Este breve texto, pretende esquematizar y sintetizar las características generales de las luchas de clases en la época actual, haciendo abstracción de todo elemento particular. Aunque este tipo de esquema no podrá nunca dar una receta para cada momento de la lucha, nos parece sumamente útil para sentar las pautas internacionales de orientación del accionar de las minorías de vanguardia del proletariado.

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Formas generales y permanentes de la canalización de la lucha de clases

El modo general de mantenimiento del orden burgués, implica como es obvio, la negación permanente y cotidiana de toda organización del proletariado como clase, para destruir el capital y el Estado; sin embargo no niega abiertamente los intereses de los obreros (cómo en los primeros siglos del desarrollo capitalista) sino que los encuadra y transforma en los intereses normales del ciudadano, o del vendedor de mercancías (lo que evidentemente es también una negación de los intereses del proletariado, en forma no abierta). O mejor dicho, la mejor forma que ha encontrado el capital (1), para mantener diluido como clase a su enemigo histórico, es la diseminación de ese enemigo en el ciudadano atomizado o/y su dilución en tanto que sectores económicos gremiales, como vendedores de la mercancía fuerza de trabajo. Las expresiones más desarrolladas de ambas negaciones de los intereses antagónicos de clase, son: el electoralismo y el sindicalismo. Claro que esta negación permanente del proletariado como clase, que se vive cotidianamente y que asume la forma de paz social, está, tanto histórica, como lógicamente, sustentada en el terrorismo general monopolizado por el Estado. Pero dejemos ahora tanto este aspecto tan decisivo, así como la ciudadanización y el electoralismo que han sido objetos de otros textos (2) y concentrémosnos en el tipo de canalización propiamente obrerista de las luchas.

No cabe duda de que el capital siempre que puede (y en concordancia con su táctica general de división del proletariado) "trata" al proletariado sector por sector. En dicho contexto, los sindicatos y otros aparatos de control y división de los proletarios, logran mantener la paz social, encuadrando las luchas en "huelgas" y "manifestaciones". No solo estas "luchas" sindicales no cuestionan la paz social, sino que el partido histórico de la contrarrevolución (la socialdemocracia en todas sus formas), utiliza la huelga de brazos cruzados y las manifestaciones pacíficas, como las formas por excelencia de canalizar y agotar las energías proletarias.

Afirmamos esto no solo refiriéndonos a sus extremos de paros de trabajo parciales, con aviso previo y tiempo determinado que por supuesto no pueden sino agradar a los patrones, sino incluso a aquellas "huelgas" (3) que organizan los sindicatos con cierta radicalidad (que pueden incluir hasta actos violentos que a menudo corren por cuenta de los sindicalistas "combativos") pero que en general no rompen fundamentalmente con la paz social, por su carácter gremialista, por su localismo, por enclaustrarse en su categoría social, en una reivindicación particularista frente a tal patrón o poder municipal o nacional... lo que se traduce en general por decisiones de "todos los trabajadores" de no dejar entrar a ninguna persona que no sea de ese lugar de trabajo, etc. Ese es el seguro sindical de que la "lucha" no será una lucha proletaria contra el capital, sino una expresión cualquiera del particularismo y en general de la competencia burguesa. Por otra parte se canaliza la fuerza proletaria en reivindicaciones que no atacan fundamentalmente la tasa de explotación (se es responsable frente a las "necesidades de la economía nacional") o/y se erigen barreras entre los obreros de tal o cual sector con los de tal otro. Por supuesto que en aquellos países adonde la competencia capitalista se desarrolla en base a las luchas autonomistas o nacionalistas, se utiliza a fondo dicha carta para aumentar la división de los proletarios.

Lo mismo sucede con las manifestaciones, aunque se acepten tales o tales expresiones radicales, las marchas pacíficas, bien encuadradas, con reivindicaciones parcializadoras y que en general cuentan con el beneplácito de las fuerzas del orden, solo tienen como función el simulacro de la protesta, el desvíar y el desgastar las energías obreras (4).

Con el desarrollo del capital, este tipo de prácticas se ha ido consolidando, adquiriendo verdadera carta de ciudadanía en toda organización de la dominación capitalista más o menos estable. Si desde muy temprano, en los albores del proletariado, al lado de las asociaciones obreras, surgieron (como recuperación de aquellas o como creaciones directamente burguesas) los sindicatos u otros aparatos del Estado (cuyas denominaciones son muy cambiantes según el país) encargados de realizar ese encuadramiento "obrero" de las luchas para transformarlas en su contrario, con el tiempo, todas las asociaciones masivas y permanentes de obreros, fueron recuperadas y transformadas en aparatos de dominación estatal. Ello constituye una manifestación palpable de la imposibilidad de la coexistencia pacífica entre los intereses del capitalismo y los del proletariado: contrariamente a lo que dijeron siempre todos los sindicalistas y socialdemócratas en general (incluidos los maoistas, trotskistas o guevaristas que sostienen que los sindicatos aunque no luchan por los intereses históricos del socialismo, defienden los intereses inmediatos de los proletarios) ni siquiera se puede defender los intereses inmediatos del proletariado sin enfrentarse, al capital y por lo tanto al Estado.

Paralelamente a la conquista por parte de los sindicatos d e su lugar en el Estado burgués al lado de la policía y el ejército en su función de aparatos de liquidación de nuestras luchas, las prácticas mismas que esos aparatos impulsaron, el asambleismo, los paros parciales y las "huelgas" controladas, las manifestaciones pacíficas, etc. se consolidaron como prácticas indispensables al mantenimiento del orden burgués en todas partes.

¿Cuáles han sido las consecuencias de este proceso, desde el punto de vista de las dos clases enemigas?. Desde el punto de vista del capital, es lo más normal del mundo, es el proceso mismo en el cual el capital se afirma y demuestra su omnipotencia y hasta su pretensión de eternidad, recuperando todo lo que antes le era opuesto, cooptando "hombres", aparatos, organizaciones, consignas, formas de lucha, para ponerlas a su servicio.

