de la baja de su audiencia; el número de delegados sindicales en las empresas privadas, unos 400.000 es apenas inferior al de los adherentes, evaluado a unos 500.000."


Es decir que en los sindicatos franceses solo quedan los delegados, sus amigos íntimos y un puñado de crédulos y chupamedias.

"La Expansión", llena de sabios consejos para sus lectores llamados a tomar en el futuro, grandes decisiones, cita luego a Michel Krich, director general de Bostitch, hablando de los delegados de la CGT (Confederation General des Travailleurs, central sindical dirigida por el Partido "Comunista" Francés) y de la CFDT (Conféderation Française des Travailleurs, central sindical dirigida por el Partido "Socialista" Francés).

"Pero ellos al menos, tienen la experiencia de la negociación y constituyen un factor de estabilidad..."
Y agrega descaradamente tal cual:
"No hay nada que teman más los patrones que las acciones inorganizadas, los descontentos no canalizados."
Es decir más claro imposible. Se reconoce a los sindicalistas como les mejores gestionarios del "capital" fuerza de trabajo, como los más responsables y se dice claramente, que lo que realmente se debe temer, es a los obreros no organizados por ellos, no canalizados por ellos. Porque evidentemente cuando se habla de los "inorganizados" de los "descontentos no canalizados", se refieren estrictamente a los "no canalizados" hacia los intereses de esta sociedad de muerte, inorganizados con respecto a esos mataderos de los intereses inmediatos e históricos que son los sindicatos. Lo que simultáneamente se está expresando implícitamente es el verdadero temor de la afirmación del proletariado revolucionario, del surgimiento, en y para la lucha, de sus propias organizaciones de clase, afuera y en contra todo el sistema sindical de encuadramiento estatal de los obreros.

Citemos otra declaración lúcida acerca de la cuestión sindical y su triste situación actual. Quien habla es Raymond Soubi, consejero "social" del gobierno de Chirac y Barre:

"Un gobierno -como también todo empresario inteligente- debería preocuparse más en reforzar los intermediarios sindicales responsables y no ponerse contento con su mayor debilidad... Hay cada vez menos huelgas. Habrá cada vez más huelgas... espontáneas, no controladas... Dada la debilidad de los sindicatos, las empresas se encuentran expuestas a que la presión sea tal que se produzca una explosión sin que el sistema de alarma funcione, y sin que enseguida los sindicatos puedan asumir compromisos en nombre de los asalariados..."
"L'école libératrice", órgano del SNI -9/1/88.
Pero dejemos ahora a los mismos sindicalistas, que son mucho más explícitos en cuanto al verdadero papel que desempeñan. Nicole Netat, secretario general adjunto de la CFDT hace unos años, ante la cuestión de las candidaturas sindicales declaraba:
"Sería demasiado fácil para los empresarios, el apoyar candidaturas y el tener frente a ellos a delegados dóciles. Pero el interés de la empresa no es ese. Al contrario, pues en primer lugar ese falso consenso esconde las verdaderas tensiones que pueden explotar sin ningún signo que las anuncie y sin control."
¡Con que claridad se expresan!. En nombre del interés de las empresas (¡lo repiten para que le quede bien claro a los patrones que todavía no lo hayan comprendido!) los delegados sindicales no pueden aparecer como "delegados dóciles". Para defender mejor el interés común (¡a todos los burgueses!), para prever, evitar y canalizar las verdaderas tensiones que pueden ser explosivas, lo mejor es que dichos sindicalistas tengan un aspecto más "combativo".

¡Clarita como el agua pura, la ideología del sindicalismo "combativo"! Se trata de que la apariencia de oposición siga manteniéndose pues de lo contrario la indestructible oposición real de clases no puede ser canalizada. Se trata de que los patrones comprendan bien lo indispensables que son las pseudo luchas que organizan los sindicatos, de hacerles ver bien que las "huelgas", las "manifestaciones" sindicales se hacen por su bien y gracias a ellas se impiden las verdaderas luchas proletarias. El problema, es por supuesto, que el proletariado en todo el mundo se siente cada vez menos atraído por esos simulacros de lucha. Véase al respecto "Características generales de las luchas de la época actual" en Comunismo número 33.

