Introducción

Tres años después del fin de la guerra del Golfo, nos encontramos en mejores condiciones que en el pasado para difundir, desarrollar, criticar y apoyar la lucha que nuestros hermanos de clase llevan adelante en la región.

Recordemos una vez más que esta acción se encuentra en continuidad total con nuestra "vieja" propuesta internacional de centralización de la acción revolucionaria (leer al respecto "Hacia la organización internacional del proletariado" en Comunismo número 4) y en particular con la reunión de trabajo que realizáramos en Berna en 1989 (ver al respecto el Anexo "A propósito de una reunión internacional de trabajo" y el artículo acerca de la relación de fuerzas mundial entre las clases publicado en Comunismo número 27). Aquella propuesta centrada en la lucha contra el terror del Estado y contra la preparación de la guerra, guarda toda su vigencia.

La reunión efectuada en Berna tuvo como eje central de concreción el desarrollo de la lucha de clases en Irak e Irán, en un momento en el que se hablaba de paz entre los Estados de dichos países. Aquella fue una tentativa de coordinación de la actividad internacionalista en la que se formularon varias propuestas concretas para afirmar la lucha internacionalista y solidaria contra el Estado.

Desde mucho antes de la Reunión de Berna, la importancia de las luchas proletarias en la región nos determinaron a impulsar la centralización de las mismas con la acción de otras fuerzas militantes comunistas. Sin embargo, las voluntades militantes y las tentativas de organización que se manifestaron a través del mundo resultaron dramáticamente reducidas y excepcionales.

Mientras, en Irak, el proletariado tendía a su reconstitución en tanto que clase y nuestros compañeros en la región se organizaban en una perspectiva internacionalista (la acción contra el capital en la región se acompañaba por ejemplo con la difusión de nuestros materiales, la distribución de nuestras revistas, la impresión local de nuestras "Tesis de Orientación Programática" en árabe,...). Sin embargo, en Europa, en América, la fase sectaria continuaba predominando y nos vimos obligados a constatar que incluso las propuestas minimalistas efectuadas en Berna (tentativa de organización para la circulación de informaciones, de militantes, creación de una dirección de contacto y de una caja común, etc.) sólo pudieron ser mantenidas de una manera esporádica y no organizada.

En Europa en particular, a pesar de la situación de dispersión que padecemos, a pesar de las pocas iniciativas proletarias que caracterizan el ambiente social en esta parte del mundo, intentamos desarrollar en todo lo posible la acción directa internacional conjunta con nuestros compañeros de lucha en Irak. Mal que bien, informaciones y militantes circularon y logramos juntos y de forma colectiva globalizar las experiencias particulares, extraer las lecciones que se imponían de los acontecimientos.

Se desarrollaron también otras iniciativas en base a militantes proletarios que comprendían la importancia histórica de la lucha del proletariado en Irak y que se concretaron en volantes, folletines, revistas, carteles... Sin embargo, sin pretender abarcar la totalidad de las mismas y sin juzgar la totalidad de dichas producciones, debemos lamentar que la energía de nuestra clase, que se expresó a través de dichas acciones, haya quedado fundamentalmente dispersa y no haya logrado centralizarse, lo que implica una efectividad menor tanto en el presente como en perspectiva.

Por supuesto que las evidentes dificultades de centralización de nuestra clase, características del actual período histórico, están a su vez condicionadas por la desinformación general que el Capital realiza y por las diferentes ideologías con que se divide al proletariado. Cabe denunciar al respecto el nefasto papel que desempeñaron los sectores izquierdistas de la burguesía y el conglomerado centrista que se autodenomina "medio revolucionario" en Europa. Una vez más constituyeron la polea de trasmisión de la ideología racista clásica de la derecha del capital denigrando toda lucha que no tenga por centro París o Milán.

Mientras tanto, en Irak, el proletariado se debatía por su reorganización como clase y los sectores de vanguardia en ese país afirmaban abiertamente la lucha por la revolución comunista mundial, intentando romper el aislamiento que el capital imponía. Los que se pavonean con las banderas del "medio revolucionario", siempre concentrados en el mirar retardado hacia su propio ombligo, proferían como buenos pontífices desde sus altares un conjunto de sentencias que contribuían todas a la obra general del capital: el aislar la lucha de los proletarios en Irak. Así, la CCI, representante eminente del eurocentrismo, negaba pura y simplemente la existencia de luchas proletarias en la región, considerando la clase obrera como casi inexistente en Irak y afirmando que "casi no posee ninguna experiencia histórica de combate contra el capital" (1).

Contrariamente a lo que el capital y todos sus agentes pretenden, lo que sucede en Irak no tiene origen en causas que que pertenezcan a nuestro pasado, en razones que se sitúen históricamente detrás nuestro (como la ideología de la falta de experiencia quiere hacer creer), sino, por el contrario, al desarrollo inevitable de la contradicción capitalismo-comunismo en todas partes. En ese sentido, la situación explosiva de esa contradicción en Irak, en el presente, está indicándonos el futuro en el mundo entero. Pues también "aquí" (en América del Sur y del Norte, en Europa del Este y del Oeste, en África del Norte y del Sur...), la barbarie de la civilización capitalista, la guerra que el capital, independientemente de su voluntad, lleva adelante contra el proletariado, se acentuará necesariamente hasta alcanzar la intensidad que existe "allá"; simplemente por el hecho de que el capital no tiene ninguna otra manera de afrontar la crisis que lo carcome. Nuestra lucha, la respuesta de los proletarios en Irak, nos muestra la única vía posible para combatir esta barbarie: la lucha por la revolución.

Por ello y a pesar del poco eco encontrado en el pasado y en el presente (salvo evidentemente, los compañeros y contactos con los que trabajamos hace tiempo), no dudamos un instante en repetir, una vez más, nuestro llamado de siempre:

¡ ORGANICEMOS JUNTOS EL DERROTISMO REVOLUCIONARIO Y LA COMUNIDAD DE LUCHA CONTRA LA GUERRA !

En base a las propuestas internacionales que hemos efectuado, o a cualquier otra propuesta seria que parta de los intereses materiales del proletariado, o en base a toda tentativa revolucionaria que emane de un militante o grupo de militantes, unamos nuestras fuerzas contra todos los que preparan la guerra capitalista; ¡reagrupémosnos para ser más fuertes!

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Este texto tiene como objetivo el completar nuestros artículos precedentes acerca del desarrollo de la lucha de clases en la región del Golfo. Es importante saber que en todo momento nosotros hemos privilegiado la actualidad de las informaciones que llegaban de esa región. Frente al ocultamiento generalizado, frente al bloqueo completo de la información realizado por todos los medios de difusión con respecto a las luchas revolucionarias del proletariado en Irak, hemos ido dando preferencia a las informaciones que los militantes de nuestro grupo y otras organizaciones internacionalistas nos iban haciendo llegar. Dichas informaciones nos llegaban en forma fragmentaria y contradictoria, insistiendo en algunos casos sobre la importancia de las diferentes organizaciones presentes, en otros sobre la fuerza de la insurrección, en otros sobre las polémicas políticas que tenían lugar en las diversas organizaciones de nuestra clase. Hemos optado por publicar parte de las informaciones que nos iban llegando, en diferentes materiales que hemos ido sacando, sin esperar el hipotético momento en el que estaríamos en condiciones de disponer de la totalidad que nos permitiera hacer un texto único y bien estructurado. Ello ha determinado que no sólo las versiones de los textos que hemos ido reproduciendo en las diversas publicaciones centrales no coincidan entre sí (entre la publicación de un texto en un idioma y la publicación de ese mismo texto en otro había un conjunto de informaciones contradictorias que llegaban), sino que incluso entre uno y otro texto en el mismo idioma el lector atento podrá encontrar más de una contradicción. Al respecto debe tenerse en cuenta que en una situación tan violenta de revolución y contrarrevolución los relatos de los mismos protagonistas no coinciden entre sí, que la evaluación de tal o cual hecho es distinta incluso entre compañeros de una misma organización, en fin, que dada la dificultad enorme de centralización geográfica dentro del propio Irak (impresionante represión, falta de funcionamiento regional de las comunicaciones más normales -teléfono, correo-, costos elevadísimos y riesgos enormes en los desplazamientos), lo que sucede en una parte se desconoce en la otra, o se interpreta de maneras diferentes.

En lo que concierne a este texto, hemos tenido en cuenta varios paquetes de información que nos han hecho llegar los compañeros de la región, lo que nos permite explicar mejor un conjunto de puntos que consideramos importantes: las luchas en el sur de Irak, la aparición de los shoras en Kurdistán, las organizaciones presentes en el terreno, las campañas humanitarias. En anexo a este artículo, el lector encontrará algunos extractos de textos de la fase insurreccional, provenientes de diversas organizaciones. Incluso publicamos un texto "Carta desde el Kurdistan" cuyo autor, aunque conocido protagonista en la insurrección, se encuentra en las antípodas de nuestras posiciones políticas. El lector encontrará también en anexo un volante de nuestro grupo difundido en mayo de 1992 en Kurdistán.

Una vez más pedimos la máxima indulgencia del lector en relación al aspecto desordenado que este artículo presenta. Hoy mismo en Irak, minorías de vanguardia de nuestra clase extraen las lecciones del pasado, critican el democratismo de los shoras, discuten acerca de los medios para generalizar la lucha antinacionalista y resisten al desarme que la burguesía intenta imponer ante quienes la enfrentan. Es decir, el proletariado tiende a constituir una fracción más determinada y clara contra las potencias de siempre con que cuenta la burguesía para liquidar la autonomía de clase: el democratismo y el nacionalismo, que también en Irak fueron decisivos para frenar y desviar la fuerza insurreccional de nuestra clase. Resulta indispensable tener en cuenta que es en ese contexto caótico y peligroso, donde nuestros compañeros, como expresión de vanguardia de esa lucha contra la nación y la democracia, rompiendo los muros de las naciones, nos hacen llegar textos, volantes, análisis, informaciones.

La primera parte intenta esbozar rápidamente la historia de las luchas del proletariado en Irak, principalmente en el sur, lo que constituye, por un lado, una tentativa de combatir la desinformación existente con respecto a las luchas derrotistas revolucionarias que se desarrollaron durante la Guerra del Golfo y, por el otro, una respuesta a los increíbles prejuicios euroracistas que permiten aislar a nuestros compañeros bajo el pretexto de que en esas regiones el proletariado no lucha por sus intereses o que no tiene experiencia de lucha. Creemos que la información presentada a continuación es suficiente para dar una idea de la intensidad de la lucha contra el Estado en esa región y que al mismo tiempo permitirá completar la información que nosotros hemos venido dando sobre las luchas en Irak, antes, durante y después de la Guerra del Golfo.

La segunda parte trata del desarrollo contradictorio de los shoras o soviets durante la guerra del Golfo; primero fundamentalmente como respuesta asociacionista de nuestra clase frente a todas las organizaciones burguesas, luego como freno democrático al desarrollo de la lucha de nuestra clase.

La tercera y última parte trata de una manifestación particularmente cínica de la lucha de la burguesía mundial para reprimir al proletariado: las campañas humanitarias y las elecciones.

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1. La luchas del proletariado en el sur de Irak

1.1. Antecedentes históricos: la "región de los pantanos", refugio tradicional de la resistencia al Estado.

La resistencia anti-estatal en el sur de Irak, particularmente en la llamada "región de los pantanos" es muy anterior a la llegada de los Baasistas al gobierno. Dicha región ha servido de refugio a los perseguidos, los reprimidos, los rebeldes... durante siglos y siglos. La configuración de las ciénagas hace que el acceso terrestre a dicha zona sea extremadamente difícil y por ello se convirtió en un lugar idóneo para refugiarse, para esconderse. La represión del gobierno Baasista es sólo un ejemplo, en una época dada, de la necesidad histórica del Estado de terminar con los desórdenes y la indisciplina social que reina desde siempre en la región.

En dicha región existen decenas de tribus, clanes,... y como es muy difícil desplazarse en la misma, las comunicaciones entre los habitantes de los diferentes lugares son escasas. Sin embargo, los unifica la tradición histórica de insumisión sistemática al Estado.

Ya a principios de siglo, la burguesía inglesa creyó poder utilizar para sus fines la resistencia antiestatal que se desarrollaba contra el Estado turco. Pero la reacción de los proletarios no correspondió en absoluto a las expectativas de los colonizadores ingleses y las reacciones contra éstos fueron tan violentas que a su vez el Estado turco intentó utilizar dichas luchas para sus propios fines. Así, esas luchas históricas de resistencia en la "región de los pantanos" fueron presentadas como el ejemplo mismo de la lucha por la descolonización.

Lo que sucede hoy no es más que la enésima repetición de esa tentativa burguesa de utilizar/presentar la lucha proletaria contra el Estado como la lucha de una fracción burguesa contra otra apoyada por "todo el pueblo": la oposición oficial shiíta intenta confiscar lo que queda de las luchas sociales en el sur y la presenta como una expresión de apoyo a su propia política.

El partido Baas, reconocido como uno de los gobiernos más represivos de la historia moderna de Irak, a pesar de haber realizado enormes proyectos sociales y económicos en la región, que superan de muy lejos los efectuados por todos los otros gobiernos en la región desde principios de siglo, no ha logrado liquidar la secular indisciplina social.

Estas particularidades han hecho de la población de la "región de los pantanos" una especie de "enemigo natural" del Estado y de todos sus componentes: baasistas, shiítas, nacionalistas,...

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1.2. Organización de la deserción masiva y terrorismo de Estado durante la guerra Irán-Irak.

Poco antes de la guerra Irán-Irak, algunas centenas de militantes proletarios perseguidos se refugiaron en las planicies cenagosas, donde encontraron apoyo en las poblaciones locales de la región fronteriza del sur de Irán. En ese entonces, dichos proletarios no constituyeron una fuerza organizada y sólo poseían algunos medios de defensa; se trataba sólo de algunos puñados de hombres dispersos y aislados.

Entre ellos se encontraban muchos ex-militantes del Partido "Comunista" iraquí provenientes de ciudades del sur y el centro del país, que eran buscados por la policía por haber repudiado el tratado de alianza firmado entre su partido y el gobierno. En muchos casos y en coherencia con la clásica política estalinista, dicho partido los había denunciado a la policía. Además se encontraban algunos militantes proletarios que se habían distinguido por la agitación y la acción directa de clase en ciudades tales como Bassorah, Amara, Nassiria. En fin, había muchos desertores y otros proletarios que habían rechazado el trabajo obligatorio en las organizaciones del partido Baas: organizaciones de estudiantes, sindicatos, trabajo popular...

A principios de la década del 70, el gobierno elabora un plan de reorganización territorial que tiene por objetivo aumentar la presencia y el terrorismo de Estado en todo el territorio cenagoso, tomando como blanco directo el ataque a las villas y pueblos próximos a los pantanos. Se expulsa a los habitantes de esos pueblitos hacia otro lugar, intentando así limitar al máximo el apoyo que los habitantes de la zona prestan a los rebeldes. Se dinamitan las casas y quienes se niegan a partir están obligados a vivir en los escombros de las mismas.