Si antes, al oír la palabra "HUELGA!" los proletarios de todo el mundo se sentían concernidos, si en cualquier ciudad, pueblo, fábrica o barrio los proletarios se reunían en tanto que proletarios, porque su vida misma, era vida colectiva de clase, si durante décadas la vida de los explotados incluía la discusión cotidiana de las condiciones de supervivencia, de lucha, si en todas partes, cualquiera hayan sido la heterogeneidad de la conciencia de clase, se discutía acerca de los males de esta sociedad, sobre la necesidad de destruir el capitalismo, de enfrentar al Estado, de construir una sociedad sin explotados, ni explotadores,... no hay duda de que en las últimas décadas y cada vez más, todo ello ha desaparecido. El proletariado mismo, pareciera no existir más a nivel mundial (5). En la vida de todos los días solo parecieran existir individuos, ricos, pobres, menesterosos, desocupados, delincuentes, nacionalistas, terroristas, ciudadanos, campesinos, intelectuales, feministas, estudiantes, electores, ecologistas... Los intelectuales al servicio de la clase dominante o/y la vieja ideología imbécil de la pequeña burguesía, que hablan de la desaparición del proletariado no dicen solo un conjunto de mentiras que deleitan de placer a toda la burguesía mundial, sino que expresan ese aspecto parcial de la realidad, que padecemos nosotros mismos, hermanos proletarios.

Los proletarios mismos no se sienten proletarios, la inconsciencia es tal que ni siquiera se saben como perteneciendo a la misma clase. Este de aquí se siente muy por encima del proletariado porque se pone una corbata y trabaja en el banco, el otro se siente campesino y pobre, el de más allá está desocupado, el otro cree que su misión en la vida es la lucha por el feminismo, muchos otros se encuentran integrados a diversos niveles en las luchas capitalistas racistas (incluyendo las antiracistas), nacionalistas, antimperialistas, etc. Y por ende, ni siquiera se reúnen, ni siquiera intercambian ideas sobre la vida, sobre el mundo en tanto que proletarios; en los cafés solo se habla de fútbol, y la mayoría ni siquiera va al café, sino que ha sido casi totalmente liquidado como ser humano y en las pocas horas que la esclavitud del trabajo le deja libre, solo es un espectador. La combinación televisión y video, ha completado la obra histórica del Estado al llevar a un nivel superior la liquidación del proletariado, su diseminación individualista y familiar: ya no solo está encerrado las 8 horas de trabajo y las 8 en las que necesita dormir para volver a ir a trabajar, ahora está también encerrado las 8 restantes.

El capital hace lo posible por llegar a la culminación ideal de todo este proceso. Por llegar a una sociedad en la cual ya no hubiera más enemigo histórico amenazante, en la que solo existieran productores-buenos ciudadanos y si se puede humanoides, idiotas útiles que lo reproduzcan sin cuestionarlo en absoluto. Todos los sectores de actividad y de investigación hacen lo posible para esa meta idealista. En la fábrica y el escritorio, se sustituyen los hombres por automatismos y estos por máquinas. La informática y la robótica tienden idealmente hacia un mundo en el cual toda vida humana haya sido sustituido por un aparato artificial. La biología, la genética, los estudios sobre inseminación tienden a ese mismo objetivo: la creación de un "hombre" que no sea tal, que haya sido programado por esta sociedad, es decir por el capital. Mientras ese humanoide no sea aun producto de laboratorio, mientras no se pueda producir un cuerpo "humano" que cree valor sin protestar nunca (6), al que se le hayan extirpado de su genética toda capacidad de revuelta, toda capacidad de pensar de otra forma que no sea la que necesita la sociedad; se trata de lograr algo lo más parecido posible en base todos esos instrumentos de imbecilización colectiva que son el video, la televisión, los juegos informáticos, las elecciones, las drogas... y para todo aquel que no lo acepte existen los hospitales psiquiátricos, las prisiones, los manicomios, los tranquilizantes, las guerras, los virus, los accidentes nucleares, etc. Y como si todo esto fuera poco, como si aun no fuese suficiente con toda esta deshumanización del ser humano, nos prometen para dentro de muy pronto los juegos con imágenes virtuales (que según dicen sus admiradores, debiera "abolir la distinción entre lo imaginario y lo real), en donde se podrá "realmente gozar" (7) con una "pareja virtual", "viajar por todo el mundo" sin salir de su casa, "luchar frente a frente estando en América con alguien en Europa",... siempre sin salir de las cuatro paredes.

Es cierto, los logros de nuestros enemigos han sido considerables, efectivamente la sumisión es profunda, el desconcierto general, la imbecilización colectiva como nunca ha sido. Y sin embargo, el proletariado no ha muerto.

Es cierto que no se expresa como antes, cotidianamente, con centenas de asociaciones permanentes, con redes de solidaridad, con grupos internacionales e internacionalistas, con prensa obrera que liga los proletarios de todos los continentes... Pero cuando se expresa, lo hace directamente en forma violenta y generalizada.

Precisamente, como ni siquiera pueden ser creíbles las "huelgas" que organizan los sindicatos, como el sistema político nacional y sus juegos electorales, no tienen el atractivo de antes cuando se creía que un partido parlamentario o un gobierno podía cambiar la situación, como las manifestaciones pacíficas y otros paseos por tal o tal reivindicación parcial han perdido también su atractivo,... es decir, como las viejas mediaciones estatales han ido perdiendo su capacidad de válvulas de escape, el proletariado, que algunos consideran ya muerto y enterrado, cuando reaparece, lo hace con todo: sin aceptar mediaciones, sin que se lo pueda parar con huelguistas, manifestaciones pacíficas o promesas de elecciones.

En los últimos años, cuanto más quedaba claro la inexistencia de estructuras de encuadramiento del proletariado, cuanto más se consideraba que el proletariado había desaparecido para siempre, más sorpresivas han resultado las revueltas generalizadas que se desarrollaron en una ciudad, en varias, o en todas las ciudades de uno o varios países. Mencionamos solo algunas que consideramos más importantes: Venezuela, Birmania, Argelia, Marruecos, Rumania, Argentina, Los Angeles...

Es claro que estos ejemplos son bien diferentes, en cuanto a la profundidad y duración del cuestionamiento del orden burgués, tal como los hemos tratado en nuestras diferentes publicaciones; pero no debe olvidarse que de lo que se trata en este texto, no es del análisis de esas diferencias, ni tampoco de la comparación entre estas situaciones, sino bien por el contrario de describir lo que en ellos hay de común.