Evidentemente que "La Expansión" nos presenta todo eso como si fuera una novedad (la burguesía vive de las novedades, de los productos nuevos y de presentar innovaciones que en realidad son más viejas que andar a pie), cuando en realidad, como vimos esa realidad existe desde que el sindicalismo se transformó en potencia y desde hace muchas décadas los revolucionarios denunciaron ese proceso. Lo único que podemos a esta altura considerar una paradoja es que aun queden obreros que crean que esas son sus organizaciones, que los sindicatos sirven a sus intereses inmediatos, cuando todo el mundo oficial -desde los patrones a los sindicalistas burgueses, pasando por la policía- considera a los sindicatos como verdaderas organizaciones del Estado al servicio del orden y de la civilización.

Claro que también hay un acuerdo entre todo ese mundo oficial para que los reconocimientos y agradecimientos mutuos entre patrones y sindicalistas no sea demasiado público. Citemos una última vez a "La Expansión":

"El Director General de Usinor-Salicor quiso incluir en el acuerdo la siguiente cláusula: 'El ejercicio de un mandato sindical es un elemento valorizante para el desarrollo de una carrera profesional'. Los sindicalistas que firmaban el acuerdo se manifestaron contra la aparición de dicha frase y lograron que la misma no figure en el prospecto que iba a ser distribuido al personal."

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Pero, a pesar del importante descrédito que tienen los sindicatos tradicionales, pueden jugar un papel decisivo en el control y la liquidación de las luchas proletarias.

Una de las razones de que aún puedan jugar ese papel, es un cierto respeto temeroso que sienten los obreros frente a "su" sindicato. Esa creencia, cuasi religiosa en los sindicatos proviene del hecho de que todavía tienen una cierta imagen "obrera" basada en la historia (oficial, la contada en función de los intereses burgueses) que nos cuenta que ha sido necesario imponer la existencia de los sindicatos por la fuerza obrera, que dichas asociaciones, son el producto de muchos sacrificios obreros y que "no es porque hoy los burócratas hagan una política contra nosotros que podemos abandonarlos como armas de lucha". La burguesía tuvo y tiene una enorme capacidad de hacer que el proletariado identifique sus organizaciones con estos órganos de encuadramiento, su unidad con el aplastamiento que el sindicato significa, su fuerza histórica con su negación,... en fin, las actuales estructuras del Estado burgués, denominadas sindicatos, con las asociaciones que pautaron históricamente la afirmación del proletariado como clase opuesta a todo el orden establecido.

Pero los sindicatos, no tienen más éxito que los curas en su lucha por impedir las luchas obreras, aunque ambos sean enemigos declarados de las mismas. La fuerza de los sindicatos se sustenta en su presencia en las empresas, en el pseudocompañerismo de los delegados que trabajan junto con los operarios y empleados, que los conocen, que van de copas con ellos y que saben así como "encarar" a cada uno, como convencerlos, como hacerlos "razonables", como hacerles "tomar consciencia de sus verdaderos intereses", como explicarles que tal medida antiobrera no es tan mala como se cree (o que si lo es no hay otra solución y constituye el mal menor), en fin como y porque hay que parar la huelga y entrar a trabajar porque la huelga "ya no es popular".

Ese "compañerismo" hace que los sindicalistas sean los mejores policías vestidos de civil que pueda concebirse. Cotidianamente presentes en los lugares de trabajo y confrontados diariamente al desarrollo del movimiento social, ellos conocen bien a "los cabecillas", a los "agitadores", a los "violentos", a "los calentones", a "los incontrolables". Ello les permite sea someterlos a la represión de sus propios servicios de seguridad, los cuerpos de choque sindicales, que no escatiman esfuerzos en imponer sus impresionantes matones, dando golpizas y si es necesario llegando hasta el asesinato; sea el denunciarlos a los patrones para que los echen o a los otros servicios del orden más oficiales, para que estos (a quienes se les reconoce en la materia una mayor efectividad) puedan llevarlos presos, torturarlos, ejecutarlos. Claro que el abanico de posibilidades que sindicalistas y patrones utilizan para disuadir o escarmentar a los agitadores, es mucho más amplio: el someterlos a los puestos de trabajos más penosos, el ponerlos en listas negras, el no pagarles tales primas o sancionarlos de una y mil maneras, el ponerlos a las cabezas de las listas de despidos del próximo acuerdo de reestructuración, etc.

Un poco por la fuerza de todas estas armas, otro poco por la costumbre, la ideología y la violencia, los sindicatos siguen desempeñando un importante papel en las luchas internacionales contra la autonomía del proletariado; aunque por supuesto el descrédito actual de los mismos determina que jueguen un papel menos decisivo que en el pasado, y corren el riesgo de no resistir durablemente frente a una ola de luchas verdaderamente importante. Gestionar la paz social mientras dure y enfrentar al proletariado en lucha, son cosas bien diferentes.