A partir del desencadenamiento de la guerra con Irán, las filas de los perseguidos, refugiados y desertores aumentan cada vez más. Por otra parte, durante la guerra, dado que las fuerzas de seguridad del Estado iraquí están demasiado absorbidas por el conflicto militar interimperialista y la movilización de la población para el mismo, no pueden mantener la presión al nivel anterior, lo que trae como consecuencia una mejora relativa en la situación de supervivencia de los refugiados en la región, aunque no podamos hablar aún de una fuerza estructurada claramente organizada.

Durante todo ese primer año de guerra, la disminución de la presión del gobierno contra los desertores y la consiguiente mejora de las condiciones de supervivencia, hacen posible que muchas familias de desertores y refugiados se instalen con ellos. El número sigue aumentando, pero dada la ausencia de un proyecto y una dirección revolucionaria, a pesar del potencial revolucionario que esa masa proletaria en contraposición objetiva al Estado encierra, la lucha se concentra fundamentalmente en la supervivencia individual.

La victoria del Estado iraquí en sus primeros asaltos contra el Estado iraní refuerza esa tendencia a la desorientación. Se trata de una fase en la cual el Estado iraquí obtiene más victorias que derrotas, en la que justifica sin problemas la represión y por lo tanto se siente seguro en su combate contra los enemigos "internos".

Esa relación general de fuerzas a favor de la burguesía reduce el campo de acción de los militantes revolucionarios, que encuentran gran dificultad en mantener las relaciones entre sí. La presencia masiva de hombres "fuera de la ley", concentra cada vez más la atención de las autoridades y toda acción organizativa de los desertores provoca una reacción potente por parte del gobierno.

Es en ese período cuando el Gobierno amenaza por primera vez (luego lo hará en muchas oportunidades) con ejecutar a los habitantes de la región que ayuden a los "fuera de la ley". Dicha amenaza es seguida inmediatamente por una acción práctica. Decenas de habitantes de la región son ejecutados acusados de ayudar a los desertores. El simple hecho de indicar el camino a seguir a un desertor es suficiente para ser considerado objeto de represión. Simultáneamente se produce una nueva ola de destrucción de casas y pueblos próximos a los pantanos.

En enero de 1981 se produce una contraofensiva iraní, el ejército de ese país penetra en territorio iraquí en la región de Ahwaz. La deserción se hace cada vez más masiva. Varios miles de nuevos desertores que se fugan del frente y de los regimientos de retaguardia vienen a agregarse a los anteriores.

En tales circunstancias el gobierno iraquí cambia de táctica propagandística, adaptando la misma a la situación de retroceso y desbande militar. Se dice que Irak nunca quiso invadir Irán, que la actitud agresiva de Irán (y sus victorias militares) obliga a todo buen patriota "a defender responsablemente su patria". Para ello, el gobierno no duda en distribuir armas entre los habitantes de la región del sur proponiendo a sus habitantes "defenderse por sí mismos de los fanáticos iranís".

En el mismo momento, la burguesía iraní multiplicaba los llamados a la resistencia y a la "Jihad sagrada" contra el "satán de Saddam", para liberar las ciudades santas Karbala y Najaf.

La gran derrota del ejército iraquí en 1982 reforzó el movimiento de deserción del proletariado. De forma cada vez más notoria, el proletariado se determina como clase opuesta al orden capitalista en la región en base a la deserción, la desobediencia generalizada, la contraposición práctica a todas las consignas y órdenes de movilización patriótica lanzadas por el Estado. El internacionalismo, la contraposición al Capital, se desarrolla como movimiento práctico a partir de las necesidades de supervivencia y del desarrollo indispensable del asociacionismo en oposición al terror de Estado.

El miedo de una victoria iraní en el sur y centro obligaron al Gobierno a lanzar una operación de limpieza en sus propios territorios del sur: se busca liquidar toda resistencia antigubernamental en el interior del país y en el seno del ejército. Con ese objetivo, durante ese mismo año, varias villas y pueblos son bombardeados con armas químicas. Se toma como objetivo aquellos pueblos y aldeas donde la población se había negado a obedecer las órdenes de salir de la región e incorporarse a la movilización general de defensa de la patria.

Los desertores se encuentran entre dos fuegos: de un lado, el ejército iraní en las fronteras del sur que se prepara para la ofensiva final contra el ejército iraquí (el ejército de Irán intenta cortar la ruta principal que liga Bagdad con el sur, principalmente con Bassora); del otro, el ejército iraquí, bien equipado, aunque se encuentra debilitado por la falta de disciplina que reina en su interior. A pesar de la determinación histórica cada vez más potente que empuja al proletariado a actuar como fuerza contrapuesta a todo el orden establecido, el desorden en las filas de los desertores es grande, lo que hace que los mismos se expresen más como masa inorganizada que como movimiento clasista organizado.

Sin embargo, aquella determinación histórica es asumida más o menos conscientemente por una serie de pequeños grupos revolucionarios (de los que no conocemos los nombres) que realizan un innumerables llamados (no centralizados) a la auto-organización, la auto-defensa y la lucha internacionalista contra los dos ejércitos y contra todas las expresiones del Estado. Al mismo tiempo, dichas organizaciones, o mejor dicho, las unidades de combatientes constituidas por los mismos, organizan operaciones de sabotaje en el corazón de los territorios controlados por el ejército iraquí: ataques a depósitos de municiones, vías férreas, convoyes y sedes de organismos gubernamentales, ejecución de miembros conocidos del partido Baas y realización de una impetuosa agitación para empujar a los soldados a seguir desertando.

El Estado iraní intenta utilizar estas acciones derrotistas revolucionarias para sus objetivos a través de la fracción burguesa shiíta: el partido Dawa islamista (que significa "llamado islamista"). Pero éste no logra movilizar a los proletarios de su lado, salvo a una pequeña parte de ellos que, una vez convencidos, se incorporan a las pequeñas unidades Dawa.

Para contribuir a este reclutamiento en el partido Dawa, el gobierno iraní da un conjunto de ventajas materiales a los adherentes y simpatizantes de dicho partido: cura de enfermos y heridos, alimentos, autorización de visitas y desplazamientos a Irán. Quienes rechazan el encuadramiento en ese partido tienen que arreglárselas como pueden, vivir clandestinamente y luchar por la supervivencia, tanto desde el punto de vista alimentario como del de la salud. Por ello, muchos desertores se hacen pasar por adherentes de ese partido, al menos el tiempo que están enfermos o heridos.

La necesidad de organización y centralización proletaria y revolucionaria de los desertores se hace patente y cada vez más consciente, en la medida en que va quedando claro que ambos ejércitos son sus enemigos: es un período de masacres permanentes perpetradas por dichas fuerzas.

Se llega así a la situación de 1983, donde existen unos 20.000 desertores relativamente bien equipados y organizados: un verdadero ejército de derrotistas revolucionarios, con objetivos cada vez más claros y conscientemente internacionalistas y revolucionarios. Es entonces cuando el gobierno iraquí lanza una vasta ofensiva contra los insurrectos.

Paralelamente, en esa época, las fronteras de la guerra imperialista se estabilizan más o menos y los fuerzas burguesas de ambas partes hablan cada vez más de encontrar una solución, de "hacer la paz".

En los hechos, en el frente, los puestos de vanguardia del ejército iraquí se muestran cada vez más dubitativos en la aplicación de las órdenes; la desobediencia de los soldados se generaliza. Ante esta situación y temiendo que dicha sensibilidad se contagie al resto del ejército, el Estado Mayor iraquí da la orden de liquidar parte de sus propias tropas, demasiado sensibles al derrotismo revolucionario. Un regimiento entero, constituido por unos mil soldados, es literalmente pasado por las armas. Simultáneamente se generalizan los bombardeos aéreos de la zonas donde predominan los desertores. Con el beneplácito del ejército iraní, estacionado a pocos kilómetros, los bombardeos masivos producen unos 8.500 muertos en las filas de los desertores. Más aún, el ejército iraní se empeña en impedir que los heridos y sus familias penetren en el territorio de Irán para refugiarse, salvo a aquellos que acepten integrarse a la Dawa.

A pesar de que esa enorme carnicería prosigue, el ejército iraquí no logra penetrar en las zonas controladas por los desertores.

Los periódicos de la oposición iraquí (partido "comunista" iraquí, nacionalistas kurdos, Dawa islamista) subrayan que "es totalmente lamentable que esos hijos del pueblo no se hayan podido dar un cuerpo político, un partido, para entrar en las filas de los otros partidos demócratas, antifacistas y trabajar en el frente democrático iraquí"; lo que es una confesión apenas velada de que todo ese movimiento proletario se les escapa de las manos.

En ese momento, la UPK (Unión Patriótica Kurda) de Jalal Talabani, en coherencia con su política de siempre de apoyo de los baasistas en los momentos claves, negocia con el gobierno iraquí para intentar encontrar una solución pacífica a la "cuestión kurda".

De todas formas, el terrorismo generalizado de Estado logra eliminar la fuerza proletaria que se había ido constituyendo, tanto por la liquidación física directa como por el hecho de que la mayoría de los supervivientes tuvieron que dispersarse. Una parte de los mismos entrará en Irán, aceptando (aunque a veces sólo formalmente y a corto plazo) las condiciones que ese Estado les imponía de disciplinarse en los campos organizados por el ejército del Partido Dawa. Otra parte logrará escapar a ambas fuerzas y acceder a la región del Kurdistán, donde continuarán sus peripecias pues serán reprimidos no sólo por las fuerzas baasistas sino también por los nacionalistas kurdos (principalmente el UPK), que no tienen reparos en entregar a los desertores a las autoridades a cambio de algunas concesiones en las negociaciones. Únicamente en la región de los pantanos quedarán algunos miles de combatientes proletarios organizados, aunque muy golpeados por la represión.

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1.3. Resurgir proletario

Luego de esta gigantesca ola de represión y la consecutiva calma social que dura unos años, la actividad proletaria organizada reemerge, en el centro del país y en los alrededores de Bagdad. Entre 1986 y 1989, el proletariado vuelve a mostrarse como fuerza autónoma opuesta a todo el orden establecido: diferentes grupos de desertores organizados realizan operaciones de sabotaje de las comunicaciones, especialmente de los trenes, unidades combatientes de proletarios atacan depósitos de armas, municiones y alimentos y se los apropian, diferentes estructuras clasistas organizadas para la acción directa realizan expediciones punitivas contra miembros del partido Baas o de su servicio de seguridad. En esos años se producen permanentes enfrentamientos entre las tropas de seguridad gubernamentales y los grupos proletarios armados que, a pesar de la heterogeneidad político ideológica, actúan como fuerza única contra el Estado.

Los periódicos iraquís relatan cotidianamente el encarcelamiento y las ejecuciones de "traidores", "ladrones", "bandidos" y "traficantes"... principalmente en la región del centro. Una vez más, aldeas y pueblos enteros son destruidos y sus habitantes asesinados en tanto que sospechosos de haber dado de comer a los "saboteadores" o simplemente por el hecho de haberlos dejado trabajar en ese pueblo.

En ese período el poder central baasista distingue dos frentes de guerra: uno frente al enemigo que viene del exterior de las zonas controladas por él; otro, cada vez más amenazante, contra el enemigo que actúa en el interior de la zona controlada por él. Por todas partes, en las ciudades y los pueblos, surgen luchas contra el gobierno, pero ahora las mismas se desarrollan de una forma cada vez más masiva, abierta y organizada.

Un conjunto de grupos proletarios se desarrollan en ese entonces, pero como sucede en muchas ocasiones, los militantes activos permanentes de esos grupos no son nunca más que algunos puñados de revolucionarios consecuentes. Los centros de estos grupos se encuentran en las ciudades de Bagdad, Nassiria, Bassora, Diwanya, Shatora, Al Amara, Kut,... Dichas estructuras desarrollan algunos acuerdos entre ellas, estableciendo criterios territoriales para la acción militar, y al mismo tiempo, intentan organizar la ayuda mutua, el intercambio de informaciones, la cura de los heridos, la organización de la supervivencia, los métodos de desplazamiento de las diferentes unidades, las relaciones con los pueblos y el proletariado que vive en ellos... De hecho, la creación de esas estructuras data de la época en que la gran represión del 83, luego de la cual sólo lograron quedar en dicha región 3000 o 4000 combatientes organizados. En muchos casos, dichas estructuras se desarrollaron en torno a oficiales desertores y a un puñado de soldados que los seguían.

Tres grupos destacan entre ellos, por sus volantes y llamados, que se hacen conocer en todas partes: "Vanguardia Obrera", "Revolución Permanente" y "Autonomía de Combate". Como en todas las luchas revolucionarias del pasado y del presente, constatamos que el desarrollo de la fuerza del proletariado en lucha contra el Capital y el Estado que se materializa en esas estructuras está en permanente tensión y contradicción y por ello en las mismas persisten elementos de la ideología marxista leninista, maoista o/y trotskista (que en algunos casos tienen mucha fuerza), lo que podemos deducir hasta de las denominaciones que esas organizaciones se dieron.

Recién durante el último año de guerra Irán-Irak se realiza un conjunto de tentativas de centralización entre esas estructuras. La desmovilización en el interior del ejército, las condiciones de vida cada vez más difíciles para la población y el peso de la represión cada vez más feroz contra la resistencia antigubernamental dieron fuerza a estas tentativas. Se habla cada vez más de un ejército proletario revolucionario opuesto a todos los ejércitos burgueses y las acciones consecuentes con ello se generalizan a diferentes partes del territorio.

Cada vez que los cuerpos de los soldados muertos son traídos desde el frente, la resistencia cobra más fuerzas, los proletarios de ciudades y pueblos aprovechan para organizar actos y manifestaciones contra el Estado, contra la guerra. Para combatir esas manifestaciones permanentes que se concentran en general frente a los locales gubernamentales o del partido Baas, la policía no duda en emplear todo tipo de armas y en arrestar a los agitadores, que en algunos casos son ejecutados públicamente.

Luego de cada acción derrotista revolucionaria del proletariado organizado, tanto en los pueblos como en el interior del ejército, la represión se abate en forma brutal, las revueltas son sistemática y brutalmente ahogadas en sangre y las ejecuciones de oficiales y soldados son también moneda corriente. El gobierno les reprocha "el haber dejado que los maleantes pongan en peligro el interés nacional y la seguridad del Estado". Ni siquiera se salvan los altos responsables, ni los "héroes de la nación", decorados como tales por el propio Saddam. Son muchos los ejemplos de esos "héroes de la nación" que terminan ejecutados públicamente. La situación llega a ser tal que los responsables que deben sustituirlos no saben como actuar, temiendo por un lado suscitar por su brutalidad la revuelta de la población y por el otro ser acusados por los aparatos centrales del Estado de ser demasiado permisivos.

En muchos casos, personas consideradas como "buenos ciudadanos" utilizan su lugar en la administración para ayudar o esconder a algún desertor. Pero éstos también, cuando son descubiertos, son ejecutados junto con sus familias y sus casas son dinamitadas.

Sin embargo, la represión no logra desanimar a los proletarios en revuelta acostumbrados a esos métodos. Los pocos viejos militantes revolucionarios que tuvieron la suerte de sobrevivir a la sistemática ejecución de sus compañeros antes y durante la guerra Irán/Irak, retoman confianza ante la reemergencia de las luchas proletarias. En las ciudades se repiten los llamados a la lucha firmados simplemente: "proletario", "pueblo explotado", "revolucionarios"...