Así por ejemplo, si en esta enumeración no incluimos el caso de Irak, no es porque en ese país no puédamos subrayar los aspectos de fuerza que observamos en la mayoría de las actuales revueltas proletarias, sino por el contrario, porque en la última década en ese país ha existido una continuidad en el asociacionismo proletario, en la acción de grupos comunistas, en la presencia de banderas proletarias, que constituyen casi una excepción y en todo caso, un aspecto contra corriente, que hace que la situación de la lucha de clases en este país, desborde el esquema general que intentamos describir en este artículo. Es claro que este texto no pretende prever hasta que punto esta superación puede a su vez, operar como acicate para una superación generalizada. Al respecto lo que resulta objetivo es la dificultad enorme que encontramos los proletarios internacionalistas para que sea así. Ver en esta misma revista el artículo "Acción directa e internacionalismo".

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El tipo de revueltas proletarias que caracteriza el período actual: la fuerza proletaria

Antes el proletariado mostraba cotidianamente su existencia y su antagonismo con el orden social. Actualmente, si exceptuamos la existencia de minúsculas organizaciones proletarias revolucionarias que existen en permanencia (como por ejemplo nuestro Grupo) y cuya existencia misma, como producto histórico del proletariado y su práctica histórica, afirma, contra-corriente la determinación proletaria; el proletariado solo muestra que existe, solo desmiente su famosa desaparición histórica, en base a esas explosiones sociales que caracterizaron la década de los 80 y lo que va de la del 90 (8). Trataremos de subrayar los rasgos, que consideramos esenciales de dichas revueltas.

Dichas explosiones se caracterizan por la acción violenta y decidida del proletariado que ocupa la calle y enfrenta violentamente a todos los aparatos del Estado. La masificación se opera en un santiamén, la generalización es rapidísima. El hecho de que se ocupe directamente la calle, tiende a producir una ruptura violenta con todas las categorías en que el capital divide a los proletarios: el cuadro restringido de la fábrica, de la mina, de la oficina... es roto, desocupados, mujeres que el capital condena al trabajo doméstico, viejos, niños,... se unifican en la acción directa.

Dichas revueltas se producen en general sin objetivo definido y explícito y mucho menos con algo positivo que proponer. El punto de partida es en general un "¡no aguantamos más!" muy general, en donde se mezclan aspectos económicos, políticos, sociales. "¡No aguantamos más la represión!", "¡no, este aumento de precios es demasiado!", "¡contra la prepotencia policial y el partido gubernamental!", "¡queremos comer!" "¡no podemos seguir viviendo con otro ajuste de cinturones!", "¡no aceptamos el nuevo aumento de precios de tal o tal artículo de primera necesidad!",... son en grandes líneas los elementos aglutinantes de la acción unificada del proletariado.

Este no es un rasgo particular del período, en toda la historia de nuestra clase las revueltas masivas y violentas concentran estas negaciones colectivas de tal o tal acción del capital y el Estado. Lo que, tal vez, caracterice la actualidad, es el hecho de que no hay un crecimiento cuantitativo visible antes de la explosión, que el "¡no va más!" proletario no sea precedido de un conjunto grande de luchas parciales. Todo lo contrario, el período actual se caracteriza, precisamente por esa reafirmación de la existencia del proletariado tan fugaz, que fuera de esos momentos, el proletariado parece dispuesto a aceptar todo, que el capital mismo se sorprende de la poca resistencia que suscitan sus criminales medidas de austeridad (9).

Por el hecho mismo de que no hay una serie de reacciones cotidianas a los distintos ataques del capital, el mismo va siempre demasiado lejos y lleva efectivamente al proletariado a una situación desesperada. Efectivamente al proletariado mundial nunca se lo maltrató tanto, nunca se lo sometió a una situación tan límite, nunca se lo encerró tanto en un callejón sin salida, nunca se lo acorraló a tal extremo. Esa es otra característica importante de esas luchas, se tratan de verdaderas explosiones porque efectivamente al proletariado se lo lleva a una situación desesperante, insoportable, inaguantable, intolerable...

La economía siempre sacrificó al ser humano como lo señalara Marx, pero la renuncia total a todo lo que un ser humano necesita en nombre de la rentabilidad de las empresas y la competitividad de la economía nacional, nunca se pudo anunciar públicamente con tanto descaro como en el presente, porque nunca hubo menos protesta cotidiana contra esa (la verdadera) razón de Estado. Nunca se pudo presentar abiertamente, esa inhumanidad que guía la sociedad, generando tan poca indignación. Esa misma lógica conduce a situaciones explosivas en la que se aguanta mucho más de lo que antes se podía imaginar, pero necesariamente llega un momento que por más cuentos y mentiras que se cuenten, objetivamente no se aguanta más y el estallido es inevitable.

El hecho mismo de que la lucha adopte esa forma de detonación imparable determina un elemento de fuerza importante: el efecto sorpresa que paraliza al enemigo que se encuentra sin la menor idea de como responder (10). El viejo arsenal socialdemócrata reformista no tiene ningún efecto contra la acción violenta y decidida del proletariado. El sindicalismo resulta totalmente incapaz de responder y encuadrar la generalización de la violencia proletaria. Las diferentes estructuras regionales, o barriales, los asistentes sociales y en general los diferentes agentes estatales de mediación social son totalmente desbordados. La ausencia de reivindicaciones concretas hace más ardua su labor reformista y liquidadora del movimiento. Si se ponen delante, el proletariado, les pasa -literalmente- por arriba. Precisamente el hecho de la ausencia de reivindicación positiva y la participación del proletariado sin división categorial, es un elemento de fuerza del movimiento: la contraposición a todo lo que venga desde el poder, la negación de todo lo que existe, que todos la izquierda burguesa critica de estos movimientos, está marcando la necesidad de la revolución comunista.

Los propios protagonistas benefician siempre de este mismo efecto sorpresa. La incomunicación generalizada que domina normalmente la paz social, el individualismo supremo que existe en el mundo de todos los días, el "cada uno hace lo que quiere en su casa", vuela en pedazos en la acción directa callejera (aunque más no sea en esa minoría decidida que toma la iniciativa y aunque solo sea en los momentos de lucha abierta). Todo el que haya participado en esos movimientos descubre una solidaridad que no conocía, se sorprende de la falta de egoísmo que existen en las barricadas, de la extraordinaria organicidad con que se estructura la acción. Más aún, en muchos casos descubre, en el vecino que no saludaba, en el colega de trabajo que consideraba un imbécil, en el amigo que solo hablaba de fútbol,... un compañero que pelea codo a codo con él.