Sin embargo, no hay que hacerse ilusiones, la burguesía tiene muchos recursos y posibilidades y desde que las luchas proletarias se desarrollan, la burguesía desarrolla un abanico de respuestas contra las mismas.

Frente a un desarrollo de las luchas obreras, es evidente que los sindicatos o parte de ellos se radizalicen. Se criticarán los "burócratas", se denunciarán sus maniobras, se harán rupturas desde un punto de vista formal, se harán incluso enfrentamientos físicos. Pero por supuesto que esas críticas, desde el punto de vista de un sindicalismo de base o asambleista, no tienen otro objetivo que el responder a las luchas recredibilizando el sindicalismo, o dicho de otra manera que el criticar a los sindicatos para salvar al sindicalismo en tanto que práctica e ideología contrapuesta a la revolución.

Las organizaciones contrarrevolucionarias, no pueden ser reformadas y transformadas en organizaciones proletarias, sino que deben ser destruidas hasta en sus fundamentos. Y ello es válido tanto para la iglesia y el ejército como para los sindicatos, como lo han sostenido invariantemente los comunistas (denominados "de izquierda") desde hace más de 70 años.

Evidentemente que ante aquel desarrollo de las luchas proletarias, diferentes delegados sindicales de base de la izquierda o de la extrema "izquierda" de la burguesía, se radicalizarán aun más e intentarán crear, a la imagen de las asociaciones revolucionarias más o menos espontáneas del proletariado, otros sindicatos más radicales. Florecerán entonces una vez más, los sindicatos autónomos, las federaciones y las coordinadoras que se darán una imagen más radical para defender mejor la esencia de la sociedad burguesa. Sin embargo, se distinguirán, de las organizaciones del proletariado clasista, por su defensa de los tradicionales valores de la iglesia y de los sindicatos tradicionales: defensa del trabajo, de la máquina y de las herramientas de trabajo, defensa de "la razón" contra el "egoísmo obrero" ("hay que tener en cuenta los intereses de todos") detrás de lo cual se esconde invariablemente la defensa de la economía, de la región,... de la patria, la sumisión de los intereses proletarios a los intereses más globales del capital nacional, estatal o/y internacional. La fuerza de estas "nuevas" organizaciones sindicales, consiste fundamentalmente, claro está, en su aparente oposición a las clásicas organizaciones sindicales.

Pero cuando la revolución se desarrolla, cuando la crítica comunista barre todas las ideologías bajo su paso, así como todas las prácticas burguesas, cuando el proletariado se organiza en fuerza, en clase, en Partido, la revolución destruye también las organizaciones contrarrevolucionarias, los sindicatos.

Si en un primer tiempo, las organizaciones obreras que van surgiendo contra aquellas (4) expresan las debilidades de una clase que sale de la contrarrevolución y por ello lleva consigo todos los estigmatismos derivados de su sumisión pasada; con el desarrollo de la lucha y la radicalización continua de la crítica revolucionaria práctico-teórica que irá cada vez más a la raíz de las cosas, se irán liquidando todas esas debilidades. Así, gracias a la actividad de los comunistas, actuando como fracción, las organizaciones obreras incipientes y dubitativas vivirán una crisis político organizativa que en la mayoría de los casos culminará con la escisión y la constitución de dos organizaciones representativas de los dos lados de la barricada.

En ese movimiento histórico, las organizaciones sindicales, así como sus hermanitas menores más o menos radicales, serán los blancos de las armas de la crítica y de la crítica por las armas del proletariado.

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Notas :

1. Recuérdese la extraordinaria batalla llevada adelante contra la dirección de la Internacional Comunista por el KAP (Partido Comunista Obrero) de Alemania desde el origen de la Internacional Comunista. Mientras la dirección oportunista con Lenin, Trotsky, Zinoviev,... a la cabeza aconsejaban el entrismo en el parlamento y en los sindicatos, que dieron los resultados que todos sabemos, nuestros compañeros reivindicaban la lucha afuera y en contra todos esos aparatos, definidos correctamente como aparatos de dominación capitalista.

2. La descomposición actual del la dictadura capitalista de Fidel Castro es en la actualidad tan grande que hoy ni siquiera logran esta función histórica de aumentar la tasa de explotación.