A pesar de ello, las tentativas de centralización formal entre las organizaciones proletarias son lamentablemente muy débiles y no superan los límites de la renovación de los contactos militantes entre tal o cual compañero, separados hasta ese momento por la represión.

También la resistencia pasiva se desarrolla: no participación en las ceremonias oficiales y en los desfiles de prisioneros, vacío en los festejos de las victorias militares del país, rechazo de los "tesoros de guerra" tomados al enemigo y repartidos entre los soldados y la población para cimentar la cohesión nacional.

Es imposible hablar de fechas de esos diversos acontecimientos, incluso los que vivieron esos hechos son incapaces de dar fechas. Esas acciones de resistencia y lucha contra la guerra de nuestra clase eran tan sistemáticas que los propios protagonistas se confunden en cuanto a los hechos y las fechas.

Desde 1988 a 1990, la constitución en fuerza del proletariado se acentúa. En el sur y en el centro del país la lucha y la acción directa organizada se intensifican concentrándose principalmente en las ciudades. La burguesía se encuentra en una situación cada vez más difícil, ante un proletariado más combativo en una situación que lo empuja a unificarse y pelear contra la deteriorización de sus condiciones de vida y la represión. Cada vez hay más desertores en armas y organizados en forma autónoma a los partidos burgueses; cada vez hay más desconfianza y oposición decidida a todo lo que hace y dice el gobierno; a los mandos les resulta cada vez más difícil controlar la indisciplina y la insubordinación en su propio ejército.

En los pantanos, el ejército de desertores intenta estructurarse, los grupos militantes revolucionarios que lo componen tratan de darse una mayor coherencia. Cuanto más se desarrollan las luchas, más se manifiestan las tendencias a la centralización.

En ese período, el ejército lanza varios ataques contra el movimiento del proletariado que se había constituido en fuerza en toda la zona de los pantanos. Las perdidas son numerosas en ambos bandos. El aislamiento en el cual se encuentran los proletarios del sur reduce su resistencia frente al Estado y crea una situación crítica: a fines del 90, el número de desertores organizados se reduce de nuevo a algunas centenas de combatientes estructurados en pequeñas unidades móviles, descentralizados e independientes. La gran mayoría, incapaz de resistir, se refugia del otro lado de los pantanos en territorio iraní, cerca de Ahwaz. Como dijimos antes, algunos para sobrevivir se verán obligados a formar parte del partido Dawa islamista. Entre ellos muchos heridos y sus respectivas familias.

Cada vez que el proletariado se levanta, la burguesía internacional habla de movimiento shiíta en el sur, de nacionalismo kurdo en el norte. Se trata de gigantescas mentiras y de una enorme falsificación ideológica. Los propios shiítas nunca consideraron el movimiento proletario de los pantanos como su propio movimiento; tanto el Partido Dawa islamista como los otros partidos burgueses de oposición critican ese movimiento, tratando a la masa de desertores refugiados en la región de los pantanos de "masa sin principios, anarquistas, ateos y saboteadores que beben whisky y hacen el amor en los lugares sagrados"!

Esta tenaz e inquebrantable resistencia proletaria a la guerra, concentrada principalmente en la región de los pantanos, ha constituido un límite objetivo al restablecimiento de la paz social y por ello a los objetivos militares de Saddam Hussein. En este sentido, el fin de los enfrentamientos militares entre Irán e Irak, tiene como causa fundamental el derrotismo revolucionario del proletariado iraquí.

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1.4. La guerra del Golfo y la generalización del movimiento del proletariado.

También en estas contradicciones de clase se encuentran las causas que llevaron al gobierno de Saddam Hussein a ocupar Kuwait; así como luego, al conjunto del capital internacional a detener, de común acuerdo, el conflicto bélico.

Entre mayo y diciembre de 1990, cuando la continuidad de la movilización y la ocupación de Kuwait hace prever al proletariado la proximidad de la guerra, la acción directa contra el Estado se generaliza. En Arbil, Masul, Tuzkurmato, Tikrit, Kirkuk, Bagdad, Sulemania, Basora,... estallan un conjunto de acciones de clase en los sectores más variados: los obreros municipales, los de la construcción, los operarios de la confección, los del plástico, los de los mosaicos, los del yeso, los del tejido, los de obras públicas, los del transporte, los de la electricidad, los del azufre, los de la energía nuclear... Las luchas se desencadenan contra los despidos, contra la supresión de los días feriados, contra los días de trabajo gratis para servir a la patria, contra las horas extras, contra la reducción de la cantidad de comida en las cantinas, contra las disminuciones salariales y el aumento del tiempo de trabajo, contra los retrasos en el pago de salarios, contra el reclutamiento forzoso para enviar los obreros al frente, contra el racionamiento... Por medio de manifestaciones, huelgas, incendios de fábricas y locales representativos de la burguesía, ocupaciones y apropiaciones, el proletariado establece una correlación de fuerzas tal que obliga en muchos casos a los patrones a dar marcha atrás, hacer concesiones o/y aumentar los salarios.

Desde que se declara la guerra esa situación se agudiza. La deserción es general y masiva y denota que se fue preparando desde muchos meses antes; desde los primeros días de la ofensiva terrestre, los cuarteles en torno a Bagdad y dentro de esa ciudad se encuentran totalmente vacíos. Por todas partes circulan soldados que escapan a sus mandos, utilizando todo tipo de triquiñuelas, como falsos salvo conductos o vistiéndose de civiles gracias a la ayuda de los proletarios de las ciudades que van recorriendo, quienes les dan también todo tipo de alimentos y los ayudan a esconderse.

En el frente la situación es dramática, tal como lo denunciamos desde el principio. A quien se pone en primera línea de combate es a los desertores apresados. Dichos soldados se encuentran totalmente aprisionados en sus trincheras: no pueden avanzar para convertirse en prisioneros del lado de la Coalición, porque el terreno que los separa de ellos está totalmente minado: ni tampoco retroceder, porque la terrible Guardia Republicana de Saddam Hussein les prende cartucho. La gran mayoría de las fuerzas del frente del suroeste esperó así, aprisionada en las trincheras, sin agua y sin qué comer, que los tanques y los bulldozers de los aliados los enterraran vivos. ¡Gloriosa victoria tecnológica!

En el frente del sureste, gracias a la existencia de ciudades próximas, como Bassora, a los soldados les resulta más fácil escaparse del frente y llegar a la ciudad. Desde fines de enero, muchas centenas de soldados desertan y se refugian en la ciudad de Bassora y en sus alrededores. Las fuerzas proletarias con presencia en los pantanos intensifican sus acciones y refuerzan sus contactos con otros desertores e insurrectos en ciudades como Amara, Bassora, Nassiria,...

Las sublevaciones y la rebelión se generalizan a todo el país. La capital Bagdad se encuentra en ebullición. Los barrios obreros Thaoura, Kazimia, Shuela, se levantan.

A fines de febrero y principios de marzo, el movimiento asume el carácter de una insurrección proletaria generalizada. Las columnas de tanque en retirada del frente atacan el 4 de marzo todos los símbolos del régimen en la ciudad de Bassora. Es la señal decisiva para la generalización de la insurrección. Durante los días 4, 5 y 6 de marzo, las ciudades de Nasivya, Aamara, Najaf, Karbala, Hila, Koot... son ocupadas por los incontrolados. En los días siguientes la insurrección continuará extendiéndose y ganará el Kurdistán (2).

La situación es tan explosiva que el Estado burgués internacional se unifica frente al proletariado: gobiernos y partidos de todo el mundo buscan el recambio burgués y no tienen reparos en apoyar a la oposición shiíta, los nacionalistas y otros sectores democráticos.

Los Estados de EE UU y Arabia Saudí multiplican sus contactos con el partido Dawa islámico, así como también con los nacionalistas kurdos. Cada fracción burguesa pretende ser instigadora y vanguardia de una parte de la sublevación, pero ninguna es capaz de controlar la parte que dice haber dirigido. Todos se contradicen. Por un lado quieren ser vanguardia y por el otro se lavan las manos ante las acciones más radicales emprendidas por los proletarios internacionalistas negando públicamente toda responsabilidad en tal o cual acción. Las fracciones shiítas llegarán a denunciar el movimiento como una sublevación subversiva organizada por anarquistas y profesionales del desorden. Gobiernos y partidos de otros países toman conciencia de que ninguno de sus pares controla adecuadamente el movimiento. Lo que lleva al predominio de la lógica de que hay que detener la guerra del Golfo. Entre una oposición débil e incapaz de controlar al proletariado y la fracción burguesa en el gobierno, eligen la segunda opción. Saddam Hussein puede aún ocuparse de la sublevación, en especial teniendo en cuenta que la Coalición nunca atacó en serio a las tropas más capacitadas del ejército, contrariamente a todo lo que se anunció por los medios internacionales de difusión. Así, gracias al fin de las hostilidades, lo mejor del ejército iraquí (la Guardia Republicana) puede al fin invertir todas sus fuerzas en la lucha, primero contra los proletarios del sur, luego contra los del norte.

Bajo los ojos complacientes de los ejércitos Aliados (3), las posiciones tomadas por la insurrección proletaria son recuperadas una a una; el ejército iraquí entra con tanques y carros blindados en las ciudades, sembrando muerte y terror.

Un vez cumplidos esos objetivos en el sur, se inician el mismo proceso en el norte, pero en perfecto acuerdo con las fuerzas burguesas nacionalistas de la UPK y el PDKI (Unión Patriótica Kurda y Partido Demócrata del Kurdistán Iraquí), con quienes se firman acuerdos y se establece un cese del fuego. Por dichos acuerdos, estas últimas se comprometen a tomar a cargo el control de las ciudades (Sulemania, Kirkuk, Arbil) para el reestablecimiento de la paz social.

* * *

2. Revolución y contrarrevolución en el norte: los shoras

2.1. Los shoras, asociacionismo proletario y recuperación burguesa.

En nuestra revista Nº30, publicada en julio del 91, en el artículo titulado "CO30.1 Derrotismo Revolucionario en Irak", dimos cuenta rápidamente del proceso insurreccional de marzo de ese año, principalmente en el norte, y hablábamos en base a la información que nos llegaba en esos días, de la enorme intensidad de la lucha de clases en esos momentos, sin conocer que en esos mismos días, se producía otra gran ola de luchas.

Ahora, con un poco de distancia con respecto a los acontecimientos trataremos de sintetizar algunos elementos claves del proceso insurreccional en el Kurdistán iraquí y particularmente en Sulemania. No sin antes dejar claro que globalmente el proceso de descomposición del ejército, de la constitución masiva de organismos proletarios armados contra el Estado, comienza en el sur y abarca Bagdad y que solo unos días después adopta una importancia decisiva en el norte. Dadas las informaciones que disponemos, podríamos deducir que la fuerza de la insurrección se concentra luego en el norte (que es de donde realmente disponemos de información de primera mano), gracias al nivel de autonomía proletaria y consciencia de clase y contentarnos con reducir todo a dicha región. Pero dada la escasa circulación de información de una región a otra, preferimos tener la modestia de decir que tal vez haya procesos similares a los que a continuación se describen en otras zonas y que, simplemente, no han llegado a conocimiento de nuestras secciones en el Kurdistán iraquí.

Con respecto a lo que conocemos nosotros, podríamos decir que es en ese momento, en el Kurdistán iraquí y con centro en Sulemania, cuando la insurrección proletaria llega más lejos tanto en la organización autónoma de clase, como en las formas de centralización de las luchas.

Como en todas las grandes experiencias revolucionarias, la acción del proletariado se estructura en base a un complejo proceso de asociacionismo, en donde las estructuras minoritarias preexistentes se combinan con estructuras masivas que surgen y se desarrollan aceleradamente durante el proceso mismo insurreccional.

A esta últimas, en el proceso iraquí, se las denominaron shoras (4), que significa literalmente "consejo" o "soviet". La palabra es de origen iraní y hace referencia histórica a las luchas del proletariado en ese país durante los años 1978-79, luchas que son consideradas, con razón, como ejemplares por el proletariado en la región. Si bien los "shoras" en Irán desaparecieron definitivamente por su incapacidad para romper con la ideología democrática asambleísta que los dominaba, hecho que fue aprovechado por la fuerza de la represión de la burguesía islámica, el nombre "shora" sigue siendo asociado por el proletariado de la región (de la misma manera que a nivel internacional sucedió con el termino "soviets" durante los años veinte y treinta) a la violenta ola de lucha que sacudió Irán en ese período y en el cual el proletariado destruyó uno de los ejércitos más poderosos del mundo en ese momento. En ese contexto, se pude decir que fue "natural" que el proletariado en lucha en Irán adoptara esa denominación como referencia histórica clasista, como nombre/bandera de sus asociaciones y ello sin desmedro de la acción consciente de algunos militantes internacionalistas iranís y de la contribución aportada por el permanente intercambio de exilados y perseguidos entre uno y otro país.

En Irak, como en cualquier otra parte, ese tipo de reagrupamiento elemental del proletariado, forma necesaria en el proceso de centralización de la fuerza del proletariado, adolece de todas las contradicciones que contiene el proletariado mismo como clase, como fuerza antagónica al capital, pero ideológicamente dominado por la burguesía. Así los soviets en Rusia constituyeron tanto en 1905 como en 1917 estructuras de lucha del proletariado que contribuyeron a la insurrección, sin que ni en un caso ni en el otro rompieran profundamente con el terreno del socialismo democrático burgués y dependieran de las organizaciones políticas que los dirigieron, lo que les valió en ultima instancia el ser absolutamente recuperados para la reorganización capitalista y democrática del Estado, bajo el leninismo (fase stalinista) y el post-leninismo: cuando se hace la apología de los soviets se olvida siempre como por casualidad que el Congreso de los Soviets aprobará e instrumentará en todas las instancias la política stalinista. Lo mismo sucedió con los consejos obreros en Alemania entre 1918 y 1921, que si bien surgieron como una estructura de lucha fuera y contra los sindicatos, terminaron también dominados por la democracia burguesa en base a las distintas fuerzas socialdemócratas y constituyeron una estructura de la organización del Estado burgués contra el proletariado.

En Irak, también los shoras, surgidos en el fuego de la acción, contendrán enormes contradicciones y las fronteras de clase entre revolución y contrarrevolución se delimitarán en el seno mismo de esas estructuras. Por ello, contrariamente a las organizaciones políticas consejistas, sovietistas,... que harán la apología acrítica de las mismas, nosotros tratamos de comprender en dicho proceso las fuerzas y debilidades del proletariado, apoyando y actuando abiertamente por la afirmación del polo revolucionario.

Para que el lector se haga una idea más precisa de como se manifestaron esas contradicciones, presentamos a continuación una lista de consignas -evidentemente contradictorias- que predominaban en los shoras:

"¡Pan, trabajo, libertad; gobierno de los shoras!"

"¡Viva el poder de los shoras!"

"¡Todo el poder a los shoras!"

"¡La única alternativa al régimen baasista son los shoras!"