En todos los casos se atacan e incendian, las comisarías, los edificios de los partidos gobernantes, los locales sindicales y de otros aparatos estatales (intendencias, locales administrativos oficiales, juzgados...), se ejerce la acción directa contra los representantes oficiales del régimen y se ajustan cuentas con los colaboradores más o menos encubiertos; en algunos casos se atacan las cárceles y se logra liberan a los presos. Todo ello independientemente de la consciencia más o menos difusa de los protagonistas, es no solo una brutal demostración de reconstitución, de existencia de nuestra clase, sino del antagonismo general entre el proletariado y todo el Estado burgués.

Otro indiscutible elemento de fuerza de esas revueltas proletarias es la expropiación, más o menos organizada por grupos de vanguardia, de la propiedad burguesa. Barriendo con prejuicios ancestrales, desafiando el terrorismo del Estado (11) los proletarios toman lo que necesitan, intentando destruir así todas las mediaciones a las que el capital los condena: dinero, salario, trabajo, etc. Para muchos es el primer día de su vida en el que pueden comer realmente lo que quieren y una gran parte de los que participan en la revuelta logran aprovisionarse de lo que siempre quisieron tener y nunca pudieron: una televisión, un calefactor, un almohadón de plumas, un traje de seda... Se festeja, por una vez, se bebe sin restricciones (y bebidas menos falsificadas cuyos precios las hacen en general prohibitiva)... en fin se come bien ignorando las privaciones de todos los días, se baila y se canta...

Y conjuntamente con esa afirmación elemental de los intereses proletarios contra la propiedad burguesa, con esa fugaz afirmación de la vida humana contra esta sociedad de privaciones, de guerra y de muerte, que anuncia la posibilidad y necesidad de la dictadura del proletariado contra la misma, se plantean los primeros problemas organizativos. En las barricadas, en los barrios donde la policía no se anima a entrar, se organizan grupos de acción, se distribuyen responsabilidades, se planifican acciones más arriesgadas que requieren más fuerza organizada (12) y se discuten criterios: de acción, de repartición, de empleo de la violencia, de cuales comercios atacar, de formas de autodefensa, etc.

En todas esas protestas, luchas, saqueos,... hay pues una tendencia real a asumir en forma embrionaria la guerra civil a la que el capital nos empuja. En muchos casos soldados o/y policías enviados a restablecer el orden mortuorio del capital, se niegan a tirar y en algunas ocasiones hasta se pliegan a los proletarios en lucha.

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El tipo de contraofensiva burguesa: zanahoria, garrote y desinformación

Pero por supuesto que todo no es color de rosa; que en la primeras de cambio hay cuerpos armados del capital especialmente formados para este tipo de circunstancias que no dudan ni un instante en reprimir sanguinariamente.

Pasado el primer momento de sorpresa, producto de la extensión violenta y sorpresiva del movimiento, la burguesía prepara su contraofensiva. La clave es siempre el separar la mayoría de los proletarios de su vanguardia.

Esa división actúa sobre los límites mismos del movimiento, sobre la división real que se opera en el proletariado entre quienes forman parte activa en la lucha y quienes se oponen a la misma. La potencia permanente de la ideología burguesa, hace que incluso en esos momentos álgidos, solo participe una minoría, que sectores proletarios más dominados por los sindicatos o partidos políticos burgueses, no solo niegue su participación, sino que se oponen a esas prácticas y que estén predispuestos a aceptar la versión oficial (o de la oposición a su majestad, que frente al proletariado en lucha, coinciden siempre) acerca de los acontecimientos.

Todos los aparatos de fabricación de la opinión pública, juegan sobre esa base, su papel decisivo de institucionalizadores la mentira: solo se difunde lo que le agrada a la policía (13). Se descalifican los actos más decididos, se habla de provocadores, de agentes del exterior, de terroristas, de subversión internacional... Si además, la burguesía local cuenta con tal o cual división local -racial, nacional, ideológica,... todos los medios de difusión saben que es el momento de utilizarla: "los que siembran el desorden son los extranjeros", "son los negros contra los coreanos", "son solo los favelados", "son solo los kurdos", "se trata de un sublevamiento integrista", etc.; lo que es una seria tentativa de negar al proletariado como tal. De más está decir que esta forma de ataque contra nuestra clase va a ser repercutida, ampliada, multiplicada,... por todos los medios de comunicación internacional. Lo más importante es que en esa revuelta no se vea ninguna causa general o universal. Los proletarios de otra parte del mundo nunca se enteran de que otros proletarios se revelan en tanto que proletarios; para los medios, que se suponen nos informan, nunca hay revueltas proletarias sino revueltas "integristas", "palestinas", "antidictatoriales", "de inmigrantes", de "hambrientos", "típicas del tercer mundo", de "árabes"...

La contraofensiva burguesa se estructura organizando prácticamente la separación entre los "buenos y honestos ciudadanos" y los "provocadores", entre los nacionales y los extranjeros, entre los buenos trabajadores y los haraganes, entre los empleados honestos y los marginales, para unos la zanahoria, para los otros el garrote.

Siempre se hacen concesiones en ese momento: se sacrifica algún Intendente o Ministro, se anuncian medidas contra la pobreza, se anulan los aumentos de precios que fueron el detonador de la explosión, se abastecen los almacenes subsidiados, se anuncian medidas caritativas... Y en el mismo momento se reprime violentamente de la manera más selectiva posible. Todos los manuales de contrainsurgencia insisten en la selectividad de la represión, en que para "evitar la simpatía de la población hacia los subversivos la represión debe ser selectiva y no reprimir indiscriminadamente". Por eso el hecho de que los aparatos oficiales del Estado trabajen intensamente en la represión activa y en la calle de los sectores abiertamente más decididos no es suficiente y desde mucho antes se han preparado a tales efectos de aparatos supuestamente no oficiales: grupos paramilitares, especialistas del crimen mitad sindicalistas, mitad mafiosos, escuadrones de la muerte, etc.

La desinformación es total, no se cuenta lo que realmente sucede en la calle, sino que se mezclan escenas o fotos de "barbarie", recuperaciones, incendios, escenas represivas, con el discurso de tal o tal político sobre las "causas de los disturbios". Nunca falta el "toque de veracidad" envenenado: por ejemplo un pobre diablo al que le incendiaron y expropiaron un pequeño almacén con el que apenas lograba vivir él y su familia (14). Poco a poco se va a abandonar totalmente lo que pasa en la calle y demás en más nos bombardearán con los discursos políticos en el que nos tranquilizan, en el que nos dicen que se vuelve a la calma, que tal cosa será revisada, que fulanito renunciará, que habrá nuevas elecciones, que se puede comprender que la situación de miseria sea insostenible pero que eso no justifica tal o cual acción, que el movimiento está manipulado por agitadores profesionales, etc. En ese pasaje difícil de la correlación real de fuerzas entre las clases que se plantea en la calle, a las soluciones políticas todos los agentes del Estado colaboran, desde los periodistas a los sindicalistas, pasando por los curas, los sociólogos, la policía, los ecologistas, los partidos de izquierda y de derecha.