3. Ver al respecto "Uruguay: la huelga general de 1973, la CNT contra el proletariado" en Comunismo número 13.

4. Evidentemente, que no hay que guiarse por el nombre que las mismas adopten, ni por las formas de estructurarse para determinar el contenido social de las mismas. Se llamarán realmente de cualquier manera, como en el pasado, consejo de fábrica, comité de empresa, asamblea, sindicato clasista, comité barrial,... y hasta en algunos casos mantendrán el apelativo conservador de "sindicato"; lo importante será desde el principio el desarrollo de una práctica social claramente contrapuesta a los actuales sindicatos; si los intelectuales burgueses y otros formalistas se confundirán y tratarán de confundir con las denominaciones formales, el proletariado reconocerá sin dudar que esas asociaciones son las suyas, que al fin poseen estructuras para pelear por sus intereses.

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"... Sustancialmente la posición comunista no ha cambiado; hoy es la misma que ayer... lo que se han modificado son las formas de su aplicación particular, dado que el cuadro social ha sufrido profundos trastornos. Esto es válido en general y específicamente en la 'cuestión sindical'.

Actualmente el Estado burgués no se limita a tolerar los sindicatos que, hasta mediados del siglo XIX prohibía... Ahora los acepta, los fomenta y llega hasta financiarlos. Los burócratas sindicales comparten el trono con patrones y ministros en las comisiones paritarias, los tribunales de trabajo, los consejos centrales de la economía, los bancos estatales, etc... Este hecho materializa la elevación de los sindicatos al estatuto de potencia reconocida y asociada a la gestión del Estado capitalista...

Los sindicatos durante los años 1914 al 18/21, mostraron abiertamente, en todas partes del mundo, lo que eran en realidad desde muchos años atrás, órganos de la contrarrevolución... En el transcurso de los 60 años que siguieron, no hubo ninguna lucha obrera que no se viese obligada a enfrentar violentamente a los sindicatos y recurrir a la huelga calificada de 'salvaje' por los representantes de la civilización. Esta evolución de la situación no es propia a un país o grupo de países, sino que caracteriza a la lucha de clases en todo el mundo: proletarios y sindicatos se levantan mundialmente el uno contra el otro."

"Movimiento comunista y sindicatos" Comunismo nº 5 páginas 16 y 17.

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"En la medida que los sindicatos se fusionaron con el poder del Estado capitalista integrándolo, la directiva estratégica del comunismo con respecto al Estado burgués es valida también para los sindicatos: destrucción por la fuerza de las armas. Esta indicación no tiene un valor contingente y variable, sino un valor imperativo y general. La misma se basa en el postulado esencial del comunismo, que a la dictadura del capital contrapone la dictadura del proletariado fundamentada en la liquidación física de todos los elementos de fuerza que se ligan de lejos o de cerca al Estado burgués."

Tesis Nº 4. "Movimiento comunista y sindicatos" Comunismo nº 5.

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"La preparación para la destrucción violenta de los sindicatos pasa exclusivamente por la lucha llevada fuera y contra éstos. En ninguna parte y de ninguna manera, los sindicatos defienden los intereses de la clase obrera, ni sobre el plano histórico, ni sobre el inmediato (dos aspectos indisociablemente ligados de una misma lucha de clases). Es necesario incluso combatirlos en la lucha más elemental dado que las reivindicaciones, los métodos de lucha y las formas de organización que estos proponen entran en contradicción con las necesidades fundamentales de las masas obreras y constituyen mecanismos diversionistas en beneficio de los intereses capitalistas."

Tesis Nº 5. "Movimiento comunista y sindicatos" Comunismo nº 5.

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"Hoy en día el papel de la propaganda y de la agitación comunista es el de mostrar al proletariado el contenido revolucionario de su revuelta contra la disciplina sindical y de la actitud anti-sindical que tuvo que adoptar en la lucha. El trabajo comunista debe contribuir a destruir las ilusiones burguesas entre los obreros, según las cuales todavía existirían sindicatos con "dirección traidora" susceptibles de ser recuperados por el proletariado. La crítica comunista de los actuales sindicatos, es una crítica de contenido, antes de ser una crítica de formas. Los sindicatos no son reformistas (es decir burgueses) porque tienen 'malos dirigentes' y porque están burocratizados. Por el contrario poseen una burocracia y buenos dirigentes en relación al contenido que expresan y para su consolidación. El reformismo determina tanto la existencia y la proliferación de burócratas sindicales; como también la de militantes sindicalistas de base, que a cada escalón del aparato constituyen la personificación viviente de una política reformista."

Tesis número 6. "Movimiento comunista y sindicatos" Comunismo número 6.

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