"¡Libertad de opinión y de organización"

"¡Libertad política incondicional!

"¡Sólo armados podremos defender los shoras!"

"¡Igualdad de derechos para hombres y mujeres!"

"¡Consejos obreros y no democracia parlamentaria!"

"¡Halabya, Budennan son las Hiroshimas del Kurdistán!"

"¡Por la semana de 35 horas laborables!"

"¡Levántate, pueblo revolucionario y únete a los shoras!"

"¡Por el derecho de los habitantes de los pueblos a volver a sus casas!"

"¡Levántate y combate! ¡Destruye la institución del miedo!"

"¡Fuera las fuerzas de ocupación del Kurdistán!"

"¡Viva la autodeterminación de la nación kurda!"

"¡Viva la solidaridad con todos los soviets obreros!"

"¡No a la reconstrucción de los edificios de la policía de los Jash y de las milicias públicas!"

"¡Los shoras sanarán las heridas del Kurdistán explotado!"

"¡Todos los órganos administrativos deben ser elegidos democráticamente!"

Como se constata en estas consignas y banderas los shoras concentran el mismo tipo de fuerzas y debilidades que los consejos, los soviets y otras asociaciones proletarias en los momentos insurreccionales. Al lado de un conjunto de demandas democráticas, nacionalistas y hasta algunas abiertamente conservadoras, existen un conjunto de consignas que expresan (muy parcialmente) la combatitividad, la fuerza y la determinación clasista de los proletarios en lucha.

Los shoras fueron estructuras surgidas en el proceso de lucha y para la lucha. Sin embargo, ello no quiere decir que hayan surgido de forma espontánea, como todo el espontaneísmo o el consejismo pretende siempre. La necesidad histórica espontánea, como en el caso histórico de los soviets en Rusia o de los consejos en otros países, siempre se concretiza en hombres y mujeres de carne y hueso que, en forma consciente y voluntaria, organizan dichas estructuras. Como veremos luego, el surgimiento de los shoras fue vanguardizado por una minoría insurreccionalista organizada en una "liga" o comité para la preparación insurreccional.

Los shoras, como productos y agentes de la lucha, se estructuraron en base a barrios, fábricas u otros lugares de trabajo. Al mismo tiempo que son la expresión de un nivel de lucha y de centralización importante y hasta excepcional, en una situación internacional donde predomina el espontaneísmo, concentran un gran número de debilidades y confusiones en las que se basará el nacionalismo kurdo para neutralizarlos primero y luego controlarlos o/y liquidarlos.

En muchos casos, los shoras se dan tareas prácticas, no sólo de acción directa, enfrentamiento a las diferentes estructuras policiales, sino que también luchan contra un conjunto de comerciantes, afaristas, estafadores y otros nacionalistas negociantes que desde el principio utilizaron para su propio provecho mercantil un conjunto de apropiaciones efectuadas por el proletariado. En efecto, hay centenas de ejemplos de esos "oportunistas" del negocio que contra las necesidades del movimiento se las ingeniarán para vender en Irán desde camiones del ejército a camas de hospital o equipos eléctricos y electrónicos, en el preciso momento en que, en el campo de batalla, el proletariado necesitaba desesperadamente ese tipo de materiales.

Algunos shoras asumirán también, durante su efímera existencia, la centralización y la organización efectiva de diferentes niveles de enfrentamiento al Estado; así por ejemplo, en muchos casos, los propios shoras asumen militarmente la protección de los desertores que están en la mira de baasistas y nacionalistas.

El momento álgido de los shoras, cuando efectivamente el proletariado se reconocía en ellos, fue el período insurreccional: tanto en marzo como en julio de 1991. Luego serán recuperados, destruidos, o desaparecerán por la ausencia de perspectivas y participantes y -como tantas veces en esas circunstancias- sólo algunos puñados de militantes internacionalistas intentarán hacer un balance crítico de esa experiencia y continuarán luchando contra el desarme del proletariado organizado por la burguesía mundial.

Marcados por los límites actuales del movimiento obrero internacional (falta de ruptura con la democracia, "antisubstitucionismo", obrerismo,...), los consejos obreros en Irak se encuentran sometidos a las influencias políticas más opuestas que se puedan concebir. Entre ellas, la contraposición extrema era la que oponían los nacionalistas kurdos a los grupos comunistas y a militantes internacionalistas. Así, encontramos shoras que se hallan sometidos a la dirección contrarrevolucionaria del Frente Kurdo o/y el Partido "Comunista" iraquí. Del otro lado, organizaciones internacionalistas expresarán los intereses del proletariado, de ruptura total con todos los recambios burgueses. Perspectiva Comunista (5), a pesar de la falta de ruptura evidente con elementos de la ideología "marxista leninista", asumirá niveles importantes de centralización de las luchas proletarias, anti-nacionalistas. De la misma forma, otros grupos más pequeños como CAG (Grupo de Acción Comunista), SWE (Pasión del Trabajador Socialista) o RWU (Unión Obrera Revolucionaria) intentarán, con muchos límites, afirmar los intereses de los proletarios en lucha. Se comprenderá entonces la validez del paralelismo que nosotros hacemos con otras estructuraciones del proletariado en consejos y la lucha interna entre minorías revolucionarias y contrarrevolucionarias. En Irak, la historia de los shoras es la historia del enfrentamiento de esas mismas tendencias, concretamente entre internacionalistas y nacionalistas.

Para terminar este rápido análisis sobre los shoras reproducimos a continuación un análisis crítico de los mismos efectuado por Perspectiva Comunista en el Nº 6 de "El Proletario", órgano de dicha organización:

"Las contradicciones entre la burguesía y la clase obrera, el desarrollo de las perspectivas proletarias y el cambio social, se encontraron en el centro de los sublevamientos de Marzo, desde entonces la lucha de los explotados en Irak contra el modo de vida capitalista apareció como una actividad constante de agitación contra el Estado. El reforzamiento, creciente, de la auto-organización y la creación de los Shoras obreros significaron un importante salto cualitativo en el desarrollo revolucionario de la actividad política proletaria.
Los obreros se implicaron profundamente en la organización de los Shoras en las ciudades liberadas. En Arbil, los obreros de la fábrica de cigarrillos, de tejidos y de los criaderos de pollos crearon Shoras y consecuentemente establecieron un centro para los Shoras. El objetivo fue el de crear un cuartel general a través del cual la actividad de los diferentes Shoras pudiera coordinarse. Este también fue el contenido de la creación de los Shoras en la fábrica de cigarrillos de Sulemania, en las de electricidad y vestimenta, en los trabajadores de la Intendencia, así como en las fábricas "Tahrir" y "Hamuraby" y en el campo "Nassir". Los trabajadores de los criadores de pollos y los desocupados de Sulemania crearon un Shora común con los obreros del petróleo de Kirkuk.
El sujeto principal de la discusión que se dio durante la primera asamblea obrera fue la necesidad de la organización y su importancia en la lucha de clases. Se dieron discursos a propósito de los Shoras y de su formación. Los obreros, en los mitines posteriores, eligieron sus representantes por voto directo y libre. Se hicieronn sugestiones económicas y políticas y se lograron algunos puntos de acuerdo con respecto a los principios y objetivos de base. Los trabajadores municipales de Sulemania leyeron un informe, que fue publicado más tarde, en el que se trataba de los vínculos entre los trabajadores y los partidos políticos.
Este mitin demostró a los obreros la fuerza que podían encontrar uniéndose y comenzaron a sentir que Big Brother Saddam no era capaz de vigilarlos. Desde todas partes de la sala los obreros tomaban la palabra y describían la pobreza y la miseria de la vida impuesta por el capitalismo, la represión y la intimidación que los patrones y los capitalistas les hacen sufrir, dando ejemplos de comportamientos bárbaros e inhumanos así como de la vida insoportable de los proletarios. Siguiendo las precedentes experiencias históricas mundiales, la campana de la libertad, de la igualdad y del gobierno obrero sonó en todo el Irak... La creación de los Shoras no fue únicamente la expresión del poder obrero contra la burguesía en base a su resuelta autodeterminación; sino que los Shoras constituyeron al mismo tiempo el instrumento útil y necesario a través del cual afirmaban la unidad de las reivindicaciones políticas y sociales y gracias al que se estableció una organización política muy extendida. La liberación de una ciudad daba la pauta de la amplitud contenida en las batallas libradas por los obreros en lucha por la libertad e igualdad reales...
Desde las entrañas de la sociedad, los obreros, emergieron en tanto que fuerza socio-política apta para desempeñar un papel social y político decisivo. Los Shoras, como organizaciones militantes amplias y como bases del poder obrero, se hicieron realidad, creando un precedente en la historia de la clase obrera de Irak. Sin embargo, dichas organizaciones son el resultado de las experiencias de más de diez años de cambio social en Irak, así como de la historia de los Shoras obreros a través del mundo.
Cuanto más se debilitaba el régimen despótico Baasista más los obreros podían respirar facilmente, impulsando actividades de clase en una escala cada vez mayor.
El movimiento de los Shoras se expandió como el evangelio entre los obreros... El movimiento se desarrolló a pesar de las debilidades de nuestra organización, sin embargo la falta de organización, el aislamiento y la separación de los militantes socialistas radicales de vanguardia, y una falta de visión comunista y de perspectiva socialista, permitieron a los reformistas tomar ventaja; lo que dio como resultado la brutalidad de la contraofensiva del Estado, la nueva invasión de las ciudades y la corta duración del sublevamiento. Los obreros no contaron con el tiempo suficiente para superar las debilidades de los Shoras.
Los "explotados" se autorganizaron en los Shoras, tanto en la mayoría de los campos, como en los pueblos, y ciudades, en las diferentes zonas liberadas del Kurdistan, Pero las debilidades de los Shoras obreros ejercieron una mala influencia en la creación y el funcionamiento de tales Shoras de "gente pobre".
Por su parte, la oposición burguesa, temerosa ante las reivindicaciones económicas y sociales de la clase y el programa política de los Shoras que daba a los obreros la capacidad de tomar el poder, buscó desesperadamente poner en práctica su política, pero sin dudar en utilizar las instituciones y los órganos represivos del régimen precedente. El movimiento reaccionario shiita formó, en el sur de Irak y con el objetivo de desacreditar y manipular a los Shoras obreros radicales, su propio "Shora Islámico". En el Kurdistán, los nacionalistas no dudaron en utilizar toda la fuerza necesaria para contrarrestar las asociaciones obreras. Dispararon sobre los huelguistas, amenazaron a sus dirigentes, protegieron y armaron a los patrones y difundieron a través de los órganos de información que las reivindicaciones obreras eran hechas por anarquistas y profesionales del desorden. Este antagonismo entre las fuerzas nacionalistas y los Shoras obreros determinó el clima político en el Kurdistan.
Las perspectivas sociales y políticas de hoy en día, luego de la reconquista de las ciudades por parte del régimen bárbaro Baasista, son, más que nunca, las mismas de antes: hambruna, miseria, pobreza, desocupación para los obreros. Sin embargo, la insatisfacción, explosiva que existía ya antes del sublevamiento, continuará impulsando la batalla contra este mundo y trayendo la memoria de la rebelión.
La contra-ofensiva militar del régimen, la alianza entre los nacionalistas kurdos y el gobierno central no podrá borrarse de la memoria y de la actividad de los obreros".
"Proletariado" Nº6 Organo de "Perspectiva Comunista"

* * *

2.2. Elementos acerca de la conspiración revolucionaria y la insurrección en Sulemania (6)

Durante todo el mes de febrero de 1991, al mismo tiempo que los bombardeos de la Coalición se intensifican, los desertores que van llegando del sur traen informaciones acerca de las insurrecciones que han tenido lugar en Kut, Ammara, Nassiriya, Samawa, Hella. A fin de mes, los proletarios del norte se enteran por diversas vías (por radio y por algunos combatientes que van llegando) que la ciudad de Bassora está en manos de la insurrección y que unidades enteras del ejército se han pasado del lado de ésta con armas y tanques. La preparación activa de la insurrección comienza cuando se escuchan los comunicados insurreccionales de las radios del sur del país.

Frente a tales informaciones, en Sulemania los jefes de los clanes se reúnen y hacen un llamado general a la calma, diciendo que toda acción insurreccional implicará la venida de la Guardia Republicana y la masacre. El 5 de marzo, los jefes de los clanes se reúnen con los jefes del partido Baas, se planifica la contrainsurrección y se le da carta blanca para reprimir a toda persona implicada en el levantamiento.

Pero nada impide que en los diferentes barrios los proletarios se preparen, se armen. Más aún, ya antes de la lucha abierta, un conjunto de militantes agrupados en la "Liga del levantamiento insurreccional", llama a la creación de shoras en los barrios y las fábricas. Se llega así a la constitución de un verdadero comité insurreccional, gracias al cual se unifica el lanzamiento de la insurrección para un momento dado. El mismo está compuesto por un conjunto de organizaciones políticas existentes, así como de militantes independientes. Dicho comité planifica el estallido simultáneo de la insurrección en 53 puntos neurálgicos (esquinas claves, rotondas, puntos cabeza de barrio, etc.), que luego serán la base de la constitución de los shoras. Cabe señalar que en dicho comité, así como en los diferentes centros barriales de la insurrección, los nacionalistas no participan como tales.

En ese momento, sólo una minoría de proletarios se encontraban armados y organizados, y por ello el Comité lanza un conjunto de llamados y directivas para recuperar las armas ahí donde se encontraran. Al mismo tiempo, un conjunto de organizaciones revolucionarias asumía el indispensable papel de armarse y armar al proletariado. Perspectiva Comunista, por ejemplo, se encargó de repartir algunas granadas, armas y municiones en los puntos neurálgicos, al mismo tiempo que contribuyó a armar a algunos miembros del Comité. Otros grupos, como CAG, que participaron en dicho comité así como en las diferentes estructuras barriales y en los shoras, se dieron como tarea el expropiar las casas de los jefes de los clanes o de los centros armados de los mismos, para recuperar armas y armar al proletariado. Sin la acción previa conspirativa y esa acción de vanguardia organizada no hubiese sido posible ganar la gran batalla de la insurrección de marzo del 91 en Sulemania.

Al respecto cuenta un compañero:

"El proletariado buscaba armas desesperadamente, pero sólo las fuerzas comunistas, marxistas, armaron al proletariado y decidieron la insurrección. Los nacionalistas no participaban. Nosotros nos organizamos en grupos para atacar las casas de los jefes de los clanes. En general cada destacamento sólo poseía un bazooka y armas livianas. Se iniciaba el ataque a bazookazos y se buscaba alcanzar lo antes posible los depósitos de armas. Hace ya mucho tiempo que habíamos hecho un relevamiento de los mismos y por eso sabíamos donde se encontraban las armas. Otro aspecto importante de la preparación efectuada por los grupos revolucionarios fue la puesta a disposición de la insurrección de un conjunto de 'hospitales' de campaña para curar a los heridos."
Pero a pesar de ello, la organización y el armamento resultaba en primera instancia insuficiente, lo que en algunos casos se pagó con heridos y muertos del lado proletario y con derrotas parciales.