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Debilidades reales de nuestra clase

Es cierto que los burgueses se pegan un tremendo cagazo, que retroceden, que a veces nos damos el placer de infundirles un terror que nunca antes sintieron, que por algunos días realizamos algunas de nuestras necesidades inmediatas y que en barrios y hasta ciudades enteras, por primera vez en la vida, se festeja enserio.

Pero no nos engañemos, ello dura poco, demasiado poco. En pocos días el capital impone el orden terrorista. Muchas veces,... lamentablemente la mayoría de las veces, la masacre es enorme, el costo en vidas humanas, en heridos, en el fichaje y el emprisionamiento de nuestros mejores compañeros, en el terror que logra volver a imponernos el Estado es imponente. Véanse por ejemplo los casos de Venezuela, de Argelia, de Los Angeles,... Incluso en proporción a la efímera victoria de algunos días ocupando la calle, lo que se produce siempre es una profunda derrota, que demora años en volver a cuestionarse.

Por ello taparse los ojos a esta realidad y hacer la apología de este tipo de revueltas, como si la forma que adoptan fuese "la forma al fin encontrada de la lucha revolucionaria" (15), es criminal. Si bien no podemos impedir que diferentes inmediatistas y modernistas hagan esa apología barata de este tipo de movimientos, nuestro deber, el deber de los revolucionarios, es hacer la crítica militante de esta acción de nuestra clase.

Es grave, es trágico que nos maten compañeros y que no podamos reaccionar. Es triste, que la fuerza que logramos tener unos días la hagan pedazos también en un santiamén, que al otro día estamos tan solos como antes (16), que la solidaridad práctica que vivimos unos días desaparezca mucho más rápido de como vino, que no seamos capaces de arrancar a los compañeros de las cárceles, que el "arreglate como puedas" vuelva a dominar nuevamente al otro día que abandonamos la calle, que el individualismo, el egoísmo, el impotente ciudadano vuelva a tomar el lugar central en la escena histórica y que hasta la historia que vivimos sea negada, por las versiones dominantes y los olvidos de nuestra propia memoria social sometida a sus cuentos.

Son consecuencias trágicas, de esa falta de asociacionismo permanente del proletariado, que caracteriza el mundo actual. Del hecho de que no haya núcleos permanentes, centros de reunión, prensa clasista y masiva, organizaciones internacionales de revolucionarios capaces de reagrupar la vanguardia de la real comunidad de lucha que se manifiesta esporádicamente. Se comprenderá, la importancia que tiene hoy más que nunca el trabajo militante permanente, la acción directamente comunista internacionalista, en contra de toda la corriente, en torno a un programa revolucionario de acción, de organización, de perspectiva, como el que desarrolla, nuestro pequeño grupo militante: el Grupo Comunista Internacionalista a pesar de nuestras muy modestas fuerzas.

La ausencia de esas formas generales de organización se concretan en los momentos decisivos de la acción en la falta de criterios más generales para enfrentar al enemigo, en la falta de estructuras organizativas, en la falta de consignas claras, en la falta de perspectiva, en la ausencia de dirección. Si bien la intuición clasista es suficiente para saber que es lo que hay que expropiar, los lugares que hay que golpear o los enemigos visibles que hay que enfrentar (en general la policía y otras fuerzas de represión abierta); desde que se pasa a una fase más decisiva de la lucha y la burguesía presenta diferentes facetas sutiles, desde que sectores de oposición burguesa emplean toda su fuerza para transformar el contenido clasista en un contenido particular, logran siempre transformar la lucha contra el capitalismo en una lucha política particular: contra la dictadura, contra tal gobierno, contra tal Ministro, contra tal medida impopular o peor aun en una lucha por la democracia, por la autonomía regional, por el Islam...

Pero todo eso, se debe también al hecho, de que incluso en el apogeo de la lucha, las mentiras y cuentos que la burguesía nos hace en permanencia, han penetrado profundamente en nuestra clase. El nacionalismo, las movilizaciones islámicas, las luchas contra tal o tal dictadura,... lamentablemente no son unicamente discurso burgués, sino que el mismo se transforma en fuerza material de desorganización de nuestra lucha misma porque decenas y centenas de miles de proletarios son arrastrados y movilizados por esas ideologías. El populismo, el nuevo impulso de las religiones y las sectas, el racismo y el pseudoantiracismo como movimientos políticos, se han desarrollado enormemente y no solo pesan en los interminables períodos de paz social, sino que incluso en las grandes batallas libradas por el proletariado mundial, tienen un enorme peso desorganizativo. En pleno desarrollo de la lucha la burguesía logra muchas veces desviar los objetivos de la misma; más aun, en muchas circunstancias logra movilizar a una parte del proletariado contra otra, lo que es un paso decisivo para transformar la guerra social en guerra imperialista al interior de un país (17). Sin ir tan lejos como en el caso de Yugoslavia, en el cual las luchas proletarias de años pasados han dejado lugar a una guerra fratricida por intereses burgueses (lo que más allá de los méritos de tal o tal fracción local o internacional, es una victoria incuestionable del capital mundial), en muchos casos se busca y en algunos casos se logra, el enfrentamiento de un sector de proletarios contra otros, como en Argentina entre los barrios que más habían participado en los saqueos, como en Estados Unidos todas las tentativas que se hicieron -aunque con menor éxito- para transformar, la revuelta proletaria de Los Angeles, en una lucha entre comunidades raciales.