Otro compañero da su versión:

"Yo me enteré de la preparación de la acción insurreccional sólo dos días antes, cuando un compañero revolucionario me dio varias consignas precisas: que el 7 a las 8 de la mañana debía ir a tal esquina armado con lo que pudiera. Cuando llegué a la concentración éramos sólo 7. En ese momento pensé que no podíamos ganar, luego supe que la mayoría del Comité largó la insurrección, también pensando que no se podía triunfar, pero que de todas formas sería un paso importante en la lucha y la autonomía del proletariado. Al rato aparecieron dos compañeras de Rawti, ("Perspectiva") animando, llamando a concentrarse para la insurrección y repartiendo granadas. Todos juntos recorrimos las calles cercanas a esa esquina llamando a la lucha, logrando reunir en un rato unas 50 a 60 personas. En ese momento aparecen dos Peshmergas (7) bien armados. Los insurrectos les llaman y les gritan para que se plieguen al movimiento, pero no lo hacen. A pesar de ser un pequeño grupo y en total inferioridad con respecto al armamento atacamos el cuartel del barrio. Pero estaba demasiado bien protegido. Fuimos rechazados y luego perseguidos. Nuestro compañero, Bakiry Kassab, militante de Perspectiva Comunista, murió en ese ataque. Nos dispersamos de forma desordenada, corríamos como podíamos. El enemigo mejor armado nos perseguía y nos fue rodeando hasta que llegamos al gran Bulevard. Cuando llegamos ahí, la sorpresa fue enorme al constatar que la insurrección ahí venía ganando terreno y quienes reculaban eran los baasistas."
Estos hechos, como muchos otros contados por diferentes compañeros o estructuras de lucha, nos permiten afirmar que, a pesar de la existencia de ese Comité insurreccional, primero dinamizador de la estructura de los shoras, luego transformado en centralización de los shoras, la centralización real es muy relativa, hay muchísimos aspectos caóticos y muchos combatientes proletarios salen a la calle con lo que pueden, sin tener ninguna otra estructura de centralización que el dato de ir a tal esquina dado por algún amigo o la que encuentran "espontáneamente" en la calle. En muchos casos, los destacamentos de proletarios armados se constituyen muy rápidamente para hacer tal acción y luego se dispersan; en otros, los compañeros que se encuentran del mismo lado de la trinchera sin conocerse antes tejen lazos profundos y luego de la insurrección se estructuran en una organización política. Pero precisamente por la existencia de tantos grupos de acción heterogéneos, que participan y viven en acciones tan diferentes, resulta tan difícil hacerse una idea global del movimiento: no hay dos protagonistas que hayan vivido lo mismo y mucho menos que hayan percibido políticamente lo mismo.

Así por ejemplo, algunas versiones insisten mucho en la autonomía operacional de los pequeños grupos como elemento decisivo de la insurrección, centralizados por diferentes estructuras partidarias (Perspectiva Comunista, CA..); otros insisten en la fuerza de una concentración de unos 30.000 proletarios (entre los cuales sólo algunos poseían armas) que responden al llamado de un shora y se concentran en su "cuartel general", la escuela Awat. Según éstos, dicha asamblea será decisiva en la dinamización de todo el proceso, porque de ahí se saldrá en fuerza y se ganarán batallas importantes. Para dar una idea de la conciencia que animaba a esos proletarios (tanto en fuerza como en debilidades), presentamos a continuación las ideas y consignas que predominaron en la misma:

"¡La conciencia de clase es el arma de la libertad!"

"Éste es nuestro cuartel general, base de los consejos obreros"

"¡Haced de los shoras vuestra base para la lucha a largo plazo!"

"¡Formad vuestros propios consejos!"

"¡Traed las mercancías y la comida expropiada, las distribuiremos aquí!"

"¡Explotados, revolucionarios, damos nuestra sangre por el éxito de la revolución! ¡Continuemos! ¡No la dilapidemos!

A pesar de sus contradicciones, la insurrección se va imponiendo, las fuerzas represivas van sufriendo bajas en los diferentes enfrentamientos. En muchos casos se los liquida en sus casas, pero el grueso de las mismas se concentrará en el famoso edificio rojo y los barracones que lo rodean para defender el pellejo. Ahí se da una enorme batalla con muchas bajas de ambas partes. Los insurrectos atacaban sin un plan de conjunto, tiraban en todo sentido, lo que produjo en sus propias filas (¡las nuestras!) muchos heridos y muertos.

Las fuerzas de seguridad sabían que la rendición equivalía a la muerte. Por eso se jugaban el todo por el todo y, estando armadas hasta los dientes, no era tarea fácil. Hasta último momento estuvieron en comunicación permanente con Bagdad que prometía la eminente llegada de nuevos refuerzos. Aprovechando la terrible ausencia de armas del proletariado insurrecto, desde el edificio rojo los milicos tiraban por la ventanas algunas armas, ante lo cual decenas y centenas de proletarios se precipitaban desesperadamente para tomarlas, exponiéndose así a ser blanco fácil de los milicos bien armados y bien apostados. Por esa razón hubo tantas víctimas del lado de la insurrección (8).

Pero la rabia y determinación del proletariado es tan grande que al final revienta toda resistencia y se hace dueño de la situación en toda la ciudad. El edificio rojo y todos los barracones y casas del perímetro central militar son tomados palmo a palmo. El edificio rojo queda lleno de boquetes como testimonio de la guerra de clases. Los milicos sobrevivientes serán sacados uno a uno y juzgados. Se fusilará a unos 600 según las cifras que manejan los compañeros en la actualidad, aunque otros hablan de 2.000 milicos liquidados, tal vez haciendo referencia al conjunto de enfrentamientos y ejecuciones de milicos de esos días en toda la ciudad.

Pero también en estas acciones ejemplares se juega la lucha por la autonomía del movimiento, pues a pesar de que durante esos días los nacionalistas no participan en forma organizada en el proceso, existen grandes dificultades en prescindir de los mismos y mucho más en enfrentarlos abiertamente como sostienen los núcleos revolucionarios internacionalistas en la región. Así, como expresión de esta contradicción, algunos de los combatientes proletarios de esas jornadas van a consultar a los jefes de la Unión Patriótica Kurda en las montañas para saber qué hacer con los milicos y torturadores que se rinden. Noshirwan, el jefe militar del UPK, llama a no ejecutarlos diciendo que "más tarde podrán ser utilizados"(!?!). Estos hechos que se reproducirán luego, expresan la ambivalencia de algunos shoras. El pedirle a sus peores enemigos que tomen la dirección de las operaciones o/y que decidan se explica por la falta de confianza del proletariado en sí mismo, muchos sectores del proletariado no son concientes de su propia fuerza y parece más serio y más fuerte el recurrir a la oposición oficial. Otros miembros de los shoras adoptan la posición antitética y quieren reventarlos y arrastrarlos por las calles para que todos sepan el "tipo de torturas que estos sanguinarios son capaces de infligirle a los proletarios".

Al fin, y salvo algunos torturadores conocidos por su crueldad que serán despedazados por los insurrectos, se impone la liquidación pura y simple no sin que haya muchos problemas y discusiones sobre quien merece la muerte. En efecto, como en muchas otras ciudades del Kurdistán, las fuerzas represivas baasistas viven concentradas en los cuarteles: se tortura, se mata,... a pocos metros, de donde las familias de los torturadores duermen, comen, se lavan. Son demasiado odiadas para vivir en otra parte. Además, la mayoría de la familia de los torturadores (especialmente sus mujeres) participan en la tortura. Los edificios (edificio central, lugares de interrogatorio, habitaciones de las familias, centros de tortura) están dispuestos de tal manera que es difícil imaginarse que alguien puede vivir ahí sin participar de una forma o de otra en la tortura y en el asesinato de los presos. Cuando el proletariado tomó posesión de todos esos locales, en algunos casos ni hubo tiempo para discutir o juzgar, el odio de clase era tal que hubo grupos que ejecutaron a todo el que estaba adentro, no entendiendo otro criterio que el de la barricada física. Pero en la mayoría de los casos se impusieron criterios más clasistas. Así, del edificio central de Sulemania se autorizó la salida con vida de los niños y de algunas mujeres que no fueron reconocidas por la participación en las torturas y ejecución de presos; antes de la ejecución masiva de los milicos torturadores y sus familiares cómplices.

En ese mismo día y los siguientes se producen alzamientos similares en otras ciudades, en donde también la insurrección triunfa. En Arbil se crean 42 shoras y en sólo tres horas de combates los proletarios armados se hacen dueños de la situación. Otras ciudades seguirán los días siguientes: Kadar, Koya, Shantlana, Akra, Duwok, Zakho... Los cuarteles cercanos a las ciudades, como las enormes instalaciones militares cercanas a Sulemania como centro estratégico de toda la región, serán rodeados por los desertores y otros proletarios en armas. Las fuerzas centrales lograrán salvar a muchos oficiales del ejército rescatándolos en helicópteros. El resto, la masa de soldados, se rendirá sin combatir y la mayoría pasará del lado de la insurrección.

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2.3. Los límites de la acción proletaria y la acción contrarrevolucionaria de los nacionalistas.

Si el nivel de conciencia, organización y centralización resultó suficiente para triunfar insurreccionalmente, otra cosa muy diferente era el organizar la vida e imponerse dictatorialmente contra el capital en los lugares en que se iba triunfando, es decir el asumir la esencia de la revolución social. Como en otras circunstancias históricas, en las cuales la constitución del proletariado en partido es insuficiente y no se encuentra bien centralizado en una dirección comunista, otras fuerzas burguesas asumen la dirección de la acción, liquidan la autonomía del proletariado y terminan expropiando la revolución para transformarla en una "revolución" burguesa (una "revolución" exclusivamente política), o mejor dicho, en -una antirrevolución- una lavada de jeta del Estado, un cambio de fracciones en el poder, para que la esencia de este sistema de explotación se mantenga.

Los nacionalistas comenzarán a participar activamente en la acción directa, con presencia efectiva en la calle, sólo dos o tres días después del triunfo de la insurrección. Lo primero que harán será apropiarse del dinero de los bancos, de los vehículos, ocupar los edificios (9) y otras propiedades abandonadas por los gubernamentales y que los proletarios habían tomado y abandonado. En el abandono de las propiedades, las armas pesadas, los vehículos..., se ponía en evidencia que el proletariado había sido capaz de luchar contra, pero que era aun incapaz de luchar por sí mismo, de asumir la dirección de la revolución que había iniciado; o dicho de otra forma, el proletariado mostraba que concebía la negación del mundo presente todavía de una forma puramente negativa, como un simple rechazo, como una simple negación; sin afirmar todo lo que la negación revolucionaria de este mundo contiene negación positiva. Había tenido la fuerza para expropiar pero no para apropiarse de lo expropiado y para transformarlo revolucionariamente en función de sus objetivos revolucionarios y universales. Como en Rusia en el 17, el politicismo constituía una ideología dominante incluso en el seno de los proletarios más decididos. Se sabía que había qué hacer contra los baasistas pero no como enfrentar socialmente al capital. Este límite general está muy ligado a una confusión bastante grande y masiva por la cual se confunde sistemáticamente al Estado con los baasistas, la lucha contra el capitalismo con la lucha contra el gobierno, etc. Esta confusión generalizada, que las fracciones comunistas e internacionalistas no tuvieron la fuerza de liquidar, había sido mantenida y desarrollada cuidadosamente por los nacionalistas. Ahora les sería de gran utilidad.

Una vez ocupados los centros neurálgicos de la ciudad, controladas las armas pesadas, los vehículos..., por parte de los nacionalistas, el resto sólo sería cuestión de tiempo. En poquísimos días (entre el 7 y el 20 de marzo), los nacionalistas pasarán de ser una fuerza poco presente y que "sigue" a la masa, a adueñarse totalmente de la situación. Los grupos revolucionarios y los proletarios más activos no fueron capaces de dar y asumir directivas militares claras en ese momento. Con los cuarteles, los tanques y los vehículos no sabían qué hacer; sólo se pertrecheron de municiones y armas livianas y en el mejor de los casos incendiaban los vehículos para impedir que los nacionalistas se apropiaran de ellos. No sólo no se dieron los medios para controlar la producción y la distribución de lo necesario para la vida, sino que ni siquiera se abasteció lo indispensable en alimentos, medicamentos, medios de propaganda, etcétera.

Cuando los nacionalistas llegan a la ciudad llaman a la disolución de los shoras pero no obtienen resultado; luego, desde una posición de fuerza, por haber tomado los centros neurálgicos de la ciudad, utilizarán un método mejor de desgaste y negociación. Si como vimos ya antes había shoras dominados o fuertemente influenciados por las posiciones demócratas y nacionalistas, la Central, a pesar de la participación de delegados de los partidos y organizaciones burguesas, se definía claramente "por el comunismo", por la "abolición del trabajo asalariado" e incluso hablaba claramente contra los nacionalistas.

Poco a poco y en la medida que estructuran su poder efectivo sobre la ciudad, con el apoyo y el beneplácito de las fuerzas de intervención de la burguesía mundial, los nacionalistas no habiendo logrado destruir los shoras, intentarán coparlos militantemente y darles su propia dirección burguesa. Es entonces que aparecen por primera vez un conjunto de shoras nacionalistas, socialdemócratas, populistas, partidarios del gran frente contra Saddam Hussein.

Al mismo tiempo, los nacionalistas, ante la fuerza que expresa la Central de los shoras, propondrán una negociación en forma con ella, que por su parte, se encontrará ante la tragedia del funcionamiento asambleario-democrático y la incapacidad de adoptar una dirección única revolucionaria. Se opondrán dos posiciones: 1) quienes consideran a los nacionalistas como enemigos se opondrán a toda negociación, 2) la aceptación de la negociación, donde se concentran desde todo un conjunto de confusiones e inconsecuencias de diferentes tipos con respecto a la cuestión del nacionalismo hasta la ideología de un gran frente antibaasista (véase la posición del autor de la "Carta desde el Kurdistan", Anexo 1).

Claro que el problema no es negociar o no, sino que la afirmación de la negociación con los nacionalistas en contraposición con los baassistas tiene en tales circunstancias como presupuesto implícito e inocultable la ideología del mal menor y en última instancia del frentismo. En los hechos, "el realismo" triunfará, se llevará al grueso del movimiento a renunciar a sus propios intereses. A partir de la negociación se van imponiendo dos elementos decisivos para liquidar la autonomía y los intereses del proletariado: la de considerar que el principal enemigo es Saddam y el principal objetivo la toma de Kirkuk y la necesidad del orden contra el caos.

Como el proletariado no había sabido imponer su orden, la propia resistencia proletaria, hasta las expropiaciones para sobrevivir comenzaron a ser consideradas como el caos y los nacionalistas como la única garantía del orden. De inmediato, los peshmergan comenzarán a hacer respetar el orden capitalista y la propiedad burguesa: se comienza a arrestar a proletarios aislados que "roban" una bolsa de arroz para comer y de forma muy paulatina se inicia el desarme de los proletarios aislados (por el momento no tienen la fuerza ni se animan a tocar a los grupos internacionalistas).

No podemos continuar sin hacer un paréntesis importante sobre la guerra por la toma de Kirkuk, pues en base a la misma los nacionalistas penetran con fuerza en la central de los shora; no sólo se plegarán a la misma, sino que se pondrán formalmente a la cabeza, utilizando, claro está, como carne de cañón a los proletarios que se ponen a sus órdenes. Si para los proletarios la extensión de la revuelta y la solidaridad con los shoras recientemente formados en Kirkuk era un objetivo lógico, los nacionalistas en base al mismo perseguían otro objetivo totalmente diferente: supeditar al proletariado a una guerra estructurada de ataque de las posiciones baasistas de una ciudad en la cual ellos aparecían como la estructura militar más preparada y tomar un punto estratégico en la guerra imperialista, centro petrolero de primera importancia, que aumentaba su poder de negociación internacional y nacional. Para nosotros constituye un momento clave en la transformación de la guerra de clase en guerra imperialista. Los nacionalistas por su parte, apenas tomada la ciudad, negocian abiertamente con los baasistas, con el beneplácito de las fuerzas de la coalición presente, y aparecen por primera vez como fuerza creíble, no sólo por el control territorial de un centro capitalista tan importante como ese sino por aparecer ahora por primera vez como una fuerza capaz de disputarle al proletariado el control de la situación en las ciudades insurrectas y por lo tanto como fracción válida del orden burgués internacional para controlar al proletariado, que es en el momento una preocupación central de la Coalición en el fin de la Guerra.

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No podemos tampoco dejar de hacer un paralelismo histórico evidente entre esa situación en Irak en 1991 y lo que sucedió en España en 1936, luego del triunfo del 19 de julio. En ambas circunstancias, el proletariado había triunfado insurreccionalmente en una parte del territorio de un país teniendo como cabeza una ciudad (Barcelona-Sulemania), quedando el resto del país en manos de la fracción "fascista" (Franco o Saddam). En ambos casos, el proletariado se había armado y había enfrentado ese enemigo "fascista" actuando afuera y en contra de la acción y las organizaciones populistas y demócratas (republicanos, "comunistas", socialdemócratas... y en general todo el espectro parlamentario de la burguesía), pero no fue capaz de imponer su propia dictadura de clase. En ambos casos, el proletariado había triunfado militarmente creando sus propias organizaciones unitarias de clase (Comités de obreros, campesinos, milicianos y marinos - shoras) e impulsado por la acción conspirativa y de vanguardia militar de grupos revolucionarios constituidos de larga data (Solidarios, Nosotros...- Perspectiva Comunista, CAG,...). Y también en ambos casos el proletariado incapaz de asumir socialmente su dictadura, se encontró paralizado en el momento de su triunfo por la ausencia de dirección revolucionaria en el sentido más práctico y programático de la palabra: no sabía cual era la dirección a asumir. Sabía estar contra la contrarrevolución en sus formas más abiertas y aplastarla, pero era incapaz de estar -a pesar de los discursos y las banderas- prácticamente por la revolución social. En ambos el enemigo "fascista" seguía la guerra y el enemigo republicano, aprovechando la falta de inciativa social del proletariado, le acariciaba el lomo (¡cómo quien acaricia al chancho para que se afloje antes de clavarle el cuchillo!) y lo invitaba a negociar para hacer la guerra juntos contra el "enemigo principal". Hubo enormes resistencias proletarias para someterse a la guerra popular reconociendo a los republicanos y demócratas como aliados (es decir a la guerra imperialista). Pero en ambos casos hubo otro elemento que permitió no sólo que parte importante de las mejores fuerzas proletarias intentasen una guerra contra los "fascistas" que adoptó inmediatamente el aspecto de guerra de frentes (que en sí es tan impropia al desarrollo de la revolución social, como propicia para el desarrollo de la guerra imperialista), sino que los republicanos pudiesen presentarse como carta indispensable para ganar esa batalla al mismo tiempo que fortificaban sus posiciones en el resto del territorio contra la autonomía del proletariado: se trata de una ciudad (por otra parte altamente simbólica, por razones históricas) donde el proletariado revolucionario libra una batalla desesperada contra un enemigo superior en armamento. En la España del 36, esa ciudad fue Zaragoza y fue en la base a la interminable batalla por la reconquista de esa ciudad que se sacrificó la lucha en la retaguardia contra la burguesía republicana y que se desgastaron parte de las mejores fuerzas -en el sentido de la autonomía clasista- del proletariado; en Irak del 91, esa ciudad fue Kirkuk y para ganar la batalla no sólo los shoras proletarios pusieron lo mejor de sus fuerzas, sino que a través de la misma los nacionalistas dan un paso importante (tanto en el frente como en la retaguardia) en la consolidación del frentismo anti-Sadam.

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Claro que algunos shoras, como el de Perspectiva Comunista u otros en los cuales la presencia de militantes internacionalistas era importante, intentan una participación en la acción en forma autónoma, pero los nacionalistas agarraron muy rápidamente el sartén por el mango. Habiéndose apropiado de todo, ellos conseguían los locales para reunirse, el dinero para lo que fuese necesario, las indispensables armas pesadas, los medicamentos e instrumentos para curar los heridos... por lo tanto, la fuerza material de imponer sus directivas. Varios compañeros internacionalistas reprochan a Perspectiva Comunista y a otros grupos el no haber roto totalmente en ese momento con los shoras y haber seguido participando en ese comité. Es un momento clave en el cual se verifican las debilidades programáticas de los grupos de vanguardia en la región. Como algunos de ellos lo reconocerán (ver por ejemplo los extractos de "El Proletario" nº 7 de Perspectiva Comunista, publicado en el anexo número 2) no era suficiente con definir el nacionalismo kurdo y el movimiento shiíta como movimientos sociales burgueses, se evaluó mal la posibilidad de que dichas fuerzas se impusieran. Era indispensable enfrentarlas en la acción práctica cotidiana, exactamente igual que a los baasistas.

Pero continuemos con el complejo proceso de esos días. En forma simultánea a ese rapidísimo sometimiento a los intereses del nacionalismo kurdo, algunos shoras reaccionan. El shora de barrenderos, el shora de las fábricas de cemento, el shora de la industria del vestido, el shora de los obreros del tabaco, el shora de los obreros del azúcar, conjuntamente con el shora de Perspectiva Comunista pelean por darle una dirección proletaria y antinacionalista a los shoras. Dichas estructuras discuten sobre como apoderarse de las fábricas y utilizarlas para la lucha, pero en la situación general que se vive no tienen la fuerza de ir muy lejos. Aprovechando la extensión del movimiento a otras ciudades y los vínculos con otros militantes hay algunas tentativas de unificación con los militantes activos de otras ciudades. Así por ejemplo, el 12 de marzo se organiza en Arbil una reunión con participantes de diferentes lugares y en el mismo el shora de Awat propone la organización de un comité de shoras de diferentes ciudades.

El 16 de marzo, aniversario de la masacre de Hallabya. se hace un acto de conmemoración en el que participan unas 10.000 personas. En el mismo se encuentran los shoras de todo tipo, desde los controlados por los núcleos revolucionarios hasta los del Frente Kurdo y los partidos religiosos. Los grupos revolucionarios toman la palabra y haciendo referencia a la lucha de clases a través del mundo (se habla de la lucha del proletariado en Brasil, Turquía...) ponen en evidencia los objetivos e intereses comunes del proletariado mundial y su contraposición con el nacionalismo; dicen que la lucha que existe en el Kurdistán es exactamente la misma que en todo el mundo y muestran el antagonismo general de la burguesía de todas las nacionalidades y el proletariado mundial.

El shora de Perspectiva Comunista y el conjunto de grupos proletarios internacionalistas que aparecen como la fuerza de contraposición al nacionalismo, se transforman a partir de entonces en el blanco de todas las campañas, mentiras y denigraciones que se puedan imaginar. Al día siguiente se corre la voz de que los miembros de aquel shora son en realidad ex-baasistas, hooligans, saqueadores y opuestos al Islam. Por todos los medios se calumnia a las minorías revolucionarias, a los militantes comunistas y se las trata de despegar del resto de la clase; usando todo tipo de metodología se trata de romper la relación orgánica entre el proletariado y su vanguardia, para aislarla y poder desarmarla (¡y el enemigo sabe que en este momento el desarmar a la vanguardia es desarmar al proletariado!) y reprimirla.

El Frente Kurdo anuncia ese día el establecimiento de una "fuerza de paz kurda" y la organización próxima de elecciones parlamentarias para el reestablecimiento de la paz social. Al mismo tiempo organizan una concentración con la participación de Talabani donde es notoria la falta de concurrencia.

Los shoras opuestos a los nacionalistas y algunos grupos de militantes revolucionarios organizan el 18 de marzo una manifestación para denunciar la política reaccionaria de los nacionalistas al mismo tiempo que exponen la contraposición entre los intereses internacionalistas del proletariado y la nación kurda.

Al fin, el 20 de marzo Kirkuk cae en manos del proletariado insurrecto organizado en 6 shoras.

Los nacionalistas son concientes de que su capacidad de control del proletariado depende del terror que estos tengan de los baasistas. El antifacismo (10) se consolida con el cuco del fascismo. El Frente Kurdo lanza una verdadera campaña de terror, según la cual el ejército de Saddam, acompañado de unidades armadas de los "Mujaidines del Pueblo" de Irán (11) se encuentra en Chamchamal (no lejos de Sulemania) y que va a bombardear con armas químicas y napalm.

Para darle el broche de oro a la amenaza del cuco, la organización de Talabani da la orden a todos los familiares de los nacionalistas de que es imperioso escapar lo antes posible de la ciudad. Para la masa proletaria no encuadrada esa fuga general constituyó un síntoma de la violenta subida del termómetro: cada vez que los familiares de los nacionalistas se iban hubo una masacre: el día antes del bombardeo químico contra Hallabya los nacionalistas habían evacuado a sus familias de esa ciudad.

Esta campaña de terror, sumada al hambre y a la inseguridad general, jugará el mismo papel que miles de bombas contra el movimiento. El mismo día, algunos shoras organizan actos y manifestaciones para impedir la desbandada generalizada y en desorden. Por medio de altavoces llaman a quedarse y combatir: "Queremos quedarnos y combatir. Los que se van son traidores y enterradores de la ciudad".

A pesar de ello la desbandada se produce. Al día siguiente, efectivamente, las fuerzas baasistas con gran potencia militar toman la región. Algunos shoras y grupos de compañeros revolucionarios preveen resistir y se preparan para ello. Pero ante el enorme despliegue de aviones, tanques y miles de soldados, deciden también replegarse hacia las montañas. La toma de Sulemania se produce así con cierta facilidad por parte de las tropas de Saddam y no habrá en esa ciudad muchas ejecuciones; en cambio, en otra ciudades como Chamchamal y Kirkuk la reimposición del orden fue acompañada de ejecuciones y venganzas de todo tipo.

Lo que siguió es más conocido, porque si hasta ahí los medios de difusión sabotearon toda la información, a partir de entonces se hizo todo el sensacionalismo posible; es decir, se pasó de ocultar lo que el proletariado revolucionario había logrado a presentar una masa aclasista de población kurda peleando entre sí por un puñado de arroz! Nada más coherente, pues eso es lo que pide esa gran puta que se denomina "opinión pública" en nombre del humanismo, lástima, piedad, caridad. Cuanto más indefensa, cuanto menos ligada a la lucha se presente esa población, tanto mejor, más se satisface el morbo del telespectador y se acicatea la conciencia del donante para las obras de caridad.

Los nacionalistas ganaban más puntos internacionales aún debido a su capacidad de ser los únicos capaces de "gestionar" la ayuda internacional frente al bárbaro y fascista de Saddam. ¡Qué complementariedad interburguesa en el trabajo contrarrevolucionario!

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3. Campañas humanitarias y electorales contra el proletariado

3.1. Humanitarismo: chantaje y sometimiento.

La retirada masiva de los proletarios hacia las montañas de Kurdistán podemos evaluarla hoy como una primera derrota importante del movimiento revolucionario en el norte del país, aunque luego la situación continúe siendo explosiva pues el problema central de la burguesía, seguirá siendo el desarme político-militar de los proletarios insurrectos.

Con la ayuda de las organizaciones humanitarias, los nacionalistas intentan asumir dicha tarea; pero saben que se trata de una cuestión sumamente delicada y peligrosa para su propia existencia. Quemados y denunciados por muchos proletarios y grupos de internacionalistas, corren el riesgo de descredibilizarse totalmente si asumen dicha tarea demasiado abiertamente.

Además, también en Irán, la lucha de clases continuó intensificándose (12). Las condiciones de vida miserables empujaron a muchas franjas de proletarios de ese país a solidarizarse con el proletariado derrotista revolucionario de Irak (13). En dicha región, las campañas del Estado iraní contra el "gran satán" tienen muy poco resultado. La solidaridad entre los refugiados e insurrectos a lo largo de toda la frontera que separa ambos países es predominante, llegando incluso, en algunas ocasiones, a la acción común con los grupos proletarios insurrectos de origen iraquí y a asegurar una red de ayuda mutua material, de sanidad, etc. Contra esa solidaridad real de clase, el gobierno iraní, conciente de la dimensión que está adoptando dicha realidad, lanza una amplia campaña de "ayuda al pobre pueblo iraquí" con el objetivo evidente de desviarla, de liquidarla.

Los campos organizados por la ONU para concentrar a la gente, cumplen también un papel importante en el desarme militar y psicológico del proletariado. Al entrar ahí, los proletarios se ven obligados a ponerse a merced del capital: el precio que hay que pagar para poder comer, tener un techo y recibir atención médica... es que entreguen sus armas. Con ello se le propina un fuerte golpe a la autonomía política de clase que los proletarios habían conquistado en épicas batallas. Desposeídos de su lucha, sometidos nuevamente al monopolio estatal del terrorismo burgués (14) dejan de ser capaces de decidir su propio destino.

Reducidos al estado de mendigos, atomizados y opuestos los unos a los otros, quienes lucharon unidos un día se encuentran así reducidos a pelearse por una bolsa de harina que los burgueses del mundo entero tuvieron la bondad de enviarles... o/y condenados a reventar como moscas en esos campos de la muerte. La distribución de alimentos es efectuada por los nacionalistas kurdos bajo los buenos auspicios de las organizaciones de la ONU. Sólo se benefician de la misma los miembros del Frente Kurdo y aquellos que han depuesto sus armas. La acción de la contrarrevolución es inequívoca, la ayuda no es para el proletariado, sino para quienes lo desarman, para quienes lo encuadran, para quienes lo aniquilan prácticamente. El capital y su obra caritativa se dirige exclusivamente a reorganizar el Estado en la región, los nacionalistas kurdos son considerados como los mejores exponentes del mismo.

Queremos denunciar aquí el cinismo de la burguesía internacional que realizó toda una campaña para provocar piedad hacia los kurdos, para luego presentar como salvador a la ONU y sus famosas operaciones humanitarias. En base a la información recibida de múltiples compañeros presentes en la región, podemos aquí dar algunos ejemplos del trabajo complementario de los enviados humanitarios de la ONU y los agentes nacionalistas del Frente Kurdo en la guerra contra la autonomía del proletariado.