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En síntesis, hoy podemos afirmar que nunca hubo un desfasaje tan grande entre fuerza de la acción proletaria y ausencia de consciencia proletaria de esa acción; entre práctica clasista contra el capital y el Estado e ignorancia generalizada sobre los determinantes de esa práctica y los objetivos de la misma; entre homogeneidad de las condiciones y de las luchas del proletariado e ignorancia total internacional de pertenecer a la misma clase y luchar por los mismos objetivos; entre cuestionamiento práctico y fulgurante de la propiedad privada y desconocimiento social del proyecto comunista. Precisamente la ausencia de estructuras permanentes de organización proletaria masiva y la correlativa ausencia de válvulas de escape, hace todas estas contradicciones mucho más violentas que en el pasado. Esta característica resume el cuadro de las luchas de la época actual, tanto en lo que respecta a su fuerza, como a sus debilidades que se concretan en la capacidad del capital de transformarlas en luchas interburguesas, interimperialistas y en última instancia, afirmar contra el proyecto inconsciente que contienen aquellas (el de la revolución comunista), su proyecto de guerra imperialista (es decir de renovación de la sociedad burguesa por un nuevo ciclo de guerra, reconstrucción,... expansión).

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Necesidad y posibilidad de combatir nuestras debilidades

El capital solo puede ofrecer más miseria, más desocupación, más gente sin techo, más guerra, más atrocidades cotidianas... Pese a quien pese, la paz social, componente esencial de este mundo criminal, seguirá siendo rota por esas oleadas de revueltas proletarias. El capital y todos sus agentes estatales, por más piruetas y maniobras que intenten, no pueden impedir la multiplicación cuantitativa y cualitativa de esas revueltas. Los organismos internacionales, los servicios de contrainsurrección y de represión, los especialistas en futurología, lo anuncian y se preparan para combatirlas. Sindicalistas, políticos, curas, asistentes sociales, se preparan a nuevos enfrentamientos que hacen ya lo posible por impedir, sabiendo que su función mañana, será la de quebrarlos. Es normal que el enemigo se prepare.

¿Y de nuestro lado que carajo hacemos para prepararnos? Sin lugar a dudas, poco, poquísimo.

Esta triste realidad no se puede, lamentablemente, cambiar por la sola voluntad y consciencia revolucionaria, de tal o tal grupúsculo, mientras el resto de la clase no sea receptiva y se contente con el mundo de penas al que la somete el sistema. La organización minoritaria de un puñado de comunistas, cualquiera sea su voluntad y su acción, por más importante que sea su función, no puede suplir esta ausencia de preparación colectiva gigantesca. La desorganización que vive nuestra clase, la ausencia de estructuras permanentes de difusión de posiciones, de discusión, de intercambio, de coordinación, de organización, no pueden ser sustituidos por una insignificante actividad grupúscular.

Por ello es seguro que a corto y mediano plazo seguirán existiendo ese tipo de revueltas con todas sus fuerzas y sobretodo, lamentablemente, con todas sus debilidades. No podremos evitar que las revueltas futuras, en el corto plazo, se sigan saldando por un altísimo costo para nuestra clase. La inorganización, la dispersión que el enemigo provoca en nuestras filas desde que reorganiza la represión masiva y comienza a tirar contra nosotros, el hecho de que el proletariado no cuente siquiera con grupos de acción capaces de responder al terrorismo de Estado, con el elemental terrorismo selectivo de nuestra clase, la ausencia de estructuras de solidaridad internacional elemental, la cuasi inexistencia de estructuras internacionales proletarias capaces de hacer conocer lo que pasa en otra parte y en general, la desorganización del proletariado como clase, permitirán aun muchas veces más y en muchos lados, que la burguesía se vengue de las revueltas, tomando a los elementos de vanguardia del proletariado, golpeándolas, asesinándolos, torturándolos, haciéndolos desaparecer, enterrándolos en los calabozos del régimen.

Peor aun, en las revueltas que se avecinan en lo inmediato, la burguesía podrá continuar ocultando el carácter de clase de la misma, se seguirá creyendo que esas revueltas obedecen a causas particulares, la mayoría de los proletarios seguirán siendo indiferentes y creerán en la historia de que esta es una "revuelta islámica", que la otra es "contra la dictadura" y la de más allá que es una protesta contra la corrupción. Como en el pasado esa interpretación falsa será parte de la verdad (como dijo un filósofo ya hace mucho tiempo: "lo falso es un momento de lo verdadero") y el capital hará todo lo posible para transformarla en la única verdad, por transformar esa lucha de clases en lucha interburguesa, interimperialista.

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Lo que marcará el cambio en esta situación es, por un lado, el hecho de la homogeneización aun más general del capitalismo, lo que hará inocultable la homogeneidad de las condiciones de la lucha y por el otro, la inevitable toma de consciencia que irá provocando la multiplicación de ese tipo de revueltas y de derrotas sucesivas.

La crisis hace homogéneas las condiciones generales del desarrollo del capital. No solo los problemas capitalistas son los mismos, no solo es inevitable que haya más hambre, más desocupación, más miseria... sino que toda la política económica de todos los gobiernos del mundo se identifica de cada vez más. Ya no queda más margen para discursos diferentes, todos aceptan lo que ellos llaman "realismo" o "pragmatismo" que no es más que un reconocimiento abierto e inevitable de su sumisión a los dictámenes de la economía. Lo que es nuevo, no es la sumisión en tanto que tal, dado que siempre ha sido así, sino el reconocimiento generalizado e incuestionable de esa sumisión. Si el discurso de derecha y de izquierda, del norte y del sur, de imperialistas y supuestos "antimperialistas", de nacionalistas e islámicas, se hace cada vez más idéntico, no es porque ahora estas fracciones sean más capitalistas que antes, o porque el tipo de gestión capitalista que llaman "comunismo" haya desaparecido, sino porque si bien el capital en épocas de expansión puede permitirse diferentes formas de gestión, en épocas de crisis la política del capital es solo una: el ajuste de cinturones. Mientras en ciertos períodos, en base a un aumento sostenido del salario real el capital puede gestionar popularmente la fuerza de trabajo disimulando el permanente aumento de la tasa de explotación, lo que puede dar origen a diferentes políticas económicas, más o menos estatistas, más o menos populistas, más o menos proteccionistas,...; en épocas de crisis y sobretodo, en épocas de crisis profunda y generalizada como la actual, la ley del valor se impone violentamente y obliga a todas las fracciones, a una lucha generalizada, contra su propio proletariado y contra los competidores (18), para mantener el proceso de valorización. Contra el proletariado no alcanza con el aumento "normal" de la tasa de explotación, resulta indispensable (en casi todos los casos) imponer una disminución del salario real.