Los depósitos de alimentos estaban llenos en el mismo momento en que el hambre era general en la región. El Frente Kurdo, de acuerdo con la ONU, se negaba a distribuir los alimentos como elemento de chantaje para imponer el programa humanitario local que establecía, explícitamente, que debía reducirse la población armada en la región a 80.000 hombres, 20.000 policías kurdos y 60.000 soldados del Frente Kurdo. En tales circunstancias, los proletarios, hombres y mujeres se encontraban obligados a vender todo lo que poseían, pero principalmente sus armas para no reventar de hambre.

Pero además de esta política general que hermana el Frente Kurdo y las fuerzas coaligadas de la ONU, las distintas organizaciones burguesas que componen el Frente Kurdo se disputan los negociados que se realizan con los víveres y el otro material que llega. Como en todas las otras partes del mundo adonde se estableció un flujo regular de mercaderías con la cobertura humanitaria, los que deberían formalmente recibir tal ayuda ni se enteraron y la gran mayoría de lo encaminado gracias a la denominada "solidaridad internacional" sirvió para proporcionarle grandes lucros tanto a diferentes grupos locales de mafiosos y comerciantes como también a los sectores del capital que enviaban dicha ayuda. Circulan un número impresionante de anécdotas entre los proletarios en este sentido (que es imposible e innecesario -porque todos conocemos ese tipo de ejemplos del funcionamiento de todo el sistema- reproducir aquí), por ejemplo a propósito del descubrimiento de múltiples escondites, en los cuales los proletarios descubrieron, por casualidad, bolsas de arroz, máquinas de escribir, material eléctrico,... escondidos ahí para luego ser vendidos en Irán, en Turquía.

Los nacionalistas del Frente Kurdo se reparten el dinero de las fábricas, los medios de transporte, el material eléctrico y electrónico y todo tipo de mercancías, que se apropiaron para sí y que venden al extranjero. Por otra parte instauraron muchísimos servicios de seguridad, de aduana y de policía por todas partes que tienen por función la de reprimir los pequeños robos que realizan quienes están condenados al hambre.

Por ejemplo, una instalación entera de cables eléctricos instalada por una ONG, es decir una organización llamada no gubernamental, para la distribución de electricidad en un barrio destruido de Sulemania, fue enteramente desarmada y revendida en Irán por gente del UPK.

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"En Kurdistan toda la población quiere regresar a sus hogares, a sus pueblos que tuvieron que abandonar durante el invierno, no solo por el miedo que tenía a un baño de sangre por parte de los Baasistas, sino también por los llamados y presiones de los peshmergas nacionalistas en el sentido de abandonar todo. Estos sabían que se verían en la televisión occidental y que ello les beneficiaría; y así fue.
Toda la ayuda y la caridad están controlada por los nacionalistas. La mayor parte del dinero sirve los objetivos políticos de los peshmergas y no al pobre y desamparado pueblo. Luego de la destrucción de las fábricas, los hospitales y las escuelas, los niños y muchachitos hacen cola para entrar en los peshmergas y poder recibir al menos algún salario y una cierta seguridad en cuanto a la ocupación. No debemos subestimar otro factor en este reclutamiento: la imagen romántica de una guerrilla que en sus comienzos recluta con sueños tipo Guevaristas lo que le permite atraer a muchos jóvenes Kurdos. El hecho de obedecer ordenes, en una estructura de alta jerarquía, se muestra, como algo mundano, banal.
Los organizadores de la caridad pudieron presentarse como liberadores -ángeles en helicópteros- como si la guerra no hubiese existido. Los 30 millones de Libras esterlinas (unos 50 millones de dólares), por ejemplo, obtenidas gracias al "Simple Teruth" (concierto rock organizado por el presidente del Tory Party, Jeffrey Archer), fueron a parar al K.C.C. (Centro Cultural Kurdo, una organización oficial de caridad que publica libros y música Kurda y se presenta como un una expresión del Frente Kurdo) y sin temor a equivocarnos, a las cuentas de los partidos políticos en los bancos. En nombre de los pobres kurdos, lo único que se hace son negociados. En Halabya y en muchas otras áreas, no se ha dado absolutamente nada a la gente.
En otros lugares se dio pan remojado para que la gente sobreviva y solo entraban en el reparto quienes podían presentar, ante los nacionalistas erigidos en árbitro, un proyecto comercial válido. La parte del dinero que no fue directamente entregada bajo forma de salarios y retribuciones, quedó a disposición de esas organizaciones, generando suculentos intereses. Toda la comida que se le dio al gobierno iraní fue a parar al mercado negro y vendidos a altísimos precios al necesitado pueblo Kurdo. Para el gobierno Turco, la caridad se ha transformado en una fuente de ingresos, mientras que el de Irán se queja por que se vende comida cuya fecha de perención es muy anterior y por ello es vendida rápidamente en el mercado negro. Para agregar la injuria al insulto, los nacionalistas, en la frontera Irán/Irak, exigen a la gente impuestos extraordinarios y en las calles de las ciudades de Kurdistan ¡se roba abiertamente los autos para venderlos en Irán! El perro se come al perro, la situación se ha transformado rápidamente en una lucha por la subsistencia. Repetimos otra vez la caridad es: ¡un medio cómodo de llenar los bolsillos de los gángsteres y de los parásitos!"
Aparecido en "The Kurdish Uprising & Kurdistan's Nationalist Shop Front and its Negotiations with the Baathist/Fascist Regime"

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Al activo del humanitarismo de la ONU podemos inscribir, por ejemplo, que distribuye en sus propios campos de concentración alimentos en conservas en mal estado y que en las latas tienen inscritas fechas de caducidad de 1987. En Nzara, varios niños murieron como consecuencia de haber consumido dichas conservas.

En el mismo sentido de lucha contra la constitución del proletariado en clase, se inscriben varias iniciativas y proyectos de beneficencia, democráticos o sociales "para mejorar las condiciones de vida de los pueblos kurdo e iraquí". Estos nuevos "amigos del pueblo", incluyendo algunos "comités de apoyo a los shoras" y al "sublevación del pueblo kurdo iraquí" se presentan como apartidistas, diciendo que no pertenecen a ningún partido existente, llamando a la unidad nacional y explicando simplistamente que el problema es que hay demasiados partidos, demasiadas contradicciones, demasiados grupos... Pero dichos comités, pretendidamente independientes, no han cesado de denunciar la acción de los elementos más decididos que empujan a la autonomía clasista como irresponsables, como organizadores del caos y del desorden que reina en las ciudades y en las regiones liberadas.

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3.2. Nacionalismo, parlamentarismo y elecciones.

Otra manera de enfrentar la explosión social en Irak ha sido la de agitar la zanahoria de las elecciones y el parlamentarismo. En ese sentido y para contrarrestar el descrédito del que padece, el Frente Kurdo ha abierto sus puertas a todos aquellos que plantean una "voluntad constructiva". Así, el Frente Kurdo se ha transformado en un parlamento más que agrupa de 50 a 70 partidos y grupos de la ex oposición y tiene por objetivo el encuadramiento de toda la población en el circo electoral, la reconstitución nacional constructiva y la consecuente liquidación del proletariado como fuerza autónoma y antinacional.

Es así como el Frente Kurdo ha intentado oponer a la lucha revolucionaria la organización de elecciones libres para escoger "delegados del pueblo". Las mismas habían sido planificadas para el 28 de abril de 1992, pero debieron ser pospuestas dos veces seguidas debido a que "las garantías para su desarrollo no estaban aseguradas". Durante el mes de abril del 92 hubieron varios atentados contra las sedes del Frente Kurdo. Finalmente, en el mes de mayo de ese mismo año dicho Frente logró realizar (imponer) esas famosas elecciones libres.

Dichas elecciones tuvieron, evidentemente, el beneplácito de toda la burguesía internacional a través la supervisión de la ONU; incluyendo a quienes son los enemigos formales del Frente Kurdo: las fracciones que apoyan a Saddam Hussein. En efecto, el Frente Kurdo había realizado un acuerdo con Saddam Hussein, el que se concretó en esos días: mientras el Frente Kurdo organizaba sus elecciones, los ejércitos de Saddam que rodeaban el Kurdistán garantizaban la no intervención y el bloqueo de la región, impidiendo así todo contacto entre los proletarios del sur y el norte.

Sin embargo, a pesar de la faraminosa campaña electoral, la participación de la población en el circo electoral fue muy débil. Por ejemplo en Hallabya, donde la población que podía votar se aproximaba a las 28.000 personas, en el referéndum pre-electoral hubo ¡¡en total 253 votos!! Mientras ésta era la realidad sobre el terreno, en el mundo entero los medios de comunicación anunciaban, haciendo estratégicamente abstracción del antielectoralismo generalizado: 48% de votos a favor del UPK y 52% del PDKI. El 4 por ciento anunciado como diferencia entre ambas organizaciones faro del nacionalismo kurdo no hacen más que revelar, detrás de la manipulación de las cifras, el peligro para cada una de ellas de encontrarse sola a la cabeza de un gobierno kurdo.

Las distintas fracciones del Frente Kurdo intentan a todo precio concentrar y orientar las preocupaciones generales hacia la cuestión de la autonomía del Kurdistán y hacia las reivindicaciones de tal o cual fracción de la burguesía regional y la crítica de las otras. Para ello se sirve lo máximo posible de los horrores cometidos por los baasistas, describiendo con todo detalle la represión y los actos brutales por ellos cometidos; al mismo tiempo que cada una de las fracciones nacionalistas reescribe la historia ocultando los uno y mil acuerdos con ellos y presentándose como los grandes luchadores contra los baasistas. Así, como después de la Segunda Guerra Mundial, la burguesía internacional se constituyó una nueva virginidad en base a hacer una propaganda espectacular que intentaba presentar a los nazis como los únicos criminales de guerra, escondiendo de paso los mil acuerdos que habían hecho con ellos, los nacionalistas kurdos concentran todas sus baterías propagandísticas en el terrorismo estatal de los baasistas, escondiendo así su papel secular en el terrorismo general del Estado.

El bloqueo del Kurdistan impuesto por el ejército iraquí complementa la acción de los nacionalistas, dado que refuerza cada vez más el aislamiento de las luchas de los proletarios en esa región: los contactos interregionales son extremadamente difíciles, lo que ha logrado paralizar la centralización y globalización de luchas que se había iniciado durante el proceso insurreccional. El hambre, las enfermedades, el funcionamiento casi nulo de los medios de comunicación, hacen que la desorganización sea aun mayor.

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3.3. Situación actual y perspectivas: las nuevas guerras interburguesas en la región y las tareas del proletariado internacionalista.

Toda la información que ha ido llegando de Irak en 1993/1994 indica que la situación material, social y política del proletariado ha seguido empeorando. Aumento de la miseria, aislamiento, represión, continuidad de la movilización guerrera, lucha armada entre fracciones burguesas, reclutamiento forzoso, etc. La sobrevivencia es una aventura y cada uno está sometido a un peligro permanente, todos los días hay muertos por las balas perdidas y los enfrentamientos entre fracciones burguesas. Para sobrevivir se vende los muebles, la vajilla o lo que sea; el problema es que ni siquiera aparecen compradores y además se corre el riesgo de ir a parar a la cárcel porque los peshmargan responsables del orden, deciden a menudo robar legalmente a los improvisados vendedores y resulta mucho más "limpio" el acusarlos de cualquier cosa.

En el Kurdistan se llega a niveles infernales: a la falta de comida, la carencia de agua, el deterioro muy importante en los niveles de higiene, el miedo a los saqueos se le ha ido agregando la presencia cada vez más generalizada de la guerra abierta entre fracciones burguesas, entre nacionalistas y entre alguna de estas fracciones (el PUK) y los musulmanes.

Las contradicciones entre el PDK y el UPK son tan explosivos que hoy en día el Kurdistan se encuentra dividido en dos regiones en pie de guerra. Por primera vez en la historia estas 2 regiones se han constituido en una arena de rivalidades políticas. El desarrollo del regionalismo, aquí como en todas partes, constituye una fuerza de desestructuración de la lucha del proletariado. Así, hoy existe, por un lado, Soran, que tiene por "capital" Sulemania y que se encuentra controlada por el UPK (Talabani) y por el otro, la región de Badinan, donde se encuentran las ciudades de Zakho y Duhok que es controlada por el PDKI (de donde es originaria toda la familia de Barzani). La única ciudad que se encuentra bajo el control simultáneo y contradictorio de ambas fuerzas burguesas es Arbil, que al mismo tiempo constituye una frontera entre ambas regiones en conflicto.

Dicha lucha interburguesa adopta formas muy violentas, tratando ambas fracciones del capital de movilizar al proletariado a su servicio y de canalizar en ese sentido todas las contradicciones de clase que normalmente se desarrollan contra la propiedad privada y el Estado. Por ejemplo, después de la guerra, mucha gente de la ciudad de Sulemania se escapó hacia el campo y se instaló donde pudo construir un rancho o armar una tienda y cultivar la tierra. Estas tierras eran propiedad de grandes familias burguesas (en este caso del UPK de Talabani), que ahora quieren recuperarlas y expulsar a la gente. Algunos ocupantes rechazaron la expulsión de las tierras y para ello se organizaron y se defendieron con armas en mano: los enfrentamientos provocaron muchos muertos en ambos bandos. El PDKI aprovechó esta oportunidad para aparecer como el abanderado de la lucha contra las expulsiones intentadas por el UPK y en base a ello encuadra (o/y pretende encuadrar) esa lucha elemental por la subsistencia tratándola de llevar al terreno de la guerra interfracciones. Pero incluso así, este enfrentamiento genera contradicciones en ambos bandos. Por ejemplo, cuando ese conflicto armado ocurrió, Talabani que estaba en Holanda, no se animaba a volver por miedo a ser ejecutado hasta por sus propios peshmargan.

La ruta hacia Soran fue bloqueada por el PDKI durante 2 meses so pretexto de guerra lo que implicó que no entraban alimentos, que en poco tiempo los comercios no tenían que vender y que la gente reventara de hambre. Cada vez resulta más dificil desplazarse de una región a otra, pues aunque la frontera fue oficialmente reabierta hace poco, la circulación es tan peligrosa que la gente de Soran no se anima a entrar en la región de Badinan y viceversa. Se han realizado decenas de ceses de fuego o compromisos de paz, pero los enfrentamientos continúan proliferando. Oficialmente se reconocen 2500 muertos en los últimos combates, los diversos cuarteles generales del PDK en la región de Soran fueron atacados y asaltados por el PUK, lo mismo sucede, en la otra región, en el sentido inverso...

La vida cotidiana se ha transformado en un tormento, mientras se desarrollan los tiroteos entre el PDKI y el UPK, los precios se triplican cada 3 meses... A su vez este infierno, lleva a muchos a alistarse en los peshmargan, en búsqueda de una mejora en sus condiciones de vida puesto que ello les significa recibir comida y dinero tres o más veces por mes y además tener carta blanca para guardar armas en su posesión que mientras no las utilizan contra sus propios oficiales, les sirven para luchar por la vida.

En efecto, ni el PDKI, ni el UPK controlan a sus propias tropas. Las mismas se han autonomizado tanto que implantan la ley de la selva para poder sobrevivir: inventan nuevos impuestos, realizan todo tipo de extorsiones en nombre de su organización sin que ésta se entere... Así en Arbil, por ejemplo, los peshmargan roban en pleno día los comercios, sin que esto sea una política oficial del PDKI o/y del UPK. Esto es práctica corriente y la gente se ve obligada a defender sus casas con las armas en la mano.

Mientras se anuncia la realización de elecciones para mayo del 95 las dos fracciones burguesas más importantes en el Kurdistan tratan de reorganizar a sus tropas frente al enemigo, al mismo tiempo que ambas intentan mejorar sus relaciones con la burguesía occidental y se disputan el apoyo del Departamento de Estado norteamericano y los diversos servicios de inteligencia militar occidental. En función de sus fuerzas respectivas en el control de los proletarios y de sus relaciones privilegiadas con las fuerzas del orden imperialista mundial ambas oscilan en una política agresiva o pacifista. Así en los últimos tiempos mientras Barzani, se manifiesta por la paz, por reunir las familias, por el respeto a los comerciantes, por llegar a un compromiso que permita la realización de esas elecciones y aparece como una carta de la conciliación nacional kurda, Talabani que controla peor aun a sus propias tropas pero que tal vez perciba mejor la incapacidad de la burguesía para ofrecer una alternativa válida frente a la lucha proletaria, o mejor dicho que solo en la repolarización burguesa y en la guerra ve una posibilidad de paz social, se muestra mucho más partidario de la solución militar tanto contra la fuerza de Barzani como contra los Baasistas: cada vez habla más abiertamente de una salida militar y la ocupación de Kirkuk. Pero como lo hemos dicho muchas veces es absurdo hablar de una fracción burguesa más agresiva, más militarista o más imperialista que otra. Lo militarista y agresivo es el capital, y en general la fracción que se encuentra más fuerte militarmente y que tiene el resultado militar asegurado hace aparecer a la otra como más militarista (como sucedió en la "Segunda" Guerra Mundial) y no sería de extrañar que quien dé un salto de calidad en las hostilidades esté expresando con ello un aislamiento relativo en el plano internacional (15) (lo que dejando los rumores de que tal o tal "está apoyado por la CIA" es muy dificil de conocer porque las alianzas y compromisos se desarrollan en el más estricto secreto) así como una debilidad estratégica en la capacidad de controlar a los suyos e imponer sus intereses.

Guerras locales, bloqueos, hambre... y más terrorismo de Estado son las grandes perspectivas que continúa ofreciendo el capitalismo en la región. Los camiones repletos de víveres, que pasan cotidianamente por el Kurdistan, que luego de pasar por Turquía se dirigen a Bagdad, no deben ser tocados según rezan todas las fracciones burguesas, musulmanes, nacionalistas, baasistas,... nada más lógico que se reencuentren todos para mantener privado al proletariado de toda propiedad, incluido lo más elemental para subsistir. Pero por suerte siguen habiendo proletarios que desconocen y enfrentan el sacrosanto derecho a la propiedad privada: los asaltos de camiones, las tomas de los depósitos de víveres, las expropiaciones de los comercios y otros saqueos siguen siendo moneda corriente.

También lo siguen siendo las explosiones sociales, los ataques a tal o cual local oficial, la expropiación de tal o cual organismo humanitario, las huelgas y manifestaciones violentas. Contemos una sola historia ejemplar al respecto. Cerca de Sulemania y en la ruta que pasa a proximidad de un barrio marginal hubo repetidos asaltos de camiones con víveres. Las autoridades hicieron muchos intentos para que cesaran dichos asaltos pero no lo lograron y varias veces enviaron delegaciones a dicho barrio para dialogar, sin obtener ningún resultado. Al tiempo los sectores organizados que realizaban la expropiaciones dieron un paso más en su acción comunicando que desde ese momento apropiarían para su subsistencia un camión cada tres. Los nacionalistas de Sulemania enviaron entonces a uno de los líderes más populares a dicho barrio, que se había distinguido por su valentía en la lucha contra los baasistas, para tratar de encontrar una solución. El mismo se hizo presente junto con sus guardaespaldas; pero la única respuesta que obtuvo fue que lo sacaron a balazos: uno de sus guardaespaldas resultó muerto, hubo otros heridos y el barrio siguió apropiándose de un camión de víveres cada tres (16).

En cuanto a los grupos de militantes que se definen por el internacionalismo, hace ya un tiempo se abrió un período de rupturas, balances, decantación, nuevas convergencias, etc. que se tradujo en un cambio permanente e imposible de resumir de estructuras formales. En particular el conjunto de fusiones que dieron origen al desarrollo del Partido Comunista Obrero (Hikmati) se hizo en base a renuncias programáticas importantes de las estructuras o a las fracciones de las organizaciones que hacia el mismo convergieron y no fueron capaces de ofrecer una alternativa revolucionaria a la guerra imperialista que se desarrolla entre las fracciones nacionalistas kurdas: sus locales se vacían, los militantes de esos grupos se dispersan.

Ello sumado a la dificultad cada vez más grande a asumir una acción pública, a la inseguridad permanente de los desplazamientos, a la ruptura de las comunicaciones, a la necesidad del balance y el reconocimiento autocrítico de muchos errores... ha hecho que los núcleos de revolucionarios más interesantes y con más perspectiva internacionalista destinen en esta fase, lo mejor de sus fuerzas a la formación, a la realización de un balance de la lucha y a la discusión teórica, al mismo tiempo que a la dificilísima tarea de mantener los contactos internacionales. Claro que en ese proceso hubo también dispersión, desánimo y desorganización y muchos compañeros buscan salir de la región (lo que resulta sumamente difícil, pues aunque se escape a las redes represivas de los nacionalistas en Irak, no es fácil pasar desapercibido en los países limítrofes: en algunos -Turquía, Irak...- basta ser "kurdo" para ser considerado sospechoso y subversivo por los servicios policiales) pero ello no ha impedido que algunos puñados de compañeros que se mantienen en contacto, hayan continuado con las tareas de siempre, publicando algunos manifiestos y volantes revolucionarios contra la guerra (en especial el grupo Lucha Proletaria, ex Grupo de Acción Comunista, así como los compañeros del GCI) y que por ejemplo hayan logrado que las tesis y las posiciones de nuestro Grupo, contra todas las falsificaciones y provocaciones de que fuimos objeto (17) sean mejor conocidas en la región tanto en kurdo como en árabe.

Sin embargo, para terminar, creemos indispensable insistir en lo crítico de la situación de los compañeros internacionalistas en la región. Situación crítica por la miseria, por la dificultad de actuar, de comunicarse, de resistir al desarme, pero también por expresar contra toda la corriente que se polariza en base a las nuevas guerras interburguesas, la salida revolucionaria e internacionalista.

Y son esos mismos compañeros, los que nos llaman a la acción. Acción internacionalista contra la propia burguesía en cualquier parte del mundo en que te encuentres. Demos lo mejor de nuestras fuerzas por difundir ese ejemplo extraordinario del proletariado en la región, desintegrando un ejército, matando a los milicos, asesinos y torturadores. Porque al fin y al cabo, si tanto se ha ocultado internacionalmente lo que pasó en Irak en marzo del 91, es porque la burguesía del mundo tiene un horrible terror de que lo mismo suceda en otras partes.

Frente a eso nuestras tarea es obrar para que eso suceda en todas partes, para que se conozca esa acción ejemplar del proletariado en Irak; para que contrariamente al pasado la burguesía no pueda aislar la lucha a un solo país, para que tanto cuantitativa como cualitativamente se vaya más lejos aún, para que el proletariado de todos los países pelee contra su propia burguesía y destruya sus bastiones, haga saltar en pedazos sus comisarías, rompa las cárceles, destruya sus ejércitos y policías, reviente y ejecute a sus torturadores y sobretodo que tome en sus manos la revolución comunista apropiándose de todo el poder de la sociedad de todos los medios de producción para destruir el asalariado, la mercancía, las clases sociales, el Estado,... en fin para hacer añicos este mundo carcelario de penuria, de miseria, de guerra... y constituirse en verdadera COMUNIDAD HUMANA MUNDIAL.

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Notas :

1. He aquí textualmente lo que dice esa organización: "En Irak, el gobierno pudo enviar a la masacre al contingente, los obreros, los campesinos y sus niños. Ahí la clase obrera es minoritaria y se encuentra ahogada en una población agrícola o semi-marginalizada en barrios de chabolas, no posee casi ninguna experiencia histórica de combate contra el capital. Y sobre todo la auseencia de luchas suficientemente significativas de la parte de los proletarios de los países más industrializados le impide concebir la posibilidad de un verdadero combate internacionalista. También le ha sido imposible resistir al alistamiento ideoelógico y militar lo que la ha obligado a servir de carne de cañón para los objetivos imperialistas de su burguesía. La superación de las mistitificaciones nacionalistas y religiosas, entre los trabajadores de esas regiones, depende en primer lugar de la afirmación internacionalista, anticapitalista de los proletarios de los países centrales."

Traducido de "Le prolétariat face à la guerre du Golfe" publicado en la Revue Internationale Nº65 de la Corriente "Comunista" Internacional.

2. Ver en Comunismo Nº33, en el recuadro de la página 7, correspondiente al artículo "¡Acción directa e internacionalismo!", una enumeración más completa de las ciudades que fueron ganadas por el proceso de rebelión generalizada.

3. El ejército de la Coalición participará activamente en las masacres de proletarios de muchas maneras. Por ejemplo cuando agarraba a los escapados, no dudaban en desarmarlos y obligarlos a retornar a territorio iraquí. En otros casos se los hace prisioneros y se los interna en los campos de concentración de Arabia Saudita. Muchos de estos prisioneros serán ejecutados luego de finalizada la guerra por haberse sublevado en estos campos contra las medidas represivas y terroristas que las autoridades de Arabia Saudita impusieron en los mismos.

4. "Shora" es también el nombre propio adoptado por una organización político formal y que se hace conocer masivamente antes y durante la insurrección de marzo del 91.

5. "Perspectiva Comunista" es una organización creada en 1983, con presencia militante en todo el Irak, pero sobretodo en el Kurdistan. Durante el período de desarrollo de los Shora, organizaron un Shora propio, que se hizo conocer con el nombre de Shora de Perspectiva Comunista.

6. Ver también el Anexo 1.

7. Como lo hemos dicho en otras oportunidades Peshmargas quiere decir combatiente o guerrillero. Aquí se trata claramente de dos proletarios, encuadrados por las fuerzas nacionalistas y que en su gran mayoría se encontraban en las montañas próximas pero ante la desorganización de las fuerzas baasistas aprovechaban para ir a ver a su familia a la ciudad.

8. Aprovechamos la oportunidad para escupirle una vez más en la jeta a todos los antiterroristas y "antisubstitucionistas" opuestos al armamento previo y a la preparación indispensablemente clandestina de la insurrección. Estos son los culpables de ese tipo de masacre en nuestras filas. Cuanto menos potencia de fuego, cuanto menos dirección centralizada tiene una insurrección obrera, más muertos, heridos, inválidos quedarán en las filas de la insurrección.

9. Salvo el edificio rojo que tal vez por los recuerdos que suscite nadie se preocupará por ocupar y que con el transcurrir de los meses se transformará en vivienda de familias que no disponen de otro techo para alojarse.

10. Y no debiéramos olvidar, que como decía los revolucionarios de origen italiano el antifacismo es el peor producto del fascismo.

11. Los "Mujaidines del Pueblo" ("organización de combatientes de la libertad del pueblo de Irán") que escapaban a la represión de los Ayatolás se refugiaron en Irak en la década del 80 y desde entonces fueron protegidos por el gobierno de este país, a cambio de lo cual constituyeron siempre cuerpos de choque contra el proletariado en Irak. No es en balde que el proletariado en este país siente tanto terror ante la posible presencia de esos criminales abanderados con la libertad del pueblo.

12. En forma permanente aparecen en la prensa árabe, kurda, inglesa... noticias entrecortadas que dan cuenta de revueltas proletarias y de enfrentamientos al orden burgués, cada vez más generales. Así por ejemplo a fines de mayo de 1992 hubo importantes luchas en las ciudades del Sur de Irán. En Meched los proletarios atacaron la intendencia y la dirección provincial de la Economía y se hablaba oficialmente de 300 detenciones.

13. Como lo hemos señalado en otros textos decir el proletariado de tal país se solidariza con el de tal otro, contiene una concesión ideológica: el proletariado no tiene país, no tiene patria, no es de tal país o de tal otro sino que el proletariado (cuya existencia en contraposición al capital solo puede ser mundial) actúa vive y lucha en un país. En términos estrictos tampoco sería correcto decir que se solidariza como si por el hecho de vivir en un país diferente los miembros de una clase en un país tuvieran la opción de ser o no solidarios. Lo que sucede cuando no se es solidario, es que simplemente el proletariado se está negando como clase, está actuando como carne y hueso al servicio del enemigo. En principio una clase es por su propia esencia solidaria, incluso en el sentido de estar solidariamente unida, sea o no consciente de ello. Pero el lector comprenderá lo dificil que es escribir o expresar en castellano la idea más correcta sin que pierdan sentido las frases (toda propuesta al respecto de los lectores será bienvenida), pues si cambiar en cada caso "el proletariado de un país" por "el proletariado en un país" hace ya casi ininteligible lo que se quiere expresar, sería realmente imposible expresar todas las contradicciones que tiene el proletariado en su constante movimiento de constitución y de desestructuración; de solidarizarse (es decir de devenir una sola fuerza sólida frente al capital) y resquebrajarse en base a la sumisión a las leyes de su enemigo (la competencia, el localismo, el nacionalismo...). Una vez más constatamos que el lenguaje de que disponemos, no es un simple instrumento o vehículo de trasmisión del pensamiento, sino también un elemento de la dominación de clase, que no ha sido históricamente constituido para expresar la dinámica de la vida, el devenir de la revolución; sino por el contrario, la estática de la conservación.

14. El Estado mundial puede concretarse en cualquier "Estado" nacional, pero también la ONU y sus cuerpos expedicionarios pueden asumir esta función clásica del capital mundial organizado en potencia de desestructuración de su enemigo de clase.

15. Como por otra parte seguirá sucediendo con Saddam Hussein y los baasistas.

16. Estos hechos sucedieron durante el 93. No tenemos noticias de la evolución posterior de la situación.

17. Se han difundido volantes, se ha hablado en la radio y en la televisión en nombre del Grupo Comunista Internacionalista, pretendiendo que éste apoya tal fuerza en las elecciones o tal posición de autodeterminación nacional. Estando todas estas posiciones en contraposición total con nuestras tesis programáticas no nos cabe la más mínima duda de que detrás de tales actuaciones se encuentra la voluntad de sembrar la duda y la confusión. Por otra parte la información que nuestros compañeros poseen indica que por lo menos en alguno de los casos hubo intervención directa en la difusión de tales posiciones, de personajes importantes del nacionalismo, enemigos directos (programáticos y personales) de los militantes internacionalistas.

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Lea tambien

"Anexo 1: Carta desde el Kurdistan"

"Anexo 2: Traducción de volantes"

"Anexo 3: Traducción de un volante de nuestro grupo"

 


CO35.1 Revolución y Contrarrevolución en Irak