La aplicación inevitable y universal de la misma política económica contra la misma clase social, la repetición hasta el cansancio del mismo tipo de discurso en todas partes para justificar esa misma política ("los sacrificios son inevitables", "debemos producir más y en forma más rentable", "defendamos la competitividad de nuestro país",...), a la larga tiende a unificar, las reacciones del enemigo y al enemigo mismo, por más empeños que ideológicamente se intenten en evitar esa unificación. Dicha unificación es en principio un resultado más o menos automático, preconsciente, de la reacción inevitablemente unificada en el espacio y en el tiempo; su reproducción, la coincidencia en un mismo momento de ese tipo de revueltas en diversas partes del mundo, hará inevitablemente mucho más difícil el papel de los ideólogos y periodistas en sus esfuerzos por esconder las causas comunes, lo que necesariamente abre las posibilidades de un proceso de consciencia efectiva de constituir una sola clase, contra un solo enemigo.

Por otra parte, la inevitable agudización cuantitativa y cualitativa de esas revueltas, la repetición de esas derrotas, abrirá en el proletariado los ojos, las orejas, las mentes,... para aprender de la propia experiencia, para oír de la experiencia de al lado, para ir a la búsqueda de la experiencia de otras regiones, de otras épocas. Claro que al principio no serán muchos los que harán ese proceso, de una forma u otra cada uno de nosotros es producto de ese tipo de apertura obligada, de reflexión luego de la acción, de superación indispensable de las barreras contra las que se estrelló la batalla anterior, de balance de una ola de luchas en la que no logramos lo que queríamos. Los revolucionarios, los que efectivamente impulsan a la clase hacia adelante, los que en cada momento concreto del movimiento representan los intereses de conjunto, los intereses internacionalistas e históricos del comunismo, no se forman en los libros, sino que son el producto complejo de experiencias concretas, de tentativas de generalización de esa experiencia, de esfuerzos militantes de abstracción, de comprobación de que las conclusiones embrionarias a las que llegan, son exactamente las mismas que las extraídas en otras épocas o/y en otras circunstancias. Los libros, los escritos militantes, adquieren toda su significación de trasmisión de experiencias, de recuperación de la memoria histórica de la clase, de balance de una derrota para organizar la perspectiva de la victoria, de desarrollo y afirmación del programa comunista, en ese contexto. El proceso es largo, difícil, doloroso, pero no hay otro.

Contrariamente a aquella visión socialdemócrata y leninista de un partido de intelectuales burgueses que sabe todo y que se lo enseña a la masa amorfa e ignorante; la realidad social es muy diferente. El proletariado engendra fracciones, grupos capaces de sintetizar su experiencia histórica acumulada, que es la única forma de romper con el inmediatismo, de evitar que en cada lugar y época se reproduzcan exactamente los mismos errores.

Pero estos grupos de revolucionarios, hoy más aisladas que nunca, solo podrán asumir plenamente su tarea de dirección revolucionaria, cuando las futuras luchas empujen a sectores cada vez más amplios del proletariado a romper con las ideologías que lo aprisionan y en forma cada vez más nítida se empiecen a distinguir minorías, que vuelvan a poner en el primer plano de sus preocupaciones, las preocupaciones de siempre de los comunistas: la revolución, la lucha contra el capitalismo en todas sus formas.

Entonces, nuestros enemigos, que creen enterrado el comunismo para siempre, que están seguros de que el proletariado no existe más, que creen que dormirán tranquilos eternamente, porque nadie más gritará VIVA LA REVOLUCION SOCIAL, se llevarán el susto del siglo, se despertarán aterrados de ese sueño fabuloso e imbécil en el que la sociedad que representan los tiene subsumidos.

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Notas :

1. Como lo hemos dicho muchas veces, la democracia no es, claro está, una simple forma de dominación; por el contrario ella corresponde a la esencia misma del capital, al modo de funcionamiento normal de la sociedad mercantil generalizada: en el mercado no existen las clases sociales, sino compradores libres e iguales!

2. Por ejemplo: "'1984'... 85... 87... 89 peor que lo previsto. La ciudadanización de la vida" en Comunismo Nº27, Abril 1990 y "Contra el terrorismo de Estado, de todos los Estados existentes" en Comunismo Nº23 octubre de 1986.

3. Si volvemos a poner "huelga" entre comillas es porque, para nosotros, una huelga de verdad es una batalla entre los proletarios y el capital, y tanto en su contenido como en su forma, tiende a expresar esta realidad de mil maneras (ausencia de reivindicaciones precisas y categoriales, tendencia a la generalización, tiempo indeterminado, sabotaje de la producción, enfrentamiento de carneros, aparición de grupos minoritarios "incontrolados",...) y aquí nos referimos por el contrario a una acción sindical (es decir de un aparato del Estado capitalista) que tiene por objetivo canalizar (y así liquidar) la energía proletaria.

4. En algunos casos la división del trabajo de los aparatos del Estado burgués (por ejemplo entre sindicatos y policía) permite incluso ciertas dosis de violencia minoritaria estéril, dado que no ataca en absoluto el orden burgués. Así, mientras a la mayoría de la manifestación se la encuadra pacíficamente en interminables discursos sindicalistas, se tolera (y en muchos casos se promueve) que una parte radical de la misma vaya a estrellarse contra las fuerzas especiales de la policía previstas a tales efectos. La burguesía y su propiedad quedan bien salvaguardadas y de paso, se aprovecha para apalear a proletarios radicales y fichar a los posibles activistas. Así, cada fuerza estatal cumple con su función, unos dan garrote, los otros entretienen (lo que no quiere decir, por supuesto, que los sindicatos no utilicen a veces la represión abierta); y, la fuerza proletaria, por ser incapaz de dirigirse hacia objetivos propios, de aplicar la violencia minoritaria contra los verdaderos enemigos de clase, se dilapida sin cuestionar el capital.

5. Esa no existencia del proletariado es una apariencia, porque en última instancia la existencia misma de la sociedad burguesa tiene su fundamento y su fuente de reproducción (ampliada) en el proletariado. Pero por el otro lado, es parte de la realidad, el proletariado es negado como clase, como fuerza, como potencia contrapuesta al capital. Y esta realidad solo puede cuestionarse plenamente en la práctica. Es decir no sirve de nada en un momento como el actual el repetir "el proletariado existe"; sino que por el contrario, el proletariado existirá plenamente solo cuando nuevamente, se constituya en fuerza social en contraposición a todo el orden existente. Claro que para ser completos debemos agregar que materialmente la posibilidad y la necesidad de esta reconstitución del proletariado en clase y por lo tanto en partido, se basa en el antagonismo permanente de esta sociedad, que la burguesía no puede abolir ni siquiera en sus épocas doradas de dominación total y su desarrollo ya se está gestando hoy, en las centenas de batallas esporádicas y discontinuas que tratamos de esquematizar en este texto.

6. Se nos dirá con razón, que dado que el valor es esencialmente trabajo humano, un humanoide no creará valor y que para el capital total, ese límite, sería su propia muerte. Sin embargo, no es el capital total quien guía este mundo, sino la lucha a muerte entre múltiples capitales particulares; lucha en la cual cada uno de estos capitales obtiene un plusvalor extraordinario por cada paso hacia ese humanoide y por lo tanto tiene interés en el desarrollo de las fuerzas productivas en ese sentido. El suponer que el capital pueda parar su propio suicidio o/y el de la humanidad, es atribuirle al mismo virtudes de planificación que, objetivamente, no tiene.

7. Y no creemos necesario aclarar a nuestros lectores el porqué ponemos comillas e estos "goces".

8. Este tipo de explosiones que en algunos casos toca un barrio de una ciudad, en otros una ciudad entera y en otra circunstancias todo un país y desborda las fronteras, no son por supuesto, las únicas formas de la lucha de clases actual, pero consideramos que son las formas más características de los tiempos que vivimos. El proletariado muestra también su existencia y su antagonismo con el orden mundial cuando se niega al alistamiento en los ejércitos o cuando deserta, pero si mantenemos la excepción de Irak, lamentablemente por ahora estas expresiones del proletariado no son todavía, las determinantes de estos tiempos. También podemos mencionar el caso de cuando una "huelga" sindical es superada y los proletarios salen de la fábrica a generalizar su lucha; pero dada la escasa frecuencia y la poca importancia relativa de estas expresiones con respecto al pasado, tampoco merece que le prestemos mayor atención en este esquema general sobre las luchas de clases actuales.

9. Expertos de la Banca Mundial y del Fondo Monetario Internacional se felicitan de la poca resistencia que la población opone a las medidas preconizados por ellos, lo que al mismo tiempo se transforma en un argumento fuerte para convencer a tal o tal gobierno o partido político de aplicarlas.

10. Nos referimos evidentemente a la masa social de la burguesía y a los aparatos estatales clásicos. Es evidente que el Estado hace ya un tiempo tiene cuerpos especiales (tanto directamente represivos como ideológico represivos) preparados para esas circunstancias: manipulación de la información, represión selectiva, etc. como presentaremos esquemáticamente en el capítulo siguiente.

11. Si bien es cierto que no es el Estado el que crea la propiedad, sino la inversa, dado que el Estado no es otra cosa que la propiedad organizada en fuerza para reproducirse, no debemos olvidar que el ser humano respeta la propiedad privada, que llega hasta reventar de hambre por estar privado de la propiedad de los más esencial que por otro lado se dilapida, solo por la fuerza que ejercen en él, siglos y siglos de terrorismo de Estado; por la ideología del respeto a la propiedad, que ese terrorismo en su obra secular, ha logrado imponer y reproducir.

12. En muchos casos, pasado el primer elemento de sorpresa, se organizaron cuerpos de defensa de la propiedad privada y el proletariado respondió, con formas primarias de organización y armamento.

13. Es verdad que decir que el periodismo está al servicio del Estado es ser demasiado condescendiente con los periodistas porque en realidad el periodismo mismo constituye el Estado y contribuye al delineamiento de su política. Pero también sería parcial el considerar que ese aparato del Estado (o en general todos los medios de comunicación) dirigen todos los otros. Esta postura tan de moda en algunos modernistas o ex militantes de izquierda, que no es otra cosa que una interpretación idealista de la tesis de la "sociedad del espectáculo" olvida las determinaciones fundamentales del capital. Si bien el periodismo puede circunstancialmente "dirigir" a la policía, al gobierno, al ejército,... también el periodismo es muy a menudo "dirigido" por la policía, por el gobierno o por el ejército, pero no podemos olvidar que en última instancia quien dirige a todos es el valor valorizándose, que todos esas estructuras del Estado están sometidas a la determinación central del mismo: reproducir el capital, reproducir la dominación burguesa, reproducir al explotado en tanto que explotado. La pretensión de que el espectáculo periodístico dirige al mundo no es más que una sumisión espectacular al mundo del espectáculo.

14. Claro que en todas esas revueltas hay expropiaciones incorrectas, injustas,... hay acciones individualistas y egoístas, jefecillos insoportables y egoismos, así como también hay participantes en las mismas que actúan efectivamente como provocadores para denigrar el movimiento, pero por supuesto que esto contrariamente a la versión de la policía y de los periodistas no constituye nunca la esencia de este tipo de movimientos. Pretender que no existiesen tales problemas sería absurdo. La transformación de la masa individualista y egoísta sobre la que se asienta el capital, en una clase compacta y revolucionaria es un proceso largo que solo se (re)inicia con estas revueltas.

15. En la ola revolucionaria de 1917-21 esta fórmula hacía referencia a los consejos obreros y los soviets, que fueron estructuras útiles en la organización de los proletarios, como la forma que garantizaba la revolución para siempre. Pero ninguna forma organizacional puede garantizar el contenido revolucionario y tanto los consejos como los soviets terminaron en todas partes, (notablemente en Rusia y Alemania) garantizando el funcionamiento del capital. La apología acrítica de dichas formas (consejismo) fue un aliada insuperable del Estado en el logro de dicha reorganización capitalista.

16. Aunque también es cierto que algunos contactos y relaciones producto del movimiento son indestructibles y se mantendrán y se desarrollarán preparando nuevas luchas; pero en la situación mundial actual estos son las excepciones, son demasiado pocos, para caracterizar el período.

17. El ejemplo histórico supremo de este tipo de liquidación de la lucha del proletariado lo constituye la década del 30 en España, en donde el capital mundial logró transformar la lucha revolucionaria del proletariado contra el capital y el Estado en una guerra interburguesa, en una guerra imperialista entre el fascismo y el antifascismo, lo que además constituyó el paso decisivo que faltaba hacia la llamada "Segunda guerra mundial".

18. En cuanto a la ineluctabilidad de la agudización de la guerra contra el proletariado y de la guerra interburguesa ver el texto "La catástrofe capitalista" Comunismo Nº32, Noviembre 1992.

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CO33.4 Características generales de las luchas de la época actual